Cambiantes consumiciones televisivas

Cuando acepté escribir estas columnas pensé que lograría equilibrar mejor la parte de ficción de la televisión —entendida como la parte confesa de ficción, claro— y la parte de teórica no-ficción que también tiene. Lo que pasa es que resulta siempre más tentador tirar por el lado de la ficción, al menos para mí. En cualquier caso os aseguro que el año próximo habrá ciertos cambios pero, mientras tanto, convendría examinar otros asuntos.

Hace unos pocos meses en El País publicaron una página de contenido infame sobre la actual tendencia al alza en el consumo de series. El tipo que escribía no era consciente, o le daba igual, del cambio operado que justificaba ese aumento y se quedaba, simplemente, en que era una actividad audiovisual al alza y, según su estrecho punto de mira, un claro ejemplo de la gente que se embarca en mundos ficticios para combatir su soledad. Una mamarrachada como otra cualquiera en cuanto que el punto de partida o los ejemplos (el tiempo muerto en la consulta del médico) eran poco menos que estupideces poco meditadas, mientras pasaba muy de puntillas por el auténtico motivo confundiendo causas y efectos. Pero siendo un artículo de opinión en ese periódico tampoco es que se pudiera esperar mucho más.

Por otra parte, en las últimas semanas se han estrenado dos servicios de Televisión On Line, por un lado Youzee y por el otro Voddler. En ambos casos se trata de portales centrados en ofrecer de manera legal la posibilidad de acceder a contenidos audiovisuales —series, películas, cortos, documentales, etc… — de consumo inmediato y en cualquier aparato dotado de internet y posibilidades de usar un reproductor multimedia. Luego volveré a ellos.

Tratemos pues de establecer los motivos del auge de las series desde un punto de vista no sólo actual sino, más importante, contextual. Hay tres grandes falacias que parecen ofrecer soluciones sencillas a la cuestión y que necesitan de algo más de reflexión: En primer lugar está la que señala el actual crecimiento de su consumo como algo unido a la gran calidad actual de las series televisivas intentando convencernos de que vivimos en una edad de oro o, como poco, de plata, sin parangón alguno.

Tras todo este año de repaso y ensalzamiento de autores y creaciones creo que los lectores de esta columna deben tener bien claro no ya mi opinión al respecto sino la realidad innegable: Buenas series han existido siempre. En mayor o menor cantidad y número, desde luego, pero nunca de manera inapreciable ni inexistente, no desde la popularización televisiva en los años 50 —recordemos que pese a todo la televisión es un medio joven— e incluso en la década anterior, entre pruebas, se daban algunos buenos ejemplos. El repaso a creadores, autores y series tanto en USA como en UK y España debería dejar claro este punto y ayudar a que dejáramos de oír esas tonterías de que las series “están mejor que nunca”.

En segundo lugar está la que asegura que se trata de una moda ligada, por tanto, a la presión social, ver series está de moda. Por lo visto, antes en el café de la oficina hablaban de Herodoto. Obviamente, cuando alguien dice ver series está de moda en realidad querría decir ver series por elección en lugar de lo que pone la televisión es más sencillo ahora —es decir, el paso de un sistema algo más activo en la elección, en un crecimiento exponencial desde la existencia de un canal a la situación actual, pasando por la llegada de las privadas hace poco más de veinte años— de manera que las conversaciones sirven para comparar entre más productos culturales dentro de un mismo medio. Igual que se habla de películas o libros, siendo unos más populares o recomendados que otros, pasamos a no estar constreñidos por la limitación de elección sino por todas las otras cosas que tratan de influirnos como el mercado, la publicidad y los pesados evangelistas machacones.

Finalmente, y más importante, que es un asunto de los tipos estos de Internet que son unos piratas y se bajan las series matando a los autores. O algo así. Y parece ridículo no reconocer que Internet ha cambiado muchísimo la aproximación a todos los productos culturales. Pero el problema está en que son todos. No hay un Internet sólo para series, aunque leyendo blogs de televisión pueda parecerlo. En Internet uno puede encontrar libros, música, películas o vídeos musicales. Y si algo no parece ser encontrable, ahora existen muchas más posibilidades de conseguirlo. Ojo, muchas más, no “todo”, ni “seguro”, que no dudo que acabe sucediendo si el tiempo tiende a infinito, pero puedo asegurar que hay cosas que están desaparecidas, o casi.

Ahora vamos a aproximarnos a esos mismo puntos al revés. En un contexto. Si en los años ’70 estabas viendo una serie, más te valía estar delante de la tele y tener el mando para poder contarla luego. En los ’80 empezaron a poder rularse VHS con capítulos, aunque ocupaban mucho espacio —de manera que, pongamos, Kimagure Orange Road era una caja de cartón llena de cintas— por suerte para finales de los ’90 ya estaban los CDs y DVDs reduciendo espacio, y con la llegada de internet incluso empezó a terminarse el problema de “oh, vaya he grabado el final de Estudio Estadio por lo que me faltan los quince últimos minutos de El Comisario McMillan y Esposa”, más aún, empezó a poder conseguirse en el momento también los capítulos en su idioma original —por el bonito procedimiento de armarte de paciencia y bajar trozos de las news para juntarlo de nuevo—, de forma que acabamos en el punto actual, en el que puedes buscar y encontrar dejando de depender de la tiranía televisiva.

No sé si lo habrán hablado ya pero una de las discusiones más habituales de los últimos años es el cambio del centro Televisión al centro Pantalla, o Pantallas, en las casas. El antiguo objeto televisión que ganó unas aplicaciones de vídeo, que después admitió la consola y quizá ahora esté enchufada al ordenador está, además, rodeado; hay más gente sin televisión porque tiene más pantallas. Ya no sólo no hay hegemonía, además la presencia de sobremesa y, sobre todo, de portátiles, junto con otros paraparatos del estilo de ebooks y teléfonos listillos permite que cada cuál haga poco menos que lo que le venga en gana.

La multiplicación de canales, que ha pasado de uno a dos a media docena y ahora a una treintena, sin contar promociones y tontadas varias por tierra, mar y cable, se ha convertido en una solución efectiva pero pírrica ante los datos de mayor consumo internetero y menor consumo televisivo. De forma similar a la de los periódicos (que ahora llevan la inexplicable coletilla en papel) o la radio, la televisión, tras sólo unas décadas de reinado, se ha convertido en algo que parece propio de otras generaciones y obsoleto, sin prestar atención a que nuestros padres podían no tenerla o verla sólo en blanco y negro o, en el mejor de los casos, haber vivido la mayor parte de su vida con una muy limitada oferta televisiva.

Entender Internet como un Videoclub infinito, un lugar del que sacar lo que se quiere en cualquier momento es sólo la mitad del asunto. En la parte de cacharrería es el poder tenerlo en cualquier lugar, llevarlo a otra habitación o, incluso, portarlo en el móvil o en la consola —y aquí reconozco no ser capaz de lograr ver en pantallas tan pequeñas—, lo que permitiría llevarse las series a la sala de espera de un doctor en lugar de algo más abierto y comunicativo como, digamos, una novela.

Convertir el visionado de series en una actividad sencilla, frente a lo que era en su momento conseguir los episodios de los Monty Python o del Dr. Who o seguir Urgencias o Policías de Nueva York, es lo que ha favorecido que se pudieran recomendar y seguir más allá de los canales y las audiencias en zapineo; esta facilidad y el gusto de la gente por opinar es lo que ha creado esos estados de opinión que igual que hablan de libros, partidos de fútbol o cómics —bueno, quizá esto último aún no…— te machaquen con lo buena que es Mad Men.

Y de la misma manera que acabas recibiendo El tiempo entre costuras en préstamo o regalo, te llega un bonito y —sobre todo— funcional estuche con una serie, una temporada normalmente aunque si hay suerte es algún tipo de mini completa como Band of Brothers o una bonita construcción de alguna serie completa de mediano tamaño como The Wire. Reconozcamos que las posibilidades de que te caiga algo realmente goloso como House of cards o State of play es tan menor como su propio precio.

Lo que nos lleva a la llegada a España de algunos servicios: Voddler, YouZee, Wukio y, si tenemos suerte, Netflix empiezan a operar en España. Son empresas que tienen un catálogo de películas y series y que lo ofrecen bien de manera gratuita, bien por pago o, incluso, mediante un sistema de tarifa plana. Imaginad que Series Yonkis fuera legal. Pues ellos han imaginado que la gente paga por Spotify y que el único motivo por el que no lo hacen por las series y películas es la inexistencia de algo como ellos. Veremos cómo les va porque la cosa está muy en mantillas todavía y algunas de las opciones más claras del pirateo —es decir, la inmediatez en la disponibilidad de capítulos y el placer de escucharlos en su idioma original— no queda tan claro que vayan a mantenerlo. Pero eso será otra columna.

Y precisamente esa inmediatez es el último punto a tener en cuenta pues el tráfico constante de novedades fáciles de conseguir — Y de calidad como SPY o Life’s too short — hacen que la gente no se percate tanto o no encuentre espacio para recuperar los clásicos y no tan clásicos. Del mismo modo encontrarlos no siempre es fácil, y pienso no ya en los inencontrables de Viruete sino en algo tan aparentemente sencillo como La Pandilla Plumilla. Aspectos ambos que explican esa exaltación de la actualidad frente a una visión ponderada para la que hace falta un mínimo de memoria y haberle dedicado un rato a ver series, incluso a reflexionar sobre ellas.

Comprender todo esto es necesario para poder explicar, argumentar o entender que la relevancia actual de las series es, sencillamente, el derivado de la aplicación de nuevas tecnologías que facilitan el acceso en un medio que ya era popular. Nuevas tecnologías que permiten una mayor cantidad de oportunidades y el acceso a mucho más material, de manera que mientras la televisión convencional se va restringiendo, emitiendo cada vez más repeticiones de las mismas series en canales diferentes, ahora podemos acceder en muchos más lugares y eligiendo nosotros el momento.

Una nueva revolución que provoca olas y también, como siempre, que a alguno le llegue el agua a los pies y piense que está lloviendo.


Deshelando UK modernamente

El siguiente turno para ir cerrando este año de creadores e historia televisiva le toca a la televisión del Reino Unido y, la verdad, aún podría hablarse de unos cuantos creadores. Lo dejaremos para otra ocasión, sí, pero mientras hagamos un repaso a la evolución que tuvo en el post- Thatcherismo.

Recordemos que los años se convirtieron en un Maggie contra todos centrado en especial en desmantelar las estructuras de Lo público que tuvo una de sus grandes batallas contra la BBC. Muchos fueron los daños y víctimas colaterales — Como Dr. Who, que se cerró heróicamente en 1989, la última gran victoria pírrica de la Dama de Hierro— y eso creó una tensión y un tono que sirvió para que las televisiones siguieran haciendo lo que mejor se les daba redoblando esfuerzos en la parte, digamos, moral.

El resultado de lo cuál fue el habitual efecto péndulo, que si en USA se dejó notar tras la salida de Nixon de la Casa Blanca aquí sería más moderado. Desaparecida la mezcla perfecta de La Baronesa y Destro el humor iría un poco más relajado.

Por supuesto no significaba que se cerrara de inmediato las series que habían marcado la sátira durante su estancia. El mejor ejemplo es The New Statesman que servía como contrapunto y parodia de las nuevas maneras conservadoras, casi como una continuación natural de la sátira política de Sí, Ministro / Sí, Primer Ministro, que llegó hasta 1988, esta serie se centraba en las andanzas del diputado sin cargo (un backbencher en inglés) Alan B’Stard, un ultraderechista egoista, rastrero y muchas más cosas que iba demostrando semana tras semana, un magnífico personaje —aunque, seamos sinceros, mucho menos irónico o sutil que los de Sí, Ministro, aquí todo será más burdo — interpretado por Rik Mayall, a quien todos recordaremos por la serie The young ones o Els Joves o como la FORTA tuviera a bien traducirlo en tu comunidad. Mayall estuvo también en Blackadder y al finalizar este Statesman regresaría a su asociación con Adrian Edmondson en lo que se podría considerar una continuación extraoficial de la primera serie: Bottom o como la llamaron aquí La pareja basura (Sí, bueno, títulos y traductores, ya sabéis) En cualquier caso, The New Statesman es uan gran serie de humor que satirizaba lindando la crueldad los modos y maneras de la nueva clase política.

Como decía, no es que se dejara de lado Lo social, ni mucho menos. Pero hubo un cierto respiro, en comedia se pudo disfrutar de las petardas de Absolutely Fabulous que es uno de esos raros casos en los que la química en pantalla no parece tener sentido alguno —como demuestra los sucesivos intentos USA de recrearlo, todos desastrosos— y es que las aventuras de estas dos mujeres trabajadora de éxito que están como cencerros, las pobres, parece la síntesis perfecta entre lo que sería en los ’70-‘80 Laverne & Shirley y los que podría haber sido en ’90-‘00 Sex and the City.

Aunque sin duda la gran serie de humor de los ’90 a efectos de impacto planetario fue el salto mortal con tirabuzón que Rowan Atkinson realizó al pasar de Not the Nine O’Clock News _ o Blackadder a la comicidad gestual de —ya lo imagináis— Mr. Bean. Un prodigio de interpretación con unos guiones casi esquemáticos que permitían al actor convertirse en la dinamo que soportaba una de las grandes creaciones del humor reciente. Quizá el punto de _clown que tenía diera una falsa impresión de infantilismo, pero la idiosincrasia del personaje y su forma de comportarse lo llevan más allá, hacia un humor físico adulto alejado de lo anterior y lo posterior que realizaría Atkinson.

Hablando de infantilismo, y puestos a señalar los éxitos de la televisión británica noventera, quizá deberíamos hablar aquí del programa que más dinero hizo ganar a la BBC. Más allá de los odios, dudas y burlas, o de copias y homenajes, sería complicado explicar esa década o fingir estar repasando lo más importante de la misma y olvidarnos de… en fin…

Los Teletubbies están entre el icono y la incomprensión, en cualquier momento alguien los reivindicará o los pondrá de moda —Y cada día estamos más cerca, atentos a las camisetas de próximas temporadas— pero aunque para los adultos resultara extraño, perturbador incluso, se convirtió en un éxito tal que los niños parecían encantados por los personajillos.

