¡Pilotos Deathmatch! Drama Club y más

Es difícil explicar a veces lo bueno que tiene algo cuando se establece por comparación. Es decir, me ha gustado mucho el piloto de Drama Club (USA) pero se establece por una línea directa con Glee en primer lugar y con HSM:TM:TS, cambiando el optimismo de esta segunda por enormes cantidades de cinismo de la primera y dándole, además, un par de giros extra a lo que, al final, no deja de ser una serie clásica de Nickelodeon. Pero una con suficiente mordiente y, sobre todo, con un muy brillante reparto que sale, sospecho, de haber dragado en improv y similares. Desde luego que sus creadoras sean Monica Sherer y Madeline Whitby, conocidas también como MadMoni del programa web de sketches Betch, ayuda al conjunto a ir funcionando por escenas y en contraposición unos de otros a la vez que se crea una situación general con tanta historia de adolescentes y making of. Es solo el piloto, pero me ha dejado con ganas de ver si van a lograr mantener el nivel… o incluso subirlo.

Como su propio nombre indica. Esa sería mi reseña de The Irregulars (UK). Y sería una buena reseña. En el sentido de positiva. Porque en realidad hay más flojo que fuerte en esta serie. Sí, Londres y blabalbla, Sherlock y blablable, elementos sobrenaturales… y todo está hecho como sin cuidado, de cualquier manera, no hay forma de que interese demasiado o de verle el sentido desde luego a la parte sobrenatural pero, peor aún, a la parte detectivesca. Ojalá una versión de esta pero con Jack Thorne al mando. Y, a ser posible, alguien a quien le interese un mínimo el policíaco.

¿Cómo conseguir que algo que tiene ya casi veinte años -y al que se le nota cada uno de ellos, y unos pocos más- parezca incluso más desastroso? Pues haciendo una ñapa como Invincible (USA), que reúne todo lo rancio del cómic con ninguna de las mejoras que ofreció en su momento, cambios que estorban en el mejor de los casos y una producción que hace difícil creer que haya tenido presupuesto detrás. Si esta es la gran apuesta de animación de Prime no me extraña que crean que obligar a mear en una botella es un derecho laboral.

Reconozco que lo que The Mighty Ducks: Game Changers (USA) tenía que ofrecer estaba convencido de que sería contar otra vez lo mismo (con un poco de suerte obviando la serie de animación, claro) y lo cierto es que tenía razón y me equivocaba a la vez. Han mantenido todo lo fundamental en esa historia desde, por lo menos, los tiempos de Walter Mathau, pero han sabido crear unos enemigos ¿inesperados? y buscar el apoyo si bien no en sus intérpretes más jóvenes que vamos a dejarlo en correctos en los veteranos, recuperando a Emilio Estévez una vez más (al fin y al cabo es más sencillo justificar esta franquicia que Jóvenes Jinetes) y añadiendo a Lauren Graham como auténtico motor y corazón (y por lo que veo, productora) de este asunto. El resultado es más reconfortante que brillante, pero quizá esa es precisamente la finalidad de lo que se nos cuenta. Puede que no tenga mucho con lo que sorprender pero sí que sabe hacer uso de todo lo que tiene para resultar entrañable.

Por su parte Navillera (O) (SC) demuestra cómo hacer bien las cosas sencillas puede ser casi tan complicado como hacer sencillas las cosas complicadas. Y es que esta historia tiene elementos clásicos y básicos (una persona enamorada por el ballet, otra con mucho potencial pero que no sabe si podrá cumplir su teórico destino, momentos melodramáticos familiares…) que se hacen con gusto, con un reparto encantador que tira de todo lo entrañable. Así que, bueno, quizá no sea una revolución pero sí que es un lugar agradable en el que permanecer.

Si alguna vez tengo la oportunidad de explicar lo que es un Trabajo Para Clase de Audiovisuales creo que usaré Paradise City (USA). Nada menos que un spin-off de una película que ya de por sí estaba solo a un filtro de grano grueso, blanco y negro y slow-mo de ser tan intenso que se iría a su habitación dando un portazo diciendo que el mundo no le entiende. Al final lo más interesante que se puede decir de esta serie es que ha tenido suficientes problemas en su producción como para que a alguien le pueda interesar esa historia, que al menos tiene giros inesperados, antes que la de ficción, que no tiene ninguno. También es cierto que si llamas a tu protagonista Faust estás dejando claro que no tienes mucho que disimular, sobre todo cuando queda cristalino que los contactos y los problemas vienen del mismo lado: Que tu padre fuera el director de Rocky. (Bueno, vale, también Karate Kid y demás éxitos, pero creo que queda claro el asunto). Total, que todo ese privilegio podría haberse usado para algo interesante. En su lugar tenemos esto. Si queréis verlo -allá cada uno- sólo os digo que la parte ‘fantástica’ es incluso más lamentable que la ‘musical’. Y parecía difícil. Líbrenos la industria de los pijos, o de los pijos de la industria.


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