Breve aproximación al cuerpo en televisión en frío y sin adornos.

En el año 2000 pasaron muchas cosas. Unas más a la vista que otras. Por ejemplo, en UK celebraron los 50 años de su movimiento naturista. Entre unas y otras celebraciones Channel 5 decidió darle a naturistas y nudistas el concurso Naked jungle. Ya hablamos de él por aquí cuando las cancelaciones rápidas porque logró el loco record de no pasar de un programa.

Aunque podríamos decir que logró otro más: Fue muy bien de audiencia -sobre todo para la media habitual del canal- pero la controversia que montó, es decir, las quejas del Daily Mail y un par de periódicos que se apuntaron detrás, más lo *cof* algo lamentable de la puesta en escena hicieron renunciar a la cadena.

Y, sin embargo, era un ejemplo perfecto de un programa naturista. Era un concurso con presentador y hacían pruebas estando todos desnudos pero no había ninguna objetivización ni rastro de sexualización. Los concursantes estaban lejos de haber sido elegidos por su físico y del presentador -que llevaba, eso sí, un sombrero- casi mejor ni hablar. Si resultaba lamentable era más por el escaso presupuesto y el subsiguiente cartonpiedrismo que daba a todo una pátina de producto de décadas anteriores que por el nudismo en sí.

A la prensa le dió lo mismo, salir desnudo en televisión era una indecencia. Algo a erradicar porque se estaba generalizando. Y les dio lo mismo que fueran piezas realmente salaces que una exhibición natural del cuerpo humano. Así que el programa cayó.

Todo esto viene a cuenta de el nuevo y -de momento- exitoso en lo de los datos programa de Cuatro. Adán y Eva, no confundir con Eva y Adán, agencia matrimonial que era era una otra cosa muy distinta, es un programa de citas de estilo reality en el que los concursantes se conocen en pelota en una isla paradisíaca. A priori no suena muy interesante -para mí- más que por ver cuanto aguantan con aquello de que la arena es tosca y se mete por doquier, pero con el follón montado decidí darle una oportunidad.

Creo que es una de las cosas más aburridas que he visto en tiempos y, reconozco, acabé pasándolo a cámara rápida porque aquello no parecía tener mucho sentido ni intención siendo una contante de personas hablando entre ellas (¿tratando de ligar?) y personas hablando a cámara para quejarse y juzgar a los demás. A su favor debo decir que si bien se buscaron a concursantes jóvenes, tonificados y depiladitos -en fin- al menos tratan el nudismo con la naturalidad requerida. Más que en una portada de Interviú al menos.

La desnudez siempre ha sido un caballo de batalla con los espectadores. Independientemente de considerar otros factores como la sexualización u objetivación de la persona desnuda -el Male gaze pero no solo- sin atender o entender que parte del asunto del nudismo es precisamente el punto de vista de la cámara. La última bronca en Reino Unido ha sido precisamente por que en Glue aparecen con total naturalidad un par de sus jóvenes protagonistas completamente desnudos. Un paso más de lo que ya ocurría en Skins, que para eso el creador –Jack Thorne– estuvo allí de guionista. Y ya sabemos que también con aquella hubo bronca cuando pasó a los USA.

Sin embargo y pese a iniciativas como las allí comentadas de la Asociación de Padres Timoratos que es la PTC de turno o aquella loca campaña para evitar las pixelaciones de desnudos porque se acercaba demasiado a mostrar desnudos reales -Entendiendo como tal los de Barbie y Ken, supongo- no han logrado evitar que este año hayan ido apareciendo diversos programas que trataban -o intentaban tratar- con más normalidad el asunto.

Cierto es que podían resultar un tanto amarillistas en sus títulos como cuando Channel 4 emitió en 2012 My Daughter the Teenage Nudist, un documental sobre el resurgimiento del movimiento naturista al que poco ayudaba el título para lo que era el contenido.

Pero realmente podríamos irnos a USA donde el boom ha llegado en el último año. Empezó todo cuando Discovery anunció dos series que seguirían con esas historias de expertos en supervivencia que tanto les gustaban. La primera, emitida en 2013, tenía al especialista en estas cosas Ed Stafford haciendo la enésima demostración de sus capacidades, pero con ese giro especial que se presentó en marzo en la filial británica de la cadena como Naked and Maroonedy en abril en la estadounidense como Naked Castaway. No es que fuera muy revolucionario pero al menos ponía un punto de entrada. Porque lo siguiente que tenían preparado era Naked and afraid para junio de ese mismo año. Soltaban a dos personas -hombre y mujer- en un entorno natural y que se las apañaran durante unos días. Inesperadamente más que el amor lo que solía surgir era el odio. Y también la demostración de que sobrevivir no es tan sencillo.

