Canteos

Señalar el inicio de los éxitos parece limitarse muchas veces a buscar el referente inmediatamente anterior del árbol. Así que cuando aparece una serie como Glee la comparan rápidamente con High School Musical. No digo que sea ilógico, al fin y al cabo en ambas seriestenemos canciones, institutos y —claro— adolescentes interpretando el papel de adolescentes. Novedad tras novedad. En cuanto a las diferencias? decir que es una cuestión de tono es señalar más que marcar. Tres HSM tarde y toda una serie de —redundantemente— series en la parrilla han demostrado que a la audiencia, especialmente a la juvenil, le van las canciones. Que es como descubrir en el siglo XXI las posibilidades comerciales del chocolate.

En cuanto a Glee, es difícil no hablar de lo magnífica que se muestra en casi todos los apartados. La selección musical, las actuaciones, la mala leche de los guiones. Pese a lo cuál no acaba de ser todo lo corrosiva que podría, o quizá es que a estas alturas hacen falta bebés sodomizados para que el término “Transgresor” sea aceptado. Digamos que le han puesto la dentadura de un tiburón a una serie adolescente, teenager o tinajera y sólo queda por saber hasta dónde va a morder.

Dentro de ese aparente salto se esconden varias redes, como la de usar canciones conocidas. Vale, quizá no conocidas para todo el público. Pero es que el público ya no es lo que era. Sit Down, You’re Rockin’ the Boat, del musical Guys & Dolls —ganador de varios Tonys, con sucesivos revivals a ambos lados del atlántico y una versión en película con nada menos que Frank Sinatra y Marlon Brando en los papeles principales— podría ser la menos conocida de las que allí cantaban, y la más que expuesta Rehab, centro de una de las principales escenas. De forma que está más cerca de On connaît la chanson que de Grease —posiblemente el más importante musical tinajero de la historia— o, si preferimos irnos a los referentes televisivos? ¿Recordáis California Dreams? Sí, un grupo de jóvenes estudiantes de instituto con un grupo que soportaron cinco temporadas a mitad de los ?90. El tipo de serie que se recuerda porque una de ellas acabó en Los Vigilantes de la Playa. Ahí tenemos ya al grupo de chavales cantarines entremezclados con tramas tinajeras.

Pero siempre ha habido algo antes, ¿verdad? Por ejemplo, el clarísimo referente de la Patridge Family. Para los que no lo tengan claro: La banda que aparecía por La tribu de los Brady cuando a ellos —también— les dio por cantar. En medio, unas cuantas seres de anime —Fancy Lala por poner un ejemplo claro— y otras cuantas americanas, entre las que destaca, obviamente, Jem, a la que le falta sólo un instituto en su delirante trama para ser el perfecto paradigma.

Por suerte también había movimientos favorables: la inclusión recurrente y habitual de canciones en la animación para adultos —Los Simpson, Padre de Familia y ese South Park que puede llegar a parecer un musical estudiantil del siglo XXI— que facilitaba la transición sobre todo para el público jovenzuelo; porque si quieres
cambios es más fácil empezar de jovencitos, cuando son mayores mejor? dale vampiros. Y, claro, Xena. Vale, Xena + Buffy. Esto es: El Tradicional Capítulo Musical. Empezó Xena, innovadora en tantas cosas y auténtica demostración de serie desprejuiciada y dispuesta a pasárselo bien, pero tuvo que llegar Wheddon para demostrar —una vez más [con sentimiento]— cómo se puede montar todo un capítulo como si fuera Broadway. [Breve inciso: Dr. Horrible? Sing-a-long Blog demuestra que sigue dándole vueltas a la idea] Y el resultado fue tan espectacular que poco hubo que esperar para que otras series decidieran tener el suyo también, como Scrubs, que ya lo ha tenido, o como Psych y How I Met Your Mother, que no tardarán mucho en crearlo.

Así que, regresando a Glee!, piedra tras piedra, con el éxito de HSM y tras varios intentos de exploit bastante desastrosos —ejemplificando: Britannia High— tenemos a un creativo que pensó: “Esto se puede hacer mejor” sacándose una versión con música y baile de su Popular. Esto es, pasar de Bien Pensado, Mal Hecho a Fetén. Y ahora que lo tienen el siguiente paso es lograr eso mismo en otros campos y sin el recurso de la banda —eso ya lo logró Flight of the Conchords—; a ver lo que les lleva fetenizar CopRock o musicalizar Mujeres Desesperadas.


Piloteras

No me gustan las columnas de “Hola, me llamo Blas y soy columólico. Si me acompañan durante los próximos meses les hablaré de los procesos reproductivos mamíferos e, incluso, del ornitorrinco.” ¿Será que la gente no es capaz de notar de qué van las columnas que leen? Uno nunca debe minusvalorar la estupidez de sus lectores, claro, pero tampoco pasa nada por ir demostrando lo que se van a encontrar en lugar de explicarlo.

En esta columna, por ejemplo, lo que primará será la reflexión crítica. O la crítica reflexiva, que también. Lo más fácil sería explicarlo con una serie, ahora que se ha hecho sencillo permanecer al día de la actualidad en otros países. El problema con la crítica de series tiende a ser el tan común “gustismo”. Las críticas suelen limitarse a “magustao” y “nomeguta”. Si hay suerte quizá explique las sensaciones que le provocó. Con aún más fortuna tendremos alguna razón. Pero, ¿qué hay de lo que nos ha hecho reflexionar la serie? Porque en algo tendrán que estar pensando, que no es música de ascensor.

Pongamos por caso la excelente recreación histórica de la BBC Desperate Romantics en la que se nos muestra la vida cotidiana y las reflexiones artísticas de los llamados Pre-Rafaelitas. Indudablemente bien documentada y primorosamente producida, ¿qué es lo que tenemos en ella? Pues una forma de acercamiento a unas vidas con ese aire melodramático que siempre tienen las biografías de artistas. Puede entenderse como una forma de acercar la cultura a las masas, como cuando aquí se adaptaban obras de Blasco Ibáñez. Y esa es la reflexión. ¿Por qué aquí no? Cierto, es el reduccionismo de siempre pero: ¿Es menos cierto? Con todas las corrientes y los artistas que tenemos, ¿cómo es que a nadie se le ha ocurrido? Y por nadie me refiero, claro, a las públicas.