Pero, volviendo a los adultos. Esta década es también en la que irrumpió Steve Coogan y con él conocimos a Alan PartridgeAH-HAA — que dio el salto desde un programa de radio hasta la televisión y allí se quedó, apareciendo y desapareciendo a lo largo de la década mientras su actor exploraba ambos lados del atlántico, otras ideas televisivas o el cine, Wintterbotton mediante. Sin embargo el icono asociado a Coogan, por mucho trabajo que realice, seguirá siendo Partridge, da igual que su Tony Wilson en 24 Hour Party People sea para hacerle un monumento, igual que Atkinson es más asociado a Bean que a Blackaddder.

Quizá estos fueron los mayores iconos, aunque no los únicos éxitos. La tradición británica nunca se está quieta, fruto de lo cuál se producen regularmente programas de sketches, algo a lo que los años ’90 no fueron inmunes. Quizá los mejores fueran los más conocidos, una opinión quizá no muy popular pero sí popular. O, si ustedes lo prefieren por ganar claridad, quizá más populista de lo evidente. Me refiero, claro, a A bit of Fry & Laurie en el que Stephen Fry y Hugh Laurie unen sus —enormes— talentos cómicos para una serie de sketches que parecen más un ejemplo de todo lo que podrían llegar a dar de si.

De manera poco habitual la emisión de este programa se fue alternando con _Jeeves and Wooster _, una adaptación de las historias clásicas de Wodehouse en la que Fry y Laurie —respectivamente— interpretaban a los personajes del título. Empezaron un año después de ABOF&L y concluyeron dos antes. Consagrándose como actores cómicos.

Otro nombre propio de esa década es el de Harry Enfield, que tuvo varios programas propios tras darse a conocer en el Saturday Live de Channel 4 gracias a los personajes y sketches cocreados junto a Paul Whitehouse. Entre sus personajes más famosos están Stavros y Loadsamoney, caricaturas —quizá no lo suficientemente satíricas— de los nuevos codiciosos del thacherismo. De enorme popularidad, Enfield pasaría a ocupar sus propios programas de sketches como _ Harry Enfield’s Television Programme_ que luego pasaría a ser Harry Enfield and Chums.

Además de otros proyectos ocasionales Enfield regresaría a los sketches con cierta regularidad, en los ’00 Harry Enfield’s Brand Spanking New Show y ya en la actualidad —de nuevo con WhitehouseHarry & Paul

Paul Whitehouse, figura central como vemos, tuvo su propia idea para un programa en el que , por una vez, no se incluía a Enfield. De su asociación con Charlie Higson salió The fast show, que presentaban personajes y frases recurrentes pero tenían la novedad —y la virtud— de ir más rápido, ser más breves, de manera que cupieran muchos más sketches (y mucho más ágiles) en cada episodio.

De gran popularidad — Johnny Deep dijo que Whitehouse es uno de los mejores actores que ha visto jamás, e incluso logró hacer un cameo en el último the Fast Show -, Whitehouse no ha dejado jamás de trabajar a uno u otro lado de la cámara. Junto o por separado con Enfield o sus otros compinches como Charlie Higson o Chris Langham.

Langham, por su parte, participaba de la continuación oficiosa de Not the Nine O’Clock News _, es decir: Alas Smith and Jones. En este programa de _sketches Mel Smith y Griff Rhys Jones, con Langham de tercera rueda, era una variedad sobre los clásicos números del tonto y el listo, que termina mostrándose también como tonto. Empezó en los ochenta tras la cancelación de NtNON y duraría hasta finales de los noventa. Con adiciones como la de Andy Hamilton.

Otra serie que empezó a finales de los ochenta y ocuparía todos los noventa, aunque no de sketches —aunque sí de culto— con el fondo de una historia de ciencia ficción y toda la mala baba inglesa del género sería… ¿hace falta decirlo? ¿Seguro? ¡Pues claro! Red Dwarf

Creada por Rob Grant y Doug Naylor con el nombre que usaban para sus proyectos compartidos, Grant Naylor, desde un personaje recurrente del programa radiofónico Son of Cliché. Pronto se convertiría no ya en su mayor creación sino en una que reaparece cada cierto tiempo —fanes de la ciencia ficción, esto es lo que les gusta— hasta el punto de que Grant se acabaría yendo de la serie, en principio por discrepancias con Naylor pero, según declaró posteriormente, porque no quería que Red Dwarf se viera como lo único que había hecho en su vida. Así que ahora no es lo único, sólo lo más importante.

Hubo otras series, aunque los noventa no fueran una gran década para el humor en Inglaterra tras los magníficos años anteriores e, incluso, comparándolo con lo que estaba por venir. En cualquier caso, al menos tres series deben ser mencionadas, la primera de las cuales es realmente familiar, es decir…

Royle family, creada a finales de los noventa, por Caroline Aherne y Craig Cash. Cash venía de trabajar como guionista en The fast show y con Aherne en su anterior éxito, The Mrs Merton Show una señora mayor que lleva un programa de entrevistas en las que su forma de entrevistar —a personas reales— mezcla de dulce candidez y notable mala leche, lograba producir incómodas situaciones por la forma amorosa y completamente dulce de introducir malentendidos y despellejar a los invitados.

Y si ustedes creen que Mrs. Merton tenía algo que ver con Alan Partridge véanla entrevistando a Steve Coogan.

En cualquier caso, Aherne volvió a trabajar con Cash —y alguna ayuda ocasional de otros guionistas— para poner en marcha esta comedia sobre una familia de clase más que baja arrastrada que subvertía la clásica idea de historia dramática tipo kitchen sink convirtiéndola en un canto al humor, la serie original duró un par de años pero sus especiales siguen saliendo con cierta regularidad. Eso sí, Aherne se ha retirado como actriz para centrarse en la escritura.

Y de lo humano pasamos a lo divino, con la serie que descubrió el gran talento cómico de Graham Linehan, la muy reverendísima Father Ted que con la historia de un clérigo desterrado que es enviado a una isla de la costa oeste irlandesa en la que compartirá casa y parroquia con el muy alcoholizado Padre Jack y el joven e ingenuo Padre Dougal. Unos mimbres mínimos con los que Linehan teje magníficas farsas.

Por supuesto la serie tenía potencial para durar años, lamentablemente el actor que encarnaba al padre Ted, Dermot Morgan, murió poco después de terminar de filmar la tercera serie. Una tragedia que hizo moverse a Linehan a otras comedias, entre las que destacarían Black Books y, por supuesto, The IT Crowd lo que significa que, en algún momento, tendremos que vovler a hablar de este creador con más atención.

Mientras tanto seguiremos por lo divino con The Vicar Of Dibley una muy popular comedia sobre una mujer sacerdote de mente abierta y notable alegría que lidia con su parroquia, con el consejo local y con el encargado del consejo David Horton, un serio y estirado multimillonario con una educación anticuada que no entiende a esta mujer.

Tras esta serie se encuentra uno de los grandes creadores ingleses de la época, Richard Curtis, colaborador habitual de Rowan Atkinson con el que comenzó a escribir en Not the Nine O’Clock News para formar sociedad en _ Blackadder_ y Mr. Bean, a parte de lo cuál en televisión haría esta comedia al estar más ocupado en el cine guionizando para Cuatro bodas y un funeral o Notting Hill, además de adaptar El diario de Bridget Jones y escribir y dirigir sus propias películas: Love Actually y The Boat That Rocked (Radio encubierta).

Un hombre ocupado, vaya. Hay que decir, además, que fue el creador e impulsor, junto con el cómico Lenny Henry, en 1985 de la iniciativa Comic Relief, un evento de caridad creado para ayudar ante una hambruna en Etiopía y que ha seguido ayudando en otros proyectos caritativos. Destaca entre sus actividades un telemaratón bienal llamado Red Nose Day en el que suelen ayudar los más populares cómicos del país. Y también de series afines, aunque no sean propiamente cómicas, como Doctor Who.

Y eso que los noventa no fueron, por lo demás, una buena década para el Doctah pero tampoco es que al resto de los dramas le fueran mucho mejor. Por suerte para la televisión aún existían miniseries como la magnífica Our friends of the North o la impresionante House of Cards como ya comentamos por aquí

Además, claro, de la tradicional Austenmanía que para eso está. Un éxito siempre que en esta década produjo imágenes como…

Un regreso a los clásicos con enorme éxito, como podéis suponer. Y, sin embargo, sí hubo un gran éxito en lo que a la ficción se refiere. Un programa que mostró ser superior frente a los demás.

A finales de los años ’80 la escritora y guionista Lynda La Plante tenía una idea. Tras el éxito alcanzado por su anterior proyecto, Widows —sobre la viudas de unos atracadores de bancos— ahora tenía pensado algo distinto: Una historia policiaca centrada en una mujer uerte y de gran hondura psicológica. Sólo necesitaba el OK de la cadena, la ITV, y una actriz para protagonizarla. La elegida terminaría siendo una actriz de raza: Helen Mirren.

Mirren, que a esas alturas de su vida tiene 35 años y lleva actuando desde antes de cumplir veinte habiéndose unido a la Royal Shakespeare Company en los setenta en la que ya había interpretado a personajes de la talla de Lady Macbeth o La duquesa de Malfi de la obra de Webster del mismo título. Tras dejar la compañía y pasarse con no demasiado éxito al cine —es un decir, claro, porque tuvo papeles importantes en Excalibur o El cocinero, el ladrón, su mujer y su amante así como en la loquísima El diabólico plan del Dr. Fu Man Chú de Pter Sellers — regresa de una estancia poco fructífera en Hollywood para interpretar el papel de Jane Tennison.

¿Qué les puedo decir de este clasicazo, de esta obra maestra de la televisión criminal? La historia se centra no sólo en el caso en sí, también en las particularidades sociales o sociopolíticas, incluso históricas del mismo, pero, sobre todo, en el estudio del personaje principal, el investigador, retratado con fuerza y sutileza como alguien quebradizo y contradictorio pero empujado por una gran determinación interior. Es el primer gran personaje femenino fuerte y facetado en una serie policíaca, no es simplemente una mujer policía como pudo ser Angie Dickinson y el hecho de ser policía no es lo único que la define ni, desde luego, lo más importante. Antes que Cagney & Lacey o Jessica Fletcher estamos ante un personaje que emparenta con Furillo y la gente de Hill Stret pero dando una mayor importancia al relieve de un único personaje lo que permite usar la historia para profundizar en él, es decir, lo que los maestros europeos de novela negra, de Highsmith a Simenon, llevaban años haciendo con sus personajes en libros.

Esta magia alquímica lograda por La Plante y Mirren tiene nombre, y sin duda mis lectores lo recordarán por estar grabado con letras doradas en los libros de televisión. Se trata, por supuesto, de Prime Suspect

En total fueron siete historias en otras tantas temporadas de duración variable. En el transcurso de la misma hablaron de sexismo, racismo, alcoholismo o xenofobia y no tiembla al abordar violaciones, tráfico de drogas, prostitución infantil o política. Mirren ganó varios BAFTA s televisivos por ellas, La Plante también y puedo decir sin equivocarme que marcaron no sólo el tradicional antes y después, también toda una generación de mujeres fuertes y frágiles en programas policiacos cuya cosecha aún estamos recogiendo.

Por supuesto esto abrió una espita para toda una serie de detectives de vida destrozada y tendencia a cierta introspección, similares a las de sus libros, que contrasta con el otro tipo de crímenes centrados en el misterio que tanto abundaban. Frente a series más formulaicas como Midsomer Murders este éxito facilitaba la creación de series más introspectivas, desde la versión que la propia La Plante realizaba del Ley y Orden de Dick Wolf —ese hombre— en Trial & Retribution aunque probablemente los dos mejores ejemplos serían las series sobre Eddie Fitz Fitzgerald y William Edward Jack Frost.

Eddie Fitz Fitzgerald, de Jimmy McGovern, magníficamente interpretado por Robbie Coltrane, es un psicólogo criminal, un especialista en los perfiles psicológicos delos delincuentes, lo que lllaman un Cracker, que para eso es el nombre de su serie. Y esa misma cualidad psicológica que emplea para analizar a los criminales que persiguen sirve también para dirigirla sobre si mismo y sus allegados. Lo que no le hace especialmente feliz. Es decir, y nos vamos a aburrir, le hace: alcohólico, jugador, maníaco, obsesivo, obeso e, incluso, fumador. Nada menos. En ocasiones es difícil separar al criminal entre los tipos a los que estudian y la propia policía que los persigue dando una imagen sórdida, aunque de un humor sarcástico y afilado, a todo el proceso criminal. Es decir, el clásico inglés: Me estoy riendo de cosas que no tienen ninguna gracia.

En cuanto a William Edward Jack Frost, sólo estamos un poco mejor. Cierto que iba a dejar a su mujer, pero le dio un cáncer terminal rapidísimo y no hizo falta, y quizá logró una medalla al mérito por enfrentarse borracho a un criminal, puede que no haga su papeleo porque para eso tiene subordinados y quizá la serie tenga en general un aspecto oscuro, sucio e, incluso, algo visceral, pero no pierde nunca de vista que los demonios internos de Frost suelen permanecer más atados que los de otros compañeros. David Jason hace un trabajo magnífico con el personaje central, adaptado de una serie de libros de R. D. Wingfield explicando así que se realizaran hasta quince series, la última de las cuales fue emitida en 2010 convirtiendo a Frost en el detective en activo más viejo de ese año. Todo eso y mucho más era A touch of Frost.

