Posttriscaidecafobia

La organización de una serie en capítulos es algo arraigado en la concepción de la ficción televisiva de cada país, ciertamente. Por eso están tan alejados los modelos ingleses y españoles, que van de los seis episodios que le dan un aire de perenne miniserie a todo a la locura absurda del apócrifo lema español hasta el infinito y más allá . Entre medias quedan otros modelos como el que se ha convertido en la referencia: el USAca .

El formato habitual de serie de unos 22 episodios por temporada ha vivido una auténtica revolución en las dos últimas décadas. Aunque resultaría más romántico considerar que se debe todo a la madurez del género que ha pasado a la casi total desaparición de series antológicas —entiéndaseme; serie que reúne diferentes historias a modo de antología de un tema, como la reciente Masters of Horror , no en el sentido de serie tan buena que merece ser recopilada— y de un sistema general de historia de la semana en casi todos los géneros (misterio, comedia, aventuras) a aplicar las tramas por arcos o por temporadas como forma —y fondo— recurrente.

Parece que los dos puntos fundamentales de este cambio serían el acercamiento a la madurez el cable —que se articula en un modelo habitual de 13 episodios— que lleva a los creadores a apartarse del modelo autoconclusivo y las ideas empresariales que pretenden lograr un mejor resultado económico. Sorprendentemente es lo contrario.

La irrupción de teorías capitalistas de alto fuste siguiendo los sucesivos planes de recortes de los años ochenta y noventa han llevado a las series a tener que estar a prueba desde casi el primer día. Frente a una clásica orden de 22 episodios las cadenas vieron que salía más a cuenta empezar con un número bajo —habitualmente unos 9— que poder estirar hasta 13 en cualquier momento para, una vez demostrada la calidad de la misma, pasara a la cifra clásica —o sobre pasarla, incluso— de manera que si una serie empieza bien pero la caga a partir de un cierto episodio se la puedan sacudir de encima, como ocurrió con Commander in chief , la serie en la que Geena Davis interpretaba a la primera presidenta de Estados Unidos que arrancó con los mejores números para terminar cancelada.

¿Cómo es esto posible? Pues debido a la maldición del número 13 (Insertar sonido de truenos) que es el resultado de querer tenerlo todo. Si en una serie autonconclusiva tradicional añades capítulos sólo tienes que meter una serie de of the week más, si lo haces en las actuales tienes que modificar todo el sistema de tramas y arcos. Con esto no quiero decir, ni mucho menos, que lo de antes fuera superior. Ni que los arcos no puedan ser un claro error.

El problema fundamental es que las series, especialmente aquellas en su primer año, tienen pensadas trama y desarrollo para esos primeros 13 episodios. Por eso cuando consiguen temporadas completas sufren una brusca falta de rumbo. Es más sencillo que los creadores de una serie sepan cómo va a ser la segunda temporada que la segunda mitad de la primera y, obviamente, tendrán más tiempo para desarrollarla y mejorar.

Son muchos los problemas que pueden producirse en una serie y todos tienen un punto de partida claro, el 13 marca un final lo que significa que el 14 tiene que ser otro principio. O, como poco, una continuación razonable:

En 24 quedaba todo tan cerrado —familia rescatada, malos detenidos, organización desarticulada— que el giro metido en el capítulo siguiente resultaba poco creíble, el pistoletazo de salida para los diferentes tirabuzones que irían enloqueciendo progresivamente la historia.

En el caso de Supernatural no fue tanto el hecho puntual de ese capítulo con el encuentro entre los protagonistas y su padre —un claro ejemplo de ruptura con respecto a las series antiguas, nadie se imagina que El Fugitivo encontrara al Hombre con un Sólo Brazo a mitad de la primera temporada, salvo, quizá, J. J. Abrams — tanto como el paso de distintos Monsters of the Week centrados en leyendas urbanas a una trama demoníaca general que se iba colando entre esos capítulos —sustituyéndola en ocasiones— mientras estos pasaban a ser tan poco interesantes que parecían los rescatados de la papelera.

El ejemplo más reciente, y uno de los más sangrantes, es el de Glee que volvió tras un espléndido capítulo que cerraba casi todas sus tramas y lo hizo poniendo las fichas en la primera casilla. Esquemas repetidos, más cabos sueltos y una cierta desgana con aire de sobreexplotación de los actores/cantantes que han logrado quitarle las ganas de seguir a parte del entregado público que la convirtió en serie revelación.

En el extremo opuesto se encuentra Community , auténtica comedia del año, que vio aumentada en varias ocasiones su número de episodios, en un claro ejemplo de avaricia empresarial, llevándolas hasta la alocada cifra de 25 capítulos en su primera temporada. Circunstancia de la que supieron sacar partido con dos trucos, el abandono de arcos y tramas convirtiéndolos en líneas generales de actuación, y la mezcla de capítulos. Los episodios 23 a 25 no se colocaron como estrambote del final, se reubicaron en distintos momentos del final de temporada —casi todos antes de los tres últimos— eliminando cualquier mención a la continuidad y preparando historias que no fueran a tener impacto en los siguientes episodios. Relleno improvisado de un nivel más bajo, sí, pero por lo menos no hacía descarrilar la serie.

Lo que demostraría que no es tanto un problema de los guionistas como del choque entre ambos sistemas, el de planificación de tramas y el de planificación económica. Y si bien es lógico pensar que una televisión quiere evitarse problemas como encargar 22 capítulos de Happy Town para que terminen en la basura o en Europa uno no puede dejar de pensar en lo mucho más sensatos que parece la idea de que el número de episodios —cada vez más variable, lo que ha provocado que en otras series el punto de ruptura pueda ser el 9 o el 15— dependiera de lo que la serie tuviera para contar —admitamos, por ejemplo, que a Harper’s Island le sobraban, entre otras cosas, varios capítulos de los 13 que tenía— del mismo modo que nadie impone 250 páginas o 500 para un libro.

Pero, claro, también seria deseable que la duración de los informativos se adaptara a la existencia de noticias, no al revés, y aquí estamos, viendo cantar a gatitos.


livefromnewyorkitssaturdaynightlive!!!

30 años no es una edad habitual a la que llegue un programa con vocación transgresora o de apelar a los jóvenes adultos. Es innegable que algo hay que perder, algo hay que cambiar, y nada es lo mismo.

En el caso del SNL, cuando empezó su 30 temporada en septiembre de 2005 la situación era extremadamente apacible: tras el brillante lustro inicial y los turbulentos ’80 los siguiente quince años fueron una lección de adaptación por parte de Lorne Michaels que fue demostrando cómo el programa podía sacar y pulir diamantes, con paciencia, con mucho trabajo y dejando a muchos jóvenes cómicos en un sencillo puesto de secundarios recurrentes o de mero forraje para la pantalla.

Michaels, uno de los tipos más listos del mundillo televisivo, había ido adaptándose a la situación, poniendo límites a lo que la cadena podía hacer y lo que no y mimando a sus protegidos. Para 2005 su situación era realmente extraña, quizá la persona fuera de la NBC con más peso dentro. Empezaba el lustro habiendo desterrado la imagen de Club de Chicos que había perseguido al programa desde casi el principio y que había causado sonoros enfrentamientos con antiguas integrantes como Louis-Dreyfus, Garofalo o Silverman y un escándalo mayúsculo con el caso Andrew Dice Clay. Pero el reinado de las mujeres tampoco podía durar mucho en un panorama cambiante.

Las tres novedades del año 2005, que apuntalarían el programa en años venideros, fueron la cómica de improvisación Kristen Wiig, el camaleónico Bill Hader y el más importante de los fichajes: The Lonely Island.

The Lonely Island era un trío de chavales, amigos desde la infancia, que hacían parodias de canciones, escribían piezas cómicas y realizaban todo tipo de locuras en Berkeley, California. Locuras lo suficientemente importantes para atraer a los ejecutivos televisivos, por ejemplo los que decidieron que en los premio de cine de la MTv presentados por Jimmy Fallon —recién abandonado el SNL— se incluyeran algunos montajes suyos. Esto les sirvió de carta de presentación cuando
Michaels se interesó por ellos permitiéndoles llegar a un trato con él.

Andy Samberg pasó a ser uno de los nuevos cómicos contratados, Akiva Schaffer y Jorma Taccone pasarían, por su parte, a formar parte de los guionistas del programa; además, el trío seguiría preparando cortos que servirían como relevo natural a la Funhouse de Smigel, los SNL Digital Shorts.

Unos suben, otros bajan, las mujeres vieron cómo perdían cuota con la desaparición por la baja de embarazo de Maya Rudolph y especialmente de Tina Fey, a la que no se vería mucho más. Tras la experiencia del año anterior guionizando Chicas Malas y su reciente maternidad Fey se sentía con fuerzas para preparar el sigueitne asalto con toda la ayuda de Lorne Michaels, preparar una comedia que iba, básicamente… sobre ella.

30 Rock es una serie sobre una jefa de guionistas como ella, con un programa semanal de sketches, un montón de actores problemáticos entre los que destacaba su antigua amiga y compañera de actuación ahora parte fundamental del show, Rachel Dratch —que había sido compañera de Fey en los viejos tiempo de Chicago— y el imprevisible Tracy Jordan, personaje con mucho del también ex- SNL Tracy Morgan en el que, de paso, se disparaba con bala entre otros muchos tics de cómicos al ex-SNL más anti-SNL, Eddie Murphy. Por si quedaba duda, el nombre venía del edificio real de la NBC, cadena igual de real que realizaba un ejercicio tremendo de metaficción apartando las pocas diferencias —la falta de presentadores e invitados musicales, la dualidad ante las cámaras de la propia Fey, la presencia de Lorne Michaels…— para la que se sirvió de muchos talentos del show. Los más visibles fueron, obviamente, los de la propia Fey y los de Rachel Dratch, que abandonaron a finales de la temporada para centrarse en el desarrollo del piloto.

