Consideraciones Culturales Estudiosas Reflexivas Aniversarizantes

Cuando comencé, hace ya cuatro años, con esta columna una de mis ideas principales era centrarme más en la reflexión. Tratar de comprender lo que la televisión nos ofrecía y lo que tanto su contenido como sus maneras y estilos y, en todos los casos, lo que esto reflejaba y causaba en la sociedad. Luego me fui dando cuenta de que convenía hacer una labor más completa que incluyera la historia y la crítica para expandir el conocimiento básico sobre el mundo televisivo y facilitar el intercambio y la tan traída reflexión.

Precisamente por ello me sorprende cuando me dicen que no todas las series son merecedoras de esa reflexión ni se prestan para ello. Admitiendo que no de todas se puede sacar lo mismo y que siempre se corre el riesgo de sobre-analizar tanto como el de sub-analizar, me parece que de todo —desde las series más reiterativas pasando por los programas de cocina y de los vampiros a las series de calidad — hay materia para la reflexión. O, como dirían los anglosajones, para esos Cultural Studies tan recurrentes ahora.

En 1964 Richard Hoggart crearía en Birmingham el Centre for Contemporary Cultural Studies o CCCS, es decir, el Centro para los Estudios Culturales Contemporáneos, al frente del cuál le sucedería Stuart Hall. Precisamente de Hall podemos encontrar en la editorial Amorrortu un libro breve que sirve bastante bien para iniciarse en los Estudios Culturales, La cultura y el poder, una entrevista/charla con el italiano Miguel Mellino que repasa la creación, auge, utilidad y finalidad de estos estudios y que funciona como guía rápida ante lo que estos autores y otros como David Morley o Edward P. Thompson desarrollarían.

Uno de los puntos fundamentales es el de la problemática de la relación entre el poder establecido —que es el que suele crear los mecanismos para que se creen y difundan los productos culturales— y el público de esos productos. Otro es el de la labor del creador en todo el entramado. Y, por supuesto, la forma en que la un repaso a esos productos, alejados de la alta cultura y que han sido motejados con términos que van desde alterculturales a subculturales, sirven para interpretar una época, una evolución o la sociedad de una época.

Precisamente por ello, y por lo que podemos aprender de su estudio, son muy importantes y siempre interesantes. Incluso aunque haya que vigilar y comentar la posibilidad de que las tesis sean un poco ligeras o demasiado rebuscadas. A la vez hay que separar los estudios que buscan encontrar una creación consciente, y analizar lo que los autores querían mostrar; con los que se centran en el receptor y su forma, según sus características, de comprender lo que se le está ofreciendo. Muchas de las interpretaciones de este último grupo entran en las formas más difundidas por centrar su atención en un punto concreto de vista que permite juzgar —en ocasiones eliminando cualquier otro aspecto— una obra.

En estos momentos imagino que todo el mundo estará pensando en los Women’s Studies, los estudios feministas que entrarían dentro de uno de los grandes campos de interpretación, el de Género; dentro del cuál estaría también la Queer Theory o el Transgénero. También estarían las de raza, con la Africology que se puede dividir tanto en los Black Studies como en una parte importante del Post-Colonialismo o los Orientales o Latinos. Obviamente los de raza parecen tener más directa la forma de comprensión pero los de post-colonialismo pueden ser más importantes en global al tratar de explicar no sólo la representación de las razas no-blancas sino, además, el paternalismo —por decirlo de alguna manera— en el trato con las mismas y, a la vez, las reacciones —en ocasiones violentas— que los antiguos colonizados pueden llegar a mostrar por las razas colonizadoras. También la parte más espiritual tiene cabida, bien sea directamente desde los puntos de vista religiosos y su importancia/influencia tanto a favor como en contra, que tiene mucho desarrollo con los Estudios Semitas y más recientemente con los Islámicos —es decir, la representación de estas religiones y los individuos relacionados con ellas, así como la forma en que estos individuos pueden interpretar los productos culturales— tanto como los ideológicos, entre los que las Teorías Marxistas pueden ser los más conocidos. Como decía antes, hay múltiples posibilidades de interpretación y de crear puntos de vistas o escuelas, lo que facilita que nombres tan aparentemente separados como los de Antonio Gramsci, Jacques Lacan, Walter Benjamin, Griselda Pollock, Theodor W. Adorno, Jacques Derrida, Edward Said, Pierre Bourdieu, Guy Debord, Beverley Skeggs o Slavoj ?i?ek hayan sido asociados en diferentes momentos con algún tipo de Estudio Cultural.

