Jane, sin más

Lo bueno de procurar ver todos los pilotos posibles es que hay cosas que por uno mismo no vería jamás. Sinopsis que la cadena facilita y que remiten a ideas vistas o a series pasadas. Cuando no a situaciones peores. En el caso de Jane the Virgin pocos estrenos me apetecía menos ver este otoño. Resumiendo la información previa: Se trataba de la adaptación de una telenovela venezolana sobre una muchachuela que, pese a ser virgen, acaba embarazada por un error médico. Como decía, pocas cosas me podían apetecer menos. Y, sin embargo…

Para mí Jane the Virgin es el estreno de este otoño e, indudablemente, una de las series del año.

Lo primero que pensé es que harían una adaptación bien dentro de los parámetros del culebrón adolescente usaca con mucha lágrima y moralina – Algo como Switched at Birth, digamos- o se irían directamente al camp como cuando convirtieron Yo soy Betty, la fea en Ugly Betty. Pero no. El estilo elegido fue lo que podríamos denominar como fulleresco, no de fulleros sino de Bryan Fuller, el genio creador de Wonderfalls o Pushing Daisies. Solo que él no tiene nada que ver, primero porque su espectacular gusto visual no es uno de los rasgos de los que se haya apropiado Jane, en segundo lugar porque está muy entretenido con Hannibal. Pese a lo cuál su sentido del humor y el optimismo, sus personajes guiados por sentimientos que son, además, comprensibles y algunos de sus trucos como ese narrador irónico inesperadamente eficaz en un año con tanta voz en off insoportable.

Mi primera duda fue saber cuánto de esto venía del original. Al fin y al cabo podría ser simplemente que hubieran elegido a una serie que ya tuviera humor, como pasaba con la Betty original o, sobre todo, -dentro de mi limitado conocimiento del género- Caballo viejo. Pero resulta que tampoco. No digo que no haya algún toque para rebajar el tono general, pero es algo completamente diferente.

Empezando porque el punto de partida original llevaba a tres tramas principales: La de su relación con el inesperado padre de la criatura, su lucha para demostrar que todo era un error médico y cómo lidia con el aura de santidad de tener un hijo siendo virgen. Por supuesto hay más cambios en los personajes y relaciones entre el original pero ya con estas podemos ver cómo se decidió adaptar el paso de uno o otro lugar. Es decir, cómo decidieron que Jane the Virgin tenía que ser lo que yo he dado en llamar: Metaculebrón cómico.

Aunque quizá lo de cómico sea una interpretación excesiva, no es tanto un juguete en busca de la risa como que la situación principal de los personajes y situaciones es demostrar no optimismo sino ausencia de cinismo, o, al menos, la capacidad de actuar de manera interesada en un bien ajeno por encima del propio. No significa eso que sean alegres personaje sin problemas más que puntuales, pero sí que la parte dramática/melodramática está siempre subordinada a esa búsqueda de lo mejor para todos.

Un ejemplo de esto lo tenemos en la misma forma en que Jane decide tener el bebé, tras mucho dudar y que varios personajes -prácticamente todos- le aconsejen abortar, teniendo incluso compradas las pastillas, lo único que impide que lo haga y que lleva a mantenerlo es que se trata de la última muestra válida de un tipo que perdió la posibilidad de tener hijos tras un cáncer. Precisamente esa bondad propia hace que la más que clara decisión de acabar con el embarazo pase a una aceptación -preocupada- del asunto para que no se pierda esa última esperanza.

Incluso la otra situación problemática de Jane, su virginidad, es tratada con un punto de vista menos problemática de lo que se podría pensar. Sí, el punto de partida es la educación católica que su abuela le ha dado pero, sobre todo, el intento de separarse de la vida desastrosa de su madre. Un punto de partida tan controvertido es reinterpretado en cuanto se pasa a tratar no como algo que es una imposición interna como una decisión propia según la cuál ella es la dueña de su destino, de manera que la decisión de con quién no tiene sexo (bueno, más bien la decisión de no tenerlo) se trata como algo que ella debe defender al margen de con quién esté o de las presiones sociales. De hecho, al primera vez que la vemos está besándose con su novio, a medio desvestir, en la cama de ella. No es una pacata ni una puritana, pero tomo una decisión y ha decidido mantenerla pase lo que pase.