Para noviembre de ese año teníamos la siguiente, el siempre educativo TLC decidía emitir en esas fechas Buying naked que mostraba el mundo de la compra de pisos por parte de nudistas. De nuevo la parte sexual estaba prácticamente fuera de juego -comparada, por ejemplo, con la serie de octubre de ese mismo año del SyFy Naked Vegas sobre un taller de pintura corporal- y se centraba más en las necesidades y preferencias de los compradores.

Algo se debieron de oler los europeos -de quienes los británicos dijeron en tiempos que tenían este tipo de programas con total normalidad. No diré que no, diré que yo no los conozco- porque la productora de los Paises Bajos Eyeworks ponía rápidamente en marcha Adam zkt Eva y se lo vendía, además, a los alemanes y españoles por un lado y a los anglos por otro con el nombre de Dating Naked. Nombre con el que, precisamente, acabó en la VH1 en julio de este año.

Como veis la tendencia en realidad no da para mucho más. O, al menos, no se atreven a demasiado. Porque los europeos -en efecto- emiten sin censuras mientras que los americanos usan todas sus viejas técnicas, desde la antes mencionada pixelación hasta la colocación estratégica de teteras -el famoso tropo de los Object Underwear– porque luego pasa lo que pasa y les caen las demandas.

De modo que en lugar de reflexionar sobre por qué algo se muestra o no lo que tenemos son discusiones sobre qué se muestra o hasta dónde mostrar.  Al final acabamos volviendo a lo mismo, al tabú de la desnudez y el uso del naturismo o nudismo o como me digan cuando me vengan a corregir a los comentarios para atraer a la gente a ver algo que normalmente no está ahí. Lo que nos lleva, esta vez, hasta los años treinta.

Puede que fueran los años cincuenta cuando vieron establecerse de forma oficial el movimiento naturista en UK pero no era ni de lejos la primera vez que este existía. En los años treinta hubo toda una corriente de películas sobre el nudismo, como la alemana This Nude World (1932) o estadounidenses como Valley of the Nude y Why Nudism?, ambas de 1933. Al fin y al cabo era una época en la que no existían unas reglas cerradas de lo que se podía ofrecer o no en pantalla con lo que películas con desnudos -mayoritariamente femeninos, eso sí- e incluso producciones pornográficas para las que se controlaba la asistencia, se echaban en los cines. Luego vendría la guerra en un lado y el Código Hays en el otro y aunque quedaría algún rastro en esas exhibiciones de feria – Nudist Land (1937) o The Unashamed (1938) – lo vierto es que fueron barridos con notable eficacia. Al menos durante algunos años. Porque mientras los noticiarios sobre las extrañas costumbres del resto del mundo iban siendo utilizados para este mismo propósito acercándolo a ratos a movimientos explotativos la pericia y el descaro de autores como mis queridos Esper y Stadie -y ahí tenemos The curse of Ubangui (1946) con un corta-y-pega de escenas de al menos un lustro al que se le añadía si hacía falta escenas extras de población africana rodada con jóvenes de color de, probablemente, Brooklyn- no sería hasta los cincuenta que se relajaran las cosas y aparecieran las famosas Nudies. Películas que pretendían enseñar el comportamiento normal de estas comunidades y que fueron toda una tendencia durante la década que va de mitad de los cincuenta a la de los sesenta. Con una reina indiscutible como la directora Doris Wishman y títulos que iban de la primera película naturista en color, Garden of Eden (1954) hasta The Prince and the Nature Girl (1964) de la propia Wishman. Aunque pronto quedó claro que era poco más que una excusa para mostrar desnudos -femeninos fundamentalmente-. En 1962 podía encontrarse rodando este tipo de películas a otro grande del exploit como es H. Gordon Lewis – como Daughter of the Sun (1962), en compañía al guión del no menos explotativo David F. Friedman– y la propia Wishman hacía títulos tan abracadabrantes como Nude on the Moon (1961) sobre el descubrimiento de una civilización nudista viviendo en la luna.

Lamentablemente para el movimiento naturista quedó claro en pocos años que estas películas que solían tratar sobre la vida cotidiana en campamentos naturistas no buscaban más que dar paso a lo que era claramente softcore, cuando no algo más pornográfico aún. Y en cuantro esta puerta se abrió fueron desapareciendo de la pantalla.

Es difícil saber si ahora la televisión, que en tantas cadenas y aspectos no tiene reparo alguno, está repitiendo el truco. Lo que sí podemos intentar es demostrar que hemos avanzado algo en todas estas décadas. Centrándonos menos en el cuerpo de los concursantes y en las explicaciones del experimento sociológico de turno  y más en los motivos por los que la desnudez es un tabú social o por los que la representación de la misma en medios suele dividirse entre jóvenes para el fanservice y viejos para las risas. Sin gente de mediana edad, sin cuerpos fuera de lo normativo, sin naturalidad… Si al menos se reflexiona sobre algo de esto será algo que nos llevaremos limpio.


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