Supongo que habrá alguna realidad alternativa en la que Crims (UK) esté bien. Desde luego no es en esta. Una comedia sobre un pobre chico condenado a dos años de cárcel por un lío en que le mete el novio de su hermana que se obstina en mostrarnos una y otra vez que el protagonista es patético y el cuñado un idiota. Si no hubiéramos visto en años recientes obras de todo tipo que ofrecen un acercamiento cómico y cercano a las cárceles tanto en Dead boss como en, por supuesto, OITNB, podríamos suponer que se debía a las circunstancias del entorno. Pero como de Porridge han pasado ya cuarenta años en los que alguien podía haber tomado notas vamos a limitarnos a suponer que los creadores de la serie tenían otras cosas que hacer.

Si alguien esperaba algo bueno de Eye candy (USA) -yo mismo, por ejemplo- ya se puede ir olvidando. Vale, quizá el estar basado en una novela para adultos de R.L. Stine no era la mejor de las presentaciones pero la idea de una lucha del gato y el ratón con múltiples sospechosos y las afirmaciones de que se estaba tratando de lograr un ambiento similar al de la serie de Scream que está preparando la misma cadena -la MTv– parecía orientarnos a una mezcla de Catfish con Scream y Pretty Little Liars que, una vez vista, lo que ofrecen es un oscuro futuro sobre la de  Craven. En cuanto a referentes, supongo que será Stalker, por aquello de ser también una novedad, aunque yo particularmente diría que por oposición más que Scream tenemos Profiler, más que PLL Ringer y, desde luego, lo que pretende ofrecernos de internet se acerca sobre todo a La Red. Quizá fuera de este espantoso piloto podamos encontrar una serie mínimamente competente, pero reconozco que a estas alturas es una posibilidad que considero bastante remota.

En cuanto a Little Charmers (USA)… Creo que puedo afirmar tranquilamente que no soy su público. Es una serie dirigida a preescolares que, santo cielo, tiene una animación muy mediocre y unas figuritas que parecen pensadas para venderlas más que para proporcionar algún tipo de modelo. Como tampoco me voy a poner a gritar a la pantalla por algo que llevan tanto tiempo haciendo me limitaré a que cada cuál juzgue y decida si exponer a esto a sus hijos.

Hablando de exponerse, Man Seeking Woman (USA) es una comedia que tiene a su favor un equipo de cómicos detrás con Simon Rich de creador y un reparto que se centra en Jay Baruchel, pero también tiene detrás a Eric André, Britt Lower, Maya Erskine y -dado que uno de los productores es Lorne Michael– invitados como Vanessa Bayer van a apareciendo. El resultado… bueno, al menos juega con la realidad de una manera original, mezclando elementos fantásticos con total naturalidad. Como comedia no vale gran cosa, eso sí, pero al menos han intentado hacer algo distinto con actores que hacen lo que pueden. Lástima que estemos ante uno de esos Temas más viejos que el mundo y que en lo fundamental sea la historia de siempre.

Como los programas de ilusionismo están poco a poco ganando momentum esta semana tenemos Now you see it (UK) -podríamos hablar también de Troy: Street Magic, pero el nuevo programa de SyFy viene a ser el típico de Magos en la calle- que es algo así como un Magicine, o Magazzine de la Magia o a saber, trucos que sí, trucos que no, un poco de charla, y mucho Medios Sociales.  Así demostramos no solo ese interés progresivo sino, además, la posibilidad de crear algo nuevo en un tema tan antiguo.

Debo decir que al leer el título de Red Rock (O) (Irlanda) esperaba algo de acción. No es que tuviera motivos reales para pensar algo así, más aún cuando resulta ser una suerte de EastEnders o Coronation Street o Amar en tiempos para siempre, una telenovela de sobremesa centrado en los habitantes de unas calles que se adapta a la idiosincrasia del lugar.

De Schitt’s Creek (CA) puedo decir que es un proyecto de Eugene Levy con su hijo Daniel y que, bueno, ¿cómo describiríais la carrera de Levy? Pues un poco esta serie. A su favor está contar con un buen reparto de secundarios como Chris Elliott o Catherine O’Hara y en su contra prácticamente todo lo demás, ni los actores tienen mucho que hacer ni la historia de una familia rica venida a menos logra ofrecer algo interesante, original o innovador.  No será lo peor en lo que puedas ver a Levy pero es que tampoco sé si eso es posible.

Seguimos con los canadienses con Sunnyside (CA), un programa de sketches ahora que parece que estamos en pleno éxito de los mismos. El invitado especial aquí es Norm MacDonald que le pone voz a un agujero teóricamente sabio pero fundamentalmente faltón. En realidad va a hacer falta mucho tiempo y rodaje para que pueda salir algo interesante de este grupo, porque yo de momento los veo muy poco interesantes o cohesionados.

Terminamos con el gran lanzamiento de la HBO del mes: Togetherness (USA) Proyecto de los Duplass, esos hermanos que se asocia siempre con el mumblecore y que aquí tenemos en toda su gloria. Como a mí personalmente me desesperan las quejitas y lloriqueitos de un par de señores blancos de mediana edad hablando de su familia y sus cosas y blablablalba no voy a intentar siquiera fingir un intento de subjetividad. Si a vosotros os parecen bien estas cosas de realismo pocho seguro que os gusta, yo no soy capaz.


Sobre la pureza

La pureza no existe y, en realidad, tampoco debería preocuparnos tanto. La pureza es, al fin y al cabo, un concepto absoluto. No diré que algo así sea aburrido, por supuesto, pero sí que ofrece pocas posibilidades para nada que no sea tratarla más como un objetivo que como una finalidad.

Quizá quien lea el anterior párrafo piense que es una afirmación cínica, cuando en realidad el cinismo no debería ser tanto un contrario a la pureza como a la mirada del entusiasta, del que está seguro de que ello -sea lo que sea ello– es Lo Puro y no admite crítica posible. El problema es que los que defendemos la variedad de posibilidades, por grises o relativistas que nos consideren, tendemos a entender todo un rango de posibilidades intermedias.

La pureza entendida como un concepto total, como La Pureza, tiene tres problemas fundamentales: 1) Obliga/conlleva una sobrecarga de escrutinio/presión que no suele servir más que para validarla, 2) Obliga a una definición de lo que entra y lo que deja fuera, no existe una Pureza que pueda ser integradora en cuanto que aquel que falla esa primera Prueba de Escrutinio queda apartado y 3) Debido al relativismo del que hablaba antes lo que para uno puede ser un Ejemplo de haberlo pasado para otro puede ser una Prueba de estar fuera. Incluso sin considerar una cuarta posibilidad con la separación obligada en una superioridad más o menos real en una suerte de ascensión al pedestal que pareciera juzgar al resto, todos estos puntos son problemáticos.

