¡Pilotos Deathmatch! «Betty», «Upload» y más…

Resulta interesante esta Betty (USA), la primera de las novedades de esta semana que derivan de una película, en este caso de Skate Kitchen, una película que ya creara Crystal Moselle y en la que participaron sus cinco protagonista. Si digo que la serie va de un grupo de jóvenes que intentan mantenerse en el mundo del skate neoyorquino posiblemente solo daré una valoración general del trasfondo, porque lo cierto es que con su estilo pseudo-documental y su enorme empatía con los personajes demuestra que se pueden hacer más historias sobre jóvenes que dramas de instituto. El tono general es muy de aventuras adolescentes y todo lo que va añadiéndose en cuanto a la raza, sexualidad o género por parte de las protagonistas de esta historia son añadidos que suman a una historia general. Así que una serie que ni por ambientación ni por temas parecería tener nada que pudiera interesarme me logra ganar gracias a su corazón y estilo. Que, al final, es lo que hace falta.

El primero de los estrenos que se sirven de unos ‘cinco minutos en el futuro’ para hablar de nuevas formas de vida tras la muerte es Code 404 (UK), aunque en este caso estemos más cerca de Mortadelo y Filemón que de una creación con reflexión en su fondo. Porque es la excusa perfecta para convertir a un superagente en un desastre cuya desastrosidad deben esconder por… por… a saber qué… El resultado no logra funcionar demasiado ni como comedia ni como policíaco. A ratos, si acaso, está más cerca de una de esas La mejor comedia francesa del año. Salvo que estos son ingleses. Pero bueno. Eso. Qué le vamos a hacer.

Es un tanto complicado -y sospecho que no muy promocionado por eso mismo- explicar cómo ha acabado Netflix estrenando un spin-off en forma de serie de una película de Sion Sono. De Sion Sono la película –The Forest of Love, uno de los proyectos de Netflix por captar directores de culto- y, en teoría, también esta serie que a ratos parece remake en un nuevo contexto y reparto de la primera y en otros momentos parece paralela a ella o solo en el mismo universo. En cualquier caso en The Forest of Love: Deep Cut (O) (JP) nos pasa como en la película de la que sale: no es que sea el mejor Sono pero es un Sono, así que si sabemos lo que nos espera y nos gusta podemos ¿disfrutar? de una serie que, con todos sus altibajos, parece muy cercana a su autor. Por entendernos mejor, ocurre con esto como las series de TV que le ‘dieron’ a Fulci. Difícilmente se defenderán como lo mejor de su autor pero el ‘riesgo’ y la ‘rareza’ están ahí. Ojalá Rollin o Franco hubieran tenido la oportunidad, incluso aunque hubiera acabado siendo con estas limitaciones y este resultado.

Dentro de las locas iniciativas del confinamiento está este -sospecho que largamente sopesado- regreso a Fraggle Rock: Rock On! (USA) que en Apple han usado para hacer cortos por videoconferencia para ir entreteniendo a la chavalada. Es, muy obviamente, una recuperación alejada de lo que fue pero al menos puede servir para la juventud actual. Y, si funciona… Ya veremos.

Las cosas de Ryan Murphy siguen llegando a Netflix, esta semana toca Hollywood (USA) que tira por el lado más mitómano de Murphy y si bien tiene sus habituales problemas de dispersión también resulta menos afilado y más… amable, si tal cosa se puede ser, que en otras ocasiones. Vamos, que para la mala leche que se suele gastar aquí estamos bastante más cerca de las películas nostálgicas sobre el pasado del cine que han hecho estos últimos años otros directores independientes de renombre que de la propia mirada no ya de un Cautivos del mal sino, directamente, de su propio Feud. Pero, como siempre, el que tiene tablas flota y aquí lo que sale es una mezcla encantadora, casi como de tienda de recuerdos.


A estas alturas sospecho que ya habéis notado que ha sido una semana más que movida en los estrenos de Netflix. Si, además, hubieron logrado una calidad media… En fin. Esta vez toca la que realmente ha sido su gran apuesta internacional para la semana: Into The Night (O) (BE) Una especie de drama de corte pseudofantástico belga que si tiene que recordar a algo me temo que es a las películas de la SyFy en su globalidad (más Airplane vs. Volcano que algo medio digno como Altitude, también os diré) y a la miniserie de Langoliers en su centro. No diré que la culpa total sea de la novela polaca que adapta porque la tontería de «hay que huir del sol» es más habitual de lo que parece, pero entre que de aquella había poco que rascar y que lo que hacen con ese poco es, en el mejor de los casos, pura rutina acaba teniendo un resultado que se quiere thriller psicológico de personajes con un fondo fantástico y que suena viejo desde incluso antes de que empiecen con las tonterías. Vale, no llega al nivel de aburrimiento y catecumenismo de Left Behind, pero cuando tu referente más cercano es Turbulent Skies y no para mejor… Espero que los belgas tengan mejores ideas para sus próximas series.

