¡Pilotos Deathmatch! Chernobyl, State of the Union y más

Magnífica serie esta Chernobyl (UK) que logra, además, algunas cosas inesperadas como poner a actores angloeuropeos en los papeles principales y que no intenten siquiera forzar el acento, o buscar una manera de contar lo que ya sabemos de una manera que pueda sorprendernos aún. Cosas ambas que logra con facilidad y cierta gracia. No era, desde luego, lo que esperaba de una serie que podría haber ido a unos mínimos y que, sin embargo, ha decidido atacar con todo. Confío en que mantenga el nivel.

Es una lástima que este Mr. Black (AU) se quede a medias, porque Adam Zwar suele ser un nombre a tener en cuenta con sus propuestas. Quizá sea solo porque el piloto funciona para presentar la situación y los personajes o porque el punto de partida es manido a más no poder, pero lo cierto es que esta historia de un tipo bastante insoportable decidido a romper la pareja de su hija mientras impone su presencia a, básicamente, todo el mundo está lejos de funcionar como historia antes que como recordatorio de otros tiempos. Y no es que los actores no intenten vendérnoslo, es que, me temo, desde según qué temas tampoco se puede llegar mucho más lejos. A ver si la siguiente.

Este Night Pigeon (USA) es el intento de Comedy Central de ofrecer una parodia superheróica desde un punto de vista afroamericano y el resultado es… digamos que desigual. Para un sketch puntual aún podría valer, pero como serie por si misma acaba convirtiéndose en repetitiva pese a tener una duración relativamente corta. A su favor decir que al menos lo han intentado. Quién sabe, quizá en otra ocasión.

A veces sospecho que en Netflix tienen un botón para cuando han comprado algo que funciona y quieren explotarlo a tope. Eso explicaría The Society (USA), una serie que con un punto de partida quizá no muy original pero al menos sí algo distinto -la desaparición de los ‘adultos’- y un obvio intento de buenas intenciones -personajes diversos que incluye el uso de lenguaje de signos, por ejemplos- pero que al final acaba en lo de siempre de las series adolescentes de mucho drama por quién está con quién, tonteo con sustancias, amor fogoso y blablabla. En lugar de que eso sea lo accesorio acaba siendo lo principal y, claro, tienes otra de esas series de Netflix de jovencitos guapos que, por ridículo que parezca con ese tipo de punto de partida, resulta indistinguible. ¡Aunque por lo menos a estos se les entiende cuando hablan!

Ya no sé por cuál de los libros de Philippa Gregory seguimos, pero The Spanish Princess (USA) sigue los modos, maneras y esquemas de las anteriores. Rica reconstrucción histórica -nunca sabré hasta que punto cercana a la realidad- e intrigas palaciegas arriba y abajo. Supongo que a estas alturas los espectadores saben lo que pueden esperar, tanto como lo que se van a encontrar.

Cerramos la semana con la muy agradable State of the Union (USA), que casi parece más un juguete por parte de los envueltos que una serie propiamente dicha. Porque estamos hablando de una obra creada por los guiones de Nick Hornby y la dirección de Stephen Frears, con un reparto igual de mínimo cuyo centro son Chris O’Dowd y Rosamund Pike, y sí, hay más gente implicada pero se nota que son estos cuatros nombres los que mueven el cotarro. A partir de ahí una duración igualmente mínima, que uno esperaría más de una webserie, en la que vemos las charlas de una pareja antes de entrar a terapia. Emitida en el curso de esta semana, a razón de dos entregas por día, podemos discutir muchas cosas sobre ella -quizá en su calidad sea en lo que más rápidamente nos pongamos de acuerdo- pero está claro que se ha hecho pensando en que sea un pequeño acontecimiento y, como tal, más que una farsa es una fiesta. ¡Todo ello motivos para disfrutarla!


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