Mimito intempomortal

Ha muerto Peter Falk, pero eso ya lo sabías. Quizá le recuerdas como el abuelo que contaba la historia en La princesa prometida, como el Sam Diamond de Un cadáver a los postres, siendo él mismo en El cielo sobre Berlín o ejerciendo de muso regular de John Cassavettes, también como el desastrosos ayudante del pérfido Dr. Fate que el gran Jack Lemmon componía en La carrera del siglo, logrando una candidatura al Oscar en El sindicato del crimen y, por supuesto, dando vueltas entre Glenn Ford y Bette Davies en Un gangster para un milagro consiguiendo así su segunda candidatura.

Pero resulta que no. Que de entre las 100 interpretaciones de su carrera todo el mundo destaca un imagen, un personaje, un momento: El Teniente Colombo.

Mucho se podría contar, y se contará, pero será cuando le toque el turno en nuestra ronda de creadores a William Link y Richard Levinson, quedémonos con lo principal: Creada como un personaje para una serie antológica de misterio en 1960, la fuerza del personaje hizo que acabarán recuperándolo hasta encajarlo en 1971 el NBC Mystery Movie, una iniciativa rotatoria que iba emitiendo una vez al mes un capítulo de cada uno de cuatro distintos detectives. El éxito fue inmediato y ese mismo año Peter Falk ganaba el Emmy como Mejor Actor que se unía al que ya había ganado como Actor Invitado en El Show de Dick Powell. La serie duraría hasta 1976, ese año se emitirían sólo 3 episodios, el resto —que conformarían la 7ª temporada— se emitieron al año siguiente. Pero el personaje volvería aún en varias ocasiones, bien en cortas temporadas o en telefilmes especiales. Habiéndole proporcionado 10 candidaturas como Mejor Actor Principal en los Emmy s de los que ganaría 4 y otras 10 a los Globos de Oro de los que sólo lograría 1 —a sumar al de Actor Revelación que ganó en 1961— lo que explica que, aun no siendo el primer actor en interpretar al personaje lograra la identificación de la audiencia.

Vosotros no lo sabíais pero estábamos dirigiéndonos aquí. ¿Por qué es un mito?

Sí, lo sé. Podríamos pasarnos las siguientes horas discutiendo cuando algo es un Mito, cuando un Icono y cuando se es Leyenda. Titánica o no. Pero, sinceramente, hace mucho calor para calzarse un Levi-Strauss y no tengo muy claro los Derechos de Autor del Diccionario de la Real Academia como para ponerme a copiarla alegremente.

Sobre todo porque la referencia de uso común no tiene mucho que ver con las definiciones académicas —sí, comparto vuestra sorpresa— y establecer una discusión sobre qué queremos decir cuando decimos mito es…

No sé si más necesario que imprescindible.

El otro día en Twiiter —como dirían los periodistas serios— el hashtag #seriesmiticasdelatele llegó tras la muerte de Falk y lo que vino a continuación… No fue bonito. No porque lo que se saltaran sino porque, prácticamente, fue como escribir el teleprograma. No os riáis, que incluían Médico de Familia, Los Fruittis o ¡ Dos hombres y medio !.

No sé me ocurre ninguna serie, por sórdida que pudiera llegar a ser, que no fuera nombrada en el hashtag. Fue una continua cascada ment de series que tenían como punto en común… haberse emitido por televisión.

¿Existe un modo de encontrar una definición de Mítico que permita encajar dentro El halcón callejero? ¿Sin violencia física?

Volvamos a 1950. Recordemos lo que dije en su momento. Dejando de lado a Lucy la serie más vista era Make room from daddy, la más premiada Sargent Bilko, pero la que acabó siendo la más imitada y recordada era… Leave it to Beaver, una comedieta familiar de medio pelo que marcó la idea de lo que eran los ’50 en toda una serie de espectadores de esa generación entre los que estaban —_glups_— creadores como George Lucas que nos han transmitido ese ideal al reconstruir esa década de modo que obras posteriores propias como American Graffiti y extrañas como Happy Days evolucionarían desde esa idea.

No es un ejemplo aislado, una serie de poca influencia teórica como Corrupción en Miami, que se movía sobre las zona de los veinte en la tabla de los más vistos, tenía un estilo, una clase propia tan distinta y capaz de influir en la imagen de esa época concreta.

Del mismo modo que otras series como Se ha escrito un crimen podían crear un arquetipo determinado dentro de su género (De ahí que la suma de dos arquetipos como Jessica Fletcher y Colombo permitiera alumbrar Los misterios de Laura) o redefinir un tipo de serie, el éxito de House está en mezclar el arquetipo Holmes con un cabrón sarcástico, algo que ya habíamos visto en médicos televisivos como el Dr. Romano o el Dr. Cox*. El cambio en el estilo de hacer una serie, el impacto en un género, justificaría también ese uso de Mítico.

Y, desde luego, la creación de un personaje que sirviera como representante, que fuera comúnmente reconocible, universalmente incluso, y que tuviera una o más características del mito… Sí, eso sería un Icono.

Pero aquellas series que sólo estaban allí y tiene a su favor un extraño factor nostalgia, que no impactaron más que en jóvenes e influenciables. No sé, ¿cómo podemos estar seguros de que tendrán impacto en nuestro futuro? ¿Estará alguna causando cambios irreparables? ¿Dentro de veinte años habrá un —cielos— nuevo George Lucas que decidirá que hay que interpretar la pasada década desde The OC?

Porque si aceptáramos no una definición de Mítico desde criterios objetivos, discutibles y mensurables sino desde el impacto psicológico comprobable dentro de un par de décadas, entonces, quizá sea cierto que todo lo que sale en la tele es Mítico. No por sus propios valores sino porque, en fin, sale en la tele. Y ya se sabe que las ondas corrompen las mentes.

Ah, sí, casi lo olvidaba… Sólo una cosa más… Gracias por todo, Peter Falk. Te recordaremos.


Animando Albión

En realidad todos conocéis a Brian Cosgrove y Mark Hall. Lo que pasa es que no os habéis parado a pensarlo. Sólo tenéis que situaros correctamente: Imaginad, Reino Unido, años setenta…

Un par de creadores de stop motion se reúnen con intención de fundar su propia compañía. Han estado trabajando en otros sitios, especialmente en Stop Frame Animation, pero ellos tienen ideas propias. del experimento sale una serie en stop motion llamada Chorlton and the Wheelies sobre un dragón en un mundo mágico. Fue encargado por la ITV y estuvo en antena de 1976 hasta el 79, logrando un pequeño éxito para la compañía.

El siguiente paso fue acercarse a la animación convencional, de ahí sale Jamie and the magic torch, un niño y su linterna con poderes que le permite acceder a, en fin, un mundo de fantasía. Aunque la animación era, en el mejor de los casos, rústica, les da tablas, permitiendoles que comience a sonar el nombre de su compañía.

Una serie más, sobre un explorador del espacio, para un público algo más adulto — es decir, más cerca de los 12 que de los 6 — llamado Captain Kremmer que tomaba un surtido de recursos de animación para presentar unas aventuras a ratos paródicas, a ratos futuristas, y con una mala baba soterrada muy de la época pero poco del destinatario.

En cualquier caso, lograron soltarse del todo gracias a la adaptación animada para televisión que la ITVThames mediante— les puso a hacer del clásico juvenil de Gerald Durrell El paquete parlante

Con unos conocimientos sólidos y habiendo fijado ya en el imaginario el nombre de su compañía, creado, claro, de sus propios apellidos: Cosgrove-Hall , sólo necesitaban un megabombazo para ser conocidos mundialmente.

Y entonces llegó él.

El parche más famoso de la televisión entre Falconetti y hasta la llegada de Intereconomía — siempre con el permiso de Tigh— protagonizó una de las series animadas más extensas de la historia británica con 10 temporadas entre 1981 y 1992. Fue, además, la primera serie animada UK en emitirse en USA, consiguiendo la esperable legión de fans, y vendiéndose por todo el mundo con pasmosa facilidad.

La estética británica de superespías desquiciados y misiones autocompletables, el sentido del humor o los villanos con estrambóticos planes, todos ellos se han incorporado a la memoria televisiva y son responsables en buena parte de la herencia que se deja ver en, por ejemplo, las partes de Perry en Phineas y Ferb.

Más aún, en un inesperado giro de acontecimientos la serie acabaría dando lugar a un segundo villano recurrente que iría más allá. Frente al Barón Silas Greenback, esa versión saposa del gran Ernst Stavro Blofeld, que contaba con su cuervo/pistolero Stiletto Mafiosa y con una pequeña… ahm.. ¿oruga? llamada Nero que acariciar como si fuera un gato blanco, constituyendo el epítome de los malvados de películas de espías, existió un segundo villano recurrente.

Cierto es que existió alguno más, pero casi todos eran de una sola aparición cuando no estaban directamente aliados con el Baron Greenback, excepto, por supuesto: Él.

Danger Mouse: Seaons 1 & 2 – Count Duckula!!
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Efectivamente, el Conde Duckula, patoso villano con un ilimitado amor por el showbusiness se convirtió en el segundo enemigo por excelencia de Danger Mouse. Con sus intentos insensatos de lograr una serie propia, su propio programa, el amor a la televisión y el convencimiento de que podía ser el centro de atención caracterizaban a un personaje que fue logrando el favor de los fans hasta que la broma se hizo realidad. De tanto aparecer para reclamar su propio programa poniendo al mundo en peligro las veces que fuera necesario por fin en 1988 decidieron que había llegado el momento. Le iban a matar.

Su primera aparición había sido en un episodio en el que Danger Mouse tenía que conseguir recuerdos de grandes monstruos, la segunda vez tuco capítulo propio y para la tercera, con Frankentoad ya estaba todo en preparación, acabaría convertido en cenizas. Y de esas cenizas surgiría su propia serie con su propio nombre:

Ahí están explicados todos los cambios. Sigue el amor por el espectáculo del Conde pero ahora sus dos secundarios, Igor y Nanny habrían resucitado las cenizas con un pequeño defecto de forma que le llevaría a ser vegetariano.

Además, servía para darle serie nueva a David Jason, el genial actor que había dado vida a Danger Mouse y multitud de secundarios — incluyendo el propio Duckula— e incluso al Toad de El viento en los sauces, un excelente cómico y actor que merece ser tratado más extensamente en otra columna.

Capítulos llenos de referencias al horror pero tomadas como referencias a casi cualquier otra cosa, y una actitud abiertamente mas cómica y determinada. Este nuevo Conde Duckula seguía además la estela de otras series de animación vampirocéntrica de los ochenta — pero seguro que lo recordáis — y supuso el último gran éxito de la productora.

