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Hay toda una serie de… series… en las que parece que dependemos de una ‘gran estrella’ para una ‘gran historia’, esa sensación es la que da The Big Cigar (USA). Una serie errática que parece salir por los empellones que su protagonista, André Holland, da para tirar de ella. Es curioso porque, sin ser un desconocido ni mucho menos, se suele pensar en actores más conocidos para este tipo de obras. Pero bueno, al menos muestra que en Apple aún queda gente con voluntad para intentar acercarse a esas producciones de hace un par de años que parecían buscar sustituir a la HBO. Aunque luego el resultado salga chuchurrío, como en esta, en la que parece que no saben bien ni qué contar ni cómo contarlo, incapaces de manejar los cambios de tono o de ritmo o de que la historia real que cuenten suene interesante, verosímil o necesaria cuando sabemos perfectamente que es las tres cosas… pero no así. No así.

Hay días en las que pediría una moratoria para adaptar webtoons. Yo qué sé, un mes o así en el que le den una vuelta a lo que están haciendo. Porque este Deo Eiteu Syo (O) (CS), o 더 에이트 쇼 o The 8 Show o…, tiene muchos problemas que surgen de dos lados: De que el webtoon original era poco menos que un esqueleto argumental mal dibujado y peor narrado y que alguien ha querido repetir la jugada de Juego conocido y Crítica al capitalismo partiendo de unos mimbres menos que ideales. Así que toda la discutible carga de crítica social del juego o la falta de una historia real detrás de este -no hay trabajadores, no hay espectadores- se pierde a favor de una serie de discusiones y movimientos entre ocho personajes que dependen casi más de sus actores (como demuestra Jeong-Hee Moon sacando el jugo de la nada que le ha tocado) que del guion que se supone que tiene que defender. En fin.

La premisa de Desejos S.A. (O) (BR) hacía pensar en las antiguas series de terror/ ciencia ficción. Una organización ‘todopoderosa’ que te ofrece cumplir UN deseo. Eso sí, a cambio tendrás que pagar una cantidad tirando a ridícula pero, sobre todo, estar a disposición de que esa misma gente te pida UNA cosa que ayude a otra persona a cumplir su deseo. Así que teníamos un poco todo lo posible: Deseos envenenados, peticiones a cumplir, una organización poderosa, desconocida y con recursos… El resultado es bastante curioso porque, efectivamente, tenemos todos esos elementos. Pero saben ir pasando de momentos más dramáticos a otros más cómicos, e incluso enseñan otros resortes -este piloto tienen un marcado tono sexual que logran gestionar con acierto- haciendo que el resultado sea quizá no muy novedoso y claramente ligero en su forma de abordarlo… pero precisamente por ello -y por su duración de poco más de media hora- una serie agradable para rellenar un rato. Y siendo solo seis capítulos tengo claro que me la veré entera, a ver qué tal el resto.

Esta The Gathering (UK) es una clásica serie de padres e hijos al estilo británico. Es decir, el componente criminal / telenovelesco está a tope pese a que no se centre tanto en ellos como en las denuncias y contextos. Vemos distintas versiones de hijos que tienen problemas con sus padres -y viceversa- y una excusa argumental ciertamente irrelevante -un equipo de gimnastas, un grupo de chavales que hacen parkour, una fiesta ilegal en la playa, un ‘algo’ que pasó aquella noche- para ir moviendo y haciendo chocar a unos personajes con otros. Ninguna de las actuaciones es realmente mala, ninguna de las actuaciones es notablemente buena. Casi parece más un rellenos para las ondas, algo que ofrecer porque algo tienen que ofrecer, que una serie que haya sido creada para contar una historia concreta de una manera determinada. Aunque al menos agradezco que sea gimnasia / parkour en lugar de ballet / baile callejero. Que es una buena metáfora de toda la obra: No es un cambio muy grande pero al menos no es TAN lo de siempre.

He tenido que ir a mirar que esta Murder in Mahim (O) (IN) no fuera otra serie que había visto ya en Prime. Y no, esta serie se centra también en la investigación sobre una serie de asesinatos, pero lo que en aquella otra era de mujeres aquí es de personas queer.  Y esto último es casi lo que más les importa. Es cierto que hasta 2018 no se descriminalizó -veremos por cuánto, que la última vez que se recriminalizó fue en 2013- la homosexualidad en La India, pero precisamente por eso está claro que les interesaba más contar la realidad de 2017 -el año en el que se publicó el libro- de la gente queer y las amenazas que enfrentaban, tanto las más agresivas como la incomprensión e intolerancia más básica. Basándose en el libro de Jerry Pinto, hace un retrato que parece razonable de aquello… pero parece olvidar que el libro de Pinto era, además, un thriller criminal.  Aquí la investigación es lenta, casi torpe, y no parece que ninguno de los dos personajes centrales, ni el policía ni el ex-periodista parecen tener la iniciativa sino más bien una reacción a lo que va sucediendo, algo que quizá podría haberse notado menos en una película -que sospecho que hubiera sido mucha mejor elección- pero que en una serie es obvio en todo momento.

Por supuesto peor sería ser Rebus (UK), un genérico de serie criminal realizado con tan pocas ganas e interés que he tenido que investigar si realmente esto era el piloto de la serie que ha emitido la BBC Escocia y no algún tipo de ensayo general para demostrarle a los inversores cómo iría. Cierto es que Rebus nunca ha sido un investigador que me interesara en exceso, pero hay una distancia entre eso y esta producción de baratillo en la que los decorados de cartón piedra son más creíbles que las interpretaciones. Para ponerte al personaje mejor la de Ken Stott de los años ’00s.

