Saturdaylia

Tras el despido masivo de cómicos de la temporada anterior —incluyendo los favoritos del público Adam Sandler y Chris Farley— y la partida de otros por el trato —como la polémica de Al Franken al haber perdido el Weekend Update a favor de Norm McDonald— quedaba claro que la NBC y su jefe de operaciones del Oeste Don Ohlmeyer habían tomado el programa.

Sólo que esta vez Lorne Michaels no iba a largarse. Tenía sus propios planes para tratar de arreglar el desaguisado y lograr que el programa volviera a los niveles de 1993, el año con mayor audiencia desde sus inicios. Una vez más tenía que construir un reparto, dado que sólo quedaban el antes mencionado Norm Macdonald, el clásico Tim Meadows, la novata Molly Shannon y el más conocido de todos, David Spade que había accedido a permanecer un año para servir de puente. —También estaba un actor de relleno Mark McKinney, pero no es especialmente importante.—

Hecho el cast Michaels contrató a un par de rellenos, David Koechner y Nancy Walls, que se largarían a final de año, y consiguió dos buenos actores con Cheri Oteri y Jim Breuer además de volver a sacarse de la manga a dos superestrellas, me refiero, claro a Darrell Hammond —que crearía una versión definitiva de Bill Clinton— y al que sería gran nombre del programa durante el siguiente lustro. Si ya sabéis a quién me refiero, no finjáis… La estrella del SNL de finales de los ’90… Will Ferrell.

Ferrell no sólo era capaz de mantener sketches por su mera presencia, además realizaba grandes parodias, especialmente la de Janet Reno. Además tenía gran capacidad para crear química con sus compañeros, notable con Mary Shannon o Cheri Oteri (Los Spartan Cheerleaders), y especialmente con Chris Kattan en los tan recordados Roxbury Guys.

Y, por supuesto, Celebrity Jeopardy!. Will Ferrell, Darrell Hammond y Norm MacDonald preparan uno de los mejores segmentos continuos del show, que apareció en dos programas cada temporada hasta que Ferrell dejó el programa. En él se hacía sangre con lo fácil de las preguntas cuando hay famosos y lo poco interesantes que estos son. La participación de Hammond como un imposible Sean Connery —motivada por la partida precipitada de McDonald y su Burt Reynolds — entregado a atormentar al presentador Trebek (Will Ferrell) fue desmadrándose hasta lograr una de las grandes parejas cómicas del SNL.

Kattan, por su parte, fue un fichaje de media temporada, que pronto se mostró como uno de los grandes aciertos de Lorne en el papel de secundario. Quitando su personaje recurrente Mango, Kattan daba la réplica en los Roxbury y en la parodia de tribu actual Goth Talk . El otro movimiento fue pasar al jefe de redactores Fred Wolf a actor regular.

Molly Shannon emergió por otro lado gracias a la jovencita Mary Katherine Gallagher, empeñada en ser una estrella de una manera implacable y bastante egomaniaca, su grito “Superstar!” acabó por llevarla hasta el cine, aunque este recurso de pasar a películas a los personajes más importantes acabó siendo un tic de esta épcoa estudiodirigida.

Spade dejó el programa a final de la temporada no sin antes causar un pequeño problema, al sacar en su sección Spade in America diciendo “¡Mirad, niños, una estrella fugaz! ¡Deprisa, chicos, pedid un deseo!” a la vez que mostraba una foto del antiguo miembro del SNL Eddie Murphy. Murphy, que nunca fue un chico-Michaels se lo tomó a mal y decidió sumarlo a la lista de agravios del programa que le dio la fama y que justificaba que jamás apareciera por él, ni para los especiales.

El primer año había transcurrido con una mezcla agridulce, los recambios eran buenos pero aún estaban lejos de funcionar con soltura y, sobre todo, la bajada de audiencia desde al etapa Myers/ Carvey era lo suficientemente pronunciada como para que Don Ohlmeyer siguiera interviniendo, de modo que Fred Wolf decidió dejar la jefatura de guionistas y su posición como actor de reparto y el gran Jim Downey, uno de los guionistas más íntimamente ligados al programa que acabó formando equipo con McDonald dedicándose ambos casi por exclusiva al Weeken Update, esa misma sección que no le habían querido dar a Al Franken por molesto y que se convirtió en el gran dolor en el trasero del jefazo cuando abandonaron la sutileza o las parodia blanda de la actualidad para empezar a soltar vitriolo como pocas veces se ha visto en la televisión americana.

Es cierto que los chistes bordeaban el buen gusto y que en ocasiones parecía más un juego de ser ofensivo que un intento de hacer sátira social, política y periodística pero esta versión bruta del Weekend Update suena mucho más sincero de lo que venía siendo en los años anteriores, hasta el punto de ser reconocida por Chevy Chase como la única buena desde la suya. ¿Claro que quién iba a hacer caso a Chase? En cualquier caso la sección era… Mejor juzgadlo vosotros:


The Best of Weekend Update With Norm Macdonald, Pt.1A funny movie is a click away


The Best of Weekend Update With Norm Macdonald, Pt.2Click here for the funniest movie of the week

La gente se volvía loca, allí mismo, en directo, gritaban y abucheaban con la misma fuerza que aplaudían y vitoreaban, jamás la sección estuvo más candente ni fue tan recurrente el uso de personajes pim-pam-pum que iban saliendo para que McDonald les atizara: Frank Stallone, Michael Jackson y, sobre todo, O. J. Simpson aparecían semana tras semana para recibir una ración de hachazos como pocas veces se ha visto en televisión. Ohlmeyer no lo soportaba, no sólo por lo poco políticamente correcto del asunto,a demás se suponía que su amistad con O.J. Simpson le hacía tener aún menos aprecio por el dúo McDonald/ Downey capaces de abrir el Weekend Update post-sentencia absolutoria a O.J. con “Es oficial, el Asesinato es Legal en el Estado de California.”

En 1997 aún no había llegado al máximo al fricción, fue un año flojo, sí, con la única novedad de los frecuentemente vilipendiados dibujos del Dúo Ambiguamente Gay y el rescate de guionistas y secciones del recién cerrado Show de Dana Carvey. Lo único realmente reseñable de la temporada fue un programa que contó con la participación especial de Palin y Cleese en el que llegaron a repetir en directo el sketch del Loro Muerto. Una representación en completo silencio como muestra de respeto y admiración hacia esos hombres que había cambiado la manera de hacer humor y casi el único punto tranquilo antes de que empezara la peor temporada que jamás haya vivido el show.

Seré claro: No estuvieron cerca de cancelarlo. Eso paso en los ochenta, dos veces, pero en los ’90 no era ese el problema, no era la audiencia, que era baja pero estaba muy por arriba de al de la década anterior, tampoco lo hubiera permitido la avaricia productora de la cadena que veía en las películas y series de actores y personajes una cantera para el futuro, como si el SNL sirviera de semillero para toda la cadena. El programa no era el de hacia menos de un lustro pero su problema, su plaga, era administrativa, y de ahí vinieron todas las desdichas de su 27ª temporada, empezando por la bronca definitiva a cuenta del Weekend Update.

Ohlmeye decidió que estaba harto de soportar a McDonald y exigió su destitución inmediata, Michaels se negó a quitarle del programa y, finalmente, sustituyeron a McDonlad en el sillón del Weekend Update pero le mantuvieron en el programa, algo que no dejó a nadie contento, ni a McDonald que no dudó en ir por otros programas contándolo hasta que acabó marchándose por su pie del SNL . Con él se fue también Jim Downey, tan cansado de injerencias como su amigo, aunque él acabaría regresando cuando cayó Ohlmeye.

