¡Pilotos Deathmatch! Blood Drive, Claws, Fearless y más

Intento entender no tanto la gracia de Blood Drive (USA), que me parece que está en el mismo punto de obviedad que las creaciones de la Troma, como la decisión del SyFy -un canal con más problemas de identidad que un protagonista de novelón ruso decimonónico- de emitirla. No de emitirla, incluso, sino de darle una luz verde directa a serie sin piloto ni nada para una historia que no solo no cuenta con grandes atractivos entre su creador –James Roland, un tipo que lleva mucho por la industria sin que se pueda señalar algo como propio suyo- o entre un reparto con actores que uno esperaría encontrar en los telefilmes de la cadena. Quizá sea ese el secreto, que los productores ejecutivos – John Hlavin y David Straiton– han conseguido convencer a alguien de que el Grindhouse es una cosa, no ya aún sino incluso. Casi me sorprende que no lo hayan denominado Bizarro. El caso es que la serie en sí, que como decía podría haber valido como una saga de películas del canal, juega con un punto de partida suficientemente sobado como el de Los autos locos y La carrera de la muerte del año 2000 (que, por cierto, tendrá este año un segundo remake y quinto título de la saga) sin entender o replicar su brillantez. Así que todo los excesos, postapocalipsis en el año 1999, vísceras y sangre (digitales) y lo que os de la gana (caníbales, amazonas, cultos religiosos) que mucho me temo que su principal problema sigue ahí: No están creando una obra, están intentando fingir lo que haría la gente que querría crearla. Y, claro, no se les puede tomar en serio.

Justo lo contrario ocurre con Claws (USA), una comedia brillante y casi reivindicativa con una Niecy Nash más grande que la vida -como casi siempre- encabezando un reparto granadísimo con la enorme Carrie Preston y también Judy Reyes, Jenn LyonKarrueche Tran. Eso más el reparto masculino, menos relevante pero no menos potente, que incluye a Dean Norris, Jason Antoon y Harold Perrineau. La historia, sin embargo… bueno, digamos que parte de ese punto de antihéroes + crimen + pez-fuera-del-agua. Pero desde un punto de vista cómico, aunque por suerte logra no despreciar a estas manicuras metidas a negocios criminales, quizá el mayor riesgo de la premisa. Es cierto que tiene aún bastante que pulir, pero da la sensación de ser el tipo de serie que si logra engrasarse y poner a funcionar a todo su reparto -y mimbres tiene para hacerlo- puede convertirse en todo un éxito. Aunque sea de culto. Pero si Weed pudo conseguirlo este con más motivo.

Hay veces que parece que toda una serie se pone al servicio de un actor, en el caso de Fearless (UK) se trata de Helen McCrory ¡y no podrá quejarse! Bien es cierto que el punto de partida es más que clásico, una abogada que busca restituir la verdad en procesos que no se realizaron correctamente. Por supuesto esto es británico así que -además del siempre inquietante Michael Gambon– resultará que por medio nos encontraremos tabloides, pedofilia, comentarios sobre terrorismo y refugiados, maniobras muy poco claras en mil ámbitos y una protagonista a la que parece que no le queda un problema por tener. Pero funciona. Por que los ingleses pueden montarte de estas sin mirar, porque McCrory está estupenda -que lo está- o porque Patrick Harbinson -el creador del asunto- tiene tablas como para montar el Arca de Noe. Pero deja con ganas de mucho más y con la esperanza de que sepan explicar y desliar los mil interrogantes que han abierto de una vez. Habrá que verla -con o sin cruzar los dedos- pero al menos es un gran inicio.

A veces uno se encuentra con cosas que no sabe de dónde han salido. Por ejemplo Law of Perdition (USA) es una serie para Amazon que no parece una serie de Amazon, sino más bien una serie que ha acabado en Amazon sin que nadie tenga muy claro cómo o por qué. Mezcla de historia de Dick Wolf y telefilme de elementos sobrenaturales -lo que, por otro lado, parece la definición perfecta para Medium, serie a la que no se parece en absoluto- que acaba siendo sobre todo vaga, en cuanto a sus capacidades y a sus esfuerzos. Está claro lo que quiere hacer, pero no parece muy determinada a hacerlo buscando una ruta que permita sacar partido al corto presupuesto del que muy obviamente cuenta, ni a buscar otra ruta alternativa más acorde. Así que al final acaba siendo una solución fallida cuya única finalidad que veo posible es poder venderla a televisiones del resto del mundo. O algo. Porque no soy capaz de entender esto de dónde sale o hacia dónde va.

Si las entrevistas de Oliver Stone que se reúnen en The Putin Interviews (USA) se hubieran vendido o empaquetado como ficción al menos hubiéramos tenido un motivo para esperar que hubiera finalidades ulteriores o algo interesante en su interior. En lugar de eso tenemos a un tipo que se lo está pasando en grande y a un entrevistador que parece perdido en sus propios procesos mentales. Hasta el punto de que llega uno a sospechar que Stone nunca acaba de estas cómodo porque no termina de estar al control del asunto mientras que a Putin le falta ofrecerse como invitado para no ya Meyers o Colbert sino directamente Corden o Fallon.  De hecho, creo que la única manera de superar esto sería mandarle de invitado a El Hormiguero.


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