Sark de Oro 2008 o en el que se Acabó la Broma.

Un año más (y ya van nueve, habrá que preparar algo para el próximo) aprovecho el comienzo de año para entregar el “Sark de Oro” al libro que más me ha gustado del año recién concluido

Comienzo con la clásica advertencia así que quien quiera pasar al resumen del año que se salte este párrafo. Las listas de “Lo mejor de…” acaban siendo los resultados de la intersección de los gustos personales con los libros leídos a lo largo del año. La posibilidad de que haya aparecido un libro revelador y no salga en esta lista puede deberse más a no haberlo leído que a criterios de selección. Recapitulando en estos años y para que quede constancia, los anteriores Sark de Oro recayeron en “El Hada Carabina” de Daniel Pennac, “Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem, “Cíclopes” de David Sedaris, “La Disco Rusa” de Wladimir Kaminer, “La Mosca” de Slawomir Mrozek, “El Martillo Cósmico” de Robert Antón Wilson , “Pégate un tiro para sobrevivir” de Chuck Klosterman y “Las Ovejas de Glenkill” de Leonie Swann.

Aviso, también como casi todos los años, de que mis lecturas suelen determinarse por escuderías, es más sencillo que lea algo deNórdica, Acantilado o Valdemar que lo haga con lo que sacan Planeta, Alfaguara o Anagrama. Vamos, que no pretendo engañar a nadie: No me he leído todo lo publicado ni de lejos.

Dicho lo cuál hay que hacer notar que este año lo terminamos con Ballard vivo y vindicado y con DFW muerto. El nivel que no fue y el que no pudo haber sido han protagonizado un año más interesante por los rescates que por las novedades. De Ballard poco se puede decir ya, salvo, quizá, que en este año y tras el pistoletazo más que interesante de Berenice con el imprescindible –aunque retrasado- libro de relatos “Fiebre de Guerra”, se han editado y reedita en nuestro país más libros suyos que los resultantes de sumar los del lustro anterior. Así nos van las cosas. De David Foster Wallace poco se puede decir también aunque por motivos distintos. El mascarón de toda una generación decidió cerrar capítulo el mismo año que se redescubría su artículo sobre John McCain.

En lo que a libros se refiere si por algo hemos sido dominados – más allá del aún duradero Niño del Pijama– es por el fantasma de Steg Larsson y sus dos primeros Millenium así como por el empanado de segundas partes. Empezamos con el segundo de los Pilares y terminamos con el segundo de El Ocho, en medio la segunda ventolera de Zafón. Y luego ya Elegancia del Erizo y Pomponio Flato… En fin. Por lo menos el éxito de Larsson ha servido para que se editen aquí cosas como esa Nieve Negra que sirve de antología de autores del negro nórdico.

En cuanto al fenómeno editorial/ libresco podría hablar de los cambios del bolsillo. El cierre de la línea “Barata” de Ediciones BByblos– mientras que otras como DeBolsillo se han visto reformuladas y alguna, como Rescatados de Navona – terapias verdes han salido a disputar mercado. Eso ha servido, entre otras cosas, para mostrar el interés por el género negro. Ediciones B reeditando el Club del Misterio y la Serie Negra, RBA con su Círculo del Crimen la antes citada Navona con perlas como La Promesa. Eso sin contar con otras iniciativas como la reformulación del Premio Internacional de Novela Negra RBA en una colección de grandes títulos del género que va del más que clásico Martillo Azul hasta el próximamente disfrutable Drive de James Sallis.

Sería de esperar que la moda vampírica hubiera traído también títulos interesantes pero me temo que no. Mientras en Prisa se empeñan en negar que La factoría editara los títulos que han dado lugar a Trae Blood la única novedad mínimamente reseñable del género ha sido el Déjame entrar de Ajvide Lindqvist. Y tampoco es para tirar cohetes. A ver si nos sorprenden con algo mejor este año nuevo.

