Jugando Diosdado

Durante los años ochenta dos mujeres dejaron una huella profunda e indeleble en la televisión española desde detrás de las cámaras. Una de ellas, Pilar Miró, dejó tras de sí una herencia difícil, controvertida y quién sabe si más santa o pecadora. La otra, que simultaneaba ambos lados del espejo, tuvo un paso breve pero tan bien aprovechado que hizo más caldo que otras carreras más dilatadas. Logró no sólo adelantar el reloj de la ficción española hasta pasarlo al horario adulto, sino que además fusionó la calle con la ficción con una clase tal que no se sabía si las conversaciones sobre lo ocurrido eran el principio o el final de los capítulos. Antes guionista que actriz, antes dramaturga que guionista, antes escritora que dramaturga, pero antes que nada: Ana Diosdado.

Era esperable que saliera todo un teatro de una niña que mamó tantas tablas: Hija del actor Enrique Diosdado y de la actriz Isabel Gisbert, nacida en Argentina por azares del destino y la guerra, tuvo por madre a la segunda esposa de su padre, Amelia de la Torre, y por madrina a nada menos que la gran Margarita Xirgú. Vivió y trabajó en el teatro aunque siempre se ha definido como escritora, cuando colgó la carrera de Flosofía y Letras en la Complutense para dedicarse a escribir relatos y novelas (un par de las cuales acabaron rondando el Planeta) y también cuando triunfaba adaptando obras extranjeras o creando las propias, fruto de las cuales conseguiría el premio Fastenrath de la Real Academia, demostrando su pedigrí más allá de cualquier rastro de duda.

La primera vez que escribió para la televisión en realidad no lo hizo. O, en realidad, es más una historia del medio que el medio para una historia. Teóricamente en 1972 realizó una primera versión de Yo, la jueza, serie sobre una mujer comprometida con la justicia que pendula entre esta y un guapo galán. Es de suponer que el galán en cuestión era Carlos Larrañaga pero, ay, en ese momento se supone que aún no lo conocía. En cualquier caso, este proyecto seguiría yendo y viniendo. El director Pedro Masó parecía preparado para rodarla en 1991 pero pronto desapareció de la vista. En 2006 sería Masó el encargado de traerla de vuelta a la pista central contando una extraña historia con Pilar Miró y Ana Belén, en el que el nombre de Ana Diosdado no se mencionaba. En cualquier caso, a día de hoy seguimos sin saber nada de este “guión fantasma”.

Lo que sí sabemos es que en 1974 se estrenaba Juan y Manuela, una serie aparentemente amable que bebía del éxito juvenil de Diosdado gracias a la obra de teatro Suenan los tambores, en la que se enfrenta con Jaume Blanch para lanzar una vaselina discreta y alegre a favor de la juventud. Porque mientras parece que está metiendo una trama tranquila aquí, como en el resto de su obra, la autora demostrará una capacidad para la dureza , un posibilismo explicando la sociedad de manera que trasmita una dureza inédita, no por tragable aterciopelada.

Lo que nos lleva a dos cosas, a que se muera Franco, primero, y a que le dejen estrenar entonces su siguiente proyecto: Anillos de oro
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Preocupados los gerifaltes públicos por lo que podía suceder con esta serie sobre la Ley del Divorcio aprobada en 1981, no sería hasta 1983 que se consiguiera estrenar. Y en ella podríamos comprobar la gran capacidad actoral de la autora y de un jovencito Imanol Arias, mientras que la dirección de Pedro Masó y la labor de Gil Parrondo terminaban de redondear una trama en la que se examinaban todos los aspectos del divorcio.

Y, de paso, matar a Xabier Elorriaga.

Cierto, junto con el divorcio se trataba también el adulterio, el aborto o la homosexualidad. Pero era casi más impactante que se quitaran de en medio al marido de la protagonista o que la serie terminara con uno de los abogados cambiándose de país.

Para su siguiente proyecto decidió volver a esa juventud que le había valido tantos éxitos para ofrecer otra visión, realista y creíble, fundada en temas más importantes y en un acercamiento inteligente y, por supuesto, duro. Siempre buscando una forma de poner el dedo en la llaga no dudó en abrir una llaga o en poner a actores prometedores en situaciones… Vean a Jorge Sanz.

Efectivamente, ése es el espíritu. El que se podía encontrar en Colegio Degrassi o el que David E. Kelly pondría en marcha en Boston Public, lo que se veía, en resumen, en Segunda Enseñanza.

La forma de operar de Diosdado la lleva a ser de nuevo una de las figuras centrales, la contraposición de los profesores con los alumnos —bien es cierto que ofreciendo una imagen generalmente más suave de los mismos— buscaba no tanto crear el efecto de contrarios como ayudar a la historia, estableciendo los problemas que padres y educadores podían tener para entender lo que les pasaba, sacando falsas conclusiones cuando no, directamente, entendiendo al revés la situación.

En cualquier caso, y pese a un cierto éxito en el extranjero, la serie tampoco continuó y la carrera de Ana Diosdado volvió rápidamente a centrarse en el teatro y la literatura. Especialmente con las vueltas literarias de Los ochenta son nuestros, primero obra de teatro, después novela de cierto éxito y entonces, de nuevo y con cierto más interés, obra otra vez. Como anécdota, en 2010 fue recuperada de nuevo, quién sabe si por un —tardío— entendimiento del regreso ochentero o por pura nostalgia.

Junto a sus triunfos se unió una nueva circunstancia en 2001 cuando fue nombrada presidenta de la SGAE en 2001, cargo en el que estaría hasta 2007. Si bien desde el principio ella aseguró estar allí más por representatividad, tampoco dudó en respaldar la gestión del momento frente a las voces contrarias, como la de Loquillo.

En la actualidad sigue moviéndose, creando, preparando proyectos y puede que su larga separación del medio televisivo facilite que nos olvidemos de ella y de lo que supuso, pero sin su forma de conjugar historias reales con una visión ética y una opinión que no eliminaba las partes más duras que venían unidas a ellas, sin esa manera que —vista con la perspectiva de los años— quizá pecara de algo de bondad y de una cierta idealización pero que, con todo, sirvió como una vara que ayudaba a desarrollarse nuestra ficción.

Que luego ese crecimiento se parara o se malinterpretara ya es algo completamente alejado de sus culpas y responsabilidades; porque si algo podemos decir de Ana Diosdado y la ficción española es que proporcionó en su momento más dulce un gran modelo a seguir.

Ya podría volver al medio.


Pilotos atorrados

Seguro que alguno de vosotros pensaba que lo de hacer un Pilotos Deathmatch un mes después del de primavera era broma. Pues no lo era, chincha.

El caso es que a falta de la mitad de la temporada de verano y sus pilotos — que a ver cuándo tengo tiempo de sacar porque, en fin, Alphas de la SyFy empieza esta noche, ¿lo preferís en Agosto o ya lo dejo para Septiembre? — vamos con lo que ya se ha estrenado. Así que marcamos que esto cubre del 29 de Mayo hasta el 10 de Julio de 2011 y vamos a ver qué novedades hay. Spoiler: No os emocionéis demasiado.

Almost heroes
Imaginad que fuerais canadienses y os gustara, qué se yo, las primeras pelis de Kevin Smith y Black books. Pues esa es la idea de los hermanos Belleville. Primero buscan una dinámica, dos hermanos pasan a ocuparse de la tienda — de cómics— familiar, el pequeño (Ryan Belleville) sigue siendo un pequeño geeky mientras que el mayor —que en lugar de un Belleville es el ex- Gallactica Paul Campbell — regresa de aprender Empresariales en Harvard. Amateurismo con ganas aplastado, claro, por los dos referentes manejados. Aunque supongo que a los fanes acérrimos de estas cosas les hará gracia.

ANT Farm
Os parecerá difícil de creer pero el Disney Channel presenta una serie centrada en una escuela de superdotados centrado en una chica que es una música excepcional. Increíble, ¿eh? De manera que estos superdotados están dentro de un proyecto del instituto en el que, en fin, hay chicos normales que no aceptan bien a estos raritos —¡oh!— de manera que hay drama, hay comedia y, por supuesto, hay música. Bostezo

Case histories
Otra de esas series cortas británicas de género negro, en este caso adopta la forma de tres historias en dos partes para llenar los seis capítulos. Sí, se que entender la forma de organizar las historias de los británicos siempre es complicada. En cualquier caso la serie es efectiva, sencilla, y —mucho me temo— más sólida que sorprendente aunque, eso sí, el personaje central del detective privado Jackson Brodie está magníficamente interpretado por Jason Isaacs. No es imprescindible pero merece la pena darle una oportunidad.

Combat Hospital
Lo más chocante de esta serie es que, por raro que suene, trata de médicos haciendo de médicos. En serio, todo eso de juegos mentales, de amores y odios o de megalomanías varias no es lo principal. Trata de gente que cura —o al menos lo intenta— a otras personas. Y sí, también hay esas otras tramas, pero son secundarias, pensadas para definir y tornear a los personajes más que para hacerlos interesantes y lograr que pase algo. Mucho antes de su estreno ya se hablaba de un intento de realizar una aproximación a M*A*S*H desde un punto de vista como el de Urgencias. pues bien poco más elogioso se puede ser que decir que lo han logrado. El desarrollo de este excelente punto de partida será lo que marque hasta dónde pueden llevarlo sin caer en los tópicos.

Falling Skies
Una de las series más anticipadas y, sin duda, más esperadas de la nueva temporada. Extraterrestres con Steven Spliberg de fondo y el buen hacer de Noah Wyle como protagonistas. Todo para que acabe siendo un petardo. Si ya había momentos aburridos en la adaptación de La guerra de los mundos imaginad lo que puede ser una serie que pese a la interesante premisa inicial logra convertirse en lo que podríamos denominar como un Melodrama SyFy. Tras el fallido intento de revivir V y ese fantástico despropósito que es The Event parecía que los extraterrestres no podían salir más perjudicados pero series como está nos recuerdan que todo es, siempre, susceptible de empeorar.

Franklin and Bash
¿Os habéis aburrido ya de las series en las que dos amigotes del alma con mucha labia y forma de dar vueltas a la situación son abogados que ligan y beben y todas esas cosas? Porque, en fin, quizá tras la desaparición de Boston Legal o el espanto de The Defenders creáis que aún se puede dar una oportunidad al tema. Y la verdad es que comparada con Defenders es una mejora — lo que hace merecedora a la serie de un premio Tallest Dwarf — pero eso no elimina que parezca no ya poco creíble sino, directamente, Epi y Blas, Abogados. Así que imagino que tendrán para tres temporadas mínimo.

Happily Divorced
Fran Drescher es recordada —un decir— por su papel como Fran en La niñera y también por ser la proto- Cougar Fran en Living with Fran (seduciendo a Ryan McPartlin justo antes de ser el Awesome de Chuck) y ahora ha dado un paso más para interpretar a Fran, una mujer felizmente casada hasta que su marido decide confesarle que se ha dado cuenta de que le gustan los hombres. A él. Algo que ya le pasó a la actriz en su vida real. En ese momento no debió parecerle divertido y, francamente, logra que tampoco los espectadores logremos entender dónde está la gracia aquí.Sí, siguen siendo los mejores amigos, siguen compartiendo casa aunque no cama y están en el canal que emite Hot in Cleveland, pero eso no es excusa.

In with the Flynns
Lo creáis o no también en UK se copian series de USA, no es sólo al revés. En el caso de esta serie se pilla Grounded for life, la serie de culto —a mí no me miréis— que Donald Logue tenía en la FOX durante la primera mitad de los ’00, que tenía la particularidad de ser una serie sobre una familia católica irlandesa bastante desastrosa y, sobre todo, por empezar a mitad o al final de la narración e ir montando los flashback hasta llegar de nuevo al punto de inicio. A mi nunca me hizo demasiada gracia y, para qué retrasarlo más, tampoco esta versión inglesa —que añade una mayor autenticidad, para esos son ingleses— que poco más ofrece.

