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Hay que reconocerle a los británicos la capacidad de convertir lo que podría ser un docudrama en un drama, lo demuestran especialmente en obras como esta Black Earth Rising (UK) que ha empezado a emitir la BBC Two y que sirve para mostrar los intríngulis de los juicios internacionales por crímenes de guerra. Lo que permitirá, además, hacer más temporadas si esta funciona. Y no tendría pro qué no hacerlo, es cierto que el centrarlo en África es irse un poco a lo más cómodo para un punto de vista angloeuropeo, pero al menos lo hace mostrando desde el principio las cartas. Veremos cómo evoluciona pero, cuanto menos, Hugo Blick parece decidido a hacer una serie más sencilla -aunque igual de efectiva- que The Shadow Line o The Honourable Woman. Y eso ya debería de ser una recomendación.

Con A Discovery of Witches (UK) nos encontramos con una producción inglesa que precisamente en eso que implica la recreación, efectos y demás logra ser brillante. La adaptación de los libros sufre de, pro supuesto, los problemas que ya tenían los libros que en buena parte venían de la saturación de mercado del sobrenatural con un algo de romántico y bastante de la sensación formuláica de unir un paso a la adultez y el descubrimiento de un mundo mágico oculto a los mortales. Lo realmente sorprendente es que hayan tardado tanto en hacerlo, pero en fin. Ya está aquí. Y si te gustan este tipo de historias presupongo que también esta te irá bien. Si no… bueno… está bien hecha, claro.

Entiendo que Netflix está haciendo esfuerzos por arreglar ese espanto que tiene por programación animada, y que quizá en alguna otra presentación The Dragon Prince (USA) hubiera podido ser una solución. Pero entre la colección de topicazos desplegada, el empezar con tres minutos y medios de infodump voz en off mediante -en una de las muestras más claras de pereza narrativa que he visto en años-, la animación correcta en un día benévolo, la notable ausencia de personajes femeninos entre tantísimo personaje masculino -sin duda un efecto secundario de las cruentar luchas- y, en fin, la sensación de que esto podría haber sido realizado por un programa de creación aleatoria de entornos y tramas… pues más les vale que sigan buscando algo que les funcione. Porque aunque sea posible colarle la cosa esta que querría ser Avatar o algo similar, pero no sabe ni por dónde empezar a intentarlo a unos niveles que sólo se me ocurre compararlo con la películas de Dragones & Mazmorras excepto porque incluso esta tenía aciertos de cuando en cuando… al final acaba siendo más parecido al guión de  Avatar, la película. En el sentido de que no parece que haya nadie especialmente interesado en él pero no queda más remedio que exista para lograr hacer pasta. E incluso en eso sospecho que se van a quedar con las ganas. Aunque, quien sabe, quizá haya superfanes de este tipo de historias trilladas, masticadas e incluso algo irritantes en su torpeza ombliguista. Quiero decir, tiene que haber gente para todo. ¿No?

Lo bueno de encontrarse con una serie tan encantada de haber conocido como The First (USA) es que sabes que en realidad tú das igual, ellos han tendio suficiente haciendo esto y estando seguros de que son la caña. Qué más dará lo que opinen los espectadores. La idea de que es un producto de prestigio dentro del campo de la ciencia ficción -pero que no lo parezca- te lo dejan tan claro desde el principio que no sé ni para qué malgastar el tiempo con esto. Tienen mucho más claro ese objetivo que cómo conseguirlo y, claro, con una situación así más vale que decidas rápido si vas a aceptar su palabra. Porque si no te espera un tedio más que notable mientras te cuentan una batallita que posiblemente hubiera estado bien… contada por cualquier otra persona de cualquier otra manera.

Es curioso esto de Forever (USA). Nos cuenta una vez más la historia de un matrimonio instalado en la rutina, el intento -sobre todo por parte de ella- de darle un meneo al asunto. La crisis que eso provoca. Y lo hace usando a dos grandes cómicos que limitan su tendencia a la sobreactuación a tope. El resultado es, finalmente, un análisis sobre el matrimonio, la rutina y la vida ordenada y, en segundo, una serie agradable. No muy inspirada ni, desde luego, original. Así que lo que intentan por un lado parece ser una defensa de lo otro. No es una mala serie, ni mucho menos.

*suspiro* God Friended Me (USA)… Creo que le he dado menos vueltas a algunos vegetales grisáceos en el plato. Es decir, sabes que no huele bien, que no sabe bien, pero que tienes que probarlo para poder quejarte con propiedad. Pues bien, con esto casi desearía haberlo dejado para desayunar, merendar, cenar de nuevo… Es todo lo que uno puede temerse de lai dea Un tipo que quiere hacer un podcast ateo recibe una invitación de facebook de Dios que le dice a quién tiene que ayudar. Lo peor de media docena de ideas distintas que ya se han hecho con mucho mejor tino antes. Y, lo peor, es que no tiene pinta ni de que vayan a poder construir algo interesante a partir de aquí en varios episodios.