Resultaría ridículo señalar la marcha de la comedia, sus múltiples premios o el refuerzo a la imagen de Lorne Michaels como productor. Me limitaré a señalar que Dratch, amiga desde antiguo de Fey, dejó el SNL para hacer el papel que acabaría siendo desde la segunda versión del piloto para Jane Krakowski. Un fallo de cálculo que no ha agriado la relación, la cómica ha aparecido en pequeños papelitos en la serie así como cameos en el SNL, el último de los cuales junto a la propia Fey este mismo año.

Y si las mujeres bajan alguien tenía que subir: The Lonely Island. Durante los primeros meses poco era lo que realizaban, Samberg no parecía contar mucho para el resto de los guionistas, por lo menos hasta que llegó Lazy Sunday.

En compañía de Chris Parnell, con ocho años ya en el programa y más cerca de irse que de quedarse, Andy Samberg, que casi ni se había estrenado, comentaba en el que era su segundo Digital Shot un visionado del primer Narnia con el uso de Chronic como seudónimo de María mediante un rap de blancos.

Es difícil decir si fue un éxito de YouTube o un éxito por YouTube, la por entonces neonata herramienta para compartir vídeos, el caso es que se convirtió en el nuevo sketch memorable del SNL y logró atraer de nuevo a los jóvenes espectadores. A Lorne Michaels le salían bien los planes.

Pese a ello el canal pedía ajustes presupuestarios así que Lorne tuvo que dejar ir a Parnell —que lo intentó con el fallido piloto de Thick and Thin antes de convertirse en el personaje recurrente Dr. Spaceman en, obviamente— 30 Rock— junto con otros actores de largo recorrido como Horatio Sanz y Finesse Mitchell. La marcha de Fey llevó aparejada la subida de Seth Meyers de actor y guionista a jefe de guionistas (en principio junto a Paula Pell y Andrew Steele ) y a presentador del Weekend Update con Amy Poehler.

Tras el éxito de la anterior temporada Hader y Wiig, además del guionista pasado a actor Jason Sudeikis pasaron a ser miembros del repertorio. También subió de puesto Samberg que produjo en esta nueva temporada otro hito con el principio de una colaboración más que fructífera para ambas partes entre el joven —digamos— cantante Justin Timberlake y el SNL. El más que notable talento cómico de Timberlake y su absoluta falta de vergüenza facilitaron la existencia de Dick in a box que les valió a los implicados un premio Emmy.

De nuevo el éxito en Internet y, esta vez además, la demostración de que se podía usar como medio en el que quitar los pitidos, abriendo a una audiencia adulta, a salvo de no tanto chavalines como pesadas asociaciones de espectadores.

El equipo se estabiliza, Wiig* se consolida mientras el resto de mujeres van desapareciendo aun cuando su tendencia a soberactuar no parece reprimida por nadie. Hadder se convierte en un chico para todo que demuestra unas capacidades similares a las de Kattan o Aykroyd para crear pequeños personajes memorables y brillantes imitaciones.

Al año siguiente la plantilla vasi no varió, en parte como medida preventiva ante la huelga de escritores que sacudió al programa como a todos los demás, anulando uno con The Rock y Amy Whinehouse entre otros planes. Los cómicos y guionistas estuvieron entre el sector más activo del programa hasta el punto de que se llegó a hacer un episodio especial en directo dentro del Teatro Upright Citizens Brigade co-fundado por Poehler, en el que Michael Cera presentaba y el grupo Yo la tengo ejercía de invitado musical, recreando el programa con el nombre*_SNL On Strike!_*, un acto de homenaje a los newyorkinos y de apoyo a los escritores en huelga que contó con la participación de casi todo el cast de la temporada así como de Horatio Sanz y Rachel Dratch.

Una vez se retornó a la normalidad reapareció la anormalidad, no tanto por la marcha de Maya Rudolph aprovechando la huelga, como por el año electoral a la vista por el que los políticos — Hillary Clinton, que se encaró a Amy Poehler, su imitadora; Barack Obama o John McCain— pasaron a a realizar cameos bien para apoyar su imagen pública, bien para congraciarse con los guionistas del programa. Con el final de la temporada se acercaba el final del reinado de las mujeres tras manifestar Amy Poehler que se iría al año siguietne para desarrollar su propia sereie: Parks & Recreations. Poehler aceptó marcharse a mitad ela temporada pero eso no evitaba que la sucesiva pérdida de poder femenino pareciera irremediable, haciendo que el SNL perdiera una de sus principales —y pacientemente conseguidas— bazas.

Lo que nadie podía preveer era lo que ocurriría meses más tarde, el 29 de Agosto de 2008. Ese día el candidato a la Presidencia por el partido Republicano, John McCain, anunciaba a su compañera candidata a vicepresidenta, la Gobernadora de Alaska, Sarah Palin. Todo el potencial cómico de la mujer y su más que notable parecido con Tina Fey convirtieron la vuelta de esta al programa en un clamor.

El arranque de la temporada ese año estaría ligado a Palin, con sólo unas pocas incorporaciones entre los actores de fondo, entre los que sólo destacaban Bobby Moynihan, que haría el papel de eterno secundario gordito simpático, y Abby Elliott —hija del exSNL de corta duración Chris Elliot y nieta de Bob Elliot, de Bob & Ray, que también apareció haciendo un cameo en los ’70— que perpetuaría la saga familiar y trataría de mantener la llama del Girl Power en el programa.

El sketch en el que Amy Poehler, aún en el programa, imitando a Hillary Clinton daba una rueda de prensa con Tina Fey haciendo de Sarah Palin pasará a los anales del programa entre los sketches de contenido político más importantes. Y de mayor recorrido internacional.

La brillantez de la imitación convirtieron finalmente a Tina Fey en una superestrella mundial, elevaron las audiencias del programa y acabaron consiguiendo la participación de Sarah Palin para un mini enfrentamiento con ella. Todo un logro que devolvió las audiencias del programa a los niveles de principios de los noventa cuando el tandem Carey / Myers arrasaba. Todo el proceso electoral que acabaría llevando a la victoria de Barack Obama fue tratada con ironía y humor por el SNL consiguiendo convertirse de nuevo en un espacio de referencia entre los jóvenes, especialmente su Weekend Update —finalmente sólo con Seth Meyers— que pasó a ser una versión breve del Daily Show de Jon Stewart.

La llegada de Obama a la Casa Blanca supuso dos cosas: Que Tina Fey dejara de imitar a Palin —al menos hasta que volvió a ser host del programa— y que algún actor tenía que hacer de Obama. Dado que el único actor de color era Kenan parecía obvio que había que buscar a alguien nuevo. Incluso se llegaron a hacer pruebas en los que participaron cómicos como el entonces guionista de 30Rock y actual actor de Community Donald Glover, intentos de encontrar a un actor que pudiera imitarle. Pero fue en vano, finalmente Fred Armisen, el más camaleónico de todos los actores del actual reparto, hijo de venezolana de germano-japonés, encarnaría al nuevo presidente entre críticas de los sectores más concienciados de la comunidad negra que no entienden cómo no había un actor negro que pudiera interpretar a Obama. Especialmente al ver que la imitación es correcta pero no memorable, nada que ver con la larga tradición de enormes versiones presidenciales.

También hubo quejas, desatadas por el affaire Obama, sobre la nula presencia de mujeres de color y la explotación de Kenan que tenía que interpretar todos los papeles de afroamericano, quizá el movimeinto no logró nuevas contrataciones pero sí facilitó algo más de visibilidad a Kenan Thompson.

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No fue la única queja por una imitación de Armisen, también su versión del actual gobernador de Nueva York, David Paterson, le procuró la queja explícita del personaje público y de una serie de colectivos de ciegos que no entendían que se hiciera humor con eso. Sus apariciones en el Weekend Update, sólo o con el ex-gobernador Spitzer de Bill Hadder, se convirtieron, sin embargo, en momentos memorables.

Link: UPDATE Fred - Saturday Night Live

Así que el auge de internet, capaz de convertir en viral algunos de los vídeos de los Digital Shorts o de movilizarse con las imitaciones, trajeron al programa a un a nueva edad, plateada de momento, en el que los sketches más divertidos se expandían por todo el mundo.

También continuó la simbiosis con algunos presentadores, con Alec Baldwin llegando en la última temporada a igualar a Steve Martin como los presentadores que más veces han llevado el programa, quince en cada caso, así como la demostración indiscutible de la fuerza cómica y la conexión de Justin Timberlake con el reparto logrando que su tercer programa se convirtiera en uno de los grandes momentos de esa temporada. facilitándole un Emmy a actor invitado en comedia y apoyando otras candidaturas, Tina Fey se lo llevaría —claro— como actriz invitada en comedia por su papel de Sarah Palin, mientras que Amy Poehler y Kristen Wiig tendrían que conformarse con una candidatura como secundarias en el SNL. Los premios y candidaturas reconocerían para los críticos el buen momento del programa.

También significó el final de camino para Darrell Hammond tras 14 temporadas en activo, lo que le convierte en el cómico que más años ha pasado en el plantel del SNL, con grandes imitaciones a cuestas, especialmente su Bill Clinton pero también Dick Cheney o Al Gore, además, claro, de su papel como Sean Connery en los Celebrity Jeopardy!

En su más reciente temporada hubo un casi imperceptible cambio de mujeres, con Kristen Wiig como única actriz destacada, con Bobby Elliot aún de featuring, Lorne Michaels despidió a las otras cómicas, Casey Wilson y Michaela Watkins, y contrató a dos nuevas, Nasim Pedrad y Jenny Slate, tratando de recuperar ese avance que había supuesto el lustro anterior. Lamentablemente los recambios no estaban a la altura y Wiig pasó a ser omnipresente por todo el programa, causando un lógico efecto cargante.