En cuanto al Never Have I Ever (USA), la nueva serie en usar esa atemporalidad pocha de que la gente viva y vista como en el pasado pero use recursos actuales cuando les venga bien, el resultado es desigual. Como su reparto. Da la sensación de que esta serie -la juvenil de turno de esta semana en Netflix– lucha entre ser el más de lo mismo de la semana sobre adultizar y cumplir los tópicos juveniles -que es lo que gana las más de las veces- y algunos pocos destellos de calidad en los guiones que funcionan mejor cuanto mejores son los autores que tocan en suerte. Con un reparto al nivel de sus mejores participantes esto podría haber salido muy otro, pero entre que aquí hay de todo y que muchas de esas ‘estrellas invitadas’ parecen estar más pasando a saludar por ser amigos de la productora que decididos a hacer un trabajo continuado en la serie. En fin. También podría haber sido peor.

Estreno de la BBC que parece que compartirán con HULU, y es que la novela de Sally RooneyNormal People (UK), ha sido una de esas obras bien valoradas, muy apreciadas y queridas. La adaptación mantiene los temas y hace los cambios habituales al pasar de un medio a otro. El resultado es muy adecuado. Quiero decir, teniendo en cuenta que a mí los melodramas me dan bastante lo mismo. Pero entiendo que la descripción de personajes y circunstancias, sobre todo las relativas a abusos y problemas mentales, intentan que se note una puesta al día frente al clásico novelón en algo más que la ropa. Yo no tengo intención de ver más que este piloto, pero supongo que a los fanes de este tipo de costumbrismo naturalista les entusiasmará.

¿Qué sentido tiene comprar los derechos de adaptación para hacer algo que se parece en prácticamente nada al original? Pues algo así me estoy preguntando yo con Summertime (O) (IT), una versión americanizada para bien y para mal del éxito de Moccia A tres metros sobre el cielo. Si os estáis pensando qué parecido hay entre esta y la película de Mario Casas ya os diré que es que hay motos, hay Italia y… quizá dos o tres temas más. Pero, por suerte, han limado todo lo problemático empezando por las edades y la violencia, hecho más integrador (dentro de un orden, claro) el grupo de personajes y homogeneizado todo a lo que vienen haciendo. Casi que el que más sufre en esta serie es el acento, da la sensación de que han importado actores sin comprobar primero si sabían hablar o no. O quizá es que en Italia también sufren de cristinarrotismo, quién sabe. En cualquier caso, el ser insípida no la hace recomendable, pero al menos no es tóxica. Progresos poco a poco.

Por un momento temí que Apple estuviera dispuesta a hacer la versión inglesa y americana de la misma idea, pero no, resulta que la anunciada Alabama de Imelda Staunton a este Trying  (UK) solo hay un cambio de nombre y actores principales, el resto -incluso el régimen de coproducción con la BBC– se mantiene. Y, como tantas otras veces, es más interesante esto que la obra en sí. Una de esas comedias con toques dramáticos sobre una familia que no puede tener hijos y decide adoptar, con todos los retos -nuevos y distintos- que eso conlleva. Así que la tradicional historia de pareja con sus problemas y retos y blablabla busca aquí una vuelta algo diferente. Pero no tanto, me temo, como para resultar realmente original.

Buen -al menos- inicio el de Upload (USA) que también parte de ‘La muerte no es el final, la técnica está para algo’ con una mezcla de ideas que tiene la ventaja de que van lo suficientemente rápido como para que las que no funcionen sean rápidamente superadas por las que sí, tanto como por la posibilidad de entrar en ella desde muchos puntos distintos: La comedia, la parte romántica, el comentario fantástico de esos ‘cinco minutos en el futuro’, e incluso una intriga que en la primera entrega se sirve de fondo pero que -como en People of Earth, de la que al fin y al cabo Greg Daniels fue también creador y a la que se parece más que a opciones más apriorísticas como San Junípero o The Good Place– sin duda está ahí y servirá para ir vertebrando el desarrollo de la temporada.

Todo vuelve, incluso Van Der Valk (UK), una serie inglesa que originalmente se produjo durante veinte años logrando un total de cinco temporadas y treinta y dos episodios. Ingleses, como os digo. En esta serie, con exteriores de Amsterdam por estar basado en una serie de novelas ambientadas allí pero de un autor inglés -insisto, ingleses- teníamos a un muy distintivo comisario, con un punto cínico y generalmente metido en asuntos más desagradables que solo un cadáver. Algo que la nueva serie ha decidido replicar en lo posible. Si antes se hablaba de sexo, drogas y corrupción aquí empezamos directamente con el auge del fascismo. También bastantes otras cosas. Lamentablemente no logra ser tan distintiva como la original, sobre todo porque meten algunos de esos tics modernos como el equipo de investigadores especialistas, y sin una buena forma de organizar de manera inteligente las tramas lo que tenemos es el cruce con la idea de policíaco de una franquicia estadounidense. Así que la parte interesante se ve lastrada por el clásico sabor a bollería industrial. Qué le vamos a hacer.

Terminamos esta semana llena de novedades de Netflix con una serie taiwanesa que, en realidad, parece que podría ser de casi cualquier lado porque The Victims’ Game (O) (TW) toca casi todos los palos clásicos del policíaco reciente: un policía de la científica sector forense que es muy bueno porque es asperger y que tiene una vida personal de mierda porque, mira, yo qué sé, se ve involucrado en una serie de misteriosos crímenes. A mí me dices que esto lo ha generado una Inteligencia Artificial y me lo creo sin problema. Pero con eso y todo resulta si no sorprendente al menos razonablemente sólido todo. Que, supongo, a estas alturas es ese mínimo que hay que pedir.