Es difícil no reducir el comentario sonre Last Hope (O) (JP) a Po’fueno, po’fale’, po’m’alegro. Probablemente porque parece hecha rellenando un listado de tópicos del manga. En cinco minutos en el futuro estamos postapocalípticos y aunque tenemos la forma de hacer roboces gigantes también hay cosas que atacan a la humanidad probablemente por culpa de esta misma, por suerte el grupo de élite que se encarga de los roboces está decidido a protegerla aún a riesgo de sus propias vidas, y eso que son personajes muy distintos y con muchos problemas personales. Tan formuláica que en ocasiones parece su propia parodia -en serio, ¿qué le pasa a los pechos de los personajes femeninos?- supongo que no soy quién para juzgar esta serie porque, bueno, está muy lejos de tocar ninguno de los temas que a mí me interesan. Así que me limitaré a decir que no soy su público, pero que sospecho que tienes que estar muy metida en este tipo de esquemas repetitivos para serlo.

Muchas son las cosas que no entiendo. Sobre todo en lo que a la programación de Netflix se refiere. En concreto esta vez no entiendo Norm Macdonald Has A Show (USA), y no lo entiendo porque los últimos años se le ha dado distintas posibilidades de programa a Macdonald y no ha funcionando nunca, ninguna. Cierto es que en los noventa tuvo un buen momento, pero aquello creo que está bastante claro que pasó y que para cuando logra acertar es más por la persistencia que por la realidad. Pese a todo le han dado un programa. Y resulta que en él parece tener más libertad que en los anteriores… lo que significa que tiene aún menos idea de qué hacer o con qué finalidad hacerlo. No es que sea un mal programa, es que logra que lo tedioso de la divagación continua demuestre por qué es muy gracioso no sirve de gran cosa si no hay músculo para la improvisación detrás.

Debido a lo que solo puedo entender como una completa decisión de que todo el canal sería cerrado tras la venta a Disney y, por lo tanto, no merecería la pena esforzarse lo más mínimo en una programación mínimamente interesante, en FOX han decidido emitir Rel (USA). Que es algo así como al idea de sitcom que alguien tuvo en los ’90 con ideas de los ’70. Pero en viejo. Entiendo que si el cómico central te hace mucha mucha mucha mucha mucha gracia lo mismo puedes sufrir el piloto entero sin poner los ojos en blanco y clamar al cielo. En cualquier otro caso, no recomiendo a nadie que se acerque. Ni zapeando.

Por suerte también hay series como Strangers (UK), que sin duda confía en exceso en el carisma de John Simm y que ofrece una historia menos original de lo que podría ser deseable, pero que logra hacerlo efectivo precisamente con el manejo de esa estructura familiar y gracias en gran parte a su actor principal. Algo que en una semana como esta puedo aseguraros que se agradece. Sobre todo porque por lo menos así hay un motivo para estar interesado por cómo proseguirá la intriga de la serie. Algo es algo.

Dentro de las mil novedades habituales de Netflix llega otro de esos momentos de Parece que esto funciona fuera, fichémoslo a ver si con nosotros también funciona. En forma de Super Monsters Party (USA) Y… bueno… si te va los genéricos y no tienes demasiados problemas en soportar productos en la media supongo que puedes verlo. o algo.

Creo que lo único que puedo decir de You (USA) es que tratar de buscarle una parte buena a su estreno es toda una aventura. No es en absoluto inspirado y desde casi el principio se nos está telegrafiando lo que va a pasar. Se insiste en unos códigos de películas de ese mismo canal y, desde luego, se recalca con subrayador fosforito el problema del personaje principal… así que no hay nada mínimamente sorprendente y sí una cierta idea de que estamos viendo la adaptación de un libro que podría haber sido provocado por los telefilmes de este mismo canal dando lugar a un ciclo sin fin de autoalimentación. Así que si hay que buscar algo bueno sería… hummm… ¿que habla de una masculinidad tóxica? ¿Que demuestra un romanticismo falso que se nos vende desde los medios? Ni idea. Me cuesta, la verdad, decir algo bueno de este genérico.


Me hubiera gustado encontrar algo distinto, original, algo inesperado en Kidding (USA). Pero no. Es la clásica historia de descenso a los infiernos -mentales al menos- y de sordidez en un ambiente que intenta no parecerlo del enésimo señor padre de familia respetado y blablablalba. De hecho, diría que más allá de la rutina no hay nada que destaque para mal, igual que nada lo hace para bien.Un precocinado para el consumo de una audiencia que ha aprendido a esperar estas cosas. Creo que me voy a poner otra vez Death to Smoochy. Total, solo tiene algo más de quince años.

