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¡Pilotos Deathmatch! Funny How?, I’m Sorry, Tour de Pharmacy y más

Hay semanas que uno no sabe ni qué es lo que le están poniendo. Por ejemplo,  Akil The Fugitive Hunter (USA) es la historia de un tipo cuyo mejor amigo es asesinado y decide convertirse en cazarrecompensas y, de paso, entre las escenas de acción y seguimiento -esto es, él y su equipo, con los que prepara la búsqueda y captura de los fugitivos- meten escenas de animación para completar la trama. Esto, decía, es un reality. O eso deberíamos creernos, porque, de verdad, me cuesta entenderlo como tal. Es como llevar COPS un par de pasos más allá, meter una trama loquísima y acabar de hacerlo irreal con los dibujos -para colmo, de los responsables de Black Dynamite-. En fin, aún no he perdido la esperanza de que digan que todo es una coña.

Por su parte The Defiant Ones (USA) es la historia de Jimmy Iovine y Dr. Dre y su influencia en el mundo de la música. Fundamentalmente -aunque no solo- un documental, y luego ya lo que te interese el tema. Pero hay entrevistas, grabaciones y todo lo que han podido reunir que para algo son la HBO.

No sé ni por dónde empezar con Friends from college (USA). O sí: Todo mal. Es absolutamente inexplicable que una serie que reúne algunos de los nombres más celebrados  de la comedia estadounidense reciente. El director y guionista Nicholas Stoller y los actores Keegan-Michael Key, Cobie Smulders, Fred Savage, Annie Parisse, Nat Faxon, Jae Suh Park además de multitud de secundarios y cameos de otros cómicos. Y resulta que lo que les sale es peor que un churro, es un churro aburrido. Que esta comedia apatowesca sobre relaciones, engaños y frustraciones suele estar siempre bordeanándolo, pero al menos algún chiste o alguna reacción o… algo. Cómo será que quitando un par de escenas el que en general está mejor es Billy Eichner que hace el personaje más normal y, a la vez, una versión rebajadísima del que interpreta habitualmente. Pero viendo que Stoller – en teoría junto a Francesca DelBanco – lo que ha acabado pariendo en un entorno hipotéticamente tan libre como el que ofrece Netflix es de una tristeza ante el talento ajeno malgastado -a ratos parece que ni intentan salvar el material- que lo único que consigue todo este despropósito es mejorar mi opinión sobre Jason Segel. Que no sale.

La idea tras Funny How? (USA) es buena. Y detrás está Kliph Nesteroff, una de las personas que más sabe de comedia de USA, con lo que la documentación es irreprochable. Así que quizá el problema es de expectativas. Cuando prometieron hablar de comedia pensé que lo harían desde la historia, pero claro… es para VICE, así que no es eso lo que buscan. Hablar de stand up queer o cristiano parece interesante por si mismo, y lo es, pero da la sensación de una visión muy superficial, por contra el repaso a los diferentes puntos en la vida profesional de un comediante o de las veces, modos y modelos en los que un cómico puede fallar enormemente (los bombs) tienen su gracia pero la sensación de intentar tomarlo lo más ligero posible, y no querer enfangarse en preguntas duras hace que al final los cuatro especiales queden más como articulillos en una revista masculina que como auténticos documentales sobre el tema. Lo que, supongo, buscaba el canal. Pero qué lástima de posibilidades desperdiciadas.

Claro que algunos programas no engañan. The Hollywood Puppet Shitshow (USA) lo tiene en su nombre. Marionetas de famosos para representar anécdotas no muy divertidas. Supongo que hay un motivo para dar luz verde a este proyecto, pero solo puedo presuponer que es: Que no lo hagan en YouTube y resulte ser un éxito.


Menos mal que a veces tengo cosas buenas que decir de las series. No cosas aceptables, sino buenas, y mira que no esperaba que I’m sorry (USA) fuera a gustarme con tanta vida privada de los cómicos como estamos teniendo. Pero resulta que la serie de Andrea Savage no solo es divertida en sus historias, también en cómo las presenta, como reune la vida familiar con la profesional, la manera en la que va planificando la información y las historias y tomando decisiones no obvias. No sé cómo es posible, pero parece que aún quedaba algo que ofrecer en un campo en apariencia estragado.

Es curioso como algunas series parecen creadas para ir rellenando las casillas tópicas de un género más o menos percibido y, aún así, no ser una mala creación. Le pasa esto a In the Dark (UK), policíaco británico con la cantidad razonable de secretos del pasado, gente con comportamientos extraños y personajes relacionándose con otros que está siempre jugando en situaciones de tranquilidad, sin acabar de caer en nada que podamos señalar como abiertamente malo fuera de lo rutinario. Así que supongo que toca decir que es una obra solvente o algo similar, no algo que recomendar pero tampoco nada como para quitarlo si nos lo encontramos cambiando canales. Si es que la gente aún hace eso de los canales.