Por supuesto esto no significa que no existieran otras serie de carácter más ligero o abiertamente diferente, de entre los que destacan dos: El primero es Jonathan Creek, (interpretado por Alan Davies, sí, el de IQ) un canto a los trucos con un protagonista que se dedicaba a crear trucos para magos que pone en marcha su talento para descubrir los —mortales— trucos que otros han usado. Un divertimento encantador que bordea siempre la comedia, en ocasiones mojándose los pies.

También una serie ligera y alegre, antítesis de lo que hemos estado viendo, y con un protagonista peculiar en extremo, es Pie in the Sky sobre un policía a su pesar, ya que no le dejan ir por ser el mejor hombre que tienen. Eso no impide que Henry Crabbe, pues ese es su nombre, sea además vocacionalmente cocinero e incluso el chef del restaurante de su pueblecito, pero tiene que compatibilizar ambos trabajos. Richard Griffiths logra que el personaje transmita ternura, humor e, incluso, ese desapego por lo que está haciendo, por lo poco que le gusta y lo bien que se lo pasa entre fogones. Un bombón de serie, vaya.

— Ahora que no nos lee nadie, me voy a permitir comentar una serie que en realidad no tuvo tanto peso ni importancia pero que a mí me gusta: Hamish Macbeth, un ejemplo de los policías en pueblecito pequeño y excéntrico con Robert Carlyle en el papel principal que logra atrapar algo especial.

Pero conste que esta ya es debilidad mía.—

Al final el humor acaba apareciendo de nuevo, aunque no sea tanto como el que hemos estado acostumbrados o, incluso, como el que está por venir. Y no me refiero al éxito inexplicado de This life sino a la llegada silenciosa pero mortal casi terminado la década de tres programas que revolucionarían los sigueitnes diez años. En cuanto a los dramas, se estrena en 1999 Queer as folk, y en comedia en 1998 aparece The 11 O’Clock Show y un año después Spaced. El cambio se acercaba, pero de todo esto ya habrá tiempo para hablar, otro año.


Verdadera Ficcionalidad Falsa

Creo que supondríais que la idea principal de esta columna debería ser Salvemos Community. No dudéis de que la mejor comedia de la actualidad merece todo el tiempo que pueda conseguir pero aquí poco podría hacer más que explicar la lógica de la decisión de la NBC — por una vez parece existir, con números similares Withney aparentemente es una decisión más lógica que Community para acompañar a Chelsea —, tratar de tranquilizar al personal explicando que todos los años suele haber alguna serie cuyo regreso se retrasa y que en alguna ocasión eso no significa que no se la renueve —es decir, como el año pasado Parks & Recreations — pero que todo esfuerzo, ya sea con los hashtag #SaveCommunity o, sobre todo #sixseasonsandamovie además, claro, de firmando en http://www.save-community.com/ o en FaceBook y me temo que poco más se puede analizar.

Esperar una mejora en las audiencias o un cambio en los espectadores, teniendo en cuenta el número de espectadores potenciales que no lo son porque no pillan o les parece pretenciosa poca solución le veo. Más allá de que es una cadena impredecible y con muy poca audiencia y la historia en sí parece tener un final programado: En un año, dos como mucho, tendrán que graduarse. Si lo hacen en sólo un año la cadena conseguiría, además, una serie que se podría vender al circuito de sindicación, ese de pequeñas estaciones de televisión que emiten series semanales a diario —sí, lo sé, suena como España— y para las que hace falta una bolsa razonablemente grande de episodios para no quemar la serie repitiendo sólo un par de temporadas —¿ veis?, esto ya no suena como España— lo que compensaría mantenerlo para concluir la historia de manera razonable, especialmente siendo la gran beneficiada la productora de la misma, Sony, que ya ha demostrado ser capaz de bajar los precios por lograr estos tratos.

Dicho esto, y espero que algo más tranquilos mis teóricos lectores, hablemos una vez más de realidad y ficción. La excusa de esta vez: Regis Philbin, octogenario presentador de un programa matinal de gran éxito en USA, se retira. Durante estos últimos meses han ido apareciendo co-presentadores famosos, en parte como homenaje, en parte para probar los límites y las afinidades del programa. El desfile fue notable y el elegido para sustituir a Regis la primera semana acabó siendo Jerry Seinfield, luego seguirá habiendo rotaciones y aún no se ha elegido al sustituto final pero eso a nosotros no nos importa demasiado.

Lo que nos importa es que se supone que Regis se quejó por esta sustitución ya que aún se sentía maltratado por su aparición en Seinfeld, en el que realizaba un cameo —el programa entero, de hecho— con una frase que no le gustaba, no le parecía propia ni divertida —Y si estás pensando de qué podía tratarse, le decía a Kramer You’re bonkos — de manera que eso afectaría a su imagen. Ahí tenemos a la realidad afectada por la ficción.

El caso contrario. Siempre que hablo de la ficción bebiendo de la realidad suele ser porque tengo intención de mencionar a Jack Webb, como vimos la semana pasada el Método Webb es usado con enorme alegría y regocijo por Dick Wolf —Ese hombre— y, por extensión, por más series que quieren estar cerca de la actualidad sobre todo las de policías que no sólo siguen el método Webb de usar hechos reales como base, también se inspiran en personajes y situaciones reales, de manera que la guerra Leno – Conan puede dar ideas para un episodio de Castle, por ejemplo. Pero más allá de eso tenemos a las series de abogados que exponen estos hechos y juzgan sin mucho reparo, algo en lo que David E. Kelley es un maestro como lleva demostrando años, desde ese L.A. Law de la que acabó ocupándose casi por completo. Ahora en Harry’s Law, que comenzó queriendo ser algo nuevo y que ha acabado teniendo que convertir en la enésima revampirización de su serie clásica de abogados, pero también en series de otros creadores. Quizá la mejor en eso sea hoy por hoy The Good Wife, el prodigio del matrimonio formado por Robert y Michelle King no sólo suele ir pegado a la actualidad sino que, en ocasiones, logra que esa vaya y vuelva, como en el reciente capítulo sobre la comida escolar, que tenía su origen en las muertes por listeria ocurridas a principios de septiembre por un brote en melones, la plaga, que llegó a afectar comedores escolares, dio lugar a un episodio que se emitió a principios de Octubre y que, sin embargo, no ha dejado de causar muertes, las últimas a finales del mes pasado, si bien, y como es costumbre también mezclando ideas, datos y conceptos que da idea de lo útil que es acercarse a la actualidad pero no que sea necesario serle fiel realmente. Por eso la plaga de listeria de este año se confunde con la única más grave que esta, la que en 1985 causó la muerte de más de cincuenta personas por comer queso contaminado. Precisamente ese queso permitía a la serie hablar de otro tema, difícil de creer en un contexto real: Las discusiones federales para establecer la comida de comedor escolar que están tratando de establecer, por ejemplo, que un alto nivel de salsa de tomate en la pizza la calificaría como vegetal. Y os preguntaréis como hacía Seth Meyers en el Weekend Update del SNL: ¿En serio?

He ahí otro límite de la discusión, los falsos informativos, o los auténticos informativos pero con humor. A veces uno no sabe si la idea de que un informativo serio incluya youtubes de gatitos mientras que uno satírico cree sus propios virales debería de contar, pero el hecho es que estas falsas noticias, desde los periódicos satíricos hasta programas como Estas no son las noticias de las nueve o Have I got news for you pasando por supuesto por el Weekend Update y, desde luego, los dos más importantes de la televisión americana The Daily Show con Jon Stewart y The Colbert report. Dado que el famoso segmento 18 a 49 y especialmente los más jóvenes dentro de ellos han reconocido en numerosas encuestas que se informan gracias a ellos, ¿deberíamos suponer que la ficción humorística se ha apoderado de las noticias o que es la realidad la que proporciona un gran material dentro del es gracioso porque es verdad que tiende a acecharnos?

Cada vez más nos encontramos con hibridaciones, con esos teóricos realities que se quieren veristas, con personas que son en realidad pésimos actores, tan malos que resultan naturales de alguna retorcida manera, pues interpretan su único personaje, el asitself. pero en realidad están perfectamente guionizados —o, al menos, tanto como podría estarlo un concurso, lo que nos llevaría a pensar si Have I got news for you o QI deberían entrar en ficción o concursos, o variedades… y ya puestos, mirarlas conexiones del ex-*SNL* Rich Hall en todas estas propuestas— mientras en la ficción real se buscan tramas y personajes cercanos, sobre todo en España, en la que lo que no es patio es barrio.

El resultado, cada vez más cercano a convertir todo el audiovisual en un pastiche que sólo podría encajar en la etiqueta Variedades, es de una alegría para los postmodernos que de puro futurista parece imposible: La tácita separación de programas se diluye, no por el efecto ya os vale de cambios de planos y mentiras en programas de cocina y chapucismo vario sino porque a la gente le gusta la realidad ficticia, la ficción realista y todo el juego de espejos que hace que la realidad tenga que adaptarse a la ficción para ser creída y la ficción buscar modos de parecer tan desastrosa como suele ser. Todo lo cuál nos lleva a un momento como este:

¿Realidad, Ficción o Variedades?


Dick Wolf Sehombre

Ya os decía yo que os iba a sonar la musiquita. Pero, ¿de dónde sale Dick Wolf? Cuando nació en 1946 en New York le pusieron Richard Anthony Wolf pero tardó muy poco en ser un Dick, muy pronto entró en la élite gracias a su padre, ejecutivo de publicidad de la NBC —luego pasa lo que pasa— que primero le mandó a la escuela de St. David y luego a la muy prestigiosa Phillips Academy de Andover, (en la que sería compañero de… pero mejor dejemos eso para un poco más adelante) aún tendría tiempo de pasar por The Gunnery antes de acabar en la Universidad de Penssylvania_ en donde se graduó en 1969. En 1970 hizo dos cosas, casarse y empezar a trabajar en publicidad, en la firma neoyorquina Benton & Bowles, mientras terminaba unos guiones que poder vender en Hollywood. Entre sus anuncios destaca este para :

Que ríete tú de Mad Men y Pan Am. Y es que Dick Wolf siempre ha sido ese hombre.

A finales de los setenta tuvo una reunión con Oliver Stone que no le compró ninguno pero le recomendó algunos pasos que dar y facilitó la venta de sus dos primeros guiones, uno era Skateboard, un extraño film de skaters, el otro era Gas, una comedia sobre un periodista que investiga el robo de leche y su relación entre la subida de los precios de la leche y la gasolina.

La parte buena es que le sirvió para entrar en el juego y que le ofrecieran un puesto de escritor en Canción triste de Hill Street que le puso definitivamente en el mapa gracias a la candidatura para el Emmy en un episodio que escribió a solas, lo que facilitó, a su vez, la venta de un par de guiones y su entrada como guionista en una nueva serie creada por un productor que quería renovar el policiaco de manera radical introduciendo más acción y más estilo, de manera que contrató a Dick Wolf como supervisor de guiones. El hombre era Michael Mann, la serie Miami Vice y el resto es historia.

Durante su estancia en la serie aprovechó para vender algunos guiones más a Hollywood, un par de los cuales fueron suficientemente bien recibidos. Por ejemplo el que en 1987 le permitió contar con un joven y prometedor actor para una historia realmente curiosa: Un policía novato se infiltra en un grupo dedicado a robar coches, su líder es un tipo carismático que parece arrastrar al resto, incluido el joven poli que pronto se replanteará sus lealtades inmerso en la vida de velocidad, chicas y adrenalina que su nuevo amigo le propone. No, no salen surferos, ni rapados, de hecho el protagonista se quedó durante años en un discreto segundo plano — D. B. Sweeney — mientras que el peso real recayó en el jefe de los ladrones, un tipo incapaz de apartarse del primer plano y a punto de realizar una interpretación magistral en una película sobre Wall Street. El actor se llamaba… Charlie Sheen. No man’s land o La tierra de nadie (En fin) no fue una gran película ni logró ampliar las ganas de Hollywood de reutilizar la historia pero, por lo menos, fue un escalón mientras llegaba la siguiente película y seguía ascendiendo puestos en la serie.

Tardó poco menos de un año. Otra estrella despuntante, otra historia de género. Un puñado de hombres y mujeres bailan en torno a una joven heredera huérfana que no tiene muy claro en quién puede confiar, ni si el chico que le gusta, un apuesto capitán de yates de carreras, está siendo del todo sincera con ella. De nuevo el papel más importante es el más ambiguo, y en esta ocasión, en la película Masquerade o Mascarada para un crimen, le toca a otro joven prodigio de los ochenta, Rob Lowe ser el motor real de la historia.

Pese a todo Wolf pasará a centrarse en la televisión, no dejando el mundo de las series hasta que… pero me estoy adelantando de nuevo. Wolf había hecho un par de películas y Corrupción en Miami estaba acercándose a su fin. (No os lo creeréis pero duró sólo 5 temporadas) así que, a la vez que se terminaba Wolf hacía lo que todo joven productor, empezar a lanzar sus propias series.

De entrada se sumó al intento de relanzar las ABC Mistery Movies, el espacio semanal en el que se dieron a conocer Colombo o Kojak —recuperadas para la ocasión— con tres series nuevas, dos de las cuales llevaban la marca de Wolf. La primera, Christine Cromwell estaba protagonizada por la ex-_Ángel de Charlie_ Jaclyn Smith, que en esta ocasión vería cómo le cancelaban la serie tras cuatro episodios pese a ser la única protagonizada por una mujer; la otra, Gideon Oliver, sobre un profesor universitario de antropología interpretado por Louis Gossett Jr. que logró alcanzar los cinco episodios. (La otra, B. L. Styker tampoco duró mucho, pese a estar protagonizada por Burt Reynolds y producida por Tom Selleck, con un par de bigotes)

Por suerte para el año siguiente pudo poner en marcha dos pilotos. El primero, aún para la ABC, se llamaba H.E.L.P., trataba de un nuevo servicio que ofrecía a la vez la asistencia de bomberos, policías y paramédicos.