Hablando de negocios como de costumbreMayans MC (USA) logra ofrecer una versión mucho más calmada pero no por ello menos imparable, de las temporadas de la serie madre. Frente a aquella, que durante muchos años pareció necesitar una cierta sensación de urgencia, aquí empezamos con una puesta en situación que incluye, sí, momentos de acción o de violencia, pero no creados para causar esa sensación de necesidad sino, más bien, como parte de una rueda inevitable que va modificando la vida de aquellos a los que parece tocarle casi por azar. La presentación de personajes y actores demuestra las tablas, pero ninguno, ni siquiera el siempre grande Edward James Olmos, parece especialmente interesado en comerse la serie. Igual que no parece que la ‘bilingualidad‘ real vaya a ser un problema para los responsables de la serie, que lo mismo nos presentan a actores que hablan claramente el español como segundo idioma que ponen a otros que parecen estar siguiendo anotaciones de pronunciación sin saber lo que eso significa o dónde hacer las pausas. Y, por supuesto, sin que el resto del reparto responda a ello. En resumen, una serie agradable y bien hecha pero que necesita aún de rodaje y, sobre todo, nervio.

No tengo muy claro que tenían en mente HBO Asia y HULU Japón cuando decidieron dar luz verde a Miss Sherlock (O) (JP). No porque sea mala idea hacer otra adaptación más de Holmes, o porque haya problema alguno en meterlo en Japón o buscarle un giro. Antes al contrario, si algo han demostrado obras como Galileo o Detective Conan es que los japoneses están más que preparados para este tipo de ficción criminal. No. Tampoco el problema está en el cambio de género de Sherlock y Watson. El problema está en que parecen haber aprendido todo del personaje en la versión de Moffat, y deciden cambiarlo desde ella. El problema está en que los casos son bastante peor que rutinarios, cuando no abiertamente aburridos, y poco es lo que Sherlock tiene que hacer -no digamos ya decir- en ellos, por muy inteligente que pueda parecer lo que se nos muestra en ellos. El problema, en resumen, es que han creado una serie extraordinariamente genérica de misterio en la que han intentando meter a martillazos una nueva idea de lo que para ellos es Sherlock. Y, claro, aquello no funciona por ningún lado. Pero, en fin, al menos ya sabemos que HBO y HULU están dispuestos a hacer un Mystery. Ahora a ver si se ponen las pilas.

La BBC y sus cosas. No se me ocurre mejor manera de definir Press (UK), melodrama periodístico con alguna buena idea pero, fundamentalmente, de andar por casa. Con una historia principal entre dos rivales y no muy amigos, la cabecera The Herald y The Post. Que, a primera vista, son No-Me-Llames-The-Guardian y No-Me-Llames-The-Sun. A partir de ahí los conflictos éticos y persecuciones de trama esperables en una serie de estas características, con alguna sorpresa por el camino, por supuesto -la mayor, para quien esto escribe, es que el propietario de The Post diga que ya que tiene el tabloide para perder dinero al menos espera que se haga periodismo de calidad, colocándolo tan lejos de los Murdoch como es posible que un oligarca ficticio pueda estar- y dado que detrás de la serie se encuentra Mike Bartlett calculo que en dos capítulos más estarán en mitad de su caos habitual de mentiras y violencia. Mientras tanto, una serie para los espectadores aficionados al periodístico con actuaciones adecuadas en todos los casos aunque ninguna -ni siquiera la de Ben Chaplin, que es al que le dan más para jugar- especialmente destacable.

Yo entiendo que quieran sacarle todo el dinero posible a una idea, pero lo cierto es que la serie de The Purgue (USA) parece un exploit desganado, más por la rutina de tener la posibilidad del dinero que porque haya algo que piensen que contar, que no puedan contar en películas o quieran abordar de otra manera. No es que yo sea especialmente fan de la idea original, pero esto huele a Kampamento Krusty a kilómetros. Hasta el punto de que visto el piloto y lo que en él se propone se me han ocurrido varias maneras distintas de aprovechar la premisa. Que, obviamente, no están aquí, más preocupada por seguir con la ‘brillante idea’ que por ofrecer cualquier otro tipo de historia interesante. En fin, hacer pasta tiene estas cosas.