No fue lo único que sucedió ese año, también se vio el regreso del pródigo Chris Farley, un Farley que estaba dando sus primeros pasaos en Hollywood pero que no parecía ser tan capaz de moverse y memorizar como antaño, un Farley mucho más desmadrado que obligó a Michaels a tener cerca del programa a Chris Rock por si hacía falta cambiar al presentador en el último minuto. Farley logró llevar a cabo su papel pero la nube había sido avistada: algo pasaba con el chico de oro que se emocionaba hablando de Belushi, parecía haber decidido imitarle hasta el final. Seis semanas más tarde, un paro cardíaco producto de una sobredosis de drogas acababa con la joven vida de Chris Farley a la misma edad a la que había muerto su ídolo. Otra tragedia que le convertía en el quinto exmiembro muerto y que sería seguida, tres meses después, por el asesinato de Phil Hartman, uno de los actores que más tiempo pasó en el programa y que estaba aún en expansión, realizando geniales contribuciones en Los Simpsons con Lionel Hutz o Troy McLure.

El programa seguía contando con el apoyo de los de su profesión, pero tanto golpe les había dejado tocado. Las frecuentes apariciones como host o como cameos de John Goodman o de Jim Carrey sirvieron para apoyar al show pero era obvio que algo tenía que cambiar.

En este contexto Jim Beuer, un buen cómico que realizaba el segmento El Show de Joe Pesci, decidió dejar el programa. Eso sí, antes dio tiempo no sólo a que Pesci y DeNiro —otro frecuente imitado en el espacio— se pasarán, también a que Carrey les ayudara a crear un momento tan meta como memorable.

Al año siguiente se añadieron el muy blandito Jimmy Fallon, y los brillantes Chris Parnell y Horatio Sanz. También andaba por ahí una guionista que había llegado a finales de la temporada anterior, Tina Fey, que ayudaría a unirse a su colaboradora Rachel Dratch. Fey fue asentándose en dirección a la jefatura de guiones, mientras se apuntaba a un público más joven con presentadores regulares de la talla de Sarah Michell Gellar a la que no dudaron en llevar a la Goth Talk

Sería, sin embargo, casi al final de la temporada que recuperarían poco a poco el la tranquilidad, gracias, en parte a la salida de Don Ohlmeyer hacia nuevos pastos deportivos y también a un sketch ya mítico que aprovechaba la participación del siempre divertido Christopher Walken y la seriedad de Ferrell para hacer una pequeña obra de culto.

free video hosting
Free Video Hosting

El “More Cowbell!” fue un grito de guerra para el retorno a la grandeza que tenían previsto para el nuevo siglo. Tim Meadows dejaba espacio a otros cómicos **cof**negros**cof** con su partida tras el éxito de su personaje The Ladies Choice, habiéndose convertido en toda una institución en el show aunque fuera sólo por su permanencia y las clásicas quejas raciales. Mientras que la partida de Cheri Oteri y Colin Quinn adecuaba la cantidad de cómicos del cast. Así que se preveían cambios y movimientos para el 2000. Aunque el mayor de ellos no lo vio venir nadie.

Pero no terminemos tan negativos, pese a la sobreabundancia de vídeos de hoy, muestra de una época convulsa llena de grandes momentos entre explanadas de aburrimiento, creo que podemos terminar bien alegres con una selección de momentos del grandísimo Celebrity Jeopardy!. Ya nos ocuparemos de torres y aviones en dos semanas.

SNL – Celebrity Jeopardy – best moments PART1 from gorsek1 on Vimeo.


SNL – Celebrity Jeopardy – best moments PART2 from gorsek1 on Vimeo.


Informágica

En algún momento de nuestro pasado alguien debió de caer en los cambios ocurridos en la sociedad y cómo aprovecharse de ellos. Si hace más tiempo se podía haber sacado a un brujo machacando en un cuenco alguna evidencia policial, vertiéndola en un círculo de cenizas y ¡Puf! comunicando a la policía dónde encontrar al sospechoso, ahora el encargado de tales investigaciones es un tecnoexperto. Bien un conseguidor de información, bien un procesador de información, en cualquier caso un personaje que se muestra curtido en el tecno-blablabla y que ocupa una posición fundamental dentro de la compañía de Deux ex machina: son Deuxwares .

Es importante notar la diferencia, aquí no existe aún ese concepto de resolución informática mediante la generalización, tanto como la instrumentalización informática dentro de procesos birlibirloquescos que permiten al aparato de turno resolver la papeleta. Son más las posibilidades de que se muestren como instrumentos; muchas veces ni como resolución real sino, simplemente, para que vaya avanzando la historia, siendo más interesante como espectador en tanto que demuestra bien un notable descaro por parte del guionista perezoso, bien porque da una idea de la cultura tecnológica que se tiene o se supone en el público.

Reconozcamos que la tecnocháchara ha sido algo habitual desde antes incluso de la televisión, pero circunscrita siempre a la ciencia ficción o, en su defecto, como una rama que conducía al terror. La siempre interesante figura del Mad Doctor lograba sus planes casi siempre con el apoyo de los logros explicados mediante una tecnojerga que lo mismo le permitía devolver un cuerpo a la vida que curvar el espacio o lograr una reintegración sub-atómica. Conociendo el género imaginabas que esto acabaría saliendo a relucir y, además, que sería el motor de la historia teniendo, de manera habitual, una serie de reglas internas y externas para el uso.
Entonces llego la informatización mundial, cuando los ordenadores comenzaron a convertirse en algo lo suficientemente cotidiano para usarlos en las series y películas sin que destacaran. La introducción de tecnología real fue lo primero que favoreció la tecnología ficticia, dentro del proceso de ahorro de tiempo. Del mismo modo que los personajes encontraban taxis o aparcamientos a la primera también sus pruebas —médicas, policiacas, etc…— eran procesadas en mucho menos de la mitad de tiempo por motivos de agilidad narrativa.

Este futurismo disimulado no trata de establecer un punto clave, como ocurría en las viejas películas sobre hackers e internet de finales de los ochenta y todos los noventa; aquí no se trata de demostrar los peligros de la falta de privacidad o de las posibilidades de entrar en en otros ordenadores, símplemente queremos algo más rápido y nos inventamos el método para llegar hasta ello del mismo modo en que se podrían haber inventado hace años botones y resortes en los coches que explicaran crímenes a través de sensores en el asiento del copiloto —por ejemplo—; pero esa suerte de ética de la tecnología se lo impidió.

La diferencia entre entonces y ahora está, claro, en que mientras la tecnología antigua resultaba mucho más evidente del mismo modo que una polea es algo de lo que uno puede entender su funcionamiento con facilidad, la tecnología informática resulta lo suficientemente compleja como para que a la gente le suene, directamente… a magia. De ahí que la aplicación legítima se difumine porque, bueno, dado que la gente no nota la diferencia, ¿qué es un poco de tecnomagia entre amigos?

El problema llega cuando pasas de tomar unos atajos a inventarte complicados algoritmos que permiten sobrepasar no ya los límites de lo real sino, directamente de lo plausible, mostrándonos aplicaciones informáticas que pueden mover fotos, que pueden reconstruir un delito incluyendo la ropa del agresor o que pueden realizar un completo estudio del cuerpo humano mediante poco más que escaners. La ciencia informática, muy conveniente aquí, entra en el campo de la ciencia ficción sin abandonar el contexto de la vida real, del momento actual, fingiendo que ya es posible. De ahí la progresión, de tomar un atajo a saltar en el tiempo.

Pronto la gente, confundida por las posibilidades reales de la informática —que las tiene, no nos olvidemos— ve como casi cualquier cosa puede lograrse con unos exámenes técnicos o con un programa apropiado de tratamiento de imágenes, y deja de pensar que es una herramienta concreta para pasar a ser una especie de para-todo al más puro estilo del Destornillador Sónico del Dr. Who. Una vez más, cuando se invade el campo de lo teóricamente posible con elementos propios de la ciencia ficción no sale perdiendo la serie, pierde la realidad.

Esa facilidad para creer que cualquier cosa, por descabellada que sea, puede ocurrir mediante la aplicación correcta de las fuerzas de la técnica o la tecnología, es lo que convierte a la raza humana televidente en tan receptiva e, incluso, crédula, para cualquier charlatán que aplique un lavado tecnológico a los charlatanes de siempre.

La televisión, una vez más, ayuda a llevar el sentimiento de lo increíble a nuestras vidas. Lo que nos permite explicar, partiendo de Bones, el éxito de las Pulseras Holográficas .