Es curioso lo poco coreana en los tics exteriores y lo mucho en los interiores que es Samsiki Samchon (O) (CS), o 삼식이 삼촌 o Uncle Samsik o…, que es el tipo de drama político con elementos algo telenovelescos y criminales que uno está más o menos acostumbrado a ver aparecer con regularidad en las producciones europeas, con una época concreta -el principio de la década de los sesenta-, un par de personajes principales dentro de lo esperable -el que le da nombre a la serie, un turbio ‘conseguidor’ político sin ética ni moral; y una especie de joven inocente y ambicioso que parece tener ideales aún- y las tramas que uno puede esperar dentro de esto, con rivalidades políticas y acciones oscuras. Pero frente al habitual llevarlo al once, momentos cómicos y sobreactuaciones aquí tenemos un tono uniforme y sin estridencias, casi comedido en ocasiones. Aunque, de fondo, aparezcan muchos de los temas y traumas de las series surcoreanas, tanto en general como el poder, la lealtad o el honor, como en concreto con la ambivalente relación con los estadounidenses, la dualidad entre el campo y la industrialización o la corrupción de las élites con las manos metidas en demasiados bolsillos. Es una obra a la que le falta quizá una chispa, porque aunque los actores, especialmente Song Kang-ho en el papel principal danto una lección de actuación, estén bien la ‘corrección’ general de lo que nos cuentan y cómo nos lo cuentan da más para rellenar unas horas que pare querer saber más de lo que ocurre o va a ocurrir con ellos.


Estamos llegando a un punto en el que la reflexión sobre el true crime -y los podcasts sobre ellos- va enrollándose sobre si mismo. En esta tendencia podríamos incluir a Bodkin (USA), que es una producción estadounidense -al menos sobre el papel- pero en la que está muy claro que han decidido emplear a ingleses para montarla y a irlandeses para interpretar y grabar. Excepto Will Forte, claro. La historia de una periodista de investigación que tras un ‘desafortunado incidente’ es relegada a echar una mano a un podcaster que quiere hacer una historia sobre true crime en Irlanda. Que, por supuesto, sirve para seguir el misterio central, pero también para mostrar los dos estilos diferentes -ella como perro de presa al que no le importa nada en nombre de La Verdad, él como una persona a la que lo que más le importa es La Historia (y Los Sentimientos… que puede sacar de esa Narrativa)- sin una finalidad realmente romántica tanto como, precisamente, de choque de estilos. El reparto lo completa una joven documentalista del mismo periódico de ella que está allí como apoyo pero que claramente va a ver cambiado su mundo y, por supuesto, la gente de ese pueblecito que está -claro- lleno de secretos y de personajes excéntricos. Luego ya los toques de comedia y blablabla. Hay cosas apreciables aquí, aunque lo cierto es que da la sensación de montar mucho barullo y demasiadas tramas para contar una historia que quizá no necesitaba de 7 capítulos. Pero bueno, eso también es una historia de nuestro tiempo.

Hay series que te llevan a recordar, por ejemplo con Dark Matter (USA) he estado un rato intentando recordar si ya la había visto antes o si estaba basada en un libro que ya había leído o qué. Un tipo en una línea temporal que parece ‘meh’ se encuentra con algo así como un cambio de multiverso a otra en la que ha triunfado en su trabajo pero no tiene familia. Así que esa debe de ser la mala. Porque, a su vez, la persona de ese otro universo está ahora en el suyo. Así que no deja de ser la clásica historia de dobles -más o menos malvados- y enfrentamientos y blablabla. Pero contada en mucho más tiempo del que ese punto de partida necesitaba. A estas alturas uno pensaría que lo de los Universos Alternativos estaría un tanto polvoriento y, por tanto, necesitado de un meneo. Más aún teniendo en cuenta que Counterpart cerró hace 5 años. Pero bueno, supongo que Apple ha pasado de querer ser HBO a querer ser la CW con sus series canadienses. Con la racha que llevan tampoco diré que sea lo peor.

Curiosa esta Heroneun Anibnidaman (O) (CS), o 히어로는 아닙니다만 o Una familia atípica o…, que parece salida de algún Webtoon porque sigue también la idea de Familia con Poderes a la que le Pasan Cosas. En este caso es que… los han perdido. Por las cosas de la vida y por la evolución de los asuntos. Por insomnio, por depresión, por engordar (suspiro), por lo que sea. Al menos hasta que aparece una joven que tiene pinta de tener su propia agenda en todo esto. A partir de ahí la típica mezcla surcoreana de romance, aventurillas y gente con más-o-menos-poderes. Pues bueno, pues vale.

En una semana en la que Maxton Hall parecía la serie poblada por más idiotas llega Kimler Geldi Kimler Geçti (O) (TU) , o Thank You, Next o Gracias, ¿el siguiente? o…, a arrebatarle el título. Porque, claro, al menos la alemana tiene la excusa de que sus protagonistas son adolescentes. Pero en esta… en esta tenemos treintañeros con aspecto de cuarentañeros y comportamientos que ni los veinteañeros. Una abogada se acaba de ‘separar’ de su pareja, conoce a un cocinero buenorro y siente algo con el marido del que una de sus clientas se está separando. Su grupo de familia y amigos no es mucho mejor. Aunque supongo que las pintas de chuloputascastigador del marido en proceso de divorcio -y el hecho de que, en fin, ES LA ABOGADA DE LA MUJER QUE SE ESTÁ DIVORCIANDO DE ÉL POR BUENOS MOTIVOS- ayudan en algo a que sea incapaz de ver esta serie -que incluye diálogos como «Ha dicho que te va a demandar por la custodia del perro»- sin llevarme las manos a la cabeza.