Injustice
Esta vez la cadena británica de turno —La ITV en este caso— decidió emitir los cinco episodios de esta serie en cinco días consecutivos, en una sola semana de Lunes a Viernes pudimos seguir la trama más psicológica que policial de este auténtico bombón criminal. James Purefoy es William Travers, un abogado que ha vivido algo que le ha hecho perder la fe en el sistema judicial. Pero cada vez que tiene la cámara cerca la serie es secuestrada por Charlie Creed-Miles que interpreta al Detective Wernborn, un auténtico cabronías muy efectivo que esperamos llegue a tener serie propia algún día. Así, mientras vamos descubriendo qué le pasó a Travers y qué planea Wernborn avanzamos también sobre un caso en el que el abogado se muestra reluctante y el policía implacable, todo ello con una reflexión sobre el sistema judicial de fondo. No es una obra redonda —sin ir más lejos, puede resultar algo complicada de seguir o directamente confusa, si bien parece una finalidad perseguida por el creador Anthony Horowitz— pero si un gran ejemplo del famoso género negro británico.

Jon Benjamin has a van
El cómico Jon Benjamin logró una serie para Comedy Central en la que una premisa de documental — Benjamin es encargado de hacer distintos reportajes por toda USA— le permite alternar una serie de sketches entre el mockumentary y una trama como hilo conductor del capítulo. Esto, que a primera vista podría parecer una buena idea, acaba siendo un completo muermo dependiente de lo bien que le caiga y la gracia que le haga Jon Benjamin.

Love bites
Manifiesto mi total incomprensión hacia esta serie, una de esas que ha estado rondando por la cadena a la espera de que alguien decidiera estrenarla o cancelarla. Al final la estrenaron y, en fin… La idea central sería la de hacer Vacaciones en el mar con el amor de por medio. Digamos que algo parecido a la vetusta Love, american style que tanto movió durante la primera mitad de los ’70. Y si creéis que tanta referencia setentera no iba a convertir la serie en algo casi de museo esperad a oír la forma en que las historias interactúan porque, en fin, acaba siendo casi un serie de o tanto sketches como largas Escenas centradas en el amor. eso sí, embutiendo una cantidad de actores ya actrices invitados — de Jennifer Love Hewitt a Jeffrey Tambor — que parece dispuesto a reunir en una temporada lo que Hotel en toda su duración. Francamente, no se la recomiendo a nadie. Por contra, algunas amigas aseguran que es una serie divertida y que hay que darle una oportunidad. Yo no tengo intención, decidan ustedes a quién van a creer.

Necessary Roughness
Una mujer recién divorciada y dura se convierte en la terapeuta de un equipo de fútbol americano gracias a sus modales hoscos y a su manera cortante y abrupta de tratar con la gente. Esto hará que otras celebridades se le aproximen aunque ella querría relajarse y centrarse en su familia. Puede parecer un más de lo mismo y, sorpresa, lo es. Pero al menos es uno en el que, por previsible que sea el personaje central protagonista, se han molestado en crear un ambiente diferente en el que soltarlo.

The nine lives of Chloe King
Es difícil decir que esta serie está mal desde el título, pero es que es difícil tomarse en serio una producción que parece creada con un público muy concreto en mente y con pocas ganas de alejarse de los clichés —¡¡¡Todos a la vez!!!— del auge del paranormal romance adolescente. Sí, la prota es una chica que trabaja —es un decir— en una tienda de ropa —o algo así, a estas alturas no sé qué veden ni si venden ni si ella trabaja de verdad o qué leches pinta allí— y vive con su madre tras la desaparición de su padre. Pero además es la Elegida de turno, heredera de una raza de Dioses-gato a la que tratan de cazar unos señores malos. Y hay pretendientes, y amigos, y clases de instituto. Un poco de todo, desde Vampire Diaries a Buffy cruzando por Crepúsculo, el batido es algo indigesto pero visto con buenos ojos —o sin prestar mucha atención— puede ser un perfecto producto para la siesta.

The Protector
Otra serie de detective femenina dura y fuerte que trata de sobrevivir en un mundo de hombres demostrando su… Me niego a seguir, ya sabéis como es y yo ya me he aburrido.

Single white Spenny
El creador canadiense Spencer Spenny Rice es otro acostumbrado a interpretar no ya a alguien llamado como él sino, directamente, a versiones cómicamente aumentadas de él mismo. Sobre todo gracias a Kenny vs. Spenny, una serie de bastante popularidad en Canadá sobre las competiciones entre Spenny y su amigo el también humorista Kenny Hotz. Cuando decidió realizar un programa sobre sus problemas para citarse con mujeres tras su divorcio quedaba claro que iba a ser también con formato de falso documental — el conocido mockumentary — y que la gracia dependería de cómo lo encajáramos. Yo no lo veo muy claro pero, eh, lo mismo ustedes conectan más con este Spenny.

Sirens
Alegre comedieta británica sobre un grupo de ambulancieros que sin ser nada del otro mundo permite ver a Richard Madden alejado del papel de Robb Stark interpretando a Ashley Greenwick, un paramédico gay, y no mucho más. La serie es simpática, sí, pero no ofrece muchos motivos para seguirla.

So random
Dentro de las locas ideas del Disney Channel esta es una de las más interesantes. Cuando Sonny with a Chance se quedó sin su estrella, la Sonny del título, Demi Lovato, debido a que decidió someterse a una terapia anti-estrés * cof * en la cadena tenían que decidir qué iban a hacer con la serie y con sus actores. Al final la solución fue darle una vuelta al concepto. Da igual que Lovato se recuperase, del estrés, porque la serie podía seguir sin ella. De esa manera, las historias de un grupo de chavales que trabajan en un programa de sketches llamado So random pasó a ser el propio programa, con unos brees cambios de reparto y una clara inspiración en el SNL logrando una versión infantil —o juvenil— con buenos actores y mucha preparación con menos extensión, una idea que, sorprendentemente, funciona en sus limitaciones. Habrá que ver si funciona como cantera de cómicos.

State of Georgia
Hablando de chavales del Disney Chanel, ¿les suena Raven? Ella es la estrella de State of Georgia, una comedieta insulsa que pasa al siguiente nivel, el ABC Family, a esta chica acostumbrada a actuar aunque, de momento, no parece que pueda ir más allá de la farsa básica.

Stolen
Dentro de la variedad de emisión de UK aquí tenemos una serie que ha terminado como un largo telefilme de hora y media con Damian Lewis (Life) como protagonista en un más emocional que investigativo thriller sobre el tráfico de niños en Reino Unido.

Suits
Novedad de USA Network sobre abogados que funciona por los pelos creando una dinámica extraña entre sus dos protagonistas. Como si de una extraña versión de Psych se tratara la vuelta de tuerca está en que el personaje central, Mike Ross, es un tipo salado y con verbo que, además, posee una memoria fotográfica que le permite pasar el examen para ejercer de abogado sin haberse graduado. Su contratación por una importante firma, decisión personal del otro personaje central, hará que tengan no ya que esconder que el chico no tiene carrera sino, incluso, fingir que la hizo en Harvard. Se deja ver, pero no le pidan mucha profundidad.

Switched at birth
¡Huyan! La historia de dos chicas que descubren en su adolescencia que fueron cambiadas en el hospital es una de esas cosas pastelonas e insoportables de las que, particularmente, prefiero encontrarme lejos.

Teen wolf
Olvídense de la película, esto es The WereWolf Diaries con todo lo malo y lo bueno que eso significa. Hay personajes recurrentes y tramas intrincadas, no hay demasiado humor ni hombres lobo jugando al baloncesto, así que, por lo menos, nadie podrá llamarles a engaño.

Wilfred
Una de las esperanzas de la temporada, esta serie sobre un chico y el perro de su vecina se supone que es divertida. Proque el chico es un adulto que lo lleva fatal y porque… el perro de su vecina habla. De hecho, es un señor disfrazado de perro tal y como puede ver el protagonista — Un Elijah Wood que parece distraído permanentemente— que proporciona apoyo al protagonista mientras trata de pasárselo lo mejor posible. Le voy a dar un par de episodios más pero, francamente, no entiendo qué gracia puede tener esta serie que parece un intento de ir a por los indies y modernos con el concepto de Infelices para siempre.

No puedo dejar de seguir: Injustice.

Recomiendo sin problemas: Case Histories, Combat Hospital, So random.

Gustará a los que estén en ese tipo de series: Teen Wolf, Franklin and Bash, Suits.

A ver si para la próxima —¿Agosto, Septiembre?— tenemos algo más que rascar.


Marcial Bellisario

Semper fidelis es el lema de los Marines. Durante años muchos son los que se han entrenado a sus órdenes. Cada cuál tiene su historia y el de este Marine en particular incluye el nacimiento en Pensilvania como resultado del matrimonio entre una madre serbia y un padre italiano y varias turbulentas historias que le llevan a enrolarse con veinte años en este cuerpo.

En el 59 deja el cuerpo con una Medalla de Buena Conducta y entra en la Universidad Estatal de Pensilvania para conseguir una diplomatura en periodismo que le abrirá la puerta tres años más tarde a trabajos de creativo publicitario con los que fue ganándose la vida, subiendo de nivel, de colaborador en una pequeña empresa de publicidad a Director Creativo de esa empresa para después dar el salto en el 68 a la Agencia Bloom en la que iría subiendo posiciones, entrando ya como Jefe de Redactores, hasta convertirse, 8 años más tarde, en Vicepresidente Creativo, Director Creativo y Miembro del Consejo. Momento en el que decidió que quería probar cosas nuevas. Tenía que moverse. A Hollywood, concretamente.

Tras un par de trabajos menores le llega la oportunidad de ponerse a las órdenes de Stephen J. Cannell en su primer gran encargo Baa Baa Black Sheep, aunque será dos años más tarde cuando encontrará su camino al entrar a trabajar junto al gran Glen A. Larson en Galáctica Estrella de Combate, un encantador desastre que sirvió para afianzar su relación con Larson lo que propiciaría el lanzamiento de su siguiente serie, la primera conjunta.

Ya hablamos bastante de Magnum, P.I. hace unas semanas. Fue un gran éxito que duró ocho temporadas y proporcionó a Bellisario —que fue el que se quedó guardando el fuerte en cuanto Larson se largó— unas tablas tremendas.

Aunque la obra de Donald P. Bellisario se distingue por una serie de constantes entre las que entra procurar no trabajar en muchas series a la vez —lo que significa que suelen ser series de larga duración y gran éxito precisamente porque no se dispersa— sí que se aventuró cuando tuvo la oportunidad de hacer su serie propia y personal.

Hay otros autores en los que los parecidos tiene que ver con algún tic, alguna forma de abordar los problemas o un tono general. Bellisario tiene una lista de ellos.

El más evidente es el pasado militar —cuando se molestaba en hacerlo pasado— de sus protagonistas.

En Magnum el protagonista es un ex- Navy SEAL veterano de Vietnam, pero no sólo él, T.C. era Marine y piloto de helicópteros en Vietnam, Rick era el artillero de T.C. y también Marine e incluso Higgins tenía un pasado militar como Sargento Mayor en la British Army.

Pero no sólo eso, también hay un sentimiento de familia entre sus personajes —que nunca son familia, claro— y, a la vez suele haber familia de Bellisario, no sólo entre el cuerpo técnico, también —además— entre los actores. Y su capacidad para reciclar y recuperar actores y personajes de una serie a otra debería ser legendaria.

En cualquier caso, la brillante explosión de Magnum le permitió atreverse a su primera serie en solitario que resultó ser:

Efectivamente, los Cuentos del Mono de Oro. Jake Cutter es un antiguo miembro del escuadrón Flying Tiger que ahora tiene un bar. También tiene un perro con un parche en el ojo, un amigo borrachín y un interés romántico hacia la cantante de su antro que —cosas de la vida— en realidad es una espía estadounidense. Como esto está localizado en el Pacífico en 1938 no resulta tan raro, ni ellos ni el espía nazi que finge ser cura, la Dama Dragón —imprescindible ante semejante recreación de Terry y los piratas— y su fiel ayudante o el gobernante francés. Muy variado todo.

Sin embargo, pese al sabor clásico, la acción sin parar y el buen gusto general la serie no llegó a funcionar.

Lo sé, vosotros la recordáis. Pero, asumidlo, eso no significa que en su momento funcionara. Así que al final de temporada no fue renovada y pasamos a la siguiente.