Pero relacionémoslo con la televisión, porque cuando se habla de La Pureza se puede uno referir a muchas cosas. Podemos estar juzgando un comportamiento -generalmente moral o ético- de una persona, podemos estar refiriéndonos a su juicio como libre de ataduras y consideraciones, podemos simplemente juzgar su Bondad Superior bien como Calidad o como Capacidad. En todos los casos nos estaremos equivocando. Bien porque no tiene sentido exigirlo, bien porque los cambios no solo suceden sobre el objeto, también la persona que mira replantea su propia observación.

Dejo fuera del comentario un caso concreto en el que Pureza se use por no utilizar otra palabra, y aún ahí el resultado es dudoso, que es al afirmar de cierto producto su condición de ser Puro X en donde X puede ser un atributo o un género. En realidad no existen los género completamente puros, incluso si pudiéramos ponernos de acuerdo en cuándo es algo un género, cuando una ambientación, cuando un trasfondo y cuándo una suma de rasgos y tropos que dependen de un batiburrillo de circunstancias tal que la acumulación de estos puede hacer que, según la pericia de la persona al mando, nos movamos entre un cliché y un paradigma, al fin y al cabo muchos de los ejemplos usados Por antonomasia tienden a ofrecer otras visiones.

Volviendo a las posibilidades anteriores, juzgar los comportamientos -aún cuando sea para proponer como ejemplo o por puro efecto fan- no suele tener mucha utilidad. Lo ideal es, por supuesto, considerar la posibilidad de actuar de la mejor de las maneras posibles como nuestra finalidad última pero no encumbrar o aplastar a los que no las cumplan. Hay que saber sacar lo provechoso antes que lo puro pues incluso si se demuestra como no puro puede ser interesante. Centrándonos en la capacidad de análisis y juicio, no tiene sentido reclamar la total Objetividad, la Pureza Objetiva -o viceversa- no existe, solo se puede intentar dar una visión lo menos subjetiva posible. Es decir, atendiendo no a lo que nos guste a nosotros -o a aquellas teclas que más cerca nos toquen- sino a una valoración global. Sobre todo teniendo en cuenta que cada vez que juzgues -por exposición más que por recuerdo, aunque también suceda- una obra posiblemente varíes de opinión -en rangos mínimos o máximos, ese es otro tema- por todo lo que es subjetivo en una persona, sus circunstancias externas y sus gustos personales. -Más aún cuando ciertos gustos personales pueden llevar no solo a pasar por alto fallos sino, incluso, a juzgar con más dureza aciertos al conocer bien el campo-. De manera que cualquier pretensión de Objetividad acabará funcionando más como opuesto a un abandono en la Subjetividad desatada antes que por el logro de la siempre imposible Pureza. (Hasta el punto de que, en ocasiones, las críticas dicen más de la persona que las realiza que de la obra sobre la que se supone que se tendrían que estar revelando las claves para un análisis o, las más de las veces, un simple proceso de anotación y reseña). Por entendernos, antes es preferible un acercamiento epicúreo que hedonista.

La Pureza como Bondad o como idea de Capacidad suele estar más relacionada con consideraciones y conocimientos del pasado, ligada incluso a ese concepto moderno y anglosajón del hype, la Infalibilidad creativa puesta para convencernos de una superioridad que muchas veces puede limitarse a una réplica, de nuevo, del fenómenos fan. Esperar lo mejor de alguien, sobre todo de quien nos ha demostrado gran Capacidad en el pasado, es lógico, pero no se puede exigir ni, desde luego, retirar -y rejuzgar las obras anteriores- en función de lo más reciente. No quiero decir que no se puedan hacer nuevos análisis a partir de los fallos, logros y obsesiones que obras recientes revelen pues -como decía antes- cada nueva visión comporta un cambio y, como tal, permite una lectura acumulativa antes que restrictiva. Pero por ello mismo conviene ser contemplativo en nuestros juicios y reflexiones.

La necesidad de establecer unos criterios para colocar esa Pureza ya debería hacernos sospechar dado que todo lo que excluya no puede ser tan bueno. Sí, puede ofrecer una sensación de superioridad, o de aislamiento frente al turbulento y desnortado mundo exterior, pero en lugar de entenderlo como un conjunto cerrado que traza una línea y señala a los que están dentro y fuera más nos valdría entenderlo como una línea. Una en la que moverse, avanzar, retroceder. Con una finalidad. La Ataraxia podrían decir algunas corrientes antiguas. Pero en realidad creo que precisamente ese es el camino, la meta es -sí- la Pureza. Entendida como una finalidad inalcanzable. Y hasta que no asumamos que ni nosotros ni nadie -al fin y al cabo ataraxia es un concepto no solo del epicureismo, también del escepticismo- la logrará pero que se puede intentar llegar y apreciar lo que se pueda sacar de entre esos que se encuentren en diferentes puntos de la escala, sospecho que no lograremos salir de las discusiones de simplismo maniqueo.

Pero, ante todo, no lograremos explicar que las cosas no son Buenas o Malas -todo tiene al menos una persona a la que le encanta y otra que lo odia, ¡todo!- sino una mezcla de múltiples hechos y posibilidades con distintas aproximaciones que ofrecerán siempre respuestas Asimétricas, no ya por las diferencias entre la primera y la tercera persona, sino por la misma naturaleza de su variedad.

Aceptado el valor asimétrico de los logros de cualquier obra -o persona, si se prefiere juzgar eso- tendremos que admitir también la imposibilidad de La Pureza y pese a la inevitable variedad de puntos de vista, tampoco es algo que debiera parecernos mal.


Para mi enorme sorpresa debo decir que Agent Carter (USA) está no ya bien sino muy bien, recupera intencionadamente -y de forma declarada- el sabor de los viejos seriales radiofónicos a la vez que logra crear una serie de acción e intriga con una heroína magnífica y una multitud de voces diferentes. Deja con ganas de vérsela de un tirón y pedir que hagan más. Así sí, Marvel. Así las que quieras.

Por su parte la CBC canadiense saca Book of negroes (CA), adaptación del clásico del canadiense Lawrence Hill que se basa a su vez en un documento histórico del mismo nombre con la lista de esclavos llevados al continente americano y que en USA emitirá el canal BET. Personalmente, quizá por la distancia con el tema, me ha parecido que se recrea en exceso, tardando demasiado en sus avances y logrando una historia demasiado lenta. Quizá sirva, eso sí, para que llegue a los espectadores a los que les parezca demasiado envejecida Raíces.

En cuanto a Charlie (O) (Irlanda), miniserie de la RTÉ irlandesa sobre la figura de Charles J. Haughey, primer ministro tan encantador como conflictivo, con una extensa carrera llena de escándalos, resulta cuanto menos interesante ver tanto la parte política como el retrato de la persona y la sociedad.

Con Cockroaches (UK) la ITV -en su versión ITV 2– se ha apuntado a las series postapocalípticas. En tono de comedia. En teoría. La verdad es que esta historia de los supervivientes de una hecatombe nuclear que rehacen sus vidas tras el desastre tira de tantos lugares comunes y recurso al patetismo que poco se puede decir -bueno o interesante- pero en fin, veremos más intentos este año.

