Sangritas

Si Barnabás Collins fue el prime vampiro personaje central de una serie de televisión —al fin y al cabo como excusa para series antológicas fantásticas llevaban años y como secundario? el año anterior a Dark Shadows se estrenaba La Familia Munster con ese abuelo que repetía los esquemas de un envejecido Lugosi—no fue, desde luego, el último.

Desde 1971, año del final de Dark Shadows, hasta la actual ola vampírica sólo hubo un lugar en el que el vampirismo fue preparándose para el renacer de los años ?90. En el género infantil/juvenil permaneció vivo por distintas series a partir de 1980, año en el que surgió la sorprendente idea de la división australiana de Hanna Barbera de crear Drak Pack. Devolviendo el protagonismo a quienes venían teniendo importantes papeles secundarios en programas como La Familia Munster (1966) o Barrio Sésamo (1969), manteniendo vivo el mito a través de océanos de tiempo.

La idea del Drak Pack era? curiosa. El adolescente —es un decir, claro— Drac Jr. junto con Frankie, descendiente del Monstruo de Frankestein, y Howler, un hombre lobo, deciden impartir el bien y la justicia contra las maquinaciones del Dr. Dred y su organización criminal OGRE. Una temporada duró el invento que, todo sea dicho, parecía el resultado de intentar llevar a una premisa de acción heróica al reparto de la cantarina Groovie Goolies centrando el protagonismo en un Drácula juvenil y tomando —ejem— prestadas ideas de Monster Squad.

En el 85 llega la primera adaptación de los libros de El Pequeño Vampiro. Será la primera vez que se cree a un vampiro como figura central de una serie juvenil no-animada. Pero no la última.

Lo siguiente, eso sí, será en 1988 la serie de dibujos Conde Duckula. Que, por cierto, tiene el honor de ser, además, uno de los pocos Spin-off televisivos al surgir el personaje como villano de varios episodios de Danger Mouse. Esta nueva creación del brillante estudio de animación británico Cosgrove Hall tenía la particularidad de ser, además, vegetariano. Durante cuatro temporadas, del 88 al 93, pudimos seguir sus desventuras, en las cuales el auténtico cerebro maligno era el mayordomo Igor que trataba de llevar a su señor a la dieta sanguínea y apartarlo de sus intereses: Ser una famosa estrella televisiva y comer verduritas.

Antes de su cierre en el 93 tuvimos a otro chupasangre infantil, del 91 al 92 existió una serie francoalemana o británicousaca (vovleremos a ello) llamada —atentos al título original— Draculito, Mon Saigneur. Con abierta intención subversiva —o humorística para niños, que viene a ser lo mismo— se nos contaba el día a día de Draculito, Little Drac, o Draculín que por esos nombres trató de ser aceptado el pobre chaval cabezón verde. Su enemigo, el Hombre Ajo siempre trataba de acabar con él pero el punto y final lo puso la audiencia.

Por suerte para nosotros —suponemos— el cierre en el 93 de Duckula vino acompañada de la segunda serie basada en los libros de El Pequeño Vampiro. En realidad la serie —del mismo modo que la primera, que contaba con el exotismo del capital canadiense apoyando al alemán— adaptaban en 13 episodios dos libros de la autora, los dos primeros en los ochenta, los dos segundos en los noventa y ninguno en la película de los años 2000, que para eso había dinero USAca en la bolsa. Como la buena de Angela Sommer- Bodenburg lleva diecinueve novelas y sólo 61 años es de suponer que para los próximas décadas seguiremos teniendo series “minis”.

Dejemos constancia de que entre ambas series, en 1990, existió otra producción con actores reales, una serie inglesa rodada en Luxemburgo llamada —redoble— Dracula: La Serie. Lamentablemente aquí Drácula sólo era el malo. Un malvado millonario llamado Alexander Lucard ? A. LucardGuiño, guiño. Codazo, codazo. La cosa iba, en realidad, de un descendiente de Van Helsing y dos jovencitos que combaten los malvados planes del Conde mientras buscan la cura para el vampirizado hijo del primero —claro—.

En el 99 la FOX decide revivir Little Dracula, una serie de animación cuya primera temporada habían emitido a principios de los noventa. La serie se canceló antes de emitir todos los episodios de esta segunda hornada. Mientras, eso sí, crearon un problema. Little Dracula ? ¿No se parece demasiado a la francesa Draculito? Pues en principio no deberían, pero pese a que los franceses den como creadores a Bruno René Huchez y Bahram Rohani y los americanos aseguren que están basados en unos libros ingleses de Martin Waddell adaptados a serie por Joe Pearson y producción de Walker Hahn lo cierto es que… es la misma serie en ambos casos. —Ya os dije que volveríamos a ella—. Aparentemente rodada en régimen de co-producción, emitidos los veintiseis episodios originales en Europa en USA se emitieron sólo 13 y en 1999 el principio de una segunda temporada con los 13 que quedaban. Pero en ningún lado se acredita esto pese a lo obvio de la maquinación… Un lío bastante gordo, vaya.

