¡Pilotos Deathmatch!

Vaya mierda de semana en las series, pero empecemos por el principio. Con American Rust (USA) siendo un ejemplo de meter a gente de la que se espera un mínimo de talento a seguir un guion que parece sacado directamente desde los setenta. Malo es que se repitan las series tan fácil, peor es que los americanos sean incluso más tendentes a la reiteración que los británicos. Y mira que parecía complicado. En fin, que sí, que es tan más de lo mismo que posiblemente en algún momento pares para comprobar que no estés volviéndote a ver algo que ya te empezaste hace un par de temporadas. O de décadas.

Pues han vuelto los Rafters, o como dicen los australianos, Back to the Rafters (AU). Para quien no lo recuerde -aquello comenzó en 2008 así que creo que lo que dije sobre ellos quedó en la primera encarnación de estos ¡Pilotos Deathmatch!– no dejaba de ser una variación de la clásica comedia familiar que en España era algo así como Por fin solos. El resultado es una serie cómica clásica y que se apoyaba en sus actores, que al final supongo que es lo que importa. Y esta decisión de traerla de vuelta, tras su cierre en 2013, busca repetir exactamente lo mismo. Y, bueno, si alguien quiere una serie de humor familiar y básica… sirve. Pero eso, son los Rafters, no los Moodys.

Basados en lo que yo llamaría unos libros para aprender inglés, Biff and Chip (UK) se supone que es una serie infantil, pero estoy convencido de que en realidad una creación pensada en vender en versión multimedia.

Seguimos con la cosa esa del boom de la animación adulta, que probablemente acabe conmigo, con Chicago Party Aunt (USA) que es exactamente lo que parece. Bien es cierto que de la media docena de estilos dominantes no les han tocado el peor, tampoco el mejor. En general supongo que esto es… bueno. Es. Yo qué sé. Siempre ha habido animación adulta – bueno, en fin, siempre ha habido animación y le han puesto el cartelito de adulta para vender. A veces incluso había animación adulta.- y ahora solo están viendo a ver si por ahí sacan algo. Seré el primer sorprendido si eso pasa. Y, desde luego, no va a ser de aquí de donde lo haga.

Estoy intentando entender la forma en la que Viaplay funciona, supongo que algún año lo haré, de momento tenemos aquí uno de esos thrillers británicos en los que parece que el punto de partida, una mujer se despierta amnésica habiendo perdido un año de recuerdos y va descubriendo que algo pasó, es decir: Close to me (UK). Está bien de esa manera que los thrillers ingleses logran ser interesantes sin, en demasiadas ocasiones, destacar realmente. Da un poco la sensación de que ya lo hemos visto antes -lo de los amnésicos, de hecho, creo que no es ni el tercero en lo que llevamos de año- pero como lo ejecutan con un mínimo de estilo supongo que de fondo mientras planchas vale.

Malo es que una adaptación acabe en el Development Hell, peor es que después de un par de vueltas termine en televisión. Tal fue el destino de la que hubiera sido primero la segunda y luego la tercera película de Robert Langdon. De hecho, que el título original de la serie fuera Langdon en lugar del espantoso Dan Brown’s The Lost Symbol (USA). El resultado es, por supuesto, tan forraje como parece su título. No tengo muy claro por qué los thrillers que funcionan en libro van perdiendo fuerza a cada nueva adaptación pero, en fin, podrían haber decidido sacar una nueva versión del 50×15 así que supongo que esto ha mejorado algo.

En el segundo capítulo de que me mate la animación adulta The Harper House (USA) establece un sistema de versiones de marca blanca que son cada vez más blancas, hasta el punto de que ahora tenemos el equivalente a las galletas que hacen para las tiendas baratas imitando las de marca blanca de la marca conocida. En fin.

Supongo que aquí, en He-Man and the Masters of the Universe (USA), intentan la dupla de vender muñequitos y de sacar una versión animada para un público diferente. Así que quizá sea la vez en la que descubramos si compran más muñequitos los señores con crisis de la mediana edad o la chavalería. En cuanto a la serie, tiene buenas ideas y algunos momentos en los que queda bastante claro que la regla principal es el molonismo. Aunque, por supuesto, también se ve cómo se cimentan ideas que han ido poniéndose casi como pegotes en la continuidad oficial. Pues bueno.

No negaré que  Moonshine (CA) tiene cierto interés, pero la verdad es que sería más sencillo hacerle caso si decidiera si estamos ante una comedia familiar, un drama familiar, una película navideña/ cine de tarde, una de organización criminal cómica, una de organización criminal dramática o, al menos, media docena de opciones más. Supongo que habrá quien piense que es bueno que jamás sepamos ni nosotros ni los personajes en dónde estamos, pero lo cierto es que la confusión de tonos, estilos y personajes hace que sea menos una obra variada o de fusión y más un batiburrillo en el que ha habido una lucha por el alma de la serie y al final hemos perdido todos.