ITS

El éxito del SNL para reinventarse, mítico ya, había sido puesto a prueba una vez más. Las turbulencias de los años ‘80 parecían haber pasado gracias a Dana Carvey, que ejercía de pilar del programa, y a la estrella ascendente que era Mike Myers. Pero Lorne Michaels necesitaba incluso más tranquilidad por lo que pudiera pasar, si algo había aprendido era que los cambios bruscos de reparto no funcionaban, y también que la pérdida de sus estrellas sumía al show en un peligroso proceso de búsqueda de identidad. Apoyarse en dos actores, especialmente cuando las cosas estaban tan tensas, era algo peligroso.

Ellos lo han negado siempre —claro— pero la tirantez entre Carvey y Myers era uno de los secretos al voces del programa y se podía rastrear su origen del momento en que Carvey era todo el show. De acuerdo Lovitz o Hartman eran muy buenos pero el que tenía los personajes recurrentes, el que hacía las parodias, el que aparecía para apuntalar sketches era Carvey, así que cuando a Lorne se le presentó la idea de El Mundo de Wayne la única imposición fue que se incluyera un personaje para Dana. Sólo por si acaso. Pero que salga.
Puede parecer un error básico insultar —aunque sea inadvertidamente— la capacidad de un cómico para montar y salvar su propia idea, pero así era el Lorne de esta nueva época, más conservador y menos amigo de los peligros.

Myers fue demostrando su capacidad para desarrollar personajes, para crear gags que entren el imaginario popular y pronto se pudo haber renombrado el programa a The Carvey & Myers Show; cuando no era un sketche de la Church Lady era de la Coffe Talk de Linda Richman, y a un Sprockets con Dieter le podía seguir un Pumping Up with Hans & Franz y así hasta el final del programa.


sprockets germany’s most disturbing videos
Cargado por pentakatharidis. – Programas de ayer por la noche y clásicos de TV, online.
Pero los problemas acechaban a Michaels, si primero fue el sketch (escrito por Conan O’Brian) Atack of the Masturbating Zombies —sí, yo también me pregunto qué pudo enfurecerles— la controversia con Andrew Dice Clay no había dejado mejor parado el programa. Entrábamos en una época de constante controversia y Michaels tenía que hacer cambios. Quisiera o no. Aunque gracias a sus buenos resultados podían ser mínimos.

Lo primero que se iba a hacer era dejar fuera a Nora Dunn por su rebelión en el asunto Dice Clay, y la salida por la puerta de atrás de Conan —que acabaría volviendo a la cadena ya con su propio programa un par de años después— del resto del reparto partiría sólo John Lovitz —pero poco, estuvo haciendo cameos todo el año siguiente— porque esta vez iba a haber una implementación. Más gente, mucha más. Así, en 1990 se unieron al reparto una constelación de actores que constituirían durante una década el reparto más extenso que jamás ha tenido el programa. Y menudo repartazo: Chris Rock, Adam Sandler, Chris Farley, David Spade, Julia Sweeny, Rob Schneider y Tim Meadows.

Casi nada, ¿eh?.

De entre ellos los casos más particulares resultaron los de Farley y Rock. Los dos Chris. El primero por su afición fuera de toda duda al show, Farley parecía obsesionado con Belushi y con imitar manierismos de la época dlásica del show. Sus maestros eran Aykroyd y Chase antes que Murphy o Crystal.


Patrick Swayze – Chippendale
Cargado por tressage. – Ver más videos de comedia.
Para hablar de Rock hay que volver al momento en que Lorne Michaels echó a Damon Wayans del SNL. Desde 1986 Wayans y sus hermanos habían estado dando vuelta por la televisión y el cine, sin programa propio. Hasta que en 1990 la Fox decidió confiar en ellos para un programa de humor y sketches: In living color. Allí la troupe de hermanitos, junto con un par de actores de color llamados David Alan Grier y Jamie Foxx y el blanquito James Carrey montaron una minirevolución. La capacidad para subvertir el lenguaje, un nivel de humor algo más bajo y la camaleónmica capacida de quien pronto pasaría a ser conocido simplemente como Jim Carrey les otorgó notoriedad, era el programa de sketches de referencia a principio de los noventa y punta de lanza junto con el éxito del programa de stand up de la HBO Def Comedy Jam del nuevo humor negro.

Así que el SNL quería a su propio negro gracioso. Y es indiscutible que el mejor monologista desde Richard Pryor era Chris Rock. Inteligente, rápido y divertido, parecía todo un acierto sumarlo al cast.

Más aún, ¿cómo iba a ser un error incluir a Sandler, Spade o Schneider? ¿Cómo podían dejar a alguien fuera? ¡Ya dejaron fuera a Carrey!

Lo peor del asunto era que quien se quería largar realmente era Dana Carvey, casi el único actor a quien Lorne no podía dejar ir con facilidad. Sobre todo cuando en 1992 se estrenó la película El mundo de Wayne. El propio Carvey no tenia muy claro de qué iba todo el asunto y si iba a tener interés alguno, lo veía como demasiado parecida a Bill & Ted, así que fue el primer sorprendido por su éxito.

Myers, por contra, lo tenía muy claro. En 1992, tras el estreno del film, ellos eran más estrellas que los presentadores. Durante los siguientes dos años el show tendría la mayor de las audiencias, sólo comparable con el año de Crystal / Short o con la Edad Dorada.

Lo que no quita que hubiera grandes presentadores, especialmente la explosión de Alec Baldwin que entró en el Club de los Cinco Veces Presentadores y realizó uno de los momentos controvertidos por un sketch de uno de los personajes recurrentes de Adam Sandler por su aproximación a la pederastia, o el descubrimiento cómico de un Christopher Walken que en el futuro se convertiría en uno de los más recordados presentadores del programa.

 

Fue sin duda uan temporada movida y tumultuosa. Sobre todo tumultuosa. El problema, bastante obvio, fue que había demasiada gente. Todos esos, más los que estaban antes más un inquieto Al Franken que pasaba de un lado a otro de la cámara con notable facilidad. Mucha gente es igual a poco tiempo para repartir. Sobre todo si tienes a superestrellas como Carvey y Myers y si el gran público empieza a reclamar más Farley y Sandler.

Si para todos los demás eso fue duro, siendo uno de los comentarios más habituales: Sentía que no contaban conmigo, imaginad lo que opinaban las dos minorías del programa, las mujeres por un lado y el actor que era su propia minoría: Chris Rock. Como monologuista no tenía rival, pero como parte de un programa de sketches lo tenía más difícil, tenía que comeptir por el tiempo y lograr convencera los jefes. Al final se cansó e hizo lo que parecía que acabaría pasando, anunció que dejaría el SNL en 1993 para irse a In Living Color —de donde, por cierto, se acababa de ir la Familia Wayans. Por no dejaros colgados, In Living Color sólo duró un año desde su marcha, ¡mala suerte!— uniendo así su salida con la de Carvey, que esta vez no se iba a dejar convencer por Lorne Michaels. Al fin y al cabo le habían prometido un programa llamado The Dana Carvey Show. También el cómico y, fundamentalmente, guionista Robert Smigel se hartó de soportar al cada día más ejecutivizado
Michaels. Así que al final la temporada 18, con sus problemas, sus riñas y toda esa gente marcó un punto de inflexión. Los críticos llevaban atizando duro al programa un par de años y ahora sin Carvey iban a redoblar la estopa. Se acercaban curvas.

En lugar de aprovechar el recorte de actores la temporada siguiente añadieron a -*Norm Macdonald, Jay Mohr* y Sarah Silverman.