La más reciente temporada poco ha podido aportar, vuelve a pasar cinco años y tocan cambios, aunque de momento no se ha notado ninguno aunque, eso sí, Lorne Michaels logró cerrar con un éxito espectacular. Igual que empezó el lustro colonizando internet gracias a Lazy Sunday tomó la petición en Facebook de que la popular cómica Betty White fuera la presentadora de un programa y no sólo aceptó sino que lo convirtió en un recordatorio de esta última década conjugando la participación de las cómicas más importantes que han sido miembros en los últimos quince años con sketches y chistes diseñados para la generación Internet, un experimento saldado con un rotundo éxito de público y con muy buenas críticas —aunque haya sido duro para las nuevas ser comparadas con las antiguas estrellas— que puede servir de cierre a este repaso histórico a lo que ha sido el SNL con el Digital Short dedicado:


Finalidades

Uno de los temas recurrentes de esta temporada ha sido el capítulo final o Finale, por la avalancha de series importantes que han cerrado con la temporada. Han sido muchas, sin duda, aunque una merece destacarse especialmente por la circunstancia no sólo de la cancelación sino de la serie en sí, ejemplo y reinvención de un género, hito generacional y auténtico ejemplo hasta su finale. Me refiero, claro, a Ley y Orden, que ha estado realmente cerca de superar a Gunsmoke como serie dramática de mayor duración.

Ley y Orden deja tras de sí una casi incontable variedad de spin-off nacionales e internacionales, una vaga sensación de que podía haber sido renovada sin muchos problemas y un último capítulo que muestra una semi-normalidad que se lanza hacia el célebre otro día más que ha sido la premisa de la serie en muchos momentos y que de haber sido realmente concebido como final de trayecto de la serie la hubiera incluido en el círculo de las que creen que lo mejor es mantener el tono.

Quizá mi silente lector sea de los que crea que eso es lo habitual. Puede que, incluso, haya leído la columna que publicó en El País David Trueba al respecto. Déjeme decirle que he decidido reestructurar esta para que los ejemplos sean tan claros que hasta él pueda entenderlos, y —de paso— mostrar mi apoyo para que reciba todas las ayudas para la escritura que le sean necesarias, que no se limiten a las económicas.

En contra de lo que afirmaba el pasado jueves sobre Hill Street, Lou Grant, Enredo o Arriba y Abajo, no sólo no son episodios olvidados sino que casi podríamos establecer una teoría del finale sólo con esos cuatro. O por lo menos media. Enredo tiene el peor final de los cuatro y, a la vez, el más consistente con la propia serie, todo son cliffhangers y giros absurdos porque, vaya, cuando la cancelaron pensaban que aún habría por lo menos otra temporada, entra en los Inesperados. Hasta tal extremo que dejaron a la pseudo-protagonista Jessica Tate, en coma. Dentro de lo que era la parodia del culebrón y la disección de la sorpresa argumental que era esta serie casi parece la única alternativa lógica a un final.

El caso de Lou Grant es a la vez igual y distinto. Igual porque también es Inesperado la cortaron sin permitir un finale planificado. Distinto porque ese cierre fue un ejemplo de lo que les pasa a las series valientes. Meter un episodio centrado en el aborto en 1982, sacar a todos los personajes bajo una luz negativa o que tu estrella principal —la primera que ganó un premio a mejor actor dramático tras ganarlo a mejor actor cómico interpretando exactamente el mismo personaje— sea uno de los motivos de cancelación por decir que en El Salvador debería haber democracia aunque eso significara que ganasen las elecciones los comunistas, que todo esto sea motivo suficiente para que una serie entre las diez más vistas del momento sea cancelada resulta terriblemente metaficticio, el tipo de presión con la que Grant y los suyos tenían que lidiar cada vez y que en un supremo ejercicio de ironía se los llevó en esta ocasión por delante.

Tras estos dos los otros dos ejemplos de Trueba son episodios canónicos del tipo de finale Fin de una era. En el caso de Arriba y abajo incluye el desmantelamiento de la casa —recordemos que era el elemento realmente vertebrador de la serie, con las escaleras a las que hacía referencia el título original— iniciando así el truco nos mudamos que después veríamos usar en series tan dispares como Los problemas crecen o 3rd Rock , los problemas y las luchas de clases que habíamos visto ir evolucionando no terminan, sólo cambian y uno de esos cambios es que una casa como la de la serie ya no es factible de mantener tras ciertos giros del guión en su última temporada.

En Hill Street Blues la comisaría arde en un incendio. Tal cuál. Pese a lo que los personajes siguen entrando y saliendo de ella tratando de hacer su trabajo y ayudar a los que les llaman. Es de suponer que un simple incendio no hará que se cierre la comisaría, claro, pero sí sirve de imagen final para anunciar el final de una época y para resaltar, una vez más, la cualidad de infatigables de estos piesplanos. Como final casi perfecto entrarían también en la categoría de Homenaje e, incluso, gracias a ese intento de mantener la normalidad habrái pequeños ecos de Un día más.

Sí, categorías. Casi todo puede reducirse a ellas, incluidos los finales de las series, y tampoco es que haya que buscar mucho: Giro, Homenaje, Inesperado, Fin de una era, Un día más.

De entre las series que merecen ser destacadas entre las que terminaron este año la mayoría eligió la coherencia entre lo que contaban y su final. Series basadas en los giros como 24 o Lost terminaron con ellos, por mínimos que fueran. En el primer caso casi una tontería para lo que ha sido la serie, en el segundo un auténtico ejemplo de cómo no hacer las cosas. No, tranquilos, no es el inicio de una digresión: Lo que está mal en el final de Lost. Me refiero a que si sacas personajes a que hablan y cuenten lo que ha pasado en el más puro estilo “Soy médico y esto es lo que le pasa a Norman Bates procura que los muñecos-calcetín de la explicación vocalicen y vayan lo suficientemente despacio para que hasta la presentadora de un magazine diurno pueda entender lo que pasa, no vaya a soltar un “En Twin Peaks el asesino de Laura Palmer fue el búho” . Total, ya has tirado por la borda cualquier intento de fingir que confías en la inteligencia de tus espectadores, si ni por esas se enteran es que algo falla.

Reconozcamos que los finales con Giro tienen casi todos un mismo problema: El giro. La lógica de meter una vuelta de tuerca suele tener más que ve con lograr que la gente recuerde el final que con la coherencia respecto a lo narrado. Incluso cuando una serie recurre a los giros con frecuencia el último de ellos no puede salirse de madre. Dos ejemplos clarísimos en este campo: Roseanne y Dallas. El primero es un caso de manual, una comedia que había tenido siempre una pretensión de cercanía y que en su última temporada incluía un billete de lotería que les hacía millonarios entre otros cambios en la vida de los protagonistas. Todos ellos a mejor. Hasta el último capítulo, en el que se descubría que el final de la temporada anterior era muy distinto de lo que se nos había mostrado durante la nueva. Toda la última temporada era una terapia que seguía la figura central para tratar de arreglar y reorganizar su vida. Eso contado en los últimos quince minutos por medio de un monólogo interior hace que uno se pregunte cuales eran las otras opciones.

Dallas, por su parte, parecía que tendría difícil superar la famosísima escena de la ducha y el todo fue un sueño así que pusieron toda la carne en el asador, un misterioso personaje repasaba con J.R. : su vida y lo que había hecho con la gente de su alrededor animándole de manera sutil a suicidarse y mostrando finalmente unos ojos rojos de fuego. Sí, queridos lectores, Satán en persona o el representante local de Satán llama eran los responsables directos del final de Dallas.

Al lado de esto terminar como St. Elsewhere, mostrando que todo era la imaginación de un niño autista, o como Bob Newhart que cerró sus segunda serie, Newhart, convirtiéndola en un sueño del protagonista de su primera serie The Bob Newhart Show. Como si Resines se hubiera despertado en la cama haciendo que Los Serrano fueran un sueño de su personaje Smith en Los Ladrones van a la oficina.

Otro ejemplo en la misma línea de hacer la gracia es el de Will & Grace, con un salto temporal que muestra a los personajes casados cada uno por su lado, a Will adoptando un niño, a Grace teniéndolo y, finalmente, la boda de los retoños. El final favorito de las adolescentes que quieren ser BFF.

En cuanto a los Inesperados, este año los hubo como el ya mencionado de Ley y Orden o los de Entre berzas fantasmas, Flashforward o Heroes. En el último caso era más un acto de fe que de razón pero la cancelación de Entre fantasmas tiene algo de ejemplar, de llevarse por delante el programa más por la protagonista que por sus datos. Sí, obviamente si los datos fueran millonarios y el dinero entrara a raudales sería más complicado, pero aún con la caída de audiencia, la sindicación conseguida y el plus de no tener que soportar a Jennifer Love Hewitt sigue resultando una elección complicada.

A veces Inesperado parece más bien una excusa para decir Abierto. Con esa frase sabéis que nos enfrentamos a Los Soprano. Las escuelas de pensamiento sobre su final se centran claramente en si hay o no una muerte. personalmente considero que si algo no está explícito y realmente no se nos han dado pistas sólidas es difícil sacar al gato de la caja. Al fin y al cabo también tiene derecho a existir un Final Schrödinger.

El Homenaje se lo dio esta temporada Monk —técnicamente terminó en diciembre, pero no deja de estar dentro de la temporada 2009/2010— resolviendo finalmente la trama principal de la serie y celebrando la rareza de su personaje central. Similar a esto fue el de Nip/Tuck, con repaso a los personajes y lo que eran o querían ser, una celebración de lo que les unía. Algo así como el final de Friends sin ser aburrido. Reconozcamos que estos finales, que suelen incluir o repartirse la idea de Final de una era, tienden a poner el ñoñómetro por las nubes. Incluso cuando la serie lo ha merecido, como Seinfield, ver tanta vuelta sobre los personajes y los mejores momentos puede acabar saturando, sobre todo cuando no deja de ser la constatación de que una serie ya estaba moribunda.