En 1993 llegaría el final tanto de Danger Mouse como de Count Duckula, daba igual que se realizara un spin-off de esta última serie (Victor y Hugo) y se debió, sobre todo, a maniobras internas. Los problemas de la distribuidora Thames con la ITV y las diferentes subcontratas que supusieron la desaparición como tal de Thames y enviaron a sus empresas relacionadas a una dimensión paralela bastante oscura.

Antes de llegar ahí, a Cosgrove-Hall le había tiempo de hacerse con un buen fondo. Especialmente reseñable fue su adaptación a película para televisión del clásico de Kenneth Grahame El viento en los sauces que ganó un Bafta, un Emmy y consiguió que decidieran adaptarlo a serie.

El éxito de esta adaptación en stop motion fue lo suficiente para popularizar la obra, difundir el aspecto a la Brideshead que le dio Hall y llevar a la productora Rankin / Bass a hacer su propia versión en animación clásica.

Junto a estos encargos harían animaciones en series cortas o especiales televisivos —habitualmente como películas o mediometrajes— dedicados a personajes para los más pequeños, como el mítico programa inglés Rainbow —víctima también de la caída de Thames—, el Noddy de Enid Blyton o Alias, the Jester, a quien os voy a poner aquí por si os suena el diseño.

Entre las películas estaría la adaptación de El gran gigante bonachón de Wilde y, sobre todo, su puesta en contacto con Sir Terry Pratchett.

Camioneros, primera parte de la trilogía de los Gnomos de Pratchett, fue adaptada a una serie de stop motion con vistas a completar la trilogía en ese formato. Lamentablemente los reveses de Thames hundieron esa posibilidad pero, por lo menos, abrieron una vía de colaboración con el autor.

De esta manera, durante los años tormentosos de la década de los noventa lograron posicionarse como agentes libres, realizando series de limitado éxito como Fantomcat, una historia que mezclaba la idea de un personaje clásico con una ambientación pseudo-futurista, que tenía como detalle curioso el estar animada por un equipo español al que ya se habían encargado algunos trabajos para Count Duckula: Alfonso Productions.

La serie en sí no era gran cosa, pero a la ITV le sirvió lo suficiente como para encargar otra serie que mezclaba la idiosincrasia de la productora con éxitos como Las Tortugas Ninja y la paralela Motorratones de Marte, con la que compartía algún punto de partida, haciendo más notables las diferencias de Cosgrove-Hall con las empresas americanas.

A la vez, colaboraron con la BBC en la serie de stop motion infantil Oakie Doke de corta vida y los especiales adaptando los libros infantiles de Brambly Hedge —una comunidad de ratones autosuficientes en el campo inglés, ese tipo de cosa— y con Channel 4 retomando el contacto con Pratchett si bien no continuando la trilogía de los gnomos sino adaptando como serie a animación tradicional otras historias del Hombre del Sombrero.

Concretamente, Soul Music

Y Wyrd Systers

Con el consiguiente éxito entre los, digamos, circuitos de entusiastas, pero no el suficiente para que se encargaran más. (De hecho, las siguientes adaptaciones serían en Sky One con actores reales, pero eso… es otra historia)

El problema estaba en que para finales de los noventa las creaciones de Cosgrove-Hall cada vez tenían menos éxito y repercusión; sus últimas series: Lavender Castle —que unía CGI con stop motion—, Fox Busters, Bill and Ben o Andy Pandy así como los especiales del estilo de Little grey rabbit o el especial navideño de Postman Pat no lograban reproducir el éxito de los años ochenta.

Sus dos últimos intentos fueron directamente al corazón británico. No hace falta decir más que:

Sí, en 2003, dos años antes del relanzamiento, realizaron la serie de animación llamada Scream of the Shalka y presentada dentro del universo del Doctor Who pre-relanzamiento. De hecho, durante esos dos años fue considerada canon. Pero no, la verdad es que no funcionó todo lo bien que era esperable.

Su último gran intento fue hacer una película enteramente en CGI en 2004. El nombre era Theodore, la idea era lanzar una serie para niños de preescolar hecha por ordenador. Una cosa a la vez con mercado y vanguardista. El resultado…

El resultado fue la cancelación del proyecto antes de tener desarrollado por completo un capítulo siquiera y la absorción efectiva por parte de la ITV. Durante los siguientes años la ITV les iría dando encargos, y pese a la buena pinta de proyectos como Shadow of the Elves o a su trabajo en series como Pat, el cartero —sí, de nuevo— o The Likeaballs la gente de la ITV parecía tener claro su destino.

En 2009, de manera tranquila y discreta, cerraban los estudios Cosgrove-Hall.

Quedaban, eso sí, sus memorias. Aún a día de hoy muchas de sus creaciones siguen siendo emitidas por cadenas de todo el mundo, especialmente sus dos éxitos de los ochenta, Danger Mouse y El Conde Duckula, que pueden verse, juntos o por separado, en casi noventa países, por todas las regiones del mundo.

Y, quién sabe, siempre se ha hablado de realizar un film de animación recuperando a Duckula, quizá sea algo que veamos en los próximos años. En cualquier caso, y mientras eso sucede… Buenas noches a todos… ¡ Seáis lo que seáis!


Moribundia Pilotal

Ya ha llegado otra vez ese momento en que no puedo seguir aplazando los asuntos pendientes y tengo que darle un repasito a los pilotos que han ido apareciendo. Pero como están empezando a aparecer los pilotos veraniegos ahora y me parecería muy feo cortarlos vamos a dar el corte en Scott and Bailey que se estrenó el 29 de Mayo. Esa será la serie elegida para marcar el inicio del verano y a ella volveremos en un mes, lo prometo.

Así que veamos qué se estrenó desde el 21 de Febrero hasta el 29 de Mayo. ¡Que comience el escrutinio!

Angry Boys
¿Os suena Chris Lilley? Es un cómico australiano responsable de series como We can be heroes o Summer Heights High series de las conocidas como mockumentaries o falsos documentales que, además, incluye un elemento de comedia por sketchs. El asunto es que este australiano, enormemente famoso en su país, no pasa en esta serie de los —altos— niveles que tenía en las anteriores. Quizá para alguien que no haya visto Summer Heights High suponga un buen momento para conocerle pero si has visto lo anterior que ha hecho resulta un tanto reiterativo.

Becoming Human
¿Recuerdan ustedes Being Human? Un vampiro, un hombre lobo y un fantasma entran en un b… comparten piso. Pues de ahí salió un web-off llamado Becoming human que ha acabado teniendo su propia serie. En ella Un vampiro, un hombre lobo y un fantasmas entran en un b… van juntos a la escuela. Sí, en serio. El caso es que no está mal si la consideramos una serie completamente diferente. Agradable de ver, con alguna vuelta y buenas ideas. Lástima que varios conceptos —como el del fantasma— no parezca que puedan dar mucho de si.

Boody of Proof
Párame cuando te suene: Una forense muy aplicada en su trabajo resuelve crímenes, ella es altiva y desdeñosa porque antes era doctora pero un fallo hizo que perdiera la confianza y la capacidad de operar así que ahora… mucho… blablabla. Dana Delany, mujer, te merecías otra cosa, esto es el equivalente televisivo a una canción pop de radiofórmula. Pero, claro, con el año que llevamos es de lo poco que ha sacado segunda temporada.

The Borgias
Tras el éxito razonable de Los pilares de la tierra y el más notable de Los Tudor los ejecutivos vieron que el dinero ganado era bueno y dijeron, multiplíquese este tipo de series. Así que tuvieron que buscar debajo de los sillones. Por suerte uno de ellos estaba calzado con un libraco de Mario Puzzo y en tan buenas condiciones que pudieron poner cantidades de dinero obscenas (así a ojo, unos 69 ?uros) en manos de distintos actores para cometer, digo, acometer esta empresa. Nuestro es el cesto hecho con estos mimbres.

Breaking In
Tres series en tres años y Christian Slater ha logrado que se carguen todas. Y eso que está de puro pasada de vueltas parecía el tipo de cosas que puede aguantar. Un grupito pensado para demostrar la seguridad de distintas empresas, desde museos a concesionarios, prometiendo así aventura. Un equipo estrafalario que promete humor. Un resultado final que está más cerca de ser The Office protagonizado pro El Equipo A con un duelo de sobreactuaciones (El WMUK Trevor Moore se queda cerca de alcanzar a Slater que está enzarzado a muerte con Alphonso McAuley por el trofeo) con lo que la serie se convierte en… una cosa… estomagante… insoprotable…

Y, sí, ese es Legs.

Breakout Kings
¿Te sabes la del delincuente que ayuda al a poli? Pues esto es DIFERENTE. Aquí son UN PORRÓN de delincuentes. Todos ayudando a la poli a pillar a gente que se escapa porque, claro,a demás de ser delincuentes todos los convictos son expertos en fugas. El resultado es tan más de lo mismo que no sé cómo las cadenas no confunden su programación de una temporada a otra.

Camelot
Seguro que ustedes han visto en algún momento Merlin, pues esto es algo parecido. No llega a los espantosos niveles de neo-Xenismo en Legend of the Seeker ni el pixel-chusquismo de Espartrancas lo que pasa es que, como Merlín, no necesita, busca o intenta lograr un apoyo de la crítica. Esto es una serie medievalista, con su poca de magia y su mucha de cochiquera cortesana, y si no te gusta pues a otra cosa. Y ese es mi caso.

Campus
Elegida en la batería de pilotos de comedia de 2009 de E4, Campus es una sitcom casi improvisada. No es tan malo como suena porque el improv es una actividad cómica muy trabajada —fuera de España— con lo que el producto subsiguiente logra mantener un mínimo de calidad. Quizá con un poco más de trabajo perdería cierta frescura pero el humor (del mismo grupo de Green Wing y, por tanto, similar) se afinaría mucho. Que no todo es soltar burradas y meterse en situaciones surrealistas, hombre.

Chaos
La idea era excelente, un agente de la CIA es obligado pro un superior a infiltrarse en un grupo rebelde de la agencia. La ejecución desmerecía más por lo plano del guión y lo simplón de las interpretaciones que por el presupuesto, que sabía lucir. Ademas, la cadena parecía tenerle manía desde el principio. Así que lo que parecía un Ishtar de la tele ha acabado en una rareza poco interesante. Eso sí, espero que la próxima vez le hagan más caso al punto de partida.

Endgame
Un tipo extraordinario ayuda a — o toma el lugar de— la policía. Lo hemos visto cientos de veces. Hará dos años con El Mentalista como serie revelación esto se llenó de versiones, el ayudante era un matemático, un loco o una anémona, tanto daba. El asunto es que, de cuando en cuando, aparece una serie dentro de las reglas que le da de patadas a todas las demás. Y ese momento llegó, Laus deo, con el estreno de Endgame. Serie canadiense en la que un Gran Maestro Ruso de ajedrez permanece retenido en un hotel por esas circunstancias especiales que sirven para armar durante una temporada una trama general. Pero los distintos —y diferentes— secundarios, los modos de filmar y la forma de filmar la imaginación del protagonista además de la originalidad de los temas, de la forma de armar las tramas… Magnífico, realmente magnífico.

