Sobre las creaciones televisivas interneteras

Llevo tiempo queriendo escribir sobre series en internet, mejor dicho, sobre programas -de todo tipo- creados para internet. El tema lo merece, incluso merecería una larga serie de columnas de las que aquí son habituales pero que, me temo, no tocan aún este año. De momento tendréis que conformaros con esta breve aproximación y con mis intentos de lograr que Diego Núñez, que sigue el tema con mayor interés que yo, acceda a ejercer de firma invitada.

-Por extraño que parezca he invitado varias veces a diversas personas a ejercer de firma invitada en esta web pero, por unos u otros motivos, parece que nadie acaba de decidirse/atreverse-

De momento vamos con lo que me interesa: ¿De dónde sale todo esto, qué recorrido lleva, cómo es posible que funcione y en qué punto estamos ahora?

En el principio fue Melrose Place. Quizá alguno de vosotros pensaba que sería YouTube pero hay que recordar que aunque parezca llevar toda la vida la web de visionado de vídeos on-line se creó en 2005. Pero, como decía, todo empezó una década antes por culpa de Melrose Place. Bueno, por culpa… por inspiración, por imitación… Se supone -tampoco vamos a fiarnos ahora de los estadounidenses- que The Spot de Scott Zakarin fue la primera serie emitida por internete. Una aproximación a esa idea meplacelrociana de un grupo de jóvenes y atractivos viviendo en el mismo bloque de apartamentos. La idea fue un éxito moderado pero sirvió de inicio para que otros intentaran cosas parecidas. Algunos, como los integrantes de Bullseye Art, se pasarían años creando animaciones para internet que, en ocasiones, cruzarían a la televisión convencional.

Si bien es cierto que sería la aparición de YouTube lo que acabaría definiendo y popularizando este tipo de creaciones, con éxitos elípticos como lonelygirl15, creaciones para nicho como The Gild o acercamientos de tiburones como Michael Eisner y su respaldo a Prom Queen. No solo YouTube existía, la creación de HULU facilitó el acercamiento de autores consagrados como Joss Whedon y su Dr. Horrible’s Sing-Along Blog que, a la vez, marcaba un poco la separación entre el uso de un canal nuevo como era internet para creaciones de estilo tradicional como esas que preparaban en HULU y después en Netflix o Amazon frente a la creación más libre que permitía YouTube en el que no existía una relación de negocios entre ambas partes sino un servicio que se proveía al público en general. No elegía, pedía, encargaba, etc… daba una oportunidad a la gente y allá se la compusieran.

De esa manera dos estilos diferentes se fueron abriendo paso. El de las cadenas de streaming producía todo tipo de series, sobre todo cuando webs como Yahoo decidieron unirse a la experiencia recortando en el presupuesto frente a las producciones clásicas que HULU o Netflix proponían.

Por contra en YouTube se producía un fenómeno cercano al de la autoedición. Del mismo modo que la facilidad para subir imágenes había impulsado la creación de una infinidad de webcómics o las plataformas de edición -y la propia Amazon siempre deseosa de saltarse intermediarios- había simplificado el proceso para que quien quisiera pudiera sacar su libro, e incluso había habido páginas -y si esto fuera un telefilme saldría MySpace– que habían estado ahí para que cualquiera con un grupo subiera sus canciones o para crear su propia versión de la radio en forma de podcast, así también el que quería ser televisión lo podía lograr.

Como en todo, no era un éxito sencillo. La forma en la que se nos explica cómo se reparte la pasta deja claro desde el principio que hay que hacer unos números realmente altos para que salga a cuenta. O meter muchos anuncios, que pueden sacar a los espectadores del seguimiento. YT gestiona el invento y consigue anunciantes. Esos anunciantes pagan 25$ por cada mil espectadores de los que el YT se queda 18 así que a razón de 7 dólares por cada mil espectadores muchos tienes que tener en un mes para que valga la pena. El asunto es que una vez subido el vídeo se queda ahí y que además puedes tener otras novedades, etc… de manera que resulta que te pones a mirar números ¡y sí que hay gente que lo consigue! ¡Incluso en España! Que pasa como con todo, hay gente haciendo dinero -no digamos millones porque al fin y al cabo hace falta una inversión para grabar, editar, etc…- y otros que lo intentan pero no. Como cualquier otro mundillo.

Pero entre los que lo consiguen -al menos en parte- podemos diferenciar varios caminos. Por un lado los que deciden irse a la no-ficción, que podríamos dividir en dos grandes tendencias como son el de la divulgación – en donde tenemos los CrashCourses de los hermanos Green, Hank y John (Sí, el de Bajo la misma estrella, ese) pero también programas de consejos de cocina o de belleza- y el del… humor… llamémoslo así… que permite tanto dar a conocer a grupos de parodias, humor y mucho más como pueden ser los chavales de The Midnight Beast hasta auténticos jerkassecitos como los australianos Janoskians. Muchas manera diferentes de apelar a ese público que ha cambiado de la pasividad de ver un canal a la actividad de elegir y buscar. Y, como siempre, determinadas propuestas son más sencillas de vender.

Pero también hay quien elige la no-ficción, bien para replicar modelos tradicionales con nuevos giros como pueden ser las aproximaciones a clásicos que hacen en la Pemberley o buscar caminos diferentes al terror como en Marble Hornets hasta ejemplos del más puros abaratamiento de costes al español estilo de Qué vida más triste. La facilidad de crear una web a la que cualquiera puede acceder y de unos recursos de creación -grabación, almacenamiento y producción- que ponen sencillo como nunca animarse a llevar a cabo la idea han facilitado la creación de esto que, como decía antes, podríamos considerar Autoedición Televisiva.

Y no es mejor ni peor, simplemente es una forma nueva de darse a conocer, de transmitir un proyecto y de que el público obtenga quizá no lo que necesita pero sí lo que le gusta, o al menos lo que quiere. No es una horizontalidad perfecta, por supuesto, sigue siendo necesaria una promoción y una movilización, y se sigue premiando la promoción dentro de una empresa y dentro de unos grupos de personas. Pero es algo que casi parece inevitable, sobre todo esa última sensación de endogamia, cuando a cambio se está logrando un estrechamiento que es lo que podemos celebrar. Incluso aunque consideremos que algunas producciones busquen un mínimo para lograr visitas.

Como decía al principio, es un tema que da para mucho más pero queden de momento estos breves apuntes sobre el tema hasta tener tiempo para poder desarrollar un comentario en condiciones.


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