En cuanto a los ánimes. Pues haberlos haylos. Si alguien quiere aportar información que lo haga en los comments que suficiente mierd? series me he tragado ya creadas por el hombre blanco.

Y hasta aquí el fondo de ataúd de las juveniles, en dos semanas el otro grupo imprescindible: Las Adultas, que vienen a ser de Detectives. ¡¡¡Kindred!!! ¡¡¡Angel!!!¡¡¡Y Rick Springfield como Nick Knight!!! ¡¡¡No podrás esperar a hincarle el diente!!!


Buenovedades

Siempre sale algo que merece la pena. Cada temporada. Aunque sea por pura potra. Ya sé que sería más divertido desprotricar de las malas pero entre lo poco que aguanto viéndolas —Yo, el público es otra cosa: ¿Cómo coño ha durado ?Till Dead CUATRO temporadas si Arrested Development fue cancelado a mitad de la tercera?— así que no esperéis largas diatribas contra The Forgotten o Hank. Como mucho puedo reflexionar sobre alguna de esas series imposibles que echan por la tele, como FlashForward, ridículamente pro-determinista, con actores que están cada uno en una serie distinta y un malo malísimo que podría —¡debería!— encabezar un listado de misscastings siendo la única posibilidad de elegir a alguien menos adecuado haber puesto a Screech.

Pero a lo que vamos. Tres nuevas series para ver: Empezando por el final vamos con la única serie Dramática de mi lista, The Good Wife. Tras varios años en los que las series de abogados parecían ser inevitablemente Kellyescas, con Ally McBeal como ejemplo a seguir, tenemos aquí una recuperación de las series de abogados clásicas en el sentido no tanto de Perry Mason como de La Ley de los Ángeles. Algo curioso teniendo de protagonista a la Margulies que el año pasado presentó Canterbury?s Law, otra serie de abogados nada Kellyesca pero tan aburrida y tan profundamente buenista que no había quien la resistiera ni ofreciéndoselo a San Ken Loach. Así que en seis episodios fuera. Gracias a unos cambios efectivos no es ya la abnegada madre que lucha porque se haga justicia entre los inocentes. Bueno, la verdad es que casi. Sigue haciendo justicia entre clientes básicamente inocentes **cof** y sigue siendo una madre abnegada. Aunque ahora lo sea de un político ?perdón, de un cargo electo, no es lo mismo- pillado in fraganti en lo que será una de las tramas largas de la serie. —El marido, por cierto, es Chris Noth, el Mike Logan de Ley y Orden o el Mr. Big de Sexo en Nueva York— Porque eso significa que a ella le toca empezar de cero, que tendrá que aceptar la ayuda de su suegra y volver a su antiguo trabajo, pero sin concesiones. Esto es, entrará en un bufete a prueba contra otro abogado. Precisamente entre los puntos fuertes están los asociados, interpretados por Josh Charles —que era el otro presentador en Sports Night o, más recientemente, uno de los pacientes de En Tratamiento— y Christine Baranski —ganadora del Emmy por su magnífico papel en Cybill aunque más conocida por ser la alta en la peli de Mamma Mía o por su reciente cameo haciendo de madre de Leonard en Big Bang Theory— que junto a unos guiones cuidados para darle un cierto aire clásico convierten la serie en una construcción ejemplar. ¿Serán los actores o es que ya nos hemos aburrido de locuras?

Mejor aún que la anterior es la comedia Modern Family en la que, lo reconozco, no tenía ninguna esperanza puesta. ¿Hay algo más tópico que una comedia familiar? ¿No estamos ya cansados de remedos de mockumentaryM tipo _The Office? Pues no. Pese a todos sus defectos han sabido ensamblar unos guiones explosivos que van acumulando situaciones problemáticas hacia el final de capítulo. Las tres familias son una reflejan diversos aspectos pretendidamente realistas —algo que siempre me hace desconfiar— de manera que hay una familia tradicional con una madre que trata de controlar todo tras una juventud? disipada, unos hijos prototípicos: el pequeño es un salvaje poco menos, la mediana es la inteligente, la mayor es una bimbo. Y el marido. ¿Os imagináis a Michael Scott tratando de ser el mejor padre, yerno, cuñado tanto como intenta ser el mejor jefe. Con resultados similares. Pues eso. Las dos familias distintas son las de la pareja de gays que acaban de adoptar a una niña asiática y que está compuesta por el típico urbanita snob escuchimizado y una especie de versión pasada de kilos del Albert Goldman de Una Jaula de Grillos. Sí, otro personaje que produce vergüenza ajena. Finalmente la pareja de un señor mayor y una ardiente hispana que aporta un hijo de su anterior matrimonio. Sorprendentemente ninguno de vergüenza ajena aquí, ni el madura y retraído chaval, ni la magnífica, pasional y sensata colombiana ni el experimentado y algo cansado ya Ed O?Neill —eso es, el siempre magnífico Al Bundy— que como de costumbre, de Dragnet a John de Cincinatti —esa serie— es lo mejor de todo, [Inciso: Katey Sagal, Peg Bundy, es también de lo mejor de su serie, Sons of Anarchy, a ver si vuelve pronto a ponerle voz a Leela en Futurama] conectando a las otras dos —si no has visto el primer episodio avanza rápido— ejerciendo de padre de la madre de pasado disipado y del gay neurótico. Casi parece un argumento para Casado con Hijos: Veinte años más tarde. Salvo, claro, que aquí la relación familiar está tratada de manera más positiva. Quizá sea esta imagen más agradable, más propia de una sitcom clásica la que haga perder algo de fuerza a una comedia que se propone como una máquina de humor bien engrasada pero cuyos referentes quedan al aire con facilidad.