Friday Night Dinner
Hablemos ahora de marcianos: Las cenas de los viernes de una familia judía narrada como sitcom . Para mí Mork & Mindy tenían más sentido. De hecho, puedo tratar de adivinar dónde está la comedia en esta… serie. Pero no me pidan que lo ponga por escrito porque les aseguro que no podría.

Game of Thrones
Ahm… No sé si alguno de mis lectores habrá escuchado algo de esta serie. Es posible que les haya pasado desapercibida entre la avalancha de novedades porque, en fin, no ha tenido suficiente publicidad. Además, esapátina que tiene de tratarse de algo a medio camino entre Los pilares de la tierra y El señor de los anillos, esa imposibilidad de usar el presupuesto de Xena y las ganas de epatar de Espartrancas no puede haber servido apra elevar sus espectadores, sobre todo si están adaptando un oscuro libro de muchas páginas del modo en que habitualmente se hacen estas cosas: Eliminando sutileza, eliminando situaciones, eliminando reparto. Y eso que no necesitaba mucha ayuda el propio libro. En fin, poco más hace falta que diga yo, ¿verdad?

Good Luck, Charlie
Novedad del canal Disney. Humor familiar, niños, mascotas. En fin, un asco.

Happy Endings
Como decía hace un momento, tratar de hacer algo con el manual no da buenos resultados. Aquí tenemos un Friends de marca blanca, más cercano a ser Aliada que HAcendado pese a lo cuál, y por renovar a alguien, la ABC, que no dudó en emitirlos de dos en dos y desordenados, le ha dado una segunda temporada. ¿Para qué? Pues a saber. Porque no creo que nadie tenga intención de verla.

The Killing
Es difícil para mí entender por qué a la gente le gustó tanto la serie danesa en la que se basó esta versión americana cuando resulta casi indistinguible de la docena larga que sacan los ingleses en una mala temporada. Introspección, un hilo argumental alargado como un chicle y mucha dependencia de las sensaciones producidas por al ambientación. Entonces llegan los señores de la AMC, los de Mad Men o The Walking Dead, y piensan que si pudieron enganchar a la gente a ver secar la pintura con Rubicon aquí pueden jugar a doble o nada y lograr que ni ocurra anda ni tenga interés. Y, oye, lo consiguen. Pero mientras que Rubicon poseía una cierta cualidad hipnótica basada en los colores que podrían acabar siendo o en los que creíamos que estaba mostrando esta se queda en una demostración clara de que Murder One fue una serie grandísima, que Twin Peak es una obra inalcanzada y que si quieres hacer una serie inglesa mejor te vas a los ingleses y que te la monten. Hoc non est.

King
Otra serie canadiense, también de Showtime y también policíaca, como Endgame, pero como esta es un más de lo mismo ha logrado segunda temporada. Paciencia. En cuanto a la serie: Una mujer fuerte, decidida y capaz logra el puesto de jefa de la división de crímenes. Y ya. Ni mucho ni poco ni frío ni calor. Para dormir tranquilamente.

The Looney Tunes Show
La revitalización aplicada por Cartoon Network al chou de los Looney Tunes es, ahm, siendo majos menor que la que supuso la aparición de los Tiny Toons o los Animaniacs. Estoy incluso pro decir que es un hibridación conservadora con las sitcom que ya me contarán qué falta les hacía. Y es una lástima porque ante la brillante labor de reboot de Scooby Doo y la estupenda —aunque ya cancelada, suspiroSym Bionic Titan precisamente los Looney Tunes_ parecían los indicados para realizar grandes cosas. ¡Otra vez será!

Mrs Browns Boys
Es difícil explicar esta gente sin generar rechazo. Y lo es porque estamos ante un personaje y unas escenas que están muy rodados. Brandan O’Carroll es un señor vestido de mujer —mayor, pero como también él es mayor— que está al frente de una truope de actores que ponen en marcha una comedia familiar. No, no es la premisa. Mrs Brown Boys es una comedia familiar, quizá entre las clásicas británcias y una especie de tradición del teatro de variedades, como una Lina Morgan o —salvando las distancias— Los Morancos. Pero, por eso mismo, es un material que sabe cómo hacer reír y qué teclas pulsar, incluso sabe cuándo romper la cuarta pared con un guiño cómplice al respetable. Puede que, por nuestra condición, nos sintamos alejados de esta serie, pero debemos reconocer que es un entretenimiento más que digno.

The Paul Reiser Show
Tras ver el episodio piloto de esta especie de Entourage cuarentón y no ya bajonero sino directamente depresivo comente que antes me pegaba un tiro en el pie que ver otro capítulo. Como la misma noche que emitieron el segundo —rogando un record negativo de espectadores ¡en la NBC que tiene más mérito!— la cancelaron no tuve que añadir mucho más. Es interesante ver cómo el sentimiento parecía tan extendido.

The Shadow Line
Serie de género negro británica, del estilo de las más interesantes, con varias tramas, muchos personajes a ambos lados de la ley porque esa es, precisamente, la gracia. Un asesinato misterioso y una desaparición que conmocionan a los policías y al mundillo criminal de pelo y medio de los bajos fondos ingleses, por tanto dos investigaciones, la de los policías y la de los criminales. La línea, sin embargo, no es tanto la que les separa como aquella por la que todos los personajes hacen equilibrios porque —como buena serie británica— todos son ambiguos, atormentados y reflexivos. Y, sin embargo, parece que se queda siempre al borde de romper, de ser no ya una buena y sólida serie sino una serie imprescindible. Habrá que esperar al final.

Ah, sí, sale Christopher Eccleston con uno de los personajes principales en el bando de los criminales. Pero podría salir más.

Silk
Otra serie de género —negro— esta vez británica. Hay veces en que considero dedicar una o más columnas al género negro británico. Por lo menos dedicar una a comentar el del año. En fin. En este caso concreto lo que tenemos es abogados. En esta ocasión el especialista en drama legal Peter Moffat —el de Criminal Justice— la diferencia está en que no se trata sólo de los casos sino, además, de cómo manejan su carrera la protagonista y su rival para lograr ser elegidos para el Queen’s council. Le falta, quizá, un poco de chicha —sobre todo con la magnífica The Good Wife demostrando cómo armar una serie judicial— pero es, sin duda, una grata novedad.

Twenty Twelve
Serie inglesa sobre la gente que hace posible las olimpiadas en Londres en 2012. Tiene poco para rascar porque, al verdad, ni es muy divertida, ni muy empatizante, ni pasa del nivel de los gags de Martes y 13 sobre la de Barcelona.

Vera
Adaptación de las novelas de Ann Cleeves, Vera es ese tipo algo estereotipado de serie perfecta para dormirse la siesta porque, en el fondo, ya sabes lo que te vas a encontrar. Una inspectora algo estrafalaria, mayor, rellenita, con aspecto de no tener muchas luces, acompañada pro unos cuantos polis secundarios con carga metidos en casos tan familiares que podrías creer que la última vez que los viste fue en tu álbum de fotos. No es una mala serie, ni mucho menos pero, como la propia Vera, deja poco que recordar.

White van man
Partiendo de un término casi coloquial para transportista que aquí se usa para ponernos a un pobre hombre, Ollie, con sueños de abrir su propio restaurante pero que tiene que hacerse cargo del negocio de su padre para: a) que se sienta orgulloso de él, b) dar de comer a su familia, c) un cierto miedo a dar el gran salto. en realidad esto no pasa de ser una de esas series de clase obrera qu tan bien se les da a los ingleses, que nadie espere un alegato detrás, ni mucha denuncia social ni, desde luego, un Shameless. Esto es una serie entrañable y ya.

Workaholics
Sólo recordar su existencia me hace hundir en abismos de dolor y locura. Se supone que pretende reivindicar el espíritu Animal House para una serie y todo lo que consigue es que parezca una mezcla de The Office con el Humor de Fraternidad de los universitarios americanos. Tuve que cerciorarme de que esto era idea de Comedy Central y no de Spike porque de puro mala me parecía imposible que alguien hubiera descendido a un círculo tan bajo del infierno para traer los guiones. Obviamente, ha sido renovada para una segunda temporada.

Hecho el repaso y prometiendo que para el de verano no tardaré tanto —cof cof— vamos a dejar un poco más claras las cosas, como siempre.

No puedo dejar de seguir: Endgame.

Recomiendo sin problemas: Becoming human, Game of Thrones, The Shadow Line.

Gustará a los que estén en ese tipo de series: Campus, Mrs. Brown Boys, Silk.

En un mes, si todo va bien, las de verano. Así podré dedicarle un espacio a The WereWolve Diaries, digo, Teen Wolf. ¡Nos vemos!


Alumbrado Larson

Para empezar la columna de hoy nada mejor que el siguiente vídeo, historia viva de la televisión:

¿Qué? ¿Le han reconocido? ¿No? Ese rubiales de ahí que hacía al función de cantante barítono — bueno, y de compositor, pero eso no se ve en las imágenes— en The Four Preps es nada menos que Glen A. Larson lanzando su carrera.

La historia empieza en 1956 en el Hollywood High School; un ejecutivo de Capitol Records escucha a un cuarteto de chavalines con 3 discos de oro, unos cuantos millones de discos vendidos y varias canciones que lograron entrar en la lista de las más escuchadas, especialmente esa 26 Miles (Santa Catalina) que les llevó al puesto número 2 de los más vendidos en 1957.

Durante los años sesenta la música — o el gusto musical, ustedes verán— cambia y Larson abandona el grupo para seguir con la escritura, esta vez en la productora QM, dirigida por otro grande, Quinn Martin, responsable —como ya comentamos— de El Fugitivo, Las Calles de San Francisco o Los Invasores. Allí trabajaría por unos años, coordinando guiones para El Fugitivo o ayudando a poner en marcha It takes a thief entre otras series, pero para finales de la década ya estaba claro que necesitaba su propio espacio; de manera que para la nueva década abandona QM para fundar su propia empresa y ofrecer sus servicios a otras productoras, empezando con Universal para la que primero colabora en El Virginiano, para después establecer un trato para crear varias series, la primera de las cuales sería Alias Smith and Jones (Los dos mosqueteros en español).

La buena marcha del proyecto le valió contribuir a la puesta en marcha de El hombre de los seis millones de dólares, una adaptación de la novela Cyborg de Martin Caidin, en la que Lee Majors interpretaría al personaje principal. Un acercamiento a la ciencia ficción —o si prefieren un mayor rigor: al género fantástico, pues en realidad la serie era de aventuras— que le vendría muy bien en sucesivos proyectos.

