Falsumentales: Puede que no todo lo que emiten sea cierto

Tengo en proceso La Columna de hoy. Tranquilos, saldrá. Pero será esta tarde, porque parece que la actualidad manda y precisamente con El Receptor como web independiente me puedo permitir estas cosas. Así que vamos a ello.

Anoche se armó. No sé por qué, pero se armó. No lo sé porque no estaba viendo la tele. Y porque, probablemente, no hubiera estado viendo ese programa. Pero sí puedo contar lo que pasó después y lo que busqué y vi a continuación. En Salvados, el programa liderado por Jordi Évole, ofrecieron una pieza llamada Operación Palace. [EDITO: Me avisa Obdriftwood de que en realidad nunca se llegó a decir que el especial fuera parte de Salvados. Aunque medios y espectadores pensaran que sí. Una forma de cortafuegos para las respuestas posteriores.] En ella se explicaba que el 23F había sido un teatrillo puesto en práctica para reforzar la democracia.

Esto, que en realidad no está tan lejos de algunas voces que aseguran que se montó con el conocimiento del rey y quizá de algún partido, era emitido con un punto intermedio de cachondeo que hacía difícil creérselo. Pese a lo cuál hubo gente que se lo creyó, claro. Sobre todo -como ha pasado tantas veces antes- los que no vieron que al final se desmentía. Porque Évole faltó a una de las reglas principales. Decirlo también al principio. Total, hubiera sido lo mismo.

Así, mientras unos y otros discutían sobre si era el peor programa de la semana -que no- o si es lo que hace Évole todas las semanas -que tampoco- o si era un intento de apuntalar la versión oficial ridiculizando las falsas -que sería un ejercicio no ya de CT sino de uso de lo falso para apuntalar lo falso frente a lo real, demostrando que lo real es lo que nos emiten que sea, demasiado bonito como para poder creerlo, pero eh- otra gente se encontraba con un término nuevo: Mockumentary.

A mí me cuesta considerarlo como nuevo. Aunque reconozco que siempre me ha gustado más la versión española del asunto: Falsumental, por la unión de Falso y Documental. Porque en Mockumentary tenemos Mock y Documentary, y Mock significa Burla, pero no siempre hay un componente de diversión cómica. Ni en lo que se emite ni en aquellos que lo emiten. Pero novedad, novedad… pues me temo que no es.

Podemos considerar la famosa edición de La guerra de los mundos de 1938 por Orson Welles como el primer ejemplo, pero en realidad eso solo era ficción bien hecha. Con su explicación al principio y su audiencia no especialmente alta -además de la posibilidad de cambiar de cadena y comprobar que el resto pasaba- no deja de ser más una magnificación a posteriori y un ejemplo de la influencia de la ficción.

¿Dónde pondría yo el principio de estos falsumentales? -Sí, voy a seguir usando la palabreja, mala suerte- Pues en la BBC. En 1957 dentro del programa Panorma del 1 de Abril, y siguiendo el espíritu del April’s Fool presentaron la pieza conocida como Swiss Spaghetti Harvest sobre unos obreros recolectores de spaghetti del árbol que los produce. Es decir, esto:

Como veis todo muy ligero con, aquí sí, una intención de broma propia de sus Inocentes.  Pero, aquí hablamos de otra cosa así que vamos a ir delimitando.

Dentro de lo que se puede considerar falsumental están películas cómicas de una credibilidad digamos que ligera, quizá las más celebradas sean las de El Muy Honorable Barón de Haden-Guest o, como le conocemos casi todos, Christopher Guest. Dentro de las muchas que ha montado y que han ido influyendo en la televisión -véase Modern Family o The Office– como Very Important Perros (Best in show, 2000), la que puede ser mejor o al menos más divertida es This is Spinal Tap, película del año 1984 en la que ejerció de guionista junto a Michael McKean, Harry Shearer y el propio director del invento: Rob Reiner.

Sin embargo pese a la sensación de verosimilitud que podría transmitir no hay realmente una intención de hacerlo pasar por algo cierto, digamos que se limita a aplicar un formato documental a la organización y el aspecto, algo que ya hiciera Woody Allen en Zelig (1983) pero que está tan cerca de intentar tener una credibilidad total como las películas de Found footage o los Papiros encontrados que se usaban desde hacía siglos en la literatura. es un mecanismo más de la ficción para buscar un aspecto de realidad. Pero no hay realmente intención de lograr que alguien se lo crea y, desde luego,mucho menos de realizar una emisión televisiva. Algo similar al corto al estilo de los de Ken Burns The old negro space program (2005) -firmada con el pseudónimo Spacenigs– que realmente no tiene un lugar en el que encajar.