El Fin de una era puede ser incluso peor, al fin y al cabo reúne lo mejor —o lo peor— de los dos anteriores. Lo haces bien y tienes Mary Tyler Moore con todo el mundo siendo despedido por los nuevos dueños de la cadena, excepto el personaje incompetente; lo haces mal y tienes La casa de la pradera con, por este orden, lucha contra los ricos, drama legal, expropiaciones, explosiones, una única casa medioderruida resistiendo y, finalmente, conejos. Si hubieran hilado con Mad Max no nos hubiese sorprendido más el final.

Hay que concederle el crédito por ser siempre el más lacrimógeno. Como decía más arriba tanto Hill Street como Arriba y abajo seguían este esquema, también era el del final de M*A*S*H en el celebérrimo Goodbye, Farewell and Amen que mostraba a Hawkeye marchándose de la 4077 tras un largo y embrollado capítulo de despedida que no es sólo un clásico de los finales y el episodio más visto de cualquier serie sino que, hasta el pasado febrero, era el momento más visto de la historia de la televisión. Sigue siéndolo en Ratings y Share pero en número total de espectadores ganó finalmente la Superbowl de este año tras 27 años de imbatibilidad.

Y si bien os sospecho esperando a que mencione a David el Gnomo me temo que vamos por un camino completamente diferente: Alf. Ya sé que a esas altura Alf no la veía nadie pero el caso es que terminaba… con el alienigena siendo descubierto y capturado por la autoridades. Es tal el, digamos, pánico infantil desatado que acabaron haciendo una TV Movie en la que el Alf de siempre daba paso a algún tipo de extraña versión de Los héroes de Logan. El lado positivo es que no decidieron rematarlo como los efectos de la anestesia de una vivisección. Para ver morir gente mejor irse al anime El perro de Flandes o al canal Disney.

Uno no puede crear una de las series favoritas del público infantil, llenarla de mala leche adulta y esperar que su cancelación sea tomada de una manera justa y razonable por los guionistas. Por eso cuando se cargaron Dinosaurios había cierta expectación por ver por dónde salían. Pero, claro, eran Dinosaurios, ¿tú ves alguno a tu alrededor? Así que la llegada de una nueva glaciación se cernía sobre ellos matándolos de frío. ¡Alegría, diversión, entretenimiento familiar!

Frente a tanta tragedia los Un día más, de verdad, no efecto secundario de los Inesperados, resultan casi un bálsamo de sensatez. Si no tienes anda que mostrar más que lo cotidiano, no te quieres rebajar a un momento ñoño y consideras que lo mejor es seguir en lo tuyo, esto es lo que hay que hacer. En los procedimentales — los policíacos de toda la vida del señor— es algo sencillo de hacer, un Mistery of the week más o menos y, con suerte, algún día alguien hará una TV Movie, como les paso a Colombo, Rockford o Fletcher. Pero cuando hay un componente de continuidad narrativa ya tienes que tomar un pequeño giro, en el caso de Policías de Nueva York vemos a Sipowicz convertido en jefe del grupo adaptándose a su nuevo puesto. Porque, nos parece decir, no importa tanto esa perfecta excusa para hacer un final de una era que hubiese sido cambiar al bronco Sipowicz en un policía respetable, él sigue igual y su manera de tratar los casos, ahora con más responsabilidad, no va a variar, la labor de la policía es contante, sostenida y requiere más de trabajo que de una posibilidad real de cambio por arte de birlibirloque. Sí, las cosas cambian. Pero para seguir igual.

Idea similar a la que presenta Urgencias, siempre tan amiga de los paralelismos, que trae la excusa de Carter abriendo una clínica para indigentes para reunir a algunos antiguos personajes —en el pequeño Homenaje que se dan en el final— mientras utilizar el resto del capítulo como ejemplo de un día más en el hospital, sin helicópteros malvados ni plagas bíblicas, un día que recuerda al piloto de la serie sólo que en un guiño el papel de Carter es ocupado aquí por Rachel, la hija del Doctor Green, que está preparándose para ser médico —recordemos que fueron 15 años de serie— de manera que cuando se produce la inevitable emergencia todos tienen que dejar la fiesta y ayudar porque, al fin y al cabo, son médicos. Así que ya lo veis, el Un día más venciendo al Homenaje. Algo que esta temporada hemos visto en la despedida, ¡por fin!, de Scrubs, cuando empezábamos a sospechar que nunca dejarían que se acabara esa serie.

Puede que alguno de mis teóricos lectores crea que hay más maneras de terminar una serie, al fin y al cabo hay gran cantidad de series y cualquier reduccionismo termina pareciendo absurdo. En la práctica las cosas suelen ser más sencillas. Cada vez que los medios de comunicación —periódicos, radios, televisiones o internet— se ponen a abrasarnos con noticias sobre la temporada final o el último episodio de una serie acabamos viendo que no es para tanto, que reproduce momentos ya vistos en otros finales y, a la postre, puede entrar en alguna de las categorías, aunque sea hibridándolas.

Pero si algo debíamos haber aprendido de esta época de sobre-exposición mediática es que rara vez el Finale justifica a los Medios.


FullNight

El paso a la temporada 26 resultó de lo más tranquilo que ha vivido el show y toda una diferencia con los despidos masivos de mitad de los noventa. La marcha de Oteri, Quinn y Meadows obedecía más a un final de ciclo buscado por los propios actores que a presiones de la cadena y su marcha fue cubierta por Tina Fey —que pasaba de los guiones al plató— y por el cómico de improvisación Jerry Minor que se iría antes de que terminara la temporada.

El cast entero se volcó en la carrerar presidencial con gran éxito gracias, sobre todo, a la imitación que Ferrell hacía de Bush. Ferrell ya era una superestrella que empezaba a recibir ofertas de Hollywood. Las parodias realizadas, con un inmenso Dan Hammond encontrándole el punto al granítico y aburrido Al Gore como perfecta contrapartida del desmadrado Bush de Ferrell, lograron gran repercusión mediática.

Al final de la temporada ferrell avisaría de que el año sigueinte grabaría la película Old School (Aquellas juergas universitarias) por lo que estaría menos presente en el programa, sería su forma de ir marchándose poco a poco del mismo, una muestra del buen talante del actor.

En cualquier caso, la temporada 27 sería recordada por otro suceso más oscuro. El 11 de Septiembre, tres semanas antes del inicio de la nueva temporada, ocurrió el ataque al World Trade Center. La dificultad de pasar el trago siendo un pilar tan importante de Lo newyorkino , la dificultad de realizar un programa cómico tras el atentado y, pro supuesto, la dificultad de convencer a los invitados que acudan siendo un blanco tan obvio y estáno la ciudad en pánico por los posibles nuevos ataques.

La apertura del primer show marcó un tonó y mandó un mensaje, el alcalde Giuliani con representantes del cuerpo de bomberos y policías de Nueva York se presentaban para que la ciudad siguiera como siempre, una intervención —con la actuación de Paul Simon incluida cantando The Boxer — que concluía con Lorne Michaels en persona acercándose a Giuliani para preguntarle ¿Podemos ser divertidos? respondido con ¿Por qué empezar ahora?.

— Me hubiera encantado poner el vídeo pero esta semana no hay forma de dar con ellos, si alguien tiene idea de dónde sacar este y otros sketches mencionados que lo diga —

No fue el último sobresalto ese año. Hubo que recurrir a muchos amigos del programa para lograr la temporada entera, entre ellos Drew Barrymore. Pero incluso a esta se le hizo cuesta arriba cuando se declaró un caso de Anthrax en el famosísimo edificio de Rockefeller 30. Tras el desalojo se llegó a temer que no se llegara a emitir esa semana el programa. Una muy asustada Drew Barrymore terminó presentando el programa para dejar claro que las amenazas terroristas no iban a acabar con ellos. Un gran gesto.

Pero el peor de las secuelas del 11S fue la desarticulación de la sátira política, el programa no podía hacer crítica de su propio sistema a corto plazo, eso y la enfermedad de Hammond, que le mantuvo apartado de varios programas, se unió a la progresiva desaparición de Ferrell que logró aún antes de irse definitivamente que recontrataran a Parnell a mitad de la temporada y que Ellen fuera presentadora de uno de los programas. Su marcha tras un capítulo especial en el que lso auténticos Neal Diamon y Alex Trebek se pasearon por las tablas —sólo dos semanas después de que Janet Reno hiciera lo propio— supuso el punto de inflexión definitivo para que las mujeres tomaran el poder.

Pese a la marcha de Molly Shanon la temporada anterior el SNL sigue contando con Ana Gasteyer y promocionando a Tina Fey, Rachel Dratch y Maya Rudolph al puesto de regulares, a ello habrá que unir la llegada de Amy Poeheler, que entra como nuevo refuerzo a principio de temporada junto a Seth Meyers y rápidamente es ascendida a actriz regular. La fuerza a eimportancia de las mujeres, con todas esas increibles cómicas, más Tina Fey a la cabeza del equipo de guionistas, desterrará la iamgen machista del programa de la que se habían quejado cómicas como Jeanne Garofalo o Sarah Silverman. Durante más de cinco años serán no sólo un importante equipo dinámico sino, de hecho, las auténticas estrellas del espectáculo.

Otro ejemplo es la idea de regresar a los dos presentadores en el Weekend Update tras cerca de veinte años de un sólo presentador masculino. Los elegidos fueron Fey y Fallon, élla en varias versiones contrapuestos de su papel habitual de mujer femenina y feminista pero, a al vez, desastrosa y él en su inevitable papael de blandito retraido. EL éxito es incuestionable y logra que el espectador olvide épocas más turbulentas como la de McDonald.