Una vez rodando El hombre de los seis millones de dólares estuvo dando tumbos por distintos proyectos; series antológicas como Sin, American Style o la extraña aproximación al policíaco y la blaxploitaition de Get Christie Love! que adaptaba una novela policíaca en la que la protagonista era blanca y rubia.

Por suerte su siguiente intentona fue un éxito menor.

En 1975 vuelve a trabajar con Robert Wagner —protagonista de To take a thief— para sacar otro policíaco, Switch, que realizaba una mezcla de ésta con The Rockford Files explicando como un par de tirados, un ex-policía (Eddie Albert) ayudado por un ex-estafador (Wagner, claro), resolvían todo tipo de casos. Lamentablemente la ligereza y el humor —al estilo Rockford— de la primera se fue diluyendo y al cabo de tres temporadas fue cancelada. Dejando para el recuerdo, eso sí, el trabajo de un joven guionista que se unía a la cuadra Larson, un jovencito llamado Donald P. Bellisario.

Pero para aquel entonces Larson estaba muy ocupado porque había logrado sacarse un superéxito de la chistera. De nuevo con el policíaco a cuestas, de nuevo encontrando un giro, esta vez hablando de la importancia de los médicos forenses. Y no, no es un CSI, es su abuelo:

Quincy, M.E. Una serie que tenía muy claro que usaba una fórmula mágica de la que no convenía apartarse. Llegaba un cadáver a la mesa de Quincy, éste sospechaba juego sucio, discutía con la poli y acababa encargándose de resolver el caso. Un reciclaje perfecto para su protagonista, Jack Klugman, que venía de interpretar durante cinco temporadas a Oscar en la adaptación a sitcom de la película La extraña pareja.

En realidad el argumento y la profundidad de la serie en temas de ciencia forense era limitado, un simple ardid para darle un sabor diferente al policiaco más clásico, pero caló lo suficiente como para situarse como un referente gracias, en parte, a su nacimiento como nueva serie en mitad de un proyecto de serie rotatoria de la NBC, en la que compartía espacio con los ya vapuleados Colombo, McCloud y McMillan que acabaron retirándose a favor de esta nueva invención.

No contento con esto siguió dándole vueltas al género en una serie de películas y proyectos televisivos como las adaptaciones de los Hardy Boys y de Nancy Drew, ninguno de los cuales llegó a cuajar. Parecía que era la Ciencia Ficción, y no el Policiaco, la que estaba llamada a conquistar al público juvenil; así que preparó un proyecto que incluía los conceptos de space ópera con sus creencias mormonas y logró arañar un altísimo presupuesto de 1 millón de dólares por capítulo, asegurando a los señores de la NBC que el furor por Star Wars tiraría sin problemas de una muchedumbre enfervorecida. Incluso accedió a cambiar el título original de Adama’s Ark por uno que incluyera la palabra star, es decir

Las 12 tribus, el presidente, los Cylon, cada cual con su significado más o menos cargado según lo readaptado que tuviera que ser para colar en una gran producción como ésta. Sólo el piloto —triple, nada menos— costó 7 millones de dólares, marcando un record como el piloto más caro jamás filmado. El éxito inicial fue enorme, y si hoy en día puede parecer algo sencillo, barato o —dios no lo quiera— cutre es más por nuestros problemas de contextualizar que por los recursos invertidos en aquel entonces.

En cualquier caso a la Fox — la 20th Century Fox, al canal le faltaba aún casi una década para empezar a emitir— le faltó tiempo para demandar a la serie por plagio de Star Wars a lo que Universal respondió con demandas contra Star Wars por saquear los seriales de Buck Rogers y la película Naves misteriosas. Como la justicia, en fin, funciona en todas partes igual, para cuando empezaron a tramitarse las demandas sobre estos bonitos zambullidos en la piscina del lugar común, la serie ya hacía tiempo que no estaba entre nosotros.

Sí, empezó con fuerza, y sin duda tenía dinero detrás. Pero existía un presupuesto y había que atenerse a él, especialmente reutilizando imágenes anteriores, sobre todo cuando la CBS decidió contraatacar dándole con todo lo gordo: All in the Family y Alice, sus dos comedias con más audiencia, a la vez que el enroque salvaba Mork & Mindy, la comedia de nuestro Garry Marshall que mezclaba el humor de Happy Days con pequeños toques de ciencia ficción —en fin, de nuevo—, que acababa de estrenarse con gran éxito hasta la llegada de Galactica.

La treta, en cualquier caso, salió bien a la CBS porque los de la ABC decidieron que ante el bajón de la audiencia no se podía justificar el presupuesto de la serie. Así que al llegar al 24 se terminó de emitir lo grabado, y hasta ahí. Bueno, hasta ahí no, porque hubo —claro— protestas que llegaron a su máximo cuando un jovenzuelo algo descentrado decidió suicidarse como protesta por la cancelación.

Por supuesto el estreno en 1980 de El imperio contraataca hizo que se lo pensaran dos veces y dio lugar a Galactica’80 que en vez de un programa de variedades era una reinvención de la serie original —siendo benévolo— que logró superarla… en cuanto a su cancelación. 10 episodios lograron emitirse, el 11 estaba en desarrollo y no fue.

Naturalmente no es lo último que sabríamos de Galactica, para eso estaba el SyFy —aún Sci-Fi—, que no dudó en volverla a lanzar completamente reimaginada con la bendición de Larson, el desarrollo de Ronald D. Moore y la oportunidad de siempre, a tiempo justo para adelantarse al estreno de El ataque de los clones. ¿Qué puedo decir? Hay costumbres difíciles de superar.

Volviendo a Larson, y dado que ni él ni su discípulo predilecto —es decir, Donald P. Bellisario— lograron salvar la Battlestar, hicieron lo lógico: pasar al siguiente nivel.

Que en el caso de Glen A. Larson —en una de estas empiezo a abreviarlo GAL y me quedo tan campante— significó un par de telefilmes —como el tremebundo Evening in Byzantium— y un par de extrañas series; una de ellas llamada Sword of Justice, que no es una de capa y espada ni mucho menos una de piratas, si acaso está más cerca de ser una empanada gallega.

A medio camino entre El Conde de Montecristo e It takes a thief, la idea de una agencia secreta e independiente del gobierno que ayuda al desamparado contra los criminales que actúan por encima de la ley parecía estar tan condenada al fracaso que costó terminar la temporada. Se ve que aún no era el momento del cruzado contra el crimen, habría que esperar.

Así que de 1979 a 1981 Larson se entretuvo en otra serie de aventuras y sentimientos. B.J. & the Bear que iba de…

Lleguemos a un acuerdo. Yo os cuento de qué iba la serie y vosotros no me miráis como a un loco. ¿OK? Pues bien, seguimos.

La serie iba de B.J., un camionero que recorría USA viviendo aventuras junto a su amigo del alma Bear, un chimpancé, todo ello mientras les hostigaba y perseguía el Sheriff Lobo, que…

¡¡¡Quedamos en que no os reiríais!!!

¡La televisión en los ochenta era así!

Menos mal que tengo pruebas…

La popularidad fue suficiente, no ya para mantener tres temporadas el show sino, incluso, para que el Sheriff Lobo consiguiera su propia serie, Las desventuras del Sheriff Lobo (en inglés The Misadventures of Sheriff Lobo), que duró dos temporadas. Y que también tenía opening, claro.

En cualquier casos los cambios que se hicieron en sus últimas temporadas hundieron ambas series pero, claro, para entonces Larson ya estaba en su siguiente proyecto, una revisión de Buck Rogers llamado Buck Rogers in the 25th Century —esto es lo que pasa cuando te pones a demandar gente, que recuerdas lo que tenías en el zurrón—, que duró un par de temporadas con más pena que gloria.

Eso sí, os pongo el tema inicial, que sé que es lo que os gusta:

Así que escaldado por partida doble de la ciencia ficción y un tanto quemado de los criminales, Glen A. Larson quedó a la espera de su siguiente gran proyecto. Y no tuvo que esperar mucho porque el siempre activo Donald P. Bellisario tenía ya una idea para 1980. A ver qué os parece:

Se trata de colocar a un investigador al servicio de un autor desconocido que iría resolviendo misterios y ayudando al necesitado con la hermosa Hawaii de fondo. Y si parece poco, siempre se le puede añadir un bigote.

Magnum, P.I. fue un gran éxito de los años ’80, quizá no de las series más vistas pero si más constante; sus 8 temporadas y su inclusión en el imaginario popular sirvieron para darle gran popularidad a Tom Selleck y lanzar una vez más la carrera de sus dos grandes responsables.

Durante ocho temporadas seguimos las andanzas de Magnum y sus amigos TC y RICK, junto a su antagonismo con Higgins, más un amplio reparto de personajes recurrentes y de apariciones de famosos. Lo que bastaría para rellenar historias sobre la serie por un buen rato incluso sin contar con dos datos más: la decisión de crear una trama en las dos últimas temporadas sugiriendo que Higgins era, en realidad, el célebre Robin Masters, que pagaba servicios y caprichos de nuestro héroe —y que en un par de ocasiones tuvo la voz de Orson Welles—, junto con un clásico problema de Sherlock Holmes. Al final de la séptima temporada parecía que por fin Selleck se saldría con la suya y se cerraría la serie —sí, antes de House estas cosas también pasaban— por lo que decidieron dejarlo bien claro matando al personaje. Luego quejas —sin ninguna muerte esta vez, las épocas templan los nervios, supongo— y, al final, tuvieron que traer de vuelta al detective para su última y triunfal temporada.

En cualquier caso, Glen A. Larson ya estaba centrado en otros asuntos para entonces. Desde 1981, de hecho. Porque Lee Major le necesitaba. En 1978 había terminado la exitosísima El hombre de los seis millones de dólares y en apenas unos meses tocaría terminar también con su matrimonio con la no menos conocida Farrah Fawcett. Así que si buscas algo sólido en lo que apoyarte parece que nada mejor que un Productor Ejecutivo y Creador, claro.

El resultado fue The fall guy (Profesión peligro también), serie sobre un especialista cinematógrafico que, una vez más, tenía que hacer justicia contra los malos, generalmente como cazarrecompensas. Habitualmente aprovechando sus conocimientos, especialmente de los espectaculares números que abrían cada capítulo y que solían ser reutilizados durante el episodio. El resultado final fue una serie de 5 temporadas. Lo que demuestra que ciertamente se podía confiar en el Productor.

Por lo menos si no tenías la desdicha de los Smother Brothers, que vieron durar sólo 5 episodios su serie sobre dos periodistas de investigación aficionados a meter demasiado la nariz en casos turbios. Quizá ayudó que no interpretaran a hermanos, quizá que se trataba de los agitados años de la huelga de guionistas y actores, o puede que fuese por ser una de esas ideas de la NBC.

Pese al borrón la fama —y fortuna— de Larson parecían incrementarse con el tiempo. Era increíble lo que estaba logrando y todo lo que parecía preguntarse la gente era: ¿Qué será lo siguiente?