o incluso de la pieza más cercana al arte conceptual que a un intento de engañar a nadie, me refiero a la película Death of a President (2006) de Gabriel Range, que jugaba a especular con un atentado que acabara con la vida de Bush hijo. Lamentablemente se emitió no en televisión primero sino como película, y el hecho de que situar la muerte del presidente en el pasado también hacía poco sencillo llegar a creerlo. sobre todo porque lo que intentaba era establecer un discurso sobre la Patriot act y las mentiras oficiales, el control de la prensa, etc, más que jugar a confundir. Lo único que lo separaba de una película de ficción al uso era, precisamente, el uso de figuras reales. Que es por donde atacaron diciendo que era de mal gusto. Posiblemente debido a una restrictiva idea de lo que es el gusto.

Del mismo modo el italiano Il mistero di Lovecraft (2005) -como veis unos años muy locos para tratar de distinguir lo real de lo televisado- de Federico Greco y Roberto Leggio jugaba con la posibilidad de que Lovecraft hubiera viajado a Italia y descubierto algo aterrador. Lo que pasa es que, además de ser otro film, es casi un thriller rodado con aspecto documental. Así que está tan cerca de ser un falsumental como lo estuvo en su día El misterio de la Bruja de Blair (The Blair Witch Project, 1999)

Dentro de todas estas creaciones que estarían en el borde de lo que podríamos considerar similares a lo ocurrido ayer vamos con la última que se puede dejar de lado sin problemas. Al menos en mi opinión. Me refiero a Paedogeddon!, el Especial Pedofilia (2001) del programa satírico inglés Brass Eye. Un programa y un especial del que ya hemos hablado antes, en el que sus responsables, Chris Morris fundamentalmente, aunque entre los guionistas estaba Charlie Brooker, querían llamar la atención sobre el problema del tratamiento sensacionalista de los medios y que tuvo problemas pero no por que nadie se confundiera, ni mucho menos, sino porque los medios se tomaron la crítica… como se toman siempre estas cosas. Era imposible, tras una temporada entera de Brass Eye ya emitida en 1997, que nadie pudiera realmente pensar que nada de lo allí ocurrido, con un tono extremo y disparatado, era cierto. Así que fuera también.

He explicado todo esto para dejar claro que no es tan sencillo. Que siempre ha habido creaciones falsas que buscaban el aspecto de realidad pero que no muchas veces conseguían ser emitidas en televisión de una manera medianamente razonable. Es decir, que espero que haya quedado claro que por cada Swiss spaghetti harvest hay tres Borat. ¿Y entonces?

Pues pese a todo esto aún puedo sacar unos cuantos ejemplos de falsumentales similares a lo vivido ayer. Y, sorprenderos si queréis, pero los ha habido durante décadas.

Si a algo le debe homenaje y respeto lo de ayer es al explícitamente aludido Operación Luna (Opération Lune, 2002) de William Karel que emitió el canal ARTE explicando que la llegada del hombre a la Luna no se había producido, siendo en realidad una costosa creación de Hollywood dirigida por Kubrick. Para darle más verosimilitud se buscó la forma de que aparecieran personas reales. Para ello se dirigieron a la viuda de Kubrick o a Buzz Aldrin con falsos pretextos de rodaje realizando preguntas vagas para poder insertalas, también buscaron ne los archivos de entrevistas algunas que poder sacar con políticos existentes –Rumsfeld y Kissinger entre ellos- para dotar de verosimilitud algo que no tenía nada que ver. También podemos considerarlo exitoso por ser la base de First on the moon (Первые на Луне, Pervye na Lune, 2005) de Aleksei Fedorchenko que explicaba cómo los rusos llegaron en los años treinta y que salió como película aunque durante su rodaje algunos periódicos rusos creyeron estar ante un auténtico documental. Pero volviendo al de Karel, cuando fue preguntado explicó que la finalidad de la pieza era demostrar que con un grado medio de manipulación se podía crear la sensación de realidad que aumentaba gracais al contexto proporcionado por, en este caso, el serio canal ARTE.

Lo que no significa que el contexto sea innecesariamente reprochable como demostró el especial del SyFy -entonces aún SciFi Channel– emitía en 2004 The Buried Secret of M. Night Shyamalan documental de Nathaniel Kahn sobre el director de la recién estrenada The Village en un intento de crear una pieza original y, a la vez, de crear una cierta publicidad en ambas direcciones. Incluyendo en su estrategia a Shyamalan diciendo días antes del estreno que estaba molesto por la emisión del documental y que tenía intención de evitarlo. La historia, que buscaba explicar la verdad tras el director -en fin- hizo que el canal tuviera que emitir una disculpa oficial días después. Y aún hoy hay gente quejándose, así que quizá el contexto no sea lo único.

