Gala de Premios y Espectáculo Televisivo

Estoy en lo que podría considerarse como Momento postraumático de los Goyas de este sábado. Cierto es que la Gala lleva siendo progresivamente peor desde hace unos años vamos a peor. Creo que la última realmente buena fue la primera de Buenafuente en 2010 que lograba mejorar lo que el año anterior Carmen Machi y la troupe de Muchachada habían apuntado. El año pasado con Fuentes parecía que habíamos tocado suelo y este año se ha demostrado que aún se podía bajar más excavando con pico.

Pero no os voy a cansar con una diatriba, suficiente tuvisteis los que me la aguantasteis en directo en tuiter. En circunstancias normales hubiera dejado de ver al rato, como me consta que hizo mucha otra gente. Yo estaba en una de esas reuniones pensadas para despellejar la Gala, así que sabía a lo que acudía. De hecho, no hubo un momento tan de vergüenza ajena como el número musical del año pasado, gracias fundamentalmente a que metieron playback a saco y encorsetaron a todo el mundo. Sobre todo teniendo en cuenta que fue la Gala de la Censura. No hubo menciones siquiera no ya a la situación actual sino a películas ausentes como Ciutat Morta o Edificio España, no hubo tampoco posibilidad de ver a gente portando el lazo naranja en apoyo de los profesionales de RTVE ya que hasta a los que lo llevaban al entrar en la alfombra les desapareció cuando pasaron por la puerta, no digamos ya lo ocurrido con Carlos Areces:

 

Esto, que debería haber sido un escándalo inmediato se convirtió en… nada en absoluto. Estaba todo el mundo muy bien domesticadito. Bien mediante las ausencias selectivas -y no me refiero a los vacíos que la espantosa realización dejaba ir viendo durante toda la Gala- opor el tradicional método de advertir que el que se moviera no saldría en la foto. Lo que sí que hubo fue propaganda del gobierno, claro, no solo de manera literal con la chorrada de cortar entre la alfombra y la gala -que empezó tardísimo y así nos llevó hasta las mil- para meter un Informe Semanal vendiendo las virtudes del último recorte de libertades en nombre del yihadismo que debe estar haciendo revolverse a los profesionales que inciaron el programa en 1973, con Franco aún vivo. ¡Pobre Erquicia! También hubo un hueco para el discurso triunfalista -que nos ahorró, menos mal, escuchar tonterías sobre Piratas- de lo bien que nos ha ido a todos y -si acaso- a ver si nos bajan los impuestos. Porque, oye, nos ha ido muy bien pero está claro que podría haber ido mejor. ¡Estupenda contradicción! En fin, el tipo de Gala que hace que uno se pregunte a quién puede gustarle algo así.

Pero olvidémonos de esto. Dejemos de lado lo que no se hizo en esta Gala de la Censura, total, si ellos pudieron obviar cosas importantes como el cine en VoD o a los guionistas de Ocho apellidos vascos nosotros podemos tratar de olvidar lo concreto de esta Gala. Pasemos mejor a considerar los problemas desde un punto de vista más general, ¿cómo llevar una Gala a la televisión?

Ayer se emitieron Galas de las gordas en otros dos países, los británicos tuvieron sus BAFTA y los estadounidenses los Grammy. Cada una con un propósito y un estilo distinto.

Los BAFTA entran en una tradición más europea de premios con «buen gusto» que acaba casi siempre en la gente muerta de sueño pero muy elegantes. algo como lo que solían ser los Globos de Oro durante años.

Los Grammy y sus broncas son una extensión del espectacularismo norteamericano. Si repasamos sus premios podemos rastrearlo tanto en los eventos menores como los dos de la MTv, sus Movie Awards y sus Video Music Awards, o como los CMAs del country, como en los mayores: Globos de Oro, Grammy, Emmy, Tony y, por supuesto, los Oscar. lo que importa es el ruido que puedas causar, su espectacularidad y -por encima de todo ello- lo que puedas vender.

