¡Pilotos Deathmatch! Deception, Rise y más

Semana floja de pilotos que, supongo, podría haber sido peor. Por ejemplo, Deception (USA) es una variedad de uno de mis favoritos: Mago resuelve crímenes. El problema -por decirlo de alguna manera- es que están muy claramente inspirados en la tendencia el excéntrico asesor y el atractivo agente que le acompaña y casi se podría decir que intenta recuperar lo que tenía Castle pero con menos luchas internas en su reparto. El problema principal llega entonces por comparación: Jack Cutmore-Scott, el protagonista de esta serie, no es Nathan Fillion. ¡No es ni Simon Baker! Ya está bien de intentar que triunfen como protagonistas instantáneos actores que son simplemente aceptables. Que en otro tipo de serie lo mismo no habría problema, pero es que aquí tiene dos problemas, el primero es que se lo come con patatas TODO el reparto de secundarios. Desde la que probablemente sea la menos interesante, su agente que le acompaña  -que de verdad este encargado de casting alguien me lo explique- Ilfenesh Hadera, a sus ayudantes Justin Chon -uno de los asistentes técnicos- y Lenora Crichlow -la productora-, pasando por el resto del equipo policial, Laila Robins -la jefa- y Amaury Nolasco -el ayudante-, pero, sobre todo, Vinnie Jones como jefe de creación de los trucos. Lo que significa, además, que hay un montón de gente por medio. Tres en el Team Policía y cuatro en el de los Magos. Más incluso, porque el otro problema de Cutmore-Scott es que digamos que es más Sarah Michelle Gellar que J. K. Simmons. Así que, resumiendo: Tenemos una serie con un protagonista poco capaz y un grupo de secundarios extenso para unas tramas que esperemos sepan llevar adelante, sobre todo porque el arco de temporada que nos presentan es un churro monumental. ¡Todo son buenos presagios! Pero, en fin, siempre hacen falta series para tener de fondo.

En cuanto a For the People (USA), es tan mecánica que me extraña sobremanera que sea de Shondaland. Mucha cosa de abogados jóvenes y blablabla pero es todo tan rutinario y predecible que parece una serie creada antes de que David E. Kelley empezara a escribir guiones de televisión. En fin, una cosa inesperadamente blanda.

Hablando de series que ya hemos visto mil veces, parece que la apuesta actual de Netflix, además de los sospechosos de abusos, son cualquiera serie de o con adolescentes que pudiera acabar dando la campanada. Esta vez tenemos un acercamiento ligeramente más diverso gracias a On my Block (USA) y… pues bueno, pues vale, pues otra historia de adolescentes con una vida complicada. Por lo menos intentan meter ese poco de originalidad, aunque incluso con esa diferencias parece que han cogido el libro de los clichés hispanos para elegir las tramas y definir los personajes. En fin.

Lo bueno de Rise (USA) es que solo tiene dos puntos negativos. Lo malo es que son el showrunner y el protagonista. Si os da la sensación de que la serie está intentando ser la versión Friday Night Lights de GLEE! no estaréis muy lejos, Jason Katims puede no ser Peter Berg pero sí que fue uno de los responsables de la primera serie. En cuanto a la segunda… Tampoco es Ryan Murphy, eso está claro. Lo que nos lleva al segundo problema, el protagonista. Que es un problema porque está vez no tiene a un Peter Krause o un Kyle Chandler para llevar al personaje. Tiene a Josh Radnor, que logra ser incluso más insufrible que en su anterior serie, incluso que el protagonista de la anterior serie de Katims, Pure Genius. Y es que si el actor no es capaz de hacernos empatizar con el personaje la misma construcción del personaje da ganas de colgarlo de un un árbol. Y aquí volvemos a tener dos problemas: El primero es que se nos suelta un Basado en hechos reales que debería ponernos ya sobre aviso, pero que no nos prepara para cuando intentamos descubrir que gracia tenía todo esto y nos encontramos con que el padre de familia que Radnor interpreta está basado en un profesor real. Uno que salió del armario hace ya años. Lo que pasa es que al showrunner le parece que es mejor explorar eso en otros personajes, eh, está muy comprometido con la causa LGBTQIA+ siempre y cuando eso no signifique reflejar cómo era realmente la persona en la que se basa la serie cuando pone el letrero de Basado en hechos reales. Es decir, siempre y cuando no sea el protagonista ni el personaje con el que el creador se va a identificar. Y esperad al segundo problema: Es la historia de un señor blanco mediocre con complejo de salvador en un mundo en el que eso significa comportarse como un mocoso malcriado al que le permiten todo. Durante el piloto el personaje de Radnor hace que le quiten el puesto de responsable del grupo teatral a una profesora veterana, activa, que no sólo sabe lo que hace sino que cuando enseña a los chavales lo hace en el escenario en lugar de quedándose a un lado a dar instrucciones y que, además, no sólo es mujer sino que es hispana. Una maravillosa Rosie Perez que no solo echa unas miradas de repulsa a Radnor con las que sí que es fácil empatizar, además sirve para tener al menos una actriz a la que aferrarnos, menos mal. Porque esa es la cosa, mucho de lo que hace Radnor, de quitarle el puesto a Perez a decidir que en lugar de Grease se interprete Spring Awakening -que desde un punto de vista de elección de musical es muy lógico, pero a priori menos rupturista de lo que nos quieren vender. Salvo, por supuesto, que las innumerables versiones de high school que se encuentran en internete las representen en la clandestinidad, pero vamos a suponer que viven en el pueblo de Footloose igual que su desastroso manejo temporal hace que podamos llegar a suponer que es el de Brigadoon– a decidir por su cuenta y riesgo llevar a su familia al abismo, incluyendo prometerle a su mujer que va a hacer cosas que ya en el piloto incumple, podrían haber sido arregladas si en lugar de copiar cosas de GLEE! -incluido el chantaje para que la estrella del equipo de fútbol se una al grupo, que de verdad ya podía haber sido un poco más discreto- hubiera tomado notas de cómo se organiza aquello: El club estaba en manos de un tipo vamos a decir que poco aconsejable, así que el apartarle del puesto se nos muestra como una mejora -sobre todo porque se nos muestra como un traficantes de droga y casi acosador, nada menos.-  Y no se le ocurre quitar a la estrella por ver qué es lo que pasa. Y su mujer nos deja muy claro que pasa de él, no hay niños, así que no hay inocentes que vayan a sufrir. Parece mentira que un personaje tan insufrible como el de Matthew Morrison se vea mucho mejor en comparación. Claro que Morrison llevaba toda una carrera en musicales en Broadway y Radnor ha hecho… bueno…estuvo en una versión En concierto de una obra que acabaría abriendo años después con Zachary Levi ocupando su papel. Así que aquí tenemos otra vez esa idea mesiánica de Katims de un salvador e inspirador que es auténticamente insufrible. El resto del reparto se mueve de lo inane a lo aceptable, pero supongo que no hay muchas más oportunidades de ver musicales en televisión. Que es lo único que hace medianamente sobrellevable a esos dos cretinos. Así que a partir de ahí ya es cuestión de elegir, porque al fin y al cabo son solo dos puntos negativos en el total. Ahora, vaya dos. En fin.

Terminamos este espanto de semana con Star Falls (USA), una serie de Nickelodeon notablemente floja sobre todo en su muy sobreactuada protagonista. El resto es lo que uno esperaría de una serie de esta cadena pero con un tono especialmente impostado en todo, hasta lograr una obra que su público tendrá pero que resulta muchísimo más artificial de lo que estamos acostumbrados a verles. En fin.


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