Es notable como Salvation (USA) logra reunir en una sola serie no solo una excusa tan vieja que parece sacada directamente de los noventa (un meteoro se dirige a la Tierra y blablabla) sino que, además, reúne algunas de las peores ideas recientes como No Tomorrow, los grupos militares y miles de connspiraciones de tantas cosas y, por supuesto, los tipos superinteligentes y exitosos en la cosa industrial que deciden ayudar a la humanidad y blablabla. A ratos sospecho que ni lo están intentando, simplemente mezclan todo lo que hay por encima de la mesa y hacen salchichas para las barbacoas veraniegas. Aunque viendo series como esta me da la sensación de que en realidad lo más interesante que nos puede ofrecer será el día que sepamos cómo se hacen las salchichas.

Los especiales de Andy Samberg y Murray Miller para la HBO son una agradable tradición ahora que ya llevan dos, el paso del tenis al ciclismo en Tour de Pharmacy (USA) casi ni se nota, y aunque han metido muchas más caras conocidas -sin que realmente parezca que ofrezcan mucho más que, eso, ser conocidas- y algunos de los chistes no acaben de funcionar, suenen a viejo o se basen en lo corporal -incluyendo varios chistes de penes basados en que a alguien se le ve el pene- los aciertos siguen siendo mucho mayores, algunos de los giros locos logran sorprender y, desde luego, hacen que a uno le queden ganas de que el año próximo volvamos a tener otro de estos.


Hace unos cuantos años ya la HBO pensó que necesitaba añadir algo de animación adulta a su cartera y produjo la serie animada de Spawn. De aquello acabaría haciéndose más de una temporada porque los noventa fueron ese tipo de década. Y como Netflix vive en parte de intentar modernizar lo que la HBO hizo en el pasado aquí estamos para hablar de Castlevania (USA), serie animada en la que por motivos que no acabo de entender dice que el guionista es Warren Ellis. Y si eso es así, ¿qué le ha pasado? Porque puede ser uno de sus peores trabajos con diferencia. Pero vayamos por partes: Como no sé de animación no voy a decir que esta sea espantosa, diré que a mí me parece espantosa. Además de a Spawn recuerdan muchas cosas a aquellos animes noventeros y dosmileros que tanto en Ca… que tanto dieron que hablar, aunque fuera por esa celebración de un gore light que tampoco aporta demasiado. Y por motivos más que obvios el primero de ellos en venir a la cabeza es Blood: The Last Vampire Hunter. La cosa es que comparando animaciones la de Blood, que tiene ya más de 15 años, hace que esta parezca la de los GIJoes. Por supuesto a estas alturas ya se ha hecho uno a casi todo si el guión es bueno… Y aquí vamos a la segunda parte del problema. Esto nos lo pueden vender como una serie de cuatro episodios de alrededor de 30 minutos o como una película de algo menos de dos horas. En mi caso diría que muy fuerte lo segundo porque todo lo que te hacen -más allá de insistir muy fuerte una y otra vez en la misma idea, que los vampiros y los humanos mal, pero que la iglesia cristiana.. esa sí que es mala. Una idea que nos queda meridianamente clara la primera vez y con la que es fácil estar de acuerdo, pero que acaba siendo redundante- es ir contándote una historia que, además, tiene un final que… Estoy deseoso de ver las reacciones a ese final la verdad. Creo que va a ser una de esas reacciones. En cualquier caso, hay ya firmada segunda serie para 2018. ¿Que por qué no han emitido todos los episodios juntos en lugar de esto y más teniendo en cuenta que han logrado poner solo 4 en esta temporada? Pues ni idea. Será cosa de Netflix, que les salió muy bien la jugada haciendo algo parecido con The Get Down. Por lo demás, si hacen una versión en plan Previously de un par o tres de minutos para la segunda temporada os diría que paséis de ver esta. Al fin y al cabo lo mismo la próxima sí que está bien. Por poder. Lástima que esta no haya aportado demasiado a la intro.

Habrá quien considere que con Snowfall (USA) la FX pretende conseguir su propio The Wire (al fin y al cabo era una meta inexplicablemente popular hace solo unos años) mientras otros se pregunten si es que las series con reparto mayoritariamente no-blanco solo pueden ir de traficantes, esclavos o gente del mundo del espectáculo. No sé si alguno de ellos tiene razón -aunque estoy lejos de negársela, la verdad- pero lo que sí puedo decir es que Snowfall es mucho más. En el sentido de que roba de mas sitios. Sí, hay alguna cosa de The Wire pero también de Boogie Nights, de dramas de época de la misma cadena como Halt and Catch Fire, también saquean Crash y… en fin… en un determinado momento puedes llegar a pensar que todo aquello que no esté atornillado al suelo. Y es que al margen de que todo el rollo este de los negocios sucios pueda parecer muy muy muy superado siempre hay formas de darle un giro original -no hay más que echarle un ojo a un estreno tan cercano como Claws, por poner un ejemplo- encontrarte con todo este batiburrillo de referencias más o menos explícitas da la idea de que tenían más o menos claro lo que querían conseguir pero no cómo lograrlo. Un resbalón impropio y sorprendente en una cadena como FX, pero resbalón al fin y al cabo.