También se hará comentarios sobre la actualidad. No, por favor, no el clásico comentario de la actualidad que usa a la tele de coartada utilizada para que los periodistas favoritos tengan la primera columna de los que se leen el periódico desde el final. Me refiero a las noticias del medio en sí. Mejor las noticias relacionadas con el medio. Un ejemplo: Tom DeLay participará en el equivalente americano a Mira quién baila. DeLay es un congresista republicano, el más duro de ellos durante varias legislaturas, por lo menos hasta que se vio envuelto en un escándalo sobre financiación ilegal del partido. Ahora ha sido fichado para bailar después de un ?hipotético- rechazo de Clinton. Bill. No es el primer caso de político llamado por la telerrealidad. Y no me refiero al aquello de Jesús Gil. Blagojevich, el infame exgobernador demócrata de Illinois, el que se metió en líos por intentar vender el escaño de Obama, estuvo muy cerca de participar en el Supervivientes americano. Sólo la intercesión de la justicia ?por los temas pendientes, no por conmiseración al telespectador- evitó que fuera el primero. Aquí, que también tenemos en la tele a políticos todos los días no nos queda más que esperar. Pero si me aceptan la sugerencia; no los lleven a bailar, ni a sobrevivir, ni a responder preguntas de cultura general. Hagan una versión de Gran Hermano. Todos juntos, sentados y sin dar golpe en apariencia. Que lo llamen Parlamento. Mejor, que usen el espacio y los medios para debatir lo ocurrido en el Parlamento. También ahí tenemos broncas, dimes, diretes y emoción. Puestos a sacar políticos, ¿no sería bonito que pudiéramos divulgar lo que allí se hace y acercar la política al ciudadano? Cuando algo tan importante es emitido sólo por La 2 es cuando sabes que al pueblo le interesa casi tanto la forma de realizar una ley como la reproducción de los escarabajos.
Habrá más, claro —¿habéis notado la desaparición progresiva de coleccionables útiles y divulgativos sin cacharrerío?— con mayor profundidad —espero— y sin perder el buen humor —deseo— pero eso ya será en otra ocasión. Si aún os apetece.


Sark de Oro 2008 o en el que se Acabó la Broma.

Un año más (y ya van nueve, habrá que preparar algo para el próximo) aprovecho el comienzo de año para entregar el “Sark de Oro” al libro que más me ha gustado del año recién concluido

Comienzo con la clásica advertencia así que quien quiera pasar al resumen del año que se salte este párrafo. Las listas de “Lo mejor de…” acaban siendo los resultados de la intersección de los gustos personales con los libros leídos a lo largo del año. La posibilidad de que haya aparecido un libro revelador y no salga en esta lista puede deberse más a no haberlo leído que a criterios de selección. Recapitulando en estos años y para que quede constancia, los anteriores Sark de Oro recayeron en “El Hada Carabina” de Daniel Pennac, “Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem, “Cíclopes” de David Sedaris, “La Disco Rusa” de Wladimir Kaminer, “La Mosca” de Slawomir Mrozek, “El Martillo Cósmico” de Robert Antón Wilson , “Pégate un tiro para sobrevivir” de Chuck Klosterman y “Las Ovejas de Glenkill” de Leonie Swann.

Aviso, también como casi todos los años, de que mis lecturas suelen determinarse por escuderías, es más sencillo que lea algo deNórdica, Acantilado o Valdemar que lo haga con lo que sacan Planeta, Alfaguara o Anagrama. Vamos, que no pretendo engañar a nadie: No me he leído todo lo publicado ni de lejos.

Dicho lo cuál hay que hacer notar que este año lo terminamos con Ballard vivo y vindicado y con DFW muerto. El nivel que no fue y el que no pudo haber sido han protagonizado un año más interesante por los rescates que por las novedades. De Ballard poco se puede decir ya, salvo, quizá, que en este año y tras el pistoletazo más que interesante de Berenice con el imprescindible –aunque retrasado- libro de relatos “Fiebre de Guerra”, se han editado y reedita en nuestro país más libros suyos que los resultantes de sumar los del lustro anterior. Así nos van las cosas. De David Foster Wallace poco se puede decir también aunque por motivos distintos. El mascarón de toda una generación decidió cerrar capítulo el mismo año que se redescubría su artículo sobre John McCain.

En lo que a libros se refiere si por algo hemos sido dominados – más allá del aún duradero Niño del Pijama– es por el fantasma de Steg Larsson y sus dos primeros Millenium así como por el empanado de segundas partes. Empezamos con el segundo de los Pilares y terminamos con el segundo de El Ocho, en medio la segunda ventolera de Zafón. Y luego ya Elegancia del Erizo y Pomponio Flato… En fin. Por lo menos el éxito de Larsson ha servido para que se editen aquí cosas como esa Nieve Negra que sirve de antología de autores del negro nórdico.

En cuanto al fenómeno editorial/ libresco podría hablar de los cambios del bolsillo. El cierre de la línea “Barata” de Ediciones BByblos– mientras que otras como DeBolsillo se han visto reformuladas y alguna, como Rescatados de Navona – terapias verdes han salido a disputar mercado. Eso ha servido, entre otras cosas, para mostrar el interés por el género negro. Ediciones B reeditando el Club del Misterio y la Serie Negra, RBA con su Círculo del Crimen la antes citada Navona con perlas como La Promesa. Eso sin contar con otras iniciativas como la reformulación del Premio Internacional de Novela Negra RBA en una colección de grandes títulos del género que va del más que clásico Martillo Azul hasta el próximamente disfrutable Drive de James Sallis.

Sería de esperar que la moda vampírica hubiera traído también títulos interesantes pero me temo que no. Mientras en Prisa se empeñan en negar que La factoría editara los títulos que han dado lugar a Trae Blood la única novedad mínimamente reseñable del género ha sido el Déjame entrar de Ajvide Lindqvist. Y tampoco es para tirar cohetes. A ver si nos sorprenden con algo mejor este año nuevo.

Otra de las tendencias de 2008 ha sido la de las pequeñas editoriales; las agrupadas en Contexto, pro ejemplo, nos han dado alguno de los mejores libros de este año: Así con Impedimenta tuvimos al flamante Llibreter de Soseki Botchan”; con Barataria el recopilatorio del clásico O’Henry “Esto no es un cuento y otros cuentos”, en el caso de Sexto Piso “Memorias Biográficas de Pintores extraordinarios” de William Beckford; de Periférica se puede destacar tanto en ficción con “La Polilla y la Herrumbre” de Mary Cholmondeley como el ensayo en el que Constantino Bertolo ha hablado de literatura con “La cena de los Notables”. Global Rythm, por su parte, ha sacado un nuevo sello/editorial para lo no-musical, Papel de Liar, en el que se puede leer un estudio sobre el proceso a Wilde y el absolutamente imprescindibles “Dudá: El Arte Acrobático de Gavin Twinge” de Ralph Steadman y, finalmente, las excelentes editoriales Del Asteroide (que este año han comenzado con “Ángeles Rebeldes” una nueva trilogía de Davies) y Nórdica que junto con su gusto pro el ilustrado (este año de Verlaine a Bukoiski) nos han traído joyas como uno de los mejores libros de este año: “La Boca Pobre” de Flann O’Brien.

Pero, ojo, fuera de esta agrupación hay pequeñas como 451, magníficamente dirigida por Javier Azpeitia , El Fuanmbulista o Melusina que están revitalizando la forma de editar y de publicar en España.