Pero es que el SNL era importante de nuevo, a El Mundo de Wayne iba a tocar Aerosmith y en el show se sucedían los momentos controvertidos que todo el mundo tenía que ver para poder comentar, como cuando Sinead O’Connor… pero mejor lo pongo para los que no lo recuerden. Aquí tenéis a O’Connor cantando a capella War . —Atentos porque era una actuación musical real, no parte de Sprockets


War – Sinéad O’CONNOR ( a cappella) on TV in 1992
Cargado por Petite-Pince-Sans-Rire. – Ver los videos de música recién destacados.
Efectivamente, rompió una foto de Juan Pablo II —te quiere todo el mundo… menos Sinead— en directo y diciendo Fights the real enemy . El silencio posterior es tan elocuente como podéis imaginar. Por un momento el cast pensó que había sido su último programa. Por suerte pudieron reconducirlo. En el siguiente programa el presentador, Joe Pesci, mostró la foto pegada con celo. Cuando Madonna acudió como invitada musical repitió el gesto rompiendo una foto del infamemente conocido Joey Buttafuoco
.
Añadidle un chiste en uno de los Wayne’s World en el que se decía que
Chelsea Clinton —con 12 años por entonces— no era capaz de provocar ninguna erección —Sí, hay cosas que nunca cambian— e imaginad la que se pudo haber armado. O la que causó inadvertidamente Martin Lawrence al hacer un chiste en su monólogo sobre el declinar de la higiene femenina logrando un nuevo aluvión de cartas y que los señores de la NBC le vetaran futuras apariciones en el programa pese su éxito como cómico y, concretamente, como presentador del Def Comedy Jam. Esta es, parece, la diferencia de libertad entre el cable y el abierto.

Pero si todos estos sucedidos os parecen impactantes sabed que la lucha interior era más dura. Rob Schneider decidió irse en 1994, también Phil Hartman —el actor que más había durado en el programa— tomo la puerta, pero en ambos casos fue una simple tontería comparada con la huida espantada de Sarah Silverman y de una horrorizada Julia Sweeny, que había pasado de ser la cómica más importante del programa a quedarse casi sin tiempo de antena. Los rumores de misoginia que ya había movido Julia Loui-Dreyfus cuando estuvo en la etapa Eberstol se disparaban y llegarían a su punto crítico al año siguiente cuando Janeano Garofalo se uniera al reparto. Duró un año escaso y se dedicó a decir por todas partes que era un club de chicos en el que odiaban a las mujeres y al que responsabilizaba de haberla hecho volver a malos hábitos que creía olvidados..

Si bien esta mala imagen acompañaría durante los últimos noventa al programa y no se limpiaría hasta la llegada del tridente Poehler/Fey/Wiig hay que reconocer que Michaels no supo llevar muy bien la controversia, acusando a Garofalo de no haberse llegado a adaptar nunca y de no soportar la presión que el resto del equipo manejaba. Más meditada fue la reacción de Victoria Jackson, la mujer más importante del SNL tras la marcha de Sweeney, y parte del equipo desde el regreso de Michaels, que señaló la importancia de la templanza en un cómico que se enfrenta a un reto tan importante como preparar un programa en una semana.

La verdad era que no sólo por ese estremo había problemas, mucho peor había sido la salida del buen Brandon Tartikoff como presidente de la cadena, haciendo perder al programa a un gran aliado que le había ayudado mucho durante los años ’80, y si bien su sucesor Warren Littelfield inició su mandato siguiendo una política de no interferencia. las distintas controversias y problemas llevaron a el control cercano por parte de Don Ohlnmeyer, responsable de la división de la Costa Oeste que estaba tan, digamos, embriagado de éxito por el triunfo de la comedia en la NBC, especialmente de Friends, que creía poder controlar el resto de los programas cómicos.

Esto propició una serie de cambios que incluyó la elección como nuevo presentador del Weekend Update de Norm Macdonald por encima del más polémico Al Franken, una decisión que se demostraría peligrosamente erronea para él y que motivó la marcha de un muy enfadado Al Franken del SNL.

Más controvertida aún fue su decisión de hacer limpia en el SNL a finales del 95, año en el que Mike Myers había decidido dejar el programa, cambiando los planes de Lorne Michaels.

¿Cómo es posible que una etapa con tantas estrellas y tan buenos datos de audiencia, con algunos gags y personajes recurrentes que son sencillamente antológicos tuviera tan mala prensa? No creo que llegue jamás a entender qué pudo fallar en la comunicación a mediados de la década de los ’90, pero sí que pilló de sorpresa a todos.

Michaels había contratado a Chris Elliott, conocido por su serie Get a life, para reforzar el cast pero la cadena era de la opinión de que sobraba gran parte del reparto. Si bien Elliot nunca llegó a integrarse, marchándose ese mismo año, la lista de condenados por el canal era larga. La muerte ese mismo año del mítico Michael O’Donoghue, el primer redactor jefe del programa, coincidiendo también como que iban a celebrar el veinte aniversario en antena, terminó por desmoralizar un programa que se veía asaetado por malas críticas y golpes constantes, con un reparto insatisfecho, incluso entre aquellos cuyo espacio demográfico dificilmente podía ayudar a la marginación como el hombre blanco e indudablemetne divertido David Spade.

Parecía dar todo igual, así que la cadena pudo elegir a unos cuantos actores para que se largaran, sacando a Kevin Nealon, Ellen Cleghorne, Morwenna Banks, Jay Mohr, Laura Kightlinger, Michael McKean y, además, de una manera ilógica, decidiendo que también había llegado al hora de las dos estrellas que quedaban en el programa: Chris Farley y Adam Sandler– Un movimiento inesperado que permitía despegar su imagen a los actores pero que permitió estabilizados

Lorne Michaels tenía que reflotar un programa sin grandes caras conocidas, precisamente lo que había estado un lustro evitando hacer, ese sería su reto para la segunda mitad de la década.


Reallyty

Cuando se lleva suficiente tiempo siguiendo las novedades televisivas se descubre —con cierto asombro— que hay Realities de casi cualquier cosa. Han ido copando la parrilla de manera silente y si bien ha habido poco reemplazo en sus mascarones no dejan de realizar simbiosis con cualquier tema que se les acerque.

Esto, que no es necesariamente malo, ha acabado creando una competencia entre ellos que les ha llevado a buscar armas. La no-ficción ha echado mano de los recursos más conocidos y apreciados, es decir: se ha ficcionalizado.

Comprobemos la evolución: ¿Qué es un Reality? Solemos etiquetar con ese nombre los programas que prometen ofrecer una visión real de las cosas que llega en ocasiones a la pretensión de Hiperrealidad . Las intenciones habituales están relacionadas con captar los momentos naturales de los personajes centrales, que serían antes que actores actantes . (Sí, sí, lo sé, pero con mis respetos a Tesnière y todo el rollo) Este presunto amateurismo busca, como siempre, lo denominado como realismo o frescura.

¿No se le había ocurrido a nadie antes? De hecho, sí. Durante años hemos tenido en televisión documentales de todo tipo y pelaje que solían incluir escenas rodadas en los entornos analizados, así como programas periodísticos de investigación y reportaje. Todos ellos se desestimaron por ser demasiado serios , demasiado profundos o demasiado elitistas. El reality se apropia de las herramientas de la ficción para acercar los formatos periodísticos o divulgativos al Gran Público .

La necesidad de llegar a un público tan extenso como sea posible ha logrado que, por ejemplo, los documentales de viajes se parezcan cada vez más a esos segmentos de Azafatas del Un, Dos, Tres enseñando lejanos países . La necesidad de establecer un ancla de simpatía busca excusas en el viajero o en la gente que allí vive que muestra como teleanfitrión a cambio de perder intimidad —o, siendo más realistas, de ganar notoriedad en los medios por mínima que sea— del mismo modo que los documentales científicos han ido perdiendo voces engoladas y esa sensación de seriedad a favor de un charlotismo práctico que permita ejemplos espectaculares con los que el espectador pueda no sólo quedarse, también recrearse. En el mundo de los documentales divulgativos el nuevo paradigma es El Mundo de Beakman .

Si el interés documental es un grupo de personas por sus características sociales o por su trabajo entonces se realiza una producción propia de una serie de ficción. Por eso la continuación de una prensa rosa ha dado lugar a programas de gran audiencia como Laguna Beach y, a continuación, The Hills además de lograr producir sus celebridades de la nada, caso de Paris Hilton antes o de las Kardashian ahora. La aplicación de estos esquemas a un grupo demográfico al azar de la población ha dado lugar a la exitosa Jersey Shore. La forma de lograr un éxito implica el uso de mecanismos como las tramas y subtramas —principalmente amorosas pero también económicas o sociales— y de la selección del metraje que permitan construir una imagen arquetípica que les separe en La Guapa, El Malote, La Llorica, etc… La variedad real que existe en cualquier ser humano complejo es desechada por el maniqueismo televisivo del reality. La creciente caracterización ambigua de los personajes de ficción hace que el espectador huya hacia el reflejo simplificado de la vida real.

