¡Pilotos Deathmatch! Born to kill, Bill Nye Saves the World, Problematic with Moshe Kasher y más

Este Born to Kill (UK) parece difícil de analizar sin mencionar la emisión -apurando ya, pero aún en curso- de Bates Motel en tanto a lo que trata, el deslizamiento hacía la psicopatía -que probablemente tenga otro nombre, pero nos entendemos- de un joven contada a través de su entorno. Salvo que en lo que la americana es completamente locurón aquí tenemos un intento de mostrarnos una perspectiva que quizá no sea cotidiana o doméstica pero al menos sí con una intención de acercarlo a un, digamos, costumbrismo naturalista. Vamos, que pretende que nos lo creamos como real pero, a la vez, no escatima en el lado escabroso de los hechos.

El nuevo programa Bill Nye Saves the World (USA) no es que sea en realidad muy nuevo ni muy brillante, excepto por comparación. Comparado con el resto de novedades de esta semana, y comparado con los escasos intentos por hacer divulgación científica. Y así estamos, que a cualquier esfuerzo aclamamos por tuerto.

Iba a decir que Famous in love (USA) parece el intento de hacer una serie culebronesca jovenzuela si en lugar de una productora hubiera tomado las riendas del programa el Equipo de Ejecutivos de Club Disney. Luego he recordado qué es FreeForm y, mira, estas cosas del plástico quemado es que se huelen.

Supongo que hay una manera de hablar de Girlboss (USA) desde un punto de vista no ideológico. En cuyo caso se podría decir, quizá, que es una cuchufleta de intento cómico. Del tipo que es menos interesante como serie y más como lo que realmente ofrece: El publirreportaje blanqueador concebido como entretenimiento. No sólo decide centrarse en una figura que se manejó en la creación de una imagen propia extraordinariamente falseada a mayor gloria de si misma y su discurso liberal, además lo hace sin prestar mucha atención a lo que vino detrás: la venta de una empresa que en ese mismo momento empezó a tener problemas porque los nuevos compradores fueron descubriendo el balón de humo que les habían colado, mientras la antigua dueña seguía explotando una imagen creada para seguir sacando el dinero a incautos. Y lo revestía de una narrativa de Girl Power que no solo construía a base de excepcionalismo sino que, además,  obviaba cualquier discusión sobre privilegio vendiendo una idea de Viva el empresario que solo puedo entender si a Netflix le han pagado por emitir la serie. Porque en cualquier otro caso es un gol antológico.

Por su parte Problematic with Moshe Kasher (USA) es fallida a tantos niveles y con un objetivo tan claro que llega uno a preguntarse si es que no había nadie que les explicara que intentar un humorismo de la equidistancia a la vez que se abordan temas complejos es posiblemente la mejor manera de lograr no convencer a nadie. Empezando, por supuesto, por los responsables de las teóricas partes de humor.

Y terminamos con una serie que estoy hasta sorprendido de que exista: The White Princess (USA) es una continuación de The White Queen. Y si la primera fue poco menos que un desastre en audiencia, posiblemente por haberla hecha con más ínfulas que talento y con el dinero rescatado de entre las rendijas del sofá; aquí tenemos un más de lo mismo pero ahora sin la BBC que decidió que con participar de la primera tuvo de sobra y que ya si eso el resto que la hagan otros. Así que STARZ ha pagado -poco- por esta continuación y, de nuevo, ¡qué necesidad!


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