En cuanto a Empire (USA), produce una extraña sensación. Por un lado no se me ocurre nada que destacar, ni por su originalidad, ni por sus interpretaciones. La historia de un tipo duroduro que pasó de ser traficante a crear su propio negocio y tener el poder pero ahora está enfermo y no ve a sus hijos capaces y blablablala. Novedades: Está ambientando en el mundo del HipHop -que es el famoso Imperio- y la mayor parte de protagonistas son afroamericanos. Y ya. Pese a lo cuál. Está bien hecho, bien contado y funciona a la perfección como esa mezcla de melodrama y meloculebrón. Así que podemos mantenerla entre las series mientras esperamos que mejore o salga otra cosa.


Hablando de cosas poco originales, la CBBC, el canal infantil/juvenil de la BBC, ha estrenado Eve (UK) serie sobre un científico que hace una roboz que la empresa encarga destruir pero que él decide esconder en su casa, o algo así. El resto es lo que os podéis imaginar. Que no está mal para el público al que se dirige pero que a quien esto escribe no le importaría algo de originalidad de cuando en cuando.

En Galavant (USA) tenemos una mezcla de cosas malas y cosas buenas. Lo peor es que los protagonistas y sus historias tienden a ser sosos a más no poder, por contra el lado de los malos es magnífico, con un Timothy Omundson enormísimo, disfrutando como un jabalí en el barro, apoyándose en una interpretación seria y seca de Vinnie Jones que parece nacido para hacer de straight man y en las bufonadas de Darren Evans que compone a un chef robaescenas perfecto. Ellos, junto con las canciones -bien hechas aunque no muy memorables- de Alan Menken y Glenn Slater, salvan los trastos de la función que tiene toda la pinta de ir a quedar como un recuerdo amable y poco más.

A ver cómo lo explico yo… Hindsight (USA) es una serie romántica con viajes en el tiempo. No ha quedado mal… Un poco más: La VH1 decidió crear esta comedia, que podría recordar en algunos momento las premisas de Peggy Sue se casó, Dos vidas en un instante, Being Erica o incluso Life on Mars, aunque yo debo decir que por encima de todos me recuerda a Operation Proposal, el dorama coreano de bodas y viajes temporales. Con esto dicho ya podemos comenzar reconociendo que es original aunque no tanto y que aunque haya una historia que se nos presenta para ir expandiéndose por el tiempo tenemos aún mucho que ver para poder juzgar hasta que punto saben llevarlo. De momento tenemos una serie agradable, así que tampoco nos vamos a quejar.


Los premios: El Sark de Oro Tv 2014

Hecho el repaso del año vamos a hablar un poco más de las dos series que han merecidolos premios opinión de quien esto escribe. Así que lo que toca ahora es… ¡la explicación de todos los años!

Como cada año he de señalar que el criterio para el premio es tan sencillo o complicado como el mío propio. De entre todas las series nuevas que veo -es decir, que no me quedo solo en el piloto sino que continúo con ellas hasta su final de temporada o, como poco, su hiato de media temporada- elijo aquellas que más me han gustado. Como veis el único miembro del jurado con el que me tengo que poner de acuerdo soy yo. De modo que paso a indicar cuales son estos ganadores de tan simbólico galardón y cuáles han sido los motivos. (Y un año tengo que poner las listas de Sark de Plata y Oro Tv pasados)

Tras esta debida precaución vamos a ello. Venga el redoble.

Sark de Plata Tv para…

Jane the Virgin

Como decía en el repaso, las cuatro grandes no han sido capaces de presentar gran cosa este año pero la CW sigue evolucionando y nos ha presentado este pequeño artefacto de metaculebrón cómico que tanto me ha gustado. Creo que ya escribí suficiente sobre ella el otro día, pero vamos a hacer un repaso: Un reparto magnífico con varias actrices poco conocidas que demuestran enormes capacidades -especialmente la teórica villana Petra, interpretada por Yael Grobglas israelí nacida en Paris cuyo papel más importante hasta el momento era en Ha’yi aunque hubiera hecho papelitos en otras producciones de la CW sin lograr destacar tanto como aquí- que acompañan magníficamente un guión que no solo subvierte el original sino que, además, parece empeñado en buscar y retorcer las convenciones generales de los culebrones desde la autoconsciencia que les da no solo el género sino, incluso, incluir de manera regular una telenovela propia del universo dentro de la narración. Una obra magnífica y más alegre y luminosa de lo que suele ser el género que asombra cada semana con escenas y planteamientos fuera de lo habitual.

Sark de Oro Tv para…

Inside Nº. 9

Vale, de esta también había hablado… ¡pero menos! Además, solo llevaban dos capítulos aunque, claro, ¡el segundo capítulo es una joya! Que no es que el resto no sean buenos, pero este capítulo demuestra la audacia con la que Reece Shearsmith y Steve Pemberton acometen el proyecto. A partir de uno de los capítulos de Psychoville -también audaz y magnífico aunque por otros motivos- les surgió la idea de hacer una serie que realizara una antología en la que se movieran siempre dentro del número nueve. Siempre con suspense y humor, con el género negro en sus dos variedades dando vueltas a ambos lados, pero cada episodio diferente de los demás. La teatralidad del primero en un solo escenario, la brillantez del segundo, el aire alucinado del tercero, la reflexión sociolcultural del mundo actual en la cuarta, el juego de espejos teatrales en la quinta y ese último capítulo que abraza y subvierte los recursos clásicos de la narración de casas encantadas del gótico inglés. Cada episodio es autocontenido, diferente y distinto en reflexiones y objetivos, de modo que la variedad acaba convirtiéndose en otro de los puntos fuertes de la serie. Te lo pones a ver qué ofrecen en esa ocasión, sabiendo que la repetición será solo de fondo. Y que, además, será un desfile de grandes actores que repasa a lo mejorcito de Reino Unido: Katherine ParkinsonOona Chaplin, Gemma Arterton, Lucy Hutchinson, Helen McCrory o mi siempre querida Julia Davis, tienen papeles de distinta extensión pero siempre agradecidos. En resumen, el tipo de serie de la que uno nunca tiene suficiente.

Dicho todo esto, me voy a permitir añadir al listado un Momento televisivo del año. Porque, como decía en el repaso, hemos visto muchas series, asistido a mucha variedad, y encontrado grandes momentos, pero creo que ninguno puede ser tan definitivo como este:

Y con esto ya está todo dicho.


Repaso televisivo a 2014: El Sark de Oro Tv

Como pasa con los libros, este año el repaso a las novedades va a ser más sencillo gracias a que a los Pilotos Deathmatch que han sido marca de la casa desde ni sé los años se han unido este año PD One Shot para ir llevando al día las anotaciones y que luego se me escapen menos programas.