Claro que las grandes no se iban a quedar quietas. RHM sigue tirando pro lo fácil con ediciones de los ya conocidos gracias a lo cuál pudimos disfrutar de “La Maravillosa Vida Breve de Oscar Wao” (más disfrute en su edición original, eso sí) o del delicioso último Lethem “Todavía no me quieres”, una obra cortita y con aire de cuento venido a más por su reflexión sobre las palabras, la música y las dinámicas de grupo. En Planeta, sección Destino hemos podido leer la curiosa “El Mundo que Vendrá” de Dara Horn y, además, asistir al lanzamiento de la editorial / sello BackList que pese a su alto precio y su discutible edición nos ofrece rescates de gente tan imprescindible como Maschen . Con el grupo Alfaguara es difícil mostrarse tan benevolente. Sus mayores aciertos han sido rescates como el de A. S. Byatt o el de Anthony Burguess con “Un Hombre Muerto en Deptford” si bien ese rescate había empezado antes cuando la cada día más interesante El Aleph decidió reeditar la descomunal en todos los sentidos “Poderes Terrenales”. Aunque si un rescate ha sido importante este año ese es el que Galaxia Guttemberg ha realizado de “Las Aventuras del Buen Soldado Svej” cuya edición “de lujo” incluye las ilustraciones originales de esta divertidísima obra.

Reconozco, eso sí, que con los autores españoles las cosas no han ido tan bien. Si tuviera que destacar a alguien, además de “El País del Miedo” de Isaac Rosa, tendría que ser “Las Manos Pequeñas” de Andrés Barba. Una historia tan dura como breve sobre las maneras de sobrellevar el rechazo.

Pero dejemos ya la cháchara y vamos a lo que cuenta. La decisión este año es la siguiente:

Sark de Plata para Guerra Mundial Z de Max Brooks, edita Almuzara. Por su contribución dentro de Lo Zombie a la creación no sólo de un universo sino de una forma de ordenar ese universo. Cada historia por separado podría habe sido parte de una antología de relatos sobre Zombies (aunque es cierto que en algunos hay más importancia del Factor Z que en otros, siendo en algunos casos abiertamente irrelevante que los enemigos fueran Zombies o Mantis Gigantes) además de demostrar que hay trucos tan senillos como la colocación cronológica para dar un aspecto de todo a la narración que se enriquece con cada visión pro controvertida (la israelita) o tópica (la japonesa9 que pueda parecer.

Sark de Oro para Lo Mejor de Connie Willis de –en fin- Connie Willis, edita Ediciones B. Con ese título parece difícil decidirse por este libro pero su contenido es mucho más que satisfactorio, y no me refiero sólo a la más que clásica “Brigada contra incendios”. La sátira contra la corrección política de “Ruido”, la elegante comedia de ciencia y enredos de “Luna Azul”, la hilarante recreación del mundo/ mundillo académico en “A finales del cretácico” o la absolutamente delirante vuelta de tuerca a las invasiones alienígenas en “Carta de Navidad” serían motivo más que justificado para dárselo. Todos juntos no sólo demuestran el alto nivel que Willis ha demostrado habitualmente sino la absoluta necesidad de reivindicar a una autora que, quizá por sus obras más “alegres” o por su amor por autores clásicos (de Jerome K. Jerome a Agatha Christie) merece.

No os molesto más, os dejo regresar a la resaca y el sueño.


Sark de Oro 2007 o el Año del Pijama a Rayas o El Regreso de los Nazis Vivientes

Un año más (y ya van ocho, el tiempo no perdona) aprovecho el comienzo de año para entregar el “Sark de Oro” al libro que más me ha gustado del año recién concluido.

Comienzo con la clásica advertencia, el que quiera pasar al resumen del año que se salte este párrafo. Las listas de “Lo mejor de…” acaban siendo los resultados de la intersección de los gustos personales con los libros leídos a lo largo del año. La posibilidad de que haya aparecido un libro revelador y no salga en esta lista puede deberse más a no haberlo leído que a criterios de selección. Recapitulando en estos años y para que quede constancia, los anteriores Sark de Oro recayeron en “El Hada Carabina” de Daniel Pennac, “Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem, “Cíclopes” de David Sedaris, “La Disco Rusa” de Wladimir Kaminer, “La Mosca” de Slawomir Mrozek, “El Martillo Cósmico” de Robert Antón Wilson y “Pégate un tiro para sobrevivir” de Chuck Klosterman.

Aviso, también como casi todos los años, de que mis lecturas suelen determinarse por escuderías, es más sencillo que lea algo de Lengua de Trapo, Acantilado o Valdemar que lo haga con lo que sacan Planeta, Alfaguara o Anagrama. Vamos, que no pretendo engañar a nadie: No me he leído todo lo publicado ni de lejos.

Este año ha sido el año en el que los niños y los nazis han dado un juego como no pasaba desde el Apt Pupil de King, lo menos. Me refiero, claro, a El Niño del Pijama a rayas, ese superéxito que no deja de ser un Gran Angular venido a más. De ahí que luego viéramos cosas más elaboradas como La Ladrona de Libros o más infumables como La llave del armario –algo así-. Aunque no es el único niño que ha marcado el año literario. Ahí está ese último –je- Harry Potter que tanto se difundió y destripó y a quien los españoles –aunque los medios de comunicación aún no se hayan apercibido- no tendremos en nuestro idioma hasta febrero. En cuanto a los Nazis, tampoco les ha faltado su Gran Novela del año, Las Benévolas, una historia en al que casi pesa más lo que se está contando que la forma –excelente- de contarlo.

En cuanto a la No Ficción, la cosa ha estado tan bipolarizada que parece una pena la cantidad de cosas que se han perdido pro el camino. Sí, reconozco haber disfrutado con No pienses en un elefante o de la –por fin-recuperada Herejes de Chesterton pero se me hace poca la relevancia que han tenido otras propuestas ajenas. En Acantilado las magnas Vida de Samuel Jonson y la recopilación de los ensayos del Señor Montaña han logrado el placet de la crítica pero es en Valdemar donde ha estado la diversión con títulos como “El Demonio en el Cine” Tochérrimo también, por cierto. Y por terminar de recordar los tochos del año, que nadie se pierda la fundamental antología de textos (literarios y políticos) que el gran Gore Vidal vio publicado en Edhasa.