No se me ocurre nada bueno que decir de The Premise (USA), porque cuando no falla el punto de partida falla todo lo demás, a veces ocurre ambas, y en general parece que B.J. Novak, su creador, quiere demostrar que es muy listo sin serlo realmente. Imagino que a estas alturas tendrá ya aseguradas tres temporadas y un buen ramillete de nombres conocidos para ir apareciendo por esta serie antológica de episodios independientes, pero es más interesante para ver cómo funciona el pensamiento iluminado de cierto grupo estadounidense de creadores que como nada que tenga que ver con lo que son o lo que ofrecen.

Quizá alguien recuerde The Flying Doctors, una de esas series australianas clásicas fáciles de recordar porque su australianidad se veía en cosas como que los médicos tuvieran que ir de un lado a otro en avión para atender a la gente.  Fue razonablemente popular y ocupó como una década de mediados de los ochenta a mediados de los noventa, aunque en España -donde se llamó algo así como Médicos en vuelo, si mal no recuerdo- tuvo poco éxito. Bueno, pues resulta que el cuerpo real en el que se inspiraba ha servido para otra serie australiana: RFDS (AU). Que, a todos los efectos vuelve a The Flying Doctors pero actualizando temas, medios y tramas y quizá algo más de drama humano. Pero bueno, todo vuelve. Quizá el año que viene sea Valle Secreto.

No digo lo suficiente que no soy el público de gran parte de los estrenos. Quiero decir, es lógico no serlo, lo raro sería que lo fuera. Pero a veces a uno -a mi, vaya- me queda más claro el asunto. Esto es, viendo Scenes From a Marriage (USA) -serie basada en la película de Bergman que no tiene nada que ver con Matrimoniadas aunque pueda parecerlo- tenemos a dos muy buenos actores y un drama matrimonial. Que hace unas décadas era algo así como una subcategoría normal dentro de Drama y ahora ya no tanto. Pues ellos muy bien y muy guapos y todo eso pero yo me he aburrido lo más grande. Así que eso, intelectualmente puedo entender todas las decisiones y apreciar cómo las han aplicado, visceralmente no dejo de bostezar. No soy su público.

No tengo muy claro por qué este Squid Game (O) (KR) es algo que se ha hecho, pero se ha hecho sin duda. Con un piloto que expone a las claras por dónde van las cosas y mete el teórico giro para hacerlo todo más ¿escalofriante? Yo qué sé. Mi principal problema con ella es que si vas a mezclar mecánicas de Takesi’s Castle y de Battle Royal lo mínimo sería llevarte a Kitano, pero bueno. Que es exactamente lo que puedes pensar desde ya, que se regodea en la parte violenta -sin llegar a caer en el gore, por otro lado, muchos disparos y cortes y mucha sangre pero todos sabemos que esto podría haber sido mucho más casquería, que para algo hemos visto a los japoneses-, que da la sensación de adaptar As the Gods will -parece que no- o un manga -parece que tampoco- o… en fin, eso, que desde luego otras cosas se le pueden echar en cara… pero sabías a lo que venías. Así que cualquiera que siga tras el piloto está para lo que está. Porque el resultado se ve venir ya desde entonces.

Malo fue que cancelaran Kim’s Convenience después de haberla renovado, peor es que saquen un spin-off como Strays (CA) centrado en EL ÚNICO PUÑETERO PERSONAJE NO ASÍATICO DE LA SERIE. Que sí, que Gerald y Terence, pero nos entendemos. Y, por supuesto, Nicole Power hacía un magnífico trabajo en aquella serie que se trae en esta otra, siguiendo con ese estilo adorable y peculiar, una persona eficiente pero algo estrambótica y muy capaz de liarla sin pretenderlo. Además, han buscado darle un reparto de secundarios lo más variado que han sido capaces. Pero las decisiones son decisiones y han sido tomadas, y es imposible no verlas. No sé si es el mejor momento para tomarlas, sobre todo teniendo en cuenta que iban a tener a una estrella de Marvel en la serie madre. Pero quien entienda algo de todo este proceso que me lo explique. En fin, eso, que Strays existe.

Rematando mi semana de soportar series de animación adulta con nada menos que [adult swim] y su Teenage Euthanasia (USA) que es todo lo malo que puedes esperar de la clásica sitcom familiar. Bueno, ellos creen que son muy edgies y rompedores y tal, pero yo no puedo más con estas cosas así que paso.

Efectivamente, en inglés Y se pronuncia de manera similar a POR QUÉ, así que podemos decir que Y: The Last Man (USA) es una serie como su propio título indica. También es cierto que puedes comprender que los showrunners fueran marchándose porque para cuando han logrado estrenar la serie -y por mucho que hayan intentando actualizar algunas cosas- ha quedado tan antigua, tan superada y tan innecesaria que solo el dinero que se han gastado en preproducción justifica que hayan llegado a estrenarla. Porque para este viaje no hacían falta las alforjas y todo eso. No es lo que tradicionalmente consideraríamos una mala serie, aunque solo sea porque eso significaría que tendría algo especial. En lugar de eso tenemos una distopía genérica con actores intentando salvar un conjunto mediocre y una trama que a fuerza de ser retrasada desde que el cómic se publicó entre 2002 y 2008 que ahora mismo me sorprende que no decidieran cambiar las ideas. Porque ya os podéis imaginar que algunas cosas no se ven igual después de casi veinte años. Arrollados por la vida como estamos, no le veo sentido a pasar del piloto.


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