Vaya semana. Y eso que he pasado muy alegremente del reality de misterio de Rob Lowe y sus hijos -en realidad no queréis saberlo- y de echarle siquiera un ojo a ese Barry que la HBO emitirá el año próximo y que los hackers han filtrado ya con, presupongo, propósito de hacer daño. Y con eso y todo vamos más que surtidos. Por ejemplo, con esta serie canadiense sobre fútbol, 21 Thunder (CA) que sigue al equipo que está por debajo del primero -yo es que estas cosas las entiendo regular, ¿equipo B? ¿sub21?- de un club de Montreal que intenta regresar a al grandeza. Esto, que podría ser cualquier cosa, acaba resultando un repaso de los clichés dramáticos más viejos de la historia con un tratamiento que deja toda la presunta intriga en una mezcla de Club de cuervos con Degrassi. Entiendo  -presupongo- que habrá un público para esta serie, pero tengo clarísimo que no soy yo.

Esta semana tenemos un par de ‘esto lo hace bien pero lo que se supone que es no funciona’ empezando por Comrade Detective (USA), que como ejemplo de explotación policíaca en la Rumanía de los años ’80 aún puede tener un pase. (Esto es, si dejamos de lado que en 1983 Rumanía acababa de ponerse con la televisión en color y no producía series propias, claro) tomando como base de manera bastante clara las series alemanas e inglesas y lo que probablemente piensen ellos que sería la propaganda anti-USA (es decir, la sutileza de la que tenía la anti-URSS pero con el otro bando) y desde ese punto de vista es bastante razonable. Pero luego resulta que es una comedia. O eso dicen. Quitando el redoblaje hecho de cualquier manera, la disparidad entre actores -al menos rumanos- y sus voces y algún pequeño apunte está muy lejos de la sátira que A Touch of ClothBullet in the Face, cada una en su estilo, utilizaban. En fin, cada uno con sus cosas, pero quede aquí el aviso pues aunque la serie se puede ver con complicidad es difícil recomendarla por su humor.

No sé cómo ha podido pasar pero Get Shorty (USA) no funciona. La suma de las partes es menor que el todo. El libro original de Elmore Leonard sigue siendo muy bueno y las ideas sacadas de él también. Chris O’Dowd hace lo que puede… Y el resto del reparto está. Con más o menos fortuna -como Ray Romano– pero al menos están en escenas que, a ratos, resultan interesantes. Pero que no acaban de unirse, no digamos ya de conectar entre ellas. Algo inexplicable con todo el esfuerzo de presentarnos personajes y mezclarlos en distintas escenas. Otra oportunidad perdida.

Mientras tanto lo último de Greg GarcíaThe Guest Book (USA), vuelve a demostrar cómo las tablas sacan cualquier cosa a flote. Así que una serie de episodios antológicos con una única unidad de espacio y unidades de tiempo consecutivas más algunos personajes que pasan de unas a otras narraciones. Ayudado, también es verdad, por una enorme cantidad de actores cómicos que saben aprovechar su estrecho guión. Podría estar mejor, pero también podría estar peor.

Tantos años viendo reconstrucciones criminales de true crimen ‘de época’ con actores buenos -que han decidido pasarse a la televisión o que siempre han sido grandes actores de la misma- creada por británicos y parece que poco a poco los estadounidenses le van cogiendo el gusto. Esto es lo que explica, diría yo, que alguien decidiera hacer Manhunt: Unabomber (USA) contando con Sam Worthington y Paul Bettany y luego ya con alguna aparición menor (Jane Lynch, por ejemplo) en la que está muy claro que es una intentona de crear un paraguas antológico para este tipo de series. El resultado, sin embargo… bueno, supongo que podría ser peor. pero está muy claro desde el principio que el villano no tiene demasiado interés y que los problemas del policía están ahí para que empaticemos con él. La melodramatización por encima del suspense lo convierte menos en un docudrama con pretensiones y más en una versión Película Lifetime de los hechos. Y ni siquiera es la historia de Tracey Thurman.

