«Pranksters (Making mischief in the modern world)» (2014, Kembrew McLeod)

Entre mis últimas lecturas destaca este ensayo, Pranksters, posiblemente porque la variedad de temas tratados y el estilo usado me resultan más interesantes y variados que cuando se habla de solo un tema. Y es que McLeod se dedica a lo largo de sus capítulos a hacer un repaso por el mundo de las pranks, las bromas, entendidas desde muchos puntos diferentes: Hoax o falsificaciones con el objetivo de engañar a los demás, Cons o timos que buscan el dinero y Pranks propiamente dichas que tratan de llamar la atención sobre algún tema de manera divertida.

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Precisamente la forma de entenderlos es lo que vertebra el libro, y uno de sus problemas, la elección de los temas a tratar parece menos sistemática y más arbitraria -máximo cuando el texto propiamente dicho termina ocupando apenas 300 páginas- para permitirle tocar muchos temas dentro de secciones organizadas cuya lección final suele ser que la prensa de todas las épocas se ha dividido entre los que han decidido inventarse las noticias y los que han decidido no comprobarlas o bien que la gente está dispuesta a creer cualquier cosa que se le diga si se adapta a sus ideas preconcebidas.

De ahí el segundo problema del libro, no solo habla de las diferentes bromas que se han hecho a lo largo de la historia -estadounidense, además- sino también de la reacción del público que tiende a oscilar entre fingir que no ha pasado nada o responder con agresividad fingiendo que no es una broma. Ese efecto rebote es muchas veces esgrimido por McLeod durante sus historias como uno de los grandes problemas, como si fuera culpa de los bromistas esa reacción, pero es que además es especialmente duro con unos -Feministas, discordianos o satanistas- mientras que a otros -sobre todo activistas negros como los Panteras Negras- son tratado con mayor dulzura.

No me malinterpretéis, es una obra muy interesante que explica mucho de la forma de funcionar de los medios y de los diferentes flancos por los que ha ido habiendo reacciones, solo porque McLeod parezca muy dado a intentar impostar una imparcialidad crítica no significa que las historias que contiene en la que se habla de las publicaciones satíricas de Franklin, Twain o Swift; de las invenciones religiosas como los Rosacruces o los Illuminati en el pasado o los Discordianos y los Sub-Genio en el presente; de las bromas con intención que se han creado en campos como la música, el activismo o la política con los Yes Men, las WITCH o The KFL y muchas otras cosas que es, precisamente, el punto fuerte y débil del libro. Ofrece muchas historias que sirven de llamada de atención y anécdota sobre los temas pero que en demasiados casos -las acciones de ACT UP, por poner uno- son tratados de manera tan superficial y de pasada que deja con ganas de más. Menos mal que la extensa bibliografía y notas facilita escarbar en aquello que más nos haya picado la curiosidad.


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