Lo que TNT ha hecho rescatando el piloto que Pivot no quiso llamado Will (USA) es darnos a todos una lección. De por qué a veces los pilotos no pasan de ahí. No negaré que haya cosas interesantes en la serie porque a fuerza de meter de todo algo tendría que acabar funcionando, el problema es que el logro de esa parte empequeñece sumida en la ensaladilla que le han montado. Entre otras cosas este Will que habla de la llegada a Londres de Shakespeare tiene: – Una trama de espionaje, – Una trama religiosa, – Una trama que une las dos anteriores, – Una trama romántica, – Múltiples intentos de presentar aquel Londres como el de la Inglaterra Punk, – Historias de teatro, – Aproximadamente una cantidad negativa de fidelidad histórica mirando hacia casi cualquier lado, – Cuidados y coloristas peinados y trajes, eso sí, – Jugueteos con la cosa No-Hetero, faltaría, – Y, por supuesto, la idea de que es la historia de un genio que tiene problemas y blablabla, – También hay un chaval con su propia historia que parece tener poco que ver pero ahí sigue, – Peleas de taberna pero no de puñetazos sino hablando, creo que intentaba ser un acercamiento a las Battle Rap pero es difícil saber lo que se le pasaba al guionista. En general la sensación es que mucha gente diferente tenía distintas ideas de lo que debería ser la serie y cada uno ha tirado para un lado. De ahí que pasemos de escenas luhrmannsianas a retazos de Shakespeare’s Demons y de ahí a una producción de la BBC de intrigas cortesanas y luego a unos minutos sexuales de la Starz pero con el PR-13 de que emita TNT. Los actores, menos conocidos de lo que uno podría esperar si realmente la cadena tuviera ganas de algo, parecen estar intentando… yo qué sé… tener algo decente que entregar en el siguiente CV, supongo. Mientras tanto el espectador puede pasar un rato tratando de decidir hacia dónde irá la serie en el siguiente tumbo. Así que supongo que el interés dependerá de las ganas de ver a una gallina sin cabeza. O, en su defecto, de descubrir si acabará decidiéndose por alguna de ellas.


Vaya semana loca. Mira que se ha estrenado poco pero lo que se ha estrenado.. en fin. Empezamos con Netflix, que parece haber considerado que regresar a los ’90 no era tan mala idea y ha encargado Gypsy (USA), compendio de muchas de los tics que tenían los thrillers de aquella época y sustentada más en sus actores que en un guión que se mueve en lo bochornoso por el lado de fuera en demasiadas ocasiones. Por suerte Naomi Watts intenta tirar del carro por la cuenta que le trae. Y está rodeado de un reparto de actores sólidos como Billy Crudup y Brenda Vaccaro, algunos incluso provenientes en muchos casos de los alrededores del terror como Karl Glusman y Lucy Boynton. Pero ni por esas logra funcionar este sexythriller vergonzante y vergonzoso que parece siempre demasiado preocupado en buscar excusas para no saltar al locurón ni para centrarse en los aspectos más psicológicos, por mucho que parezca que el aburrimiento es el motor de la serie acaba convertido solo en su combustible y consecuencia.

No es lo peor de la semana porque para eso YouTube Red ha estrenado Kings of Atlantis (USA), serie que entiendo tendrá algún tipo de trasfondo de minecraft o así tanto por el diseño cabecicubo de los personajes como por la ausencia de casi cualquier personaje femenino. El casi viene porque meten una muy gratuita escena con dos muchachas para que quede clara la orientación heterosexual de sus protagonistas, o algo. Al margen de esto, no hay tampoco mucho donde rascar en la serie, ni la trama parece gran cosa ni los intentos de humor logran… nada, ni, desde luego, parecen querer contar realmente una historia.

Comparada con las otras dos Tales (USA) es solo fallida. Fallida por ambiciosa, además, que puestos a cagarla al menos sea por los riesgos asumidos y no por lo contrario. Pero es que, claro, crear una serie antológica alrededor de las letras de canciones bien conocidas ya parece suficiente locura de entrada. Que la presentación sea con una versión de Fuck the police que presenta un mundo en el que los blancos son una minoría que sufre la brutalidad policía de la mayoría negra tampoco es que ayuda demasiado, da la sensación de preferir un acercamiento más propio de la ficción especulativa que de la narrativa tradicional. Pero, como decía antes, al menos es un intento de hacer algo distinto. Lástima que no les haya funcionado. Al menos no en este primer capítulo, ya veremos los siguientes.

 


Intento recordar en qué momento consideré que esta iba a ser una semana tranquila. Pero bueno, unos pocos pilotos después aquí estamos así que… Comencemos. The Bold Type (USA) es una mezcla de comedia y… ¿drama’ que muy obviamente quiere parecerse a El diablo viste de Prada pero no le importa meter a más protagonistas para poder diversificar líneas. Y.. bueno… eso. No soy su público, pero imagino que estará bien para el que sí.