Otra de las tendencias de 2008 ha sido la de las pequeñas editoriales; las agrupadas en Contexto, pro ejemplo, nos han dado alguno de los mejores libros de este año: Así con Impedimenta tuvimos al flamante Llibreter de Soseki Botchan”; con Barataria el recopilatorio del clásico O’Henry “Esto no es un cuento y otros cuentos”, en el caso de Sexto Piso “Memorias Biográficas de Pintores extraordinarios” de William Beckford; de Periférica se puede destacar tanto en ficción con “La Polilla y la Herrumbre” de Mary Cholmondeley como el ensayo en el que Constantino Bertolo ha hablado de literatura con “La cena de los Notables”. Global Rythm, por su parte, ha sacado un nuevo sello/editorial para lo no-musical, Papel de Liar, en el que se puede leer un estudio sobre el proceso a Wilde y el absolutamente imprescindibles “Dudá: El Arte Acrobático de Gavin Twinge” de Ralph Steadman y, finalmente, las excelentes editoriales Del Asteroide (que este año han comenzado con “Ángeles Rebeldes” una nueva trilogía de Davies) y Nórdica que junto con su gusto pro el ilustrado (este año de Verlaine a Bukoiski) nos han traído joyas como uno de los mejores libros de este año: “La Boca Pobre” de Flann O’Brien.

Pero, ojo, fuera de esta agrupación hay pequeñas como 451, magníficamente dirigida por Javier Azpeitia , El Fuanmbulista o Melusina que están revitalizando la forma de editar y de publicar en España.

Claro que las grandes no se iban a quedar quietas. RHM sigue tirando pro lo fácil con ediciones de los ya conocidos gracias a lo cuál pudimos disfrutar de “La Maravillosa Vida Breve de Oscar Wao” (más disfrute en su edición original, eso sí) o del delicioso último Lethem “Todavía no me quieres”, una obra cortita y con aire de cuento venido a más por su reflexión sobre las palabras, la música y las dinámicas de grupo. En Planeta, sección Destino hemos podido leer la curiosa “El Mundo que Vendrá” de Dara Horn y, además, asistir al lanzamiento de la editorial / sello BackList que pese a su alto precio y su discutible edición nos ofrece rescates de gente tan imprescindible como Maschen . Con el grupo Alfaguara es difícil mostrarse tan benevolente. Sus mayores aciertos han sido rescates como el de A. S. Byatt o el de Anthony Burguess con “Un Hombre Muerto en Deptford” si bien ese rescate había empezado antes cuando la cada día más interesante El Aleph decidió reeditar la descomunal en todos los sentidos “Poderes Terrenales”. Aunque si un rescate ha sido importante este año ese es el que Galaxia Guttemberg ha realizado de “Las Aventuras del Buen Soldado Svej” cuya edición “de lujo” incluye las ilustraciones originales de esta divertidísima obra.

Reconozco, eso sí, que con los autores españoles las cosas no han ido tan bien. Si tuviera que destacar a alguien, además de “El País del Miedo” de Isaac Rosa, tendría que ser “Las Manos Pequeñas” de Andrés Barba. Una historia tan dura como breve sobre las maneras de sobrellevar el rechazo.

Pero dejemos ya la cháchara y vamos a lo que cuenta. La decisión este año es la siguiente:

Sark de Plata para Guerra Mundial Z de Max Brooks, edita Almuzara. Por su contribución dentro de Lo Zombie a la creación no sólo de un universo sino de una forma de ordenar ese universo. Cada historia por separado podría habe sido parte de una antología de relatos sobre Zombies (aunque es cierto que en algunos hay más importancia del Factor Z que en otros, siendo en algunos casos abiertamente irrelevante que los enemigos fueran Zombies o Mantis Gigantes) además de demostrar que hay trucos tan senillos como la colocación cronológica para dar un aspecto de todo a la narración que se enriquece con cada visión pro controvertida (la israelita) o tópica (la japonesa9 que pueda parecer.

Sark de Oro para Lo Mejor de Connie Willis de –en fin- Connie Willis, edita Ediciones B. Con ese título parece difícil decidirse por este libro pero su contenido es mucho más que satisfactorio, y no me refiero sólo a la más que clásica “Brigada contra incendios”. La sátira contra la corrección política de “Ruido”, la elegante comedia de ciencia y enredos de “Luna Azul”, la hilarante recreación del mundo/ mundillo académico en “A finales del cretácico” o la absolutamente delirante vuelta de tuerca a las invasiones alienígenas en “Carta de Navidad” serían motivo más que justificado para dárselo. Todos juntos no sólo demuestran el alto nivel que Willis ha demostrado habitualmente sino la absoluta necesidad de reivindicar a una autora que, quizá por sus obras más “alegres” o por su amor por autores clásicos (de Jerome K. Jerome a Agatha Christie) merece.

No os molesto más, os dejo regresar a la resaca y el sueño.