Del mismo modo las profesiones fueron abordadas siguiendo el exitoso ejemplo de Cops —que, a su vez, parecía una recreación de la cámara oculta— la influencia de esta fue casi superior en los Programas de Impacto que en los de Oficio, siguiendo estos últimos una estructura más cercana al de una falsa teleserie familiar de tal manera que un reality sobre médicos se parecerá más a Urgencias que a la propia realidad apoyando y aprovechando la tendencia en los telespectadores de creer más real lo visto en la televisión que lo cotidiano. El segundo efecto es la búsqueda de profesiones que sean a la vez extrañas como para interesar al público y tan extremas que aseguren momentos de intensidad sin que se note mucho la mano de los guionistas. Incluso cuando esa extrañeza y ese componente límite signifique que a nadie le han interesado y que los accidentes pueden, como siempre, suceder. Ese es el motivo de que a los realities sobre fuerzas de seguridad y equipos médicos se hayan unido pescadores, leñadores y otras profesiones en los que el riesgo físico real exista aún como remota posibilidad. La realidad sirve ahí como truco de los espejos que enmascare la ficción usándolo como el aire caliente que rellena y eleva el globo de Lo Real.

Incluso cuando existe una fuerza motora tan ajena a la realidad como es un concurso se busca una pátina de realismo que permita empatizar más con los personajes. ¿Cómo? Convirtiéndoles en el equivalente de personajes de una serie. Resulta difícil empatizar con un concursante mientras es desconocido, sólo las arbitrariedades extremas nos permiten tomar partido con un fundamento que no se prueba hasta que pasa el suficiente tiempo en un programa resolviendo preguntas, del mismo modo que es complicado ir con una genérica Villatripas si no eres de una localidad cercana; por contra si se te presenta durante semanas a las mismas personas compitiendo dentro de una mecánica sencilla puedes llegar a desarrollar una idea de ambigüedad entre Lo Real y Lo Fabricado que te lleve a cosificar a los concursantes como si fueran muñequitos que salen en la tele. Ese es el motivo de que triunfen tanto los realities que incluyen famosos al haber recorrido estos ya el camino de la muñequización .

Luego ya pueden dedicarse a cualquier cosa, estar atrapado a pequeña o gran escala, con más o menos recursos o competir bien sea a cambio de una teórica nada material —atención a esto, por un lado están los que prometen nada menos que el amor como el muy clásico The Bachelor y por otro los realities de redención ofrecen no sólo sacarte del bache sino hacerlo público para que la gente sepa qué y cómo lo has superado; algo que en esta Sociedad de la Imagen es un premio en sí— o de un premio físico, de tal manera que podemos tener a gente tratando de convertirse en casi cualquier profesión, desde simples directivos esforzados a, incluso, Artistas.

Una de las últimas ideas del canal Bravo Work of Art —que se está grabando ahora para su emisión en verano— reúne a 14 participantes a los que cada semana se les dará un soporte y un tema con la promesa de que el que vaya pasando eliminatorias acabará teniendo no sólo un pequeño premio en metálico y una exposición en el Museo de Brooklyn, sino que se verá convertido en un Artista Reconocido de Arte Moderno.

De modo que han usado los prejuicios hacia el arte moderno para echar a rodar un concurso que tendrá sobre si la duda dadaista definitiva: ¿Podría ser todo esto una performance?


AllNewYork

Tal y como anunciaba el final de la anterior columna sobre el SNL el ahora jefazo de la NBC, Brandon Tartikoff, despidió la etapa de Dick Ebersol con un programa muy popular aunque apartado de su situación inicial, motivo por el cuál volvió a traer al gran creador del show, Lorne Michaels .

Durante los cinco años en los que no fue productor del SNL Michaels se había dedicado a la preproducción de la película Tres Amigos y a poner en marcha un programa de sketches y variedades llamado The New Show que no llegó a su segundo mes de vida. Necesitaba un trabajo y, más que eso, un éxito.

La etapa de Ebersol había dejado muchas secuelas en las oficinas del SNL; la principal de ella era el completo cambio de concepción con respecto a la primera etapa. Muchos esperaban que la llegada de Michaels desterrara los movimientos casi funcionariales, la mentalidad de oficina, cercana incluso al cubículo y alejada de la extrema implicación, el trabajo duro y disparatado y —admitámoslo— las drogas usadas de una manera recreativa. Pero Michaels estaba demasiado integrado ya en el proceso de producción, demasiado harto de las cadenas y totalmente machacado por la media década de los ochenta que llevaba. Su reacción, más drástica, fue contratar a actores profesionales:

Randy Quaid al frente, secundado por Robert Downey Jr. —sobrino del guionista Jim Downey— , Joan Cusack y el joven actor Anthony Michael Hall . Reforzó también con algunos cómicos como Danitra Vance, Nora Dunn, Terry Sweeney, Damon Wayans o Jon Lovitz. Empezaron realmente fuerte con Madonna como hostess en lo que fue uno de los episodios más infames de la historia del SNL, más bien porque la crítica tuviera afilada los cuchillos. No fue la única vez, y si bien la serie mantuvo una calidad media aceptable entre la que destacaba la capacidad autodespreciativa de Lovitz, como el Pathological Liar —del que pondría vídeo si encontrara de dónde— resultaba bastante evidente que los actores que no eran cómicos sobraban, pese a destacados episodios como el de Ron Reagan Jr. A eso hubo que unir el incidente Wayans.

Harto de sentirse el negro del SNL, considerando que sólo le usaban cuando no había más remedio, Damon Wayans decidió contravenir las órdenes y modificar su policía secundario de un sketch en otra cosa, en una especie de gran reinona con una pluma exagerada. A Lorne Michaels casi le da un ataque; fiel seguidor del guión y nervioso por las audiencias y críticas, la decisión de Michaels fue inmediata: estaba despedido. La temporada acabó en marejadilla cuando Michaels se calmó e, incluso, le llevó a hacer un sketch final en el último show de la temporada, que concluía con todo el elenco al borde de la muerte, de la que sólo era salvado Lovitz antes de echar a correr los créditos.

En los despachos parecía que el futuro, esta vez sí, estaba echado. Sólo el hecho de que Tartikoff fuera un gran fan del SNL hacía dudar. Y al final logró pesar lo suficiente como para ofrecer una nueva oportunidad a Michaels. Si ya se había vuelto cuidadoso, su talante de hombre de la cadena se vería reforzado a partir de este momento.



Dana Carvey As BushThe best home videos are here

Entre los miembros de reemplazo se encontraban Victoria Jackson, Phil Hartman y, sobre todo, Dana Carvey. El regreso a unos cómicos más centrados entre los que destacaba el preferido del público y hombre fuerte del Show, Dana Carvey, lograron regresar a los buenos momentos. Carvey se ganó una posición como favorito que llevó a Michaels a sobreexponerle. Sus personajes se iban ajustando para aparecer todas las semanas. Entre estos personajes, uno fundamental para recuperar la imagen de imprescindible, su versión de Bush padre que terminaría siendo tan clásica como la imitación de Ford a manos de Chevy Chase.

Este personaje, junto a otros como la Church Lady, mantuvieron el estatus de programa de moda; algo que pesaría con la llegada de nuevos miembros, como Ben Stiller o, sobre todo, Mike Myers. El abuso de los actores llegaba a que se metiera a Carvey incluso en sketches independientes de su aparición como Refuerzo Cómico, algo de lo que veremos claros ejemplos en la próxima columna.

The Church Lady in “The Real Church Lady”. – kewego
Tonight in "Church Chat" with The Church Lady (Dana Carvey), we have interviews with Hilary Clinton, Anne Hech and Eminem.