La serie, en la que recuperaba de Canción triste de Hill Street para un papel como policía a David Caruso y presentaba como un joven oficial a Wesley Snipes, no tuvo demasiado éxito y en seis episodios estaba fuera. Aún quedaba casi una década para que funcionara esa historia con Turno de guardia (Third watch) y, mientras, Dick Wol tenía otras cosas de las que ocuparse.

Por ejemplo Nasty boys, una serie para al NBC sobre policías de narcóticos —Ya, bueno— en el departamento de policía de Las Vegas. Un departamento especializado en infiltrarse en el que destacaban Don Franklin y Benjamin Bratt junto a otro rescate de Canción triste de Hill Street , el gran Dennis Franz. Por algún extraño motivo parecía que no era aún el momento y duró sólo el doble que la anterior, hasta 13 capítulos. La verdad es que consiguió unos buenos resultados y una base fiel pero era la NBC de Tartikoff, primera en los ratings y ese año decidieron que les iban tan bien las cosas que sólo tendrían una serie no producida por ellos. La NBC nunca defrauda.

Así que parecía que a Wolf le iban durando cada vez más las series: 4, 5, 6, 13… La próxima parecía que podría ser la definitiva. Tenía una idea, hacer una serie policiaca. Porque hay que reconocerle que es de ideas fijas, y si este no funciona ya funcionará el siguiente. Y si mezclarla con policías y bomberos no servía de gran cosa… ¿Qué tal con abogados?

Efectivamente, el 13 de septiembre de 1990 se emitía el primer capítulo de una serie llamada a hacer historia. Sacando los casos de los titulares, como si de un nuevo Jack Webb se tratara. Centrada en los casos transversales que pasaban de investigarse a juzgarse, creando una forma de verlos que permitía tomar lo mejor de los dramas judiciales y la investigación de Perry Mason sin que el sospechoso y sus giros se quedaran fuera de juego al incluir la investigación, ofreciendo un díptico capaz de ofrecer a la vez intriga y reflexión.

Que lo digo en serio. Los episodios con giro tipo son mucvhos pero también la existencia de una reflexión general sobre el tema que tocaba esa mañana en el juicio y en la investigación. Y como Dick Wolf es un cuco en lugar de dar una respuesta a la Soorkin o Kelley se dedica a meterla doblada ofreciendo dos posibilidades: La suya y la mala. Repasar la integración de un ideario de derechas en una serie que cuenta sin problemas con minorías, personajes positivos en ambos y una aparente ecuanimidad en el trato y reflexión es tan divertido como hacerlo mirando sólo el resultado: Sí, es difícil ser más de derechas pero, a la vez, es difícil disimularlo mejor. Porque todo es perfecto hasta que llega el final y ganan los de siempre, y si no ganan porque ya sería pasarse, entonces surge una complicación para-legal o aparece un personaje para que se cumpla una ley natural por encima de la _legislativa-, que no nos vas a pillar en tonterías a nosotros, hombre. No es algo realmente condenable — al fin y al cabo Kelley lleva toda su carrera haciendo lo mismo para el otro bando— siempre y cuando nos demos cuenta de la manipulación, de la falta de una reflexión final que va más allá de esa defensa ultra, digo, a ultranza, de la ley natural. Y, total, al final los malos son castigados y los bueno… bueno, los malos son castigados.

Por su reparto han pasado multitud de buenos actores, empezando por Chris North — A quien podéis ver ahora en The Good Wife pero que seguro que recordáis como el Mr. Big de Sex and the City —, también Dennis Farina o Benjamin Bratt, rescatados del pasado de Wolf, interpretaron personajes aunque los más duraderos y recordados fueron Sam Waterston, Steven Hill y, sobre todo, S. Epatha Merkerson. Además, Jerry Orbach pasó en la serie desde la temporada 2 a las 14 en la que se cambió al spin-off L&O: Trial by Jury debido a la menor carga de trabajo que era de esperar para él en la nueva serie, el motivo: un cáncer de próstata que le mató cuando sólo había podido grabar dos episodios de la nueva serie. Todos ellos y montones de otros actores, regulares, invitados y variables. Aunque quizá merecería la pena detenerse en dos. Bueno, de momento detengámonos en uno: Richard Belzer que logró dar el santo de Homicide: Life on the Street a L&O conservando… el personaje. John Munch empezó en la serie y logró pasar a L&O:SUV aún teniendo en cuenta que su personaje era creación de David Simon —Sí, el de siempre— y cobraría royalties por su uso. De manera que Belzer ha estado paseando a Munch por la pequeña pantalla con L&O como base de operaciones. Las maravillas de la televisión.

Durante veinte años, hasta 2010, aguantó Ley & Orden los modos y modas, que se dice pronto, está empatado con Gunsmoke como serie de acción real que más ha durado y sólo Los Simpsons ha sobrepasado a ambas. De hecho cuando la NBC — ¡Esa cadena! — decidió cancelar la serie sin posibilidad siquiera de una temporada corta para que ganara a Gunsmoke (No pueden evitarlo, en serio, ellos son así) el propio Dick Wolf — ¡¡¡Ese hombre!!! — se ofreció a pasarlo a cable, a internet o a bodas, bautizos y comuniones si falta hacía para poder superar el record. Pero no hubo forma. 456 capítulos quedaban detrás y, más importante, multitud de versiones.

La primera llegó al final de los turbulentos— para Wolf, ya veréis, ya — años ’90.
Parecía un buen momento, con las subidas de audiencia, para sacar un spin-off, Law & Order: Special Victims Unit cumpliría esa función con un éxito más que notable. Un poco más procedural, un poco más escandaloso porque, como decíamos antes, al estilo Dragnet de Jack Webb de basado en hechos reales le añadiría un componente sexual que centraría la actividad del SUV. Y, además, tenía a Mariska Hargitay que logró ser la primera actriz de un L&O en ser nominada a un Emmy y ganarlo. Y también se hizo como un Globo de oro. De hecho, Hargatay se convirtió en el pilar de la serie, con un personaje que se convertiría en ejemplo para todas esas mujeres investigadoras con puestos de responsabilidad que hemos estado viendo en la última década. Tras múltiples complicaciones de salud y varias negociaciones económicas parece que la actriz seguirá en la serie que entra ya en su 13 temporada y ha perdido por el camino a su compañero de las anteriores, el ex- OZ , Christopher Meloni, que no pudo o supo cerrar el trato.

El siguiente hijo le nació para la temporada de 2001, algo le hacía pensar a la NBC o a Dick Wolf de que sería un buen año para iniciar una tercera serie relacionada, Law & Order: Criminal Intent centrada en delitos de perfil alto (es decir, un 90% de las veces asesinatos) cometidas sobre, alrededor y — habitualmente— por un VIP, y esta vez con un Vincent D’Onofrio que parecía empeñado en convertirse en las versión king size de Colombo. El debut fu espectacular, los siguientes tres años fue la serie líder de su día, hasta que la ABC se sacó de la manga Mujeres desesperadas y la NBC compró el Football Americano para hacerle frente, el peregrinaje —y la habitual intención de los actores por largarse al lograr cierta relevancia— lo que llevó a la cadena a traerse a Chris Noth para alternar con D’Onofrio y, a la marcha de Noth a pastos más verdes, a incorporar a Jeff Goldblum, convirtiéndose en el actor principal de un cast que estuvo moviendo a a la gente como una montaña rusa hasta que la NBC decidió cerrarlo al concluir su décima temporada en 2011.

Entre medias de estas tres estuvo la cuarta serie —Sí, cuando decía que L&O ha sido todo un éxito no exageraba— que se centraba en la parte judicial para compensar el giro policial del resto. Law & Order: Trial by Jury duró sólo 13 episodios entre 2005 y 2006 y fue el primer traspiés de la factoría.

Aún quedaba por jugar la baza de la franquicia que permitió vender versiones de la serie a paises como Francia que lo convirtió en Paris enquêtes criminelles y la mantuvo en el aire tres temporadas entre 2007 y 2009, mientras que la versión inglesa llamda en un alarde de imaginación Law & Order: UK comenzó a emitirse en 2009 y aún continúa. Menos suerte tuvo la última versión americana: Law & Order: Los Angeles, una idea poco inspirada pero no lo suficientemente loca que duró una temporada —completa, eso sí— entre 2010 y 2011, intentando encontrar una personalidad propia. Pero ya parecía tarde.

De todas estas series sólo queda la internacional inglesa y Law & Order: Special Victims Unit que vive una temporada más de caída de sus números. Es difícil saber si la NBC cerrará este último capítulo de una de las series que más dinero les ha hecho ganar. Especialmente porque es la NBC y porque este años sus estrenos se han estrellado, pero la relación con Wolf lleva siendo tensa desde que se empeñaron en cancelar el primer Ley y Orden.

Lo divertido del caso era que los ratings de la serie sufrieron todo el proceso que rara vez se da, comenzando por los últimos 40 para ir subiendo poco a poco a los treinta y luego a los veinte, hasta 1999 no marcarían por primera vez en el Top 20 en el 13 y, como os estáis oliendo seguro desde hace un rato, no llegaría a entrar en el Top 10 por primera, última y única vez hasta su duodécima temporada estrenada 15 días después del 11S. (Tal y como vimos que pasó con JAG, como para no ver el causa-efecto) Tres temporadas más tarde había vuelto a los 30 y en cinco había llegado a su mínimo, quedándose en el 54 y si bien la siguiente logró que remontara hasta el 38 las dos últimas, ya en los puestos más allá del 60 condenaron definitivamente a tan longeva producción.

Lo que nos lleva al otro actor destacado de Ley y Orden, por motivos externos. Se trata de Fred Thompson, que durante 5 temporadas, de la 13 a la 18, interpretó al fiscal de distrito Arthur Branch y que dejó el cargo para… presentar su candidatura a la presidencia por el Partido Republicano, es decir, su candidatura a candidato para enfrentarse al aún no electo candidato demócrata que estaba claro que sería Barack Obama o Hillary Clinton. Thompson tenía muchos respaldos, sobre todo dentro del mundo del espectáculo —empezando, obviamente, por el de Dick Wolf— pero en el río revuelto post-*Bush* acabó ahogándose frente a políticos profesionales como McCain, Romney y Huckabee que dejaron fuera de juego al actor con rapidez, pese a lo cuál decidió no regresar a Ley y Orden .

No era el primer encuentro de Wolf con la política, como dijimos antes su mejora en los _ratings- hacia el año 2000 podía explicarse también por factores externos, y es que el famoso compañero de Wolf cuando estuvo internado en la Phillips Academy de Andover era… George W. Bush. Dick Wolf hizo campaña en las dos ocasiones por él y estaba bastante claro que existía si no una sintonía sí un complicidad entre ambos. Lo que explica claramente algunas de las decisiones internas en Ley y Orden pero, también alguna de las de la carrera externa de Wolf. Lo veremos en su momento.

Volvamos a los años noventa, como el resto del país, y veamos lo que fue la carrera de Dick Wolf más allá de “Ley y Orden empezando por el siguiente guión para una película que vende, en 1992, y que podría marcar a una generación de intérpretes tanto como Rebeldes marcó a la anterior. En este caso Wolf se inspiraba en sus años de internado para presentarnos a un grupo de jovenzuelos que nos presenta a un atleta judío transferido gracias a una beca deportiva a un internado exclusivo en el que tendría que luchar contra la discriminación y todas esas cosas que se lucha en las pelis. En el reparto, como estrella, Brendan Fraser, mientras que el malvado alumno envidioso que le delata como judío —¿He dicho que estaba ambientada en los años ’50? Por lo visto entonces existían atletas judíos— el malo, decía, era un Matt Damon celosón porque sus otros compañeros —entre los que estaba, claro, Ben Affleck—le hacían más caso. Completaba el reparto masculino Chris O’Donnell y los menos conocidos Cole Hauser, Anthony Rapp y Randall Batinkoff.

No sé cómo iría la experiencia pero el director, Robert Mandel, lo siguiente que rodó fue El sustituto. Y hablando de héroes de acción, Dick Wolf tenía preparadas dos novedades más para 1992. La primera fue un extraño intento de hacer drama médico que no duró nada, ni John Mahoney ni Eriq LaSalle acababan de encajar en el tema médicoo, por lo visto. Menos mal que Wolf tenía un plan B. Junto con DeLaurentisBob , no Dino — creó una serie llamada Mann & Machine y que trataba de… de… Mejor lo miráis primero y cuando os lo creáis seguimos.

Efectivamente, entre Un robot en casa, Una chica explosiva y Medias de seda tenemos una serie puntera y rompedora que ríete del Automan de Larson, la historia de un polícia — Mann, ¿lo pillas, lo pillas?— al que con un poco de Weird science construyen un Small wonder para que detengan los delitos de Silk stalking y un poco lo que les venga así a mano. La Machine del título se llamaba Eve Edison —Eso es. El Festival del Humor no acababa nunca.— y no dejaba de ser la clásica serie de policías compañeros diferentes, más cercano a Holmes y Yo-yo (Haced una búsqueda, veréis las risas) que a Robocop, y que duró 4 capítulos en antena aunque se llegaron a grabar 9. ¿La cadena? Pues la NBC, ¿qué otra?.

El año siguiente Wolf repitió con DeLaurentis y juntos crearon otro vehículo para * Yancy Butler*, la actriz que interpretaba a Eve, juntos crearon South Beach, una serie inspirada muy levemente en Modesty Blaide con una ladrona de guante blanco forzada a trabajar para la policía acompañada por Eagle-Eye Cherry que, ojo, es el nombre real del actor, bueno, en realidad es un músico sueco de raíces africanas que . La parte buena es que estaba a las órdenes de Robert, un siempre excelente John Glover. Esta vez llegaron a emitir seis episodios y grabar siete así que mucho mejor

En cuanto dejó de lado a DeLaurentis y se asoció con Kevin Arkadie la cosa mejoró algo al centrarse en, claro, policías. La llegada de la FOX le permitió centrarse en ello con las nuevas ideas alternativas, multiculturales y jóvenes de la cadena. Concretamente en policías de incógnito en la ciudad de Nueva York o como ellos lo llamaron: Nueva York Undercover, la serie tuvo un éxito relativo llegando a las cuatro temporadas y siendo más recordada por ser la primera serie en presentar a dos actores de color en los papeles principales, Malik Yoba como el detective J.C. Williams y Michael DeLorenzo como el detective Eddie Torres.