Al final de la temporada, junto a Ferrell ,Ana Gasteyer, que se quedó embarazada y acabó teniendo al bebé durante la temporada, avisa a Lorne de que se queda cuidando a su hijo y no va a volver. No es la única, también Chris Kattan y Tracy Morgan se irán esta temporada, aunque harán pequeños cameos las siguientes. Para relllenar huecos a los fichajes de la temporada como el actor de mil procedencias Fred Armisen y el batería metido a cómico Will Forte, para llenar el cupo negro contratan a Dan Edwards, que no llegará a terminar la temporada. La siguiente verá como el número de actores ha vuelto a crecer peligrosamente con el añadido, además, de Kenan Thompson, un actor infantil de Nickelodeon reconvertido en stand-up negro.

La salida de Ferrell tuvo otro problema añadido, tratar de encontrar un actor que pudiera tomar a Bush tras su brillante imitación. El primero en intentarlo fue Chris Parnell, sin mucho éxito, detrás iría Hammond pero su Cheney era consistentemente mejor que su Bush así que acabó la patata caliente en Will Forte que hacía lo que podía llevando no sólo a Bush, sino el recuerdo de Ferrell. Claro que Ferrell no dudaría en regresar de cuando en cuando, como cuando estuvo con Queens of the Stone Age de invitados musicales y terminó uniéndose durante la canción Little Sisters tocando, claro, el cencerro.

En lo que respecta a los presentadores, este lustro vió la llegada de Justin Timberlake en su primera intervención. No fue un gran éxito pero sí dejó un gran recuerdo entre los guionistas y actores por su sentido del humor y su buena disposición a hacer el tonto, justo el caso contrario que Paris Hilton, una de las invitadas menos cooperantes de todos los tiempos que no soportaba qque la pusieran en situaciones que la ridiculizara. El cast acabó tan harta de ella que la entrevista del Weekend Update que le hizo Fallon fue más dura de lo previsto. Cuando Fallon le preguntó por el negocio hotelero de su famila y esta le respondió citándole las grandes ciudades donde hay un Hilton debió imaginarse que Fallon iria directo a lo fácil que pudiera ser pasar un fin de semana en el Hilton de Paris. En cualquier caso, tras las etapas anteriores pareció una sobrada simple a la que no dar más importancia, sobre todo porque Fallon anunciaría que no renueva para la sigueinte temporada, dejando libre su asiento del Weekend.

Sin embargo, el invitado baneado para futuras intervenciones fue Adrien Brody que no sólo se mostró poco cooperante, especialmente con las malas ideas que eran rechazadas por los guionistas, además se slió del papel realizando una loca presentación del invitado musical Sean Paul que fue motivo suficiente para que el ahora más cuadriculado Lorne Michaels le vetara de nuevo. Para compensar Lindsay Lohan, que protagonizaría Mean girls guionizada por Tina Fey, fue una presentadora de manera regular y con muy buena disposición.

El año siguiente se reforzaría el show con la breve llegada de Rob Riggle, que no tardaría en partir hacia el Daily Show con Jon Stewart, y la promoción del guionista Jason Sudeikis a actor presentado.

De todas formas lo más recordado del año fue el desastre de Ashley Simpson, a la que le saltaron la voz de la canción de la priemra actuación mientras los músicos tocaban la segunda. Ella trató de disimular con un numerito de baile pero pronto fue obvio que estaba haciendo algún tipo de play-back. Michaels tuvo que reconocer que la actriz cantaba con ayuda de una grabación de sus canciones por un problema médico. La vergüenza no impidió que volviera en unos años ni que se hicieran chistes durante unas semanas con lo ocurrido.

Ya para finales del lustro quedaban dos sorpresas, la toma del Weekend Update por parte de Amy Poehler en lugar de Fallon convirtiéndose en el primer momento en que dos mujeres lo presentan, la contratación de Kirsten Wiig y, sobre todo, el regreso de manera máso menos tímida a la sátira política con una tímida cobertura de la campaña 2004 que no llegará a la altura de la de 2000 ni, desde luego, la de 2008 pero que les dió algo de fuerzas para dejar los paños calientes post-11 S. Un cogérsela con papel de fumar que sólo había eludido los cortos de TV Funhouse, un invento de Robert Smigel —el guionista detrás del célebre Triumph, el perro insultante, del programa de Conan O’Brien— en el que distintos cortos parodiaban no sólo un estilo de televisión infantil, también distintas situaciones sociales y políticas, convirtiéndose en lo más punzante que tuvo el SNL durante esos últimos años, tras un inicio algo flojo como reciclado de los restos del Dana Carvey Show.


SNL: Saturday TV Funhouse

ryan | Vídeo MySpace

Para concluir el lustro la NBC decidió dejar de emitir el programa en analógico y pasarlo a digital, la cadena se iba modernizando poco a poco.


Funcionales

La semana pasada —que serán ya dos cuando leais esto— se emitió el episodio Modern Warfare de la serie Community. No voy a contaros de que va porque es uno de los mejores y más espectaculares episodios de entre todos los emitidos este año. Más aún, aparecería a buen seguro entre lo mejor de la década.
Lo vieron cuatro millones y medio de espectadores. Un tercio de la audiencia del concurso de éxito Supervivientes, la mitad de lo que reunió el nuevo capítulo de Bones y, eso sí, sólo 250 mil menos que Flash Forward.

Según empezó la temporada las críticas crearon una rivalidad ciertamente inextistente entre Modern family y Community una especie de competición por el título de mejor nueva comedia que no tenía mucho sentido pero en la que pronto se impuso la mucho más familiar y sencilla Modern Family. La misma semana que se emitía Modern Warfare el episodio Airport 2010 lograba doblar con mucho los datos de audiencia.

Ahora que ya os tengo convencidos de que va a ser otro post de la audiencia es tonta o, en el peor de los casos, de los problemas consustanciales a hacer una serie referencial de ceja alta debo confesar que la inspiración real del asunto fue William Goldman.

¿Qué creemos que hace triunfar una serie? Acabamos de ver que no es el nivel de escritura. La calidad siempre ha sido un factor secundario en la valoración de las series. Por eso han cancelado a la vez Better off Ted tras poco menos que dos docenas de episodios y la espantosa ‘Till Death que estaba cerca de llegar a la centena. Tampoco podemos sacarnos de la manga lo del momento justo y la época adecuada ya que las comedias han funcionado bien o muy bien toda la temporada. Ambas van incluidas en la noche de comedias de sus respectivas cadenas, Community antes de la casi siemrpe floja —de audiencias y de lo otro— Parks and Recreations cuyas bajas audiencias pegan un bote al pasar a The Office y luego 30 Rock. Modern Family es lo más visto, con una audiencia que duplica la posterior Cougar Town y que saca mucha ventaja a la anterior The Middle.

Alto ahí, justo a continuación de Cougar Town la noche de comedias de la ABC termina y llega uno de los estrenos de la temporada. Anunciado hasta la extenuación, con una pasta en publicidad y toda la maquinaria de la cadena detrás: Happy Town. Quizá no sea la mejor de las noches pero el bloque está consolidado y no hay grandes rivales a esa hora. Debería haber logrado fácil por encima de los seis millones.

¿Qué es lo que ha ocurrido? Pues que aún se escucha el eco del batacazo que se han pegado. La primera semana superó los cinco de milagro, la segunda había caido hasta los tres, para la tercera ya estaba sentenciada: La mandaban al verano a llenar hueco. Todo ello sin que sus directos competidores subieran sus datos e, incluso, con los programas anteriores de la noche aumentando los suyos.

Es cierto que el nivel de escritura de la serie resultaba un tanto idiota, más aún, los supuestos secretos del pequeño pueblecito tan diseñados, tan a la Stephen King, habían logrado que la crítica les pegara un buen vapuleo pero eso no ha servido nunca contra, pongamos por caso, Dos hombres y medio. De hecho, la labor comercial había sido tal y tan intensa que en España se estaba emitiendo con una semana de diferencia en Calle 13; otra cadena que ha debido de pensar que nunca más distancia 0 viendo que no fue suficiente el aviso de V en TNT.

Recordemos que V ha estado bordeando la cancelación por los malos datos que llevaron a ponerla en parón antes de tiempo. El parón ha servido para que la reubiquen detrás de Lost de manera que los últimos episodios de la serie anteceden a la de los extraterrestres permitiendo frenar la huida de espectadores, a punto de bajar de los 5 millones, y subir hasta los 6. Está claro que como audiencia es decepcionante igual que está claro que cuando Lost termine realmente la audiencia de V será algo digno de contemplar, pero eso no ha impedido a la cadena ABC renovarla para una segunda temporada, que ya es más de lo que ha logrado la irrescatable y ya cancelada FlashForward —lo que nos lleva a que en Cuatro también debe tener a alguien contento— que pese a tener el mismo tratamiento de anticipación y publicidad termina la temporada a trancas antes de desaparecer.

Así que tenemos que no es la crítica, la ubicación, la temática, las series antecedentes, la publicidad y, desde luego, tampoco los actores. Sí, todo eso puede ayudar pero como salga que no ni hacer el pinopuente con las orejas servirá. Del mismo modo que una serie puede funcionar, como Modern Family contando con sólo algunas de estas ventajas.

Volvemos ahora a Goldman, guionista de media docena de clásicos, de varias buenas películas y de otras… menos memorables. Regresamos a él porque dejó escrito hace años una máxima que es lo único que puede ayudarnos a analizar estos éxitos y fracasos tan aleatorios. Él dijo “Nadie sabe nada“. Es cierto, esta temporada —como la anterior y las anterioers y la próxima y las siguientes— veremos que de forma aleatoria crecen las audiencias, que géneros enteros se ponen y se quitan de moda y que algún bombazo de la temporada salta por los aires. Porque, en realidad, nadie tiene muy claro cuáles son los mecanismos del éxito, por más que traten de acumular todas las situaciones favorables como quien recopila patas de conejo.

