Sequía ochentera

Si los años setenta habían terminado un poco de cualquier manera para el género fantástico en la televisión de España los ochenta fueron a peor. Por más que previsible, la muerte de Franco y los distintos intereses en la televisión pública ocupados como estaban en mover sus piezas dejaron un tanto de lado las producciones propias. Y, una vez el polvo se asentó, la cosa no pintaba mucho mejor para el género.

La prioridad parecía ser abrir la televisión y airearla un poco, añadir ligeramente algunas notas picantes y centrarse en la programación infantil y en adaptar clásicos. Muchos clásicos. Realistas, por supuesto. Hasta el punto de que cuando Narciso Ibáñez Serrador presentó una propuesta para una serie (Cartas al director) que fue rechazada por la cadena. En su lugar se le dio la oportunidad de rescatar las Historias para no dormir. De rescatarlas… de aquella manera. Aprobaron cuatro episodios, con tal recorte de costes que -incluso teniendo en cuenta que eran por fin en color- acabaron siendo grabados en vídeo a menor calidad. Parecía difícil que una cabecera tan conocida se pudiera tratar peor… Pero aún teníamos cosas que ver.

De modo que durante toda la década lo más cercano que tendríamos serían coproducciones. Sobre todos las infantiles y juveniles, pero de ellas también hablaremos. Fue probablemente la parte más importante. Hasta la recién creada TV3 se dedicaba a este tipo de producciones -aunque en solitario- con su adaptación del Mecanoscrit del segon origen, la primera producción realizada íntegramente por la cadena, y la original aunque igualmente distópica El Viatge.

De entre las creaciones para adultos, fuera de las adaptaciones de clásicos del pasado. Poco había en los intentos actuales de autores con una amplia trayectoria como Jaime de Armiñán. Sus Cuentos Imposibles poco tenían de fantástico en el sentido del género, el más cercano -dada la naturaleza antológica de los mismos- era Nuevo amanecer, sobre una redacción amenazada y la invención sensacionalista que parece salvarla o consumirla. Más recordados por haber dado origen a Juncal, poco de lo que nos incumbe había aquí. Con lo que quedaban las coproducciones de clásicos del presente. Por un lado, y muy en el borde, El secreto del Sahara, sacado de una de las novelas de Emilio Salgari, que entraba más por lo extremado de sus planteamientos que por una presencia real del fantástico. Por otro, los Amores difíciles que adaptaban historias de Gabriel García Márquez y que se acercaban al género por el lado de tan traido realismo mágico, sobre todo su episodio más celebrado, Milagro en Roma, que se haría con una Ninfa de Plata en Montecarlo para alegría de la cadena.

La duda era si TVE intentaría algo distinto para la siguiente década, porque de momento solo parecía que tendríamos coproducciones…

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