Hablando de hacer dinero. Qué curiosa esta miniserie adaptando The Truth About the Harry Quebert Affair (UK). Que curiosa porque con tanto como se podía haber mejorado de la obra original parecen tomar las decisiones de centrarse en un aspecto de la misma y obviar en lo posible lo demás. Las actuaciones son comedidas –Patrick Dempsey está bastante fuera de cualquier aproximación a su personaje que se me ocurra, pero entiendo que la serie buscaba un nombre conocido y que él buscaba trabajo- para el buen nivel medio de los actores, posiblemente el que mejor está sea Wayne Knight que aprovecha a tope un papelito, pero, en general, todo deja con la idea de estar haciendo algo que se pueda emitir una tarde de fin de semana antes que la idea de pulir una novela que fue un superéxito en Europa pero que necesitaba un editor. Y si esto pasa con los primeros capítulos a saber qué nos encontramos en la parte que más necesitada estaba de alguien que la pusiera en orden. En fin.

Siempre es agradable ver que se acuerdan las adaptaciones de Thackeray, y pocas obras parecen más adecuadas para ello que esta Vanity Fair (UK). Sí, además, se permite que la actriz principal transmita tanto disfrute como Olivia Cooke parece estar teniendo, que sólo le falta romper la cuarta pared para confesárnoslo pues ya el resto de cosas, de la tradicional cuidada producción de las cadenas inglesas –ITV en este caso- a la buena selección de actores ingleses, queda en un agradable segundo plano. Incluso cuando haya ocasiones en las que el intentar resumir estilo y trama se haga algo abrupto.

Terminamos la semana con una oportunidad perdida. Otra. Porque Wanderlust (UK) se supone que es una obra sobre sexualidad pero acaba quedando a medio camino ente una de aquellas películas educativas de los setenta que tenían muy claramente una agenda, y entre la necesidad de mostrarse modernos. No como Cucumber/ Banana/ Tofu, por supuesto, sino, digamos, como Somos padres enrollados. Toni Collette y Steven Mackintosh hacen lo que pueden con lo que tienen. Y todos los actores, de Joe Hurst en adelante, están agradables en sus papeles. Pero, sencillamente, no funciona. Ni el interés por los personajes, ni la didáctica que nos venden ni, desde luego, lo que intentan que pase por trama.


Tantos meses y tanto dinero gastado en que este Jack Ryan (USA) fuera esta-vez-sí-que-sí la Gran Serie de Amazon para cometer el error táctico de estrenarla a la vez que anuncian que duplicarán el precio del acceso a sus series. Error doble porque malo es recordarnos una vez más lo mucho que gana su señor jefe y cómo tratan a los curritos -a fuerza de lo cuál alguien probablemetne acabe haciendo algo, supongo, quizá- y porque, yo qué sé… por lo menos que la serie valga la pena. El dinero está, eso sí. Se ve. Se ve mucho. Pero el problema principal de los libros de Tom Clancy, esos mamotretos puro ’90s que siempre andan necesitado de un buen recorte para funcionar como con el Octubre Rojo, es que confundir apelotonar sucesos con tener acción es casi tan letal para la paciencia del espectador como su idea de lo que es la parte de no-acción. Tampoco es que el resultado sea desastroso, que va, no es una de esas obritas a las que Steven Seagal se dedica ahora. Es mediocre. De esa mediocridad rotunda y cromada, casi sopesable, que tanto gusta a los estadounidenses en su exaltación del espíritu nacional. Supongo que con ellos les servirá -y ni eso tengo claro-, o con el que busque algo que ponerse de fondo durante las cabezadas. Desde luego a mi que no me esperen.

¿Recordáis esa auténtica basura que era Brickleberry? Pues los creadores, quitándose de por medio a Daniel Tosh, han sacado ahora en Netflix la auténtica basura que es Paradise PD (USA). Tiene mucho mérito que un Tosh más o menos no haya influido en la media de calidad. Pero, claro, si el nivel es tan ínfimo, en el que lo mejor es la animación porque es lo único empeorable, puro reciclado de chistes mediocres y clichés estúpidos por gente que ha visto Padre de Familia y ha creído que era fácil de hacer, sin darse cuenta de que incluso el nivel actual al que las producciones de MacFarlane se han acomodado viene de tener unas ideas y haber sido capaces durante una buena temporada de ofrecer algo distinto. ¿Que por qué Netflix sigue estrenando estas cosas? Yo ya me he quedado sin ideas. Supongo que su estrategia de dominación mundial pasa por sacar muchas cosas hasta que acaben acertando por volumen ya que no por decisiones ejecutivas.

La apuesta curiosa de la semana es esta One Dollar (USA), una historia que toma como excusa un billete de dolar para justificar el cambio de punto de vista cambiante para lo que, detrás de este recurso de forma, es otra de esas historias de asesinatos en pueblecitos llenos de secretos, etc. John Carroll Lynch como protagonista teórico -lo de los cambios de narrador que decía antes, el primer capítulo, por ejemplo, seguimos a Philip Ettinger– y un reparto sólido con algunas caras conocidas. Hay que darle tiempo -claro que hay que darle tiempo, con este tipo de premisas- pero no es mal inicio. Confiemos en que no se quede todo en un truco.