Se sabe que Maxton Hall (O) (AL) es una telenovela romántica juvenil moderna porque más allá de los asuntos habituales -como que los actores tengan más de veinte años, o cierta alergia a llevar ropa- son todos tontísimos y salidísimos. Y ese es el centro real de la historia. En teoría esto va de una muchachita de clase baja que descubre algo que no debería, haciendo que se fije en ella el clásico señor torturado de clase alta que quiere que ella no lo cuente. Por algún motivo (que son tontísimos) la táctica de él para lograrlo es de las que haría que cualquiera decidiera que mejor contarlo antes que seguir soportándole, pero debido a que ella tiene sus propias ideas (o su ausencia, en realidad, porque son tontísimos) decide tirar para delante. Además ella es una muy trabajadora joven con una meta académica clara y él es la estrella del equipo de… quiddich, lacrosse o uno de esos deportes inventados para los libros. En fin, ¿podría ser más obvio? Total, que esto tendrá, seguro, un público. Un público al que, sospecho, le guste gritarle a la pantalla. Y que, definitivamente, no soy yo.


Por algún motivo algún surcoreano ha decidido que Mentiroso Compulsivo era una película que había que recuperar, y es cierto que en este Bimileun Eobseo (O) (CS), o 비밀은 없어 o Frankly Speaking, no será hasta los últimos diez minutos que se pusieran a ello. Antes de eso tenemos la vida de un presentador de telenoticias y una más interesante confluencia con uno de esos reality-concursos suyos que mezclan pruebas en parte deportivas y la necesidad de mostrar química y blablabla. La verdad es que me estaba gustando esa primera parte y, de momento, solo tolero la segunda -casi tanto como esos momentos Ally McBeal que me hacen sospechar que el noventerismo es fuerte aquí-, pero al menos le daré un par de episodios más a ver por dónde nos lleva. (Más allá de la obvia trama romántica, claro).

Chico conoce chica, chico se enamora de chica, chica resulta ser parte de una polícula poliamorosa y ahora él tiene que adaptarse pese a ser bastante antiguo. De ahí sale Felices los 6 (O) (AR) que podría haber sido una película española de los… bueno, del año pasado, para qué mentirnos. No, espera, de 2021, que es cuando Fernando Colomo hizo la suya. Y el resultado es notablemente similar. O, al menos, esa idea de ‘Oh, cielos, cómo voy a poder YO que soy blablabla’. En fin, el punto de partida es el mismo, supongo que el de llegada vendrá a ser alguna versión de ‘todo el mundo es bueno’, no sé cómo de insufrible para con la idea de que la pareja es propiedad.

La Comedia Francesa del Año, Fiasco (O) (FR) , es un ejemplo perfecto de ‘lo que su propio nombre indica’. Todo esto de ‘tipo que quiere hacer su primera película pero todo sale mal’ con formato de falso documental necesitaría, al menos, de una intención o una ejecución. Pero, no solo no hay ninguna de las dos, además se reboza en lo patético como si eso fuera a hacer gracia. Yo entiendo que los franceses tienen sus cosas, pero esto es espantoso.

A veces es difícil saber si algo es más pretencioso o rancio, sobre todo cuando la idea es denunciar los problemas de alguien pero sin darle la posibilidad de que cuenten ellos su historia, solo faltaría, a ver si van a saber ellos más que un señor blanco. De ahí historias como esta The Green Veil (USA), que se supone que es la carte de presentación del nuevo sitio de streaming The Network, en parte porque el susodicho blanco es uno de los impulsores de la misma. Y si esto es lo que nos vamos a encontrar estamos aviados. Porque aquí con la excusa de hablarnos de la manera en la que el gobierno americano oprimía a sus minorías, en este caso con una historia en la que la desaparición de una familia de nativos americanos se trató como una abducción alienígena -De manera literal-, acaba convertido en lo de siempre: Recreación de época, sexo y violencia (y violencia sexual) como forma de demostrar lo serios que somos, y en cuanto te descuidas la historia pasa a ser la de algún blanco que estaba por ahí. En fin, un desastre. Pero por lo menos les doy la razón en algo: Me ha dejado clarísimo lo que nos espera en The Network.

A veces parece que cuando se dice ‘una superproducción histórica’ acaban todos con lo mismo. Mira que habrá historias en la historia, pero aquí estamos. Heeramandi: The Diamond Bazaar (O) (IN) comienza la serie con la venta de un bebé. Supongo que porque hay cosas que nunca cambian. Ah, y el ahora casi-obligatorio patrioterismo de baratillo en las producciones indias es contra los ingleses. Que es una forma sencilla de que a nadie le parezca mal del todo. A partir de ahí seguimos con una casa de ‘cortesanas’ para lo que parece un Grandes Relatos de los que mantener de fondo mientras echas la siesta el fin de semana. Gran gasto en ambientación y trajes, mucho menos en actuación, no digamos ya en guion (a ratos podría ser tranquilamente… no un Falcon Crest, menos Luna de lobos y más El Secreto de Puenteviejo, porque aunque le pongas seda… bueno, ya sabéis cómo va) pero al menos tiene números musicales. Supongo.