En cuanto a la primera, Community ? mejor lo dejo para otro día. Uno con más espacio. Aunqeu no la semana próxima, que tocan vampiros, de nuevo. Hasta entonces echadle un ojo a estas series, aunque sea sólo para quejaros con base de mi pésimo gusto.


Barnabasadas

Willie Loomis, antiguo recluso, dolor de cabeza para gran parte de la población de Collinsport y no digamos ya para los habitantes de la señorial mansión de Collinwood, tenía el rastro de las largamente perdidas joyas de los Collins, había localizado un plano y resuelto las instrucciones con tal pericia que sólo unos candados y cadenas le separaban del ansiado tesoro. Hasta que un brazo salió del sepulcro, agarrándole por el cuello y haciéndole perder el conocimiento. Suave destino para el culpable de haber traído de nuevo a la vida a Barnabas Collins. Al vampiro Barnabas Collins.

Es normal que no acabéis de situar la anterior escena. Ocurrió en uno de mis fetiches, el culebrón sesentero Dark Shadows, con revamp a principios de los noventa en una serie semanal de vampiros que no acabó de alzar el vuelo. Pero ya estaba exteriorizada la idea. Regresando a la serie, Dark Shadows pretendía ofrecer algo distinto al espectador de telenovelas viendo la popularidad que las novelas románticas de corte gótico tenían. Victoria Winters era una gobernanta que llegaba a Collinwood, la mansión familiar de los Collins, para encargarse de demasiados problemas domésticos. El primero de los cuales fue un cadáver. Un chantaje que termina en asesinato y cuyos sospechosos son en su mayoría miembros de la familia pasa de ser uno de tantos asesinatos en la tele —especialmente en los culebrones, Desperate Housewives debería tener su propio reloj de Body Count— lo que permite a los guionistas a meter fantasmas para darle un poco más de vidilla a la serie, pero los espectadores no se enganchan. Tampoco cuando la ex-mujer del señor de la casa regresa? como seguidora de un culto de Ra decidida a inmolarse junto a su hijo en nombre del Fénix para renacer. Y, como última oportunidad, metieron a Barnabas. A partir de ahí tendrían más fantasmas, hombres lobos, criaturas devueltas a la vida, viajes en el tiempo y tantas otras ideas locas que sus resúmenes parecen más cercanos a Dr. Who que a Los días de nuestras vidas. Por poner un ejemplo de la importancia, la serie —el serial— fue emitido en sindicación durante años por el canal SciFi —ahora SyFy— del 92 al 03. Empezando, siempre, por el capítulo 210, el que culmina con la mano de Barnabas agarrando al pobre Loomis.

Pero a nosotros nos interesa Barnabas como arquetipo del que surgirá el Paranormal romance —o, al menos, culpable de popularizarlo— porque, claro, según se despertó se dio de bruces con una muchacha, Maggie Evans, que era la viva imagen de su difunto amor eterno. Pero no se parará ahí, tendrá sus más con la teórica protagonista, Victoria Winters, haciendo de tercero en el triángulo central de la serie. Dejará con las ganas, aunque convertida en su mejor aliada, a la Doctora Julia Hoffman; se encontrará con antiguos amores y coqueteará con las nueva generaciones de los Collins. Un caso este Barbanbas.

Lamentándose de cuando en cuando por su condición pero capaz de matar a sangre fría, de rechazar sin planteárselo y siendo desvelado en los viajes temporales que antes de su transformación no era mucho más humano.