Por ejemplo, ¿podría alguien realmente creerse The canadian conspirancy (1985)? Este falsumental emitido por la HBO narraba los intentos de los canadienses por hacerse con la industria del espectáculo estadounidense para, a través de ella, hacerse con el control del resto del país. Robert Boyd aprovechaba que Erik Nielsen, hermano de Leslie, era en ese momento vicepresidente para lanzar una serie de ideas bastante ridículas aprovechando la entrada de cómicos canadienses, con Lorne Michaels señalado como sucesor de Lorne Green al mando del asunto y la colaboración de nombres conocidos como Eugene Levy, John Candy, Martin Short y, por supuesto, William Shatner. Por algún extraño motivo la gente pareció creérselo menos que el de Shyamalan.

Puede que se deba al responsable del invento. Quizá si eres Peter Jackson te resulte más sencillo, incluso cuando emites en una televisión neozelandesa en un horario dedicado habitualmente a miniseries y telefilmes te dejan que les casques un Forgotten Silver (1995) sobre un compatriota pionero olvidado del negocio del cine. Armarse se armó, claro, a la TV ONE de Nueva Zelanda le tocó salir a dar explicaciones de por qué no se había sido más claro -¡más aún!- sobre lo ficticio que era el producto.

Aunque eso no es nada comparado con la que puede ser mi pieza favorita de todo el recorrido. En 1992 la BBC decidió celebrar Halloween con un especial de fantasmas. Originalmente pensado como una serie que usara a personas reales y conocidas, problemas de presupuesto y tiempo obligaron al canal a convertirlo en un especial. Así nació Ghostwatch. Quizá uno de los más controvertidos de entre todas las creaciones que estamos viendo, pese a que se emitieron anuncios al principio y que las líneas habilitadas para que llamaran los espectadores explicaban que era una creación. Dio igual. Los presentadores -gente conocida de la televisión de aquella época- iban exponiendo casos a la vez que desde la misma realización se jugaba con la ambigüedad de lo que había sucedido en una casa en la que una mujer divorciada y sus dos hijas decían estar siendo sometidos al acoso de algo paranormal, así hasta llegar a una primera conclusión, que la hija mayor lo había montado todo. Pero aquello parecía solo el principio y pronto en la casa y el estudio se iban multiplicando los sucesos. Podéis echar un ojo a este texto de Santi Pagés, el Dr Zito, sobre el programa. La gente llamó primero para compartir sus experiencias con Lo Paranormal pese a que se les dijera que era falso. Luego para alarmarse, sin acabar de creer la explicación que se les ofrecía. Y es que la sugestión era mucho más poderosa que, en fin, la realidad. Lo que llevó, por cierto, a cambiar en el último minuto el final de la obra para no sugerir que ahora los fantasmas se habían trasladado a las de los espectadores mediante la televisión. Pero ya hablaremos más a fondo de este caso en otra ocasión.

Volvamos a lo de ayer. Si hemos visto que el contexto y el contenido muchas veces no influyen en el público tanto como el formato, ¿qué sucede cuando todo se junta? Es decir, ¿cuándo fue la última vez que se armó a lo grande? Posiblemente la respuesta a esa pregunta sea Bye, bye, Belgium (2006) en el que el periodista Philippe Dutilleul usó el canal público belga RTBF para ofrecer un boletín especial sobre Flandes declarándose independiente. Todo el proceso y reacciones posteriores es tratado con la seriedad propia del tema de modo que apenas media hora después de iniciado el programa, y a resultas de una llamada directa del Ministro del ramo, aparecen unos bloques de texto impresos indicando que es todo falso. La historia, preparada durante dos años, causó un revuelo internacional enorme entre sus vecinos y algunos otros países europeos y lo que podríamos calificar si buscáramos una definición técnica como Tormenta de mierda sobre el responsable dentro de Bélgica con prácticamente todos los políticos llevando antorchas a su puerta.

La gente, cómo es. ¿Eh? Porque en España… ¿Qué pasa con España? ¿Es que no tenemos inventiva? Ni mucho menos. Ya antes de que terminara el programa la gente estaba recordando otros sucesos. Sin salir de La Sexta se hablaba del famoso Os la hemos colado de Wyoming a Intereconomía en 2009, del documental ucrónico ¡Viva la república! de Jaume Grau, emitido también por La Sexta en 2008 que especulaba con un triunfo del otro bando en la Guerra Civil de manera similar al que en 2004 había hecho el falsumental C.S.A.: The Confederate States of America de Kevin Willmott con los Estados del Sur y su propia Guerra Civil. Pero ninguna de esas dos pueden ser consideradas como realmente equivalentes. Tenemos que remontarnos a Camaleó.