Y entonces llegó él.

Sí, ya sabéis qué él.

Oh, vamos. Es Larson ¿De verdad no os suena de nada? ¿No sabéis cuál fue su mayor éxito?

Pues claro: Michael.

¿Cómo que cuál Michael?

Ay, señor… ¿Cómo explicarlo…? Ah, sí, ya sé. Michael, te necesito.

Ahí está. Larson 100%, el hombre misterioso que resuelve problemas a los desaparecidos con un misterio en torno a su existencia y trabajando para la ley pero no para el gobierno. Incluso con esa luz Cylon que algunos llaman Luz Larson y toda la carga emocional y de los infructuosos intentos de reboot.

¿Y queréis saber lo mejor?

Duró sólo cuatro temporadas.

Sí. En serio. Cuatro. 4. De 1982 a 1986. Magnum duró ocho temporadads —como Quincy — y llegó hasta 1988, The Fall Guy empezó un año antes y terminó el mismo 1986. Pero miremos el lado positivo: Duró una temporada más que B.J. & the Bear.

Dice David Hasselhoff que es muy poco habitual que un actor encabece dos veces un megaéxito. Y es cierto. Probablemente si KITT hubiera tenido las tetas de
Pamela Anderson ahora Hasselhoff sería gobernador de California y no el anti- Ronald McDonald. Claro que, al fin y al cabo, a KITT le daba voz William Daniels, el Sr. Feeney de Yo y el mundo. La magia de la televisión todo lo puede, como se ve.

En cualquier caso, y gracias a su éxito internacional, la serie vivió dos intentos de revivirla en los años ’90 que quedaron en sendos pilotos, una continuación llamada Team Knight Rider que si estaba argumentalmente cerca de algo era de los Power Rangers y, finalmente, la NBC —¿quién si no?— mantuvo toda una temproada un remake. Eso sí, con todos estos movimientos Larson se ha ocupado de ir cobrando pasta. Incluso de los Weinstein, que picaron como chin… y están desarrollando una película basada en el capítulo piloto y con guión del propio Larson. Desde 2006. Es imposible no admirar a Larson.

Lamentablemente, el éxito de El coche fantástico pareció terminar con la suerte de Glen A. Larson que empezó a sufrir reveses inesperados. El primero de los cuales no se hizo esperar ni un año. En 1983 su serie Manimal se convirtió en una más de las víctimas de la temporada en blanco que la NBC sufrió con sus novedades en 1983-84.

Y yo que no acabo de entender qué pudo fallar aquí:

El Dr. Jonathan Chase vivía en la selva con su misionero padre, a su regreso a la civilización escondía un secreto, podía convertirse en cualquier animal que deseara —aunque tendía a desear sólo dos, pero ese es otro tema— y ayudar con sus habilidades a la policía.

La culpa, claro, fue de la NBC que, confiados por la suerte de Larson, decidieron enfrentarla a Dallas. Y no.

Larson, imperturbable, pasó a darle una vuelta al concepto de El coche fantástico Total, si el coche podía hablar, ¿por qué no otras cosas? Eso, junto con el estreno de Tron el año anterior, sirvió para que lanzara

La presencia de Desi Arnaz Jr. como protagonista y el actor de teatro musical Chuck Wagner interpretando a… lo que podría denominarse como el hijo del amor entre KITT y la Lisa de Weird Science —si bien la película de Hughes no se estrenaría hasta dos años después— no sirvió, sin embargo, para salvar una serie de la que se estrenaron sólo 12 de los 13 capítulos rodados.

Una vez más Glen A. Larson se repuso y preparó una nueva serie: Cover Up o Camuflaje. Atentos que querrán estar sentados cuando vean esto:

Sí, efectivamente, Holding out for a hero de Bonnie Tyler era la canción inicial, y es que Larson estaba que lo tiraba. Y, de hecho, esta vez las cosas le iban bien con la serie. La historia de una fotógrafa que descubre, tras la muerte de su marido, que éste era un agente de operaciones encubiertas de la CIA logrando, de paso, el puesto que tenía para —una vez más— ayudar a los pobres, los desprotegidos y arreglar los entuertos allá por donde existieran, formando equipo —claro— con un agente de la CIA que se hacía pasar por modelo, estaba yendo muy bien en las audiencias.

Pero eso no significaba que la tragedia no le reservara algo a los envueltos en esta serie porque cuando el actor Jon-Erik Hexum que interpertaba al agente encubierto Mac Harper decidió hacer el tonto fingiendo jugar a la ruleta rusa con una Magnum .44 similar a la de Harry el sucio sin contar con —a saber— la presencia de un cartucho de fogueo en la recámara, que desplazó con la fuerza de la explosión un trozo del cráneo causándole la muerte. Una idea peligrosa y un atraso más en la reputación de los modelos barra actores.

La serie entró, claro, en una larga parada pese a ir sólo por el séptimo episodio. Volvió con otro actor para interpretar un papel similar pero era tarde ya y aunque se emitió la temporada completa de 22 capítulos no hubo posibilidad de que se legara a realizar una segunda temporada.

Tras un par de años dedicándose más a los telefilmes y con la cancelación de Magnum en puertas, Glen A. Larson intentó en 1988 poner otra serie en pie. Esta vez el actor principal es sobradamente conocido por su afición al cómic, o al menos a interpretar a sus personajes: Sam Jones, el Flash del Flash Gordon de principios de década que acababa de adaptar el Spirit de Eisner es el elegido para The Highwayman, una serie que partía de uno de esos telefilmes que estaba realizando Larson para convertirse en serie:

Parte revisión de El coche fantástico, con Jones interpretando a un fuera de la ley/ dentro de la ley que tiene un pasado misterioso y un camión superchulo —acabaría usándose para los Power Rangers, por cierto— que lo mismo lleva un helicóptero que un deportivo o toda la tecnología que se te pueda ocurrir. Salvo hacerse invisible, eso sólo podía en el piloto.

No fue la única diferencia. Aunque seguía en un futuro cercano y seguía hablándose de un equipo de Higwaymen dándole un cierto aire a lo Mad Max casi todo lo demás, especialmente secundarios, desaparecieron. Sólo Jones siguió ahí para los 10 episodios que duró la serie.

Inasequible al desaliento, Glen A. Larson siguió intentándolo, y en 1991 logró su primera serie de la nueva década: P.S.I. Luv U (Contacto en California). Tranquilos, no se había pasado a la comedia romántica. O no necesariamente, porque esta vez los protagonistas eran un chico —Greg Evigan, el protagonista de… ¡ B.J. &the Bear !— y una chica… Ya veréis, ya. Porque la nueva serie iba de esto:

—Tal vez quieran tomar su medicación preventiva, les advierto que la siguiente intro tiene ese estilo que puede causar digestiones pesadas y, quizá, epilepsia—

¡¡¡ Connie Sellecca !!! Sí, recién salida del Hotel y con El gran héroe americano aún vivo. Y mezclada en una producción —para la CBS esta vez— sobre dos detectives diferentes con tendencia a un cierto tipo de humor que resuelven casos de maneras heterodoxas. Sobre todo teniendo en cuenta que el papel de Sellecca aquí es el de una timadora —sí, eso es, de nuevo To take a thief o Ace of Spades — junto con un policía. Como era poco para digerir además resulta que están en protección de testigos tras un golpe contra una red de crimen organizado que salió mal.

En fin, casi dura más lo que hablo yo de ella que la serie en sí, que no pasó de los 10 capítulos de nuevo. Otro revés para Larson que superó como siempre: Haciendo telefilmes y buscándose una serie nueva.

Esta vez los ecos de su serie más duradera no podían quedarse fuera. Por eso se creó una serie policiaca en Hawaii llamada One West Waikiki o Waikiki a secas. Y si algo se puede decir de esta serie es que parecía acercar al maestro al alumno, porque quedó ciertamente Bellisario.

Lo más sorprendente fue que tras cortar la serie en el 6º episodio, como si de la más extraña de las miniseries se tratara, le dieron una segunda oportunidad que duró esta vez 13 capítulos. Parece que ni la presencia de Cheryl Ladd ni la de un incipiente Richard Burgi —uno de esos actores a los que uno va viendo aparecer por todos lados— sirvió para mantenerla a flote.

De modo que un cada vez más cansado Glen A. Larson decidió volver a la ciencia ficción. O algo.

Se alió con el gran guionista de cómics Steve Englehart para adaptarle su criatura publicada por Malibu Cómics: Night Man. Que no es sneaky and mean/ “something” inside my dreams como podría creerse, sino una adaptación —básicamente, hicieron lo que les dio la gana— sobre un… ahm… un músico de jazz con habilidades telepáticas. Que… bueno… concretamente… podía reconocer telepáticamente el mal dentro de las personas. Ya, en fin. La parte mala —suponiendo que lo anterior fuera bueno, claro— era que ya no podía dormir. Sí, eso además. Por suerte tenía un traje lleno de chorraditas para enfrentarse al crimen. echadle un ojo:

Esperaréis que ahora os diga que la cortaron en la primera temporada. Pero la verdad es que no. Fue en la segunda. Dos temporadas completas de 22 capítulos. Aunque, eso sí, para la segunda tuvieron que abaratar costes. Así que se mudaron a Canadá. Bueno, mudaron… uno de los puntos del acuerdo era, je je, que todo el personal debía ser canadiense. Les dejaron, eso sí, conservar a Matt McColm un especialista metido a actor —bueno, sólo la puntita— que interpretaba al protagonista, Johnny Domino. Todos los demás fueron reemplazados, y el único que no podía serlo, Raleigh el amigo y confidente de Night Man —que no existía en los cómics, por si os lo preguntabais— paso a… ser interpretado por un actor canadiense. En cualquier caso la temporada en Canadá supuso el final de la serie. Ni siquiera sacar al Manimal en un episodio pudo impedirlo.

—Cuento esto en ADLO! y no se lo creen—

Y con ella, en 1999, el final de la carrera como creador de Glen A. Larson, que aún dirigiría algún telefilm y serviría de consulting producer para el relanzamiento de Ronald D. Moore, pero que no volvería a crear ninguna serie.

Al menos de momento, porque según él ideas tiene y pese a haber cumplido ya 74 años está tan vital y activo como siempre. Y es que tantos años creando a hombres de acción con los que construir pedazos de nuestro imaginario común tenían que notarse en algo.

¡¡¡VIVA LARSON MANQUE LE CANCELEN!!!


Siendo novedable

Es cierto, ya hay previas de casi todas las nuevas series que llegarán este otoño. La ABC, la NBC, la FOX e incluso la dupla de la CBS y The CW han sacado las galas para presentar al gran público sus propuestas.