Por supuesto tener a un piloto de aviones aquí y a otro de helicópteros en Magnum dejaba claro que Bellisario iba a seguir con el tema, incluso jugueteó con la idea de sacarse un spin-off del imposible crossover de Magnum con Los cuentos del mono de oro presentando a un personaje para la primera que parecia un calco de otro interpretado por el mismo actor en la segunda. Pero logró controlarse, lo justo para que al emitirse el piloto/ telefilme de 1984 Airwolf, sobre los pilotos de un helicóptero en un estilo que recordaba a un Trueno azul tuneado, estaba cantado que acabaría siendo serie. Aunque para ello tuvieran que reconstruir el cast entero.

Stringfellow Hawke es un… ¿lo adivináis? ex-piloto de helicópteros y veterano de… Vietnam, sí. Este hombre es así. El caso es que le tenemos a él, tenemos a Ernest Borgnine como su mentor y ex-compañero en la Segunda Guerra Mundial de su padre, la familia-que-no-es-familia —aunque se menciona a St. John, su hermano y protagonista del telefilm. Cosas de la tele— y algún secundario más que va pasando. Al final de la tercera temporada la CBS decidió no renovarlo y se vendió una versión pinypon a USA que, claro, al no contar con las estrellas o el presupuesto terminó con la serie.

De esa manera llegamos a 1988, el final de Magnum, Bellisario había sacado una película para la tele llamada Three on a match sobre una fuga (im)perfecta que no había pasado de ahí y estaba decidido a usar el tiempo libre entre proyectos preparando su salto al cine con una película que es difícil incluso de describir: Vínculos de sangre

Intentémoslo. Mantened la compostura. Veamos… El Padre Michael Pace es un cura neoyorkino con lazos familiares con la sangre que usa la Iglesia para proteger a la amante de un Don muerto cuando la viuda de este manda a sus asesinos a por ella. Los protagonistas son, en el papel de la amante, Daphne Zuniga, y como el contrariado curita… Tom Berenguer. Visualizadlo.

El resultado de la película convenció a Bellisario de volver a al tele e, incluso, darle una vueltaal asunto, acercándose a los postulados de Larson sobre la ciencia ficción, salvo que en lugar de usar la experiencia de Galáctica decidió darle una vuelta al concepto de viaje en el tiempo. Sí, estoy hablando de su creación de 1989 Quantum Leap o A través del tiempo entre otros títulos con los que la FORTA lo emitió aquí a principios de los noventa.

Sam Beckett es un científico — ¡Viva! ¡Bravo! — que termina viajando en el tiempo a través de las personas y personalidades de distintos hombres y mujeres, todos ellos de su nacimiento en adelante — ¡Brillante manera de reducir el presupuesto!¡Chúpate esa Dr. Who ! — para enmendar los errores cometidos en el pasado. Por suerte no está sólo gracias a su compinche Al Calavicci, el Almirante Al Calavicci, a ver si os creíais que habría una serie de Bellisario sin militares. Todos los temas, y varios actores recurrentes, pasan por allí. No sólo el grupo del viaje es una pequeña familia con Al, Sam y el siempre elíptico Ziggy, además los problemas de Al con sus cuatro ex-mujeres cambian cuando Sam arregla su vida casi al final de la serie a ser sus cuatro hijas. —No literalmente, cielos, eso sería duro de asumir—

Del mismo modo, Bellisario reserva para esta serie una de sus más grandes historias, basada en su experiencia personal. Porque fue compañero en el ejército de Lee Harvey Oswald y por algún lado tenía que acabar saliendo. Sin mencionar que su hipótesis sobre el asesinato de Kennedy es una de las más originales que se han podido ver jamas en un medio. Para Bellisario Oswald estaba mal de la cabeza y lo hizo todo él solito. Precisamente por eso, por que un hombre sólo, enajenado, pudiera demostrar la fragilidad de la inteligencia, propone Bellisario que se crean las teorías y conspiraciones, que podrían ayudarnos a sumir lo fácil que es matar.

En cualquier caso, las interpretaciones de Scott Bakula y del siempre magnífico Dean Stockwell como Sam y Al la convirtieron en una serie de culto, de tal manera que incluso ante lo cara de producir que era la cadena le permitió una cuarta y última temporada de despedida.

A la vez que preparaba esta temporada de despedida Bellisario creaba una serie llamada Tequilla & Bonetti que reunía por un lado la idea de Turner & HutchSocios y sabuesos en España, ya sabéis, Tom Hanks y un perro — y por el otro la de Mira quién habla — Ya sabéis, Kristie Allye y un John travolta. Ah, y un bebé. —

De manera que en 1992 — Uno antes de Mira quién habla ahora todo sea dicho. — salió esta serie sobre un Policía de Nueva York orgulloso de su italoamericanidad que termina en Los Ángeles tras un tiroteo que termina con una niña muerta —No es la más original de las excusas, ya la tenía Matt Scudder, pero algo es algo— lo que le lleva a la extraña ciudad nueva en la que es un pez fuera del agua, con todo el mundo más ocupado por meterse en el negocio de las películas y vivir sano. En fin, esto no es Rex, un detective diferente.

Tanto dio porque se la pegó. Y eso que tenía a un reputado —Je— Jack Scalia y a una incipiente Mariska Hargitay —Y eso que su personaje tenía por hija a la del jefe, Troia — En media temporada estaba fuera. Eso sí, en el año 2000 se grabó una continuación externa en la que Jack Scalia retomaba a Bonetti, esta vez en Roma, y le ponía el nombre Tequila a otro perro, como homenaje a su anterior compañero. Esta vez duraron nueve episodios.

Mientras preparaba su próxima proyecto le dio tiempo a sacar otro telefilme, Crowfoot, otro de policías que quedó en nada ante la magnitud de su siguiente proyecto. Porque si algo faltaba en Tequila y Bonetti era, sin duda más militares. Muchos militares. Así que, ¿por qué no utilizar como excusa argumental la exitosa Algunos hombres buenos para reeditar el éxito de Top Gun? Al fin y al cabo ambas películas iban de Tom Cruise en el ejército.

Mejor aún, todo el mundo sabía que Donald P. Bellisario era el mejor amigo de los militares en la ficción televisiva. Puede que no fuera tan de derechas como un Dick Wolf pero sin duda entendía y transmitía las esencias como ningún otro, de hecho sus series rebosaban de amistades viriles y orgullo de cuerpo, de ética recta y confianza en los superiores. Incluso teniendo en cuenta que todos sus protagonistas eran siempre rebeldes capaces de saltarse las normas si era necesario lo hacían porque tenían Fe en los cuerpos. De ahí ese canto a la formación castrense y a la familia no-sanguínea.

Todo lo cuál llevó a las Fuerzas Armadas a firmar acuerdos de colaborador para su siguiente proyecto. JAG

Y no.

La excusa de los juicios para jugar a los soldaditos funcionó terroríficamente mal y la NBC — ¡Esa cadena! — decidió no renovarla. Por suerte la CBS pensó que era una pena desaprovechar a Bellisario y todos sus acuerdos, sólo necesitaba… un toque. Fuera la repelente Meg Austin de Tracey Needham y hola a la luchadora Sarah Mac MacKenzie de Catherine Bell, adiós a esos momentos Top Gun porque lo que la gente quiere es más melodrama procesal, y hay que hacer fijos al buen secundario Bud y al Almirante, que se vea que es un equipo cohesionado y, a al vez, con distintas opiniones. Que quede claro que en el ejército se pueden dar distintos modos de pensar siempre que estén dentro de un orden.

Exitazo. No sólo duró 10 años, hasta 2005, es que los ataques del 11S la elevaron al Top 10 — vale, al 10, pero ya es Top. Lástima que al final de temporada terminara en el 15— en su séptima temporada revitalizándola. Además sirvió para demostrar que una serie así podía funcionar y para estrechar —por difícil que sea de creer— la relación entre la Marina y la Armada con Bellisario además de para que este enchufara a su familia, ya fuera a su hijo David com productor o a su hijo Michael en un papel recurrente de actor.

Cuando vio venir el final de la series Bellisario intentó varios trucos para revitalizarla introduciendo a nuevos personajes —lo que incluye un capítulo llamado, literalmente, JAG : San Diego que funcionaba como prueba para continuar la serie— y, a la vez, preparó un par de proyectos alternativos. El primero, First Monday no fue muy lejos.

La serie, sobre el Tribunal Supremo, con un Joe Mantegna como juez moderado atrapado entre las dos facciones que veía pasar los casos más difíciles, se encontró con un recibimiento frío frente al interés suscitado hacía sólo un par de años. Tan frío fue que duró sólo media temporada.

Por contra, la otra serie, presentada al año siguiente, llevaba más tiempo gestándose. En la octava temporada de JAG se presenta al personaje que sería central: Gibbs, interpretado por Mark Harmmon, encargado de investigar la muerte de un personaje recurrente en la serie, la insoportable Teniente Singer, epítome de las abogadas sin escrúpulos que están más interesadas en ganar que en hacer justicia.

Su aparición para resolver este último entuerto que Singer causaba al JAG en un episodio doble especial fue el planificado lanzamiento para la serie que ha centrado los esfuerzo de de Bellisario en los últimos años:

Las aventuras de Gibbs y sus chicos siguen la idea general de todo Bellisario y, más concretamente, de su etapa en el JAG: Militares, más militares, aún más militares, y suspense. Aquí tiene menos melodrama al eliminar la parte judicial permitiéndose algo de espacio para el romance —algo que casi siempre ha causado problemas en sus series por ser un accesorio que sobraba habitualmente— y, sobre todo, para un mayor uso del humor. De manera que se convirtió en una de las series más accesibles y pro-americanas de la parrilla logrando, una vez más, ser un enorme éxito de audiencia.

Acaba de concluir su octava temporada con el inexplicable record de ser la serie más vista tras derrotar en dura pugna a CSI y luchando sólo con su propio spin-off —que el año pasado le arrebató el puesto— por la codiciada plaza de Serie más vista de USA.

Lamentablemente para la CBS el hecho de que la mayor parte de espectadores estén pro encima de los 50 años la hace menos atractiva a los ojos de los anunciantes por lo que solicitaron a Bellisario la citada versión para jóvenes.

Bellisario, fiel a sus principios, los mismos que le han llevado a crear sólo ocho series en una carrera de treinta y tres años por centrarse en sus historias mientras aún funcionen —como demuestra el inexplicable éxito de la octava temporada, cuando otras series están más que finiquitadas esta logra su máximo de datos con 19,5 millones de espectadores — de manera que delegó no en uno de sus hijos como hubiera sido esperable — la pequeña Troian es la Pretty Little Liar Spencer y por meter en NCIS está hasta su hijastro Sean Murray — sino en un desconocido para el gran público acordado con la CBS, el australiano Shane Brennan que empezó como guionista de la serie para hacerse cargo del puesto de Jefe de Guionistas para descargar a Bellisario, que tiene ya 75 años, de trabajo y acabó yéndose a dirigir los destinos de su propia franquicia.

Así que aquí tenemos a Donald P- Bellisario, que cumplirá 76 años el próximo 8 de Agosto —fe cha de cumpleaños de varios de sus personajes— que sigue defendiendo los valores castrenses, la ética y moral del ejército, haciendo una apología de la familia no-sanguínea y de los hombres de acción con un punto de rebeldía. Y superando con ello no sólo la marca de serie más vista sino, además, las ocho temporadas de la popularísima Magnum P.I..

Parecería un buen momento para que este trabajador incansable se retirara pero viendo las opiniones de sus personajes, que tan claro dejan la existencia unificadora de un auténtico autor tras la obra, así que tendremos autor hasta que se tenga que reunir con esos compañeros marines a lso que ha demostrado ser semper fidelis.


Mimito intempomortal

Ha muerto Peter Falk, pero eso ya lo sabías. Quizá le recuerdas como el abuelo que contaba la historia en La princesa prometida, como el Sam Diamond de Un cadáver a los postres, siendo él mismo en El cielo sobre Berlín o ejerciendo de muso regular de John Cassavettes, también como el desastrosos ayudante del pérfido Dr. Fate que el gran Jack Lemmon componía en La carrera del siglo, logrando una candidatura al Oscar en El sindicato del crimen y, por supuesto, dando vueltas entre Glenn Ford y Bette Davies en Un gangster para un milagro consiguiendo así su segunda candidatura.