Nadie sabe nada y ahí está Community para demostrarlo. A ver si hay suerte y Modern Warfare se convierte en algún tipo de viral.


Saturdaylia

Tras el despido masivo de cómicos de la temporada anterior —incluyendo los favoritos del público Adam Sandler y Chris Farley— y la partida de otros por el trato —como la polémica de Al Franken al haber perdido el Weekend Update a favor de Norm McDonald— quedaba claro que la NBC y su jefe de operaciones del Oeste Don Ohlmeyer habían tomado el programa.

Sólo que esta vez Lorne Michaels no iba a largarse. Tenía sus propios planes para tratar de arreglar el desaguisado y lograr que el programa volviera a los niveles de 1993, el año con mayor audiencia desde sus inicios. Una vez más tenía que construir un reparto, dado que sólo quedaban el antes mencionado Norm Macdonald, el clásico Tim Meadows, la novata Molly Shannon y el más conocido de todos, David Spade que había accedido a permanecer un año para servir de puente. —También estaba un actor de relleno Mark McKinney, pero no es especialmente importante.—

Hecho el cast Michaels contrató a un par de rellenos, David Koechner y Nancy Walls, que se largarían a final de año, y consiguió dos buenos actores con Cheri Oteri y Jim Breuer además de volver a sacarse de la manga a dos superestrellas, me refiero, claro a Darrell Hammond —que crearía una versión definitiva de Bill Clinton— y al que sería gran nombre del programa durante el siguiente lustro. Si ya sabéis a quién me refiero, no finjáis… La estrella del SNL de finales de los ’90… Will Ferrell.

Ferrell no sólo era capaz de mantener sketches por su mera presencia, además realizaba grandes parodias, especialmente la de Janet Reno. Además tenía gran capacidad para crear química con sus compañeros, notable con Mary Shannon o Cheri Oteri (Los Spartan Cheerleaders), y especialmente con Chris Kattan en los tan recordados Roxbury Guys.

Y, por supuesto, Celebrity Jeopardy!. Will Ferrell, Darrell Hammond y Norm MacDonald preparan uno de los mejores segmentos continuos del show, que apareció en dos programas cada temporada hasta que Ferrell dejó el programa. En él se hacía sangre con lo fácil de las preguntas cuando hay famosos y lo poco interesantes que estos son. La participación de Hammond como un imposible Sean Connery —motivada por la partida precipitada de McDonald y su Burt Reynolds — entregado a atormentar al presentador Trebek (Will Ferrell) fue desmadrándose hasta lograr una de las grandes parejas cómicas del SNL.

Kattan, por su parte, fue un fichaje de media temporada, que pronto se mostró como uno de los grandes aciertos de Lorne en el papel de secundario. Quitando su personaje recurrente Mango, Kattan daba la réplica en los Roxbury y en la parodia de tribu actual Goth Talk . El otro movimiento fue pasar al jefe de redactores Fred Wolf a actor regular.

Molly Shannon emergió por otro lado gracias a la jovencita Mary Katherine Gallagher, empeñada en ser una estrella de una manera implacable y bastante egomaniaca, su grito “Superstar!” acabó por llevarla hasta el cine, aunque este recurso de pasar a películas a los personajes más importantes acabó siendo un tic de esta épcoa estudiodirigida.

Spade dejó el programa a final de la temporada no sin antes causar un pequeño problema, al sacar en su sección Spade in America diciendo “¡Mirad, niños, una estrella fugaz! ¡Deprisa, chicos, pedid un deseo!” a la vez que mostraba una foto del antiguo miembro del SNL Eddie Murphy. Murphy, que nunca fue un chico-Michaels se lo tomó a mal y decidió sumarlo a la lista de agravios del programa que le dio la fama y que justificaba que jamás apareciera por él, ni para los especiales.

El primer año había transcurrido con una mezcla agridulce, los recambios eran buenos pero aún estaban lejos de funcionar con soltura y, sobre todo, la bajada de audiencia desde al etapa Myers/ Carvey era lo suficientemente pronunciada como para que Don Ohlmeyer siguiera interviniendo, de modo que Fred Wolf decidió dejar la jefatura de guionistas y su posición como actor de reparto y el gran Jim Downey, uno de los guionistas más íntimamente ligados al programa que acabó formando equipo con McDonald dedicándose ambos casi por exclusiva al Weeken Update, esa misma sección que no le habían querido dar a Al Franken por molesto y que se convirtió en el gran dolor en el trasero del jefazo cuando abandonaron la sutileza o las parodia blanda de la actualidad para empezar a soltar vitriolo como pocas veces se ha visto en la televisión americana.

Es cierto que los chistes bordeaban el buen gusto y que en ocasiones parecía más un juego de ser ofensivo que un intento de hacer sátira social, política y periodística pero esta versión bruta del Weekend Update suena mucho más sincero de lo que venía siendo en los años anteriores, hasta el punto de ser reconocida por Chevy Chase como la única buena desde la suya. ¿Claro que quién iba a hacer caso a Chase? En cualquier caso la sección era… Mejor juzgadlo vosotros:


The Best of Weekend Update With Norm Macdonald, Pt.1A funny movie is a click away


The Best of Weekend Update With Norm Macdonald, Pt.2Click here for the funniest movie of the week

La gente se volvía loca, allí mismo, en directo, gritaban y abucheaban con la misma fuerza que aplaudían y vitoreaban, jamás la sección estuvo más candente ni fue tan recurrente el uso de personajes pim-pam-pum que iban saliendo para que McDonald les atizara: Frank Stallone, Michael Jackson y, sobre todo, O. J. Simpson aparecían semana tras semana para recibir una ración de hachazos como pocas veces se ha visto en televisión. Ohlmeyer no lo soportaba, no sólo por lo poco políticamente correcto del asunto,a demás se suponía que su amistad con O.J. Simpson le hacía tener aún menos aprecio por el dúo McDonald/ Downey capaces de abrir el Weekend Update post-sentencia absolutoria a O.J. con “Es oficial, el Asesinato es Legal en el Estado de California.”

En 1997 aún no había llegado al máximo al fricción, fue un año flojo, sí, con la única novedad de los frecuentemente vilipendiados dibujos del Dúo Ambiguamente Gay y el rescate de guionistas y secciones del recién cerrado Show de Dana Carvey. Lo único realmente reseñable de la temporada fue un programa que contó con la participación especial de Palin y Cleese en el que llegaron a repetir en directo el sketch del Loro Muerto. Una representación en completo silencio como muestra de respeto y admiración hacia esos hombres que había cambiado la manera de hacer humor y casi el único punto tranquilo antes de que empezara la peor temporada que jamás haya vivido el show.

Seré claro: No estuvieron cerca de cancelarlo. Eso paso en los ochenta, dos veces, pero en los ’90 no era ese el problema, no era la audiencia, que era baja pero estaba muy por arriba de al de la década anterior, tampoco lo hubiera permitido la avaricia productora de la cadena que veía en las películas y series de actores y personajes una cantera para el futuro, como si el SNL sirviera de semillero para toda la cadena. El programa no era el de hacia menos de un lustro pero su problema, su plaga, era administrativa, y de ahí vinieron todas las desdichas de su 27ª temporada, empezando por la bronca definitiva a cuenta del Weekend Update.

Ohlmeye decidió que estaba harto de soportar a McDonald y exigió su destitución inmediata, Michaels se negó a quitarle del programa y, finalmente, sustituyeron a McDonlad en el sillón del Weekend Update pero le mantuvieron en el programa, algo que no dejó a nadie contento, ni a McDonald que no dudó en ir por otros programas contándolo hasta que acabó marchándose por su pie del SNL . Con él se fue también Jim Downey, tan cansado de injerencias como su amigo, aunque él acabaría regresando cuando cayó Ohlmeye.

No fue lo único que sucedió ese año, también se vio el regreso del pródigo Chris Farley, un Farley que estaba dando sus primeros pasaos en Hollywood pero que no parecía ser tan capaz de moverse y memorizar como antaño, un Farley mucho más desmadrado que obligó a Michaels a tener cerca del programa a Chris Rock por si hacía falta cambiar al presentador en el último minuto. Farley logró llevar a cabo su papel pero la nube había sido avistada: algo pasaba con el chico de oro que se emocionaba hablando de Belushi, parecía haber decidido imitarle hasta el final. Seis semanas más tarde, un paro cardíaco producto de una sobredosis de drogas acababa con la joven vida de Chris Farley a la misma edad a la que había muerto su ídolo. Otra tragedia que le convertía en el quinto exmiembro muerto y que sería seguida, tres meses después, por el asesinato de Phil Hartman, uno de los actores que más tiempo pasó en el programa y que estaba aún en expansión, realizando geniales contribuciones en Los Simpsons con Lionel Hutz o Troy McLure.

El programa seguía contando con el apoyo de los de su profesión, pero tanto golpe les había dejado tocado. Las frecuentes apariciones como host o como cameos de John Goodman o de Jim Carrey sirvieron para apoyar al show pero era obvio que algo tenía que cambiar.

En este contexto Jim Beuer, un buen cómico que realizaba el segmento El Show de Joe Pesci, decidió dejar el programa. Eso sí, antes dio tiempo no sólo a que Pesci y DeNiro —otro frecuente imitado en el espacio— se pasarán, también a que Carrey les ayudara a crear un momento tan meta como memorable.

Al año siguiente se añadieron el muy blandito Jimmy Fallon, y los brillantes Chris Parnell y Horatio Sanz. También andaba por ahí una guionista que había llegado a finales de la temporada anterior, Tina Fey, que ayudaría a unirse a su colaboradora Rachel Dratch. Fey fue asentándose en dirección a la jefatura de guiones, mientras se apuntaba a un público más joven con presentadores regulares de la talla de Sarah Michell Gellar a la que no dudaron en llevar a la Goth Talk

Sería, sin embargo, casi al final de la temporada que recuperarían poco a poco el la tranquilidad, gracias, en parte a la salida de Don Ohlmeyer hacia nuevos pastos deportivos y también a un sketch ya mítico que aprovechaba la participación del siempre divertido Christopher Walken y la seriedad de Ferrell para hacer una pequeña obra de culto.