Otra peculiaridad de esta semana, al menos tres de los pilotos han sido de concursos. Boy Band (USA) es la primera parada. Alguien en la ABC ha pensado que la forma de darle un giro al talent show musical era montarlo por piezas. De modo que aunque en teoría estén compitiendo con eliminaciones entre todos en la práctica habrá cinco ganadores que tendrán  que complementarse. Y… bueno… no es la peor de las ideas posibles. Supongo. Dependerá de lo que uno aguante los concursos musicales y le gusten los jovencitos, supongo.

Seguimos con concursos y añadimos revivals porque The Crystal Maze (UK) vuelve, ahora con Richard Ayoade que ya es algo. No sé si alguien en España conocerá esta suerte de mezcla de El Rescate del Talismán, Club Megatrix y Scavengers pero es… curioso. En fin, yo que sé, será el verano. Pero al menos han mantenido las distintas ambientaciones y el corchopán por todas partes.

Ya sabemos todos que a Netflix solo le interesa publicitar una parte de lo que produce, oh, sí, y que muchas de las creaciones que va sacando no le merecen la menor consideración. Oh, sí. Esta semana le ha tocado sentir su desdén a Free Rein (USA), serie británica juvenil de caballos. No, no es Glue. Esta es una de esas de paso de infantes a jóvenes con una chica que establece un lazo muy especial con un caballo salvaje, bueno, brutote cuanto menos. La idea de una serie juvenil que podría haber tenido alguien hace una década y que en ello estamos de nuevo, supongo. Así que al menos sabed que existe. Quién sabe, quizá incluso seáis su público. A mi es que los caballos…

Creo que hablo por todos si presupongo que al ver una serie llamada Ginger Snaps (USA) las expectativas eran diferentes. Pero ese es el poder de los títulos, cuando te quieras dar cuenta estás viendo el enésimo intento de dibujos animados para adultos  que con una voacación rompedora acaban haciendo chistes bien rancios bien directamente reciclados. Y ni siquiera reciclados de series ignotas, sino de South Park o Arrested Development. Que no sé qué les hace pensar que el público que va a ver esta serie va a olvidar lo anterior. No puede funcionar para TODO, solo para algunas series. En fin. Que eso, que más de lo mismo. Vosotros veréis.

No hay trailer, ¿para qué? Imagínate que te pillara prevenido.

A principios de los ochenta Robert Aldrich dirigió …All the Marbles en la que Peter Falk interpretaba al manager de un dúo de luchadoras. Sería su última película, y aún hoy se la recuerda más como una rareza. Así que ahora llega GLOW (USA) y da la sensación de que los responsables -de haberlos- también la recuerdan. Lamentablemente no es lo único, también parecen haber cogido un montón de chistes -no todos de South Park pero al menos sí unos cuantos- y, bueno, la necesidad del canal de vender nostalgia ochentera y la posibilidad de vender como adulto el sacar a gente desnuda a ratos. En fin. Lo que no hay es algo mínimamente original, o interesante. Reconozco que intentar venderte como rupturista y feminista una serie a la vez que te dedicas a enfrentar a mujeres y humillar a su personaje central mostrándola como una persona insoportable precisamente por aspirar a más y querer algo diferente a lo que la época -los años ochenta, claro, ahora ya todo eso no existe y puedes haber participado en varias series de éxito sin que te obliguen a desnudarte para conseguir tu siguiente papel. *cof*- en la que las historias de los personajes importan tan poco que pueden dejarlas a medio sin recuperar porque total para qué. Así que supongo que por muchas referencias y Hulk Hogan que le metan la capacidad de aguante será el factor fundamental para soportar. Es una pena porque tenía potencial pero tiene aún más mierda encima así que… Lástima que sea una rémora.

Terminamos el repaso por los concursos con otra recuperación, esta vez la del no menos mítico The Gong Show (USA) que quizá suene en España por este nombre o por algún otro. En esta ocasión tenemos a Will Arnett produciendo y a ese… ahm… misterioso presentador. Y.. yo que sé.. creo que no acabé de verle la gracia al original y en esta ocasión tampoco pillo lo moderno. Será que a mí la cosa de gente estrafalaria no me va. O algo.

Cuando Sony decidió convertir en serie de animación tradicional Hotel Transylvania: The TV Series (USA) no sé exactamente qué les hizo pensar que Disney era el mejor destino. Pero bueno, ahí está. Siguiendo el esquema clásico tanto de las películas como de todas esas series de monstruos pero no tan malos y mira jaja qué cosas hacen y además parece que los jóvenes han quedado al cargo. En fin. Así que ahí lo tenemos, mezcla de las manías de unos y otros. Y con eso y todo podría ser mucho peor. Creo.