No se veía tal cantidad de estrellas detrás y delante de las cámara para adaptar a Tom Wolfe desde La Hoguera de las Vanidades. El resultado de A Man in Full (USA) es similar. Bueno, lo otro era una película -así que por lo menos duraba menos- y tenía más sentido del humor. A veces incluso de manera premeditada. Pero supongo que a partir de cierta edad o formación habrá algo bueno que decir de ella. Todo es proponérselo, supongo.

Es… peculiar lo que pueden decidir sacar como serie en Netflix. Por ejemplo en Postcards (O) (NI)  tenemos a una madre y su hijo. Adultos ambos, claro. Ella es del tipo… viuda con opiniones, digamos. Viuda metomentodo, incluso. Viuda fiestera, también. El joven tiene la decisión de triunfar como… bailarín, actor, algo… El asunto es que se encuentran separados y en este piloto vemos un poco como son sus vidas -fundamentalmente la de ella- y nos encontramos también con un diagnóstico médico. Solo que en lugar de unirles o lo que sea el diagnóstico hace que ella se vaya de Nigeria a La India. Y él, por otros motivos, también. Así que es de presuponer que lo que veremos será uno de esos melodramas familiares en los que se irá cruzando y descruzando gente. Un estilo de obra un tanto anticuado pero… supongo que efectivo para su público. Que, me temo, no soy yo.


Parece que volvemos a las minis-minis, porque este Shardlake (UK) -el apellido del protagonista, parece que aquí han decidido no pillarse los dedos poniendo el título del primer libro y luego teniendo que cargarlo ante posibles temporadas posteriores- adapta la novela histórica y de misterio de C.J. Sansom Dissolution, o como se la conoció en España: El gallo negro. En tiempos de Cromwell un abogado es enviado a investigar una muerte misteriosa en un monasterio. Por supuesto es inevitable que nos acordemos de El nombre de la rosa pese a la clara distancia en intenciones y logros entre ambas obras, y quizá los cuatro episodios que duda podrían haber sido dos. Pero, por lo demás, es un misterio aceptable de esos que ponen un personaje central inteligente pero con defectos físicos acompañado (una variación respecto al libro que también nos habla de las ganas de que esto sea una serie de minis, meten al acompañante que estaría desde el segundo en lugar del que aparecía en el primero) de un personaje más fuerte y atlético, dado al conflicto físico tanto como a discutir con el protagonista. Pues bueno, para unas pocas horas está bien. Quizá para la siguiente temporada los señores de Disney hayan logrado suficiente dinero como para que las luces estén encendidas.

Parece que el que Israel esté cometiendo genocidio ha servido para que todo el mundo se ponga a recordar cuando eran los judíos, sionistas o no, los que lo sufrían. De ahí que esta semana le toque a The Tattooist of Auschwitz (UK), una insufrible pieza histórica carente de cualquier originalidad, interés o valor en el que se nos cuenta una historia genérica ‘con algunas licencias’. En fin.

Ocurre una cosa curiosa con esta T · P Bon (O) (JP), y es que se basa en un manga de Fujiko · F · Fujio, el dúo compuesto por Hiroshi Fujimoto y Motoo Abiko, responsables para el imaginario colectivo sobre todo de Doraemon pero que hicieron, claro, más obras. Como es el caso de esta que nos ocupa, sobre un colegial mediocre que acaba trabajando en una agencia que vela por la seguridad temporal. Así que viajes en el tiempo, divulgación histórica y esas cosas. Intentando, en la mayor parte, que el estilo de animación recuerde precisamente al de tiempos pretéritos -al fin y al cabo es un manga que salió entre 1978 y 1986- pero al que traiciona de cuando en cuando su propia decisión de hacer escenas espectaculares con animación por ordenador que, dentro de este cuadro, quedan fuera del todo de sentido y situación, como un pegote. Quitando eso, una historia bastante clásica que cuenta como punto a favor con que los personajes no son tan insufribles como los del gato cósmico.

Normalmente FX sabe lo que se hace, por eso es más extraño The Veil (USA), un aburridísimo más-de-lo-mismo de espías y anti-islamismo con media docena de ‘estrellas’ teóricas intentando llevas adelante una serie tan insulsa que he tenido que mirar si no era un reestreno.


En una semana como esta hasta se agradecen series como Briganti (O) (IT), que está más cerca de aquellos ‘grandes relatos’ italianos -casi eurotrash– que del cine de época que podría haber sido. Con una mezcla de estilos cercana tanto a la telenovela como al bandolerismo de Curro Jiménez, esta historia de un tesoro, un país y un grupo de personajes metidos en una serie de líos, que a ratos se acerca al spaghetti-western y otras al exploit turbio de Robin Hood, logra ofrecer algo que, a fuerza de tener mil partes de otras gentes, logra ser lo suficientemente único. Una ensaladilla de momentos y referencias, normalmente tan excesivo y disparatado que parece pensado para una larga tarde de domingo en la que estás haciendo otras cosas y, de cuando en cuando, dices… Espera, ¿qué? Algo es algo.