De manera que la inherente misoginia que podría salir de la adaptación de la telenovela va siendo superada poco a poco por la serie. Pero no solo eso, también van revelándose más facetas, sobre todo en la parte femenina del reparto, mucho más extendida y rica que la masculina. Porque aquí quienes llevan la historia son ellas. Jane, su madre Xiomara -que sigue persiguiendo el sueño de ser cantante tantos años después-, su abuela Alba -que no duda en hablar a todo el mundo en español, aunque entienda el inglés- y, por supuesto, las del otro lado, la Doctora Luisa -cuyo lesbianismo es tratado con toda naturalidad-, la abogada Rose -determinada a seguir adelante- y, por supuesto, Magda y su hija Petra, la suegra y mujer respectivamente del padre de la criatura. En el caso de la primera estamos ante una mujer fortísima que reúne en una sola persona multitud de tics de los villanos de telenovela, en el caso de la segunda estamos ante la que -para mí- es el personaje más complejo. Presentada para ser el Gran Villano de la historia, no tarda en mostrarse como una superviviente nata, perseguida por su pasado y capaz de muchas cosas, sí, pero no como resultado de maldad intrínseca sino de las circustancias que han ido baqueteandola, y aún así no duda en actuar siempre según sus propias normas.

Comparados con ellas los hombres tiene un peso más reducido, sea porque Rafael -el padre- está interpretado por el peor de los actores de la serie o porque realmente tienda a ser un personaje que actúa como reacción a lo que hacen los demás. Tampoco Michael, el novio de Jane, parece moverse más allá de una cierta nobleza sin muchas luces, algo aún más claro en el que puede considerarse auténtico robaescenas de la serie, el tan encantador como vano Rogelio de la Vega, de modo que solo el zumbón Narrador omnisciente -estilo Latin-Lover nada menos, y propio de una tradición que le une por un lado al de Pushing Daisies o Arrested Development, y por otra a Les Luthiers, con ese papelón de Marcos Mundstock en la Cantata del Adelantado Don Rodrigo Díaz de Carreras- logra gracias a su no presencia física un impacto más directo.

Porque la narración es muy importante, no solo la directa y el narrador, también usa a fondo las nuevas tecnologías -con conversaciones en pantalla- y narrativas más sutiles que señalan algunas de las diferencias, como la forma de moverse por la ciudad cada uno que refuerza la idea de Jane como una chica de clase baja contrapuesta a la familia rica de Rafael, hasta el punto de que sus viajes en autobús tienen una importancia narrativa -de hecho, algunos de estos instrumentos sutiles acaban teniendo llamadas más o menos claras- debido precisamente a que una de sus decisiones es expandir y jugar con el formato. Sobre todo con el de la Telenovela.

Hablar de Meta no es una justificación barata, muchas veces se muestran o subvierten tropos propios, se hacen referencias directas a personajes y situaciones, la mayor parte de los personajes las ven, sobre todo Pasión de los Santos, la Telenovela-dentro-de-la-serie que sirve para jugar y puntuar a la otra serie y mostrar una industria menos transitada. Y no solo de la Telenovela, también de las obras de Misterio y Suspense -un buen asesinato nunca sobra, y demuestra además su forma de tratar con los personajes- o de los Melodramas, que cambia sin problema al hacer que sean más importantes los ejes de relación paternofiliales (por no decir maternofiliales) que los de pareja, que están obviamente y son importantes también pero que son tratados de manera diferente.

Y es que aquí tenemos de todo. No solo de una manera más literal en diversidad racial, sexual y religiosa -la Iglesia Católica está muy presente pero eso no significa que todos los protagonistas tengan la misma religión ni actitud, ni que el tema de su Inmaculada Concepción no se use también para mostrar la capacidad de la Iglesia para dar un golpe de Relaciones Públicas a su favor y sin pensar en los implicados- sino relaciones femeninas no basadas en la competición, relaciones de trabajo entre iguales e, incluso, la muestra de diferentes tipos de familia, sin demonizar ninguno de los posibles.

Podría estar escribiendo durante -más- horas sobre la serie, sobre cómo caracterizan y cómo mueven los hilos, pero me limitaré a tres consideraciones finales: Que quiera ser fulleresca hace que haya en cada capítulo al menos una escena perfecta más allá de las convenciones habituales y suele apoyarse por un tratamiento de imagen o una ruptura con lo esperable del guión. El tratamiento del idioma es notable, no dudan en usarlo para marcar separaciones y jugar con los personajes según su capacidad. La misma situación de buen humor, de desenfado, hace que la idea de estar viendo una comedia vaya más allá de los intentos trágicos que se presenten.

Queda por ver cómo se apañarán para continuar la trama y si acabarán teniendo una segunda temporada -algo que de momento está en el aire- pero lo que sí puedo hacer ahora es hablar a su favor. No era lo que me esperaba en absoluto. Y no es una serie fácil. Pero sí que creo que es una a la que creo que merece la pena darle al menos una oportunidad.


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