Debo reconocer que entre las cosas que no pensaba que fuera a decir de The Mist (USA) – y que, sin embargo y en retrospectiva tiene hasta cierto sentido- era… “¡NO, OTRA VEZ LA CÚPULA NO!”. Pero aquí estamos. Un grupo de personajes con historias más o menos esbozadas y muchos secretos que blablabla mientras una amenaza externa les obliga a permanecer juntos y a pelear por su futuro. En dos palabras: Qué necesidad.

La otra webserie estrenada por la ABC es The Offseason (USA), igual de poco original, por el estilo de soportable. Total: Dos hermanos tirando a tirados tiran para un motel que han heredado esperando… francamente… esperando algo que no tiene mucho sentido que esperaran. Cuando se encuentran con el motel y la gente que alquila habitaciones allí se horrorizan (?) y deciden… tampoco está muy claro… parece que cambiarlo (?) es mucho trabajo aunque sospecho que algún episodio posterior irá de ello, y convencer a sus amigos de que vayan tampoco parece a priori la mejor de las decisiones. Pero bueno. ¿Quién ha dicho que haya buenas decisiones en esta serie?

Nah, la ABC no ha puesto online ningún trailer. Total, ¿para qué?

Por contra Netflix sí que le dio un mínimo de interés a Puss in Book: Trapped in an Epic Tale (USA) asegurando que es la primera vez que hacen una serie interactiva. Quizá porque consideran que su interacción es distinta de lo esperado. Puede que porque estén intentando cubrir las huellas de Splatter, aquel experimento que reunió a Joe Dante, Roger Corman, Corey Feldman y Richard Matheson hijo para acabar logrando quizá no un desastre -podemos debatirlo- pero, sin duda, uno de los momentos más incómodos en desarrollo y manejo de derechos que han tenido, así que entiendo que intenten que la gente olvide algo que pasó no hace ni una década. Por supuesto uno podría pensar que dado que en sitios como YouTube llevamos años viendo hacer sin problemas este tipo de trucos sería sencillo desestimarlo. Pero no debe serlo tanto cuando han sido incapaces de ofrecer esa ‘experiencia elige tu propia aventura‘ a la gente que accediera a través de Apple TV, Chromecast, Android o vía web. Sí, en serio. Han sacado una historia basado en hacer elecciones que no funciona en una amplia mayoría de medios. Y sin eso, ¿qué queda? Pues una historia no particularmente interesante, por no decir algo peor, de una explotación de más de lo mismo. En fin, a veces tiene estas cosas la televisión del futuro.

Concluye la semana con una serie que es un poco más de lo mismo pero muy bien hecho. Los ingleses de Sky nos traen Riviera (UK) que no deja de ser al clásica historia de mujer que a al muerte de su marido descubre que blablabla en un ambiente de lujo y peligros y blablablabla. ¿Qué tiene a su favor’ bueno, se encarga Neil Jordan con ayuda de John Banville y un reparto que incluye a Julia Stiles de protagonista además del siempre agradecido Iwan Rheon. Además Lena Olin y Adrian Lester son más que competentes. El problema es que parece que estuvieran todos ellos, de Jordan a Stiles pasando por Rheon, de vacaciones. Suficientemente implicados como para que no sea una chapuza pero no tanto como para que sea algo más que un genérico con un bonito envoltorio. En fin, supongo que todo el mundo merece vacaciones pagadas.

 


¡Pilotos Deathmatch! Blood Drive, Claws, Fearless y más

Intento entender no tanto la gracia de Blood Drive (USA), que me parece que está en el mismo punto de obviedad que las creaciones de la Troma, como la decisión del SyFy -un canal con más problemas de identidad que un protagonista de novelón ruso decimonónico- de emitirla. No de emitirla, incluso, sino de darle una luz verde directa a serie sin piloto ni nada para una historia que no solo no cuenta con grandes atractivos entre su creador –James Roland, un tipo que lleva mucho por la industria sin que se pueda señalar algo como propio suyo- o entre un reparto con actores que uno esperaría encontrar en los telefilmes de la cadena. Quizá sea ese el secreto, que los productores ejecutivos – John Hlavin y David Straiton– han conseguido convencer a alguien de que el Grindhouse es una cosa, no ya aún sino incluso. Casi me sorprende que no lo hayan denominado Bizarro. El caso es que la serie en sí, que como decía podría haber valido como una saga de películas del canal, juega con un punto de partida suficientemente sobado como el de Los autos locos y La carrera de la muerte del año 2000 (que, por cierto, tendrá este año un segundo remake y quinto título de la saga) sin entender o replicar su brillantez. Así que todo los excesos, postapocalipsis en el año 1999, vísceras y sangre (digitales) y lo que os de la gana (caníbales, amazonas, cultos religiosos) que mucho me temo que su principal problema sigue ahí: No están creando una obra, están intentando fingir lo que haría la gente que querría crearla. Y, claro, no se les puede tomar en serio.