Es cierto que quizá debería hablar también del resto de series que han ido continuando su camino. Decir, por ejemplo, que la segunda temporada de The Americans es tan lenta y estupenda como la primera, Hannibal ha mejorado adecuadamente, los programas de sketches que no son el SNL van caminando hacia su madurez creativa, o que The Good Wife parece que no tiene límite, que el final de Sons of Anarchy ha sido sangriento aunque mejorable y que series de larga duración como It’s always sunny in Philadelphia o Supernatural han demostrado que aún tienen cosas que contar. Que propuestas pequeñas como Rectify o Please like me siguen manteniendo un nivel alto. O que es una completa lástima que Rick & Morty comenzara en diciembre de 2013 porque la mejora de la serie capítulo a capítulo la ha convertido en una de las grandes atracciones del año.

Pero ya que estamos en esta páginas se sigue la costumbre de dedicarse más a la novedad que al fondo -o, al menos, tratar de manera diferenciada entre ambas posibilidades- vamos a echar un ojo a lo que ha llegado nuevo este año.

Como decía el otro día, las cadenas generalistas estadounidenses están de lo más tacaño en novedades. De manera que poco es lo que tengo apuntado por ahí. How to get away with murder es lo más destacable dentro de las cuatro clásicas y aún con eso y con su estupenda demostración de construcción en paralelo sigue sin igualar a las propuestas más restringidas. No digamos ya los superhéroes en donde la gran avalancha de series ha causado más ruido que nueces. Cierto es que puede ser un asunto de maduración, al fin y al cabo a los de SHIELD les ha ido mejorando la cosa el transcurso de los capítulos, pero poca esperanza es la que me queda teniendo en cuenta lo visto de The Flash (agradable mejora de la base smallvillesca), Gotham  (macedonia de empanadas) o Constantine (sus labores) pero como eso pasa en todas partes y lo mismo les da por eso que por el fantástico más acomodaticio (Penny Dreadful/ Salem/ The Strain) pues tampoco vamos a tenérselo en cuenta.

Queda, eso sí, pasar a refugiarse en otros géneros de no ficción. Con mayor o menos fortuna porque los concursos con intención inmersiva no parecen acabar de despegar -que le pregunten a los de  The Quest– mientras que los documentales están en plena forma, no hay más que ver The Art of Gothic de la BBC, acompañamiento de toda una serie de artículos, webs y otras hierbas, hipnóticas series de cocina como  Sweets Made Simpleel éxito de Cosmos o los Sonic Highways en la HBO o esa mezcla de comedia y travelogue maravillosa que es la segunda temporada y teórica serie independiente  The Trip to Italy  o su siguiente evolución, el mockumentary, como el que ofrecen en People just do nothing.

Claro que la parodia con pretensión de verismo ha sido otra de las constantes de este año, desde la que va a lo fácil y acaba encontrando su valor en el gran muestrario de cómics presentadas como  The hotwives of Orlando a el magnífico especial Dinner with friends with Brett Gelman and friends  en el que lo incómodo parece salir directamente del formato, algo que podríamos decir también usaba Review (with Andy Daly), versión americana del programa australiano que lo que perdía en mordiente con el paso de sketches sueltos a una suerte de serialización lo ganaba en humanidad y patetismo.

Hablando de lo cuál, vamos a quitarnos ya esas series que han tenido tanta resonancia crítica pero que a quien esto escribe poco le han interesado, tanto True Detective, que se encuentra ahora en el lado del péndulo de la infamia hasta The Knick de la que lo mejor que puedo nombrar es su música y The Spoils of Babylon que parece empeñada en malgastar su gran reparto en repetir una y otra vez el mismo chiste. Igual que antes que decir algo sobre Silicon Valley prefiero recomendar la más irregular pero, EMHO, mucho mejor – Halt and catch fire. Cuestión de gustos, si lo queréis. Y como este repaso lo hago yo aquí están los míos.

Fuera de eso hemos tenido un poco de todo, reflexiones sobre el alma humana como la menos-graciosa-de-lo-que-debería Mr. Sloane y la fiel-pero-no-tan-buena-como-su-libro Olive Kitteridge. En ambos casos hay buenas actuaciones y un trasfondo general muy prometedor pero dejan la sensación de que podría haber salido más de allí. Algo similar a lo que ocurre conThe Affair  historia a dos voces de una relación con misterios de por medio que aún teniendo algo de hipnótica no acaba de despegar. E, incluso, con la serie fantástica Intruders, historia retorcida de ocupantes de cuerpos que siempre parece estar a un paso de mostrar todo su potencial.

Lo que no quita para que sea una de las mejores nuevas series fantásticas del año, quizá porque en realidad no ha habido tanta compentencia, aunque sí haya habido bastante variedad. Tanta como para que no tenga nada que ver esta con el otro par de destacables, los zombies a la z con la Z Nation que ha demostrado que incluso Asylum puede hacer cosas decentes alguna vez -para sorpresa de todos- y el drama-romántico-con-viajes-temporales quizá demasiado lenta en lo que va contando que ha sido Outlander,  sorpresas ambas aunque de diferente estilo.  En cuanto a las historias sobrenaturales y de fantasmas, este año hemos tenido Remember me  que quizá en su parte final perdiera fuerza pero que es todo un ejemplo del camino a seguir para actualizar y mezclar esquemas clásicos en tiempos modernos.

No es el único género con destacados, claro. En la parte del negro, y fuera de lo mencionado en otras partes de este repaso, hemos podido ver una serie australiana que jugaba con distintos personajes como si fueran piezas de algo que no necesariamente era una conspiración en The Code, en USA  han tenido la estupenda serie de espionaje The game, de clara construcción inglesa y precisamente los británicos han sabido sacar algo interesante de Niño británico desaparecido fuera de su país con The Missing y, por supuesto, ofrecernos las dos últimas aventuras del siempre estupendo Johnny Worricker (Bill Nighy) que ya nos presentaron en Page Eight , con Turks & Caicos y Salting The Battlefield, para mí la segunda es la mejor de la serie y un telefilme de acción, aventuras y espionaje recomendabilísimo.

Pero si vamos a hablar de tendencias del año lo mejor que podemos hacer es irnos a Internete. Porque el famoso cambio de paradigma de espectador, del espectador pasivo -cuya única opción es moverse entre canales a ver qué le echan- al activo -que elige qué, cuándo, cómo y por cuánto tiempo quiere ver eligiendo de entre lo que se le ofrece- ha favorecido que los servicios saquen sus programas convirtiéndose en algo más cercano a una biblioteca que a una cadena, ya sea en servicios puramente orientados a la emisión de series como ese Amazon Prime que ha dado este año series más tradicionalescomo Mozart in the Jungle o la claramente creada para arrasar en premios Transparent -serie con una premisa que las cadenas tradicionales ya demostraron que  preferían no tratar-, o que le dan luz verde a un ejercicio de oscuridad y turbulencia como Hand of Gods del que todo lo que no es el piloto queda para este año nuevo.

