¡Pilotos Deathmatch!

Bueno, pues parece que el giro de Netflix va dándolo como son ellos y ahora vamos hacia el True Crime antes que a las series de adolescentes o los de organización criminal, menos mal que hay un algoritmo detrás, que si no pensaría que todo esto van los bandazos de lo popular de toda la vida. Pero bueno, empezamos el repaso con 42 días de oscuridad (O) (CL) que tiene a su favor ser la primera serie chilena para el servicio de streaming. En contra tiene que a la familia no le ha hecho mucha gracia, y mira que desde Netflix aseguraron ser feministas y esas cosas. ¿La serie en si? Pues es más de lo mismo salvado por los actores, de hecho Pablo Macaya hace casi todo lo que puede para tirar del carro. Supongo que depende de las ganas de ver la historia, y ahí yo sí que no cuento. Vamos, no tengo intención alguna de verla entera.

Urgh. Este À La Carte (USA) tiene una pinta tan vieja que podría haber sido una serie de los años ochenta, un antecedente de Sex and the City o algo así. Muchos temas de siempre tratados como siempre y sin ningún aliciente para verla.

No entiendo en qué momento decidieron que True Crime con actor famoso -actriz, en la mayor parte de casos, en realidad- era lo siguiente de lo que se tenía que estrenar uno a la semana. La de turno es Candy (USA) y, sinceramente, podría ser la parodia del SNL de este tipo de cosas porque la peluca y las gafas de Jessica Biel podrían haber salido en No es otra estúpida película americana. Lo cierto es que sí que lo es. Sé que intentan jugar con la idea de que van a contarnos el por qué, el impulso criminal, y blablabla. Pero bueno, lo importante de esto es que podemos fingir que no existe, porque es la misma serie de todas las semanas.

La peluca de Claire Danes… perdón, no. Quería decir… The Essex Serpent (UK) es una serie interesante basada en un libro indudablemente interesante, que tiene a su favor que Apple está demostrándole al resto de servicios de streaming lo que es hacer una selección de series con mimo -y mayor o menor fortuna-, pero son los únicos que parecen hacerlo. De ahí que incluso series como esta, en las que hay algo de la BBC de toda la vida, tira más gracias a los actores principales y a una historia bien pensada pero con un problema principal: Necesita más vidilla. Un poco más de rapidez. En fin, sé que en las series de época no es siempre lo requerido, pero yo lo agradecería.

Voy a confesar que paré el piloto de Geulideu (O) (SC) para ver si me había puesto un trailer, un primer montaje o algo así. No puede ser que se pase los primeros ocho, diez minutos explicándote lo que está pasando y va a pasar con un infodump que haría palidecer a cualquier novela fantástica. El subrayado llega tan lejos que como a los quince minutos te sacan una definición en pantalla de lo que significa el título del mismo dentro del universo de la serie para que entiendas a qué se refieren. Como en el 18 ya hemos pasado a la actualidad, a un misterioso asesino. El asunto es que ni las idas y vueltas temporales, ni la tecnología, ni todas las idas y vueltas que nos trae la cosa esta y que parecen sacada de esa época en la que Lost había creado réplicas y teníamos un Flashforward casi en cada semana con mayor o menor éxito, siendo uno de esos extremos Persons Unknown. Y de verdad os digo que casi agradecería volver a estos últimos antes que seguir con esta mezcla de contar mucho pero no saber nada en la que nos han metido. En fin.

Para explicar esta serie turca, The Life and Movies of Erşan Kuneri (O) (TU), tendría que empezar explicando quién es Erşan Kuneri. Y lo único que se me ocurre es intentar explicarle a los extranjeros lo que pasaría si en Netflix decidieran hacer una serie protagonizada por un personaje recurrente de Fernando Esteso. Solo que aquí además hay un componente de metaficción. Y el resultado de la misma es… bueno… como encontrarse que Netflix ha decidido dar luz verde a El Sexólogo.

Carme con patatas, le dicen los estadounidenses a esto. David E. Kelley coge el abogado y corre, mucho mejor que en sus últimas series aunque sin la brillantez de las primeras, para sacar The Lincoln Lawyer (USA). Un agradable mixto de ‘caso de la semana’ y ‘caso gordo’ en el que las particularidades del personaje de Michael Connolly, -desde mi punto de vista más interesante como serie esta que la de Bosch– son más útiles por quienes tienen alrededor que por esa especie de tedmosbysmo de su protagonista principal, tan pan sin sal que uno echa de menos la versión de McConaughey. Por suerte hay algunos otros intérpretes, como Becki Newton, haciendo bueno esta serie de investigación criminal tan básica como agradable. Que quizá es lo que iba tocando por aquí.

De YT a las series infantiles, así es como funciona este Mimi’s World (UK) que nos ha traído Channel 5 a una de esas obras encantadoras con muñequitos, imágenes y todo eso. So charming, so sweet.

Una miniserie sobre un caso célebre, eso es lo que nos trae Oussekine (O) (FR), que supongo que a quien necesite indignarse con la policía por su manera violenta de tratar a la gente -especialmente a la gente que no se parece a sus jefes- le puede valer. Yo lo veo como otro Documentos TV porque, bueno, a estas alturas. Pero en fin.

Ojalá me hubiera gustado Savage Beauty (O) (SA), habla de muchos asuntos sudafricanos y de distintos problemas como las expectativas sobre las mujeres, la industria de la belleza y todos los alrededores de género que se os puedan ocurrir. Lamentablemente va todo muy lento, demasiado lento. Pasan cosas pero poco a poco. Demasiado poco, de hecho. Es decir, ocurren muchas cosas por capítulo a un ritmo de paseo. Cuando deberían ir rápido todo el rato. Si haces una telenovela lo mejor sería entender un poco mejor el formato. En fin.

Alguien pensó que era buena idea sacar algo de Barrio Sésamo y robots y supongo que para venderlo de muñequitos de las hamburguesas o algo así, Sesame Street Mecha Builders (USA)es el resultado de todo ello: Construcciones en CGI sin alma. Que espanto.


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