Pero resulta que no. Que de entre las 100 interpretaciones de su carrera todo el mundo destaca un imagen, un personaje, un momento: El Teniente Colombo.

Mucho se podría contar, y se contará, pero será cuando le toque el turno en nuestra ronda de creadores a William Link y Richard Levinson, quedémonos con lo principal: Creada como un personaje para una serie antológica de misterio en 1960, la fuerza del personaje hizo que acabarán recuperándolo hasta encajarlo en 1971 el NBC Mystery Movie, una iniciativa rotatoria que iba emitiendo una vez al mes un capítulo de cada uno de cuatro distintos detectives. El éxito fue inmediato y ese mismo año Peter Falk ganaba el Emmy como Mejor Actor que se unía al que ya había ganado como Actor Invitado en El Show de Dick Powell. La serie duraría hasta 1976, ese año se emitirían sólo 3 episodios, el resto —que conformarían la 7ª temporada— se emitieron al año siguiente. Pero el personaje volvería aún en varias ocasiones, bien en cortas temporadas o en telefilmes especiales. Habiéndole proporcionado 10 candidaturas como Mejor Actor Principal en los Emmy s de los que ganaría 4 y otras 10 a los Globos de Oro de los que sólo lograría 1 —a sumar al de Actor Revelación que ganó en 1961— lo que explica que, aun no siendo el primer actor en interpretar al personaje lograra la identificación de la audiencia.

Vosotros no lo sabíais pero estábamos dirigiéndonos aquí. ¿Por qué es un mito?

Sí, lo sé. Podríamos pasarnos las siguientes horas discutiendo cuando algo es un Mito, cuando un Icono y cuando se es Leyenda. Titánica o no. Pero, sinceramente, hace mucho calor para calzarse un Levi-Strauss y no tengo muy claro los Derechos de Autor del Diccionario de la Real Academia como para ponerme a copiarla alegremente.

Sobre todo porque la referencia de uso común no tiene mucho que ver con las definiciones académicas —sí, comparto vuestra sorpresa— y establecer una discusión sobre qué queremos decir cuando decimos mito es…

No sé si más necesario que imprescindible.

El otro día en Twiiter —como dirían los periodistas serios— el hashtag #seriesmiticasdelatele llegó tras la muerte de Falk y lo que vino a continuación… No fue bonito. No porque lo que se saltaran sino porque, prácticamente, fue como escribir el teleprograma. No os riáis, que incluían Médico de Familia, Los Fruittis o ¡ Dos hombres y medio !.

No sé me ocurre ninguna serie, por sórdida que pudiera llegar a ser, que no fuera nombrada en el hashtag. Fue una continua cascada ment de series que tenían como punto en común… haberse emitido por televisión.

¿Existe un modo de encontrar una definición de Mítico que permita encajar dentro El halcón callejero? ¿Sin violencia física?

Volvamos a 1950. Recordemos lo que dije en su momento. Dejando de lado a Lucy la serie más vista era Make room from daddy, la más premiada Sargent Bilko, pero la que acabó siendo la más imitada y recordada era… Leave it to Beaver, una comedieta familiar de medio pelo que marcó la idea de lo que eran los ’50 en toda una serie de espectadores de esa generación entre los que estaban —_glups_— creadores como George Lucas que nos han transmitido ese ideal al reconstruir esa década de modo que obras posteriores propias como American Graffiti y extrañas como Happy Days evolucionarían desde esa idea.

No es un ejemplo aislado, una serie de poca influencia teórica como Corrupción en Miami, que se movía sobre las zona de los veinte en la tabla de los más vistos, tenía un estilo, una clase propia tan distinta y capaz de influir en la imagen de esa época concreta.

Del mismo modo que otras series como Se ha escrito un crimen podían crear un arquetipo determinado dentro de su género (De ahí que la suma de dos arquetipos como Jessica Fletcher y Colombo permitiera alumbrar Los misterios de Laura) o redefinir un tipo de serie, el éxito de House está en mezclar el arquetipo Holmes con un cabrón sarcástico, algo que ya habíamos visto en médicos televisivos como el Dr. Romano o el Dr. Cox*. El cambio en el estilo de hacer una serie, el impacto en un género, justificaría también ese uso de Mítico.

Y, desde luego, la creación de un personaje que sirviera como representante, que fuera comúnmente reconocible, universalmente incluso, y que tuviera una o más características del mito… Sí, eso sería un Icono.

Pero aquellas series que sólo estaban allí y tiene a su favor un extraño factor nostalgia, que no impactaron más que en jóvenes e influenciables. No sé, ¿cómo podemos estar seguros de que tendrán impacto en nuestro futuro? ¿Estará alguna causando cambios irreparables? ¿Dentro de veinte años habrá un —cielos— nuevo George Lucas que decidirá que hay que interpretar la pasada década desde The OC?

Porque si aceptáramos no una definición de Mítico desde criterios objetivos, discutibles y mensurables sino desde el impacto psicológico comprobable dentro de un par de décadas, entonces, quizá sea cierto que todo lo que sale en la tele es Mítico. No por sus propios valores sino porque, en fin, sale en la tele. Y ya se sabe que las ondas corrompen las mentes.

Ah, sí, casi lo olvidaba… Sólo una cosa más… Gracias por todo, Peter Falk. Te recordaremos.


Animando Albión

En realidad todos conocéis a Brian Cosgrove y Mark Hall. Lo que pasa es que no os habéis parado a pensarlo. Sólo tenéis que situaros correctamente: Imaginad, Reino Unido, años setenta…

Un par de creadores de stop motion se reúnen con intención de fundar su propia compañía. Han estado trabajando en otros sitios, especialmente en Stop Frame Animation, pero ellos tienen ideas propias. del experimento sale una serie en stop motion llamada Chorlton and the Wheelies sobre un dragón en un mundo mágico. Fue encargado por la ITV y estuvo en antena de 1976 hasta el 79, logrando un pequeño éxito para la compañía.

El siguiente paso fue acercarse a la animación convencional, de ahí sale Jamie and the magic torch, un niño y su linterna con poderes que le permite acceder a, en fin, un mundo de fantasía. Aunque la animación era, en el mejor de los casos, rústica, les da tablas, permitiendoles que comience a sonar el nombre de su compañía.

Una serie más, sobre un explorador del espacio, para un público algo más adulto — es decir, más cerca de los 12 que de los 6 — llamado Captain Kremmer que tomaba un surtido de recursos de animación para presentar unas aventuras a ratos paródicas, a ratos futuristas, y con una mala baba soterrada muy de la época pero poco del destinatario.

En cualquier caso, lograron soltarse del todo gracias a la adaptación animada para televisión que la ITVThames mediante— les puso a hacer del clásico juvenil de Gerald Durrell El paquete parlante

Con unos conocimientos sólidos y habiendo fijado ya en el imaginario el nombre de su compañía, creado, claro, de sus propios apellidos: Cosgrove-Hall , sólo necesitaban un megabombazo para ser conocidos mundialmente.

Y entonces llegó él.

El parche más famoso de la televisión entre Falconetti y hasta la llegada de Intereconomía — siempre con el permiso de Tigh— protagonizó una de las series animadas más extensas de la historia británica con 10 temporadas entre 1981 y 1992. Fue, además, la primera serie animada UK en emitirse en USA, consiguiendo la esperable legión de fans, y vendiéndose por todo el mundo con pasmosa facilidad.

La estética británica de superespías desquiciados y misiones autocompletables, el sentido del humor o los villanos con estrambóticos planes, todos ellos se han incorporado a la memoria televisiva y son responsables en buena parte de la herencia que se deja ver en, por ejemplo, las partes de Perry en Phineas y Ferb.

Más aún, en un inesperado giro de acontecimientos la serie acabaría dando lugar a un segundo villano recurrente que iría más allá. Frente al Barón Silas Greenback, esa versión saposa del gran Ernst Stavro Blofeld, que contaba con su cuervo/pistolero Stiletto Mafiosa y con una pequeña… ahm.. ¿oruga? llamada Nero que acariciar como si fuera un gato blanco, constituyendo el epítome de los malvados de películas de espías, existió un segundo villano recurrente.

Cierto es que existió alguno más, pero casi todos eran de una sola aparición cuando no estaban directamente aliados con el Baron Greenback, excepto, por supuesto: Él.

Danger Mouse: Seaons 1 & 2 – Count Duckula!!
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Efectivamente, el Conde Duckula, patoso villano con un ilimitado amor por el showbusiness se convirtió en el segundo enemigo por excelencia de Danger Mouse. Con sus intentos insensatos de lograr una serie propia, su propio programa, el amor a la televisión y el convencimiento de que podía ser el centro de atención caracterizaban a un personaje que fue logrando el favor de los fans hasta que la broma se hizo realidad. De tanto aparecer para reclamar su propio programa poniendo al mundo en peligro las veces que fuera necesario por fin en 1988 decidieron que había llegado el momento. Le iban a matar.

Su primera aparición había sido en un episodio en el que Danger Mouse tenía que conseguir recuerdos de grandes monstruos, la segunda vez tuco capítulo propio y para la tercera, con Frankentoad ya estaba todo en preparación, acabaría convertido en cenizas. Y de esas cenizas surgiría su propia serie con su propio nombre:

Ahí están explicados todos los cambios. Sigue el amor por el espectáculo del Conde pero ahora sus dos secundarios, Igor y Nanny habrían resucitado las cenizas con un pequeño defecto de forma que le llevaría a ser vegetariano.

Además, servía para darle serie nueva a David Jason, el genial actor que había dado vida a Danger Mouse y multitud de secundarios — incluyendo el propio Duckula— e incluso al Toad de El viento en los sauces, un excelente cómico y actor que merece ser tratado más extensamente en otra columna.

Capítulos llenos de referencias al horror pero tomadas como referencias a casi cualquier otra cosa, y una actitud abiertamente mas cómica y determinada. Este nuevo Conde Duckula seguía además la estela de otras series de animación vampirocéntrica de los ochenta — pero seguro que lo recordáis — y supuso el último gran éxito de la productora.

En 1993 llegaría el final tanto de Danger Mouse como de Count Duckula, daba igual que se realizara un spin-off de esta última serie (Victor y Hugo) y se debió, sobre todo, a maniobras internas. Los problemas de la distribuidora Thames con la ITV y las diferentes subcontratas que supusieron la desaparición como tal de Thames y enviaron a sus empresas relacionadas a una dimensión paralela bastante oscura.

Antes de llegar ahí, a Cosgrove-Hall le había tiempo de hacerse con un buen fondo. Especialmente reseñable fue su adaptación a película para televisión del clásico de Kenneth Grahame El viento en los sauces que ganó un Bafta, un Emmy y consiguió que decidieran adaptarlo a serie.

El éxito de esta adaptación en stop motion fue lo suficiente para popularizar la obra, difundir el aspecto a la Brideshead que le dio Hall y llevar a la productora Rankin / Bass a hacer su propia versión en animación clásica.

Junto a estos encargos harían animaciones en series cortas o especiales televisivos —habitualmente como películas o mediometrajes— dedicados a personajes para los más pequeños, como el mítico programa inglés Rainbow —víctima también de la caída de Thames—, el Noddy de Enid Blyton o Alias, the Jester, a quien os voy a poner aquí por si os suena el diseño.

Entre las películas estaría la adaptación de El gran gigante bonachón de Wilde y, sobre todo, su puesta en contacto con Sir Terry Pratchett.

Camioneros, primera parte de la trilogía de los Gnomos de Pratchett, fue adaptada a una serie de stop motion con vistas a completar la trilogía en ese formato. Lamentablemente los reveses de Thames hundieron esa posibilidad pero, por lo menos, abrieron una vía de colaboración con el autor.

De esta manera, durante los años tormentosos de la década de los noventa lograron posicionarse como agentes libres, realizando series de limitado éxito como Fantomcat, una historia que mezclaba la idea de un personaje clásico con una ambientación pseudo-futurista, que tenía como detalle curioso el estar animada por un equipo español al que ya se habían encargado algunos trabajos para Count Duckula: Alfonso Productions.