Terminamos esta vez con la controversia que marcó el cambio de década, el anuncio por parte de las autoridades del programa de la participación como host de Andrew Dice Clay, muy popular cómico conocido por su personaje, un tipo rotundamente desastroso, machista a tope y perpetuador de ciertos tópicos contra los que la actriz regular Nora Dunn se rebeló, negándose a trabajar en el mismo programa que Dice Clay y logrando de por medio una serie de quejas por falta de compañerismo, lo que propició la salida de la actriz con el paso de las temporadas.

Por lo demás, recuperado cierto toque hipster y recuperadas las credenciales políticas, el Saturday Night Live había logrado terminar la década con un reparto y personajes asentados que iban a poder dedicar los noventa a posicionarse, abriendo la puerta al regreso a la grandeza que veremos en la próxima columna sobre el tema.


Cerquezas

Por fin ha regresado el Doctor. Una afirmación tal podría provocar múltiples reacciones —máxime en alguien tan seguidor de las obras y estructuras de la televisión británica— pero que me ha llevado a una obviedad: ¿cómo ha terminado relacionándose las distintas relaciones de proximidad?

Es lógico pensar que la producción propia coparía varios de los primeros puestos de emisión de ficción, resulta inevitable que la ficción estadounidense esté detrás dando guerra pero, ¿cuál es entonces el problema con el resto de ficciones en inglés? La anglofilia parece lo esperable, pese a lo cuál las aproximaciones no ya canadienses o australianas sino, directamente, inglesas, parecen reducidas para respecto a lo que la experiencia y el hecho de ser parte del Mercado Común podría indicar.

Señalemos, de entrada, que el principal hecho en contra son los packs que facilitan, aún de forma disimulada, que series como El Payaso o Alerta Cobra se muevan siguiendo la estela de Rex. Es ese éxito que permite colar ficciones menores o, incluso, alguna otra manifestación — telefilmes , por ejemplo— uno de los principales problemas pues la simple emisión se convierte en algo necesario desde el momento en que resuelven la ecuación: material disponible entre ahorro económico. Pero precisamente eso era lo que cabía esperar de una localización geográfica que crea a su alrededor un mercado artificial, ¿por qué entonces deja de funcionar cuando las series no son anglosajonas?

Retrotrayéndonos a los años ochenta, la presencia de un gran número de producciones y co-producciones de Europa del este amenizó las tardes de los colegiales españoles por años. Eran producciones que seguían el formato de mini-serie y que derrochaban una audacia difícil de ver hoy día hicieron más por dar a conocer la cultura y obras polacas —por poner un ejemplo— que todos los intentos educativos escolares. Un ejercicio de intercambio real de series parece un gran método para dar a conocer a los escolares —y sus no menos necesitados de respaldo padres— el resto de estados de la unión. Incluso considerando que las series más exportadas suelen ser de género policíaco con más o menos componente de aventuras.

Estos paquetes, o esta regulación a partir de paquetes, hace también dudar de lo que parecería un mercado a explorar y una exportación / importación lógica: ¿Cómo es que no hay una mayor presencia de latinoamérica en las parrillas españolas? Suponemos que no sólo tienen culebrones y, sin embargo, cuando la ficción se acerca a España casi invariablemente se prefiere producir una versión —no siempre superior— con actores de nuestro país. ¿Realmente el idioma común nos separa tanto? ¿Sólo es admisible por parte de gentes que quieren disfrutar de culebrones?

Más complicado aún parece el mercado interno. No sólo existe, obviamente, una segmentación por autonomías, es que existe un organismo llamado FORTA que regula los canales autonómicos y que, sin embargo, no ayuda a que la ficción andaluza, vasca o catalana pueda llegar en igualdad de condiciones al resto de España. Incluso reconociendo que los intentos hayan fracasado estrepitosamente: ¿No debería la FORTA haber tratado de asesorar para que se crearan series que pudieran ser asumidas entre distintos miembros?

Al final todo parece reducirse a la forma en que las empresas de gestión y movimiento de contenido tengan de mover los diferentes packs y de cómo la regulación limite la aparición de material extranjero. ¿Serviría de algo tratar de burlar al mercado tratando de facilitar un intercambio europeo? ¿Por qué cuando se compran series españolas lo que realmente hacen es comprar la idea y adaptar? ¿Será que sólo aceptamos la ficción de un número determinado de países?

Mucho me temo que esta semana la columna tiene más preguntas que respuestas y más reflexiones que respuestas, tendré, por tanto, que establecer como conclusión final algo tan triste como evidente —y por tanto evidentemente triste— como que la curiosidad del espectador español acaba centrándose en lo que conoce o tiene facilidad para conocer dejando de lado cualquier cosa que por múltiples obstáculos mínimos —desconocimiento del idioma, de los referentes o de la misma existencia— requiera de ellos una actitud no pasiva.


Fromowhere

Puede que para un espectador externo no parezca existir tanta diferencia entre las temporadas 5ª y 6ª de un programa. El problema es que en el SNL la temporada 6ª fue cómo hacer, no ya una segunda parte sino, directamente, un remake.

Durante los años anteriores, tal y como contaba en la columna anterior , el grupo original había ido disolviéndose. En la quinta temporada ya estaban fuera Chevy Chase, John Belushi y Dan Aykroyd. El cast actuaba con cierta desgana, sabedores de que la tensión entre el productor y creador Lorne Michaels y la NBC se iba a resolver con un re-cast del programa; algo que la mayoría agradecía para poder centrarse en sus propias carreras. Esta falta de personal se suplió tirando de manera recurrente de los guionistas Al Franken y Tom Davis. De hecho, Lorne Michaels maniobraba para que a su partida el programa pasara a ser producido por Franken.

Si estáis pensando que viene un gran pero habéis acertado de lleno. Dick Ebersol, el productor que dejó hacer a Michaels lo necesario para la creación del SNL fue ascendido a Vicepresidente de Comedias, Variedades y Eventos, de ahí fue expulsado de nuevo de la empresa, aunque pudo dedicarse otra vez a lo que mejor sabía hacer: Deportes. En su lugar, la dependencia directa del SNL pasó a ser de Fred Silverman. Silverman venía de tener grandes éxitos primero en la CBS; el la franja matinal dando el OK a, por ejemplo, Scooby Doo , y luego ascendiendo a prime-time con la selección de programas como Todo en Familia, Mary Tyler Moore, M * A * S * H o Kojak y spin-off como Maude o Los Jeffersons. Su paso posterior a la ABC llevó al abecedario a estrenar series de gran éxito como Los Ángeles de Charlie, Apartamento para tres, La Mujer Biónica, Con ocho basta, Vacaciones en el mar, Fantasy Island o Soap. Era evidente que la NBC también iba a querer un poco de magia, por eso no sorprendió en 1978 que le ficharan como Presidente de la cadena.

Y, de nuevo, si pensáis que se la pegó a lo grande como sólo en la NBC saben hacerlo… estaréis acertando de pleno. Siendo justos, logró impulsar Hill Street Blues y… ahm… bueno, estaba ahí cuando se desarrollaron los acuerdos para Cheers o St. Elsewhere que se estrenarían cuando ya su carrera en la casa había terminado, porque si algo tiene la NBC es que regularmente tiene las peores temporadas de la televisión. En este caso la mayor victoria de su currículum fue la gestión del talento de Letterman, primero en su propio show en la franja de mañana y, tras las malas audiencias recibidas, pasándole al programa tras el Tonight Show. Un logro menor para alguien tan acostumbrado al éxito, y muy poco que vender cuando tienes las ideas de la franja nocturna cayendo como moscas. Digamos que Silverman estaba nervioso.

Digamos que Al Franken estaba desatado. No sólo no se sentía valorado en el SNL, se sentía menospreciado por la cadena. Quería ser Productor, claro que sí, pero no soportaba que no le nombran en el momento en que Michaels lo sugirió. Estaba molesto, sin duda, y tenía un culpable al que hostigar: Fred Silverman. Quizá a vosotros, mis silentes lectores, os parezca que un take no prisioners con el jefazo absoluto, por tremendamente mal que lo esté haciendo, es una mala idea pero esa primera generación del SNL no tenía problemas enfrentándose a la autoridad. La confrontación definitiva ocurrió cuando Franken decidió cargar contra Silverman en pleno Weekend Update por su uso de una limusina de la compañía. Franken proclamo que estaba haciendo un trabajo realmente malo, con unos datos pésimos y que no se lo había ganado, si alguien merecía tener una limusina de la NBC era, obviamente, Al Franken. Durante esta perorata, bautizada como A Limo for the Lame-O, animaba a los espectadores a escribir a la NBC manifestándose a su favor.

