¡Pilotos Deathmatch! Love, Lies & Records, Murder On The Blackpool Express, Nowhere Fast y más.

Anda que vaya semana. Pero bueno, vamos a ir hablando de las novedades. La primera es la rellena de grandes nombres Future Man (USA) que intenta con la fuerza de su reparto tapar lo mal que huele su guión. No es que esperara gran cosa de él, claro, pero tiene el habitual tufo bro-humor que se podía esperar. Y eso no hay quien lo levante, claro. Supongo que si eres un tipo de entre veinte y treinta que se autodefine como gamer o algo peor te puede hacer gracia. Si crees que la nostalgia es un sustituto de una trama, que enunciar un plagio es homenajear y que los chistes con fluidos corporales y cosificaciones sexuales son pináculos del humor, entonces vete a por ella. Eh, están Josh Hutcherson y Ed Begley Jr. de protagonistas y cameos de Keith David, Haley Joel Osment o Paul Scheer. Que, como merecer, merecían más. Pero en fin. Los tiempos.

¿Se puede hacer una comedia de la vida de una registradora? En la BBC lo han intentado con Love, Lies & Records (UK), que sigue a una… ¿registradora? La verdad es que no tengo muy claro cuál es el nombre del equivalente español. Pero vaya, una mujer que se encarga de dar fe de las bodas, los nacimientos y las muertes. Dicho esto, no deja de ser un trabajo como otro cualquiera, uno que permite traer más regularmente los asun tos vitales de la persona en el centro. Y al final… se nota. Es una comedia dramática, o drama cómico, o como se llame ahora, razonablemente amable, casi una marca de fábrica de Kay Mellor. Así que… bueno… al menos la idea central es buena. Luego ya el resto…

Hacer un especial cómico aprovechando una novedad cinematográfica, parece que Murder On The Blackpool Express (UK) era una buena. Y no es que el resultado final de este especial sea realmente malo tanto como que la reunión de cómicos más o menos conocidos parece realizada con bastante más desgana de, digamos, una película de Lifetime. Incluso los telefilmes que tanto Lifetime como Hallmark realizan suelen tener un poco más de cuidado y confiar en algo más que un puñado de caras más o menos conocidas y que todo vaya a tirar para delante. En fin, el resultado es un tanto mediocre pero al menos la idea era interesante. O algo.

Toca ahora otra iniciativa cuyo éxito parece que da la medida del impulso que ha tenido. No acabo de entender cómo la versión estadounidense de una comedia australiana puede estar en casi silencio mediático pero No Activity (USA) lo ha logrado pese a tratarse de la prime comedia del All Access de la CBS, de una producida por Will Ferrell y Adam McKay, de una en la que el propio Ferrell tiene un papelito-cameo y en la que participan también Amy Sedaris, Tim Meadows o Jason Mantzoukas. Pero estas cosas pasan. El original australiano era de Jungleboys y aunque no me pareciera de lo mejor suyo sí estaba claro que intentaban hacer algo con los pocos recursos. Aquí está claro que hay más recursos – además de cameos de grandes como J.K. Simmons y más que vendrán- pero no parece que sepan sacarle más jugo que sus homólogos australianos. Y si la estructura general por parejas -muy ‘improv’, por otro lado- acababa tendiendo a ser poco más que lo mismo con distintos actores en al original aquí la sensación se multiplica incluso más. En parte porque ya sabemos el tipo de personaje que van a hacer los más conocidos. En parte porque… pffff… Así que aquí tenemos la segunda serie que confía en que sus actores le resuelvan el papel a unos guiones flojos.

La mejor serie de la semana, más por deméritos ajenos que otra cosa, es irlandesa. Nowhere Fast (O) (IR) está hecha a mayor gloria de Alison Spittle y eso le sirve para reflexionar sobre el papel de la mujer en la Irlanda rural. Lo hace desde un personaje al que no le queda más remedio que regresar tras años fuera trabajando como periodista, así que será la mirada externa e interna a la vez, que compara su vida actual y la que han llevado las amigas que se quedaron, mientras intenta recomponer su vida y comentar lo que ve. Una obra pequeña y agradable, con un gran reparto de actores irlandeses, pero también con la sensación de que le falta algo para acabar de soltar todo lo que podría. Quizá, esperemos, más rodaje.

Me da pereza incluso ponerme a hablar de The Punisher (USA). Así que creo que la mejor forma de hacerlo es decir que cuando ves que el tipo saca una guitarra para tocarla NO TE EXTRAÑA EN ABSOLUTO. Es ese tipo de creación la que han montado. Blablabla los veteranos, blablabla la violencia, blablabla la salud mental… todo plástico y mucha suciedad y contricción, como si así oliera menos el plástico alargado.

Hablando de estirar el chicle, Robert Kirkman’s Secret History of Comics (USA) es el nuevo intento de Kirkman de sacar pasta a la AMC. En este caso para hacer una promoción del cómic que es un más de lo mismo muy triste. Tanto que ni las secciones animadas -que espero les hayan salido tan baratas como parecen- ni el recurso de los famosetes, logra ofrecer algo interesante. Pero claro.

Así que cuando llegas a Stretch Armstrong & the Flex Fighters (USA) no te extraña anda. Al fin y al cabo es el estirar el plástico en estado puro. y si además han llegado a esto en un acuerdo con Hasbro y el resultado parece que ha contratado una animación que les ha salido a devolver… pues esto es lo que nos espera en las series infantiles en Netflix, me temo.

Y terminamos con la última decepción de la semana: There’s… Johnny! (USA) tendría que haber sido una serie sobre las bambalinas del Tonight Show. En lugar de eso tenemos otra serie de cultura pop nostálgica con un joven señor vainilla intentnado que empaticemos con la obra y el lugar -y con la mujer fuerte que había ahí y que blablabla- pero sin ofrecer a cambio nada que no se hubiera podido localizar en practicamente cualquier otra época y lugar. A ratos incluso se puede fantasear con que el desastrito de I’m diying up here y esta intercambiaran escenas, a ver si alguien notaba el cambio. En fin. A ver si la semana que viene mejora esto.


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