En cuanto a las editoriales, Mondadori sigue de mal en peor, se salva de la quema gracias a la aportación de los diferentes autores que han ido sumando a su escudería durante los años buenos. Bueno, y ocasionales sorpresas como la magna novela histórica/repaso sociopolítico que es Europa Central. Lejos de ahí tenemos a los sospechosos habituales: Foster Wallace con un magnífico libro de ensayo que recoge alguna de sus mejores piezas de no-ficción –y otras que andaban por ahí- , la muy brillante revisión de la figura del asesino que hace Palahniuk en Rant, Spanbauer en su línea dura, Cormac McCarthy con una reformulación postapocalíptica de esas tipo Kingescas pero que parece haber seducido al público por no venir firmada por el de Maine… En fin, una serie de nombres que vienen de la anterior etapa. Y si hablamos del resto de las grandes tampoco hay mucho más que entresacar, El Pequeño Inconveniente de Haddon en Alfagura resultó más lineal y blando –más comedia británica adaptable al cine- que El Curioso Incidente… en Seix Barral –Planeta- La Elegancia del Erizo es una historia curiosa aunque algo niponófila y pretenciosa, en Anagrama sacaron pro fin la última de Coe, segunda parte de la estupenda El Club de los Canallas. Y es que este año ha sido el de consolidación de las pequeñas. Del Asteroide con la fabulosa trilogía de Deptford , Nórdica con varios brillantes hallazgos –casi diría que es mi editorial favorita del año gracias a cosas como las Crónicas de Dalkey o La Caida del Rey, incluso sin contar con sus versiones ilustradas de Bartleby o de Las Flores del Mal merecería un puesto- o 451 que junto a versiones reescritas de clásicos –Shakes incluido. Han sacado alguna pequeña maravilla del pasado o alguna rareza como El Libro. Estas novatas junto a otras más asentadas como la imprescindible Valdemar que ha continuado su labor de rescate con Robert Bloch, o con El Doctor Lerne de Renard ; la siempre excelente Lengua de Trapo que ha tenido el acierto de repetir con Zaldua o Carlos Eugenio López ; Salamandra ha sabido mantenerse con ligereza gracias a La Pesca del Salmón en Yemen o El Aleph que ha rescatado un libro imprescindibles.

Admitámoslo, las novedades están bien pero los rescates son insuperables. El Dueño de la Historia de Malcom Bradbury en El Aleph es un ejemplo perfecto. La Suerte de Jim del ínclito Kingsley Amis en Destino –Planeta- y la deliciosa Un Verano en Mariposa en 451 son algunos de los mejores libros que podrás encontrar. Si hablo ya de los Cuentos Contados Dos veces tendré que hacer reverencias.

En cuanto a los españoles, que vivan los cuentitas periféricos. Tanto Porvenir de Iban Zaldua en Lengua de Trapo como los distintos títulos que Anagrama ha publicado a Sergi Pamiés merecen el mayor de los elogios. También lo merecen esa gigantesca broma llamada La Metafísica y El Mono que Carlos Eugenio López publicó en Lengua de Trapo y, pro supuesto, el Mundo Maravilloso de Javier calvo en Mondadori que en unos meses saldrá en bolsillo. Resulta curioso ver las listas de los libros del año en los medios tradicionales y descubrir que casi siempre hablan de lso mismos libros y que los narradores en pocos casos bajan de los 45 años. Incluso de los 55. Si no fuera porque la generación “joven” actual parece más ocupada en definirse como grupo que en escribir, más aún, en salir en estúpidas recopilaciones que son capaces de incluir a los propios antólogos o de mezclar a los mayores churros como Imma Turbau con los más merinos como Jordi Costa … Eso sí, es justo el momento para leer de nuevo Fabulosas Narraciones por Historias, brillante novela de Orejudo publicada pro Lengua de Trapo y rescatada por Tusquets. –Y aclaro desde ya que no me he leído aún los Príncipes valientes por lo que difícilmente puedo meterlo en este repaso-

Pero vamos a lo que “interesa”, a los premios. Así que allá va la decisión:

Sark de Plata para El Caso Jane Eyre de Jasper Fforde, edita Ediciones B. Pro su perfecta mezcla de comedia, irrealidad y amor literario. Una mezcla que logra abarcar más campos de los que aparecen posible unir y hacerlo con un gusto tan exquisito que uno no puede más que esperar a la siguiente aparición de Thursday Next en nuestras librerías.

Sark de Oro para Las Ovejas de Glenkill de Leonie Swann, edita Salamandra. Un auténtico gustazo este libro, extremadamente original –tanto que en ocasiones parece que no pasa nada- pero cargado de unas dobles lecturas y unos golpes sorpresa que me llevaron a disfrutar como un loco durante su lectura. Desde la forma para decidir qué preguntas deben ser respondidas hasta la hilarante representación final todo en esta historia de ovejas parece pensado para hacer que el lector disfrute a al vez que piensa.

Hasta aquí los Sark de Oro del año, ya os dejo disfrutar tranquilos un año más de vuestras resacas.


Sark de Oro 2006 encantadoramente atípico

Un año más (y ya van siete, el tiempo que no perdona) aprovecho el comienzo de año para entregar el “Sark de Oro” al libro que más me ha gustado de este año.

Comienzo con la clásica advertencia, el que quiera pasar al resumen del año que se salte este párrafo. Las listas de “Lo mejor de…” acaban siendo los resultados de la intersección de los gustos personales con los libros leídos a lo largo del año. La posibilidad de que haya aparecido un libro revelador y no aparezca en la lista puede deberse más a no haberlo leído que a criterios de selección. Recapitulando en estos años y para que quede constancia, los anteriores Sark de Oro recayeron en “El hada carabina” de Daniel Pennac, “Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem, “Cíclopes” de David Sedaris, “La disco rusa” de Wladimir Kaminer y “La Mosca” de Slawomir Mrozek. Ah, no, no estoy a sueldo de Mondadori.

Aviso, también como casi todos los años, de que mis lecturas suelen determinarse por escuderías, es más sencillo que lea algo de Lengua de Trapo, Mondadori o Valdemar que lo haga con lo que saca Planeta, Alfaguara o Anagrama. Vamos, que o pretendo engañar a nadie, que no me lo he leído todo ni de lejos.

Este ha sido el año de los libros atípicos. La no ficción has estado marcada por el superéxito de Punset “El viaje a la felicidad”, eso debería darnos una idea. Pero no sólo eso, también las publicaciones de Global Rhythm con su monumental y tochérrima Autobiografía de los Monty Piton y algún otro magnífico ejemplar del que hablaré más tarde. También las conspiranoias de cierto grupo han monopolizado las novedades, angelitos míos. Y, finalmente, el gran beneficiado de este año ha sido el Género Negro. La buena racha que apuntaba el año pasado se ha asentado permitiendo multiplicar los títulos que van de lo clásico a lo heterodoxo. Así, a colecciones exceletens como la de tropismos o El Funambulista se han unido la Zona Negra de Punto de Lectura, el empujón de RBA en su sello de bolsillo o la apuesta en SUMA y La Factoría por el género. Gracias a ello hemos podido recuperar al bueno de Scudder de Lawrence Block en La Factoría, seguir al Jack Taylor de Ken Bruen en Tropismos, recuperar a VI Warshawski de Sara Paretsky en SUMA y, por supuesto, la apuesta de Almuzara de cuya mejor pieza hablaré en un rato. Todo eso más las tradicionales entregas del Montalbano de Camilleri, las ideas de Elmore Leonard o Val McDermit.

