¡Pilotos Deathmatch! Jack Ryan, Paradise PD, One Dollar y Bodyguard

Tantos meses y tanto dinero gastado en que este Jack Ryan (USA) fuera esta-vez-sí-que-sí la Gran Serie de Amazon para cometer el error táctico de estrenarla a la vez que anuncian que duplicarán el precio del acceso a sus series. Error doble porque malo es recordarnos una vez más lo mucho que gana su señor jefe y cómo tratan a los curritos -a fuerza de lo cuál alguien probablemetne acabe haciendo algo, supongo, quizá- y porque, yo qué sé… por lo menos que la serie valga la pena. El dinero está, eso sí. Se ve. Se ve mucho. Pero el problema principal de los libros de Tom Clancy, esos mamotretos puro ’90s que siempre andan necesitado de un buen recorte para funcionar como con el Octubre Rojo, es que confundir apelotonar sucesos con tener acción es casi tan letal para la paciencia del espectador como su idea de lo que es la parte de no-acción. Tampoco es que el resultado sea desastroso, que va, no es una de esas obritas a las que Steven Seagal se dedica ahora. Es mediocre. De esa mediocridad rotunda y cromada, casi sopesable, que tanto gusta a los estadounidenses en su exaltación del espíritu nacional. Supongo que con ellos les servirá -y ni eso tengo claro-, o con el que busque algo que ponerse de fondo durante las cabezadas. Desde luego a mi que no me esperen.

¿Recordáis esa auténtica basura que era Brickleberry? Pues los creadores, quitándose de por medio a Daniel Tosh, han sacado ahora en Netflix la auténtica basura que es Paradise PD (USA). Tiene mucho mérito que un Tosh más o menos no haya influido en la media de calidad. Pero, claro, si el nivel es tan ínfimo, en el que lo mejor es la animación porque es lo único empeorable, puro reciclado de chistes mediocres y clichés estúpidos por gente que ha visto Padre de Familia y ha creído que era fácil de hacer, sin darse cuenta de que incluso el nivel actual al que las producciones de MacFarlane se han acomodado viene de tener unas ideas y haber sido capaces durante una buena temporada de ofrecer algo distinto. ¿Que por qué Netflix sigue estrenando estas cosas? Yo ya me he quedado sin ideas. Supongo que su estrategia de dominación mundial pasa por sacar muchas cosas hasta que acaben acertando por volumen ya que no por decisiones ejecutivas.

La apuesta curiosa de la semana es esta One Dollar (USA), una historia que toma como excusa un billete de dolar para justificar el cambio de punto de vista cambiante para lo que, detrás de este recurso de forma, es otra de esas historias de asesinatos en pueblecitos llenos de secretos, etc. John Carroll Lynch como protagonista teórico -lo de los cambios de narrador que decía antes, el primer capítulo, por ejemplo, seguimos a Philip Ettinger– y un reparto sólido con algunas caras conocidas. Hay que darle tiempo -claro que hay que darle tiempo, con este tipo de premisas- pero no es mal inicio. Confiemos en que no se quede todo en un truco.

Reconozco que cuando vi que la BBC sacaba Bodyguard (UK) me temí lo peor solo por el título. Luego vi que era un nuevo thriller político de Jed Mercurio y mucho mejor. Por la parte de thriller, porque aún recuerdo cuando a Mercurio le dio por adaptar Lady Chatterley’s Lover. En este caso comenzamos con veinte minutos de tensión que demuestran tres cosas: que estamos ante una historia que va a jugar con los nervios del espectador (obvio), que lo va a hacer metiéndole un fuerte mensaje político que podremos encontrar más o menos discutible (que tampoco es que sea muy original) y que no tiene problemas en soltarte veinte minutos en algo que tiene solo relativamente algo que ver con la historia principal. Muy propio. A partir de ahí la mezcla y tensión de los problemas políticos y personales, de las actuaciones pequeñas a los grandes momentos de sangre y violencia, que suelen ir unidos. Todo eso y los viejos ‘mecanismos del poder’, de manera que lo que uno podría pensar desde el título es complicado, quizá no tan lejano pero sí afilado. Además, por supuesto, de magníficamente actuado. O, mejor dicho, magníficamente actuado por parte de Keeley Hawes, y magníficamente sub-actuado por parte de Richard Madden, en uno de los duelos interpretativos más interesantes de lo que llevamos de año -al final es casi una serie sobre dos personajes con dos docenas de secundarios, a imagen de otra de las grandes series (y relaciones) de este año, la de la BBCA Killing Eve– así que aunque estemos aún a mitad de la historia y haya en la serie un aire familiar a este tipo de obras británicas ya podemos decir que es una gran serie. Ahora que no la caguen con el desenlace.


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