Porque ese es el principal interés, claro. Los premios no se dan tanto para «reconocer la excelencia» o «destacar a los mejores» como para que la gente los vea, los recuerda y se animen a consumirlos. De ahí que no solo sea un negocio para los ganadores, también el resto puede aprovechar para recordar su existencia y, si le dan un pequeño hueco en la gala, para promocionarse -ellos y los productos en los que trabajan- de manera efectiva.

¿Y cómo logras colar tanta publicidad por la garganta de la gente? Pues mediante el suspense de anunciar ganadores y, por supuesto, acompañándolo de algo interesante o efectivo. Es decir, actuaciones musicales y cómicas que puedan agradar al público.

O, cuanto menos, intentarlo. A mayor encorsetamiento -es decir, los más pejigueros que suelen ser los Oscar– más difícil es que interesen. Y que tengan que recurrir a variaciones para años posteriores, o aceptar más críticas y llamadas. Incluso a riesgo de que las actuaciones de algunos de ellos logren centrar la atención sobre sí antes que sobre los ganadores.

Ahí cada cuál recurre a lo que puede: En el cine muestran fragmentos de películas y ponen a actuar a los candidatos a canción; en los de música hay… música, claro; en los Tony hay números y más números, la mayoría parte de las nuevas obras -¡y hay de ti como elijas mal qué número poner! Uno bueno puede subir la afluencia tanto como uno malo quitar las ganas de ir a verla- y en los de televisión… bueno, si hay suerte están los guionistas inspirados de los programas de televisión. Si hay suerte.

El problema principal de los premios es que… bueno… se dan premios. Y, claro, aplausos, la gente tiene que ir allí, dar las gracias a todos aquellos que han confiado en blablablabla y aplausos otra vez, ¡con lo que eso retrasa! De ahí que haya habido ideas… creativas… dar parte de los premios en una Gala al margen -que ya es todo un clásico- o hacer como los Tonys y aprovechar para poner anuncios y luego a la vuelta anuncio de ganadores resumidos. Porque, vaya, resulta que con una edición televisiva la cosa gana en rapidez, quién lo iba a decir.

Teniendo en cuenta todo esto espero que lo que nos encontremos cuando lleguen los Oscars sea al NPH de los Tonys y no al de los Emmys, y también algo que permita mantenernos en pie frente a las espantosas últimas galas de los del cine.

Lo que sí tengo seguro es que no me encontraré con un presentador que decide hacer un chiste que destripe la película con más premios o una miniactuación tras dos horas y pico de gala de alguien que ni era candidato, ni presentaba una canción candidata, ni uno de esos productos y solo servía para dilatar aún más el tostón hasta llevarlo a superar en 45 minutos la duración total, algo inconcebible en países con tradición de emisiones en directo conscientes de la necesidad de tener material para añadir por si se quedan cortos y otro que se pueda quitar si lo sobrepasan.

Esperemos que para la próxima hayan aprendido que la finalidad y el interés tiene que estar ahí para algo más que torturar a los espectadores. Porque aunque no parezcan tenerlo claro la emisión continuada -aunque sea buscándose a un patrocinador en donde sea, que al paso que vamos lo mismo el año próximo es TeleRicaTorta– hace que tengamos que encuadrar las Galas dentro de ese espacio de Varios / Variedades junto a otras retransmisiones como las Galas que no van de premios, los Eventos deportivos o Magazines. O dejar de hacerlo, si seguro que hay vloggers más que dispuestos a total el relevo y, total, tampoco iba a desentonar demasiado con el resto de cosas que puede llegar a ofrecernos internet.

Con un poco de suerte dejarían de aburrirnos, ¡y eso sí que sería de premio!


Libros que Llegan: Hutson, «El gran misterio de Bow», Padura y más

Esperaba yo que se desperezaran un algo en febrero y me temo que me voy a pasar esperándolo hasta marzo. Bueno, la semana del 18 será otra cosa… pero mientras tanto aquí seguimos, de docena en docena con algunas novedades de interés y preparados siempre para decir:

¡Que entre la pila!