Justo lo contrario ocurre con Claws (USA), una comedia brillante y casi reivindicativa con una Niecy Nash más grande que la vida -como casi siempre- encabezando un reparto granadísimo con la enorme Carrie Preston y también Judy Reyes, Jenn LyonKarrueche Tran. Eso más el reparto masculino, menos relevante pero no menos potente, que incluye a Dean Norris, Jason Antoon y Harold Perrineau. La historia, sin embargo… bueno, digamos que parte de ese punto de antihéroes + crimen + pez-fuera-del-agua. Pero desde un punto de vista cómico, aunque por suerte logra no despreciar a estas manicuras metidas a negocios criminales, quizá el mayor riesgo de la premisa. Es cierto que tiene aún bastante que pulir, pero da la sensación de ser el tipo de serie que si logra engrasarse y poner a funcionar a todo su reparto -y mimbres tiene para hacerlo- puede convertirse en todo un éxito. Aunque sea de culto. Pero si Weed pudo conseguirlo este con más motivo.

Hay veces que parece que toda una serie se pone al servicio de un actor, en el caso de Fearless (UK) se trata de Helen McCrory ¡y no podrá quejarse! Bien es cierto que el punto de partida es más que clásico, una abogada que busca restituir la verdad en procesos que no se realizaron correctamente. Por supuesto esto es británico así que -además del siempre inquietante Michael Gambon– resultará que por medio nos encontraremos tabloides, pedofilia, comentarios sobre terrorismo y refugiados, maniobras muy poco claras en mil ámbitos y una protagonista a la que parece que no le queda un problema por tener. Pero funciona. Por que los ingleses pueden montarte de estas sin mirar, porque McCrory está estupenda -que lo está- o porque Patrick Harbinson -el creador del asunto- tiene tablas como para montar el Arca de Noe. Pero deja con ganas de mucho más y con la esperanza de que sepan explicar y desliar los mil interrogantes que han abierto de una vez. Habrá que verla -con o sin cruzar los dedos- pero al menos es un gran inicio.

A veces uno se encuentra con cosas que no sabe de dónde han salido. Por ejemplo Law of Perdition (USA) es una serie para Amazon que no parece una serie de Amazon, sino más bien una serie que ha acabado en Amazon sin que nadie tenga muy claro cómo o por qué. Mezcla de historia de Dick Wolf y telefilme de elementos sobrenaturales -lo que, por otro lado, parece la definición perfecta para Medium, serie a la que no se parece en absoluto- que acaba siendo sobre todo vaga, en cuanto a sus capacidades y a sus esfuerzos. Está claro lo que quiere hacer, pero no parece muy determinada a hacerlo buscando una ruta que permita sacar partido al corto presupuesto del que muy obviamente cuenta, ni a buscar otra ruta alternativa más acorde. Así que al final acaba siendo una solución fallida cuya única finalidad que veo posible es poder venderla a televisiones del resto del mundo. O algo. Porque no soy capaz de entender esto de dónde sale o hacia dónde va.

Si las entrevistas de Oliver Stone que se reúnen en The Putin Interviews (USA) se hubieran vendido o empaquetado como ficción al menos hubiéramos tenido un motivo para esperar que hubiera finalidades ulteriores o algo interesante en su interior. En lugar de eso tenemos a un tipo que se lo está pasando en grande y a un entrevistador que parece perdido en sus propios procesos mentales. Hasta el punto de que llega uno a sospechar que Stone nunca acaba de estas cómodo porque no termina de estar al control del asunto mientras que a Putin le falta ofrecerse como invitado para no ya Meyers o Colbert sino directamente Corden o Fallon.  De hecho, creo que la única manera de superar esto sería mandarle de invitado a El Hormiguero.


No hay mucho pero al menos lo que hay es algo. Esta semana digo. Por ejemplo, la última serie del subgénero británico alumnos con problemas en entorno multicultural, es decir: Ackley Bridge (UK). Como todas estas cosas que hacen los ingleses, los actores muestran pericia -que notable invernadero actores jóvenes tienen- y las tramas están engarzadas para tratar todos los temas de interés mientras muestran a personajes que podrían ser personas. Supongo que hace falta algo de interés en la materia,.pero hay que reconocerles la destreza.

Puede que al espectador no le suene el canal UP, con el estreno de Date My Dad (USA) dudo que eso varíe en exceso pero al menos le quedará claro que cuando se abre un canal con transfondo religioso cristiano -su especialidad es el gospel– decide hacer una comedia dramática se busca a un viudo encantador al que sus hijas encantadoras buscan una novia (encantadora, claro) en una historia que es, en todos sus aspectos, más blanca que el culo de copito de nieve. En fin, al menos le dan de comer a Raquel Welch.

Divertida en lo telenoveleroDaytime Divas (USA) es un producto coregrafiado para que Vanessa Williams se luzca -como es razonable – y llena de muchas más actrices intentando tener su rato de éxito en el que cuentan historias que parecen reflejar de forma bastante transparente a The View. Al final el problema es que necesita más hueco para que se luzcan el resto del reparto y atrevimiento para llevar al once la locura, si lo hacen pueden lograr una gran serie para el verano. Si no… bueno… rellenarán horas.