Reconozco que cuando vi que la BBC sacaba Bodyguard (UK) me temí lo peor solo por el título. Luego vi que era un nuevo thriller político de Jed Mercurio y mucho mejor. Por la parte de thriller, porque aún recuerdo cuando a Mercurio le dio por adaptar Lady Chatterley’s Lover. En este caso comenzamos con veinte minutos de tensión que demuestran tres cosas: que estamos ante una historia que va a jugar con los nervios del espectador (obvio), que lo va a hacer metiéndole un fuerte mensaje político que podremos encontrar más o menos discutible (que tampoco es que sea muy original) y que no tiene problemas en soltarte veinte minutos en algo que tiene solo relativamente algo que ver con la historia principal. Muy propio. A partir de ahí la mezcla y tensión de los problemas políticos y personales, de las actuaciones pequeñas a los grandes momentos de sangre y violencia, que suelen ir unidos. Todo eso y los viejos ‘mecanismos del poder’, de manera que lo que uno podría pensar desde el título es complicado, quizá no tan lejano pero sí afilado. Además, por supuesto, de magníficamente actuado. O, mejor dicho, magníficamente actuado por parte de Keeley Hawes, y magníficamente sub-actuado por parte de Richard Madden, en uno de los duelos interpretativos más interesantes de lo que llevamos de año -al final es casi una serie sobre dos personajes con dos docenas de secundarios, a imagen de otra de las grandes series (y relaciones) de este año, la de la BBCA Killing Eve– así que aunque estemos aún a mitad de la historia y haya en la serie un aire familiar a este tipo de obras británicas ya podemos decir que es una gran serie. Ahora que no la caguen con el desenlace.


Si ya Juegos Sagrados pasó con más pena que gloria es difícil saber qué esperaba Netflix con Ghoul (O) (IN). ¿En qué cabeza cabe mandar a Jason Blum y su equipo a montar una serie / miniserie de terror? La industria india -en sus múltiples secciones y niveles- lleva produciendo ficción durante décadas, que decidan que de su segunda serie se ocupe Patrick Graham de dirigir y guionizar dice más de lo poco que se fían de ellos antes que de lo que puedan aportar el Equipo Blumhouse. Que, por cierto, tampoco es demasiado. Dicen que “I wanted to take a monster from mythology that hasn’t been seen before” que es una forma enternecedora de demostrar ignorancia en el tema. Sobre todo si lo que después vas a hacer es una suerte de La Cosa en una prisión India en un futuro distópico en el que hay una especie de Ley Islámica Loca. Loca porque parece que el responsable no sabe dónde está La India o cuales son las diferencias entre esta y Paquistán. O mil cosas más, la ambientación es otro de los fallos de la serie. Así que al final sólo que da una suerte de drama carcelario sin muchos pies o cabeza, un melodrama familiar más forzado que en un capítulo de 24 y la parte de terror que, no siendo muy original, es donde demuestran tablas. En fin. Otra oportunidad perdida. A ver si para la próxima.

La otra novedad de Netflix es incluso más psé aún. The Innocents (USA) puede sonar a un Paranormal Romance adolescente de Changeling pero lo cierto es que logra ser bastante rutinario, aburrido incluso. Pero supongo que si lo que apetece ver es una colección de clichés… Psé.

Seguimos con las cosas reguleras en esta Rob Riggle’s Ski Master Academy (USA). Una serie que promete más aprovechar los contactos del cómico que ofrecer algo distinto. De hecho, lo más notable de esta obra es que la esté emitiendo Crackle en lugar de CC. Supongo que será porque así nos acordamos de cuando en cuando de que existen.

El acuerdo entre los productores de Barrio Sésamo y la HBO va dando sus frutos poco a poco, en este caso con Esme & Roy (USA/ CA), una serie de animación en la que una niña y un monstruo tienen montado un servicio de canguros de monstruos. A partir de ahí aventuras, conocimiento y divulgación. Lo de siempre, vaya. Pero bien hecho, que es lo que importa.


La idea de Bite Club (AU) no era mala. O no del todo. Bueno, un poco sí. En fin. Un par de detectives que sobrevivieron al ataque de un tiburón y eran pareja y ahora ya no y vuelven a trabajar y hay un asesino en serie que puedes deducir a los tres minutos y… en fin, no sé qué es lo que quieren. Es decir, sí. Una serie de detectives con algo especial entre ellos y un arco de asesino en serie. Bueno, si no quieres algo más puede servir. Supongo.