La serie en sí no era gran cosa, pero a la ITV le sirvió lo suficiente como para encargar otra serie que mezclaba la idiosincrasia de la productora con éxitos como Las Tortugas Ninja y la paralela Motorratones de Marte, con la que compartía algún punto de partida, haciendo más notables las diferencias de Cosgrove-Hall con las empresas americanas.

A la vez, colaboraron con la BBC en la serie de stop motion infantil Oakie Doke de corta vida y los especiales adaptando los libros infantiles de Brambly Hedge —una comunidad de ratones autosuficientes en el campo inglés, ese tipo de cosa— y con Channel 4 retomando el contacto con Pratchett si bien no continuando la trilogía de los gnomos sino adaptando como serie a animación tradicional otras historias del Hombre del Sombrero.

Concretamente, Soul Music

Y Wyrd Systers

Con el consiguiente éxito entre los, digamos, circuitos de entusiastas, pero no el suficiente para que se encargaran más. (De hecho, las siguientes adaptaciones serían en Sky One con actores reales, pero eso… es otra historia)

El problema estaba en que para finales de los noventa las creaciones de Cosgrove-Hall cada vez tenían menos éxito y repercusión; sus últimas series: Lavender Castle —que unía CGI con stop motion—, Fox Busters, Bill and Ben o Andy Pandy así como los especiales del estilo de Little grey rabbit o el especial navideño de Postman Pat no lograban reproducir el éxito de los años ochenta.

Sus dos últimos intentos fueron directamente al corazón británico. No hace falta decir más que:

Sí, en 2003, dos años antes del relanzamiento, realizaron la serie de animación llamada Scream of the Shalka y presentada dentro del universo del Doctor Who pre-relanzamiento. De hecho, durante esos dos años fue considerada canon. Pero no, la verdad es que no funcionó todo lo bien que era esperable.

Su último gran intento fue hacer una película enteramente en CGI en 2004. El nombre era Theodore, la idea era lanzar una serie para niños de preescolar hecha por ordenador. Una cosa a la vez con mercado y vanguardista. El resultado…

El resultado fue la cancelación del proyecto antes de tener desarrollado por completo un capítulo siquiera y la absorción efectiva por parte de la ITV. Durante los siguientes años la ITV les iría dando encargos, y pese a la buena pinta de proyectos como Shadow of the Elves o a su trabajo en series como Pat, el cartero —sí, de nuevo— o The Likeaballs la gente de la ITV parecía tener claro su destino.

En 2009, de manera tranquila y discreta, cerraban los estudios Cosgrove-Hall.

Quedaban, eso sí, sus memorias. Aún a día de hoy muchas de sus creaciones siguen siendo emitidas por cadenas de todo el mundo, especialmente sus dos éxitos de los ochenta, Danger Mouse y El Conde Duckula, que pueden verse, juntos o por separado, en casi noventa países, por todas las regiones del mundo.

Y, quién sabe, siempre se ha hablado de realizar un film de animación recuperando a Duckula, quizá sea algo que veamos en los próximos años. En cualquier caso, y mientras eso sucede… Buenas noches a todos… ¡ Seáis lo que seáis!


Moribundia Pilotal

Ya ha llegado otra vez ese momento en que no puedo seguir aplazando los asuntos pendientes y tengo que darle un repasito a los pilotos que han ido apareciendo. Pero como están empezando a aparecer los pilotos veraniegos ahora y me parecería muy feo cortarlos vamos a dar el corte en Scott and Bailey que se estrenó el 29 de Mayo. Esa será la serie elegida para marcar el inicio del verano y a ella volveremos en un mes, lo prometo.

Así que veamos qué se estrenó desde el 21 de Febrero hasta el 29 de Mayo. ¡Que comience el escrutinio!

Angry Boys
¿Os suena Chris Lilley? Es un cómico australiano responsable de series como We can be heroes o Summer Heights High series de las conocidas como mockumentaries o falsos documentales que, además, incluye un elemento de comedia por sketchs. El asunto es que este australiano, enormemente famoso en su país, no pasa en esta serie de los —altos— niveles que tenía en las anteriores. Quizá para alguien que no haya visto Summer Heights High suponga un buen momento para conocerle pero si has visto lo anterior que ha hecho resulta un tanto reiterativo.

Becoming Human
¿Recuerdan ustedes Being Human? Un vampiro, un hombre lobo y un fantasma entran en un b… comparten piso. Pues de ahí salió un web-off llamado Becoming human que ha acabado teniendo su propia serie. En ella Un vampiro, un hombre lobo y un fantasmas entran en un b… van juntos a la escuela. Sí, en serio. El caso es que no está mal si la consideramos una serie completamente diferente. Agradable de ver, con alguna vuelta y buenas ideas. Lástima que varios conceptos —como el del fantasma— no parezca que puedan dar mucho de si.

Boody of Proof
Párame cuando te suene: Una forense muy aplicada en su trabajo resuelve crímenes, ella es altiva y desdeñosa porque antes era doctora pero un fallo hizo que perdiera la confianza y la capacidad de operar así que ahora… mucho… blablabla. Dana Delany, mujer, te merecías otra cosa, esto es el equivalente televisivo a una canción pop de radiofórmula. Pero, claro, con el año que llevamos es de lo poco que ha sacado segunda temporada.

The Borgias
Tras el éxito razonable de Los pilares de la tierra y el más notable de Los Tudor los ejecutivos vieron que el dinero ganado era bueno y dijeron, multiplíquese este tipo de series. Así que tuvieron que buscar debajo de los sillones. Por suerte uno de ellos estaba calzado con un libraco de Mario Puzzo y en tan buenas condiciones que pudieron poner cantidades de dinero obscenas (así a ojo, unos 69 ?uros) en manos de distintos actores para cometer, digo, acometer esta empresa. Nuestro es el cesto hecho con estos mimbres.

Breaking In
Tres series en tres años y Christian Slater ha logrado que se carguen todas. Y eso que está de puro pasada de vueltas parecía el tipo de cosas que puede aguantar. Un grupito pensado para demostrar la seguridad de distintas empresas, desde museos a concesionarios, prometiendo así aventura. Un equipo estrafalario que promete humor. Un resultado final que está más cerca de ser The Office protagonizado pro El Equipo A con un duelo de sobreactuaciones (El WMUK Trevor Moore se queda cerca de alcanzar a Slater que está enzarzado a muerte con Alphonso McAuley por el trofeo) con lo que la serie se convierte en… una cosa… estomagante… insoprotable…

Y, sí, ese es Legs.

Breakout Kings
¿Te sabes la del delincuente que ayuda al a poli? Pues esto es DIFERENTE. Aquí son UN PORRÓN de delincuentes. Todos ayudando a la poli a pillar a gente que se escapa porque, claro,a demás de ser delincuentes todos los convictos son expertos en fugas. El resultado es tan más de lo mismo que no sé cómo las cadenas no confunden su programación de una temporada a otra.

Camelot
Seguro que ustedes han visto en algún momento Merlin, pues esto es algo parecido. No llega a los espantosos niveles de neo-Xenismo en Legend of the Seeker ni el pixel-chusquismo de Espartrancas lo que pasa es que, como Merlín, no necesita, busca o intenta lograr un apoyo de la crítica. Esto es una serie medievalista, con su poca de magia y su mucha de cochiquera cortesana, y si no te gusta pues a otra cosa. Y ese es mi caso.

Campus
Elegida en la batería de pilotos de comedia de 2009 de E4, Campus es una sitcom casi improvisada. No es tan malo como suena porque el improv es una actividad cómica muy trabajada —fuera de España— con lo que el producto subsiguiente logra mantener un mínimo de calidad. Quizá con un poco más de trabajo perdería cierta frescura pero el humor (del mismo grupo de Green Wing y, por tanto, similar) se afinaría mucho. Que no todo es soltar burradas y meterse en situaciones surrealistas, hombre.

Chaos
La idea era excelente, un agente de la CIA es obligado pro un superior a infiltrarse en un grupo rebelde de la agencia. La ejecución desmerecía más por lo plano del guión y lo simplón de las interpretaciones que por el presupuesto, que sabía lucir. Ademas, la cadena parecía tenerle manía desde el principio. Así que lo que parecía un Ishtar de la tele ha acabado en una rareza poco interesante. Eso sí, espero que la próxima vez le hagan más caso al punto de partida.

Endgame
Un tipo extraordinario ayuda a — o toma el lugar de— la policía. Lo hemos visto cientos de veces. Hará dos años con El Mentalista como serie revelación esto se llenó de versiones, el ayudante era un matemático, un loco o una anémona, tanto daba. El asunto es que, de cuando en cuando, aparece una serie dentro de las reglas que le da de patadas a todas las demás. Y ese momento llegó, Laus deo, con el estreno de Endgame. Serie canadiense en la que un Gran Maestro Ruso de ajedrez permanece retenido en un hotel por esas circunstancias especiales que sirven para armar durante una temporada una trama general. Pero los distintos —y diferentes— secundarios, los modos de filmar y la forma de filmar la imaginación del protagonista además de la originalidad de los temas, de la forma de armar las tramas… Magnífico, realmente magnífico.

Friday Night Dinner
Hablemos ahora de marcianos: Las cenas de los viernes de una familia judía narrada como sitcom . Para mí Mork & Mindy tenían más sentido. De hecho, puedo tratar de adivinar dónde está la comedia en esta… serie. Pero no me pidan que lo ponga por escrito porque les aseguro que no podría.

Game of Thrones
Ahm… No sé si alguno de mis lectores habrá escuchado algo de esta serie. Es posible que les haya pasado desapercibida entre la avalancha de novedades porque, en fin, no ha tenido suficiente publicidad. Además, esapátina que tiene de tratarse de algo a medio camino entre Los pilares de la tierra y El señor de los anillos, esa imposibilidad de usar el presupuesto de Xena y las ganas de epatar de Espartrancas no puede haber servido apra elevar sus espectadores, sobre todo si están adaptando un oscuro libro de muchas páginas del modo en que habitualmente se hacen estas cosas: Eliminando sutileza, eliminando situaciones, eliminando reparto. Y eso que no necesitaba mucha ayuda el propio libro. En fin, poco más hace falta que diga yo, ¿verdad?

Good Luck, Charlie
Novedad del canal Disney. Humor familiar, niños, mascotas. En fin, un asco.

Happy Endings
Como decía hace un momento, tratar de hacer algo con el manual no da buenos resultados. Aquí tenemos un Friends de marca blanca, más cercano a ser Aliada que HAcendado pese a lo cuál, y por renovar a alguien, la ABC, que no dudó en emitirlos de dos en dos y desordenados, le ha dado una segunda temporada. ¿Para qué? Pues a saber. Porque no creo que nadie tenga intención de verla.

The Killing
Es difícil para mí entender por qué a la gente le gustó tanto la serie danesa en la que se basó esta versión americana cuando resulta casi indistinguible de la docena larga que sacan los ingleses en una mala temporada. Introspección, un hilo argumental alargado como un chicle y mucha dependencia de las sensaciones producidas por al ambientación. Entonces llegan los señores de la AMC, los de Mad Men o The Walking Dead, y piensan que si pudieron enganchar a la gente a ver secar la pintura con Rubicon aquí pueden jugar a doble o nada y lograr que ni ocurra anda ni tenga interés. Y, oye, lo consiguen. Pero mientras que Rubicon poseía una cierta cualidad hipnótica basada en los colores que podrían acabar siendo o en los que creíamos que estaba mostrando esta se queda en una demostración clara de que Murder One fue una serie grandísima, que Twin Peak es una obra inalcanzada y que si quieres hacer una serie inglesa mejor te vas a los ingleses y que te la monten. Hoc non est.

King
Otra serie canadiense, también de Showtime y también policíaca, como Endgame, pero como esta es un más de lo mismo ha logrado segunda temporada. Paciencia. En cuanto a la serie: Una mujer fuerte, decidida y capaz logra el puesto de jefa de la división de crímenes. Y ya. Ni mucho ni poco ni frío ni calor. Para dormir tranquilamente.