En 1991 dentro de TVE-Cataluña se emitía el espacio Camaleó que decidió jugar con la realidad y ficción televisiva y emitir un falso informativo sobre un golpe en la URSS.

Que La Vanguardia parara sus rotativas a la espera de saber si era o no cierto no es demasiado preocupante, que el resultado de este… experimento… fuera el cese del área de programas de la cadena, o esta maravillosa frase de Enric Sopena, en aquel entonces jefe de TVE-Cataluña, «es falso que L’¡nformaflu se haya emitido bajo amenazas. Lo único que hizo la dirección fue recordar al grupo de redactores que se oponía a su emisión que tendrían que atenerse a las consecuencias». ¡Que es una cosa completamente diferente! El asunto trajo cola y aún hoy los responsables, Miguel Ángel Martín y Manuel Delgado, se resienten como me recordaba ayer MeComíaUnFlan aportando este documento que, por cierto, tanto viene al caso. Y eso incluso sin saber que unos meses más tarde ocurriría de verdad.

Con eso y con todo, y por difícil que os resulte creerlo, aún se armó aún más gorda en otra ocasión en España. Aunque no por culpa de los españoles. Bueno, no exactamente culpa nuestra. Me recordaba ayer Fangar que, por si a mí se me pasara, había que hablar de Alternativa 3. No se me pasa, pero lo agradezco, claro que sí. Y es que Alternativa 3 fue…

Alternativa 3 fue un falsumental escrito por David Ambrose en 1977 -¿Recordáis cuando decía que tampoco era un asunto tan novedoso? ¡Ta-Da!- sobre desapariciones de científicos por todo el mundo que el aguerrido periodista de turno descubre que forma parte de un plan para crear una estación espacial ante la inminente destrucción de la Tierra por culpa de un fenómeno climático ante la cuál pocas alternativas quedaban siendo esta la preparación para establecerse en Marte. Inicialmente pensado para emitirse el April’s Fool, problemas de producción lo postpusieron hasta junio, dejando la fecha original como pista para los espectadores -que lo pillaran desde el principio, como siempre- que, como de costumbre, se quejaron por la falsedad. ¿Y qué pintan los españoles en esto? Si no aparecen ni en el final. Y eso que sí había otros países apareciendo como los rusos y estadounidenses que son mostrados cooperando para llegar a Marte. De neuvo la cadena explicó que era falso y al día siguiente sacó un comunicado. ¿Entonces? Pues porque nosotros somos así.

Esto es, ¿cómo creéis que se organizó? Pues porque en 1983, seis años después -Sí, seis. España, ¿recordáis?- Fernando Jiménez del Oso emitió en su programa La puerta del misterio el documental como si fuera verdadero. En serio.

Más aún, cuando llegaron las críticas porque se lo hubiera tragado y emitido se limitó a decir que estaba integrado dentro de una serie de documentales y que cómo iban a saber ellos que era falso. Repito: SEIS AÑOS DESPUÉS. Sobre algo desmentido al día siguiente y que se había avisado a los críticos televisivos de que era falso antes de emitir. [EDITO: No os perdáis lo del libro que cuenta Emilio Martín en los comentarios.] Por si os lo estáis preguntando, Jiménez del Oso tardó solo un año en volver a tener un programa en la televisión. Por aquel entonces la pública y única.

Cómo veis no es un asunto de si en España nos lo podemos tragar, de si lo que pasó con esta Alternativa 3, con Camaleó o con las diversas ideas alternativas de La Sexta funcionan con nosotros. Es un asunto del valor que le damos a la realidad televisada. ¿Necesitamos realmente que nos digan «Esto te lo crees», «Esto no»? ¿O podemos tener una conciencia crítica como espectadores para decidir lo que no nos cuadra de lo que vemos e intentar aprender más sobre ello?

Mucho se ha hablado del programa de ayer de Évole. De lo cercano que estaban los hechos para bromear sobre ellos (?), de su utilidad para combatir toda versión que se aparte de la oficial, del famoso giro a la derecha de los medios con esa teoría según la cuál Lara pretende meter en vereda a La Sexta aún a costa de destruir a sus caras reconocibles, ¡o quizá es algo que se buscan ellos solos? Tanto da. Porque quizá la pregunta importante que podemos sacar de esto. Del de ayer, pero también de todos los otros ejemplos que he estado poniendo es:

¿Está usted preparado para ver la televisión sin tutela?