Hablando de cosas que no acaban de funcionar. Disenchantment (USA) es una serie que llega tarde. Es decir, parece la versión actualizada de Futurama pero con el Medieval Inventado. Esto no tendría por qué ser malo -antes al contrario- de no ser porque parece hecho -sobre todo los primeros capítulos- con el automático, incluyendo la creación, definición y establecimiento de personajes que llevan Lo Cliché hasta extremos locos. Y porque en los últimos años hemos tenido series que han hecho esa reformulación más o menos cómica del Medieval Inventado, de Galavant a buena parte de la trama principal de Star vs. the Forces of Evil, por poner dos. Pero no es que la serie sea mala, no hay más que compararla con ese espanto de The Hollows, es que está en ese espacio gris de algo que podría ser mejor y que, por fama, debería de serlo. El mar de la mediocridad que es precisamente lo que ofrecen los primeros episodios. Podría ser peor, o mejor, pero es lo que tenemos.

No deja de sorprenderme la de vidas que tiene Web Therapy. La última en una versión inglesa, Hang Ups (UK), protagonizada por Stephen Mangan y con un buen reparto de secundarios -como Katherine Parkinson o Charles Dance– que unir a, como siempre, los invitados especiales que aparecen como pacientes. No hay ninguna mejora respecto al formato – es decir, habla mucho más de la vida privada, y mete más secundarios, pero eso no significa que la serie mejore por ello- y, en general, depende más de las ganas que tengas de ver a esos actores ingleses. Porque la serie en sí… bueno, eso, lo de siempre.

Las iniciativas formativas -por llamarlas de alguna manera- de la televisión inglesa son siempre curiosas de ver. Por ejemplo, esta serie de tres historias organizadas de manera más o menos independiente -lo de siempre, con una unidad temática y blablabla – con el título de On The Edge (UK) pensadas para darle una oportunidad a jóvenes guionistas (Georgia ChristouJanice Okoh y Rose Lewenstein) y directores (Anwar Boulifa, Stella Corradi y Dionne Edwards) en historias cortas que cuentan también en este formato ‘breve’ las historias de gente igualmente joven. Hay, por supuesto, momentos en los que se nota esa falta de experiencia, pero se suplen con la fuerza que ofrecen. Y es que, a veces, son estas iniciativas las que hacen interesante seguir viendo pilotos.


Supongo que sería fácil meterse con All about the Washingtons (USA), es una comedieta facilona que sigue los básicos de la sitcom y se apoya en que su protagonista -o protagonistas- venían de hacer un reality sobre su vida doméstica. Porque son famosos, aunque aquí interpreten versiones ‘ficticias’ de su persona. Joey Simmon es (¿era?) el Rev Run de Run-D.M.C. aunque aquí se suponga que su ‘persona’ era DJ Joey Speed. Su mujer Justine sigue siendo su mujer Justine, aunque aquí sea la mujer de alguien distinto. O algo así. Pero, mira, para la semana que han tenido esto es casi lo de menos, la verdad. Un genérico, vale, pero podría haber sido peor.

Sobre todo porque muchas veces no se dan cuenta de lo que hacen, no se han dado cuenta en la nueva temporada de Voltron, no se lo dieron en La Casa de las Flores (O) (M) con el papel de Paco León. E incluso dejando de lado eso, la creación telenovelera a mayor gloria de Verónica Castro lo mejor que puede decir a su favor es, precisamente, que está Verónica Castro en ella. Quizá sea parte de la intención de la compañía de recuperar ahora los noventas, porque lo que más tiene esta serie es un aspecto de antiguo queriendo ser nuevo, de tratar cosas como si fuera revolucionario de esa manera que se hacía hace un par de décadas. Cecilia Suárez se merecía algo mejor, la verdad.

Oportunidad perdida en The Lodge 49 (USA), la única de las novedades de esta semana que no es de Netflix, sino de AMC, por cierto. La intención se supone que es la de hacer una serie en un universo Pynchoniano pero lo cierto es que hay casi más de El Nota. O, al menos, de la forma en la que los Coen crearon su particular universo. No descarto que porque la historia de The Crying of Lot 49 puede parecer caótica cuando en realidad está bastante cohesionada, o porque la protagonista de la misma es una mujer de menos de treinta años, y si bien el showrunner de turno -el desconocido Jim Gavin, que tiene que agradecer a Paul Giamatti que haya servido como productor y valedor de la misma- ha dicho que era sobre todo una inspiración para ellos parece que no tenían muy claro cómo reflejarlo. El irregular resultado, demasiado genérico como para parece bien o mal, acaba siendo lo peor que se puede decir de él, un producto que parece más un reflejo de algo conocido que una creación con entidad propia.