Dentro de la habitual tendencia de Netflix de pagar por series que ofrecer internacionalmente para luego hacerles un caso limitado parece que My Only Love Song (O) (Corea del Sur) es el último ejemplo. Comedia romántica, como no podría ser de otra manera, en la que una actriz maleducada acaba viajando en el tiempo y metida en un lío mayúsculo del que lo más importante acaba siendo su relación con un tipo codicioso, de modo que pueda reunirse a Gong Seung Yeon con Lee Jong Hyun, que ya fueron pareja virtual en el reality de variedades -por llamarlo de alguna manera- We got married, y quizá incluso animarnos a aprovechar que esto tiene detrás a Netflix (de aquella manera, como está siendo habitual en ellos) para animarse a probar otras de las muchas series surcoreanas que ofrecen.


Lo bueno es que ha sido una semana tranquila. Lo malo… Que lo que han estrenado ahora lo han hecho ahora por algún motivo. Por ejemplo, Broken (UK) viene a ser San Manuel Bueno, Martir con Sean Bean. Lo primero puede ser algo más exagerado, pero solo un poco, es un melodrama sobre un cura de barrio olvidado con mucha problemática social, problemas tanto en su pasado como con su madre y la sensación bastante clara de que en lo suyo cree lo justo. De momento Sean Bean sigue vivo pero yo he aguantado regular tanto drama religioso.

En cuanto a Still Star-Crossed (USA), los que nos preguntábamos cómo es que la ABC estaba esperando tanto para estrenar una serie de Shondaland hemos tenido respuesta con este piloto. Una ensalada de buenos actores y otros que no tanto, un marco incomparable que ya veremos lo que tarda en ser multitud de interiores, pero, sobre todo, muy poco sentido. No es que eso sea algo malo si fuera porque estamos ante otro locurón, pero me temo que en este caso lo que hay ante todo es mucho caos, muchos personajes parecidos, muchas relaciones que están así porque están así, y muy poca definición de lo que está o, cuanto menos, de el cómo se han organizado entre ellos. Sobre todo porque lo que está de fondo es la historia de siempre -en serio, de siempre de siempre- en una suerte de obra derivativa de la que, francamente, podrían haber prescindido. Menos mal que por lo menos estarán dando de comer a gente.

Terminamos la semana con un concurso de competición. Y es que World of Dance (USA) es un intento de reinventar los concursos de baile sin famosetes de por medio, con un plató central y muchas ganas de mostrar variedad. No es que vaya a ser revolucionario pero al menos es interesante saber que se están haciendo otras cosas. Y que Jenna Dewan tiene algo en lo que trabajar.


Quizá no haya sido la mejor de las semanas, pero lo de Dirty Dancing (USA) ha tenido mérito. La ABC decidió hacer un lío fastuoso. En lugar de un musical en directo decidió coger el musical que adaptaba la película y hacerlo grabado, pero no como un musical en diferido sino como telefilme. Por si el revoltijo no fuera suficientemente malo llega la segunda parte con una elección de actores que vamos a decir que podía haber estado algo más acertada. Abigail Breslin, que está estupenda en Scream Queens, está espantosa como Baby, Colt Prattes puede ser bailarín profesional que si me dicen que es modelo de ropa interior me lo creo más y Debra Messing parece que se acaba de despertar de la siesta. Solo Nicole Scherzinger parece empeñada en darlo todo, a saber por qué, mientras que al menos Katey Sagal parece que se lo está pasando en grande. El resultado es, en fin, el peor episodio de Lip Sync Battle hasta la fecha, uno en el que el gran perdedor es el público.