La gente le hizo caso. Decir que Silverman se lo tomó mal… imagináos. Así que cualquier posibilidad de Franken sustituyendo a Michaels se desvaneció. Pero con la partida de Lorne (y del resto del equipo) aún hacía falta alguien que cogiera la patata caliente. La elegida por Silverman fue Jean Doumanian, una de las encargadas de buscar nuevos talentos. Además de eso, bueno… era amiga de Woody Allen. Doumain ha pasado años tratando de autoexculparse de lo ocurrido esa temporada. Desde que la escogieron por ser mujer y así justificar que tuviera menos poder —y, según sus quejas, un tercio del presupuesto que tenía la anterior temporada— a asegurar que era una víctima propiciatoria. Un señuelo para que la audiencia pudiera odiar a gusto a la responsable de haber jodido su programa.

Si Silverman lo hizo con ese pensamiento en la cabeza debe ser el mayor triunfo de su carrera. Entre los afectos a Michaels y los que se olían la tostada el grupo de Doumain no fue precisamente memorable. El mejor de los cómicos, con diferencia, fue Gilbert Gottfried, debido, todo sea dicho, a la manifiesta incapacidad de Jean Doumain para ver lo que tenía delante.

Tenía decidido contratar a Robert Towsend para ser el chico negro —suena duro, pero las cosas son así— y no quería escuchar al responsable de talentos, Neil Levy, cuando le decía que había otro chico negro que era una bomba. Doumain no tenía intención de desdecirse con Towsend ni de contratar a un segundo chico negro pero Levy insistió tanto que llegaron a un acuerdo, el nuevo en lugar de Towsend pero no cómo miembro del cast sino como featured player.

Si a alguien no le ha sonado la campanita, este featured player que pese a hacer reir a la gente en las oficinasl le costó cuatro programas lograr una frase y aún cuatro más en ser asecendido a miembro de pleno derecho era, por supuesto, Eddie Murphy.

¿Hubiera cambiado el destino de la era Doumain de haberlo confiado todo a Murphy? Probablemente. Pero no lo hizo, las cifras eran tan bajas como en el resto de programas de la Era Silverman, el público odiaba a esos tipos que habían suplantado el programa de humor más querido de América y para colmo… Doumain tuvo dos enfrentamientos graves con los señores de la NBC. EL primero fue por un sketch en el que dos ejecutivos de la cadena buscaban a una americana virgen para convertirla en miembro del cast, cuando llegaban a un monasterio en el que parecía quedar la última virgen descubrían que el personaje regular del Padre Guido Sarducci se les había adelantado. En elfrentamiento fue tenso, el sketch acabó apareciendo dos semanas más tarde de lo previsto. Pero salió. El siguiente problema vino de una parodia del disparo a JR en Dallas. El malogrado miembro del cast Charles Rocket iba en silla de ruedas y conversaba en el equivalente de la etapa Doumain del WU sobre el atentado cuando se le escapó un fuck.

Acostumbrados como estamos a la televisión española ni nos sorprende, pero allí fue la gota que colmó el vaso. Dió igual que en el siguiente programa acudiera Bill Murray al rescate, realizando el probablemente mejor programa de la era Doumain —lo que, bien pensado, no deja de ser un Tallest Dwarf Award— la f-bomb que dicen los americanos significó la destitución inmedita de Doumain entre grandes quejas y lloros. Por suerte también le abrió la puerta para que ejerciera de productora en Hollywood, donde es más conocida por haber sido productora de varias películas… de Woody Allen. Al menos hasta que Allen decidió demandarla, pero eso no tiene nada que ver con el SNL.

¿A quién podía recurrir Silverman? ; o mejor, ¿merecía la pena no cerrar el programa? Por suerte un miembro de la ejecutiva de* Silverman* creía a muerte en el SNL, se trata de Brandon Tartikoff, contratado poco antes de la gran huelga de guionistas y con las nubes negras de la era Silverman oscureciendo toda la programación, Tartikoff no sólo no estaba dispuesto a dejar que el SNL se fuera, tampoco estaba dispuesto a dar su brazo a torcer, el SNL necesitaba recuperar el tono de Michaels y si él seguía enojado con la NBC había que contratar al hombre que lo hizo posible la primera vez, un rival directo de Silverman que había sido apartado del poder hacía unos años… Dick Ebersol.

Dentro de los sapos y culebras que le tocó tragar a Silverman durante su mandato como jefe de la NBC uno de los más amargos fue tener que traer a su antagonista para rescatar el programa cómico estrella tras apenas seis meses. Por suerte también le respetaba lo suficiente como para hacer caso a Tartikoff y ponerle a reflotar el programa. Lo primero que hizo Ebersol fue un programa sin host en el que salieron Christoper Reeves o Robin Williams entre otros, también llevo a Al Franken para que escenificara una reconciliación con el programa y anunciara una futura estancia como presentador suya y de Tom Davies. La huelga de guionistas fue parte de las excusas que Ebersol usó para lograr que durante unos meses le dejaran repensar el show.
Conservó sólo a Murphy y a un italoamericano que imitaba a Sinatra con cierta gracia, Joe Piscopo, que pasó a convertirse en el Payaso Serio de Murphy. La Murphyzación había empezado.

Ebersol fue un gran ejecutivo para el show. Pero no para los creadores, los cómicos o la cadena. ¿No queda claro? Ebersol, llegado de los deportes, siente pasión auténtica por el SNL. Se considera parte fundamental de su creación pese a que en cuanto las cosas salieran rodadas Michaels le diera de lado. El único motivo por el que accedió ponerse a las órdenes de Silverman fue por tratarse del SNL. Eso no quita para que le arrancara compromisos de libertad, presupuesto y apoyo a Silverman. Ni para que las historias sobre su afición a dar vueltas con un bate de baseball por las oficinas y el estudio no sean ciertas. Podía discutir con cualqueira de cualquier asunto, con el estudio para salirse con la suya, con el equipo creativo por la manifiesta incapacidad de ebersol para cualquier asunto humorístico.

Frente a Lorne Michaels él no era un escritor ni un cómico, no tenía ni idea, pese a lo cual no dudaba en imponer su opinión. También era un hombre de estudio en política, por ello la crítica casi desapareció, los años de Reagan, que tanto juego hubieran dado antes, pasaron casi inadvertidos. Estableció unas reglas draconianas para traer arriba el show de nuevo: Personajes recurrentes casi todas las semanas, personajes casi-recurrentes de tanto en tanto, piezas más cortas, menos decorados, menos actores por pieza… Fue la funcionarización del arte.

Una de las discusiones tradicionales sobre este lustro Doumain/*Ebersol* es si murió el espíritu del programa a costa de la vida del nombre del programa. Es complicado llegar a una conclusión tan dura y tan clara, pero también es cierto que incluso la comparación entre los ’70 y los ’80 justificaría estos cambios.
Ebersol logro realizarlos a la vez que mantenía un cierto lazo con la era* Michaels*. Primero procurándose que no le diera la espalda al programa, después contratando —a sugerencia suya— a Michael O’Donoghue como jefe de guionistas. O’Donoghue estaba lo suficientemente mal como para convertirse en otro motor de conflictos, pintando con spray DANGER en una pared —logrando en el camino asustar a una seleccionada para el cast que corrió de vuelta a su Canadá natal— y repitiendo que había que hacer un gran funeral vikingo al SNL. Parecía inmerso en una espiral autodestructiva que acabaría matándole, pero antes que él cayó un auténtico pilar del SNL original. El 5 de marzo de 1982 fallecía John Belushi. Su última aparición en el programa fue muda, un simple cameo en el gag del principio, sin frases, otro guiño de Ebersol a los tiempos de Michaels. La noticia fue un mazazo para todos, para los que trabajaron con él, para el reparto y para los espectadores. No sólo fue el primer miembro del SNL en morir, también uno de los más queridos.