Por todas las veces que digo que no soy el público objetivo de algo hay ocasiones en las que lo soy claramente, otra cosa es que luego me ponga la serie en sí y resulte que tampoco. Esta vez me ha pasado con Dead Boy Detectives (USA), que en teoría tiene detectives juveniles y fantástico, pero a la que le pesa mucho más una mezcla particular: La necesidad de alardear y, a la vez, la decisión de contenerse. Es algo completamente ridículo, claro, sobre todo porque no sabes si se están conteniendo de verdad -el clásico ‘no me dejéis que ya sabéis cómo me pongo’– o es que en realidad no hay más. Que es lo que tiene pinta. Parece mentira que Netflix hiciera a penas el año pasado Lockwood & Co., mucho mejor serie que esta, y no haya sido capaz no de repetirlo sino de tomar notas de lo que funcionaba. Por contra, parecen haber tomado nota de la aparición de sus personajes principales en Doom Patrol -la serie de Warner– para… empeorarlo en lo posible. No solo la relación entre los protagonistas -a  un tiempo histriónica y ridícula, más que conmovedora o sentida- y del otro una creación y diseño que parece de un canal canadiense aunque se tome a sí misma como una producción británica. Así que, gota a gota, va sacándome tanto de que me interese la historia o los personajes como de que me de lo mismo nada de lo que estoy viendo. No tengo interés ya ni por saber en qué cobran estos dos o para qué quieren esos emolumentos. Con que no me den la barrila con que la van a cancelar y hay que salvarla me conformo.

No tengo claro cuál será el trato que Netflix haya logrado para esta Destiny (O) (JP) pero probablemente ellos tampoco. En cualquier caso el primer capítulo, y no tengo intención de ver más, nos pone a un grupo de amigos en la universidad. Un grupo que se nos explica su formación y es completamente ridícula. Pero teniendo en cuenta que los actores están más cerca de los 40s que de los 20s no tengo yo muy claro en qué universitarios están pensado. En cualquier caso parece que nos meten dos intrigas criminales, uno sobre el padre de la protagonista, otro sobre algo sucedido en esos años universitarios que ha cambiado la relación del grupo. Lo primero no parece importarle ni a ella, lo segundo tarda TANTO en ponerse en marcha que para cuando lo hace resulta una chorradita en la que no hay muchas opciones y, sobre todo, no puede dar más lo mismo. Es una lástima porque sobre el papel tenía potencial, pero una vez visto no me interesa ni leerme la resolución en la wikipedia.

Dios sabe qué habrá liado Netflix o a qué extraño acuerdo habrá llegado, porque de esta serie no veo trailer ni en Netflix
Una de esas series juveniles de siempre, este Dil Dosti Dilemma (O) (IN) que entiendo es algo como El Dilema de la Amistad nos presenta a tres amigas-muy-amigas cada una con sus problemas propios: Una es una pija clasista insoportable, la otra se ha fijado en un chico que no le hace caso (y que es el hermano de algo así como las reinas del instituto) y la tercera… no sé… sus padres no demuestran afecto o algo. De entre estas tres lo más importante será la primera, pero iremos viendo también a las otras dos. El centro de la historieta es que la primera iba a irse de vacaciones a Canadá, pero se porta tan mal con su abuela -que es una mujer de vida humilde pero mucho corazón, o algo así- que sus padres deciden castigarla a que se vaya con ella -y su abuelo, claro- a pasar esas vacaciones. Como esto es una serie juvenil tenemos también a un chaval del barrio que claramente se va a convertir en novio o lo que sea de ella -la protagonista, no de la abuela. Aunque hubiera sido más interesante- y también que ella decide mentir a sus amigas -¡oh!- y seguir haciéndoles creer que está en Canadá. Total, que podemos imaginar los líos amorosos, los líos de amistad y el Aprender una Valiosa Lección. Pues bueno, no soy el público pero alguien lo será.

No tengo muy claro qué es este I Dina Händer (O) (SU) o Deliver Me o lo que sea. ¿Es un drama sobre los peligros de la Industria Criminal, sobre los peligros de la Infancia, sobre las víctimas colaterales? Desde luego no parece nada que desentonaría en el Lifetime de los noventa.  Excepto porque aquellos lo contaban en 90 minutos. En fin, una serie aburrida y reiterativa que tira de todos los lugares comunes y los más explotados de los trucos para lograr, más que nada, un aburrido sermón.

Uno pensaría que a estas alturas montar un culebrón sobre una familia de ricos y poderosos debería de ser sencillo, pero Fukuro to Yobareta Otoko (O) (JP) oフクロウと呼ばれた男 o House of the Owl, deja claro que hace falta cierto mérito. Porque, de lo contrario, habría salido mejor. Un patriarca que conduce la familia con mano dura y sin escrúpulos, el hijo más joven, lleno de recursos pero bondadosos, y toda una serie de familiares entre medias, y de empleados, y de conexiones políticas y financieras, en un piloto en el que es cierto que en todo momento está pasando algo, pero no es menos cierto que no parezca tener tensión ni utilidad real más que para apagar el fuego del momento, como si alguien hubiera decidido montar un resumen semanal de una telenovela diaria y ese apelotamiento y bandazos de los conflictos sirviera antes para mostrarnos las costuras que para otra cosa.

Más brío demuestra la igualmente llena de idas y venidas Jibaejong (O) (CS), o 지배종 o Blood Free o lo que sea, que parece más el inicio de una idea para una serie que una serie en sí. Una empresa alimentaria que comenzó creando réplicas de piel y se ha pasado a la réplica de carne, y a su alrededor una serie de conspiraciones. El problema es que no parece tener muy claro qué hacer con eso, igual que no tienen muy claro si la empresa es buena o mala, o para dónde tirar con todos los personajes que nos han presentado. Sí que tienen claro que van a montar algo de lío amoroso entre el nuevo guardaespaldas -con un pasado y motivaciones propias- y la directora de la empresa. Todo eso después de un extenso piloto en el que, como decía, no dejan de pasar cosas. Pero muchas veces con menos orden y concierto del que debería para dar la sensación de que tienen algo concreto en mente y no simplemente ir tirando a ver qué sale. Y, con eso y todo, aquí sí que consiguen que pasen cosas con un mínimo de interés y crear algunos momentos de tensión. Pero está verde, está muy verde aún.