Durante los siguientes años Wolf iría encadenando una notable cantidad de series fallidas año tras año, el drama legal The Wright Verdicts en 1995, la macarrada de acción de Swift Justice en 1996, el acercamiento a los federales en —en fin— Feds en 1997, la serie política D.C. en 2000… Casi parece que lo más útil que hizo fue en 1997 cuando lo intentó con Players, una serie sobre exconvictos que colaboran con la justicia que permitió a Wolf darle el papel principal a IceT, a quién recuperaría en 2000 para que interpretara a un personaje de L&O:SVU.

A eso se unían todo tipo de series que trataban de sacar éxito de Ley y Orden, como Deadline, serie de periodistas que duró dos temporadas (2000- 2001) y estuvo centrada en la vida del ficticio New Yor Ledge que solía aparecer en Ley & Orden; en 2006 saca Conviction, centrado en el personaje la abogada Alexandra Cabot, interpretada por Stephanie March que venía de L&O:SVU y aabaría volviendo a ella tras lograr sólo 13 episodios para esta serie.

Aunque quizá el caso más sorprendente fuera el de las series de no-ficción, primero Arrest & Trial, del año 2000, en el que se recreaba un caso real al más puro estilo Ley & Orden, dándole una apariencia de documental que transmitiera incluso más verismo que la serie. A continuación y por dos temporadas, de 2002 a 2004, _Crime & Punishment _, que seguía a miembros de la fiscalía del distrito mientras preparaban sus casos. Un paso más para adentrarse en los casos reales, como siempre. Hablando de lo cuál, Wolf fue el elegido por la ABC para tratar de recuperar el Dragnet de Jack Webb del que tanto bebía su principal fuente de dinero.

La desconcertante elección del gran Ed O’Neill —incluso por encima de los arreglos al clásico tema musical— parecía remitir más a la parodia cinematográfica —con el mismo nombre que la serie original y la dupla Tom Hanks y Dan Aykroyd, una idea que no es algo reciente— interpretando el personaje de Joe Friday que Webb inmortalizó y Aykroyd parodió, sin que pareciera muy clara la dirección que le pretendían dar. El desastre fue de tal magnitud que en el episodio 12 decidieron dar un enorme giro, cerraron temporada y prepararon una nueva librándose del compañero de O’Neill y presentando a un grupo de jóvenes investigadores racialmente diversos —con señalar que incluía a Eva Longoria os podéis hacer una idea— el resultado esperable fue la cancelación tras cuatro episodios de la nueva temporada. Los restantes —hasta 10— fueron apareciendo en repeticiones y canales ajenos, hasta el punto de que la serie fue completada por primera vez en su pase en Francia.

A esto había que unir su faceta como productor de telefilmes, a veces con la suficiente calidad, como la adaptación para la HBO de _Bury My Heart at Wounded Knee _, una historia de las tribus indias de los Estados Unidos; antes de eso había producido una nueva versión del clásico The Invisible Man, no una serie como la del habitualmente interesante Matt Greenberg, sino una versión con Kyle MacLachlan en 1998, aunque lo más importante sería, por supuesto, Twin Towers, una mezcla de documental y película estrenada en 2003 que presentaba a dos hermanos, uno bombero, el otro policía, muertos durante los ataques del 11S. Es algo que no puede evitar.

De hecho, mientras Ley y Orden se resiste a desaparecer del todo de nuestras pantallas el próximo proyecto de Dick Wolf es crear una serie de bomberos desde una perspectiva seria que muestre los héroes que son. Y la verdad es que si alguien puede sacarla adelante es Wolf, no en vano él es Ese hombre.


Teorizando las evoluciones

Cuando uno —pongamos… yo mismo— habla de las series desde la perspectiva de los pilotos o, incluso, de los 3 primeros episodios, siempre surge una duda. “Bueno, vale, pero, ¿cómo evolucionará luego?” Una cuestión a la que se puede responder en ocasiones pero que acaba siendo fundamental para el futuro de la serie y —más aún— para la opinión que tendremos sobre ella.

Ya hemos hablado aquí de la maldición del episodio 13, aquel en el que todo lo que estaba pensado “en previsión” se termina, y más vale que tengas una idea de cómo seguir —y que los ejecutivos de la cadena no quieran meter mano— o puedes acabar como Glee, sufriendo una bajada de calidad absolutamente brutal y echando por tierra todo el trabajo anterior.

Porque es normal que las series tengan que evolucionar pero la inteligencia del creador, del responsable, está en cómo lo hacen. Fijaos en Community, de unos primeros episodios más cercanos a una sitcom clásica, con detallitos, eso sí, se fue pasando poco a poco hacia la locura total para final de temporada con capítulos como el del pollo o el magistral episodio del paintball y, una vez lograda la idea, decidieron hacer una segunda temporada que se tiraba en plancha sobre la locura. Cierto es que alguno de los personajes parece tener un desarrollo parcialmente errático — es decir, el _señor Chang _ que siempre está bien aunque no siempre tenga sentido su inclusión — pero las líneas de dirección de la serie parecen firmes.

Por contra, en 2 broke girls llevamos 8 episodios y no parece que tengan intención de crecer, evolucionar o pasar a mayores. No es algo atroz, la serie es aceptable y tiene buenos diálogos, pero el potencial se ve desaprovechado.

¿Será miedo al cambio? Ese mismo miedo que ha llevado a los chicos de Misfits a sustituir a un personaje por otro demasiado parecido y devolverlos a la casilla de salida, como si no hubieran dado muestras de originalidad los dos últimos años para poder prescindir del uniforme. ¿Es eso bueno? ¿O es el exceso de cambios lo que puede matar a una serie? Recordemos la idea de Roseanne de hacerles ricos, Maude convirtiéndose en congresista o SeaQuest metiendo un cambio radical que era, sobre todo, un lavado de cara y de género. No parece que les fuera mucho mejor, ¿eh?.

La evolución es una complicación. Porque muchas veces pierdes lo que tienes, y no me refiero sólo a la resolución de la Tensión Sexual. Pensad en Scrubs, la trama sobre el Dr. Kelso jubilándose es grandiosa pero una vez concluida… te deja a un gran personaje en fuera de juego para el resto de temporadas. Incluso la genialidad con la que supieron llevarlo —Su afición a los muffins— no escondía que se les había ido de las manos.

Por contra, en Urgencias, durante la temporada 3, la encantadora Dra. Lewis se subía a un tren. Y todos pensábamos que acabaría bajándose de él. Después de todo lo que había sufrido con el hijo de su hermana y de la relación que estaba flotando con el Dr. Greene… ¡¡¡Si hasta él fue a decirle que no se fuera!!! Pero los guionistas nos reservaban otra cosa: Susan Lewis desaparecería de la serie, como desaparece la gente de la vida real, sin previo aviso. Otra cosa es que, pasados 5 años y ante la huida de los protagonistas originales (Clooney, Margulies, La Salle, Reuben y hasta Edwards) consiguieran que regresara. Y lo mejor de todo es que lo explicaron de tal manera que parecía lógico: Gente a la que dejas de ver y, un día, vuelve a entrar en tu vida.

Esto, como la calidad de las series, es variable. Que también es parte de la evolución, aunque no lo parezca. Por motivos externos e internos. How I Met Your Mother empezó tanteando, como casi todas, y se convirtió en una gran serie. De hecho, el final de la cuarta temporada fue magnífico. Pero entonces llegó la quinta… y la calidad comenzó a bajar, y siguió la sexta y aquello parecía no tener remedio, la gente huía de ella… de manera que cuando en la séptima ha empezado a recuperar fuelle —es decir, se han acordado de no hacerle mucho caso ni darle dramatismo a Ted Mosby, ese personaje— la mayor parte está ya fuera.

Del mismo modo cuando The Big Bang Theory se han convertido en un éxito de masas han ido a convertirlo en otra cosa, una serie de relaciones, de chicos contra chicas de frikis sin suerte que, en fin, como en el caso de Glee significa no sólo vulgarizar la serie a los niveles medios sino, además, convertir una serie de lo que era a lo que uno pensaba que sería cuando le contaban de lo que iba. La involución, vaya.

Aunque si me preguntaran cuál es la serie que hoy en día ha logrado conjugar la premisa inicial con evoluciones extremas constantes, creo que no tendría mucha duda: Supernatural. Desde los tiempos de Happy days no se había visto una locura evolucionista semejante, y en Happy days llego un momento en que no sabían si iban o venían, quién era el protagonista o dónde estaban. En Supernatural los protagonistas siempre han sido los Winchester, aunque no hayan estado siempre vivos los dos a la vez, y el tema siempre ha sido la lucha contra los elementos sobrenaturales malvados, tanto daba que fueran leyendas urbanas, monstruos —de la semana—, demonios, ángeles o Dios. Lo importante era eso y así se ha mantenido; todo lo demás, desde los secundarios a las motivaciones y contextos, ha ido cambiando, de la búsqueda del padre con la que empezaba la primera temporada a la asociación de cazamonstruos, las tramas diabólicas, las tramas angélicas o el paso actual, enemigo final de temporada que va apareciendo de cuando en cuando y episodios independientes —o casi— en medio, al más puro estilo Buffy.

Frente a esto, las evoluciones internas en otras series —ahora tiene nuevo novio, ahora hay boda, ahora toca niño, otro niño, ¡más niños!— se antojan limitadas, son evoluciones sentimentales, humanas si queremos, pero hay poca evolución real, poco cambio de paradigma con conservación de la esencia.

Quizá por eso tienen tanto éxito la valoración de pilotos, porque sospechamos que no van a alejarse mucho de ese punto inicial, y cuando lo hacen a mejor o a peor, o cuando demuestran estar en una carrera para que no dejen de pasar cosas, sea para bien o para mal —es decir, como podría pasar en Lost o en American Horror Story — nos preguntamos cuánto durará y si habrá un plan detrás. Demasiados episodios para este punto de partida, esto no les da para dos temporadas, habrá que ver qué se inventan cuando haya pasado X y es normal. Fijaos en algunos de los mejores estrenos de esta temporada: Homeland, Revenge, Boss… ¿Alguien tiene la sensación de que podrán estirar la premisa? Frente a ideas abiertas como las de grupo, como Friends, de lugar de trabajo, como The Office, o de localización, como Mujeres desesperadas, las que tienen una idea detrás parecen más limitadas por su propia idea: Como conocí a vuestra madre pasa a ser Papaito Brasas, en Expediente X parecía que nunca acababan de estar contentos con la explicación a la desaparición de Samantha Mulder y cuando alguna como El Mentalista se atreve a superar su final teórico —La muerte de John el Rojo — da la sensación de que le falta algo a la serie.

Y, sin embargo, nuestra propia vida cambia y muta, miramos dónde, con quién o qué hacíamos hace 5, 10, 15, 20 años y podemos comprobar los cambios y adivinar los que vendrán, ¿por qué nos cuesta entonces tanto aceptarlos en un producto de ficción con vocación e continuidad? ¿será el miedo al cambio? ¿O será que lo que nosotros llamamos evolución o desarrollo puede zumbar en los oídos como “No le toques ya más, que así es la rosa”?

Lo importante, al menos para mí, es aceptar ese cambio pero no dejar de ser crítico con él, y sé que eso significaría repasar las series de las que he hablado al cabo de unos meses, ver si han cambiado, si ha sido para bien, si mejor haberlas dejado… Pero no hay tiempo para todo. Tendréis que conformaros con anotaciones, comentarios y, si la evolución es grande, quizá hasta alguna columna sobre una evolución concreta.

O no. Ya veremos. Según evolucione.


Apocalíptico pasapáginas español

En esta vuelta de cierre de los creadores y creaciones en la televisión creo que es justo empezar por España para tratar de entender uno de esos extraños movimientos que ocurren de cuando en cuando y que aquí se tradujo en un cambio de rumbo total.

Para finales de los años ’80 parecía que la televisión en España había logrado una cierta estabilidad. Se hacían adaptaciones literarias, se preparaban miniseries y se buscaban series de aventuras, otras de tema familiar y algunas de temática adulta — bien dramas, bien antologías de género — . Cierto es que en el policiaco o la comedia quedaba aún bastante por recorrer pero, poco a poco, progresábamos adecuandamente hacia una televisión útil y moderna.

¿Qué salió mal?

Es difícil señalar sólo un problema o mostrarse completamente seguro de que se debe a uno de los muchos factores que podría explicarlo. Sobre todo porque por comparación con otros países tampoco parece que exista un motivo real.

Lo que cambió de finales de los ’80 a mediados de los ’90 fueron fundamentalmente dos cosas. La Ley Miró y la entrada de las privadas. Quizá pudiéramos añadir una muesca más si contamos también con el predominio de un nuevo tipo de actor, frente a los forjados en el teatro y el cine, gente baqueteada, sólida y que — Me estremezco sólo de pensarlo — vocalizaban de manera que se les podía entender cuando decían sus líneas de diálogo, frente a eso llegaron los Niños Especiales, esos extraños seres balbuceantes, recién salidos de la Guardería de Cristina Rota. Pero en estos momentos aún no llegaba a ser más que un problema menor.

Los viejos profesionales de la televisión acabaron bien desapareciendo como Diosdado o Armiñán — quien tras la magnífica Juncal no haría más que otra miniserie Una gloria nacional —, otros como Chicho Ibáñez Serrador o Adolfo Marsillach dejarían la ficción para centrarse en otro tipo de entretenimientos, el primero lanzando programas como Waku-Waku o El Semáforo, el segundo con Recuerda cuando o Tren de cercanías o ejerciendo sólo como actor y sólo Antonio Mercero cosecharía un gran éxito con las seis temporadas que tuvo Farmacia de Guardia entre el 91 y el 96 (aunque no regresaría a la televisión hasta casi una década más tarde, y con escaso éxito, adaptando Manolito Gafotas) mientras que el esperable relevo no parecía producirse.