Ahora podría realizar un post sobre lo que hay, lo que se espera y lo que ha cambiado pero, sinceramente, hay dos cosas que hacen falta antes. La primera es, obviamente, un Pilotos Deathmatch con todo lo que ha aparecido desde el último. No es que sea mucho, por motivos que ya comentaremos, pero es necesario hablar de ellos. Volved en quince días porque la semana que viene sigo repasando creadores —esta vez americano y sin el que los años ’80 serían muy distintos para todos los niños de entonces— y, antes también, conviene que tengáis cierta idea sobre todo el proceso de cómo se ha llegado hasta ahí, hasta ese momento en que se anuncian las novedades. Que es de lo que hablaré en la columna de hoy. En cuanto a ese repaso, y teniendo en cuenta cierto creador inglés no demasiado conocido que irás tras el Pilotos Deathmatch… ¿Qué tal si volvéis en un mes?

¿Que queréis ahora una columna? Bueno, enfoquémoslo por el lado contrario. ¿Cómo han llegado hasta ahí esas propuestas? En la televisión USA, digo. Cada vez que menciono la posibilidad de hablar de este tema en el mercado español alguien se me descojona. Lo más sencillo sería mandaros a leer este texto pero creo que se puede incluso extender un poco más, y en español.

Lo primero que hace falta es una idea. No digo una que sea nueva, claro, vale con pillarla de una serie anterior, de otro país o de otro medio. en cualquier caso hay que tener una idea y poder exponerla en unas tres líneas que es lo que son capaces de procesar los ejecutivos de estudio y la prensa.

Por supuesto lo primero no es enviárselo a una cadena, antes hace falta lo de siempre: Pasta. Así que uno se busca unos señores productores que pongan la pasta por si acaso. Para ese primer propósito se envían esos bonitos resúmenes: “Te quiero, ¿Me quieres?” a ver si cae la breva. Por supuesto hay formas de inclinar la balanza, es más fácil venderles el proyecto si te conocen de antes, por eso la mayor parte de proyectos aceptados vienen de guionistas de otros medios — cine o teatro— o de gente que ha empezado como guionista en una serie especialmente cuando ha hecho todo el camino de guionista a responsable de guiones o a jefe de guionistas y, sobre todo, si ha sustituido al creador de la serie cuando se ha largado a desarrollar otra idea.

La figura del showrunner entendida como el responsable de la buena marcha de la series —lo que en los tiempos antiguos era simplemente un producto— ha ido tomando fuerza, de manera que cuando una serie parece estable y se puede dejar a alguien a cargo para desarrollar nuevas ideas elegir a ese sustituto es fundamental. Este método de ascenso, el más común en las series actuales, es el que permitió sobresalir a David E. Kelly, por si quieren hacerse una idea del tiempo que se lleva usando.

También puede ser que el Estudio tenga en nómina o esté participado o poseído por el dueño de la idea en cuyo caso, ¿para qué darle más vueltas?

Ese es el primer filtro. Una vez que un Estudio parece interesado en producir la serie se puede empezar a dar la vara a las cadenas. De entrada se extiende el desarrollo, se sugieren actores, se hacen paralelismos con éxitos del presente o pasado. De nuevo el que el estudio conozca a la productora y al creador ayuda, si está trabajando con ellos en otra serie de —razonable— éxito o tienen algún acuerdo de colaboración —una de las situaciones más comunes que existen, recordad que ya en los sesenta vimos usar ese tipo de acuerdos— especialmente si es un acuerdo con la cadena. También si el Estudio y la Cadena pertenecen al mismo grupo aunque eso no es un fijo, existen casos en los que un estudio se ha centrado en su cadena y no ha sacado un mojón mientras otros como Universal o Fox tenían más éxito vendiendo a cualquiera que se les acercara. —Lo que hay que tener en cuenta a la hora de pensar en rescates de series, si al grupo le interesa que la serie dure más puede recomendar a su cadena que le haga un hueco—

En ese momento pasamos de los 500 Pitches, esas locas ideas para series, a unos 70 guiones solicitados. Una vez decidido el desarrollo se prepara una biblia, un documento con personajes, tramas y desarrollos posibles además de una indicación de actores disponibles. Como la gente no es tonta este tipo de documentos está más cerca de ser de “buenas intenciones” que de algo a lo que hacer realmente caso pero, eh, puede que convenzas a tu cadena y entonces de luz verde para el piloto.

La verdad es que está fase es casi la más sencilla de pasar, de cada 7 guiones se ruedan 2 pilotos, un tercio, con lo que empiezan las vueltas para conseguir actores, localizaciones y lograr la doble imposibilidad de realizar un episodio espectacular pero que tampoco implique una serie de presupuesto disparatado. Algunas veces hay inyecciones secretas de capital para meter secuencias imposibles de rodar en la serie principal que hacen del piloto el capítulo más caro que se verá… en toda la historia de la serie.

A partir de ahí tenemos como el Street Fighter, rondas. La primera es de la gente del estudio, normalmente aún durante el desarrollo, para ir ajustando cosillas. una vez el Estudio está razonablemente contento, o la cadena suficientemente harta, se les envía una copia. Ahí puede acabarse el asunto. Con algo de suerte habrá cosas que les gusten y tratarán de cambiar el resto para lograr una mejora. Hay series que han tenidos varios pilotos sucesivos, como All in the family, actualmente hay una serie llamada Friends with benefits que lleva dos años probando cosas a ver si sale algo decente. Con una suerte aún mayor les encantará. Tanto que envían a las hordas contra ellos. Perdón, no se llaman hordas, se llaman test audiences o audiencias de prueba —o de pega — que están formados pro gente común —sob— y serán los responsables del éxito y de los cambios.

Teniendo en cuenta que el 80% de las nuevas series —aproximadamente— se cancelan antes de pasara a su segunda temporada podéis comprobar lo útiles que son sus consejos.

Las diferencias entre una serie para una cadena generalista y una de cable están, precisamente, en cómo encaran los grupos de audiencia — y a los críticos— pues un pez gordo como el jefe de ficción de la ABC tienen que plegar sus deseos a lo que le digan — y no elegir Poe— mientras que una cadena de cable puede rechazar cuatro series que entusiasmaron a críticos y audiencias.

En este punto puede pasar casi de todo, sobre todo si las cadenas hacen caso a las sesiones de grupo que suelen pedir cosas estúpidas y contrapuestas. Sobre todo porque hay que tener en cuenta que los pilotos pueden — y suelen— cambiar, por un lado porque los actores no tienen por qué continuar del piloto a la serie —bien porque tengan otros compromisos, bien por decisiones del productor— por el otro porque frente a la facilidad para cambiar el piloto —es un decir— normalmente se entregan enlatados de una vez cuatro capítulos con lo que cualquier cambio o desarrollo no pasará hasta después de ese inicio.

En cualquier caso, de los 20 pilotos encargados se acaban emitiendo entre 4 y 8 pilotos, según las cadenas. Es decir, según la cantidad de shows que necesiten repuesto para la nueva temporada y lo desastroso que sea su forma de programar las series —es decir, cuánto estés cerca de las NBC— así como la previsión que tengas. Normalmente se deja alguna serie para cubrir huecos —especialmente si eres la FOX— que en el mejor e improbable de los casos pueden reciclarse a serie de mitad de temporada.

En cualquier caso las series que han logrado llegar, incluso aquellas que han sido derivadas de un canal a otro o que han logrado un rebote tras la fallida compra —lo que suele significar ir a una cadena de cable que tiene menos presupuesto como el SyFy— están preparadas para causar esa primera impresión.

Pero eso ya es un asunto para otra columna.

De manera que ya hemos reducido el número de posibilidades, de


Mercero Sentimental

Durante mucho tiempo ha existido una tendencia a desestimar a Antonio Mercero por algo que es innegable, su propensión a la sentimentalidad, pero no lo único en una de las grandes carreras de la televisión española. Como el otro recuerdo asociado es Verano azul, mil veces repetidas, su imagen general es, habitualmente, baja.

Es una pena, y lo es por muchos motivos. De entrada porque pensando en Verano azul podemos caer en la cuenta de que en ella se presentan escenas como esta: El grupo de niños protagonistas están decididos a no dejar que los especuladores ganen y que le quiten a Chanquete su barco y sus tierras para promover el ladrillo y, para ello, deciden hacer una sentada pacífica con su amiga la pintora. Es decir:

¿Qué? ¿Algún paralelismo con la actualidad se les ocurre? ¿Eh? Ya, eso me parecía.

Pero habrá tiempo de hablar de Verano azul, hagamos las cosas bien, desde el principio.

Antonio Mercero se apuntó a la Escuela Oficial de Cinematografía y comenzó con los cortos en los ’60, tras realizar varios durante la carrera —uno de los cuales, Trotín troteras llegó a ganar un premio internacional en la Bienal del Arte de París, y ya como profesional debutó con el corto Lección de arte que ganó la Concha de Oro en San Sebastián, a partir de ahí un par de cortos más y para 1963 estaba dirigiendo su primera película Se necesita chico una coproducción hispano-italiana que pasó con más pena que gloria y que le tuvo el resto de la década realizando documentales para TVE.

Para finales de la década había demostrado su capacidad para rodar y guionizar que le llevaría a su primer gran proyecto, colaborar en la serie Crónicas de un pueblo

Así, con la música del programa Protagonistas, comenzaba esta complicada idea. Teóricamente ideada por Carrero Blanco para mayor gloria del régimen franquista, la forma en que Mercero loggró convertirla también en un fresco de la vida de pueblo pese a estar obligado a usar sólo un lado de esa vida para atraer al público. Convertir esos personajes en gente real, con la que uno podía empatizar y ver más allá del mensaje propagandístico fue toda una victoria de Mercero y del guionista principal Juan Arias.

Además le permitió suficiente autonomía para preparar su siguiente poyecto para televisión:

La Cabina, en 1972, se convirtió en toda una revolución para la televisión española siguiendo los pasos de las producciones de Chicho Ibáñez Serrador o Jaime de Armiñán que triunfaban en los certámenes extranjeros. Un éxito que llevó a conseguir entre otros premios un Emmy.

Con un planteamiento cercano al de El Asfalto, de los dos Ibáñez, y un Jose Luis López Vázquez magnifico el guión que Mercero realizó junto a Jose Luis Garci volvía a hablar de la incomunicación, del aislamiento y de la capacidad de la sociedad para dejar al margen a los necesitados de ayuda.

Repetiría con López Vázquez esa vez en el cine en Manchas de sangre en un coche nuevo una película con algunos puntos en común con Muerte de un ciclista, como Lucía Bosé, salvo que donde la película de Bardem apostaba por el drama esta se inclinaba hacia el suspense.

En cualquier caso, su paso po el cine, con películas como La guerra de papá, nunca le alejó definitivamente de al televisión donde realizó aún otra colaboración con López Vázquez en _Este señor de negro que con guiones de Mingote contaba en 13 capítulos las historias de Sixto Zabaleta un señor bastante retrógrado que veía a su abuelo salir del retrato para explicarle los peligros modernos.