A partir de ahí tendríamos un arquetipo montado que pasaba Drácula por el filtro de los culebrones. El vampiro que lleva años aislado del mundo exterior y que a su vuelta se redime por el amor de una mujer ?o de varias- y que, por pura lógica publicitaria, no es tanto el malo como una víctima de su maldición. Posición que tradicionalmente ocupaba el Hombre Lobo pero que frente a su animalidad resultaba menos glamourosa. Barnabas, eso sí, estaba lejos de ser uno de esos pochos personajes de la Rice, su huella está más clara en dos de los más importantes personajes masculinos de Buffy; notablemente en Angel pero más cercano aún en la transformación de Spike, ambos presentados como ambiguos seres del mal que se van dulcificando sin perder la ferocidad que permite a nuestro Barnabás a asesinar a sangre fría cuando considera que es lo más adecuado para sus intereses. Pese a lo cual en la peli que parece que se prepara el elegido ha sido otro blandito, Johnny Depp.

De momento tenemos el punto de partida de los vampiros superestrella televisivos, ya iremos viendo qué es lo que salieron de estas cenizas. Drácula Yeyé no incluido.


Hallowilkommen

Era la semana antes de Halloween y algo había que hacer. Una vez compradas las velas para las calabazas y vaciados los cuerpos quedaba por echarle un vistazo a la tele. Y, admitámoslo, las series y especiales no le llegan a los talones a la telerealidad. Pero como mencionar a Belén Esteban en una columna del tema me parece tan cliché mejor vamos a ver qué hay en la caja de los Trucos y Tratos para nosotros.

Justifiquemos la presencia de un post así esta semana comentando uno de los estrenos de la temporada: Vampire Diaries. Historia de vampiros que no hacen el vampiro, amantes que no follan y pésimos actores actuando con desgana. No es de extrañar que la acusen de plagiar Crepujculo. Lamentablemente —porque esto es lamentable por fuerza— la fuente de inspiración, los libros, son anteriores a los de la Meyers así que estamos ante una extraña recurrencia exploit. Algo así como poner al Roberto Patiño a interp? a salir en una adaptación de Anne Rice.

En VD tenemos a uno adolescentes especialmente molestos escribiendo con total teen angst sus reflexiones profusas. En serio, que los libros sean de principios de los ?90 no significa que sigas teniendo que hacerlo igual; ponles blog, por ROB!. VampiresBlog suena mucho mejor y te acerca aún más a Gossip Girl. Quizá un Vampire Facebook o Vampire Twitter fuera excesivo pero, ¿quién sigue escribiendo a día de hoy un Querido Diario? Pues los ñoños de esta serie que no tienen más cosas que hacer que aburrirse y dar vueltas por el pueblo. No digo que se les quitaría la tontería follando porque ahí está Tetas y Vampiros, perdón, True Blood, para quitarme la razón.

Dejemos a los vampiros televisivos para otro momento más calmado y echemos un vistazo al resto de la oferta paranormal televisiva. No, no hablo de Friker, no para anormal, sino todo junto: paranormal, como Supernatural.Bueno, en España es Sobrenatural porque Supernatural sólo puede serlo Marta Sánchez. Así que ahí tenemos a los Hermanos Winchester, ejerciendo desde una de las series más interesantes de la actualidad que logra mantenerse pese a la sensación de molar por los motivos erróneos que empapa a la serie. De una primera temporada centrada en las leyendas urbanas y en la búsqueda del padre hemos pasado al Apocalipsis. No al famoso apocalipsis que Buffy ?otro clásico de los Halloween- evitaba un par de veces por temporada, al Apocalipsis bíblico que tiene enmerdados a nuestros protagonistas, aunque no en exclusiva. Como una de las series más recreativas de la tele actual se permiten continuas digresiones, cambios de tema y de sujeto y bastante humor. Sin llegar ?de momento- a los niveles de la cuarta, la capacidad para reinventarse a cada momento, renovar a la vez que se reintegra a los antiguos personajes una y otra vez, distanciarse irónicamente de la propia serie lanzando un gancho de compadreo a los fans que les ha permitido llamar pervertidos a los que escriben fanfics slash sobre los hermanos a la vez que les integran en la trama. El mejor caos controlado de la televisión actual.

Lo que nos lleva a las matronas. Medium y Entre Berzas, las dos presentas mujeres con poderes cognitivos, precognitivos y un algo cognazos. Medium es un drama social que se disfraza de serie policiaca de asesoramiento policial, esa cuyo más visto —que no más representativo y, desde luego, no mejor— exponente es El Mentalista y que parece haber desatado una fiebre por los ?istas que convertiría esta serie en La Mediumista. O La Fantasmista. Casi mejor este último.

Por el contrario Entre Berzas, perdón, Entre Fantasmas, es la Barbie Pepona de las investigadoras de lo paranormal, una Mary Sue que entendería el gótico como una excusa para usar canesú. No es lo más recomendable para Halloween salvo para alguien decida centrar la fiesta en? Pero volvamos al tema.