The Looney Tunes Show
La revitalización aplicada por Cartoon Network al chou de los Looney Tunes es, ahm, siendo majos menor que la que supuso la aparición de los Tiny Toons o los Animaniacs. Estoy incluso pro decir que es un hibridación conservadora con las sitcom que ya me contarán qué falta les hacía. Y es una lástima porque ante la brillante labor de reboot de Scooby Doo y la estupenda —aunque ya cancelada, suspiroSym Bionic Titan precisamente los Looney Tunes_ parecían los indicados para realizar grandes cosas. ¡Otra vez será!

Mrs Browns Boys
Es difícil explicar esta gente sin generar rechazo. Y lo es porque estamos ante un personaje y unas escenas que están muy rodados. Brandan O’Carroll es un señor vestido de mujer —mayor, pero como también él es mayor— que está al frente de una truope de actores que ponen en marcha una comedia familiar. No, no es la premisa. Mrs Brown Boys es una comedia familiar, quizá entre las clásicas británcias y una especie de tradición del teatro de variedades, como una Lina Morgan o —salvando las distancias— Los Morancos. Pero, por eso mismo, es un material que sabe cómo hacer reír y qué teclas pulsar, incluso sabe cuándo romper la cuarta pared con un guiño cómplice al respetable. Puede que, por nuestra condición, nos sintamos alejados de esta serie, pero debemos reconocer que es un entretenimiento más que digno.

The Paul Reiser Show
Tras ver el episodio piloto de esta especie de Entourage cuarentón y no ya bajonero sino directamente depresivo comente que antes me pegaba un tiro en el pie que ver otro capítulo. Como la misma noche que emitieron el segundo —rogando un record negativo de espectadores ¡en la NBC que tiene más mérito!— la cancelaron no tuve que añadir mucho más. Es interesante ver cómo el sentimiento parecía tan extendido.

The Shadow Line
Serie de género negro británica, del estilo de las más interesantes, con varias tramas, muchos personajes a ambos lados de la ley porque esa es, precisamente, la gracia. Un asesinato misterioso y una desaparición que conmocionan a los policías y al mundillo criminal de pelo y medio de los bajos fondos ingleses, por tanto dos investigaciones, la de los policías y la de los criminales. La línea, sin embargo, no es tanto la que les separa como aquella por la que todos los personajes hacen equilibrios porque —como buena serie británica— todos son ambiguos, atormentados y reflexivos. Y, sin embargo, parece que se queda siempre al borde de romper, de ser no ya una buena y sólida serie sino una serie imprescindible. Habrá que esperar al final.

Ah, sí, sale Christopher Eccleston con uno de los personajes principales en el bando de los criminales. Pero podría salir más.

Silk
Otra serie de género —negro— esta vez británica. Hay veces en que considero dedicar una o más columnas al género negro británico. Por lo menos dedicar una a comentar el del año. En fin. En este caso concreto lo que tenemos es abogados. En esta ocasión el especialista en drama legal Peter Moffat —el de Criminal Justice— la diferencia está en que no se trata sólo de los casos sino, además, de cómo manejan su carrera la protagonista y su rival para lograr ser elegidos para el Queen’s council. Le falta, quizá, un poco de chicha —sobre todo con la magnífica The Good Wife demostrando cómo armar una serie judicial— pero es, sin duda, una grata novedad.

Twenty Twelve
Serie inglesa sobre la gente que hace posible las olimpiadas en Londres en 2012. Tiene poco para rascar porque, al verdad, ni es muy divertida, ni muy empatizante, ni pasa del nivel de los gags de Martes y 13 sobre la de Barcelona.

Vera
Adaptación de las novelas de Ann Cleeves, Vera es ese tipo algo estereotipado de serie perfecta para dormirse la siesta porque, en el fondo, ya sabes lo que te vas a encontrar. Una inspectora algo estrafalaria, mayor, rellenita, con aspecto de no tener muchas luces, acompañada pro unos cuantos polis secundarios con carga metidos en casos tan familiares que podrías creer que la última vez que los viste fue en tu álbum de fotos. No es una mala serie, ni mucho menos pero, como la propia Vera, deja poco que recordar.

White van man
Partiendo de un término casi coloquial para transportista que aquí se usa para ponernos a un pobre hombre, Ollie, con sueños de abrir su propio restaurante pero que tiene que hacerse cargo del negocio de su padre para: a) que se sienta orgulloso de él, b) dar de comer a su familia, c) un cierto miedo a dar el gran salto. en realidad esto no pasa de ser una de esas series de clase obrera qu tan bien se les da a los ingleses, que nadie espere un alegato detrás, ni mucha denuncia social ni, desde luego, un Shameless. Esto es una serie entrañable y ya.

Workaholics
Sólo recordar su existencia me hace hundir en abismos de dolor y locura. Se supone que pretende reivindicar el espíritu Animal House para una serie y todo lo que consigue es que parezca una mezcla de The Office con el Humor de Fraternidad de los universitarios americanos. Tuve que cerciorarme de que esto era idea de Comedy Central y no de Spike porque de puro mala me parecía imposible que alguien hubiera descendido a un círculo tan bajo del infierno para traer los guiones. Obviamente, ha sido renovada para una segunda temporada.

Hecho el repaso y prometiendo que para el de verano no tardaré tanto —cof cof— vamos a dejar un poco más claras las cosas, como siempre.

No puedo dejar de seguir: Endgame.

Recomiendo sin problemas: Becoming human, Game of Thrones, The Shadow Line.

Gustará a los que estén en ese tipo de series: Campus, Mrs. Brown Boys, Silk.

En un mes, si todo va bien, las de verano. Así podré dedicarle un espacio a The WereWolve Diaries, digo, Teen Wolf. ¡Nos vemos!


Alumbrado Larson

Para empezar la columna de hoy nada mejor que el siguiente vídeo, historia viva de la televisión:

¿Qué? ¿Le han reconocido? ¿No? Ese rubiales de ahí que hacía al función de cantante barítono — bueno, y de compositor, pero eso no se ve en las imágenes— en The Four Preps es nada menos que Glen A. Larson lanzando su carrera.

La historia empieza en 1956 en el Hollywood High School; un ejecutivo de Capitol Records escucha a un cuarteto de chavalines con 3 discos de oro, unos cuantos millones de discos vendidos y varias canciones que lograron entrar en la lista de las más escuchadas, especialmente esa 26 Miles (Santa Catalina) que les llevó al puesto número 2 de los más vendidos en 1957.

Durante los años sesenta la música — o el gusto musical, ustedes verán— cambia y Larson abandona el grupo para seguir con la escritura, esta vez en la productora QM, dirigida por otro grande, Quinn Martin, responsable —como ya comentamos— de El Fugitivo, Las Calles de San Francisco o Los Invasores. Allí trabajaría por unos años, coordinando guiones para El Fugitivo o ayudando a poner en marcha It takes a thief entre otras series, pero para finales de la década ya estaba claro que necesitaba su propio espacio; de manera que para la nueva década abandona QM para fundar su propia empresa y ofrecer sus servicios a otras productoras, empezando con Universal para la que primero colabora en El Virginiano, para después establecer un trato para crear varias series, la primera de las cuales sería Alias Smith and Jones (Los dos mosqueteros en español).

La buena marcha del proyecto le valió contribuir a la puesta en marcha de El hombre de los seis millones de dólares, una adaptación de la novela Cyborg de Martin Caidin, en la que Lee Majors interpretaría al personaje principal. Un acercamiento a la ciencia ficción —o si prefieren un mayor rigor: al género fantástico, pues en realidad la serie era de aventuras— que le vendría muy bien en sucesivos proyectos.

Una vez rodando El hombre de los seis millones de dólares estuvo dando tumbos por distintos proyectos; series antológicas como Sin, American Style o la extraña aproximación al policíaco y la blaxploitaition de Get Christie Love! que adaptaba una novela policíaca en la que la protagonista era blanca y rubia.

Por suerte su siguiente intentona fue un éxito menor.

En 1975 vuelve a trabajar con Robert Wagner —protagonista de To take a thief— para sacar otro policíaco, Switch, que realizaba una mezcla de ésta con The Rockford Files explicando como un par de tirados, un ex-policía (Eddie Albert) ayudado por un ex-estafador (Wagner, claro), resolvían todo tipo de casos. Lamentablemente la ligereza y el humor —al estilo Rockford— de la primera se fue diluyendo y al cabo de tres temporadas fue cancelada. Dejando para el recuerdo, eso sí, el trabajo de un joven guionista que se unía a la cuadra Larson, un jovencito llamado Donald P. Bellisario.

Pero para aquel entonces Larson estaba muy ocupado porque había logrado sacarse un superéxito de la chistera. De nuevo con el policíaco a cuestas, de nuevo encontrando un giro, esta vez hablando de la importancia de los médicos forenses. Y no, no es un CSI, es su abuelo:

Quincy, M.E. Una serie que tenía muy claro que usaba una fórmula mágica de la que no convenía apartarse. Llegaba un cadáver a la mesa de Quincy, éste sospechaba juego sucio, discutía con la poli y acababa encargándose de resolver el caso. Un reciclaje perfecto para su protagonista, Jack Klugman, que venía de interpretar durante cinco temporadas a Oscar en la adaptación a sitcom de la película La extraña pareja.

En realidad el argumento y la profundidad de la serie en temas de ciencia forense era limitado, un simple ardid para darle un sabor diferente al policiaco más clásico, pero caló lo suficiente como para situarse como un referente gracias, en parte, a su nacimiento como nueva serie en mitad de un proyecto de serie rotatoria de la NBC, en la que compartía espacio con los ya vapuleados Colombo, McCloud y McMillan que acabaron retirándose a favor de esta nueva invención.

No contento con esto siguió dándole vueltas al género en una serie de películas y proyectos televisivos como las adaptaciones de los Hardy Boys y de Nancy Drew, ninguno de los cuales llegó a cuajar. Parecía que era la Ciencia Ficción, y no el Policiaco, la que estaba llamada a conquistar al público juvenil; así que preparó un proyecto que incluía los conceptos de space ópera con sus creencias mormonas y logró arañar un altísimo presupuesto de 1 millón de dólares por capítulo, asegurando a los señores de la NBC que el furor por Star Wars tiraría sin problemas de una muchedumbre enfervorecida. Incluso accedió a cambiar el título original de Adama’s Ark por uno que incluyera la palabra star, es decir

Las 12 tribus, el presidente, los Cylon, cada cual con su significado más o menos cargado según lo readaptado que tuviera que ser para colar en una gran producción como ésta. Sólo el piloto —triple, nada menos— costó 7 millones de dólares, marcando un record como el piloto más caro jamás filmado. El éxito inicial fue enorme, y si hoy en día puede parecer algo sencillo, barato o —dios no lo quiera— cutre es más por nuestros problemas de contextualizar que por los recursos invertidos en aquel entonces.

En cualquier caso a la Fox — la 20th Century Fox, al canal le faltaba aún casi una década para empezar a emitir— le faltó tiempo para demandar a la serie por plagio de Star Wars a lo que Universal respondió con demandas contra Star Wars por saquear los seriales de Buck Rogers y la película Naves misteriosas. Como la justicia, en fin, funciona en todas partes igual, para cuando empezaron a tramitarse las demandas sobre estos bonitos zambullidos en la piscina del lugar común, la serie ya hacía tiempo que no estaba entre nosotros.

Sí, empezó con fuerza, y sin duda tenía dinero detrás. Pero existía un presupuesto y había que atenerse a él, especialmente reutilizando imágenes anteriores, sobre todo cuando la CBS decidió contraatacar dándole con todo lo gordo: All in the Family y Alice, sus dos comedias con más audiencia, a la vez que el enroque salvaba Mork & Mindy, la comedia de nuestro Garry Marshall que mezclaba el humor de Happy Days con pequeños toques de ciencia ficción —en fin, de nuevo—, que acababa de estrenarse con gran éxito hasta la llegada de Galactica.

La treta, en cualquier caso, salió bien a la CBS porque los de la ABC decidieron que ante el bajón de la audiencia no se podía justificar el presupuesto de la serie. Así que al llegar al 24 se terminó de emitir lo grabado, y hasta ahí. Bueno, hasta ahí no, porque hubo —claro— protestas que llegaron a su máximo cuando un jovenzuelo algo descentrado decidió suicidarse como protesta por la cancelación.