Hablando de calamidades, I’m Diying Up Here (USA) parece tomar todas las decisiones posibles para lograr no ser ni documental ni ficción. Para el que no lo sepa, por si acaso, es la adaptación de un libro del mismo nombre sobre la generación de cómicos de stand-up de los ’70s. Que como punto de partida puede ser interesante aunque extraño. Por varias razones. Empezando porque aunque en los últimos años parece haber habido un incremento en el interés por la historia de la comedia en USA es aún una cosa hasta cierto punto lateral y que no llega ni a los propios cómicos actuales de manera global. (Que ya son algunos más de los que se preocupan por ello aquí, pero esa es otra guerra.) El caso es que esa historia parecería perfecta para contar precisamente eso. Las subidas y bajadas de un montón de personas reales. Lo que sucedió con Steve Martin, Sandra BernhardRobin Williams o Freddie Prinze, sus relaciones con la generación anterior: Mort Sahl, Joan RiversWoody Allen, Richard PryorBob Newhart, Dick Gregory… Y eso ya sin entrar más en los caminos de la comedia hecha por mujeres o minorías. Podrían, incluso, haberse decidido por poner como personajes principales a Letterman y Leno y hacer que estos momentos, en los que se conocieron y se hicieron amigos, cada uno con su estilo propio, fueran pavimentando aquella legendaria enemistad. Pero resulta que en lugar de eso decidieron incluir personajes no-reales. Bueno, pensé, quizá para tener un drama que poder manejar a gusto. Cuál ha sido mi sorpresa al ponerme a ver la serie y encontrarme con que, resumiendo, son historias que ya conozco. Historias del libro y de otros libros similares que he léido, libros de historia de la comedia, entrevistas, crónicas históricas… que aquí se han integrado. Historias adaptadas por aquello del dramatismo. Pero historias que ya conocemos. Así que… ¿Qué sentido tiene que Mitzi Shore se enmascare muy ligeramente como Goldie? ¿Para qué crear una falsa sensación de diversidad en un mundo que era en realidad diverso? ¿Qué se pretende mezclando a personas falsas en situaciones reales? Porque lo que todo eso logra es que nada suena a real. Varias tramas y tipos de cómicos, los años ’70 como fondo, y lo único que consigues es un drama al uso en la que por mucho que haya actores intentando tirar del texto (Melissa Leo, Alfred Molina, Clark Duke…) suena todo intrascendente, aburrido, rutinario. Nada que te haga regresar. Quizá por el exceso de personajes, quizá por estas decisiones, tanto da. El error de concepto no parece tener ya mucha solución y la serie parece dirigirse a donde The Newsroom o Vynil fueron antes. Así que no me extrañaría que ficharan a una actriz llamada Olivia. ¡Poco más!

Es curioso cómo funciona esto de la televisión. Resulta que lanzan Kat & Alfie: Redwater (UK) como una suerte de spin-off de EastEnders, uno de sus telenovelas clásicas -aunque no al nivel de los realmente antiguos, pero nos entendemos- pero no como  telenovela sino como suerte de formato híbrido. Por un lado está claro de dónde viene, pero por el otro tienen decidido que a donde va es a una miniserie de ese misterio rural que tanto gusta a los británicos. Y el caso es que el resultado debería agradar a todo el mundo. No hay que saberse la vida de estos dos al dedillo pero sospecho que ayuda mucho. Aunque sea solo a estar preparado para un punto de inicia un tanto loco –Kat dio a luz hace años a un hijo cuyo parto no ha recordado hasta hace poco- y algunas situaciones extra-melodramáticas. Pero puede verse sin saber mucho más porque la idea de pueblo lleno de misterios siempre es un punto de partida agradecido y si además cuentas con buenos actores -y aquí tienen a una Fionnula Flanagan en estado de gracia- el principio lo tienes hecho. Luego ya habrá que ver para dónde va tirando la historia pero, mira, como manera de revitalizar series o crear extensiones de las mismas no me parece mala idea.


Por contra Loch Ness (UK) parecía partir de una buena premisa para ese mismo noir rural inglés, y no sé aún cómo o por qué, pese a tener de creador a Stephen Brady -que ya demostró que podía jugar con la ambigüedad y el misterio en Fortitude– y de principales protagonistas a Siobhan Finneran y Laura Fraser (en teoría al revés, pero) parecía una cosa hecha. Pero la verdad es que el piloto logra hacer menos por el caso y sus actores que por convencerte de que se podía haber contado lo mismo en menos tiempo, con menos silencios y tiempos muertos y cosas que presupongo tenían alguna utilidad en la cabeza del que los puso ahí que no fuera disipar el ritmo y la presión. No sé si se logrará recuperar en los siguientes capítulos pero desde luego es un inicio poco prometedor para lo que podría haber sido una de las series del año. En fin.

Por motivos que no tengo claros parece que nadie se ha molestado en sacar material del mismo.

Seguimos con Paula (UK), una serie cuyo mayor problema es esa mezcla de estar absolutamente convencida de su inteligencia, de modo que la protagonista parece alternar tomar decisiones poco sensatas sin motivo alguno con que ocurran muchos hechos que -esperemos- acaben teniendo explicación pero que de momento solo están por estar y para que pienses que algo pasa o va a pasar. La combinación de ambos factores y un rodaje que se dedica a ser dramático en todo lo que puede por poco dramática que pueda parecer una situación lleva hasta el ridículo y un poco más la serie entera, y ese es el problema. Que una cosa es forzar un poco el drama y otro llevarlo a tal extremo que es difícil tomárselo en serio. Ay, Paula, si al menos te hubieras tirado por el locurón.


Terminamos esta poco satisfactoria semana -en lo que a pilotos se refiere- con White Gold (UK) que es una serie cómica -o eso dicen ellos- sobre vendedores de ventanas en los años setenta que si te recuerda poderosamente a The Inbetweeners, pese a tener a ese chico protagonista que estuvo en aquella serie americana, probablemente sea por la cantidad de personal técnico y artístico que comparten. A partir de ahí puedo decir que si no me hacía ninguna gracia el bro-humor estilo inglés -es decir, bros regocijándose de dar pena- no hay ningún motivo real por el que añadir un autor principal nuevo y ponerla en los setenta vaya a funcionar. Al menos no para mí.