En toda tradición hay siempre el inevitable ciclo de comienzo, madurez y declinado que suele ir solapando a unos creadores — o grupos e incluso generaciones, si son ustedes de los que creen en esas cosas — lo que no hubiera hecho tan dura la transición de haber aparecido un repuesto. En lugar de eso llegó la Época de las Grandes Productoras — es un decir — en la que tuvimos la figura del productor parecía más determinante que el resto de nombres tras los proyectos.

Sin ir más lejos, tras Farmacia de guardia se encontraba Andres Gandara, que después seguiría con Antena 3 en ¡Ay, Señor, Señor! y Menudo es mi padre. Pero a esta serie volveremos luego.

Por su parte José Frade, tras su éxito con Las Pícaras (TVE, 1983), decidió aprovechar las privadas para presentar una serie de comedias urbanas y jóvenes: Canguros, Hermanos de leche o Tres hijos para mí sólo, todas a mediados de los noventa en Antena 3 y la última con bronca por las similitudes que Médico de familia presentaba con ella —Similitudes, todo sea dicho, mínimas: Viudo con tres hijos que tiene que reactivar su vida. Tiró para ponerlas en marcha de profesionales sólidos del cine, gente con la que había trabajado antes, especialmente con José Miguel Ganga (Otro nombre importante para la televisión de aquí) Tras el fracaso de esta última decidió dar un giro con Yo, una mujer a mayor gloria de Concha Velasco y un despuntante Ricardo Franco como director. Pero en lugar de seguir explorando otros géneros — Frade como productor estuvo detrás de incontables películas, algunas vergonzantes, sí, pero también supo dar oportunidades al policíaco o el cine de terror, entre otros géneros, lo limitado de los géneros tocados en sus producciones televisivas es pues de lamentar — vuelve a la comedia, primero para estrellarse junto a Miguel Hermoso en Café con leche y después a mayor gloria de Lina Morgan que tras las exitosas Compuesta y sin novio y Hostal Royal Manzanares pasa a estrellarse con Una de dos a no despegar con Academía de Baile Gloria y a despedida y cierre con el programa de ¿_sketches_? ¿Se puede?. Al juntarse esos tropiezos con los líos sentimentales del propio Frade que el mismo 2004 de ¿Se puede? se casaba con la vedette Norma Duval apartándose del negocio hasta su separación en 2009. De momento no ha vuelto a la televisión, sólo al cine, con Don Mendo Rock.

Otro nombre propio es el de Eduardo Campoy que en 1987 fundó la empresa CARTELCreativos Asociados de Radio y TELevisión — tras la que produjo unas cuantas películas antes de meterse en la televisión por la puerta grandes con*_Los ladrones van a la oficina_* actualización española de las comedias de cacos que aprovechaba el momento para recuperar a varías de la grandes glorias de la pantalla. Con eso en mente le veremos reaparecer con _La casa de los líos: y Señor Alcalde o las adaptaciones en formato casi-miniserie de Carvalho — versión Puigcorbé — o Entre naranjos. Con los años siguió probando en comedia ( Abierto 24 horas o ¡Ala… dina! ) pero también en drama legal ( La ley y la vida) o la acción ( Código fuego) aunque con resultados más bien discretos.

Manuel Gómez Pereira logró en el 95 que Bardem pareciera un actor capaz de hacer comedia en Boca a Boca, parecía un buen punto para sacar una compañía adelante y de ahí surgirían primero la adaptación de la película del propio Gómez Pereira Todos los hombres sois iguales y después toda una serie de títulos, como Al salir de clase o El comisario junto con propuestas menos… exitosas como el caso de El pantano o Abogados.

En cuanto a Menudo es mi padre, de la que antes hablábamos, significó la aparición de un par de productoras nuevas, por un lado Factoría de ficción, por otro la demostración de que Globomedia podía hacer algo más que El programa de Ana y, sobre todo, el megaéxito de Médico de Familia. Los creadores de la misma eran Emilio Aragón, de los Aragón de toda la vida, gran consumidor de televisión USA decidido a traer aquí algunas de las ideas de allí — especialmente las relacionada con el humor — y El Antípoda, el hombre que llegó del punto opuesto en la Tierra para ponernos bocabajo, Daniel Écija. Estando ocupado con sus cosas Aragón sería Écija el principal responsable de todo lo que significa Globomedia en cuanto a series que, a ojo de buen cubero, podría incluir la mitad de oferta de ficción televisiva en España desde mediados de los años noventa.

Lo que nos coloca en otro punto del juego de las culpas, ¿cuánto del actual panorama se debe a Daniel Écija? Cierto es —inegable incluso— que hay un modelo Globomedia con su chico y su chica, su amor improbable, su cámara frigorífica, su epidermis bien exhibida y su propensión al melodrama familiar de desarrollo culebronesco y personajes planos. Por otro lado son los únicos que han ido intentando alguna mejora en el sota, caballo, rey de las ambientaciones y temas de las series españolas. Bien por adjudicárselo, bien por creer en ellas, la verdad es que por todos los géneros y tipos han extendido sus tentáculos, todos con sus tics que podría hacernos pensar en una serie única y mutante, una especie de Dr. Who controlada por Ecija que ajusta mínimamente sus parámetros en cada reencarnación. La parte buena es que por lo menos han tenido algún momento de replantearse lo que hacían y decidir buscar algo distinto dentro de sus mismos parámetros, agradecible en todo caso, independientemente de que el resultado sea Aguila Roja, LEX, El internado, Supervillanos o El Barco. No es mucho, pero es lo que hay. La duda es, ¿sin ellos —o sin él— las ideas originales hubieran podido prosperar? Y si es así, ¿no se da cuenta de que esos tics unificadores no parecen propiamente conceptos de autoría sino remoquetes.

Todo esto y, además, muchas más productoras como el Grupo Ganga dirigido ahora por Miguel Angel Bernardeau, Miramon Mendi de Jose Luis Moreno, Boomerang TV_, El Terrat, Notro Films, Zeppelin, Magnolia, etc… Muchas veces polivalentes, capaz de hacerte un especial, una película, un programa de la tele o una serie, cuando no se realizan importantes líos con las productoras de las series subiéndose, bajándose y pasando de unas a otras. Pero como este no es un repaso por lo impublicable, ni es idea de esta columna tratar de entender como funcionan los grupos de producción española — en parte por desconocimiento, sin duda, y estoy más que abierto a ser corregido porque cualquier intento de poner en claro el entramado sirve, sobre todo, para darme dolor de cabeza — sino los motivos que mandaron al corner la producción de ficción de finales de los ochenta convirtiendo las dos décadas siguiente en poco más que una travesía por el desierto lleno de comedietas inofensivas. Para ello la relevancia está más en dejar claro que el sistema de productoras que impera en España hace que los personalismos de un creador sean atemperados al máximo, primero por la productora y sus tonos unificadores, después por la propia cadena que tampoco está muy por la labor de apostar por cosas extrañas. Y todo lo que no es clonación es extrañamiento.

Llegamos, por tanto, al siguiente punto: Las privadas. El meteorito que acaba con los dinosaurios parece ser el antecedente lógico de la aparición de estas cadenas que chocaron contra la normalidad existente para crear una nueva Era Glacial. En este caso la idea parecía ser que con más cadenas habría más libertad, más series y, por tanto, un mayor número de series de las que habiendo un 10% bueno significaría un mayor número de series apreciables. La realidad fue que a las nuevas cadenas la ficción les atraía lo justo y suficiente, repitiendo viejos esquemas — Tele5 llegó a crear un vodevil con Juanjo Menéndez y Esperaza Roy que contaba con guiones de Alonso Millán, Casa para dos se llamaba el numerito — y buscando más una amplitud amable de telespectadores — es decir, agradar a TODA la familia — a la vez que el máximo rendimiento económico.

Esto último, que podría parecer una perogrullada, acaba asemejándose a un chiste de la tira cómica Dilbert en la que el jefe de cabellos puntiagudos afirma que si logra reducir los costos y mantener beneficios acabará logrando dinero a cambio de nada. Y en eso es en lo que están, cada vez con menos intenciones de gastar un dinero que, o no creen que puedan recuperar por ningún medio, o no quieren adelantar, o no ven necesidad de poner en movimiento, lo que facilitaba un creciente número de series de escenarios muy limitados y con un reparto actoral contado, hasta el punto de que Qué vida más triste llegó a parecer el futuro de la ficción en España por pura dejación de las cadenas.

Porque, como os podéis imaginar, el paso a la TDT y sus múltiples canales ha sido casi tan útil como la anterior expansión. Pero eso es ahora, volvamos al pasado y fijémonos en que, en realidad, sí hubo series que intentaron tímidamente presentarse pero que sólo parecían durar las más… sencillas, las que apelaban a un público amplio y ofrecían un humor familiar —que no necesariamente blanco— mientras las series de abogados, de acción o de fantástico brillaban por su ausencia o por la magnitud de la hostia cuando alguna cadena asomaba la puntita. No está claro si podía deberse a la falta de ambición, a la tibieza o si realmente el público no es lo suficientemente maduro. ¿Quizá es que no está acostumbrado a ver a españoles ejerciendo en este tipo de ficciones? Pero… ¿No hubo una época en que el cine español realizaba todo tipo de géneros? Teniendo en cuenta que, en efecto, en los años ’60 y ’70 teníamos todo tipo de films de géneros distintos, muchos de ellos en régimen de coproducción y una amplia mayoría ambientados fuera de España por aquello de la Dictadura de Extrema Plácidez. Pero durante finales de esos setenta y todos los ochenta no shabíamos ido acostumbrando en cine —igual que en literatura o en cómic — a que también España podía ser un país de tramas sórdidas y juegos sucios. Sin embargo, a mediados de los ’80 el número de películas producidas y estrenadas empieza a decaer, con ello la industria que se sustentaba en ellas y, por supuesto, los técnicos y artistas que aprendían y trabajaban allí.

Todo lo cuál nos lleva a plantearnos… ¿Qué pinta en todo esto la llamada -Ley Miró_? Creada con la mejor de las intenciones, como pasa siempre, la idea tras la Ley Miró era mejorar la calidad del cine español facilitando que las películas de mayor calado intelectual tuvieran más pasta que las exploit, la consecuencia real fue que se realizaran más películas de gran calado intelectual que no solían interesar al público, mientras las de géneros populares pasaban a un plano terciario, perdiendo en el proceso el público y su interés. El libro Spanish Exploitation (Victor Matellanos, T&B, 2011) da unas cifras realmente sobrecogedoras, de loas 80 películas de terror rodadas en España entre 1971 y el ’73 en el año ’88 sólo se produjeron 2. Imaginemos cómo afectó esta ley no sólo a la industria, también a los profesionales. Si a eso se le une el acoso de la oposición — Que lo mismo se quejan de la falta de producciones españolas en televisión (Obligando a responder con Gatos en el tejado) que echan los perros a la creación de Crónicas del mal por ser muy cara — entenderemos que el sector estaba poco menos que en sus propias manos para poder sobrevivir.

Visto lo cuál no podemos más que sorprendernos — y alegrarnos, claro — de que parezca haber una cierta intención de tantear temas y formatos nuevos, Tímida, mínima, y con las posibilidades de enraizar de una piña en el Tibet, aunque quedaría por ver un desarrollo autorial más claro —desligándolo de la faceta de estrella de la Productora— y un tratamiento más adulto —entendido como no-familiar, no como escabroso — de los varios géneros que están muertos de risa desde hace años.

El problema llega cuando regresamos a la pregunta del principio: ¿ Qué causó la bajada de calidad? Porque como hemos visto televisión se sigue haciendo, aunque menor en sus ambiciones y sus extensiones — De ahí que lo más cercano a Curro Jimenéz tardara casi 30 años en estrenarse — de modo que no podemos negar la existencia de una ficción televisiva en los años noventa. Tampoco podemos hacer oídos sordos a los problemas derivados de la aparición de los ejecutivos de las privadas, movidos por el dinero y buscando la forma de lograr formatos más baratos, ajenos al mundo muchas veces; o a la aparición de las autonómicas que parecen dedicarse casi en exclusiva a promover su idioma por medio de culebrones. Añadámosle los problemas surgidos por culpa de la Ley Pilar Miró y la creciente desafección de los españoles por su cine —Asuntos no necesariamente unidos— y culminemos con los productores superstar que monopolizan de manera tiránica las ideas de las series. ¿Qué culpa tiene cada cuál?

No insistiré más en lo que supuso este cambio, al menos no de momento, pero sí que la idea de esta columna, repasar las más importantes teorías, lo hemos cumplido. Ahora cada cuál puede dar nuevas ideas, apuntar datos incorrectos —que los habría sin duda— y quejarse de que no dé más historias interesantes y sangrantes de las productoras. En cualquier caso temo que nunca acabemos de aclarar a qué se debió esa extinción… y cuándo se producirá la siguiente.

Esperemos que nos pille mejor preparados.


Octo los pilotos

La última vez que hice un Pilotos Deathmatch era hasta el 26 de Septiembre, ¿cuál puede ser la idea de hacer más de lo mismo al cabo de un mes? Pues porque han sacado 23 series nuevas desde entonces. Increíble, ¿para qué necesitarán tantas? En cualquier caso esto sólo se puede arreglar de UNA manera:

¡Que comience la lucha!