En cuanto a Insatiable (USA), supongo que habréis escuchado todos historias de lo horrorosa que es. Bues bien: sí. Es una historia fallida en fondo y forma, puede tener buena intención -cosas más raras se han visto- tanto como lo pueden tener esas señoras enjoyadas que pretenden hacer la caridad. Es decir, puede tener tan buenas intenciones como la Sección Femenina de Pilar Primo de Rivera pero los resultados, ¡oh, los resultados! Para el minuto 7 tenemos a un pobre señor destruido por las falsas acusaciones de las mujeres -en general las mujeres son las villanas de esta serie, qué vamos a hacerle- y toda la historia de la protagonista es un error tas otro, especialmente tras haberse emitido este mismo año series como Dietland o, si retrocedemos un lustro, My Mad Fat Diary, así que escuchar a la creadora quejándose de las críticas y los ataques sirve solo para entender a quién le pudo parecer una buena idea la adaptación televisiva de Heathers. Lástima que esta tenga un canal de difusión tan importante que probablemente les importe menos estar haciendo una serie espantosa a varios niveles que los visionados que tanta bronca les vaya a traer. ¡Es el capitalismo!

Por suerte no todo lo que Netflix ha sacado estos días es flojo. O espantoso. También hay creaciones como On Children (O) (Tw), antología que yo diría de horror o, cuanto menos, de congoja, que quizá pueda ser categorizada en fantástico -y que seguro que habrá quien meta en el blackmirrorismo porque ahora toca eso como antes era el dimensióndesconocidismo- , desde la parte scifi o el horror usando las relaciones entre padres e hijos -o la vida de estos últimos, muchas veces estudiantes o, mejor dicho, usando un cierto horror estudiantil más que comprensible- para construir esa tensión. Son sólo unos pocos episodios y, como siempre, hay ideas conocidas y mejoras posibles en la producción… ¡Pero al menos esta se puede recomendar sin problemas!


Los británicos han aprovechado agosto para poner un melodrama, Age Before Beauty (UK), y no me extraña. Porque la idea detrás no es mala, y el reparto hace lo que puede por sacarla adelante. Pero el guión hace poco por ayudarles. Con una colección de tópicos a la que no se da una vuelta, y en la que es difícil saber hasta que punto se está intentando la sátira, hasta que el giro final del piloto nos lleva a sospechar que posiblemente ellos tampoco tienen muy claro qué quieren hacer. Y es extraño, porque Debbie Horsfield no suele ser tan laxa con sus series. Le echaré la culpa a Poldark. Pero comparar esta con Cutting It señala más el tiempo pasado -y, quizá, las ganas de regresar a un territorio conocido, como su protagonista- y la falta de una dirección. Por suerte, contar con un reparto como este, con Kelly Harrison pasándoselo en grande, Polly Walker ejerciendo de algo así como protagonista, Sue Johnston está brillante como la matriarca (y su ‘novio’ torero, al que llaman Hector pese a estar interpretada por Richard Calkin) y, en fin, el buen reparto es lo que hace que no naufrague. Podemos seguir viéndolo a ver cómo evoluciona, porque quizá todo esto sea un asunto de rodaje.

Es tan obvio que los creadores de Making It (USA) han visto The Great British Bake Off que no puede más que sorprenderme que, además, no se hayan fijado. La idea de hacer un concurso buenrollero y creativo metiendo a la gente en una ‘tienda’ en mitad del campo es un buen incio, los presentadores haciendo observaciones humorísticas es otro, y está claro que Poehler y Offerman tienen química. A partir de aquí todo son peros. Los jueces trasmiten muy poco saber lo que están haciendo, más que gente capaz de competir y ganar parecen críticos que opinan desde fuera, incluida una estúpida decisión porque lo importante es que se hagan cosas ‘originales’ en lugar del clásico acercamiento: Si haces algo original estás corriendo un riesgo así que si es un clásico/sencillo más vale que salga bien. ¡Si sale bien da lo mismo que no sea muy ‘original’! De hecho, Offerman es el único que se comporta como debería hacerlo un juez. Eso incluye la incapacidad para hacer una crítica constructiva y, sobre todo, hacerlo a tiempo. Pero eso tiene que ver con uno de los grandes problemas: Es un programa concurso de manualidades en las que lo único que tienen en común los concursantes es el tema central. Unos hacen madera, otros fieltro.. y, claro, eso hace imposible que exista esa prueba central técnica niveladora del GBBO. En su lugar han montado una segunda prueba doble que se queda muy lejos de la espectacularidad de cualquier showstopper y, de nuevo, demuestra cómo Offerman se preocupa más de aconsejar -¡Poehler no puede, no sabe!-  Y está bien que sea así, pero lo lógico sería que LOS JUECES opinaran en aquella parte. Sobre todo cuando llegan con alguna opinión rozando lo estúpido (No me gusta el color que has elegido) que se podría haber evitado si hubieran pasado por la zona de construcción en algún momento. Porque el resultado final que se ofrece es que hay gente que ha estado trabajando durante muchísimo tiempo para hacer algo que da igual cómo le haya salido, estaba condenado de entrada. ¿Alguien se imagina que en un concurso de cocina se quejaran de que no les gusta un alimento y, por tanto, el resultado es malo? Pues algo así es lo que pasa. En fin, una oportunidad perdida y una auténtica lástima que lo único que demuestra es que el formato de GBBO estaba muy bien pensando.

