¡Pilotos Deathmatch! Summer of Rockets y más

Las series de verano suelen ser ligeras y buscar una cierta complicidad en su público, en el caso de Blood & Treasure (USA) no parece muy interesada por ir mucho más allá. Así que es de suponer que por estúpida que pueda sonar la premisa -un abogado experto en antigüedades antiguo agente del FBI y una ladrona de arte que comparten un pasado común luchan por todo el planeta contra una organización terrorista secreta o algo así- es de suponer que era precisamente eso lo que querían lograr. Y, en ese caso… Nada que objetar. No es lo mío, pero yo qué sé.

Dentro del género tan británico de las recreaciones más o menos históricas en Hatton Garden (UK) han apostado por un ‘golpe’ que fue bastante sonado. Pero, lamentablemente, no parecen haber apostado más que por eso. Bueno, y por un nivel de reparto aceptable, porque tampoco parece que fueran a ir mucho más. No es que sea un mal relleno tanto como que es fundamentalmente relleno.

Cada estreno de Stephen Poliakoff es una oportunidad de ver algo ligeramente diferente en la televisión. En el caso de Summer of Rockets (UK) -con una base que parece tener algo de biográfico- estamos ante un drama de guerra fría y suspense, o al revés, quién sabe. Lo importante es que las actuaciones son estupendas, mención especial para una Keeley Hawes que parece estar en racha, y la trama lo suficientemente interesante dentro de su rareza habitual como para querer saber por dónde van a continuar. Por algo es la gran novedad de esta semana.

Es difícil entender What/If (USA) más allá que como vehículo para el lucimiento de Renée Zellweger. Posiblemente es lo único que salva de la absoluta mediocridad a la serie. No es que la propulse, pero al menos hace que el delirio subsiguiente de su pasadísima de rosca interpretación resulte lo suficiente animado como para pasar por alto el pansinsal que tiene por guión. Una lástima, porque si el guión de Mike Kelley hubiera estado a la altura el locurón resultante hubiera valido la pena. Ahora… bueno. No es peor que el ruido blanco.


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