El gran misterio de Bow de Israel Zangwill, ed. Ardicia

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La novedad más interesante de la semana es esta vez una obra clásica que llevaba sin recuperarse en nuestro país desde su edición en el Círculo del Crimen, una obra de Habitación Cerrada que suele considerarse entre las primeras del género y que demuestra que Zangwill no solo estaba preocupado por la cuestión judía, también fue un escritor de misterio y humorismo interesante.

Aquello estaba deseando ocurrir de Leonardo Padura, ed. Tusquetsaquello_estaba_deseando_ocurrir_big Conocido como era el Padura de las novelas, sobre todo las de Mario Conde, nos encontramos aquí con la recopilación de sus relatos cortos. Otra manera de cortar y una variedad de estilos para un autor siempre interesante.

Ángeles robados de Shaun Hutson, ed. Tyrannosaurus Books

252-large_leobook¡Mi imperdonable error! Pensaba que hay había incluido esta novela de Hutson entre las novedades y se me había pasado. ¡Urgh! Así que, ahora sí, tenemos otra de las novelas del creador de Slugs que trata esta vez de asesinatos misteriosos, sectas, sacrificios, niños muertos. Encantadora, como siempre.

– La banda de los Sacco de Andrea Camilleri, ed. Destino

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Un nuevo Camilleri alejado de los Montalbanos en el que se cuenta una de esas historias basadas en hechos reales en las que unos ciudadanos tratan de ser extorsionados por la Mafia y, ante la pasividad de la policía, acaban tomando sus propias decisiones para defenderse en lo que deviene en conflicto sangriento.

La libélula de Amelia Rosselli, ed. Sexto PisoTapa_Rosselli_media-194x300

Un nuevo título de la colección de poesía de Sexto Piso y otro ejemplo de buena selección de material. En este caso recuperando a Amelia Rosselli, a quien ya habíamos podido leer en Igitur. Una gran poetisa a descubrir.

Los tres usos del cuchillo de David Mamet, ed. Alba

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Incluso aunque Mamet vaya perdiendo la cabeza sigue siendo interesante leer sus reflexiones, en este caso sobre el teatro, el drama, sus funciones y utilidades y cómo enfocarlas según las intencionalidades. Un buen texto sobre un tema que parece dejado de lado en los ensayos.

El tiempo amarillo de Fernando Fernán Gómez, ed. Capitán Swing785

Por fin la recuperación de las memorias de Fernán Gómez, tanto tiempo inexplicablemente agotadas. Un enorme libro para repasar la vida de una persona que tanto hizo en tantos campos. Una de sus mejores obras que sirve tanto de repaso como de explicación no solo de la persona sino además del momento y el lugar.

Recuerdos de Osamu Dazai, ed. Satori3-1-recuerdos_sobrecubierta.indd

Una serie de relatos breves en los que la ficción autobiográfica de Dazai va dando paso a momentos de revelación sobre su propia existencia en relación con el mundo en el que se mueve. Tan brillante como suele ser habitual en este autor.

La quinta imposibilidad de Norman Manea, ed. Galaxia Gutenberg

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Recopilación de ensayos de Manea en los que ahonda sobre el tema del judaismo, incluido aquel previo a la Segunda Guerra Mundial. sobre la situación de Europa central en su visión de rumano exiliado, sobre los regímenes totalitarios y, por supuesto, sobre literatura. Tanto las maneras en las que se pueden narrar los propios hechos vividos en las peores situaciones hasta las tradiciones literarias asociadas a los judíos. Una completa mirada tanto al interior del autor como a sus opiniones sobre otros parecidos a él aunque en diferente situación.

Los últimos españoles de Mauthausen de Carlos Herández de Miguel, ed. Ediciones B

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Con un título que poco lugar deja al error, se habla aquí de eso exactamente: Los testimonios e historias de los últimos españoles en diversos campos de concentración, lo que fue de ellos, lo que pasó después, su relación con los verdugos y cómo una serie de personas -políticos, militares, empresarios- facilitaron o no impidieron que estos españoles acabaran tan lejos de su país con un destino mortal.