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Pero sería en 1981 cuando llegaría su gran triunfo, y no me refiero a ese nuevo estudio sobre la otridad que es Toby —sí, sentimental de nuevo, ciertamente, pero lección sobre cómo la gente trata a los diferentes sin duda alguna— sino a Verano azul serie que, sí, sin duda, está bien, lo aceptamos: Es sentimental. Pero que debería ser analizada también por otros asuntos:

– Trata a la juventud como juventud, les hace creíbles y presenta unas divisiones y alianzas que van girando.

– Refleja distintos problemas y situaciones sociales, explica todo tipo de situaciones y no busca pontificar sino tratar de hacer entendible la situación y ofrecer distintas opiniones, incluso cuando se nos cuenta los intentos de exploración del ladrillo en el pueblo escuchamos a esa gente explicar por qué lo apoya, y no es sólo por dinero.

– Resulta un compendio perfecto de las corrientes de las series que reúne los argumentos sociales propios de las series de la época con un intento de realizar un retrato de la sociedad contemporánea, algo en lo que Mercero ya había destacado y que era también un signo de los tiempos.

– Mata a Chanquete. Eso son puntos a su favor. Incluso contando con la existencia de Kike.

El tremendo éxito —sí, ya, chistes sobre conducir bicicletas y repetir más la serie que Los Simpson— hizo que Mercero dirigiera aún otra película infantil, alejada esta vez de las inquietudes de Toby o Verano Azul e incluso de sus aproximaciones al fantástico: Buenas noches, señor monstruo.

No sería sin embargo la única serie de éxito que realizara en los ochenta ya que a la realización de otras películas como Espérame en el cielo se une una labor en una de las más importantes series españolas de los años ’80, Turno de Oficio

Aunque bajo el paragüas de BMG Films sería Mercero el encargado de dirigir la serie y de colaborar en los guiones, especialmente el del piloto.

Poco hay que sea necesario decir sobre este pilar televisivo pues, de nuevo, se trataban los temas importantes del momento a la vez que se desarrollaban los personajes logrando mezclar la vida privada de los mismos con los temas que importaban en la España de entonces.

Antonio Mercero sólo volvería una vez más a la televisión en España. Sería al poco de que comenzaran a funcionar las privadas y con su último gran éxito, una serie cuyo último capítulo es aún la ficción más vista por los españoles. Me refiero, claro a…

Un gran punto final a su carrera en la televisión, una de las series emblemáticas de los años ’90 y de la historia de la televisión en la que su carácter de comedia y sus tramas de farsa en muchas ocasiones no escondía que se iban deslizando ideas y tramas , de manera más discreta y menos matizada que en años anteriores pero aún con suficiente interés como para que los personajes resultaran reales y las situaciones plausibles.

La mezcla de actores reconocidos —muchos con experiencia televisiva como los principales Concha Cuetos y Carlos Larrañaga— con, una vez más, jóvenes promesas dio lo mejor de sí en lo que acabaría siendo una de las últimas buenas series de la televisión española durante una temporada demasiado larga.

Mercero no volvería directamente a la televisión pero su importancia es imposible de minimizar. Él ahora sufre de alzheimer, la enfermedad de la que hablaba su última película ¿Y tú quién eres?, pero aunque él pueda estar olvidando su pasado nosotros, los telespectadores, nunca podremos hacerlo.

Puede que suene sentimental pero si algo nos ha enseñado Mercero es que eso ni es incompatible ni necesariamente malo.


Communismo Radical

Community es la mejor comedia que se está emitiendo en estos momentos.

Alto ahí: No me cansaré nunca de loar esa primera temporada de Louie que se emitió el año pasado. Reconozco los méritos de Raising Hope, HIMYM está mejor que el año pasado y 30 Rock ha regresado por todo lo grande. Modern Family es un ejemplo perfecto de construcción de una sitcom clásica, South Park o It’s always sunny in Philadelphia son grandes ejemplos de humor e incorrección política y seguro que podríamos seguir durante horas repasando los pros de todas las series, seguro que alguno defendería incluso Happy Endings.

Pero Community se mueve no ya a otro nivel sino a todos los otros niveles. Hay series apreciables por su tridimensional, Community se mueve en unas 27 dimensiones diferentes. Esta semana con la emisión de la última parte de su brillantísimo capítulo final doble se han podido leer todas las loas posibles, todos los parabienes deuna crítica que está rendida a sus pies y postrada de hinojos. No sólo eso, tratar de explicar qué es Community o cómo funciona se ha convertido en una de las actividades preferidas de la crítica televisiva. Y ni aún así hay forma de poner de acuerdo a *Sepinwall con los chicos del AV Club o a un periódico con otro. ¿Se trata de una comedia llevada al extremo, de la comedia de una comedia, es tan metareferencial que puede terminar atrapada dentro de si misma?

Quizá todas las respuestas anteriores sean afirmativas porque si algo ha demostrado Community es que puede ir a cualquier campo. El paintball que ha servido para otras series como The Big Bang theory aquí sufre una mutación completa, el humor puede pasar rápidamente desde la planificación táctica de Modern Family hasta el más rudo humor sucio sutil y brutal a la vez — ¡ese juego con las banderas de las universidades! — y, además, se permite cambios y movimientos que no sólo no se veían desde Arrested development sino que ni esa serie podría haber imaginado, acercándola más a los buenos tiempos de Los Simpson

Porque si algo tuviera que caracterizar a esta serie por encima de metareferencial es mutante. Uno se pone delante de la pantalla a ver qué se les ha ocurrido esta semana, un poco como si estuviera ante un episodio de Phineas & Ferb, y sólo sabe que no puede tener claro nada.

Literalmente. Uno de los puntos álgidos de la temporada fue un episodio centrado en el cumpleaños de Abed con motivo del cual el grupo le daría una fiesta disfrazados como en Pulp Fiction. Había fotos, había declaraciones, todo el mundo esperaba ver qué se les había ocurrido. El hype generado fue utilizado por los guionistas para… ¡realizar una versión de Mi cena con André! No sólo eso, sino que los personajes que habían preparado con tanto esmero el homenaje a Pulp Fiction^se sentían engañados, ¿es que no veía Abed que lo hacían por él? de manera que el episodio, que trataba de la madurez y la frustración de expectativas literalmente frustraba las expectativas de sus hypeados espectadores. ¿Algún problema? ¡Madurad!

Este episodio doble final es otro ejemplo, el tema era el spaghetti western —aunque las parafilias de los guionistas no dejaran fuera referencias como Sillas de montar calientes — pero termina dando paso a una suerte de starwarserío que, a su vez, se queda en unos cuantos chistes y referencias para fijarse en una suerte de repaso a clichés bélicos.

De manera que, igual que en los dioramas que han estado realizando toda la segunda temporada — y que al final han servido para ayudarles a enfocar tácticamente el asalto— acaban en un último diorama que representa al grupo haciendo dioaramas: la caja dentro de la caja dentro de la pantalla.

La evolución desde la primera temporada es evidente. El piloto fue un gran punto de partida pero los primeros episodios no dejaban de ser buenos ejemplos de sitcom clásica, quizá peor orquestados que Modern Family, alocados, sí, pero a falta de un chispazo. Quizá fuera el noveno capítulo, parodia de los debates escolares, puede que el 12, el navideño, en que el tema es, sorprendentemente, la religión, lo que tengo muy claro es que para el 17, centrado en una clase de billar, la serie había sobrepasado la vergüenza. Si había que desnudar a un sexagenario mientras se interpretan grandes momentos del cine de billar y se discute sobre lo que mueve a la gente, se hace. Y se hace con naturalidad. Una de las claves. Si todo se presenta como si fuera lo más normal del mundo a nadie le sorprende que uno de los personajes, Abed, decida que la mejor forma de ligar sea…

imitando a Don Draper o que la versión de si mismo que se acercaría a una chica es…

Bueno, mejor lo pongo.

Pura lógica, ¿verdad?

1. Yo no me acerco a ligar con una chica ->¿No hay alguna versión tuya que se acercaría a ligar con ella? ->
2. Sí ->¿Qué estás haciendo? ->
3. Esta es la versión mía que ligaría con ella.

En ese momento sólo quedaba esperar a que se produjera una auténtica explosión de talento en algún momento puesto que sin complejos teníamos una versión de las pelis de gangsters como el 21, pero sería el 23 el que consiguió cambiar no sólo la forma de verla de muchos sino crear el capítulo perfecto para picar a la gente con la serie.

Hablo, por supuesto, de Modern Warfare

Es imposible describir con justicia la brillantez del episodio, su capacidad para incorporar referencias, expandir las situaciones y aprovechar a todos los secundarios que habían ido creándose para la serie.

De manera que la segunda temporada ya tenía un ejemplo a seguir. Y no sólo lo hicieron con capítulos como el dedicado a las películas de astronautas —el 4 — sino que empezaron a no ya dejar guiños ocultos sino a permitirse licencias como dejar directamente a Abed teniendo su propia aventura… en el segundo plano. O pasar de la metatextualdiad a la religión pasando por la complejidad moderna, dedicar el capítulo de Halloween a una invasión zombie, crear una conspiración llena de giros o redefinen los episodios embotellados_ quedándose en la sala para discutir sobre un robo imposible o jugar al rol.

Además, aparecen episodios de un tono abiértamente instrospectivo con un humor profundamente amargo que parecen más propios de cualquier serie dramática o se pasa a parodiar el formato emprendiéndola con las comedias de falso documental o los episodios de clips de recuerdos.

Así pues este episodio doble no ha sido sino el perfecto ejemplo de cómo reunir todo lo anterior, y cómo lo importante al final por encima de los personajes —“Estupendo, cuando parecía que no iban a monopolizar la clase otra semana”, dice un secundario ante el parto de Shirley— demostrando que cada una de sus partes es impresionante —y espero ciertamente candidaturas para al menos Danny Pudi (Abed) y Allison Brie (Annie) pero no sólo— pero que es al unión, la suma de todo o que Dan Harmon ha conseguido y reunido, sus guionistas y productores, lo que debe ser considerado.

Ahora se enfrentarán al fantasma de la tercera temporada, ese enemigo de las comedias inteligentes. Pero yo confío en ellos y aunque ahora la escuela esté cerrada por el verano estoy seguro de que lo conseguirán:

¡¡¡SEIS TEMPORADAS Y PELÍCULA!!!


Coralidad Steven

Cuando un creador televisivo dice venir de un ambiente artístico uno esperaría descubrir que sus padres eran actores, guionistas, directores o, en el mejor de los casos, cómicos. En el caso de Steven Bochco, reputado creador de series de policías, abogados y médicos, lo último que parece probable es la verdad: Steven Bochco es hijo de un violinista y una pintora, educado en la Escuela de Música y Artes de Manhattan, estudiante en Carnegie de Bellas Artes y, especialmente, de escritura de guiones y piezas teatrales.