Por supuesto el estreno en 1980 de El imperio contraataca hizo que se lo pensaran dos veces y dio lugar a Galactica’80 que en vez de un programa de variedades era una reinvención de la serie original —siendo benévolo— que logró superarla… en cuanto a su cancelación. 10 episodios lograron emitirse, el 11 estaba en desarrollo y no fue.

Naturalmente no es lo último que sabríamos de Galactica, para eso estaba el SyFy —aún Sci-Fi—, que no dudó en volverla a lanzar completamente reimaginada con la bendición de Larson, el desarrollo de Ronald D. Moore y la oportunidad de siempre, a tiempo justo para adelantarse al estreno de El ataque de los clones. ¿Qué puedo decir? Hay costumbres difíciles de superar.

Volviendo a Larson, y dado que ni él ni su discípulo predilecto —es decir, Donald P. Bellisario— lograron salvar la Battlestar, hicieron lo lógico: pasar al siguiente nivel.

Que en el caso de Glen A. Larson —en una de estas empiezo a abreviarlo GAL y me quedo tan campante— significó un par de telefilmes —como el tremebundo Evening in Byzantium— y un par de extrañas series; una de ellas llamada Sword of Justice, que no es una de capa y espada ni mucho menos una de piratas, si acaso está más cerca de ser una empanada gallega.

A medio camino entre El Conde de Montecristo e It takes a thief, la idea de una agencia secreta e independiente del gobierno que ayuda al desamparado contra los criminales que actúan por encima de la ley parecía estar tan condenada al fracaso que costó terminar la temporada. Se ve que aún no era el momento del cruzado contra el crimen, habría que esperar.

Así que de 1979 a 1981 Larson se entretuvo en otra serie de aventuras y sentimientos. B.J. & the Bear que iba de…

Lleguemos a un acuerdo. Yo os cuento de qué iba la serie y vosotros no me miráis como a un loco. ¿OK? Pues bien, seguimos.

La serie iba de B.J., un camionero que recorría USA viviendo aventuras junto a su amigo del alma Bear, un chimpancé, todo ello mientras les hostigaba y perseguía el Sheriff Lobo, que…

¡¡¡Quedamos en que no os reiríais!!!

¡La televisión en los ochenta era así!

Menos mal que tengo pruebas…

La popularidad fue suficiente, no ya para mantener tres temporadas el show sino, incluso, para que el Sheriff Lobo consiguiera su propia serie, Las desventuras del Sheriff Lobo (en inglés The Misadventures of Sheriff Lobo), que duró dos temporadas. Y que también tenía opening, claro.

En cualquier casos los cambios que se hicieron en sus últimas temporadas hundieron ambas series pero, claro, para entonces Larson ya estaba en su siguiente proyecto, una revisión de Buck Rogers llamado Buck Rogers in the 25th Century —esto es lo que pasa cuando te pones a demandar gente, que recuerdas lo que tenías en el zurrón—, que duró un par de temporadas con más pena que gloria.

Eso sí, os pongo el tema inicial, que sé que es lo que os gusta:

Así que escaldado por partida doble de la ciencia ficción y un tanto quemado de los criminales, Glen A. Larson quedó a la espera de su siguiente gran proyecto. Y no tuvo que esperar mucho porque el siempre activo Donald P. Bellisario tenía ya una idea para 1980. A ver qué os parece:

Se trata de colocar a un investigador al servicio de un autor desconocido que iría resolviendo misterios y ayudando al necesitado con la hermosa Hawaii de fondo. Y si parece poco, siempre se le puede añadir un bigote.

Magnum, P.I. fue un gran éxito de los años ’80, quizá no de las series más vistas pero si más constante; sus 8 temporadas y su inclusión en el imaginario popular sirvieron para darle gran popularidad a Tom Selleck y lanzar una vez más la carrera de sus dos grandes responsables.

Durante ocho temporadas seguimos las andanzas de Magnum y sus amigos TC y RICK, junto a su antagonismo con Higgins, más un amplio reparto de personajes recurrentes y de apariciones de famosos. Lo que bastaría para rellenar historias sobre la serie por un buen rato incluso sin contar con dos datos más: la decisión de crear una trama en las dos últimas temporadas sugiriendo que Higgins era, en realidad, el célebre Robin Masters, que pagaba servicios y caprichos de nuestro héroe —y que en un par de ocasiones tuvo la voz de Orson Welles—, junto con un clásico problema de Sherlock Holmes. Al final de la séptima temporada parecía que por fin Selleck se saldría con la suya y se cerraría la serie —sí, antes de House estas cosas también pasaban— por lo que decidieron dejarlo bien claro matando al personaje. Luego quejas —sin ninguna muerte esta vez, las épocas templan los nervios, supongo— y, al final, tuvieron que traer de vuelta al detective para su última y triunfal temporada.

En cualquier caso, Glen A. Larson ya estaba centrado en otros asuntos para entonces. Desde 1981, de hecho. Porque Lee Major le necesitaba. En 1978 había terminado la exitosísima El hombre de los seis millones de dólares y en apenas unos meses tocaría terminar también con su matrimonio con la no menos conocida Farrah Fawcett. Así que si buscas algo sólido en lo que apoyarte parece que nada mejor que un Productor Ejecutivo y Creador, claro.

El resultado fue The fall guy (Profesión peligro también), serie sobre un especialista cinematógrafico que, una vez más, tenía que hacer justicia contra los malos, generalmente como cazarrecompensas. Habitualmente aprovechando sus conocimientos, especialmente de los espectaculares números que abrían cada capítulo y que solían ser reutilizados durante el episodio. El resultado final fue una serie de 5 temporadas. Lo que demuestra que ciertamente se podía confiar en el Productor.

Por lo menos si no tenías la desdicha de los Smother Brothers, que vieron durar sólo 5 episodios su serie sobre dos periodistas de investigación aficionados a meter demasiado la nariz en casos turbios. Quizá ayudó que no interpretaran a hermanos, quizá que se trataba de los agitados años de la huelga de guionistas y actores, o puede que fuese por ser una de esas ideas de la NBC.

Pese al borrón la fama —y fortuna— de Larson parecían incrementarse con el tiempo. Era increíble lo que estaba logrando y todo lo que parecía preguntarse la gente era: ¿Qué será lo siguiente?

Y entonces llegó él.

Sí, ya sabéis qué él.

Oh, vamos. Es Larson ¿De verdad no os suena de nada? ¿No sabéis cuál fue su mayor éxito?

Pues claro: Michael.

¿Cómo que cuál Michael?

Ay, señor… ¿Cómo explicarlo…? Ah, sí, ya sé. Michael, te necesito.

Ahí está. Larson 100%, el hombre misterioso que resuelve problemas a los desaparecidos con un misterio en torno a su existencia y trabajando para la ley pero no para el gobierno. Incluso con esa luz Cylon que algunos llaman Luz Larson y toda la carga emocional y de los infructuosos intentos de reboot.

¿Y queréis saber lo mejor?

Duró sólo cuatro temporadas.

Sí. En serio. Cuatro. 4. De 1982 a 1986. Magnum duró ocho temporadads —como Quincy — y llegó hasta 1988, The Fall Guy empezó un año antes y terminó el mismo 1986. Pero miremos el lado positivo: Duró una temporada más que B.J. & the Bear.

Dice David Hasselhoff que es muy poco habitual que un actor encabece dos veces un megaéxito. Y es cierto. Probablemente si KITT hubiera tenido las tetas de
Pamela Anderson ahora Hasselhoff sería gobernador de California y no el anti- Ronald McDonald. Claro que, al fin y al cabo, a KITT le daba voz William Daniels, el Sr. Feeney de Yo y el mundo. La magia de la televisión todo lo puede, como se ve.

En cualquier caso, y gracias a su éxito internacional, la serie vivió dos intentos de revivirla en los años ’90 que quedaron en sendos pilotos, una continuación llamada Team Knight Rider que si estaba argumentalmente cerca de algo era de los Power Rangers y, finalmente, la NBC —¿quién si no?— mantuvo toda una temproada un remake. Eso sí, con todos estos movimientos Larson se ha ocupado de ir cobrando pasta. Incluso de los Weinstein, que picaron como chin… y están desarrollando una película basada en el capítulo piloto y con guión del propio Larson. Desde 2006. Es imposible no admirar a Larson.

Lamentablemente, el éxito de El coche fantástico pareció terminar con la suerte de Glen A. Larson que empezó a sufrir reveses inesperados. El primero de los cuales no se hizo esperar ni un año. En 1983 su serie Manimal se convirtió en una más de las víctimas de la temporada en blanco que la NBC sufrió con sus novedades en 1983-84.

Y yo que no acabo de entender qué pudo fallar aquí:

El Dr. Jonathan Chase vivía en la selva con su misionero padre, a su regreso a la civilización escondía un secreto, podía convertirse en cualquier animal que deseara —aunque tendía a desear sólo dos, pero ese es otro tema— y ayudar con sus habilidades a la policía.

La culpa, claro, fue de la NBC que, confiados por la suerte de Larson, decidieron enfrentarla a Dallas. Y no.

Larson, imperturbable, pasó a darle una vuelta al concepto de El coche fantástico Total, si el coche podía hablar, ¿por qué no otras cosas? Eso, junto con el estreno de Tron el año anterior, sirvió para que lanzara

La presencia de Desi Arnaz Jr. como protagonista y el actor de teatro musical Chuck Wagner interpretando a… lo que podría denominarse como el hijo del amor entre KITT y la Lisa de Weird Science —si bien la película de Hughes no se estrenaría hasta dos años después— no sirvió, sin embargo, para salvar una serie de la que se estrenaron sólo 12 de los 13 capítulos rodados.

Una vez más Glen A. Larson se repuso y preparó una nueva serie: Cover Up o Camuflaje. Atentos que querrán estar sentados cuando vean esto:

Sí, efectivamente, Holding out for a hero de Bonnie Tyler era la canción inicial, y es que Larson estaba que lo tiraba. Y, de hecho, esta vez las cosas le iban bien con la serie. La historia de una fotógrafa que descubre, tras la muerte de su marido, que éste era un agente de operaciones encubiertas de la CIA logrando, de paso, el puesto que tenía para —una vez más— ayudar a los pobres, los desprotegidos y arreglar los entuertos allá por donde existieran, formando equipo —claro— con un agente de la CIA que se hacía pasar por modelo, estaba yendo muy bien en las audiencias.

Pero eso no significaba que la tragedia no le reservara algo a los envueltos en esta serie porque cuando el actor Jon-Erik Hexum que interpertaba al agente encubierto Mac Harper decidió hacer el tonto fingiendo jugar a la ruleta rusa con una Magnum .44 similar a la de Harry el sucio sin contar con —a saber— la presencia de un cartucho de fogueo en la recámara, que desplazó con la fuerza de la explosión un trozo del cráneo causándole la muerte. Una idea peligrosa y un atraso más en la reputación de los modelos barra actores.

La serie entró, claro, en una larga parada pese a ir sólo por el séptimo episodio. Volvió con otro actor para interpretar un papel similar pero era tarde ya y aunque se emitió la temporada completa de 22 capítulos no hubo posibilidad de que se legara a realizar una segunda temporada.

Tras un par de años dedicándose más a los telefilmes y con la cancelación de Magnum en puertas, Glen A. Larson intentó en 1988 poner otra serie en pie. Esta vez el actor principal es sobradamente conocido por su afición al cómic, o al menos a interpretar a sus personajes: Sam Jones, el Flash del Flash Gordon de principios de década que acababa de adaptar el Spirit de Eisner es el elegido para The Highwayman, una serie que partía de uno de esos telefilmes que estaba realizando Larson para convertirse en serie:

Parte revisión de El coche fantástico, con Jones interpretando a un fuera de la ley/ dentro de la ley que tiene un pasado misterioso y un camión superchulo —acabaría usándose para los Power Rangers, por cierto— que lo mismo lleva un helicóptero que un deportivo o toda la tecnología que se te pueda ocurrir. Salvo hacerse invisible, eso sólo podía en el piloto.

No fue la única diferencia. Aunque seguía en un futuro cercano y seguía hablándose de un equipo de Higwaymen dándole un cierto aire a lo Mad Max casi todo lo demás, especialmente secundarios, desaparecieron. Sólo Jones siguió ahí para los 10 episodios que duró la serie.