Nosotros de David Nicholls, ed. Planeta

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La portada más fea que he visto en años en un libro comercial sirve para esconder otra de esas historias íntimas y con toques románticos, a un tiempo crepusculares y de redescubrimiento, que convirtieron a David Nicholls en todo un éxito. Así que recomiendo forrar el libro. O quitarle la camisa.

Osos de Ruth Krauss con ilustraciones de Maurice Sendak, ed. Kalandraka

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Kalandraka continúa con la recuperación de la obra de Sendak y esta vez le toca el turno a esta historia de osos de peluche, osos por todas partes, preparados para rodear al niño que, mientras, se prepara para ir a la cama.

Poco esta semana, tampoco la que viene esperéis más. Porque parece que se está concentrando todo en la tercera de febrero. Pero hasta que esa llegue puedo ir diciendoos: ¡Nos leemos!


Podría empezar esta semana con una de las pocas cosas que salieron la pasada. Aunque no lo hiciera en televisión. A menudo digo que la BBC demuestra para qué sirve la televisión. Incluso en estos momentos, los más bajos desde su enfrentamiento con Thatcher en los ochenta, sigue haciéndolo aunque sea como en esta ocasión, no atreviéndose a emitir lo que ellos mismos han pedido, dejándolo solo para su rama de internet. Incluso así la mera existencia de un documental como Adam Curtis: Bitter Lakke (UK) y el que pueda existir gracias al acceso sin límites a todo lo que la cadena lleva años grabando, incluso aquello que conservan aunque no emitieran, vuelve a justificar la afirmación. En otro de esos documentales de Curtis a medio camino entre la revelación y la alucinación se repasan los intentos de diferentes países de intervenir en Afganistán y como eso ha acabado creando no solo turbulencias en la zona sino, además, problemas en esos mismos países. Cierto es que son dos horas del estilo alucinatorio de Curtis en los que algunas cosas -personas, países- son simplificadas, pero no por ello deja de ser un gran ejemplo de para qué está -o debería estar- la televisión.

Cuando la NBC anunció Allegiance (USA) pensé que se habían equivocado. Es decir, la sinopsis sonaba como la de The Americans pero presentada de una manera algo más thriller, algo más 24, como si los de Greenblatt quisieran convertir esa pequeña joya actual en un producto de consumo para toda la familia. Algo que, francamente, veo poco probable. Ayer la estrenaron. Y, efectivamente, parece que han cogido una serie original israelí para convertirla en su propia versión de la de la FX… pero como hace las cosas la NBC. Lo que podría haber sido algo interesante o al menos un buen espectáculo de acción resulta algo aburrido, rutinario, lleno de personajes que están y que sabemos que no son recortes de cartón porque hablan. Más o menos. En fin, algo que lo mismo tiene arreglo pero a la que no creo que la NBC de mucha oportunidad, sobre todo teniendo en frente a los monstruos de Shonda.

 En cuanto a Fortitude (UK),  este capítulo doble inicial sirve sobre todo para que conozcamos a los MUCHOS personajes del «pueblecito polar», porque aunque traten de distraernos con otras cosas en realidad estamos con el clásico asunto de asesinato en un pueblo lleno de secretos con la diferencia de que aquí hay, además, osos polares. Esta presentación ralentiza cualquier tipo de interacción entre ellos pero como lo que sí presenta y lo poco que muestra resulta interesante espero que se deba solo a que es la presentación y que en sucesivas semanas empecemos a ver algo de movimiento. Cruzaré los dedos.

No está mal Fresh off the boat (USA), aunque esta manía de series que cuentan la infancia de un cómico -bueno, infancias en general- suela significar kilos de aburrimiento. No es que esta se salve, hay mucho momento de regodeo nostálgico, y no me importaría rellenar el hueco de un pilar con el protagonista. pero al menos algunas de las construcciones acaban funcionando que tal y como vamos con las comedias últimamente ya es algo de agradecer. Sí, podría ser mejor, pero es lo que tenemos.