Destaca, en cuanto a editoriales, lo mala que ha sido la cosecha de Mondadori. Un auténtico espanto salvada sólo por “jugadores individuales”. Y si el conjunto de la edición no es armónico deberían saber que en cuanto que las individualidades dejen de funcionar se les va a ir al carajo la construcción. Por suerte este año han contado con Phillip Roth (de hecho, todo el mundo ha contado con él de nuevo… y un año más se despide sin el Nobel, el pobre) en “Elegía”, los Coetzees rescatados, menos mal que dentro de la misma editorial han sacado otras cosas, ya hablaré luego de ellas, y han tenido aciertos como su apuesta por el cómic desde lo más literal (Macanudos) hasta ese estupendo libro que une lo divulgativo con lo personal que es “El Arte” de Juanjo Saez. O, en Lumen, la consolidación de su forma de hacer las cosas. Han publicado un libro-cómic sobre malos tratos (más autoliberador que interesante), seguido rescatando a mujeres y publicado una de las pequeñas delicias de este año “Los amores de Nikolai” de Lewycka Marina, una historia tan real que parece inventada sobre una familia de inmigrantes integrados que se encuentran con su mundo trastocado por la decisión del senito padre de casarse de nuevo. Otro título a tener en cuenta es “¿Quieres ser millonario?” del escritor angloindio Vikas Swarup, publicado en anagrama, que refleja mediante las preguntas de una versión del programa la historia “desordenada” de su protagonista. Igualmente notable dentro de los inclasificables es la “Danza Macabra” de Stephen King que nos trajo Valdemar este año en el que el conocido autor repasaba la Cultura Popular de lo fantástico/terrorífico en sus versiones cinematográfica y literaria –con algo de su odiada tele- desde los cincuenta en adelante hasta “la actualidad” que era el año 79. Un gran libro independientemente de la opinión que se tenga sobre su autor.

En cuanto a los españoles, el nivel sigue siendo irregular. Algunas esperadas novelas han sido decepcionantes como el regreso de Eduardo Mendoza o de Pablo Tusset. Otros han seguido su línea de calidad (ascendente) como Juan Aparicio-Belmonte o el gran Rafael Reig que es el autor para Debate de uno de esos libros atípicos de este año, el Manual de Literatura para Caníbales que logra recorrer la literatura española “más reciente” (es decir, del neoclásico en adelante) de una forma divertida y original aunque peque de subjetivismo en muchos momentos y de un final quizá excesivamente disparatado y no tan mordaz. Siguiendo con los atípicos, es imposible pasar de La Conferencia (El plagio sostenible) de Monteserín. También habría que hablar de Nocilla Dream pero aún no tengo muy claro si está entre lo que más me ha gustado del año o entre lo que menos. Pero si hay un nombre propio para este año es el de González Ledesma que escribió una excelente autobiografía “Historia de mis calles”, se vio reeditado y re-reconocido y –sobre todo- publicó en Almuzara el que es para mí el mejor libro español del año: “Mendez”, una sinfonía de piezas cortas de todo tipo que son tan brillantes por separado y tan distintas en realidad entre ellas que se podría formar un enorme globo de discoteca con ellas.

De reediciones déjenme señalar un too que , aunque con material nuevo, merecedor de un gran reconocimiento. Me refiero a los Cuentos Completos de Saki. El único problema de tenerlo todo es que puedes empacharte.

Y, antes de pronunciarme sobre los premios, voy a hacer un pequeño alto para hablar de lo peor. Que no es exactamente lo pero-pero, la verdad es que seguimos con las mismas codillas de años anteriores que si bien han abierto camino para alguna cosa interesante en general siguen dándole a la manivela de la cosa santa y la discusión sobre el prepucio de Cristo redivido. Personalmente, me aburrió enormemente el “Lunar Park” de Easton Ellis que no deja de ser más de lo mismo haciendo lo de siempre, igual que el JPod de Coupland, pero como dice un amigo: podría ser peor, podría haberlo escrito César Vidal. Quién, por cierto, ha visto publicados con su nombre este año 16 libros nuevos.

Pero vamos a lo que “interesa”, a los premios. Así que allá va la decisión:

Sark de Plata para el libro de relatos “Fantasmas” de Chuck Palahniuk. Estupendo libro de relatos que reúne en uno las historias de Palahniuk de terror posibilista, pleno en ambientes urbanos y en violencia bien administrada. Sólo la irregularidad de los relatos, así como una extensión algo excesiva del “entre acto” que sirve para cohesionar toda la historia, hace que se quede en el segundo puesto esta obra.

Todo lo cuál nos lleva, de manera irremediable al… Sark de Oro de este año que es concedido por primera vez y sin que sirva de precedente Ex Aequo al libro de reportaje “Pégate un tiro para sobrevivir” de Chuck Klusterman y a “El Martilllo Cósmico” de Robert Anton Wilson con especial nota para su segundo volumen “Con los pies en la tierra”.

El primero está más cerca del tradicional concepto de Nuevo Periodismo o de las narraciones de Ficción. Sobre todo porque el tema del artículo “Visita los lugares de muerte de los músicos norteamericanos en su propio país” acaba cambiando pronto a “mi historia del viaje”. Klusterman nos ofrece todo lo que puede decir sobre si mismo y su opinión sobre el mundo que le rodea dejando el tema del reportaje en un hábil segundo plano que le sigue para hacer avanzar la historia.

“El Martillo Cósmico” está “indultado”. En principio no debería contar por ser unas memorias, pero al ser las de RAW y estar redactadas de esta manera, tan brillante, resulta complicado negarle el mérito al más Atípico de los libros atípicos de este año. Cruce entre la autobiografía y el catálogo de vivencias, mezcla de reflexiones socio-político-culturales y de experiencias con las drogas, el ocultismo y casi cualquier cosa rara que se nos ocurra, auténtica exposición de “quedarse en cueros” (el final del primer libro, por ejemplo) estamos ante otro clásico moderno que resulta difícil no amar casi de inmediato por la forma de crear una obra única y compacta formada por pedazos inconsecuentes. Esperemos poder seguir disfrutando de RAW durante años.

Y así, en fin, termina el repaso de este año y la concesión de los Sark de Oro. Dejemos ya la charleta y empecemos a disfrutar de este año, el del Centenario de Heinle.


Sark 2005 hasta los cojones del Quijote

Un año más (y ya van seis, a lo tonto a lo tonto…) aprovecho el comienzo de año para entregar el Sark de Oro al libro que más me ha gustado de este año.

Comienzo con la clásica advertencia, el que quiera pasar al resumen del año que se salte este párrafo. Las listas de “Lo mejor de…” acaban siendo los resultados de la intersección de los gustos personales con los libros leídos a lo largo del año. La posibilidad de que haya aparecido un libro revelador y no aparezca en la lista puede deberse más a no haberlo leído que a criterios de selección. Recapitulando en estos años y para que quede constancia, los anteriores Sark de Oro recayeron en “El hada carabina” de Daniel Pennac, “Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem, “Cíclopes” de David Sedaris y “La disco rusa” de Wladimir Kaminer. El año pasado quedó desierto. Y no, sigo sin estar a sueldo de Mondadori. (Una pena)

Aviso, también como casi todos los años, de que mis lecturas suelen determinarse por escuderías, es más sencillo que lea algo de Lengua de Trapo, Mondadori o Valdemar que lo haga con lo que saca Planeta, Alfaguara o Anagrama. Vamos, que o pretendo engañar a nadie, que no me lo he leído todo ni de lejos.