Dos de los clásicos de la televisión son, en primer lugar las series antológicas temáticas, aquellos Dimensión Desconocida o Galería Nocturna que tanto hacen disfrutar siempre. Aún hoy continúa la tradición, aunque en estos momentos no haya ninguno en activo, pero ahí estuvieron hace poco los Masters of the Horror, o la bastante mediocre Fear Itself que emitió el año pasado la NBC. La verdad es que esta columna parece ir más sobre ideas para otras ?vampirismo, Supernatural, los ?istas, marysues, antologías, explicar los Nombres Familiares? – que sobre Halloween. Así que quizá tendría que haber empezado por el segundo clásico, los Especiales.

De Blossom a Yo y el Mundo, de ER a Castle y, por supuesto, Buffy. ?-Pensabais que diría Los Simpsons, eh— Muchas son las series con capítulos especiales . Tantas que creo que yo creo que mejor lo dejo como tema para el año próximo. Id preparando vuestra lista, yo preparo la mía.

Y no olvidéis lo que siempre decía Michael Myers: Yo por Halloween mato? ¡¡¡MA-TO!!!


Recanto

Así que ahí teníamos toda esa música. Habíamos visto como en décadas anteriores funcionaba la mezcla de grupos con series a su alrededor —antecedente, por cierto, de lo que hoy llamaríamos Reality salvo porque siendo igual de falso y guionizado no se molestaban en darle ese aire de biomockumental que se busca ahora, claro— y cómo en los noventa los intentos estadounidenses por lograr una variación en la fórmula acercándose más al modelo clásico de musical, acabaron en todo tipo de desastres. Sólo las extravagancias británicas de Dennis Potter tuvieron suerte —si bien más con la crítica que con el público— facilitando que las televisiones inglesas apostaran por la idea de nuevo.

Hemos llegado por fin a Blackpool. Si el éxito —por lo menos entre un tipo de público— de On Connaît la Chanson había hecho replantearse las posibilidades del musical allá por 1997 a la que vez que creaba una notable innovación para el uso de lo que los americanos llaman Lip Sync y cuya palabra definitoria española desconozco. ¿Labiear? Para los que no conozcan la película, mientras esperan a verla on line o a que se termine de descargar, les cuento un poco no el de qué va que viene poco al caso sino el oye cómo va que es lo revolucionario. En cualquier momento de la trama y con pasmosa naturalidad se insertan canciones en la banda sonora para demostrar, reforzar o explicar sentimientos y acciones de personajes. Hasta ahí, lo de siempre. Pero resulta que los actores las cantan. Mejor dicho, las interpretan, fingen cantarlas moviendo los labios aunque se la canción original —independientemente de si hay concordancia en el género entre cantante y actor— la que suena en ese momento. Digamos que es una especie de Millie Vanillie, la Película.

Esta fórmula fue la elegida para dar la nota diferenciadora en Blackpool. Imaginad la sorpresa que causaba dentro de una serie que tenía como trama principal la resolución de un asesinato en un pueblo lleno —como siempre— de secretos. La historia se centraba en la familia Holden, orgullosos propietarios de un casino a punto de abrir al público en la localidad que daba nombre a la serie. EL día de la inauguración, entre una fuerte presión popular negativa, aparece un cadáver causando la llegada de un policía que parece tan decidido a desentrañar el embrollo como a convertirse en la némesis del dueño. La serie, de seis episodios, protagonizada por David Morrissey como Ripley Holden y David Tennant como el Detective Carlisle [pareja que, por cierto, volvería a verse las caras en la televisión en un capítulo especial de navidad de Doctor Who en el que el aún Doctor Tennant se encontraba con el presunto Doctor Morrissey] y que se convirtió en otra serie de culto por su extraña capacidad para ponerse a cantar éxitos pop en los puntos álgidos del capítulo. Inenarrable es poco:

Así que los americanos decidieron copiarlo, claro. Entre el estreno inglés de *Blackpool* en 2004 y el de su versión americana habían sucedido algunas cosas. La principal era, por supuesto, el estreno en 2006 de *High School Musical*. No era ?-ni de lejos— la primera ocasión en que desde Disney se unía música y actuación pero sí fue la más exitosa. Es difícil entender qué convirtió *HSM* en un éxito tal que su tercera pare fue estrenada en cine ?-con excelentes recaudaciones— teniendo en cuenta que ni los actores ni la dirección ni la música eran gran cosa. El punto de partida era bueno, convertir una película tinajera en un musical. No muy original, claro, porque en 2006 hacía ya 16 años de la cancelación de *Hull High*, pero sí lo suficientemente bueno como para darle una segunda oportunidad. Así que, tuvimos HSM y para el año siguiente ya estaba preparada su segunda parte y, además, la adaptación de esta serie inglesa de la que hacía tres años. La serie duró un capítulo y a mitad del siguiente ya se sabía que estaba condenada a convertirse en el primer fracaso de esa temporada. Antes de eso habían cambiado a *Viva Laughlin* el nombre. Con la huelga de guionistas en el horizonte y todo decidieron librarse de ella. Sorprendente fracaso teniendo a Hugh Jackman de recurrente y a Melaie Griffith en nómina. O quizá no tanto.