Aquí tenemos la segunda  ‘esto lo hace bien pero lo que se supone que es no funciona’  de la semana, solo que al revés. En general los monólogos de Queers (UK) que repasan la historia de los homosexuales en UK durante el último siglo son inteligentes, sólidos y bien interpretados por un buen número de actores brillantes. Pero. La serie se llama Queers. Esto, que podría haber creado fricciones entre los que aún lo entienden como un insulto no reapropiado, lo causa cuando te das cuenta de que los ocho episodios son en su mayoría de señores gays. En su mayoría significa que cuando se anunció que eran 6 capítulos hubo quejas así que pasaron de 6 capítulos a 8 metiendo dos mujeres. La primera de ellas es una mujer hetero que cuenta lo que es servir de barba a un hombre gay con un matrimonio falso, la segunda es una mujer que se disfraza de hombre para poder… a saber… ¿vivir su lesbianismo en los años veinte? Porque no es una Drag King ni se nota interés alguno en un cambio de sexo. Es una mujer lesbiana que ha encontrado una manera de ‘sobrellevarlo’ en sociedad: Ser un hombre. Así que esto es lo que nos ofrece la selección de Mark Gattis: Seis hombres gays hablando de sus cosas, una mujer hablando de su hombre gay y una lesbiana que habla de disfrazarse de hombres. ¡¿EN QUÉ CABEZA CABE?! Haces una serie sobre diversidad sexual -y se acuerda de meter a UN actor de los ocho que no sea blanco- y te dedicas a hablar de lo tuyo obviando -¿invisibilizando?- a todo el resto del alfabeto gay. Si decides buscar a ver si alguien ha protestado te encuentras con que, por supuesto y que a la BBC no le ha podido dar más lo mismo. No digamos ya a Gattis. Claro que lo mismo si le importara no hubiera dado los los guiones de siete de ellas a hombres -sí, el del matrimonio está escrito por un hombre también. Por suerte el del protagonista de color sí que tiene un guionista de color. El único, por supuesto.- y el de la única mujer a una que se identifica como heterosexual. ¡Hacer una serie sobre los problemas de los homosexuales en UK durante un siglo para acabar borrando a todos los que no son como tú! Que una cosa es que esto no llegue al nivel de Talking Heads porque Gattis no es Alan Bennett y otra diferente poner un nombre integrador a un contenido que no lo es. El contenido puede estar bien -sin fuegos artificiales, pero bien- pero la intención proclamada se pierde.

El asunto con The Sinner (USA) es que nos han prometido una historia cerrada y coherente y, en realidad, nos van a tener que convencer de que hay algo que contar. La idea de encontrar ‘el móvil’ de un crimen cuando el mismo es indiscutible funciona solo si te interesa realmente -o te intriga- esa motivación. Cuando lo que tienes es un drama vagamente costumbrista, y eso es lo que se sigue ofreciendo al margen del crimen, ¿qué motivo real puede haber para seguir viéndolo? Supongo que a los aficionados a un cierto tremendismo o a los dramones de mucho sufrir que no se estén viendo venir a a kilómetros lo que nos van a contar lo mismo les interesa. Quizá incluso a los seguidores de Jessica Biel o Bill Pullman, interesados en ver cómo hacen lo que pueden con lo que tienen. Yo paso.

En cuanto a Wet Hot American Summer: Ten Years Later (USA), supongo que si te gustaron la película y la serie anterior esta la encontrarás tolerable. Mi sensación es que según van estirando la historia les quedan menos chistes que inventar y más chicle que estirar. Presupongo que si hay una temporada más buscarán hacer algo original como ponerla en el futuro y mandarles al espacio o algo. Tanto da, esto ya es fanservice.

Terminamos esta semana -menos mal- con What Would Diplo Do? (USA) que podemos resumir en que en Vice vieron Popstar y pensaron que podrían hacer algo parecido e igual de divertido y resulta que no. Un humor muy básico, unas ideas de lo que es gracioso completamente desconectadas de cualquier realidad y un chiste tan estirado que es difícil creer no ya que alguien pensara que era buena idea crear una serie de esto sino que era lógico que durara 22 minutos aunque no tuvieran material para rellenarlo. En fin, ejecutivos.