O ya sea porque se utilizan las posibilidades de Internet para realizar estrategias de creación y emisión que son cada cual de su forma y estilo. Desde propuestas aún ligadas a un canal como puede ser el spin-off meta de Verónica Mars Play it again, Dick hasta ejercicos que unen la televisión con internet y con la creación menos narrativa y más artística como el programa de Joseph Gordon-Levitt HitRecord on TV  o incluso aproximaciones clásicas a lo que suele significar una webserie como la que la productora Pemberley creo usando sus conocimientos y experiencias para la PBSFrankenstein, MD. Y es que si estos dos últimos años hemos ido teniendo una fase de coqueteo y acercamientos ahora ya empezamos a ver cómo se establecen y expanden las posiblidades. convirtiendo Internet y sus variados recursos en cada vez más alternativa a la televisión entendida de manera clásica, bien por la posibilidad de realizar exploraciones y dirigirse a nichos concretos, bien por la equivalencia como autoedición televisiva que permite a cada cuál ofrecer lo que quiere/puede al mundo con el presupuesto del que dispone situándose en unos márgenes similares a los del fanzinismo o y la divulgación internetera que ya analizaremos con más tranquilidad en alguna columna futura.

La última tendencia general antes de ponernos en otras materias ha sido la de las series con pareja de mujeres protagonistas, recuperando el espíritu de Laverne & Shirley y continuando varias tendencias latentes, algunas que llegan por el éxito de la generación femenina del SNL y sus derivaciones, de modo que la imagen de BFF se impone al Bromance, no estamos ante Somances -sí, lo siento- sino ante ejemplos de amigas que se complementan y apoyan. Si recordáis lo comentado el año pasado sobre Ghost Ghirls el no os sorprenderá que se haya dado luz verde a proyectos de grupos cómicos ya establecidos como  Garfunkel & Oates o que actrices más o menos cercanas a la comedia hayan intentado jugar la carta este año ya sea como funesto autoremake en el caso de Playing House, como aproximación a la inglesa en el de Doll & Em o como absoluto descarrilamiento de trenes espantoso en Mystery girls, una de las peores series del año, que tiene mérito porque este año hemos visto algunas series realmente espantosas como como Mixology, Saint George Warren United. Pero mejor no hablemos de lo malo sino de lo bueno.

Por ejemplo, la mejor serie dentro de esta tendencia -y por bastante- es Broad City, que logra recrear un mundo femenino en lo que habitualmente había sido el territorio del humor masculino: Las clases trabajadoras, los tirados y las relaciones desastrosas y esporádicas. Como si de un acercamiento casi punk se tratara, canalizando más el humor de destrucción que podría tener clásicos ingleses de Mayall Bottom o The Young Ones, en la que el odio de clase se hubiera sustituido por la apatía. No estamos ante una comedia clásica de confrontación de personajes por sus arquetipos ni -y esto es importante- en una centrada en personajes que se ven como algo que tienen que cambiar para ser felices. Quieren ser felices pero en sus propios términos. Lo arriesgado de la ruptura con lo convencional puede alejar de la serie a algunos espectadores, sospecho. Pero los que entren en ella encontrarán una de las series del año que termina.

Lo que me lleva a retomar el género negro, que ha dado también alguna de las mejores series de este año. Por ejemplo la conspiranóica, compleja y violenta The honourable woman que cuenta no solo con un enorme trabajo actoral de su protagonista, Maggie Gyllenhaal -sin desmerecer a secundarios tan brillantes como Stephen Rea- sino, sobre todo, con un gran guión de Hugo Blick que va puliendo sus problemas habituales. o, al menos, reconduciéndolos de manera satisfactoria. Una miniserie estupenda e internacionalista.

Que contrasta por eso mismo con las dos aproximaciones ficcionales a los universos cercanos, a la crónica negra de pueblo que concentra el mal, independientemente del país o el continente. En un lado tenemos a Fargo, una serie a la que lo que más le pesa es el nombre y que está repleta de grandes interpretaciones de protagonistas y secundarios, además de una atmósfera estupendamente construida, algo que podríamos aplicar también a la inglesa Happy Valley, una de las sorpresas del año porque aquí sí que Sally Wainwright nunca había tenido la exposición como guionista y creadora que aquí ha logrado -y eso que ya ganó un BAFTA- y el reparto  estaba lleno de grandes profesionales pero, de igual manera, de un perfil más bajo que el de las dos series antes mencionadas. Cierto que es Wainwright ya trabajó con la protagonista, Sarah Lancashire, en su anterior proyecto, el irregular Last Tango in Halifax pero no es hasta aquí que logra una composición tan explosiva como la de Allison Tolman en la serie estadounidense, de manera que solo Steve Pemberton -tan ubicuo este año como su compinche Reece Shearsmith– parecía servir de reclamo. Esperemos que no fuera motivo para que se le pasara a la gente porque no solo es un ejemplo de British Noir estupendo sino, sobre todo, una gran serie.

Pero si a algo podemos llamar un clásico instantáneo este año es a Over the garden wall, demostración del estupendo momento de la animación en esa lucha entre echar más de lo mismo e ir empujando los bordes de los formatos. Aunque con aires de cuento infantil no parece un cuento para niños, o al menos no uno clásico sino más bien de los originales cuando aún eran tradición oral. oscura, variada, lleno de guiños que no hace falta coger para disfrutarla y de un encanto inesperado que permite fijarla como atemporal dentro de ese juego interior que permite  verla también como una película de dos horas. Con un claro principio y final que, además, juega con sus propios bordes, no solo es una de las mejores series del año sino una de las que sin duda más se verá repetir.

Por último, y ya fuera de lo que podemos considerar la ficción televisiva narrativa, dentro de esa forma de ficción que son las comedias o las noticias, en un año de tremendos cambios con la llegada de Meyers, el establecimiento de Fallon, el anuncio de retirada de  Letterman y dos de las despedidas más tristes que uno pudiera pensar al inicio del año, la de los programas de Stephen Colbert y Craig Ferguson, aún ha habido tiempo para que otra persona diera la sorpresa. Me refiero, claro, a John Oliver que con su Last Week Tonigh ha revolucionado la manera de hacer informativos satíricos permitiéndose piezas más largas con una clara intención viral. Lo que no estaba tan claro es que eso pudiera funcionar en la época de la brevedad internetera, pero resulta que sí. Y su triunfo ha servido, además, para marcar otra clara tendencia, la ascensión de los alumnos del Daily Show de Stewart frente al declinar de los del SNL de Michaels. Jugando con esa distancia que le permitía un único programa semanal y tratando de hacer fuerte uno de sus puntos débiles, como que ya estuvieran tocados todos los temas importantes, Oliver se aprovecha de la inexistencia de anunciantes en su cadena, la HBO, para repartir a lugares a los que no se suele tocar. Lamentablemente esa misma huida del lugar común hace que cuando el lugar común es el centro de la actualidad, como el machismo, el control de armas, las relaciones entre Israel y Palestina o el racismo, no se le ataque. Eso parece preferir dejarlo para el resto de programas y es una auténtica lástima porque precisamente ahí es donde podría demostrar valentía y su ausencia hace dudar de si es la huida del lugar común o la pretensión de parecer rompedor sin querer enfangarse en cosas que realmente hay espectadores que tienen interiorizado. No me malinterpretéis, es uno de los grandes programas del año. Pero podría haber sido mejor.