De entre todas las novedades de la semana, y vaya semana ha sido, probablemente Jongmalui Babo (O) (CS), o 종말의 바보 o Goodbye Earth o …, sea la peor. Una extensísima duración para un piloto que parte de una idea -un meteorito se dirige hacia la tierra y probablemente acabe con la mayoría de la vida humana- que tiene dos problemas de partida. El primero es que tras una pandemia la mitad de las cosas que hacen no parecen realistas. Por ejemplo, que no les estén obligando a trabajar hasta el último día. El segundo, y casi peor, es que en este mismo Netflix hará seis meses tuvimos una magnífica serie animada que partía de EXACTAMENTE LA MISMA IDEA. Todo lo que ​Carol & The End of The World hacía magníficamente bien desde un piloto que con sus problemas y todo demostraba que se podía abordar el asunto y tirar para delante aquí pasa a ser un incidir en las mismas ideas y mostrar una histeria colectiva que ni siquiera en los momentos más obvios -los ‘negacionistas’ del meteorito- logran superar a la primera, que de nuevo lo hizo mejor. Así que lo que nos queda es una serie excesivamente larga, reiterativa y sin una trama interesante en la que queramos algo distinto de que caiga de una vez el meteorito.

Cómo estará la cosa para que probablemente sea esta Knuckles (USA) la mejor serie de la semana. No por méritos propios tanto como por deméritos del resto. Bueno, es cierto que Red Eye podría disputárselo y que Jibaejong o Briganti tienen sus momentos. Pero lo importante es que en Knuckles saben lo que quieren, saben cómo hacerlo y saben de quién tirar. Así que tenemos una aventurilla para el sector infantil/ adolescente y luego para más mayores una historieta cómic de humor de la incomodidad, Presupongo que para los que crecieran en los noventa jugando a estos juegos. Mucho de lo que vemos parece de manera directa o de manera paródica una referencia a aquellos años y sus películas -de hecho, es casi imposible no pensar en el Kingpin de los Farrelly tanto como en las escenas de bolos de El Gran Lebowsky. Dos grupos que aparentemente no podrían estar más separados demográficamente pero que está claro que se complementan en su puerilidad. Y aunque estoy claramente lejos de ser el público de cualquiera de las dos opciones resulta agradable en toda esta semana ver una serie que lo tiene tan claro.

Nuestra otra contendiente a serie de la semana es Red Eye (UK), que sigue esta extraña tendencia de intriga aérea en la que parece que estamos, pero lo hace como los thrillers británicos hacen. Comenzando por una historia contada a medias y pasando a una situación de presión, en parte dentro del avión, en parte fuera. En su contra está el inevitable armazón de Una Gran Conspiración, pero se ve que es lo que toca ahora, como el Hijack de Idris Elba. Con la diferencia de que aquí -de momento, ya veremos- no parece que vayamos a tener un secuestro aéreo, sino a un tipo que afirma ser inocente de un crimen por el que el gobierno chino (bbrrrrr brrrr malvados comunistas brrrr) le quiere de vuelta. Por supuesto los británicos hacen todo lo que les piden en el movimiento menos británico que he visto en una de estas series en siglos. Ante USA aún me lo creería, ¿pero ante China? En fin, al menos eso sirve para montar nuestro punto de partida, con una policía de Londres de padre chino acompañándole en el viaje. Y, por supuesto, toda una serie de extrañas, sospechosas o directamente exageradas situaciones. No vayas a no darte cuenta. También hay alguna nota con los participantes del vuelo, supongo que porque el género de la catástrofe aérea así lo requiere, supongo que para poder meter algún giro con alguno de ellos. En resumen, que incluso pese a esa necesidad de que detrás de todo haya una megaconspiración está claro que los británicos tienen suficientes tablas para montar una de estas y le podamos dar, al menos, el beneficio de la duda.


Presupongo que alguien mandó la idea para The Red King (AU) con un ¿qué os parece si montamos The Wicked Man pero es una serie? Por supuesto también tendrían que cambiar alguna cosa -mínima- pero el resto está ahí. Excepto, bueno, todas las canciones folk que convertían a la primera en casi un musical. El asunto es que a partir de darse uno cuenta de las más que obvias similitudes deja de preguntarse cómo avanzará la historia para preguntarse en qué se parecerá o se dejará de parecer a esta. Más aún cuando alguno de los cambios ya los realizó la versión de Nic Cage -aunque de momento no hay abejas a la vista- y no parece que tengan intención tampoco de innovar mucho, dado que es un mus tan claramente visto. En fin, decisiones.

No sé si este Swift Street (AU) busca algún tipo de público juvenil o, simplemente, que ya nos las hemos visto demasiadas veces con este tipo de series, pero lo cierto es que parece un poco desubicada en una trama general de drama criminal pero con una protagonista juvenil, casi una pícara, en su centro. El resultado es tan blando como uno podría esperar, sin tener muy claro por dónde tirar y con la historia entre hija y padre -y la deuda de este último- en el centro. Supongo que es un problema del piloto y quiero creer que en sucesivos capítulos estarán más centrados, pero lo cierto es que no me ha dicho gran cosa y lo que más gracia me ha hecho es que al final aparezca un resumen de la deuda como si fuera esto 2 Broke Girls.

