Vaya principio de mayo, cómo se nota que están todas las cadenas americanas en otras cosas y que en el resto del mundo tienen sus propios líos. Así nos vemos con lo que nos vemos. Como The Loud House (USA) que es para preguntarse qué le pasa exactamente a Nickelodeon. He aquí las aventuras de un chico con 11 hermanas en las que todo funciona por estereotipos. Claro que cuando alguien comienza sus pruebas con un corto en el que el chico intenta usar el baño sabes que el piloto tampoco va a poder mejorarlo mucho. Sobre todo porque ese pero en el fondo se quieren es una cosa que funciona más como una pegajosa nata que une todos los clichés. Un espanto.

Hablando de desastres, Marseille (O) (F) logra convertirse en algo así como un ejemplo para las series extranjeras que va a ir creando Netflix, y es que lo que aún se lograba salvar en Narcos o incluso Club de cuervos aquí se la pega malamente. Suena a copia de algo externo, quizá de las series políticas nórdicas pero más probablemente de ese Boss de Kelsey Grammer. Excepto porque aquí tenemos a un Gérard Depardieu que frente a, digamos, la reinvención de Kevin Spacey para House of Cards parece estar más de paseo por la serie, con un estilo entre externo y directamente pasota que hace en algunos momentos que la serie funcione mejor como comedia por la vía de la parodia y el choque de trenes que como el acartonado drama que se supone tenemos que creernos. Lo que significa que podría ser peor, supongo.

En una semana tan peculiar como esta incluso la serie más clásica tiene un punto de partida inesperado. Y es que este Trial of the Century (O) (I) parte de una ucronía: ¿Qué habría pasado si Padraig Pearse hubiera sido juzgado? La forma en la que hubiera variado este otro cierre del Alzamiento de Pascua y cómo hubieran argumentado unos y otros de decidirse por el lado legal en lugar de por el, digamos, expeditivo. El resultado es interesante -sospecho que lo será más para los irlandeses- y un buen ejemplo (quizá un tanto… hinchado, grandilocuente… los ingleses pueden estar contentos por su influencia) tanto del judicial como del histórico y, sobre todo, de la intersección entre ambos.

Por contra The Windsors (UK) es igual de falsa pero mucho menos aprovechable. Aprovechando sucesos reales y con la familia real y sus allegados dando vuelta lo que podía haber sido una comedia cortesana o una ácida reflexión termina convertida en una farsa. Todo es grueso, desde el humor a las teóricas caracterizaciones. Nada parece hecho con un propósito sino más por estar a mano, de modo que lo que podría haber sido una afilada máquina satírica queda reducida a algo demasiado burdo para compararlo incluso con un retablo de marionetas.