A partir de ahí lo único que tendríamos sería Eli Stone, serie que empezó en 2008, y que podría definirse como un Ally McBeal que cambia la rareza de los protagonistas por canciones. Una tierra de nadie que nos fue acercando a Glee, la serie tinajeromusical que va ganando entidad poco a poco y que, espero, sirva esta vez para permitir que la mezcla Musical + X funcione. O quizá es que las series tinajeras son la cepa más resistente de la televisión. Pero ya iremos hablando de todo eso.


Despilotes

Tres episodios. El tiempo suficiente para tener ya una idea de cómo y por dónde se moverán las series. Si tener un buen piloto es importante no es, sin embargo, fundamental. Desde un buen piloto se puede echar a perder todo el planteamiento tirando por caminos trillados o ir creciendo; desde un mal piloto se pueden ir cambiando cosas y mejorando la definición de personajes.

Ejemplos de todo esto serían los cambios en Joey desde el piloto de Friends, el magnífico preludio que fue el primer capítulo de Verónica Mars que necesitaba de una segunda revisión para entender cómo todo encajaba y servía para anunciar lo que se nos venía encima durante la temporada o el casi sobrenatural hecho de que Sheldon fuera a donar semen.

¿Qué es lo que he sacado en claro? Estoy intentando no decir El declive de la civilización americana pero me lo están poniendo difícil, no ya porque Till Death acabe de inaugurar su cuarta temporada —motivo más que sobrado para perder la fé— sino porque los pilotos rechazados —El de Perry, por poner sólo un— me suenan más interesante que lo que estoy viendo, y porque la mayor parte de series de las que esperaba algo están resultando ser un tremendo despropósito.

O quizá sólo sobre reacciono porque la serie a la que tenía más ganas no me está gustando nada. Bored to Death, historia de un escritor bloqueado ante su segunda novela que decide ofrecerse como detective para casos amateurs y cuenta con el apoyo de un más mejor amigo dibujante de cómics y un jefe igual de aburrido. Como punto de partida no es malo. Saber que entre sus actores se encuentra gente tan talentosa como Zach Galifianakis, Ted Danson o, incluso, su protagonista, Jason Schwartzman, hacía albergar grandes esperanzas. Y luego uno se pone a ver la serie.

Aburrido es poco. El personaje central no es que sufra del síndrome de Ted Mosby, es que podría competir tranquilamente con él y vencerle en su falta de interés, por no hablar del extremo punto de egocentrismo. Si, además, sabemos que el nombre del personaje es el del creador de la serie —también escritor— nos encontramos con una nueva marca. Y eso no es nada comparado con lo que le hacen a Galifianakis. Un gran cómico como él en la escuela de Belushi se encuentra con un papel de lo más contenido. ¿Os imagináis que a Belushi le tocará hacer de Wilson en House? Pues ese ha sido el papel que le han cortado a medida. Sólo Danson logra destacar en su papel que, básicamente, es una versión crepuscular de Sam Malone. El resumen sería que lo que podría haber sido una versión refinada e irónica de Psych acaba siendo? Paul Auster?s Murder, He Wrote.

Pero hay más series que me han decepcionado. Esperar algo diferente, o novedoso, de Eastwick era una locura. Pero aún me quedaba una esperanza. Tienes el pueblo, las brujas, el demonio? Hay tantas posibilidades para apartarse de la película sin echarla a perder. ¿Y qué es lo que tenemos? Pues más de lo mismo. Con éxitos de siempre. Es decir, reconstruyen la película rellenando los huecos con? ¿Alguien lo dudaba? Embrujadas. Sí, eso es. Y cuando necesitan material de relleno tiran de Mujeres Desesperadas. Supongo que en este mundo nuestro es lo lógico, lo sensato y lo esperable. Pero eso sólo me lleva a preguntarme —como casi siempre en la misma situación— ¿qué necesidad había de traer de nuevo la vieja cabecera? ¿Para qué remover el pasado?