Este año ha tenido varias caras. El nombre propio para mí es el de Phillip Roth, el ecritor que todo el mundo sabía que ganaría el Nobel excepto –vaya- los miembros de la academia sueca. Tampoco podemos olvidarnos de Chesterton que ha visto publicada otra importante parte de sus obra por Valdemar y El Acantilado. A este paso unas “Obras Completas” en español no parecen tan desacabelladas. De forma más general un reflejo de este año, muy claro, es el del libro de bolsillo. No solo han terminado de multiplicarse los sellos de bolsilibros alcanzando incluso al cómic (Ahí está “La biblia contada a los pasotas” o “La parejita” en Puzzle) sino que la oferta de los 5 € de Booket ha permitido acercarse a algunas obras a un público que se resistía a ello.
Otra cara ha sido la explosión de pequeñas editoriales, más editoriales pequeñas nuevas que libros metiéndose con ZP con portada de Mingote, no sólo las que arrancaban a final del año pasado como El Tercer Nombre, también novatas como Funambulista o Tropismos (atentos a su colección de novela negra) han entrado con ganas en el desganado panorama literario español. Sigo: El buen momento recuperado de Seix barral y Lumen, dos editoriales con altibajos que han firmado un gran año. La cosa conspiranoica-histórica-religiosa-suputamadre ha tenido para acaparar todo el espacio posible con la fórmula de “el/la incógnita/clave/misterio/enigma/secreto/otros DaVinci/Dante/Newton/Calderón/otros” o “La Biblia/cruz/cruzada/copón de él/la/los Iglesia/Masones/Cátaros/Illuminati” e incluso una mezcla… hagan la prueba y creen su propio BestSeller. Seguro que esto ha ayudado a que salga algún libro interesante, lo descubriremos en unos años. Y, para pasar al siguiente párrafo, los “jóvenes” escritores españoles vienen dando fuerte.

Qué estupendo año de lecturas frescas de aquí. Desde la ya de cultoLos reinos de la Casualidad” (a la que, para que negarlo, yo habría metido una poda) a las obras que aporta Lengua de Trapo con “López López” de Juan Aparicio-Belmonte a la cabeza. De esta misma editorial también tengo que destacar “Las Hazañas del Capitán Carpeta” de Rafael Reig (que quizá suene a algunos pues salió serializado en el 20 minutos), el libro cruce de hallazgos con popurrí de email “No he venido aquí a hacer amigos” que recomiendo a todos aquellos “informáticos por dinero” y ese “Caja negra” quizá demasiado literarizado pero con destellos de gloria. En Mondadori tenemos (que está reciente) a Xavier Calvo con sus “Rios secretos de Londres” y la “nueva versión” de “Vidas de Santos” de Rodrigo Fresán, obras interesantes e imaginativas. Ángela Vallvey se hizo “asumible por el público” con “La Ciudad del Diablo” en Destino aunque no logró promocionarse lo que se esperaba…. Pero si hay un libro español que recomiendo sin reparos es “Reconstrucción” de Antonio Orejudo (Tusquets) , otra de esas obras inclasificables de este autor que se entretejen entre la realidad y la ficción a la vez que desarrolla todo un juego de espejos y de reflexiones. Una auténtica delicia que salió a principios de año y que no ha sido superado.

Y antes de seguir con los premios, permitidme que señale un par de reediciones. En realidad solo un apunte, los “Crímenes ejemplares” de Max Aub en preciosa edición de Thule. Recopilatorio de asesinatos breves o de confesiones mínimas, según. Pero yo quería hablar de la reedición del año: “Trampa 22” de Joseph Heller. Si solo puede leerse uno de los viejos-nuevos libros de 2005 que sea este. Cómprenselo, disfrútenlo, ejerciten sus bíceps con él. La guerra, los mandos, la ilógica… todo. M*A*S*H* antes de Altman, Kafka en el ejército americano… una de las obras del siglo XX que, tras unos años desaparecida, vuelve a nosotros. Ah, que buen gusto deja su lectura amarga.

Pero vamos “al ajo”. Sí, este año ha habido alguna cosa, libros notables como ese recopilatorio “Error humano” de Palahniuk (atentos, el año que viene puede ser el suyo si todo sigue lo esperado) o los regresos de Sedaris (por partida doble, si quieren regalar algo navideño “Oh, blanca navidad” en DeBols!llo 21 es SU volumen, habría ganado el premio de no contener relatos antiguos… pero qué relatos), Eggers, Camilleri o Coetzee (Maravilloso y terrible, como de costumbre, su “Hombre lento“). He visto brillar a gente de otras latitudes, al australiano Peter Carey con “Mi vida de Farsante” (Mondadori) en su divertida y “engañosa” novela sobre gente imaginaria que aparece a reclamar lo que es suyo, o el indio Shashi Thaaor con “Bollywood”, divertimento y reflexión sobre toda una industria y sobre las diferencias entre “lo que se ve” y “lo que hay”.Pero ninguno de ellos han llegado a ese “algo más”. Y reconozco que este año ha estado justito.

El “Sark de Plata” ha sido para “Lo mejor de McSweeny’s” (2 vol.) VV. AA. Ed. Mondadori. Resumen/antología/contenedor que sirve para acercar a los potenciales lectores a los “autores” del sello y, de paso, a varios de los más representativos escritores jóvenes norteamericanos. Otra cosa es que luego, entre Lethem, Foster Wallace y demás brillen con especial fuerza John Hodgman o Jim Stallard, ilustres desconocidos que nos demuestran la razón de ser de estas antologías. Lamentablemente la edición es mejorable hasta el punto de no incluir ni una pequeña reseña de los logros biográficos y blibiográficos de los participantes. Aún así un estupendo modo de inciarse en este terreno entre la amargura cotidiana y el humor ácido actual, con esos juegos entre la realidad y la falsa realidad que aquí se estilan.

El “Sark de Oro” tenía que darlo este año, después del fiasco del año pasado, una manía personal. Por suerte los autores dados de lado no escasean. Entre aquellos de los que hablo. Así que aprovecho este año para vindicar un gran libro de historias muy breves. Es decir: El “Sark de Oro” de este año ha sido para “La Mosca” de Slawomir Mrozek, ed. El Acantilado (sí, pedir este libro es un festín para los errores) El autor ha demostrado de sobra su calidad desde ahce años, baste recordar los “Juegos de Azar” con los que se dio a conocer hará unos cuatro años… En esta ocasión tenemos un auténtico compendio de historias breves, cargadas de intenciones con varias lecturas, desde lo más claro, como “C. de Turco” hasta lo más alegórico como “Relato del Fugitivo”. Hay un poco de todo, de realidad, de irrealidad, de reinos fantásticos que resultan ser los nuestros y de nuestra realidad siempre fantástica. Es difícil convencer a alguien de la acertada y ajustada prosa de Mrozek, o de lo que su minimalismo puede llegar a expresar o a “dejar caer”. Quizá en el futuro cuelgue alguna de estas historias. Más breves que Saki, tan cargadas de intención (aunque con menos amargura) que Bierce, este libro es una pequeña joya, otra de esas obritas que todos merecemos disfrutar. Y, sobre todo, lo mejor que he leído este año que se termina.