Allen Gregory

Parece que alguien en FOX pensó que sería divertido darle su propia serie a Stewie Griffin, pero como eso no era posible hicieron una aproximación vía Adult Swim con sus Venture Bros. y su extraña idea de lo que es divertido y lograron colar algo que, sinceramente, no sé qué atractivo puede tener. Para nadie. Un niño superinteligente hijo de una pareja gay de cerebrito y cachas —tan cercanos en aspecto al Dr. Venture* y Brock como el sentido común y la decencia permiten—que deciden llevarle al colegio como un niño más. ¡Un niño que se comporta como un adulto! ¡Y un pez-fuera-del-agua pese a su aspecto! ¡Ja! ¡Qué divertido! ¡Y también puede ser rupturista y adulto ! ¡Lo tiene todo! ¡Excepto gracia!

American Horror Story

Tras las Mediums y los VampiFantas parece que vuelve el Terror a la tele. De momento esta serie es tan excesiva como podía ser Nip/Tuck pero con muchos menos remilgos de búsqueda de coherencia. Un festín, por lo tanto, de ideas y momentos, con una trama de fondo que sirve para justificar todo el desbarajuste y para ir dando un poco a cada uno de los palos del terror que parecen por ratos antologados aquí. Debo decir que entre tanta desmesura, sólo comparable a convertir El tren de la bruja en una visita guiada por el terror a lomos de una montaña rusa, yo estoy disfrutándolo enormemente. Tratan un género que conozco y amo con una mezcla de humor zumbón e irreverente y, sin embargo, con notable conocimiento, más allá de los clásicos pero sin dejarlos de lado, así que sólo puedo recomendarla. Eso sí, a los que no sean muy sugestionables.

Boss

Resulta complicado explicar pero esta serie tiene tantos Procutores Ejecutivos que uno empieza a considerar que alguno de ellos tiene realmente que hacer algo, quizá entre todos han logrado que Kelsey Grammer entre en razón. Tras The Sketch Show, Back to you y Hank —Por no contar su apoyo al Partido Republicano— decidió hacer algo sensato y pasarse al drama. Uno en el que interpreta a un viejo, rico y… muchas más cosas… político, un alcalde de, en fin… Chicago, que descubre que le queda como mucho una legislatura antes de que la enfermedad termine con su cerebro. De manera que tenemos un drama íntimo mezclado con un drama político, un lío de cojones, vaya. Con un tono serio, solemne, casi sueco —siendo sincero, creo que un tono algo menos duro mejoraría mucho la serie, pero esta aridez está deliberadamente decidida— que nos permite una serie de alto nivel. Quizá no sorprendente, o conmovedora, pero sí sólida y digna. Mejor que todo eso, con un enorme potencial de crecimiento para convertirse en una bomba. Pero, claro, hay que dejarla crecer. —El canal, Starz , decidido a dejar de lado la imagen que le ha dado Spartacus o Camelot e, incluso, Party down, apuesta por series como el próximo estreno Magic City o esta y ha encargado ya una segunda temporada según estrenó la primera, por lo visto parece pensar lo mismo.—

China, IL

Bueno… Animación… Espera…¿Si lo hacen con el Paint es animación también? En fin… Que si os gusta el Adult Swim esta serie existe la posibilidad de que os guste. Y si no… Bueno… ¿Realmente vais a ver una serie que parece hecha con Paint?

Death in paradise

Si en Hawaii 5-0 o Mad Dogs se recupera la acción en escenario idílico con Death in paradise estamos más cerca de recuperar la clásica treta de Agatha Christie de convertir un encantador lugar de vacaciones en escenario de un crimen para que parte de la importancia de la historia recaiga también en la ubicación. de manera que lo que tenemos delante es, exactamente, eso, una intriga de baja intensidad con un bonito decorado y poco más que rascar de puro encantador.

Enlightened

Cada vez que la HBO decide hacer comedia algo parece empujarles hacia el lado contrario. Por suerte luego tratan de hacer en serio True Blood y lo compensan. Con un punto de partida que podría recordar Better off Ted y dejar de recordarlo en ese mismo instante la HBO nos presenta ooootraaaaveeeezzzz la historia de una mujer decidida a superarse y… Como comedia es un coñazo, como drama poquita cosa, y si Laura Dern vio _Nurse Jackie y quería ganar un Emmy hubiera hecho mejor preguntando en… no sé… ¿la NBC? ¿La PBS? ¿El propio jurado?

Good Vibes

Aprovechando que Beavis and Butt-head regresaban en su novena temporada a la MTvSPOILER: Sombra de lo que fueron — aprovechó la Mtv para colar esta… serie.. a medio camino entre algo para Nickelodeon y un MacFarlane descafeinado, con más referencias a tetas y, paradójicamente, menos tetas. Cómicos de la casa poniendo voz a unas aventuras muy light de un quinceañero gordo de New Jersey que va con su madre buenorra a una California sacada de las canciones de los Beach Boys. En fin, cosas peores se han visto —este último mes— y si de Cleveland Show se ha podido sacar provecho esto no está aún perdido.

Grimm

Oh, mísero de mí. Oh, infelice. ¡Más de lo mismo ahora en versión “Cuentos”! Resulta que este policíaco propone que entre nosotros viven seres sobrenaturales, auténticos monstruos, y que los cuentos son revelaciones en clave para descubrirlos. Un espanto. Es el típico argumento “Entre nosotros hay” que serviría para Comunistas, Monstruos del Espacio Exterior o Vampiros, tanto da. De hecho, está casi más cercano de un First Wave que de Millenium (la serie, ni el evento comiquero ni los libros) así que ya sabéis a que pasto para siestas os vais a enfrentar.

Hart of Dixie

¡Lo nunca visto! ¡Una Doctora de Gran Ciudad que por imponderables termina en un Pueblecito! ¡Paren las máquinas que esto va a portada! Las novedades Suspiro son que esta vez pasa en un pueblecito del sur y que el malrollismo no es sólo con otro médico que hay por allá, no vaya a quedar muy claro que están fusilando la mitad de las tramas a Everwood, también en con su hija por la que parece competir, o no, con el prometido de esta. Así que aquí tenemos otro más de lo mismo, yo paso.

Hidden

Que encantador es el otoño inglés, siempre hay alguna serie llena de conspiraciones, poder político, cuarto poder, indignación pública, turbios movimientos financieros y judiciales y, en fin, todo lo que un hombre podría querer para calentar sus noches de invierno salvo, quizá, unas castañas asadas. En esta ocasión tenemos un investigador al que le contratan para un caso que huele mal desde el principio, pero como lo hacen apelando a lazos familiares y en un contexto de inestabilidad — es decir, el actual— decide tratar de encontrar la verdad. O al menos una parte. Lo que lleva al inevitable efecto Bola de Nieve para este tipo de investigaciones. Especialmente si ese investigador, Harry Venn, está interpretado pro el incomparable * Philip Glenister*, el increible Inspector Jefe Gene Hunt, convirtiéndolo en un placer más que agradable.

Homeland

Resulta complicado hablar de la que podría ser una de las mejores series de la temporada porque, en fin, lleva 4 episodios y aún hay mucho por ver pero de momento podemos hablar de tres cosas: El acertado uso de la paranoia, la cuidada planificación y, sobre todo, a tres actores que lo dan todo por la serie, Morena Baccari hace lo que puede con lo que tiene, Damian Lewis demuestra una vez más que es capaz de grandes papeles, aunque es Claire Danes la que lleva todo el peso sobre ella dando un recital que sólo es comparable con los de series como Damages o United Startes of Tara (Es decir, de premio) con su interpretación de una agente de Seguridad Nacional convencida de que un soldado rescatado, un héroe para el pueblo americano, es en realidad un peligroso agente doble. El problema, claro, está en que las opciones son A) No, no lo es; B) Sí, lo es y lo sabe y C) Sí, lo es pero no lo sabe, tipo Manchurian Experience. — Consideremos que D) No, no lo es pero no lo sabe más propia de INSecurity — y el tiempo que puede permanecer oculto como un problema para el desarrollo de la serie —es decir, el mismo problema al que se enfrentaría otro milagro del desarrollo como es Revenge — de manera que estos 4 capítulos son disfrutados como un giro al concepto de 24 hacía pastos más cerebrales pero, además, como el posible inicio de una serie de temporadas con Claire Danes al borde de un ataque de nervio investigando todo tipo de terroristas. Disfrútenlo mientras dure.

How to be a Gentleman

Imaginad por un momento que el personaje de Johnny Drama de Entourage tuviera entre su pila de cadáveres a la espalada una sitcom, con aspecto antiguo, tanto que podría haber sido hecha en casi cualquiera de las últimas cuatro décadas. Pues bien, Kevin Dillon, el actor detrás de Drama, ha logrado una perfecta simbiosis co-protagonizando esta insufrible serie, intento de actualización de La extraña pareja con los elementos más superficiales de HIMYM que de puro desastroso logra que sus veinte minutos parezcan dos horas. No sé siquiera si seré capaz de ver más episodios de esto así que sólo puedo aconsejaros huir. [Ha durado en antena sólo los capítulos que tenían grabados, y después de pasarlos al sábado. No todo podía ser tan malo.]

Jessie

Resulta que Disney no deja de parir sitcoms, en esta ocasión con una versión especial de La Niñera, porque Jessie está interpretada por una de esas chicas del Disney Channel que se ha ganado su propio programa, en este caso como la chica rural que acaba de niñera de los cuatro críos de un ricachón, perdón, una pareja de ricachones del espectáculo con familia adoptada multicultural, neoyorkinos, la creadora del invento resulta ser co-productora de THe Nanny y guionista de Charles in charge así que por lo menos estábamos advertidos. Porque es eso, no The Nanny Diaries sino The Nanny cambiando a Fran por una texana devota de corazón de oro. Un rollo, vamos.

Kung Fu Panda: Legends of Awesomeness

Esto es más una previa de lo que podemos esperar de la serie basada en las películas. ¿Que qué podemos esperar? Pues lo de siempre, desarrollo mínimo y pocas ganas de evolucionar. ¡Sorpresa!

Last man standing

En nuestra trilogía del terror —y creedme, esto es lo más terrorífico que podréis ver en Halloween — tenemos el regreso de Tim Allen en el papel de Tim Allen en una comedia que podría pasar por incluso anterior a Un chapuzas en casa, hombres rudos y desorientados, mujeres mandonas y marisabidillas, y la imperiosa necesidad de prenderle fuego al dispositivo usado para verlo. A evitar. Mucho.

Man Up

El capítulo final en las series Las sitcoms son perjudiciales para la salud es este absoluto espanto sobre un grupo de amigos que aunque tengan responsabilidades familiares o laborales no dejan de ser unos niños grandes. En lugar de unos azotes meterecen electroshock pero ese es otro tema. Mejor le busco algo positivo: Si la ves en un monitor de pantalla plana el puño no se te quedará atascado dentro cuanto golpees el televisor en venganza por el daño físico y mental.

Michael, Tuesdays and Thursdays

Comedia canadiense que hace lo que puede con lo que tiene, empezando con una premisa —la relación de un psiquiatra y su paciente— ya vista en series como Dr. Katz, Frasier o, sobre todo, en la película ¿Qué pasa con Bob? con la diferencia de que aquí es el terapeuta el que decide intentar cosas nuevas cada semana. Lamentablemente se le saca poco jugo, ni los —tímidos— intentos de parodiar la autoayuda y sus curas milagrosas ni la relación entre los protagonistas permiten salvarla de una plácida mediocridad.

Once upon a time

Vamos con un dolor de cabeza: Mi afición a los cómics hace que la forma más sencilla de despachar esto sea hablando del claro robo perpetrado a Fables pero, claro, mis improbables lectores no tienen por qué tener noticia de este título, exitosa serie del sello Vertigo de la casa DC que cuenta cómo los habitantes del mundo de los cuentos tuvieron que huir por culpa del ataque del misterioso Enemigo (cuya identidad será una de las tramas de la serie) hasta exiliarse en nuestro mundo. Pues bien, en Once upon a time nos encontramos dos líneas temporales, una en el pasado dentro del mundo de las Fábulas, otra en nuestro presente y nuestro mundo. Y aquí llega el segundo problema: No se trata sólo de que copien a Fables sino de que lo que no funciona es, precisamente, lo que tiene de original. Frente a la historia inicial del cómic, un misterio criminal que permite examinar a los principales personajes como sospechosos y que da pie a varias conversaciones que explican la situación de estos exiliados, aquí se opta por algo tan triste y prosaico como poner un par de pantallazos con letras explicando de qué va la vaina en una de las más inexplicables muestras de estupidez creativas de esta temporada, después ya llega el problema de casting, el problema de tener completa la historia del pasado: La Evil Queen de Blancanieves decide atacar a Blancanieves y al Príncipe Encantador sin que haya mucho motivo y, desde luego, sin sentido alguno —si pensaba atacar a Blancanieves podía haberla apuñalado en lugar de la tontería de la manzana— lanzando un hechizo que les pone ¡A TODOS! en nuestro mundo, con los habitantes encerrados en un pueblecito sin ser conscientes de su vida pasada; y, finalmente, el interés de la historia actual, con la hija de Blancanieves llegando al pueblo traída por su propio hijo que… Bueno, da igual, es un truco sentimental y estúpido — Muy sentimental e incluso más estúpido — y un claro ejemplo de lo que decía antes: Se destroza la intriga del enemigo, se elimina la gracia de ver a los seres de cuento en nuestro mundo real y se logran enormes bostezos con la indeterminada trama a seguir. Un poema, vaya.

The Slap

Miniserie basada en el libro de * Christos Tsiolkas* que editó hace unos meses en España RBA y que gira entorno, sí, a un hombre que le da una bofetada a un niño que está molestando a su propio hijo, a partir de ahí veremos una laaaaarga discusión con argumentos a favor y en contra de este tipo de correctivos y sabremos algo más de los actores principales del drama, el abofeteador, el abofeteado, el hijo al que protegía, los padres de la criatura abofeteada que son el primo del abofeteador y su mujer… En fin, ¿a ustedes todo esto les interesa? ¿Tanto drama, tanto cogérsela con papel de fumar, tanto debate sobre si “una bofetada a tiempo”? Pues a mi no. Ese monstruo moral soy. Y peor aún, un monstruo aburrido.