Es difícil hablar de Random Acts of Flyness (USA) de Terence Nance porque lo más importante de su título es lo random. Hay cierta… si no aleatoriedad sí que intención de hacer algo extraño… que por un lado lo hace más interesante pero por el otro desconecta las distintas secciones. No creo que de este piloto tenga mucho problema en hacerse conocido el segmento con Jon Hamm. Pero el resto, habiéndolos mejores y peores, veo más difícil que encuentren un público teniendo en cuenta que no se ajustan igual de bien -o de fácil- a una categoría. Y eso, francamente, me parece un elogio al programa tanto como una temeridad. Confío en que sigan produciendo obras más o menos humorísticas, sociales, raciales y todos esos etcétera… pero creo que el simple hecho de que se haya llegado a estrenar el piloto -no digamos ya que lo hayan puesto en abierto- es un triunfo.

Cuando se publicó el manga en España se llamó El patito feo que surcó los cielos, ahora que Netflix estrena la adaptación que han realizado a mini ha pasado a llamarse Switched (O) (J). El resultado es similar, por supuesto, aunque aquí parece que la maldad intrínseca en la ‘fea’ que tras ese cambio ha acabado en el cuerpo de la ‘guapa’ es mayor aún. Supongo que habrá vueltas, tramas y redenciones, pero lo cierto es que la historia parece básica -la belleza está en el bliblibli- y maniquea hasta la locura. Pero, en fin, supongo que es lo que Netflix buscaba.


No me ha convencido demasiado este Castle Rock (USA). No tengo muy claro que es lo que quieren contar y, la verdad, tampoco me da la sensación de que ellos lo quieran. Hay muchas referencias y guiños a los habituales de King, sin duda, pero en una trama tan desdibujada como la que se presenta en sus primeros capítulos hacen más por distraer esperando algún giro al respecto que por lograr ofrecer una trama. No quiero saber los que lleguen de nuevas. Sobre todo porque la presentación de personajes y situaciones en el piloto resulta especialmente difusa. más interesada en establecer un tono que en contar una historia llega un momento en el que te planteas si merece la pena seguir adelante. Quiero creer que sí, que es simplemente un problema de decisiones que una vez haya puesto a los actores -que hacen lo que pueden con lo que tienen, sobre todo algunos como Bill Skarsgård, que no queda claro si está ligado a su personaje de IT o si, simplemente, no le han dado indicación alguna sobre su personaje más allá de que procure mostrarse tan comunicativo como una berenjena- a funcionar acabará saliendo algo decente. Quizá incluso bueno. Pero, la verdad, la voy a continuar ‘por ser vos quien sois’ porque esto tiene bastante peor pinta que Dead of Summer. Ya veremos.

No diré que Cupcake & Dino: General Services (USA) me haya gustado, pero sí puedo aseguraros que para los desastres que suelen ser las series de Netflix para chavales esta es aceptable. Se me ocurren, por supuesto, muchas cosas que decir de ella que no son exactamente buenas, pero supongo que si alguien busca un híbrido entre Historias corrientes y Gumball pero no quiere que sea mejor que ninguna de ellas, entonces es la serie que estaba buscando.

Más que curiosa la australiana Dead Lucky (AU), un policíaco al estilo inglés que lleva una línea principal y otras secundarias. Por supuesto parte del éxito corresponderá a si sus actores principales Rachel Griffiths -que está estupenda en el habitual papel británico de inspectora abrasiva con problemas pero dedicada a su trabajo- y Yoson An desarrollan algún tipo de química. La historia está bien, sin más, como la producción, pero estas cosas las mueven los personajes, y ya pueden ir dándose prisa, porque los secundarios pueden ir cambiando pero los policías… no.

Algo parecido ocurre con Rise of the Teenage Mutant Ninja Turtles (USA), hay buenas ideas junto a malas realizaciones, momentos que parecen muy forzados, ideas interesantes que parecen estar ahí para dar un ejemplo de lo que seguirá. En general, una obra que quizá cuando lleve una temporada estará más pulida pero que, de salida, más que un piloto tiene un batiburrillo de elecciones buenas y malas. Con un poco de suerte irá a mejor, pero de momento lo que hay es caos. Que, dentro de lo malo, es algo aceptable. A ver cómo sigue.