Otra para la que no tengo nada bueno que decir. Espero que Wondeopul Woldeu (O) (CS), o 원더풀 월드 o Wonderful World o etc, pase de este piloto cuanto antes a algo realmente interesante, porque tenemos una hora para contarnos lo que podría haber sido una secuencia inicial de menos de veinte minutos y pasar al tema real de la serie… es mucho esperar. Más aún cuando no sabemos qué es lo que nos van a contar, ni lo que quieren hacer. Y no por falta de tiempo. Vale, la protagonista es profesora y autora superventas, tiene un hijo y un marido y se quieren, un tipo (al azar, parece) atropella al niño y ella ve cómo la justicia no cumple su papel. Pues bueno. No hay mucho crecimiento posible para la historia y todo el inicio de la misma sobraba. Estoy dispuesto a creerme que una mujer tiene éxito y ama a su familia sin tener que dedicarle media hora. En fin, yo qué sé, cada semana me sorprendo más con este tipo de decisiones que toman las cadenas. Menos mal que el número de series es limitado.


Una cosa os tengo que decir de Blue Ridge (USA). Existe un canal llamado Cowboy Way Channel. Así que The Cowboy Channel, el antiguo Family Net y antes aún National Christian Network, parece que tiene algún tipo de competidor. Claro que esta sale del grupo INSP o The Inspirational Network. Quiero decir. Pero bueno, que estos son un canal más centrado en westerns que 13 TV (eh, espera, quizá…) con todo tipo de series y películas. Así que parece que les han convencido de aprovechar para hacer la serie tras el ¿éxito? de la película en la que se basa. Y que si creéis que es una variación entre el misterio -un decir- y la acción -lo de antes- de Walker hecha por la agrupación del pueblo. Y si compararla con Walker y que salga perdiendo ya es malo imaginad si se me hubiera ocurrido hacerlo con, digamos, Justified. En fin, decisiones fueron tomadas y, mira, por lo menos estos le ponen ganas aunque no tengan de nada más.

No sé bien por qué Netflix se avergüenza de su novedad israelí Bros (O) (IS) hasta el punto de no ponerle ni trailer… pero estoy seguro de dos cosas: De que hay una historia detrás. Y de que es mejor que la serie. Porque la serie da exactamente lo que parece, dos señores de mediana edad señoreando. Hasta el punto de que incluye un partido de fútbol como parte del motor de la trama y de que sus aventuras prometen llevarles a lugares poco aconsejables. Lo único que les falta es tener que quedarse con un grupo de niños sin ser ellos nada de esos. Pero aquí han decidido eliminar a los niños, quizá por su idiosincrasia nacional. Total, que una serie que nadie parecía tener muchas ganas ni de hacer ni de emitir ni, desde luego, de promocionar. En fin, Netflix, lo entiendo pero lo comprendo.

El que tiene tablas no se ahoga. He dicho tantas veces esta frase que me parece mentira seguir usándola aún. Pero es que Dinner With the Parents (USA) parece la viva encarnación de la idea y el sentimiento. Porque esta adaptación de Friday Night Dinner -que ya requería de un gusto por cierto tipo de comedia especial- tensa aún más la cuerda con una americanización de los guiones que hace más mal que bien, convirtiendo a los personajes originales en más estúpidos, malévolos e insoportables de los que los originales eran. Que ya es difícil. Por suerte para la serie la persona que se encargó del casting logró a unos magníficos actores –Carol Kane está incomparable haciendo, básicamente, de Carol Kane– que tiran todo lo que pueden de la barca. La barca no tiene mucho hacia donde tirar, pero supongo que a alguien le interesará.

Es curioso cómo a veces uno se encuentra series que parecen hechas por imitación de lo que se hace en otra parte, por ejemplo esta Friends Like Her (NZ) que casi pensaría uno que es inglesa de no ser porque muy obviamente no lo es. Comenzando por el terremoto con el que abre y continuando por otros varios neozelandismos como el negocio de viajes en helicóptero de una de las familias protagonistas. Y, sin embargo, parece creada mirando de reojo… ¡incluso en lo del terremoto del principio! No porque empiece allí y vaya creciendo sino porque parece pensado para agarrar al espectador y justificar un cambio en una situación que no conocemos inicialmente pero que ya nos van contando: Dos amigas casadas con unos hermanos, una de ellas -ya madre- accede a ser ‘madre subrogada’ de la otra para que puedan tener hijos. Pero en el terremoto una ve su suerte hundirse mientras que la de la otra está en las nubes. Esto hace más no tanto por sacudir las cosas -que también- como para que ambas se den cuenta de cosas que parecían estar ahí pero habían decidido ignorar. Y es, por supuesto, con una sensación ominosa como se cuentan. Porque los cambios que vienen parecen tan centrados en este ahora como en todo lo que llevan juntas y, por supuesto, en algún tipo de suceso del pasado común. Y lo hacen, tanto en el guión como en la actuación, con más oficio que talento, sin destacar, pero permitiendo una historia de esas que puedes tener de fondo durante la tarde de un fin de semana.