Precisamente por eso, y tras todo esto es el repaso llegamos a los que, siempre en opinión de quien esto escribe, han logrado dar ese paso más. Así que ya está bien de dar vueltas y hablar de unos y otros y vamos a por aquello a por lo que venís. Digamos ya aquello de: Los ganadores de los Sark de Oro 2014 son…


Sark de Oro 2014: Los Premiados

Dicho todo esto, vamos a por lo que realmente está esperando la gente. Bueno… alguien habrá que lo espere, digo yo. Así que vamos con los premios de este año.

Golden Sark

Tigerman by Nick Harkaway, ed. Knopf

Tigerman

Ante tanta variedad y posibilidades de libros en inglés lo esperable es que el ganador fuera uno… distinto. Y esta novela de Nick Harkway logra serlo reuniendo elementos del negro y del fantástico reinventando no solo las historias postcolonialistas y las relaciones -o aspiraciones- paternofiliales, incluso cuando son postizas, sino, además, permitiendo crear un acercamiento diferente a la ficción superheróica sin prescindir de ninguno de los rasgos que la hacen interesante. Así que puede que sea por haber sabido tocar algunos de mis botones pero esta de aquí ha sido mi novela en inglés favorita del año.

Sark de No-Oro

Pranksters: Making Mischief in the Modern World de Kembrew McLeod, ed. NYU Press

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Con todo lo que tenía de por medio este año y al final he acabado con uno de los ensayos en inglés… Con uno del que, además, ya hablé por aquí antes. Pero, claro, incluso teniendo en cuenta su superficialidad al tratar muchos temas para los que sirve nada más que de introducción y su forma diferente de tratar las distintas minorías estoy ante un libro que no solo disfruté por todo lo que abarca, gracias precisamente a esa superficialidad que le permite recorrer suficientes aspectos de las bromas -o la falsedad humorística si lo preferimos- , sino que acaba siendo una fuente a la que remitir precisamente para esa primera toma de contacto. Espero que algún día -antes que después- podamos verlo en español.

Sark de Plata

Os vais a reír. No he logrado decidirme este año. Habría dos libros que tenían sus propios méritos y deméritos, sus razones para ocupar este puesto o el siguiente. Al final y tras muchas vueltas he decidido que ninguno de ellos merecía ser Sark de Plata.

Los dos merecen ser, por orden alfabético, Sark de Oro.

Sark de Oro

Americanah de Chimamanda Ngozi Adichie (ed. Literatura Random House)

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No sé qué es lo que más me ha gustado de este libro, si la perspectiva tan distinta de la que suelo leer habitualmente, la forma de conducir las distintas historias por caminos para luego entrecruzarlos o esa sensación de Novela Total en la que un tema -que aquí podríamos considerar la emigración en cuanto a otredad, pero también la raza o las relaciones- es expuesto en distintas posibilidades hasta casi agotarlo. Una gran novela, que pese a los temas tratados logra ser divertida de manera regular.

La hoguera pública de Robert Coover (ed. Pálido fuego)

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No es un libro fácil, eso para empezar. Tampoco es que sea deliberadamente difícil, si acaso podríamos decir que una idea como esta, el ajusticiamiento de un matrimonio en favor de una construcción exterior de la imbatible imagen del imperio estadounidense, no necesitaría mayores excusas para ser tratada como thriller. Sin embargo lo que aquí logramos es una obra casi generacional, una sátira de los poderosos y sus instituciones aliadas y la manera en que mueven y manipulan para justificar algo tan injustificable como este castigo desproporcionado. No es un libro fácil, pero merece mucho la pena.

Ahora sí, ya hemos acabado. Muchas gracias por vuestra atención y hasta los próximos premios.


Sark de Oro 2014: Repaso al año o Bajo el mismo libro.

Menudo año. También para los libros. Y, por supuesto, para echarle un ojo a cómo se van moviendo las cosas. Parece que no hay una tendencia tan clara como otros años, posiblemente porque el que más cerca ha estado ha sido un libro de hace dos años a cuyo autor la editorial ha exprimido a conciencia. En fin, cosas que pasan. La verdad es que las tendencias, como hemos visto en la Lista de Sandías, ha sido reaprovechar lo que ya había para tratar de sacar más dinero. Pero vamos con el texto de siempre (y sus pequeñas actualizaciones).

Un año más (15 años vamos a cumplir esta vez, y parecía que fue ayer cuando empezamos con la tontería) aprovecho el comienzo de año para entregar el “Sark de Oro” al libro que más me ha gustado del año recién concluido

Comienzo con la clásica advertencia así que quien quiera pasar al resumen del año que se salte este párrafo. Las listas de “Lo mejor de…” acaban siendo los resultados de la intersección de los gustos personales con los libros leídos a lo largo del año. La posibilidad de que haya aparecido un libro revelador y no salga en esta lista puede deberse más a no haberlo leído que a criterios de selección. Recapitulando en estos años y para que quede constancia, los anteriores Sark de Oro recayeron en “El Hada Carabina” de Daniel Pennac“Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem“Cíclopes” de David Sedaris,“La Disco Rusa” de Wladimir Kaminer“La Mosca” de Slawomir Mrozek“El Martillo Cósmico” de Robert Antón Wilson “Pégate un tiro para sobrevivir” de Chuck Klosterman, “Las Ovejas de Glenkill” de Leonie Swann, los“Cuentos Completos” de Connie Willis, “Al pie de la escalera” de Lorrie Moore, “Mi Tío Napoleón” de Iraj Pezeshkzad, “Los amigos de Eddie Coyle” de George V. Higgins, “Hermana mía, mi amor” de Joyce Carol Oates y «Boston. Sonata para violín sin cuerdas» de Todd McEwen

Aviso, también como casi todos los años, de que mis lecturas suelen determinarse por escuderías, es más sencillo que lea algo de Asteroide, EsPopÁtico de los libros o Valdemar que lo haga con lo que sacan PlanetaAlfaguara Anagrama. Vamos, que no pretendo engañar a nadie: No me he leído todo lo publicado ni de lejos. Dicho lo cuál y antes de entrar en los ganadores de este año vamos a repasar lo que han hecho los editores.