Del mismo modo explica que se haya hablado de Buffy y su importancia para la mujer o para los gays, de los múltiples subtextos posibles en Batman o de que se hagan libros sobre la cuestión de la raza y el post-colonialismo en Doctor Who. Todo puede darnos una idea o servir como pared sobre la que hacer rebotar las reflexiones y encontrar tanto cosas que en el original no estaban previstas —usando al Doctor, que tan extensamente hemos tratado este año, la presencia de Barbara Wright en su misma creación en 1963 no puede entenderse como parte de una intención feminista, pero sí como un logro visto desde la actual perspectiva— como cosas plantadas allí para responder precisamente a esos movimientos sociales —es decir, la aparición de Sarah Jane Smith y su autodefinición como feminista — que permiten hacernos a la idea tanto de los creadores como de su entorno y, por extensión, la sociedad y la época.

Aunque en ocasiones eso signifique tener que escarbar un poco más desde una verdad obvia directa —por ejemplo, la aparición de Billy Crystal en Soap como primer personaje principal y abiertamente homosexual en una comedia— frente a la época y sus sucesos —la realidad también de que hubo alguna cadena estadounidense que decidió no emitir la serie o hacerlo a partir de las doce de la noche— como parte de esos necesarios criterios de calidad de los que antes hablábamos.

Lamentablemente, en España este tipo de cosas no parecen haber sido ni muy seguidas ni muy interesadas. La posibilidad de realizar este tipo de análisis suele chocar con el muro de la indiferencia, cuando no la burla, que la gente, adiestrada en considerar que la decisión sobre la importancia cultural de uno de esos productos culturales que los medios y la academia deciden imponer, es lo que hace válido y justificado dedicar tiempo a pensar sobre ella. Por eso precisamente hay que tratar de educar, difundir, divulgar y dignificar, para que los que vengan después, y los que ya estén llegando, vean que no sólo no hay nada malo en reflexionar sobre estos asuntos sino que, como todo lo que nos pueda llevar a conocernos mejor, la imagen que damos de nosotros en estos productos, sobre todo en los que menos se han detenido en elaborar una máscara de respetabilidad, puede ayudarnos a comprender nuestros problemas sociales y a mejorarlos para el futuro.

Así que espero poder seguir reflexionando sobre televisión, divulgando, comentando y criticando, analizando ensayos al respecto y sacando conclusiones —acertadas o no— durante mucho más tiempo. Espero que todos podamos continuar por ese camino, y hacerlo más amplio y transitado.


4 comments to this article

  1. Alberto

    on 16 septiembre, 2013 at 11:57 pm - Responder

    Siempre recuerdo a una amiga mía portuguesa explicándome que las telenovelas fueron para la clase baja brasileña su educación cultural: se cogía una novela de Jorge Amado o de Eça de Queiros y se hacía la telenovela, de manera que los clásicos de la literatura llegaban a todos.

  2. Jónatan S.

    on 17 septiembre, 2013 at 2:52 am - Responder

    Claro, recuerda cuando hablamos de adaptaciones literarias en España, Blasco Ibáñez, Pérez Galdós o Torrente Ballester eran usados con esa misma finalidad.

    ¡Lo triste es que se dejara de hacer!

    Y, por las mismas pero al revés, se puede decir mucho de España por lo que sus seriales decían.

  3. E. Martín

    on 17 septiembre, 2013 at 9:15 pm - Responder

    Pero entonces ¿qué significaba el nidus? La añoranza por la inocencia perdida de la infancia de Ron Moody?

  4. Jónatan S.

    on 20 septiembre, 2013 at 4:15 am - Responder

    Para Ron Moody no sé si lo sería, para un montón de gente que lo trata de recuperar parece que sí.

    Pero siguiendo con la serie esa del demonio, piensa lo que podrían decir de que la mala fuera una mujer que le había robado el poder a un hombre y este ponía a un grupo de niños que funcionaba con el trío que perpetuaba las minorías —2 chicos, una chica; 2 blancos, un no blanco— logrando para sí la victoria.

    Tanto los Estudios Femeninos, los Marxistas, los Liberales, el PostColonialismo y quizá incluso la Teoría Queer, tendría cosas que sacar de ella.

    Y, dentro de esas teorías, el papel que el Nidus jugaba como fuente de poder del hombre sería sin duda interesante. Quizá incluso descubriríamos que reclutaba a niños porque era precisamente la inocencia infantil.

    En el mejor de los casos.

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