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El “More Cowbell!” fue un grito de guerra para el retorno a la grandeza que tenían previsto para el nuevo siglo. Tim Meadows dejaba espacio a otros cómicos **cof**negros**cof** con su partida tras el éxito de su personaje The Ladies Choice, habiéndose convertido en toda una institución en el show aunque fuera sólo por su permanencia y las clásicas quejas raciales. Mientras que la partida de Cheri Oteri y Colin Quinn adecuaba la cantidad de cómicos del cast. Así que se preveían cambios y movimientos para el 2000. Aunque el mayor de ellos no lo vio venir nadie.

Pero no terminemos tan negativos, pese a la sobreabundancia de vídeos de hoy, muestra de una época convulsa llena de grandes momentos entre explanadas de aburrimiento, creo que podemos terminar bien alegres con una selección de momentos del grandísimo Celebrity Jeopardy!. Ya nos ocuparemos de torres y aviones en dos semanas.

SNL – Celebrity Jeopardy – best moments PART1 from gorsek1 on Vimeo.


SNL – Celebrity Jeopardy – best moments PART2 from gorsek1 on Vimeo.


Informágica

En algún momento de nuestro pasado alguien debió de caer en los cambios ocurridos en la sociedad y cómo aprovecharse de ellos. Si hace más tiempo se podía haber sacado a un brujo machacando en un cuenco alguna evidencia policial, vertiéndola en un círculo de cenizas y ¡Puf! comunicando a la policía dónde encontrar al sospechoso, ahora el encargado de tales investigaciones es un tecnoexperto. Bien un conseguidor de información, bien un procesador de información, en cualquier caso un personaje que se muestra curtido en el tecno-blablabla y que ocupa una posición fundamental dentro de la compañía de Deux ex machina: son Deuxwares .

Es importante notar la diferencia, aquí no existe aún ese concepto de resolución informática mediante la generalización, tanto como la instrumentalización informática dentro de procesos birlibirloquescos que permiten al aparato de turno resolver la papeleta. Son más las posibilidades de que se muestren como instrumentos; muchas veces ni como resolución real sino, simplemente, para que vaya avanzando la historia, siendo más interesante como espectador en tanto que demuestra bien un notable descaro por parte del guionista perezoso, bien porque da una idea de la cultura tecnológica que se tiene o se supone en el público.

Reconozcamos que la tecnocháchara ha sido algo habitual desde antes incluso de la televisión, pero circunscrita siempre a la ciencia ficción o, en su defecto, como una rama que conducía al terror. La siempre interesante figura del Mad Doctor lograba sus planes casi siempre con el apoyo de los logros explicados mediante una tecnojerga que lo mismo le permitía devolver un cuerpo a la vida que curvar el espacio o lograr una reintegración sub-atómica. Conociendo el género imaginabas que esto acabaría saliendo a relucir y, además, que sería el motor de la historia teniendo, de manera habitual, una serie de reglas internas y externas para el uso.
Entonces llego la informatización mundial, cuando los ordenadores comenzaron a convertirse en algo lo suficientemente cotidiano para usarlos en las series y películas sin que destacaran. La introducción de tecnología real fue lo primero que favoreció la tecnología ficticia, dentro del proceso de ahorro de tiempo. Del mismo modo que los personajes encontraban taxis o aparcamientos a la primera también sus pruebas —médicas, policiacas, etc…— eran procesadas en mucho menos de la mitad de tiempo por motivos de agilidad narrativa.

Este futurismo disimulado no trata de establecer un punto clave, como ocurría en las viejas películas sobre hackers e internet de finales de los ochenta y todos los noventa; aquí no se trata de demostrar los peligros de la falta de privacidad o de las posibilidades de entrar en en otros ordenadores, símplemente queremos algo más rápido y nos inventamos el método para llegar hasta ello del mismo modo en que se podrían haber inventado hace años botones y resortes en los coches que explicaran crímenes a través de sensores en el asiento del copiloto —por ejemplo—; pero esa suerte de ética de la tecnología se lo impidió.

La diferencia entre entonces y ahora está, claro, en que mientras la tecnología antigua resultaba mucho más evidente del mismo modo que una polea es algo de lo que uno puede entender su funcionamiento con facilidad, la tecnología informática resulta lo suficientemente compleja como para que a la gente le suene, directamente… a magia. De ahí que la aplicación legítima se difumine porque, bueno, dado que la gente no nota la diferencia, ¿qué es un poco de tecnomagia entre amigos?

El problema llega cuando pasas de tomar unos atajos a inventarte complicados algoritmos que permiten sobrepasar no ya los límites de lo real sino, directamente de lo plausible, mostrándonos aplicaciones informáticas que pueden mover fotos, que pueden reconstruir un delito incluyendo la ropa del agresor o que pueden realizar un completo estudio del cuerpo humano mediante poco más que escaners. La ciencia informática, muy conveniente aquí, entra en el campo de la ciencia ficción sin abandonar el contexto de la vida real, del momento actual, fingiendo que ya es posible. De ahí la progresión, de tomar un atajo a saltar en el tiempo.

Pronto la gente, confundida por las posibilidades reales de la informática —que las tiene, no nos olvidemos— ve como casi cualquier cosa puede lograrse con unos exámenes técnicos o con un programa apropiado de tratamiento de imágenes, y deja de pensar que es una herramienta concreta para pasar a ser una especie de para-todo al más puro estilo del Destornillador Sónico del Dr. Who. Una vez más, cuando se invade el campo de lo teóricamente posible con elementos propios de la ciencia ficción no sale perdiendo la serie, pierde la realidad.

Esa facilidad para creer que cualquier cosa, por descabellada que sea, puede ocurrir mediante la aplicación correcta de las fuerzas de la técnica o la tecnología, es lo que convierte a la raza humana televidente en tan receptiva e, incluso, crédula, para cualquier charlatán que aplique un lavado tecnológico a los charlatanes de siempre.

La televisión, una vez más, ayuda a llevar el sentimiento de lo increíble a nuestras vidas. Lo que nos permite explicar, partiendo de Bones, el éxito de las Pulseras Holográficas .


ITS

El éxito del SNL para reinventarse, mítico ya, había sido puesto a prueba una vez más. Las turbulencias de los años ‘80 parecían haber pasado gracias a Dana Carvey, que ejercía de pilar del programa, y a la estrella ascendente que era Mike Myers. Pero Lorne Michaels necesitaba incluso más tranquilidad por lo que pudiera pasar, si algo había aprendido era que los cambios bruscos de reparto no funcionaban, y también que la pérdida de sus estrellas sumía al show en un peligroso proceso de búsqueda de identidad. Apoyarse en dos actores, especialmente cuando las cosas estaban tan tensas, era algo peligroso.

Ellos lo han negado siempre —claro— pero la tirantez entre Carvey y Myers era uno de los secretos al voces del programa y se podía rastrear su origen del momento en que Carvey era todo el show. De acuerdo Lovitz o Hartman eran muy buenos pero el que tenía los personajes recurrentes, el que hacía las parodias, el que aparecía para apuntalar sketches era Carvey, así que cuando a Lorne se le presentó la idea de El Mundo de Wayne la única imposición fue que se incluyera un personaje para Dana. Sólo por si acaso. Pero que salga.
Puede parecer un error básico insultar —aunque sea inadvertidamente— la capacidad de un cómico para montar y salvar su propia idea, pero así era el Lorne de esta nueva época, más conservador y menos amigo de los peligros.

Myers fue demostrando su capacidad para desarrollar personajes, para crear gags que entren el imaginario popular y pronto se pudo haber renombrado el programa a The Carvey & Myers Show; cuando no era un sketche de la Church Lady era de la Coffe Talk de Linda Richman, y a un Sprockets con Dieter le podía seguir un Pumping Up with Hans & Franz y así hasta el final del programa.


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Cargado por pentakatharidis. – Programas de ayer por la noche y clásicos de TV, online.
Pero los problemas acechaban a Michaels, si primero fue el sketch (escrito por Conan O’Brian) Atack of the Masturbating Zombies —sí, yo también me pregunto qué pudo enfurecerles— la controversia con Andrew Dice Clay no había dejado mejor parado el programa. Entrábamos en una época de constante controversia y Michaels tenía que hacer cambios. Quisiera o no. Aunque gracias a sus buenos resultados podían ser mínimos.

Lo primero que se iba a hacer era dejar fuera a Nora Dunn por su rebelión en el asunto Dice Clay, y la salida por la puerta de atrás de Conan —que acabaría volviendo a la cadena ya con su propio programa un par de años después— del resto del reparto partiría sólo John Lovitz —pero poco, estuvo haciendo cameos todo el año siguiente— porque esta vez iba a haber una implementación. Más gente, mucha más. Así, en 1990 se unieron al reparto una constelación de actores que constituirían durante una década el reparto más extenso que jamás ha tenido el programa. Y menudo repartazo: Chris Rock, Adam Sandler, Chris Farley, David Spade, Julia Sweeny, Rob Schneider y Tim Meadows.

Casi nada, ¿eh?.

De entre ellos los casos más particulares resultaron los de Farley y Rock. Los dos Chris. El primero por su afición fuera de toda duda al show, Farley parecía obsesionado con Belushi y con imitar manierismos de la época dlásica del show. Sus maestros eran Aykroyd y Chase antes que Murphy o Crystal.