SPY

Si creíais que la archicargada agenda de Stephen Mangan (Recientemente Episodes o la obra The hunt of Tony Blair) era lo único que estaba dificultado que volviera interpretar a Dirk Gently es porque no prestabais atención a Darren Boyd, Richard McDuff, que lo mismo hace Case sensitive que se presenta en series como esta SPY en la que interpreta al clásico entrañable perdedor. Su personaje, Tim, está en proceso de divorcio pese a lo cuál tiene que hacerse cargo de su hijo de nueve años, el archiresponsable y demasiado maduro Marcus, que no tiene en muy alta estima a su padre. Como ese punto de partida parecía poco acaba por error en el MI5, reclutado como espía. Encantadora, británica hasta la médula y muy humana. Podría ser más graciosa, pero está especie de britanización de Chuck tiene encanto a raudales como para superar eso.

Suburgatory

El inicio de esta serie podría hacernos pensar en un Desperate MeanGirls, un padre soltero encuentras condones en la habitación de su hija y decide que se trasladarán desde Manhattan a una zona residencial en las afueras de Nueva York, alrededor de Westchester, un punto de partida poco original y no muy sensato. Claro que lo que ocurre a continuación tampoco destaca por la lógica. Destaca por llevar al extremo las ideas de lo que es un suburbio y lo que es un newyorkino, por organizar de manera casi temática los cambios de registros permitiendo tan pronto pasar de la clásica comedia a demostrar que hay un fondo cercano al horror, a historias como las de Las mujeres de Stepford, o que se puede sacar una historia de acción, un misterio o poco menos que lo que se les pase por la cabeza porque la plataforma entera de la serie no deja de ser una excusa argumental del exceso, de la absoluta falta de miedo a las situaciones extrañas, habrá que ver cómo evoluciona y si decide plantarse en los terrenos familiares o si dar un paso más y tirar directamente por el absurdo, porque podemos estar ante una de las series más destacadas de la temporada.

Terra Nova

Decía el año pasado que el principal problema de Boardwalk Empire es que se nota la muchísima pasta que se han gastado por todas partes, aquí el problema es justo el contrario, parece que no se han gastado un duro. Y lo peor es que… sabemos que se han dejado una pasta. Lo que no sabemos, viendo la serie, viendo los decorados de estudio, los trucos baratos y los dinosaurios realizados con menos calidad que en Parque Jurásico (¡18 años hace ya!) o en la inglesa Primeval. Por si eso fuera poco no hay mucha diferencia con respecto a series como Land of the Lost y la clásica sucesión de humanos de al actualidad perdidos en un mundo prehistórico salvo que deciden crear un ambiente tan cercano a Lost —corporaciones de oscuros intereses, personajes de ambigüedad moral, unos extraños otros que comparten la cosa histórica— que el resultado final es un batiburrillo tan poco interesante que acaba siendo cercano a Tierra 2 en más aburrido si cabe, dejándonos sólo el asombro de que esto esté inexplicablemente producido por Spilberg y aprobado por la FOX . No sólo eso, la familia protagonista logra ser completamente repulsiva a nuestros ojos, van de santones cuando han incumplido la ley en un mundo superpoblado, cuando han atacado a la policía y roto prácticamente todas las leyes que hemos visto que tenía su antiguo planeta. Si ellos quieren tener tres hijos quién es el estado para prohibírselo, el aborto no es una opción, etc… Eso en su presente, proque cuando van a su pasado no se comportan mucho mejor: Poniéndose en peligro a la mínima, pasando de las tareas asignadas a las que tienen que hacer y más ocupados por su propia vida que por la supervivencia de la comunidad. Así que en esas andamos: Una serie de pobre realización y ambientación con personajes desagradables e historias aburridas y poco originales. ¡Justo lo que estábamos esperando todos!

X-Men
Vosotros recordaréis que hubo un Lobezno en manga y un Iron Man también, ¿verdad? Pues… ¡¡¡Sorpresa!!! ¡¡¡Ahora le toca a los X-Men!!! ¡¡¡estupendo, magnífico, genial!!! No, en serio. Como las otras dos. Adaptaciones a la manera que un americano pensaría que es la japonesa. Resiste si puedes.

Estoy de lo más sorprendido, Octubre ha resultado mucho mejor mes que Septiembre, y, a la vez, mucho peor, con auténticos desastres especialmente entre las teóricas comedias. Pero para los que se han saltado toda esa molesta letra aquí lelga el resumen:

No puedo dejar de seguir: America Horror Story, Homeland, SPY, Suburgatory

Recomiendo sin problemas: Boss, Hidden

Gustará a los que estén en ese tipo de series: Death in paradise

Noviembre y Diciembre parecen tranquilos, aunque habrá que hacer una pequeña recapitulación antes de final de año para poder lograr un balance razonable de este año 2011. Pero eso es adelantarse. De momento disfrutad de las novedades de Octubre.


Cancelando rápidos hachazos

Kerry Packer era, hasta su muerte en 2005, uno de los magnates de la información en Australia; controlaba la PBL que incluía la cadena Nine, la más vista de Australia durante décadas. Así que imagina lo que debió pensar el responsable de atender a los teléfonos cuando descolgó una noche de 1992 y se encontró a su superjefazo al otro lado de la línea, muy muy enfadado porque había tenido que dejar una cena en la que se encontraba al empezar a recibir llamadas de conocidos por culpa del programa que estaba emitiendo su canal en ese momento. Peor aún, había logrado una televisión y había visto unos minutos, los suficientes como para descolgar y llamar exigiendo, según cuenta la historia: “Get that shit off the air!”. “Esa mierda” era Australia’s Naughtiest Home Videos, que en su minuto 34 entró en anuncios y, cuando estos terminaron, comenzó un capítulo de Cheers. Packer no lo sabía pero acababa de hacer historia.

Ésa que acabáis de leer, a mitad de emisión, es la cancelación más rápida de la historia, al menos de la que se tenga conocimiento. El programa en cuestión no dejaba de ser una recopilación de vídeos al estilo de los Vídeos de Primera que tan de moda estuvieron en los años ’90 y que tenían en esta ocasión un marcado cariz sexual, junto con algunas otras imágenes calificadas como ofensivas; eso y un presentador, el cómico Doug Moulray animando los vídeos con voces —en fin— mientras en pantalla dos animales se lo montaban, un señor se quedaba en paños menores o una niña jugaba con el escroto de un canguro. Como resultado de este ataque de ira, Moulray fue vetado (baneado, en moderno) de por vida de Nine y el programa desapareció dejando tras de sí una leyenda propia… hasta que en 2008, aprovechando que el dueño llevaba tres años muerto y que una copia acababa de aparecer, el canal decidió volver a emitirlo. Incluso trataron de contar con Moulray que, obviamente, se negó.

El resultado fue editado mínimamente y, una vez visto, no ofrece nada que no pudiera triunfar en las noches españolas. Si tienen curiosidad aquí está:

No tenía yo mucha intención de hablar de programas rápidamente cancelados pero parece justo, tras la columna de hace quince días, dedicar un pequeño apartado a los que no sólo no lo consiguieron sino que no lo consiguieron demasiado deprisa. Tanto que o la audiencia fue espantosa o algún otro motivo —como en el caso que acabamos de ver— llevó a que los retiraran de pantalla.

Para nuestro número dos encontramos, precisamente, esa misma motivación, sólo que unos veinticinco años antes. Todo a cuenta de algo que había empezado dos años antes y que sería uno de los grandes programas de la televisión americana.

En 1967 se emitió el primer especial Rowan & Martin’s Laugh-In, un programa cómico, casi de variedades, en el que los títulares Dan Rowan y Dick Martin encabezaban a un grupo de cómicos y artistas que realizaban sketches con fuerte acento en el vodevil e, incluso, en lo burlesco. Un exitazo tal que en el 68 la NBC reemplazaba The man of U.N.C.L.E., convirtiendo Laugh-In en un programa habitual. Y ante su éxito sus creadores no tardaron en decidir sacarle más rendimiento, darle un spin off propio, algo más… descarado, más… picante… Sólo que ni la ABC ni la CBS lo quisieron, así que terminó en la ABC. Turn-on tendría un cast propio, distinto del de Laugh-In y un primer invitado de impresión, Tim Conway. Y no tendría mucho más.

Mezclaba los temas sexuales con alguna alusión política perdida y con referencias a la contracultura del momento —incluso a otros ilustres eliminados de la parrilla, los Smothers Brothers— y algunas ideas que podrían haber funcionado en algún otro programa, incluso en el aún no imaginado SNL. Pero la controversia por los temas e interpretaciones hizo que durara mucho menos; en algunos estados no llegó ni a terminar de emitirse tras un sketch con una joven tratando de hacer funcionar a una expendedora de píldoras del día después. Conway llegó a declarar que la noticia de la cancelación llegó después de su emisión en la costa este, pero cuando aún no había terminado en la oeste. Aunque oficialmente tardaría algunos días en hacerse público y, ya puestos, pedir perdón a los ofendidos espectadores que estuvieron quejándose a las distintas emisoras asociadas de todo el país. Algunas malas lenguas sugirieron que esperaban a tener los resultados de audiencia fiables para comprobar cómo de rentables les sería mantenerlo.

En cualquier caso este programa, no tan lejano a Laugh-In y tantos otros programas de sketches de antes y después (hasta el punto de que el programa padre recicló alguno de ellos sin mayores problemas) tenía el problema, según Harlan Ellison, de ser “más incómodo que malo”. En cualquier caso parece que escarmentaron, porque decidieron pasar de un piloto de comedia sobre un tipo con propensión a enfadarse y a tocar temas controvertidos, por suerte para la CBS que se hizo así con All in the family.

Poco hay mostrable del programa pero sí la opinión de dos de los que estuvieron allí implicados:

Para nuestro tercer seleccionado vamos a algo más complejo. Estamos ahora en 1979, el SNL había sido el programa de referencia los últimos años y Desmadre a la americana (National Lampoon’s Animal House) había sido un exitazo, tanto que todas las cadenas parecían decididas a estrenar una serie sobre fraternidades: La ABC tenía Delta House —adaptación directa de la película y que presentaba a una jovencita Michelle Pfeiffer antes incluso que Grease 2—, la NBC contaba con Brothers & Sisters y la CBS contaba con Co-Ed Fever. Contaba y poco más.

La serie vivió este estreno especial como parte de una estrategia de presentar las nuevas series a la audiencia antes de su estreno real. La audiencia dejó claro que no iban a estar allí —de hecho, de las tres series sólo Delta House llegaría a emitir 13 episodios—, de manera que el estreno se pospuso hasta eliminarse, directamente, dejando los cinco episodios rodados fuera de juego —bueno, los acabaron emitiendo… en Canadá—. Así pues, ¿aceptamos que se eliminó tras un capítulo o antes del estreno o cómo?

No fue el único caso ese año para la CBS; anunciaron una serie cómica sobre un congresista negro, Mr. Dugan e incluso dijeron que la estrenarían durante esa semana de presentación, pero las quejas de un congresista negro real llevaron a la cadena a un movimiento arriesgado: presentar el programa a los congresistas negros para que vieran que no había nada malo.

La serie era un producto de Norman Lear, el creador (o adaptador) de clásicos como All in the family y Maude. De hecho este programa pensaba reutilizar los decorados dejados cuando Bea Arthur decidió no seguir con la serie tras sólo un par de capítulos en su nuevo puesto como senadora. ¿Si no les gustaba el creador de Maude, quién iba a gustarles?

Respuesta: Aparentemente nadie. No lo querían. No lo aceptaban. Y se negaron con todas sus fuerzas. Dio igual el dinero y esfuerzo realizado en las series o en autopromoción, incluso el tener una fecha para el estreno. Mr. Dugan jamás vio la luz.

Con los restos se cocinó una ropavieja llamada Hanging-In que reutilizaba actores, algunos escenarios y algunas ideas del guión. Duró cuatro capítulos, que ya fueron muchos con lo condenado que partía el proyecto. ¿Cómo consideramos Mr. Dugan, que no llegó ni a estrenarse?

Como decía, ejemplos como éstos de rapidez con el hacha pueden servirnos para entender el gatillo fácil que pueden llegar a tener las cadenas y cómo muchas veces no tiene que ver tanto con las audiencias como con algunos hechos de su contexto.

Otras veces la cancelan ellos, como Emily’s Reasons Why Not, con una Heather Graham popular que vio cómo en USA sólo se emitía el primer capítulo, teóricamente porque los ejecutivos habían dado el visto bueno al proyecto sólo por la presencia de Graham, sin haber leído el piloto, y que después mandaron a boxes y, por lo menos, endilgaron la serie a canales de todo el mundo usando de gancho a la estrella —recordad, 3 de cada 4 veces: “Exito en USA” es mentira— y recuperando algo de pasta.

Uno casi agradecería la indudable motivación para eliminar una serie de la parrilla que vivió Heil Honey I’m Home! debido a que iba de… Pero estoy pensando que lo podéis ver:

Efectivamente, una sitcom protagonizada por Hitler y Eva Braun con sus nuevos vecinos judíos, los Goldberg, a los que tratan de ocultar que viene a cenar Neville Chamberlain, todo ello presentándolo como una serie perdida de los años 50 que acaban de reencontrar.

No coló y, en mitad de una tormenta de mierda —la típica de los que tienen más de cincuenta mil followers—, decidieron retirarla, quitar de en medio el resto de capítulos y fingir que nunca se les había ocurrido.

Lamentablemente no es tan divertida como para reivindicarla, para que luego digan que Hitler es comedia.

Yo pretendía terminar aquí para que la columna fuera corta, pero veo que aún en el reino de un sólo capítulo me dejo cosas… Bueno, así tendré la posibilidad de hacer otra el año próximo. Incluso puede que meta alguna serie española, si es que a alguien se le ocurren programas españoles a los que sólo hayan dado una oportunidad.