Con esto termino mi aburrido tocho “metaliteraturesco” anual y os dejo que volváis al dulce sopor del año nuevo.

 


Sark de oro 2004 el año que reeleimos poderosamente

Un año más (y ya van cinco) aprovecho el comienzo de año para entregar el “Sark de Oro” al libro que más me ha gustado de este año.

Comienzo con la clásica advertencia, el que quiera pasar al resumen del año que se salte este párrafo. Las listas de “Lo mejor de…” acaban siendo los resultados de la intersección de los gustos personales con los libros leídos a lo largo del año. La posibilidad de que haya aparecido un libro revelador y no aparezca en la lista puede deberse más a no haberlo leído que a criterios de selección. Recapitulando en estos años y para que quede constancia, los anteriores Sark de Oro recayeron en “El hada carabina” de Daniel Pennac, “Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem, “Cíclopes” de David Sedaris y “La disco rusa” de Wladimir Kaminer. Ah, no, no estoy a sueldo de Mondadori.

Vamos a ello. Este ha sido, sin duda, el año de las relecturas. Ya desde el principio del año con la magnífica iniciativa de El País y su colección de aventuras seguida luego por una colección Negra que nos ha permitido recuperar a Twain, Dumas o Stevenson por un lado y a Thompson, M. Cain o Himes. También los saldos han ayudado, como los del “Hit Man” de Block o “Una historia maravillosa…” de Eggers. Además, han sido publicadas en bolsillo “HappinessTM” de Ferguson, “Huérfanos de Brooklyn” de Lethem o “mi vida en Rose” de Sedaris. En este mismo formato han tenido la gentileza de rescatar “Hyperion” y “La caida de Hyperion” de Dan Simmons. O la publicación de nuevo de “Foe” de Coetzee, quizá su mejor novela. Y a todo esto hay que unir la recuperación de clásicos como “Guerra y Paz” o “Los papeles póstumos del Club Pickwick” y eso sin contar con las reedicione scompletas que Círculo de Lectores y Cátedra han preparado (cada una por su lado) de un selecto grupo de autores.

En resumen, un año de recuperaciones tan brillante que ha ensombrecido (cómo no) la pobre producción de este año.

Sí, hemos tenido algúnas novelas dignas, aunque pocas. No sé si ya lo he mencionado pero por su popularidad me centro en las novelas, aunque tampoco en Poesía, Ensayo o Biografía haya sido mucho mejor la cosa; destacaría las Obras Completas que se han reeditado este año de grandes autores como Kavafis, entre las biografías, mi preferida ha sido la que Espasa sacó (en una edición horrible, por cierto) de Mark Twain.

El caso es que pese a un año que no empezó mal (“El diablo te quiere”, “Música militar”) se estánco y no ha sido al final gran cosa.

Hasta el punto de que este año queda desierto el “Sark de Oro”. Eso sí, los “candidatos” se merecen por lo menos una mención.

“El curioso incidente del perro a media noche” de Mark Haddon, Salamandra, es una interesabte obra que mezcla el estudio del autismo con un asesinato menor. Muchos conceptos “de ciencias” también para una novela que sin acabar de convencer está entre lo más destacado del año.

“Ven a verme” de Erika Kauser, Mondadori, es un más que aceptable conjunto de relatos que se mueve entre el humor descarnado y el interiorismo social. Entre Dorothy Parker y Elvira Lindo, vaya. No está nada mal pero le falta algo del “punch” que ha caracterizado a al “new Generation” usaca.

“El caso del enterrador y la niñera” de Tim Cockey, roca Editorial. Un libro de género (negro) muy interesante, con reminiscencias delos clásicos de la tele , protagonizada por un enterrador que parece protagonizado pro Bruce Willis haciendo de detective y narrando una historia que, pese a sus problemas y lugares comunes, sabe entretener. Una de las sorpresas del año.

“Aire muerto” de Iain Banks, Mondadori, es una muy interesante obra con cambios narrativos (p’alante/p’atrás) que se pierde por no tener claro qué es lo que quiere contar. La trama genereal del protagonista resulta mucho más interesante que los hechos concretos en los que acaba centrándose para dar una “sensación de historia” arruinando de alguna forma un gran trabajo, una lástima.

“La fortaleza de la soledad” de Jonathan Lethem, Mondadori, es la obra quizá más madura de Lethem auqneu lamentablemenete también la más asfixiante (casi aprece una obra de Coetzee dejando poco espacio a cualquier sentimiento o momento positivo) la inclusión de “referencias pop” como tebeos o musica “popular” es una de las grandes bazas que usa el autor para separar, para separar a sus padres entre ellos, para separar a su madre (seguidora del Dr. Extraño de Ditko) de él mismo e incluso entre sus amigos comiqueros según prefieran a Kirby o Steranko a Conway o Gerber… Una historia casi sin concesónes de análisis de las relaciones entre padres e hijos (las presencias maternales están casi desaparecidas) a la que le sobra lamentablemente el trecho final, el “estrambote” que nos sitúa en el presente pese a su función de “justicia” para los personajes, al menos para algunos.

En cuanto a los libros españoles, un mal año a secas, lo más destacable es “Celda 211” que adolece de algunos defectos notables entre los que destacan la falta de definición de personajes entre lo que se dice de ellos y lo que eligen hacer. Dentro de Lengua de trapo también esta “Guapa de Cara” que naufraga en una segunda mitad que parece errabunda en todo momento. Poco más destacable, me negué a leer a Bolaño cuyos “Detectives salvajes” aún tengo atragantados, lo nuevo de Garcái Márquez resultó ser un “lifting” de un cuento que debió escribir cuando era joven siendo benévolo y el resto simplemente no ha estado a al altura, desde Pinilla y sus ansias Faulkeneizantes a los problemas de edistribución de Mario Muchnick y la nueva de Isaac Montero.

Eso sí, muchas editoriales nuevas que, de momento, no aportan mucho, pero hay que dejarlas crecer, la aparición de Roca Editorial que lelga con fuerzas a re-crear su Ediciones B perdido y la aparición de un cierto Ala Dura que nos ha dejado títulos tan memorables como el que enseña a dejar de ser homosexual que publicó Letras Libres o el célebre “¿A qué juegan nuestros hijos?” de los SanSebastian que publicó Ymelda Navajo en su Esfera de los Libros.

En resumen, un gran año para el reencuentro pero un año bastante lamentable para el descubrimiento.


Sark de Oro 2003: un 2003 lo tiene cualquiera

Un año más (y ya van cuatro) aprovecho el comienzo de año para entregar el “Sark de Oro” al libro que más me ha gustado de este año.