Patrick Swayze – Chippendale
Cargado por tressage. – Ver más videos de comedia.
Para hablar de Rock hay que volver al momento en que Lorne Michaels echó a Damon Wayans del SNL. Desde 1986 Wayans y sus hermanos habían estado dando vuelta por la televisión y el cine, sin programa propio. Hasta que en 1990 la Fox decidió confiar en ellos para un programa de humor y sketches: In living color. Allí la troupe de hermanitos, junto con un par de actores de color llamados David Alan Grier y Jamie Foxx y el blanquito James Carrey montaron una minirevolución. La capacidad para subvertir el lenguaje, un nivel de humor algo más bajo y la camaleónmica capacida de quien pronto pasaría a ser conocido simplemente como Jim Carrey les otorgó notoriedad, era el programa de sketches de referencia a principio de los noventa y punta de lanza junto con el éxito del programa de stand up de la HBO Def Comedy Jam del nuevo humor negro.

Así que el SNL quería a su propio negro gracioso. Y es indiscutible que el mejor monologista desde Richard Pryor era Chris Rock. Inteligente, rápido y divertido, parecía todo un acierto sumarlo al cast.

Más aún, ¿cómo iba a ser un error incluir a Sandler, Spade o Schneider? ¿Cómo podían dejar a alguien fuera? ¡Ya dejaron fuera a Carrey!

Lo peor del asunto era que quien se quería largar realmente era Dana Carvey, casi el único actor a quien Lorne no podía dejar ir con facilidad. Sobre todo cuando en 1992 se estrenó la película El mundo de Wayne. El propio Carvey no tenia muy claro de qué iba todo el asunto y si iba a tener interés alguno, lo veía como demasiado parecida a Bill & Ted, así que fue el primer sorprendido por su éxito.

Myers, por contra, lo tenía muy claro. En 1992, tras el estreno del film, ellos eran más estrellas que los presentadores. Durante los siguientes dos años el show tendría la mayor de las audiencias, sólo comparable con el año de Crystal / Short o con la Edad Dorada.

Lo que no quita que hubiera grandes presentadores, especialmente la explosión de Alec Baldwin que entró en el Club de los Cinco Veces Presentadores y realizó uno de los momentos controvertidos por un sketch de uno de los personajes recurrentes de Adam Sandler por su aproximación a la pederastia, o el descubrimiento cómico de un Christopher Walken que en el futuro se convertiría en uno de los más recordados presentadores del programa.

 

Fue sin duda uan temporada movida y tumultuosa. Sobre todo tumultuosa. El problema, bastante obvio, fue que había demasiada gente. Todos esos, más los que estaban antes más un inquieto Al Franken que pasaba de un lado a otro de la cámara con notable facilidad. Mucha gente es igual a poco tiempo para repartir. Sobre todo si tienes a superestrellas como Carvey y Myers y si el gran público empieza a reclamar más Farley y Sandler.

Si para todos los demás eso fue duro, siendo uno de los comentarios más habituales: Sentía que no contaban conmigo, imaginad lo que opinaban las dos minorías del programa, las mujeres por un lado y el actor que era su propia minoría: Chris Rock. Como monologuista no tenía rival, pero como parte de un programa de sketches lo tenía más difícil, tenía que comeptir por el tiempo y lograr convencera los jefes. Al final se cansó e hizo lo que parecía que acabaría pasando, anunció que dejaría el SNL en 1993 para irse a In Living Color —de donde, por cierto, se acababa de ir la Familia Wayans. Por no dejaros colgados, In Living Color sólo duró un año desde su marcha, ¡mala suerte!— uniendo así su salida con la de Carvey, que esta vez no se iba a dejar convencer por Lorne Michaels. Al fin y al cabo le habían prometido un programa llamado The Dana Carvey Show. También el cómico y, fundamentalmente, guionista Robert Smigel se hartó de soportar al cada día más ejecutivizado
Michaels. Así que al final la temporada 18, con sus problemas, sus riñas y toda esa gente marcó un punto de inflexión. Los críticos llevaban atizando duro al programa un par de años y ahora sin Carvey iban a redoblar la estopa. Se acercaban curvas.

En lugar de aprovechar el recorte de actores la temporada siguiente añadieron a -*Norm Macdonald, Jay Mohr* y Sarah Silverman.

Pero es que el SNL era importante de nuevo, a El Mundo de Wayne iba a tocar Aerosmith y en el show se sucedían los momentos controvertidos que todo el mundo tenía que ver para poder comentar, como cuando Sinead O’Connor… pero mejor lo pongo para los que no lo recuerden. Aquí tenéis a O’Connor cantando a capella War . —Atentos porque era una actuación musical real, no parte de Sprockets


War – Sinéad O’CONNOR ( a cappella) on TV in 1992
Cargado por Petite-Pince-Sans-Rire. – Ver los videos de música recién destacados.
Efectivamente, rompió una foto de Juan Pablo II —te quiere todo el mundo… menos Sinead— en directo y diciendo Fights the real enemy . El silencio posterior es tan elocuente como podéis imaginar. Por un momento el cast pensó que había sido su último programa. Por suerte pudieron reconducirlo. En el siguiente programa el presentador, Joe Pesci, mostró la foto pegada con celo. Cuando Madonna acudió como invitada musical repitió el gesto rompiendo una foto del infamemente conocido Joey Buttafuoco
.
Añadidle un chiste en uno de los Wayne’s World en el que se decía que
Chelsea Clinton —con 12 años por entonces— no era capaz de provocar ninguna erección —Sí, hay cosas que nunca cambian— e imaginad la que se pudo haber armado. O la que causó inadvertidamente Martin Lawrence al hacer un chiste en su monólogo sobre el declinar de la higiene femenina logrando un nuevo aluvión de cartas y que los señores de la NBC le vetaran futuras apariciones en el programa pese su éxito como cómico y, concretamente, como presentador del Def Comedy Jam. Esta es, parece, la diferencia de libertad entre el cable y el abierto.

Pero si todos estos sucedidos os parecen impactantes sabed que la lucha interior era más dura. Rob Schneider decidió irse en 1994, también Phil Hartman —el actor que más había durado en el programa— tomo la puerta, pero en ambos casos fue una simple tontería comparada con la huida espantada de Sarah Silverman y de una horrorizada Julia Sweeny, que había pasado de ser la cómica más importante del programa a quedarse casi sin tiempo de antena. Los rumores de misoginia que ya había movido Julia Loui-Dreyfus cuando estuvo en la etapa Eberstol se disparaban y llegarían a su punto crítico al año siguiente cuando Janeano Garofalo se uniera al reparto. Duró un año escaso y se dedicó a decir por todas partes que era un club de chicos en el que odiaban a las mujeres y al que responsabilizaba de haberla hecho volver a malos hábitos que creía olvidados..

Si bien esta mala imagen acompañaría durante los últimos noventa al programa y no se limpiaría hasta la llegada del tridente Poehler/Fey/Wiig hay que reconocer que Michaels no supo llevar muy bien la controversia, acusando a Garofalo de no haberse llegado a adaptar nunca y de no soportar la presión que el resto del equipo manejaba. Más meditada fue la reacción de Victoria Jackson, la mujer más importante del SNL tras la marcha de Sweeney, y parte del equipo desde el regreso de Michaels, que señaló la importancia de la templanza en un cómico que se enfrenta a un reto tan importante como preparar un programa en una semana.

La verdad era que no sólo por ese estremo había problemas, mucho peor había sido la salida del buen Brandon Tartikoff como presidente de la cadena, haciendo perder al programa a un gran aliado que le había ayudado mucho durante los años ’80, y si bien su sucesor Warren Littelfield inició su mandato siguiendo una política de no interferencia. las distintas controversias y problemas llevaron a el control cercano por parte de Don Ohlnmeyer, responsable de la división de la Costa Oeste que estaba tan, digamos, embriagado de éxito por el triunfo de la comedia en la NBC, especialmente de Friends, que creía poder controlar el resto de los programas cómicos.

Esto propició una serie de cambios que incluyó la elección como nuevo presentador del Weekend Update de Norm Macdonald por encima del más polémico Al Franken, una decisión que se demostraría peligrosamente erronea para él y que motivó la marcha de un muy enfadado Al Franken del SNL.

Más controvertida aún fue su decisión de hacer limpia en el SNL a finales del 95, año en el que Mike Myers había decidido dejar el programa, cambiando los planes de Lorne Michaels.

¿Cómo es posible que una etapa con tantas estrellas y tan buenos datos de audiencia, con algunos gags y personajes recurrentes que son sencillamente antológicos tuviera tan mala prensa? No creo que llegue jamás a entender qué pudo fallar en la comunicación a mediados de la década de los ’90, pero sí que pilló de sorpresa a todos.

Michaels había contratado a Chris Elliott, conocido por su serie Get a life, para reforzar el cast pero la cadena era de la opinión de que sobraba gran parte del reparto. Si bien Elliot nunca llegó a integrarse, marchándose ese mismo año, la lista de condenados por el canal era larga. La muerte ese mismo año del mítico Michael O’Donoghue, el primer redactor jefe del programa, coincidiendo también como que iban a celebrar el veinte aniversario en antena, terminó por desmoralizar un programa que se veía asaetado por malas críticas y golpes constantes, con un reparto insatisfecho, incluso entre aquellos cuyo espacio demográfico dificilmente podía ayudar a la marginación como el hombre blanco e indudablemetne divertido David Spade.

Parecía dar todo igual, así que la cadena pudo elegir a unos cuantos actores para que se largaran, sacando a Kevin Nealon, Ellen Cleghorne, Morwenna Banks, Jay Mohr, Laura Kightlinger, Michael McKean y, además, de una manera ilógica, decidiendo que también había llegado al hora de las dos estrellas que quedaban en el programa: Chris Farley y Adam Sandler– Un movimiento inesperado que permitía despegar su imagen a los actores pero que permitió estabilizados

Lorne Michaels tenía que reflotar un programa sin grandes caras conocidas, precisamente lo que había estado un lustro evitando hacer, ese sería su reto para la segunda mitad de la década.