Neoirrealidad

Antes de liarme en otra interminable sucesión de posts temáticos voy a aprovechar para tratar uno de esos temas sorprendentes de la televisión que me asaltan en ocasiones.

Ya sé que está creada una cierta corriente de opinión que señala a los no-consumidores de programas del corazón como escoria que se cree mejor que las personas normales. Las personas normales son, claro, las que ven estos programas —por más que una audiencia mayoritaria respalde al programa uno se sorprende al comprobar que la lógica elemental de que deberían superar el 51% para presuponer que le interesa a la mayoría no se cumple, misterios de la vida televisiva— por lo que ir contra ellos es meterse con El Hombre de la Calle. Y apostillar Más bien la mujer hace que,a demás, te llamen machista.

No contentos con ello han emprendido una campaña de reformulación, ya no son telebasura, ahora son… otra cosa. Todo esto viene de leer una entrevista a Jorge Javier Vázquez en el que se regocijaba de su Premio Ondas —recordemos, esos premios “de mí para mí por ser yo” que da el grupo Prisa; en este caso poco antes de llegar a un acuerdo con Tele5 para que comprara Cuatro—que aseguraba que lo que él hacía era Neorrealismo Televisivo.

No sé yo si le gusta el título de Neorrealismo y lo que ello implica o que está complétamente desorientado en lo que ello podría tener como razonamiento. Lo que sí puede afirma es que entre el Neorrealismo de toda al vida y esto no hay más que extraños sucesos. Comparar esto —casi cualquier esto—- con Ladrón de Bicicletas llevaría a un debate de horas. Emitir la película en horario de máxima audiencia también provocaría reacciones.

Es, en cualquier caso, una nomenclatura que prefiere a la clásica de Telebasura y, desde luego, un objetivo a lograr. Si reconfigura la realidad de la forma de dirigirse a lo que hacen parecen creer que también el asunto en sí cambiará. Algo tan refrescantemente Wittgensteiniano que casi se nota el interés por saber si lograrán que ocurra.

El concepto anejo eran las quejas del presentador por la forma en que se le trataba por los compañeros, especialmente los de La Sexta. Resulta algo más que curioso que se tenga un programa de éxito en el despellejamiento y la casquería y se sea incapaz de admitir la crítica negativa. Se ve que para él Roma, Ciudad Abierta era un musical feliz con cameos.

Sólo son un par de reflexiones-apunte que me hago, la semana que viene empezaremos duro con el SNL, mientras nos preoguntaremos: ¿por qué no puede darse en España? y quizá esto sea parte de la respuesta.


3 comments to this article

  1. Marcos

    on 16 febrero, 2010 at 12:50 am - Responder

    Bueno, llamarla a la telebasura neorrealismo es o no tener ni la más remota idea de en qué consistió ese movimiento o creer que los demás no la tienen. Creo yo que es exactamente lo contrario, en el caso de ser algo: lo que en esos programas se muestra está en las antípodas de la realidad, pues no sólo son excepciones sino que su puesta en escena es cualquier cosa menos realista: rococó, barroca o, casi mejor, chic o warholiana.

    Saludos

  2. Jónatan S.

    on 16 febrero, 2010 at 11:06 am - Responder

    De hecho, en una primera redacción mental de la columna decía que lo que han hecho con la crónica del corazón sólo es comparable a lo que Warhol hizo con los monstruos de la Universal.

    Lo que pasa es que de ahí a decir que hacían “entretenimiento a lo Fulcci” había un paso y respeto demasiado a Don Lucio para eso.

  3. E. Martín

    on 23 febrero, 2010 at 7:37 am - Responder

    Hombre, yo a esa cara que le ha quedado a La Esteban más que influencia de Fulci le encuentro un aire cutre-gore hettenloteriano.

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