Aunque no hay demasiado que contar de las grandes. Pero por suerte este año pasado también tuvimos a las pequeñas editoriales moviéndose, incluso aunque fueran distintas a las que se movía en años anteriores. Lo bueno es que entre las Epístolas Librescas y los Libros que Llegan se puede uno hacer una idea de lo que teníamos sin necesidad de sacar demasiados nombres, pero digamos que este año hemos visto un poco de todo. Desde la constatación de los interesantes proyectos editoriales de La Felguera -como el estupendo Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos– o el de Sajalín -con tres libros tan brillantes este año como el libro de relatos Los niños se aburren los domingos de Jean Stafford y los dos de entorno bélico Sin visado de Jean MalaquaisLos favores de la fortuna de Frederic Manning– a un cambio de guardia en la novela negra que veía hundirse a uno de los grandes sellos de los últimos años y aparecer a un avatar que merece mejor suerte para el futuro.

Propuestas mínimas como Siberia y su Le Park, Mr. Griffin con Las aventuras de Jonathan Corncob o Ginger Ape y La nariz de un notario, han  estado ahí para recordarnos lo importantes que son. Incluso alguna otra que se prodiga menos de lo que desearíamos nos ha dejado un gran recuerdo para este año, me refiero a la magnífica Una singularidad desnuda de Sergio de la Pava, que demuestra lo necesario que es apoyar a Pálido Fuego cuando hace las cosas bien.

Aunque reconozco que la editorial que más ha hecho por ganarse de nuevo mi respeto este año es Valdemar, que sigue interesada en diversificarse y, a la vez, siendo fiel a sus principios rectores. De manera que pudimos disfrutar de obras que entran en la línea clásica de la casa -como La araña (y otros cuentos macabros y siniestros) de Hanns Heinz Ewers– unidos a lo mejor de sus nuevos proyectos -véase John muere al final de David Wong – y aún les queda tiempo para sus colecciones de westen o para publicar al apreciado José Maria Latorre un último libro de relatos, Música muerta, y a la siempre magnífica Pilar Pedraza un ensayo de calibre como Brujas, sapos y aquelarres.

Ha sido un buen año para el fantástico y sus cercanías. No solo por recuperaciones estupendas como la nueva edición de El maestro y margarita de Mijaíl Bulgákov por Nevsky Prospects y la magnífica edición, con ilustraciones de Alejandra Acosta, que Sexto Piso hizo de La cámara sangrienta de Angela Carter, posiblemente las dos mejores recuperaciones del año junto a la del imprescindible La noche a través del espejo de Fredric Brown por Reino de Cordelia. También por dos motivos tan diferentes como haber ayudado a apuntalar la recuperación de los bolsilibros y por la variedad que ha llegado a ofrecernos este año.

En cuanto a lo primero, hemos visto aparecer editoriales como DarkLand que recuperaban clasicazos españoles como Rancho Drácula de Silver Kane y El fantasma de Baker Street de Curtis Garland y también continuar proyectos más actuales como el de Memento Mori o, sobre todo, el de Prosa Inmortal, que ha dado lugar a uno de mis libros favoritos del año -aunque quede fea decirlo teniendo en cuenta la amistad que me une a su autor- como es Mataré a vuestros muertos de Daniel Ausente. Pero es que incluso en libros que no eran bolsilibros como La santa de Mado Martínez (ed. Algaida) se podían encontrar restos.

La verdad es que ha sido un buen año para el género fantástico en un montón de frentes diferentes, sobre todo con la multitud del recopilatorios de relatos, bien los de autor como La glándula de Ícaro de Anna Starobinets en Nevsky Prospects y el inicio de la publicación con Nacido de hombre y mujer de los cuentos completos de Richard Matheson, o como las dos antologías que Cátedra ha publicado este año y que no podrían ser más diferentes, por un lado Relatos hispánicos asombrosos y de terror y por otro la de Letras Populares Historia y antología de la ciencia ficción española en edición a cargo de Julián Díez y Fernando Ángel Moreno y se queda un poco en medio el bestiario clásico Guía ilustrada de monstruos y fantasmas de Japón de Sekien Toriyama que ha editado Quaterni y que quedaría como punto intermedio entre las antologías y las obras unitarias. Luego ya un poco de cada en cada campo, ciencia ficción tan opresiva como magnífica en El Marciano de Andy Weir,  space opera cómica en Redshirts de John Scalzi, la ficción metalingüística de Lexicón de Max Barry, el postapocalipsis en el que aún queda la esperanza de La constelación del perro de Peter Heller, el sorprendentemente diferente La comemadre de Roque Larraquy sobre experimentación médica en la nueva colección de Turner, y el homenaje a los terrores de su padre que hace Joe Hill en NOS4A2.

Padre que, mientras tanto y como quien no quería la cosa, se pasaba a las cercanías de la novela negra con Mr. Mercerdes. Este año se han notado esas fluctuaciones de poder en la novela negra y quizá no hayamos tenido la enorme cosecha de años anteriores, pero lejos de significar eso que no haya habido novedades de calidad. Empezando por el final tendríamos la brillante antología American Noir, a cargo Otto Penzler que ha publicado Navona, con una buena muestra de relatos de grandes autores estadounidenses o la negra negrísima barcelonesa de Tomás Salvador en Los atracadores que nos ha recuperado Salto de Página, empezando por el principio podríamos mencionar los Trabajos de amor ensangrentados de Edmund Crispin que nos devuelven a un Fern en plena forma, o ese magnífico tocho antológico que es Cuentos de detectives victorianos en Alba. Y en medio de todo eso una buena cantidad de títulos destacables como la llegada a España del gran Seicho Matsumoto con El expreso de Tokio, la nueva entrega de las investigaciones de Ana Martí con El gran frío de Rosa Ribas y Sabine Hoffman y, por supuesto, dos libros magníficos. Uno de ellos por lo que representa, una antología de autora con protagonista investigadora, reunido en Alrevés con el título de Fundido en negro. Y por encima de todos ellos uno de los mejores libros que he leído este año, mitad fábula afilada, mitad novela negra en género y en humor, me refiero a la muy inglesa aunque notablemente canadiense Matemos al tío de Rohan O’Gary que ha editado para mi solaz y regocijo Impedimenta.

Aprovechemos un momento para señalar que otra de las señas de este año ha sido la houdinixplotation que ha permitido la publicación de títulos muy distintos, desde los de producción directa como Traficantes de milagros y sus métodos -que ha publicado Nórdica con grandes ilustraciones de Iban Barrenetxea– a los que se limitaban a mencionarlo para usarlo –masomenos– de gancho como la mirada al interior del mundillo ilusionista y sus trucos que hace Alex Stone en Engañar a Houdini, en Debate. Pero sin duda los grandes protagonistas han sido dos textos para La Felguera aprovechando el gran año de la editorial. Por un lado contraponiéndole a Conan Doyle en Sherlock Holmes contra Houdini y, por el otro, haciendo un nuevo e inesperado emparejamiento/confrontación en otro de los grandes libros del año, un ensayo magnífico sobre una historia poco conocida en la ya mencionada  Valle-Inclán y el insólito caso del hombre con rayos X en los ojos.