Mientras tanto, el show se hacía Murphydependiente y al actor le daba igual. Él tenía sus películas, sus actuaciones, y no le importaba mucho si alguna de sus piezas en vivo era en realidad grabada. Tras una sustitución de última hora de su compañero en la buddie-movie Límite 48 horas Nick Nolte —aquejado de un problema médico habitualmente diagnosticado como resacaMurphy ejerció de presentador del show sin dejar de ser miembro del reparto. Incluso se atrevió a presentarlo con un Live from New York, It’s Eddie Murphy Show. La actitud fue satirizada, pero era indudable. Daba igual que se contratara a Julia Louis-Dreyfus o a Jim Belushi, no improtaba haber traido a Larry David para los guiones. Ebersol quería un programa que vendiera y en esos momentos eso significaba Murphy, al menos hast que Murphy decidió irse. En Febrero de 1984 se había convertido en una estrella demasiado ocupada como para permitirse seguir en el programa. Ese mismo año se iría también Piscopo.

Ebersol sabía lo que quería, concluir con éxito 1985, terminar el hiato de cinco años y volver a sus deportes. ¿Cómo lograrlo ahora que Murphy le había apuñalado? Por el método habitual: Tirar de talonario.
Contrató a las ya estrellas Billy Cristal y Martin Short, le añadió al Lampooner Chris Guest y al miembro del último cast del SNL de Michaels Harry Shearer. Un buen montón de dólares logrados gracias a que Silverman*había desaparecido del firmamento de la NBC en el 82 habiendo sido reemplazado por uno de los grandes fanes del programa, *Brandon Tartikoff.

Si tengo que señalar que fue uno de los mejores años del SNL de toda su historia es que algo estoy haciendo mal.

Lamentablemente todos ellos tenían cosas que hacer, habían dejado aparcadas sus carreras por ser parte durante un año de la historia del show, sobre todo Crystal que, como conté en la primera columna de la serie , había sido seleccionado para ser uno de los NotReadyForPrimeTime_ originales. Eso no impidió que hubiera broncas y que, incluso, Harry Shearer se largara en mitad de la temporada —*Ebersol* dijo Diferencias creativas, Shearer respondió Yo era creativo, ellos diferentes — y tener rasgos de genio como poner de co-presentadores a Mr. T y Hulk Hogan. En cualquier caso y pese a todo, en abril llegó a su final esta quinta temporada,

Ebersol logró estabilizar el programa como quería y dejarlo con gran popularidad y buena audiencia pasando la patata caliente a las manos que consideraba más adecuadas; no tuvo ni que repetírselo a Tartikoff, el SNL tenía que volver a ser producido por Lorne Michaels.


Futuribles

Quejarse de las nuevas series es algo lógico. Al fin y al cabo también esto tiene que cumplir la Ley de Sturgeon. Lo más habitual es encontrarse con variaciones, así nos va con Justified, una divertida barrabasda que nno deja de ser ir más allá de la Mary Shanon de In Plain Sight. De entre lo más reciente lo que espero con más interés es Happy Town.

Se estrena en Abril y hasta cierto punto suena a uno de esos argumentos que van usando como molde para sacar historias. Esto es, “suceso trágico en pueblo lleno de misterios“. Quizá no sea sorprendente pero, volvemos a lo mismo, ¿qué queda de sorprendente ahora? Cierto es que rara vez lo que esperamos acaba siendo lo más interesante, pero por lo menos nos permite hacernos ilusiones con las series que vienen.

De entre las series que más esperaba estos últimos años han estado alguna de las grandes decepciones como telespectador, no ya cuando algo tiene menos fuerza —o casi ninguna— como pasaba con la primera de Park & Recreations sino cuando es directamente un enorme fallo como Bored to Death o la espantosamente realizada Harper’s Island.

Así que vamos a echar un ojo a lo que irá llegando en los próximos nueve meses. Dejemos de lado proyectos en el aire como el remake para MTv de Teen Wolf —ahora serie adolescente— o esa nueva The Cape que mezcla los supes con el policiaco de vigilantes y tiene esa mina—antirenovación que es Summer Glau. Ni de Juego de Tronos si en esas nos ponemos. Vamos a lo concreto, con sus épocas estreno y todo lo demás.

Persons Unknowns“ (Junio) es una de esas herederas de las tramas largas que probablemente se extingan esta temporada si no sale alguna a relevar a Lost. Varias personas deben encontrar los puntos en común de sus vidas para descubrir que misterio les ha reunido. ¿Por qué prestar atención a algo tan parecido a Seis Grados o Nueve Vidas? Pues por un nombre propio, Christopher McQuarrie, ganador del OscarTM a guión por Sospechosos Habituales.

Rubicon“ (Verano) Suena también a “más de lo mismo”, un analista de Nueva York descubre una conspiración y debe detenerla, pero nadie le hace caso. En esta ocasión no se trata de fe en el creador, se trata de la curiosidad de que sea la tercera serie propia del canal AMC tras Breaking Bad y Mad Men. ¿Será novedosa de alguna manera que nos están ocultando?

The Hard Times of RJ Berger“ (Junio) Decir que esta nueva serie para la MTv tiene interés real sería, quizá, exagerar. En realidad el interés está más en la turmix que han puesto en marcha en la que aseguran haber incluido Aquellos maravillosos años y Superbad. Si, además, incluye en su descripción la frase: “Each episode of the series will also incorporate a stylized animation sequence, identifying the show with pop culture and video games.“ lo lógico sería correr en contra dirección. Pero, claro, luego viene el momento: Va de un pardillo de instituto cuya vida cambia el día que el matón del curso le deja al aire su talento más oculto“. Ese es el punto en el que pasas a considerar esta serie como uno de esos choques de trenes que no por inevitable puede dejar de ser presenciado.

Warren the Ape“ (Junio) es una de las series que espero con más interés. Una suerte de spin off de la serie Greg the Bunny en la que Seth Green demostraba todo lo que podía dar de si un títere y, mucho más importante, lo absolutamente faltos de visión que podían estar en las cadenas de televisión. Así que ahora la MTv hace lo que mejor sabe, un reality sobre la vida del secundario Warren y su caída a los abismos desde la cancelación del show. Con un formato más claro y abrazando ya el muppet para adultos espero que esta sea una de las series de la temporada.

Episodes“ (Otoño) está entre lo más destacado del año por el mero hecho de ser la creación de David Crane haciendo chistes sobre una pareja de autores de una exitosa serie británica luchando en USA por (o con) la adaptación de la misma. No parece que el argumento pueda dar mucho de sí pero las altas doses de meta y de autoparodia —especialmente con Matt LeBlanc haciendo de insoportable ex-estrella USAca— la ponen entre lo que más expectativas me causa.

Boardwalk Empire“ (Otoño) es algo más que la gran apuesta HBO de este año. Algo más que el nuevo proyecto del Productor Ejecutivo de Los Sopranos Terence Winter_ y, sin duda, más que la serie que pone de protagonista a Steve Buscemi en un proyecto televisivo. También promete un vistazo a los Estados Unidos de los años veinte, con la Prohibición de por medio y Atlántic City de fondo que es incluso antes de su estreno un item y objeto de culto. Esperemos que no sea un nuevo John de Cincinnati.

Pretty Little Liars“ (Otoño) tiene un poco de todo. Tiene el misterio de la desaparición de Alison, la Queen Bee de un grupo de insoportables chavalas que unos meses después comienzan a recibir notas inquietantes.

Para completar la cadena Cartoon Network se ha atrevido a darle una oportunidad a la creación propia de series con humanos en Tower Prep y Unnatural History siguiendo así la senda de Nickelodeon y, sobre todo, Disney. La primera cuenta la historia de una escuela especial en la que se recluye a jóvenes con dones en una mezcla de El Prisionero con El Internado protagonizada por un ex-modelo juvenil de ropa interior. La segunda es una serie policiaca juvenil. Por lo menos un tiento habrá que darlas.

Ah, y el Doctor Who. También espero ansioso la vuelta del Doctor.