Una de webseries: Haphead (CA) es una creación canadiense de ciencia ficción (-ish) que kickstarter mediante logró tirar para su realización. El resultado es más voluntarioso que concreto pero por lo menos muestra ese interés de hacer algo nuevo aun con unos medios limitados (MUY limitados) que siempre es de agradecer. Quién sabe, quizá acaben sacando pasta de verdad y pudiendo hacer lo que parece que tienen en mente.

La australiana Hiding (AU) es una serie sobre familia en protección de testigos que logra estar un poco por encima de la media aunque tire de TODOS los recursos de las películas sobre protección de testigos, desde los miembros de la familia con problemas hasta el temor constante a ser descubiertos. Y logran que funcione, no de manera espectacular pero sí al menos de forma bastante más elaborada que si hubieran decidido hacer a la familia, qué sé yo, agentes rusos de incógnito. No sé cuánto tiempo podrán estirar estos chicles de guión, pero mientras tanto estaré viéndola.

En cuanto a Mel Brooks, Live at the Geffen (USA) puedo decir dos cosas: Que es una gozada y que es exactamente eso que parece, un espectáculo de Mel Brooks saliendo al escenario sin personajes ni disimulos, luego ya va creando y recreando con lo que dice y lo que va contando pero estamos ante un espectáculo basado completamente en ver lo que nos tiene que contar. Yo encantado que Brooks me cae estupendamente.

Terminamos con otra australiana, Winter (AU), serie salida del razonable éxito de un telefilme para convertirse en una serie policíaca que trata de un pueblecito en el que se ha cometido un asesinato que unos agentes tratan de resolver mientras, en paralelo, hay otra investigación sobre un hecho -sí, otro asesinato en el mismo pueblecito- cometido hace años y que no sabemos si llegarán a estar relacionados. Mi teoría es que hay que cerrar los pueblos antes de que mueran más niños. Por lo demás, bien, Rebecca Gibney está tan estupenda como de costumbre y, además, consigue construir un personaje más cercano al de la detective Jane Tennison. En esta no salen Osos Polares, pero teniendo en cuenta la abundancia de fauna mortal seguro que algo encontramos. Ya os contaré.


Introducción al Tema de 2015

Volvemos este año a hablar de ficción, y vamos a quedarnos cerca. Tenía intención de hablar de algo de España antes o después centrándome en algún género y hace dos años me convencí: Había que hacer un repaso -incluso uno pequeño, limitado y superficial como suelen ser los de estas columnas- a un género televisivo que en España está inesperadamente transitado pero poco reconocido: El Fantástico.

Desde prácticamente el inicio de sus emisiones y en sus variadas presentaciones hemos tenido series fantásticas. Series antológicas -algunas incluso como coproducción-, series de personajes, acercamientos mixtos con otros campos e, incluso, infantiles.

Supongo que habrá gente capaz de recordar algunos de los grandes hitos -es decir, La Cabina o Historias para no dormir– y, confío, recordará los ejemplos más recientes. -Y si has pensado en El Inquilino lamento haber causado que no logres olvidarla- pero son muchos más, empezando por Diego Valor y acabando por el cada vez más cercano estreno del Ministerio del Tiempo.

La idea, al menos el punto de partida, es ir estableciendo un repaso cronológico a todo lo que nos han ido dando en las ficciones televisivas españolas desde una breve introducción a la época previa a la creación de RTVE hasta aquello que pueda aparecer de manera inesperada durante este 2015.

Por las propias características de estas columnas trataré de ofrecer contexto y desarrollo de los programas y lo poco que pueda rascar en el limitado tiempo para investigarlas y comprobar datos. Es un tema que -yo creo- merecería un libro de alguien más capaz pero de momento tendréis que conformaros con esto.

Sobre todo porque las variantes son muchas -animación, telefilmes…- y el tiempo disponible dentro de este año, por increíble que os parezca, es en realidad limitado. Así que aquí estaré, uno de cada dos lunes, para repasar todo lo que se pueda. Empezando dentro de dos semanas con una mirada a lo que había antes, es decir, a Alberto Marro y compañía.