La menos decepcionante de mis decepciones ha sido Cougar Town, uno de los elementos presentes en gran cantidad de series actuales. Parece que las mujeres que salen con jovencitos serán tan importantes esta temporada que hasta Anita Obregón volverá a la tele. La parte buena es que es el creador de Scrubs y eso significa suficiente experiencia acumulada como para tener un par de buenos trucos cada vez. Más aún, tiene a alguien como Courtney Cox (Arquette) de centro neurálgico, ¿cómo podría no funcionar haciendo comedia una de las estrellas de Friends? Pues porque, una vez más, hubo un misscasting. De La Cox podemos creernos muchas cosas pero que sea una mujer fuera del mercado a la que ningún hombre encuentra atractiva y se siente vieja compitiendo contra las bimbos? Ahm? Quizá Matthew Perry, pero no ella. Así que? ¿no han aprendido nada en la tele de Charlize Theron? Si quieres que tu personaje sea juzgado por su apariencia? ¡cámbiasela! Con Barbra Streisand o con ‘Seabiscuit’ Jessica Parker*? No problemo. Pero? ¿*La Cox? ¡Anda ya! Menos mal que está Lawrence a los mandos para distraernos con sus largamente probados trucos. Por cierto, necesitamos a un personaje malvado y amoral o nos comerá el buenismo, ¿no habrán pensado en traer a algún antiguo director de hospital adicto a los muffin al barrio?

Por suerte también me ha gustado alguna de las nuevas propuestas, pero de eso y de algún otro piloto, ya hablaremos más adelante.


Desencanteos

¿Hasta qué punto podemos culpar a Dennis Potter? El nunca suficientemente reverenciado creador de Karaoke y Cold Lazarus —por elegir algún trabajo suyo— no sólo es el responsable del musical Pennies from Heaven, también lo es de la serie original de 1986 Singing Detective: Un escritor con un grave problema médico vive sumido en la confusión mezclando el mundo real con los recuerdos de su niñez y, lo más importante para nosotros, un mundo ficticio que recrea y mezcla el hardboiled americano con el musical. Como casi siempre con Potter no fue un éxito de público pero sí de crítica convirtiéndose rápidamente en una serie de culto. Algo parecido a lo que sucedió con la serie original de Pennies from Heaven y, de nuevo, adaptada a película con el paso del tiempo.

En cualquier caso la mezcla de policiaco y musical, aún con la excusa de la locura del personaje, empezó a dar ideas. Steven Boschco, reputado especialista en series policiales, decidió dar un giro a una de ellas siguiendo las ideas de Potter y así creó en 1990 *Cop Rock*. Decir que es uno de los grandes desastres de la historia de televisión es reducir lo mítico de la hostia que se dieron. La emisión de 11 episodios es una victoria parcial —pírrica, si se quiere— ante el rechazo frontal por parte de la audiencia y de la crítica, ninguno de los cuales supo entender la propuesta de Boschco. Aunque difícilmente se les puede culpar por ello, las canciones eran creadas ad hoc para la serie y mostraban una desigual calidad mientras que la inclusión de personajes de otras series del Boschcoverso confundía más que explicaba las canciones y coreografías. Con todo, no fue la única serie Musical no ya de los años ?90 sino, de hecho, de 1990.

Ese mismo año se filmó un pilotollamado Shangri- La Plaza que ponía a cantar y bailar a los trabajadores y familiares de un pequeño centro comercial en California. Creado por Nick Castle; que era conocido por ser el director de Starfighter —y cuya ocupación actual es preparara el remake—, haber trabajado como guionista en Hook o, como dato curioso, ser el actor que interpretó a Michael Myers en el primer Halloween; y siendo el otro responsable Mark Mueller. Compositor, creador de canciones —la más conocida Crush de Jennifer Paige— y muleta de grupos musicales. Vamos, que algo de idea tenían. En cuanto al cast, tenían a gente de Broadway (Terrence Mann), de Hollywood (el nunca suficientemente reivindicado Cris Sarandon) y hasta alguna estrella en ciernes como el bailarín Savion Glover. Independientemente de la mala audiencia que tuvo el capítulo piloto cuando se emitió a modo de prueba, la crítica recibió con alborozo la propuesta: por fin una serie de la que poder reírse abiertamente y sobre la que descargar crueles comentarios sin que a nadie fuera a importarle. No hay más que señalar que el Daily Sun californiano recomendaba verla para descubrir hasta qué punto era mala mientras otros compañeros de la prensa abrían sus críticas asegurando que no era ningún tipo de broma. El resultado, obvio, fue no intentar siquiera producir una primera temporada.

Quizá os estéis preguntando ¿cómo pudo fracasar? ¿Tan exigente es el público? Bien? No soy muy partidario pero dado que el piloto que emitieron está encontrable por YouTube? quizá queráis echarle un vistazo:

La otra idea de 1990 fue? nunca lo creeréis? ¡¡¡Un musical ambientado en un instituto!!! Sí, en serio. Se trata de Hulk High. Perdón, Hull High, cuyo nombre original era Hull Street High. Parecía dificil que probaran una tercera serie musical el mismo año tras el éxito que habían cosechado las anteriores. Y ese fue uno de los problemas. Estrenaron el piloto para medir la aceptación en agosto, decidieron dar luz verde y emitieron los tres episodios siguientes entre la última semana de septiembre y las primeras de octubre pero como no arrancaba cambiaron día, hora, y lo emitieron dos semanas seguidas en diciembre tras lo que decidieron cerrar las series sin emitir dos episodios ya rodados. En realidad la alocada serie no estaba tan mal —más aún, estando las cosas como están sería un éxito de ventas el dvd recopilatorio— pero estaba claro que no era lo que tocaba, no ya por la mezcla de canciones populares con canciones creadas para el show o la preminencia del ¿podríamos llamarlo Rap? ¿Hip hop? sino por ser una serie diferente. Al fin y al cabo, incluir como recurso un coro griego cantante se aparta algo de lo habitual. Para que os hagáis a la idea os dejo con su versión de Rescue Me y prometo dejar tranquilo el tema un par de semanas, la semana que viene: Pilotos.


Menudillos

Muy alegres me las prometía yo esta semana, hablando del Blackpool de Tennant y otras excentricidades musicales. Pero como resulta que soy un gran modelo de un bloguero avisado y algo tenía que decir sobre los Emmys de la semana pasada, y sobre algunas notables novedades.

Allá vamos: ¿Qué es lo más notable de la gala de los Emmys? Un Neil Patrick Harris en estado de gracia que podría presentar los Goya y lograr que no nos durmiéramos, claro. ¿Los premios? Pues más o menos lo del año pasado. Mucho Mad Men por un lado, mucho 30 Rock por el otro. Comprendo lo segundo y para lo primero tendré que hacer estudios. Quitando eso, sólo un par de apuntes. Tina Fey —reverencia, reverencia— no ganó un Emmy porque tenía delante a Toni Collette y si bien la Liz Lemon de Fey es un clásico el recital de Collette impresiona tanto como apabulla, llevando ella solita la responsabilidad de que una serie tan buenrollista y mierdipaviblanda como United States of Tara salga adelante. Si a estas alturas no has visto cómo pasa de una a otra de su personalidades desesperadas deja de leer y busca documentación, con apenas unos cambios de postura y pronunciación logra que la vandekampesca Alice pase a ser el macarra Buck, impagable. Además, la Fey se llevó un Emmy como “invitada” por interpretar a Sarah Palin. ¿Se lo merecía? You betcha!

Seguimos con mujeres porque la Chenoweth se lo venía mereciendo por su magnífico papel en Pushing Daisies. Quizá incluso hubiera durado más la serie o hubiera salido adelante su siguiente proyecto, una de las bajas de esa extraña guerra de pilotos que tuvimos este primer tercio de año donde series prometedoras fueron barridas por el fuego amigo. Pero dejo de divagar y regreso a Kristin Chenoweth, la enorme actriz y cantante que aprovechó el premio para pedir trabajo. Y eso que tiene firmadas ya unas cuantas apariciones en Glee! —al final todo está siempre conectado, claro— pero no seré yo el que se queje si le dan el protagonista en su propio proyecto.

Si alguien es capaz de explicar como Duckie, perdón, John Cryer, pudo vencer al legendario NPH por su Barney de HIMYM, a los extremadamente brillantes Tracy Morgan y Jack McBrayer de 30 Rock o al impecable Rainn “Dwight” Wilson de The Office; partiendo de un personaje tan? tan? tan? limitado como el que interpreta en la espantosa Dos Hombres y Medio ? años atrás cuando el actor y termómetro humano Jeremy Piven se llevaba el premio como el Juggernaut de la categoría nadie podía poner reparo. ¡Era Piven! ¡Sus competidores no sólo le felicitaban, estoy seguro de que le ofrecían a sus hijas! En fin, tendré que apuntar a los señores votantes de los Emmy en el grupo “no entienden la comedia” junto a los guionistas de Smallville.

Por el contrario el premio merecidísimo fue el Emmy a “invitado cómico” para Justin Timberlake que últimamente pasa tanto por el SNL que parece uno más de los Not Ready From The Prime Time Players. Y de los mejores. No ya por las piezas digitales con Andy Samberg, ni por el magnífico gag del vídeo Single Ladies en la propia cara de Beyonce, se trata de que su payasez incluso en los momentos más comedidos tira del sketch y del resto de sus compañeros. Una lástima que sus intentos actorales vayan ahora para el drama.

Conmovedor darle al último episodio de Urgencias un Emmy. Una auténtica lástima que las series médicas que han venido después prefieran tirar por caminos que de tan transitados parecen puro cliché: Hawthorne, Mercy, Trauma?

Hablando de lo cuál, repaso muy breve de las novedades. Huid de Forgotten, apartaos de Vampire Diaries, sabed que Bored to Death es todo lo que su título promete, de Beautiful Life ni me molesto en hablar que a estas alturas ya estará cancelada, Eastwick es Embrujadas Desesperadas, y, por el amor de ROB!, poneos YA a visionar Community. El resto, otro día.