En 1966, recién concluidos sus estudios, Bochco hizo lo que casi todos los demás jóvenes graduados: Buscarse un trabajo en una gran compañía. En su caso la afortunada fue la Universal que le puso a realizar guiones para policiales como Colombo, Ironside o El comisario McMillan y esposa entre otras, subiendo de puestos de simple guionista a responsable de guiones y de ahí a ocuparse en 1969 de su propia serie.

O casi. En realidad lo que le ofrecieron fue ocuparse de un segmento de la serie The bold ones —algo así como Los Intrépidos—, cada semana tocaba un grupo diferente que se iba turnando: Los abogados, Los protectores, El senador y, por supuesto, The New Doctors. En ella un grupo de médicos muy especializados capitaneados por el Dr. David Craig (E.G.Marshall) que cada episodio se ocupaban de un extraño caso, bien por la dificultad del mismo o por los problemas para diagnosticarlo correctamente. A lo largo de los cuatro años que duró el contenedor se emitieron un total de 45 capítulos y si bien no fue un desastre como El Senador ni logró la popularidad y respeto crítico de las otras dos sí consiguió que se fijaran en él y tras un par de años trabajando en telefilmes aceptó una oferta en 1978 para dejar la Universal e irse a la productora de Gary Tinker y su mujer, Mary Tyler Moore, MTM. En la que desarrolla su primera serie completa:

Paris, centrada en la vida de un capitán de policía, Woody Paris, y en cómo conciliaba su vida profesional y la formación de los jóvenes policías a su servicio con la vida familiar que compartía con su mujer Bárbara. No le fue muy bien a la serie gracias a una elección de horario especialmente calamitosa: Los sábados a las 10 de la noche es incluso peor que los viernes y la serie no fue capaz de llegar a los 13 capítulos, aunque si sirvió para dar a conocer a su actor principal, James Earl Jones.

Su siguiente idea, co-creada con Michael Kozoll, vendida a la NBC y desarrollada pese a todos los problemas que representada gracias a la buena conexión con Brandon Tartikoff que no dudó en acceder al reparto coral, a los arcos argumentales de varios episodios y a las tramas entrecruzadas que iban y volvían de lo profesional a lo privados. Es decir, todo lo que convirtió en un signo de identidad esta serie:

Quizá la mejor serie policíaca jamás filmada, extremadamente compleja e inteligente, alternando momentos de comedia con otros de drama y abriendo, cerrando en falso o cortando tramas, Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues) fue una historia difícil de armar, vender y poner en marcha y sólo la confianza de Tartikoff logró que la cadena no se rindiera en varios momentos complicados. La idea de llevar más allá las premisas de Barney Miller, las novelas de Ed McBain o el documental The Police Tapes dando un aspecto más sucio y realista a la serie. No tanto oscuro o desesperado como agridulce, mostrando victorias y derrotas como un todo y atrayendo talentos como Bob Woodward o David Mamet a escribir algún episodio.

Pese a todo la MTM pide a Bochco que siga trabajando y cree alguna serie nueva, algo que pueda seguir con la idea de Hill Street lo que nos lleva a:

Decir que Bay City Blues no fue exactamente como la MTM esperaba —o la NBC, pero la NBC está acostumbrada a estas cosas— es el eufemismo equivalente a El Vesubio dejó olor a humo en algunas cortinas, pese a estar realizado con alguno de los actores de confianza de Bochco como Dennis Franz esta mezcla de drama con comedia centrada en un equipo de las ligas bajas de baseball emitió sólo 4 de los 8 capítulos que tenía en producción y causó el despido de Bochco de MTM. —Pese a lo cuál Canción triste de Hill Street duró aún dos años con la NBC y MTM

Bochco contaba aún con Tartikoff como valedor dentro de la NBC así que pudo venderle otra idea, esta vez co-creando junto a Terry Louise Fisher y como productor asociado a la 20th Century Fox. Ya habíamos tenido médicos y policías así que estaba claro el siguiente paso:

Durante 12 años La ley de Los Ángeles (L.A. Law) marcó el estándar de calidad de las series de abogados aplicando ideas similares a las de Canción triste de Hill Street para mover personajes y tramas. Y si bien en esta ocasión había menos variedad racial aún se notaba la formación de Bochco en los ’60 y ’70 por la inclusión de grandes temas que se debatían en la serie.

Cantera de toda una idea de entender la abogacía gracias al lavado de cara que pegaba a viejas series como The Defenders, sin ella es imposible comprender los pasos de creadores como David E. Kelly que empezó allí como guionista y no tardó en ascender hasta responsable de guiones.

Este nuevo éxito en la NBC sirvió para lo de siempre: Hizo apetecible a Bochco para el resto de cadenas, lo que facilitó que la ABC le ofreciera un trato por 10 series. ¿Cómo iba Steven a dejarlo pasar?

La primera serie del paquete demostró las ideas extrañas que Steven Bochco, deseoso de innovar, iba a llegar a probar transitando por los límites del género para reinventarlo.

Hooperman colocaba a John Ritter_ —dos años después del final del Spin-off de Apartamento para tres— como protagonista de una serie mezcla de drama con comedia sobre un policía que, además, heredaba un edificio de apartamentos. El bajón de calidad de la segunda temporada condenó a la serie pese a los esfuerzos de Bochco para que la cadena le permitiera intentar una tercera temporada.

Por suerte para todos —incluyendo David E. Kelly, acreditado como su co-creador— su siguiente proyecto sí que fue un completo éxito, gracias al giro que daba a uno de los géneros más clásicos logrando unir las series para adolescentes con las de médicos, es decir:

Con Doogie Houser, M.D (o Un médico precoz como se la conoció en España) dio a conocer a Neil Patrick Harris y ofreció una visión diferente y fresca de las series de médicos.

Así pudo prepara a la cadena para una de las mayores debacles de la televisión. De cualquier televisión:

Sí, ese era Randy Newman. Es difícil añadir nada a lo que ya he dicho en varias ocasiones sobre Cop Rock, una idea tan extraordinaria como extraña, que trató de unir el policíaco con el musical con canciones creadas ex-profeso y que marcaría un punto en la trayectoria de Bochco del que parecía que jamás podría volver.

Solo que su siguiente proyecto fue a peor aún. Puede que la idea no fuera necesariamente mala pero el momento no era decididamente el adecuado; da igual que en 1992 Los Simpsons fueran ya un éxito: nadie estaba preparado para algo como Capitol Critters

Una serie centrada en las ratas, cucarachas y demás animales de alcantarilla del capitolio en el que no se ponía el acento tanto en el humor como en el debate de grandes temas logró horrorizar lo suficiente a audiencia y productores como para que el primer episodio fuera casi el último, emitiéndose el resto de los producidos durante los dos años siguientes. Ni las reminiscencias a Bakshi pudieron levantar la pinta de Fievel va a la Casa Blanca y tiene problemas con el alcohol, las drogas y el dinero ni el trabajo vocal de Neil Patrick Harris como el protagonista, Max, sirvió de gran cosa en lo que parecía, ahora sí, la última palada de tierra en la tumba de Bochco.

Sólo que aún le quedaban series comprometidas con la ABC y tenía el último recurso a mano: Back to the basic. (Por favor, suban el volumen antes de disfrutar del siguiente opening)

El excepcional trabajo de Mike Post vuelve a brillar en la cabecera como ya lo hiciese en Canción triste de Hill Street, y no es el único parecido gracias a la troupe de actores que Bochco arrastra de serie en serie logrando que Dennis Franz luzca especialmente mientras le va dando oportunidades a otros habituales como Jimmy Smits o Mark Paul Gosselar. Un retorno por todo lo alto, ahora con más grandes temas y mayor capacidad de ofender. Porque el espectador de ahora se ofende con nada, claro.

En cualquier caso, sirve este éxito para que la ABC pase por alto una sucesión de series poco acertadas que vinieron a continuación: Brooklyn South (1997), City of Angels (2000), Philly (2001) y Over There (2005) que llegaría al mismo año en que terminó NYPD Blue. Entre medias sólo un acierto parcial, la enorme mezcla de serie de abogados con misterio siguiendo las líneas de Twin Peaks o los seriales británicos:


GENERIQUE : MURDER ONE por artemis181

Lamentablemente la marcha de su estrella, Daniel Benzali, tras la primera temporada, acabó con la serie en una segunda temporada renqueante y perdida que hundió el buen arranque de la primera.

De manera que en 2005, tras el fracaso de Over there y el cierre de Policías de Nueva York concluía la colaboración de Steven Bochco con la cadena ABC.

En esa misma época era fácil encontrarse que sus entrevistas giraban sobre dos temas, la falta de un público interesado para ver la tele en las cadenas generalistas, que en opinión de Bochco se habían pasado al cable para poder ver programas interesantes, inteligentes y complejos dejando las generalistas con la necesidad de rellenar con contenidos que no ofendieran demasiado a nadie ni dieran muchos quebraderos de cabeza, y la sensación de que su tiempo había pasado por la falta de profesionales apasionados y competentes como Brandon Tartikoff que apoyaran a los creadores y estuvieran dispuestos a probar con series novedosas.

Irónicamente su siguiente proyecto sería coger una de las series más exitosas del arranque de la temporada de 2005 y, siendo amables con él, desmontarla. Tras las sucesivas broncas entre la ABC y el escritor Rod Lurie la cadena decide prescindir de él para continuar desarrollando Señora Presidenta (Commander in chief) después de que el estilo polémico, intelectual y descuidado con plazos y fechas de entrega de Lurie cansara a la cadena que prefirió intentar tirar de un profesional competente. El resultado fue que tras su magnífico inicio la serie se convirtió en plana y predecible hundiéndose en las audiencias y cerrando rápidamente en el episodio 18.

Así que Bochco hizo lo más sensato, se pasó a los canales de cable y allí presentó en 2007 una nueva serie de abogados Raising the bar. de nuevo con Gosselar, a quien ya había introducido en Commander in chief, y de nuevo con una forma tan formulaica y cansada de hacer las cosas, tan esto ya lo he visto que en dos temporadas estuvo fuera.

Podríamos pensar que en 2009, con el cierre de Raising the bar, Bochco se habría rendido a participar sólo como consultor, supervisando y escribiendo novelas, alejándose de la televisión de combate.

Pero la verdad es que en estos momentos se encuentra desarrollando una idea para Showtime, un proyecto ultrasecreto a medias con Chris Gerolmo llamado Church of Rock de la que poco se sabe y mucho se especula. Parece que aún tardaremos toda una temporada en descubrirlo pero mientras nos quedamos con una idea, y es que los viejos rockeros de la creación televisiva nunca se retiran.