Comienzo con la clásica advertencia, el que quiera pasar al resumen del año que se salte este párrafo. Las listas de “Lo mejor de…” acaban siendo los resultados de la intersección de los gustos personales con los libros leídos a lo largo del año. La posibilidad de que haya aparecido un libro revelador y no aparezca en la lista puede deberse más a no haberlo leído que a criterios de selección. Recapitulando en estos años y para que quede constancia, los anteriores Sark de Oro recayeron en “El hada carabina” de Daniel Pennac, “Huérfanos de Brooklyn” de Jonathan Lethem y “Cíclopes” de David Sedaris.

Si tuviera que señalar alguna característica principal de este año, en lo que a literatura extranjera se refiere, diría que ha sido un año de re-encuentros. Todos los galardonados han presentado al menos una obra, de la misma forma que algunos finalistas (Tonino Benaquista, Michael Chabon). No ha sido un año, sin embargo de grandes sorpresas tanto como de consolidaciones. La línea “Next Generation” de Mondadori ha visto arreglarse el lamentable final del año pasado con el regreso de alguna de sus figuras claves y la presentación en sociedad de la colección 21 de DeBols!llo ha permitido hacer más accesible a alguno de los grandes popes incluso en sus reediciones (como David Foster Wallace) proporcionando más de una satisfacción, incluso cuando los trabajos rescatados hayan resultado tan decepcionantes como en el caso de Chabon.

En cuanto a la narrativa española, entre el recuerdo y la emulación, ha resultado un año bastante aburrido, apenas alguna cosilla de Lengua de Trapo (“Coda”) o algún intento postmoderno con más brío que acierto en Mondadori (“El dios reflectante”) para un año en el que se presentó un premiado correcto (“Los amigos del crimen perfecto” de Andrés Trapiello en Destino. Premio Nadal) y otro sugestivo (“El pasado” de Alan Pauls en Anagrama, Premio Herralde) frente a una gran mayoría de premios olvidables. Algunas miradas atrás y obras menores aunque destacables como “Cuentos del Oeste” de Luciano G. Egido en Tusquets.

Lamentablemente también se ha continuado con la chapuza editorial, la nerviosa Ediciones B ha logrado acumular despropósitos incluso entre sus aciertos como la publicación de “Estupidos hombres blancos” de Michael Moore o la gente de Ma Non Troppo que han logrado algunas erratas difícilmente creibles. Incluso el gran Vallcorba ha visto empañada su edición de la “Autobiografía” de Chesterton por fallos de impresión y faltas de ortografía, algo que parecía difícil de imaginar hace unos años. O el ejercicio de publicidad del “Todas putas” de Hernán Migoya, un libro bastante malo con una buena campaña. Hablando de libros malos, hay que advertir a la gente de que se parte de “Técnicas de masturbación entre Batman y Robin” por ser uno de los grandes horrores del año terminado. Pero lo peor sin duda han sido las muertes, de Augusto Monterroso a Manuel Vázquez Montalbán, los muertos han sido muy importantes este año, importantes y dolorosos.

Pero regresemos a la idea original de este texto, hablar de lo bueno. Bueno ha sido el reencuentro con el relato corto de Stephen King y Michael Marshall Smith, ambos en Plaza & Janés. Y también bueno es la publicación de “Hombres de armas” de Terry Pratchett, lamentablemente “Imágenes en acción” defraudó y “El segador” se quedó en una tierra de nadie.
Narrativa Mondadori recuperó para fortuna suya a Daniel Penca con “El dictador y la hamaca”, a Jonathan Lethem con “Cuando Alice cruzó la mesa” y a David Sedaris con “Mi vida en Rose”, todos ellos podrían haber sido finalistas en lugar de finalistas y ejemplifican el gran nivel que está teniendo la colección tras los últimos traspiés.

La colección 21 ha sido un gran regalo, no mentiré diciendo que al principio me causó inquietud por esa idea de dejar solo un relato de Foster Wallace de todos los que componían “Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer”, pero la selección y las obras presentadas han demostrado la existencia de un criterio. Lo peor de entre los mejores se lo lleva el dubitativo inicio de Chabon en la escritura, Palahniuk tampoco sale muy bien parado con su obra y el inclasificable Lethem hace un plato de difícil asunción, un Western Intergaláctico nuestra perfecta de sus problemas y virtudes. También autores casi desconocidos tuvieron su oportunidad y otros más alejados de esta Nueva Ola como la eterna aspirante al Nobel con “Zombie” o el músico Vinicius de Moraes pusieron la nota exótica en esta selección. Un nivel medio / alto propio de una gran colección [Apenas alguna como de Diagonal Bolsillo se puede comparar, con ese “Doble indemnización de Cain con otro título que han sacado este año] y solo lamentar que al final (por los motivos que sean, desde un replanteamiento a un Nobel de por medio) no haya aparecido el “Foe” de Coetzee (justísimo Premio Nobel de Literatura) en la colección.

Dejo ya de dar vueltas a la perdiz mareada y abro las plicas:

“Sark de Plata” al libro finalista para “Nana” de Chuck Palahniuk. Un recorrido por parte de la América mágica con una demostración de ritmo recuperado por un autor al que temía perdido. Una auténtica gozada leer esta locura sobre magia, muerte y canciones de cuna que demuestra que Palahniuk sigue vivo en algún lugar de su cuerpo. Esperemos que llegue pronto (que llegará) “Diario – Una novela” y que no se abandone en un juego de provocaciones sencillas.

“Sark de Oro” al libro publicado en 2003 que más me ha gustado para:

“La disco rusa”de Vladimir Kaminer, en DeBols!llo, colección 21.

Hay muchas razones por las que este libro puede pasar desapercibido. Su pequeño tamaño, su bajo precio y una portada horrorosa son argumentos de peso. Incluso la lectura del comienzo del libro, en el que un perplejo Kaminer nos explica como un ruso como él acabó en Alemania del Este, goteando detalles, fijando personajes y personalidades para darnos cuenta de que en la página 52 se ha producido un cambio. El libro sigue estando compuesto de breves historias, de 3 / 4 páginas en las que cuenta algo “casi cotidiano” de su estancia en Alemania, muchas veces desde su posición de emigrado y sin acabar de sentirse integrado . Es casi mágico encontrarse con unas historias tan bien definidas, sutilmente divertidas, con una ironía que sirve para perfilar y dotar de profundidad, no solo para sonreír. Un descubrimiento excelente el de esta obra y este autor, que pronto publicará otro libro, esta vez en RBA y cambiando su nombre de Vladimir a Wladimir. Si de todo el año pasado tuviera que quedarme con un libro sería con este, llámenme “adicto a los descubrimientos” o échenme en cara preferir a un desconocido frente a los consagrados, el caso es que tras bastante meditarlo he llegado a esta conclusión.

“La disco rusa” de Vladimir Kaminer es el ganador del 4º Premio “Sark de Oro”


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