La verdad es que el ensayo ha tenido este año el fuste y la variedad que no han tenido otros campos, bien es cierto que ha habido novedades generalistas tan interesantes como La madre de Edward St. Aubyn y otras de editoriales independientes que han merecido tanto la pena como Los políglotas de William Gerhardie en Impedimenta o Los Reconocimientos de William Gaddis en Sexto Piso, y que algunas editoriales han tenido la buena idea de empezar nuevos proyectos como el mencionado de Turner, la entrada de Principal de los Libros en el cómic publicando Hipérbole y media de Allie Brosh o la de Sexto Piso en la poesía con Alfabeto de Inger Christensen.

Pero mientras tanto en ensayo hemos podido disfrutar de libros tan gozosos como el malévolo recorrido por el mundillo cultural y político español de los años ’60 y ’70 -y también un poco más, hasta 1996- de El cura y los mandarines de Gregorio Morán que tras notable periplo ha terminado sacando Akal y que quien esto escribe ha gozado como cochino en cenagal. O la imprescindible mención a El capital en el Siglo XXI de Thomas Piketty que Fondo de Cultura Económica ha tardado la misma vida en publicar en español.

Además de esto hemos tenido también aquí para todos los gustos. El repaso histórico de ¿Por qué manda Occidente… por ahora? de Ian Morris en Ático de los Libros o las crónicas deportivas que traen mucho más en El Giro de Italia de Dino Buzzati que publicó Gallo Nero demuestra la gran variedad de temas. Biografías como Arte salvaje de Robert Polito -sobre Jim Thompson– en Es Pop o El gran depredador de Lucy Hughes-Hallett sobre D’Annunzio y autobiografías como Nobles y rebeldes de Jessica Mitford , incluso con el sesgo más literario como en Una infancia de Harry Crews en Acuarela, aunque reconozco que en este campo siento aún especial predilección por la historia del padre de Alejandro Dumas (Padre), El conde negro de Tom Reiss.

Grandes libros y un buen trabajo también en editoriales grandes como Debate que nos han traído el recopilatorio Escritor en guerra de George Orwell, el repaso histórico De animales a dioses de Yuval Noah Harari y, por supuesto, otra de las especialidades del año, el acercamiento a la historia social y cultural de la cocina que se centraba en este caso en la italiana con Delizia! de John Dickie. Un buen año este también para la cocina que ha visto publicado también en esa editorial Cocinar: Una historia natural de la transformación de Michael Pollan. Por cierto que también de cocina aunque ya recetarios hemos podido conseguir Jerusalén. Crisol de las cocinas del mundo de Yotam Ottolenghi y Sami Tamimi en Salamandra o  Pan y dulces italianos de las Hermanas Simili en Libros con Miga.

Con esto y todo aún quedó espacio para libros sobre lenguaje y literatura/traducción casi imposibles como La novela múltiple de Adam Thirlwell, o del análisis de datos de La señal y el ruido de Nate Silver, la historia de los voluntarios alemanes de la Legión Cóndor en La guerra como aventura de Stefanie Schüler-Springorum y, siguiendo con la Guerra CIvil y las sorpresas que aún podemos encontrarnos, Hotel Florida de Amanda Vaill , por cierto que este no es el único libro interesante en la sección de no ficción de Turner, ahí están también las extrañas biografías de Inventar en el desierto de Miguel A. Delgado. Todo esto y, además, la aparición estelar de Byung-Chul Han, un nuevo filósofo controvertido de entre cuyos múltiples libro destaco Psicopolítica -todos en Herder– que por un lado trata de explicar los mecanismos de seducción y el uso de la actitud positiva y proactiva que sigue el neoliberalismo para controlarnos y por el otro se empeña en mantener opiniones difíciles de mantener sobre cualquier aspecto negativo o de comunicación social que se nos pueda ocurrir. Pero interesante, en cualquier caso.

Es curioso pero parte de los mejores libros de ensayo que he leído este año han sido en inglés. Ya hablamos por aquí de los libros de entrevista sobre el humor Poking A Dead Frog de Mike Sacks, y debo decir que no ha sido el único libro de ensayo que he leído con gusto este año. Sin salir del humor, American Cornball (A Laffopedic Guide to the Formerly Funny) de Christopher Miller me ha parecido que quizá necesitara algo de edición pero, en cualquier caso, que conocer lo que una vez se creyó divertido dice más de la época y de nuestra evolución social que cualquier otra cosa. En cuanto a la parte cultural ensayística, y por afinidades, hemos podido leer grandes cosas sobre cómics en The Secret History Of Wonder Woman de Jill Lepore, el Xerox Ferox -sobre los fanzines de terror a través de entrevistas a sus responsables- de John Szpunar -del que espero hablar a no mucho más tardar por aquí- , acercarnos al discordianismo a través de sus documentos con la Historia Discordia de Adam Gorightly y a las posibilidades científicas con What If?: Serious Scientific Answers to Absurd Hypothetical Questions respondidas por Randall Munroe -sí, el de XKCD– así como a un true crimen en el Hollywood de los inicios gracias a William J. Mann y su Tinseltown, todo lo cuál me lleva a los -quizá no tan buenos como yo esperaba- ensayos The Empathy Exams de Leslie Jamison y a la autobiografía del mil veces grande John CleeseSo, Anyway… Como decía, un gran año para la no ficción que se ha comido con patatas a la ficción que he leído en lengua inglesa salvo un par de honrosos ejemplos como los cada vez menos fantásticos y más criminales Lauren Beukes (con su Broken Monsters) y Stephen King (con Revival) aunque si de un libro de ficción en inglés tuviera que hablar sería de Bark de Lorrie Moore, una magnífica colección de relatos que tiene la calidad esperable en esta autora.

Termino diciendo que tras el repaso de la Lista de Libros Infantiles y Juveniles Recomendados de 2014 tampoco tiene mucho sentido darle más espacio aquí, aunque la progresión de las recuperaciones -a mí me ha gustado la de Los tres investigadores de Robert Arthur en Molino aunque han sido muchas más-, la búsqueda de nuevos terrenos para el juvenil/young adult/crossover/manzanas traigo que podemos ver en cosas como el acercamiento al suspense de, por ejemplo, Diez de Gretchen McNeil uniendo Diez Negritos de Christie a las películas slasher de los noventa, la presencia de locuras ilustradas como Madama Butterfly de Benjamin Lacombe o el descubrimiento de que un ilustrador puede mejorar cualquier texto como Sempé con la Catherine de Patrick ModianoChris Ridell trayéndonos a Ada Goth o Iban Barrenetxea creando su propio libro con Brujarella, junto con la apuesta renovada por el cómic para todos los públicos – que para mí sigue representando la Hilda de Luke Pearson– sirven de breve demostración de lo bien que va la cosa para los libros para los más pequeños.

Pero ya está bien de tanto título y tanta cosa, ¡que tampoco habéis venido para que os aburra durante todo el día! Así que pasemos a lo que os interesa de verdad. ¡Los Sark de Oro! Y los ganadores son…