Inasequible al desaliento, Glen A. Larson siguió intentándolo, y en 1991 logró su primera serie de la nueva década: P.S.I. Luv U (Contacto en California). Tranquilos, no se había pasado a la comedia romántica. O no necesariamente, porque esta vez los protagonistas eran un chico —Greg Evigan, el protagonista de… ¡ B.J. &the Bear !— y una chica… Ya veréis, ya. Porque la nueva serie iba de esto:

—Tal vez quieran tomar su medicación preventiva, les advierto que la siguiente intro tiene ese estilo que puede causar digestiones pesadas y, quizá, epilepsia—

¡¡¡ Connie Sellecca !!! Sí, recién salida del Hotel y con El gran héroe americano aún vivo. Y mezclada en una producción —para la CBS esta vez— sobre dos detectives diferentes con tendencia a un cierto tipo de humor que resuelven casos de maneras heterodoxas. Sobre todo teniendo en cuenta que el papel de Sellecca aquí es el de una timadora —sí, eso es, de nuevo To take a thief o Ace of Spades — junto con un policía. Como era poco para digerir además resulta que están en protección de testigos tras un golpe contra una red de crimen organizado que salió mal.

En fin, casi dura más lo que hablo yo de ella que la serie en sí, que no pasó de los 10 capítulos de nuevo. Otro revés para Larson que superó como siempre: Haciendo telefilmes y buscándose una serie nueva.

Esta vez los ecos de su serie más duradera no podían quedarse fuera. Por eso se creó una serie policiaca en Hawaii llamada One West Waikiki o Waikiki a secas. Y si algo se puede decir de esta serie es que parecía acercar al maestro al alumno, porque quedó ciertamente Bellisario.

Lo más sorprendente fue que tras cortar la serie en el 6º episodio, como si de la más extraña de las miniseries se tratara, le dieron una segunda oportunidad que duró esta vez 13 capítulos. Parece que ni la presencia de Cheryl Ladd ni la de un incipiente Richard Burgi —uno de esos actores a los que uno va viendo aparecer por todos lados— sirvió para mantenerla a flote.

De modo que un cada vez más cansado Glen A. Larson decidió volver a la ciencia ficción. O algo.

Se alió con el gran guionista de cómics Steve Englehart para adaptarle su criatura publicada por Malibu Cómics: Night Man. Que no es sneaky and mean/ “something” inside my dreams como podría creerse, sino una adaptación —básicamente, hicieron lo que les dio la gana— sobre un… ahm… un músico de jazz con habilidades telepáticas. Que… bueno… concretamente… podía reconocer telepáticamente el mal dentro de las personas. Ya, en fin. La parte mala —suponiendo que lo anterior fuera bueno, claro— era que ya no podía dormir. Sí, eso además. Por suerte tenía un traje lleno de chorraditas para enfrentarse al crimen. echadle un ojo:

Esperaréis que ahora os diga que la cortaron en la primera temporada. Pero la verdad es que no. Fue en la segunda. Dos temporadas completas de 22 capítulos. Aunque, eso sí, para la segunda tuvieron que abaratar costes. Así que se mudaron a Canadá. Bueno, mudaron… uno de los puntos del acuerdo era, je je, que todo el personal debía ser canadiense. Les dejaron, eso sí, conservar a Matt McColm un especialista metido a actor —bueno, sólo la puntita— que interpretaba al protagonista, Johnny Domino. Todos los demás fueron reemplazados, y el único que no podía serlo, Raleigh el amigo y confidente de Night Man —que no existía en los cómics, por si os lo preguntabais— paso a… ser interpretado por un actor canadiense. En cualquier caso la temporada en Canadá supuso el final de la serie. Ni siquiera sacar al Manimal en un episodio pudo impedirlo.

—Cuento esto en ADLO! y no se lo creen—

Y con ella, en 1999, el final de la carrera como creador de Glen A. Larson, que aún dirigiría algún telefilm y serviría de consulting producer para el relanzamiento de Ronald D. Moore, pero que no volvería a crear ninguna serie.

Al menos de momento, porque según él ideas tiene y pese a haber cumplido ya 74 años está tan vital y activo como siempre. Y es que tantos años creando a hombres de acción con los que construir pedazos de nuestro imaginario común tenían que notarse en algo.

¡¡¡VIVA LARSON MANQUE LE CANCELEN!!!


Siendo novedable

Es cierto, ya hay previas de casi todas las nuevas series que llegarán este otoño. La ABC, la NBC, la FOX e incluso la dupla de la CBS y The CW han sacado las galas para presentar al gran público sus propuestas.

Ahora podría realizar un post sobre lo que hay, lo que se espera y lo que ha cambiado pero, sinceramente, hay dos cosas que hacen falta antes. La primera es, obviamente, un Pilotos Deathmatch con todo lo que ha aparecido desde el último. No es que sea mucho, por motivos que ya comentaremos, pero es necesario hablar de ellos. Volved en quince días porque la semana que viene sigo repasando creadores —esta vez americano y sin el que los años ’80 serían muy distintos para todos los niños de entonces— y, antes también, conviene que tengáis cierta idea sobre todo el proceso de cómo se ha llegado hasta ahí, hasta ese momento en que se anuncian las novedades. Que es de lo que hablaré en la columna de hoy. En cuanto a ese repaso, y teniendo en cuenta cierto creador inglés no demasiado conocido que irás tras el Pilotos Deathmatch… ¿Qué tal si volvéis en un mes?

¿Que queréis ahora una columna? Bueno, enfoquémoslo por el lado contrario. ¿Cómo han llegado hasta ahí esas propuestas? En la televisión USA, digo. Cada vez que menciono la posibilidad de hablar de este tema en el mercado español alguien se me descojona. Lo más sencillo sería mandaros a leer este texto pero creo que se puede incluso extender un poco más, y en español.

Lo primero que hace falta es una idea. No digo una que sea nueva, claro, vale con pillarla de una serie anterior, de otro país o de otro medio. en cualquier caso hay que tener una idea y poder exponerla en unas tres líneas que es lo que son capaces de procesar los ejecutivos de estudio y la prensa.

Por supuesto lo primero no es enviárselo a una cadena, antes hace falta lo de siempre: Pasta. Así que uno se busca unos señores productores que pongan la pasta por si acaso. Para ese primer propósito se envían esos bonitos resúmenes: “Te quiero, ¿Me quieres?” a ver si cae la breva. Por supuesto hay formas de inclinar la balanza, es más fácil venderles el proyecto si te conocen de antes, por eso la mayor parte de proyectos aceptados vienen de guionistas de otros medios — cine o teatro— o de gente que ha empezado como guionista en una serie especialmente cuando ha hecho todo el camino de guionista a responsable de guiones o a jefe de guionistas y, sobre todo, si ha sustituido al creador de la serie cuando se ha largado a desarrollar otra idea.

La figura del showrunner entendida como el responsable de la buena marcha de la series —lo que en los tiempos antiguos era simplemente un producto— ha ido tomando fuerza, de manera que cuando una serie parece estable y se puede dejar a alguien a cargo para desarrollar nuevas ideas elegir a ese sustituto es fundamental. Este método de ascenso, el más común en las series actuales, es el que permitió sobresalir a David E. Kelly, por si quieren hacerse una idea del tiempo que se lleva usando.

También puede ser que el Estudio tenga en nómina o esté participado o poseído por el dueño de la idea en cuyo caso, ¿para qué darle más vueltas?

Ese es el primer filtro. Una vez que un Estudio parece interesado en producir la serie se puede empezar a dar la vara a las cadenas. De entrada se extiende el desarrollo, se sugieren actores, se hacen paralelismos con éxitos del presente o pasado. De nuevo el que el estudio conozca a la productora y al creador ayuda, si está trabajando con ellos en otra serie de —razonable— éxito o tienen algún acuerdo de colaboración —una de las situaciones más comunes que existen, recordad que ya en los sesenta vimos usar ese tipo de acuerdos— especialmente si es un acuerdo con la cadena. También si el Estudio y la Cadena pertenecen al mismo grupo aunque eso no es un fijo, existen casos en los que un estudio se ha centrado en su cadena y no ha sacado un mojón mientras otros como Universal o Fox tenían más éxito vendiendo a cualquiera que se les acercara. —Lo que hay que tener en cuenta a la hora de pensar en rescates de series, si al grupo le interesa que la serie dure más puede recomendar a su cadena que le haga un hueco—

En ese momento pasamos de los 500 Pitches, esas locas ideas para series, a unos 70 guiones solicitados. Una vez decidido el desarrollo se prepara una biblia, un documento con personajes, tramas y desarrollos posibles además de una indicación de actores disponibles. Como la gente no es tonta este tipo de documentos está más cerca de ser de “buenas intenciones” que de algo a lo que hacer realmente caso pero, eh, puede que convenzas a tu cadena y entonces de luz verde para el piloto.

La verdad es que está fase es casi la más sencilla de pasar, de cada 7 guiones se ruedan 2 pilotos, un tercio, con lo que empiezan las vueltas para conseguir actores, localizaciones y lograr la doble imposibilidad de realizar un episodio espectacular pero que tampoco implique una serie de presupuesto disparatado. Algunas veces hay inyecciones secretas de capital para meter secuencias imposibles de rodar en la serie principal que hacen del piloto el capítulo más caro que se verá… en toda la historia de la serie.

A partir de ahí tenemos como el Street Fighter, rondas. La primera es de la gente del estudio, normalmente aún durante el desarrollo, para ir ajustando cosillas. una vez el Estudio está razonablemente contento, o la cadena suficientemente harta, se les envía una copia. Ahí puede acabarse el asunto. Con algo de suerte habrá cosas que les gusten y tratarán de cambiar el resto para lograr una mejora. Hay series que han tenidos varios pilotos sucesivos, como All in the family, actualmente hay una serie llamada Friends with benefits que lleva dos años probando cosas a ver si sale algo decente. Con una suerte aún mayor les encantará. Tanto que envían a las hordas contra ellos. Perdón, no se llaman hordas, se llaman test audiences o audiencias de prueba —o de pega — que están formados pro gente común —sob— y serán los responsables del éxito y de los cambios.

Teniendo en cuenta que el 80% de las nuevas series —aproximadamente— se cancelan antes de pasara a su segunda temporada podéis comprobar lo útiles que son sus consejos.

Las diferencias entre una serie para una cadena generalista y una de cable están, precisamente, en cómo encaran los grupos de audiencia — y a los críticos— pues un pez gordo como el jefe de ficción de la ABC tienen que plegar sus deseos a lo que le digan — y no elegir Poe— mientras que una cadena de cable puede rechazar cuatro series que entusiasmaron a críticos y audiencias.

En este punto puede pasar casi de todo, sobre todo si las cadenas hacen caso a las sesiones de grupo que suelen pedir cosas estúpidas y contrapuestas. Sobre todo porque hay que tener en cuenta que los pilotos pueden — y suelen— cambiar, por un lado porque los actores no tienen por qué continuar del piloto a la serie —bien porque tengan otros compromisos, bien por decisiones del productor— por el otro porque frente a la facilidad para cambiar el piloto —es un decir— normalmente se entregan enlatados de una vez cuatro capítulos con lo que cualquier cambio o desarrollo no pasará hasta después de ese inicio.

En cualquier caso, de los 20 pilotos encargados se acaban emitiendo entre 4 y 8 pilotos, según las cadenas. Es decir, según la cantidad de shows que necesiten repuesto para la nueva temporada y lo desastroso que sea su forma de programar las series —es decir, cuánto estés cerca de las NBC— así como la previsión que tengas. Normalmente se deja alguna serie para cubrir huecos —especialmente si eres la FOX— que en el mejor e improbable de los casos pueden reciclarse a serie de mitad de temporada.

En cualquier caso las series que han logrado llegar, incluso aquellas que han sido derivadas de un canal a otro o que han logrado un rebote tras la fallida compra —lo que suele significar ir a una cadena de cable que tiene menos presupuesto como el SyFy— están preparadas para causar esa primera impresión.

Pero eso ya es un asunto para otra columna.

De manera que ya hemos reducido el número de posibilidades, de