Para ver el trailer hay que ir aquí que es una decisión, sin duda.
Supongo que lo más importante de Gurimu Kumikyoku (O) (JP), o グリム組曲 o Gurimu Kumikyoku o Las Variaciones Grimm o como hayan querido llamarlo, son lo que ha pasado fuera, lo que pasa dentro, y cómo interaccionan. Lo que ha pasado fuera es una especie de historia extraña: Wit Studios, o George Wada, juntaron a Netflix para emitir la serie, a Michiko Yokote para escribirla y a las CLAMP para diseñar los personajes, con la idea de coger los cuentos clásicos de los Grimm y darles un giro que, al menos en este primer capítulo, mueve hacia el thriller o el terror. ¿Qué os voy a contar? Lo de convertir cuentos clásicos en versiones terroríficas tiene ya toda una historia detrás. Y visto ya lo de fuera y las relaciones con los de dentro supongo que toca comentar la serie en si. Que no deja de ser -en su piloto- una bastante peculiar aunque mínimamente divertida versión de la Cenicienta en la que la forma de comportarse de la susodicha es realmente lo más peculiar, mientras que el resto de situaciones… bueno. Además de eso diremos que las CLAMP han hecho el diseño de personajes (de algunos personajes, sospecho) pero ya. La animación es… en el mejor de los casos rudimentaria. Los guiones están cogidos con pinzas. Todo lo cual me lleva a pensar que ha sido un golpe genial. Tienen un nombre bien conocido de reclamo para pillar a Netflix y tienen a Netflix para darle relevancia. Que la serie en sí sea una chorradita que podría haberse resuelto en un par de páginas por las propias CLAMP con bastante más talento solo demuestra que, a veces, lo importante para hacer negocios es querer hacerlos. Porque como serie esto no tiene mucho interés, pero como negocio… les ha quedado niquelado.

El otro día teníamos la magnífica Dinosaur, con un piloto de hace años que por fin se convertía en serie, esta semana tenemos Mammoth (UK). Que repite el juego de lo del piloto de hace años. Pero con menos… de todo. La decisión de sacar a un profesor congelado en los años setenta y revivido ahora y centrar el humor en esa diferencia entre lo que era ‘normal’ en 1979 y lo que pasa en 2024 es… bueno… siendo amables diremos que no tiene demasiado recorrido. Como, además, lo hemos visto mil veces y tampoco es que aquí parezcan tener nada mucho mejor que aportar… pues en fin. Supongo que las decisiones de la BBC funcionan también así.

Entiendo las ganas de hacer una serie como  La Partitura Secreta (O) (MX) para acabar haciendo exactamente la misma serie que uno podría esperar de Disney. Vale, el punto de partida es básicamente El Capitán Planeta pero sin ecologismo: Un grupo de chavales se encuentra con algo que les da poderes, cada uno distinto, cada uno con su marca. Todos ellos parecen tener un destino común o algo así. Además hay malos malosos -claro- que conspiran para hacerse con el poder. Como esto es Disney pasa dentro de una Academia de Música. Como es Disney, además, lo hacen con un estilo más cercano a una sitcom que a algo de acción, drama o aventura. Con momentos absolutamente bochornosos de personas poniendo los ojos bizcos y desmayándose. Es de esperar -yo espero- que esta especie de Super-Músicos de Bremen acaben teniendo que conjugar sus dos facetas mientras investigan el secreto detrás de estos poderes que, sin duda, estará oculto en la propia academia. Que aquí más que Dark es un tanto tontorrona. Pero bueno, imagino que algún público tendrá porque en Disney Channel probablemente lo hubiera tenido.

Es curiosa esta The Spiderwick Chronicles (USA). Está claro que alguien se ha leído los libros. Casi tanto como que ha decidido no hacerle mucho caso. Porque decidir pasar -al menos un mucho mayor peso- el protagonismo al villano -interpretado por Christian Slater, que supongo que es lo que hace que esto pase- y cambiar varias de las cosas de los protagonistas… bueno. Son decisiones. Que podrían tener un motivo razonable si se nos hiciera ver así, pero que frente al naturalismo con el que se nos muestran otros asuntos casi parece una decisión bien porque la idea original se acercara y alguien decidiera evitarse problemas, bien porque alguien pensara que una serie de libros de la primera mitad de los dosmiles que tuvieron una suerte de metacontinuación y una película adaptándola de alguna manera también ya para finales de esa década, podría tener algún tipo de efecto llamada. Lo cierto es que es difícil saber por qué Disney renunció a seguir con la producción -está lejos de ser peor o mejor que otras cosas, como su Percy Jackson, por ejemplo-  o cómo acabó en Roku -aunque es cierto que Roku se está convirtiendo estos últimos años en campeón mundial de los fichajes por rebote- pero aquí estamos. Podría ser peor… Podría ser mejor.. Es.

Empezaré diciendo que The Sympathizer (USA) me parece un gran libro, y no esperaba yo mucho de su adaptación. Estaba equivocado, claramente. No solo me parece que hace un trabajo impresionante como adaptación, también para transmitir esa forma de contar una historia y de gestionar tanto los ‘cómos’ como los ‘porqués’. Lo hace de una manera tan brillante que los dos peros que le puedo poner no solo son menores, además el primero -esa sensación de cuando en cuando de estar regodeándose en ser ‘televisión de culto’, ‘televisión elevada’, ‘televisión para ganar premios’- es casi inevitable y el segundo -un Robert Downey Jr. tan a tope con su trabajo que casi parece la parodia que interpretaba en Tropic Thunder y que demasiadas veces distrae del resto- supongo que es testigo de cómo ha decidido implicarse y tirar de una obra, supongo -de nuevo- que pensando que sin un ‘gran nombre’ iba a pasar desaparecida. Y sería una pena, porque no estoy muy seguro de que vaya a gustar a todo el mundo, pero sí que creo que es un hallazgo que puede servir para demostrar mucho de lo que puede hacerse en televisión.

Este paso del auge del True Crime al auge de las adaptaciones más o menos afortunadas/ cercanas/ fiables del True Crime está tan cerca de dar la vuelta y regresar a las miniseries Basadas en Hecho Reales que cualquier día nos encontramos allí de nuevo. De momento este Under the Bridge (USA) es un paso decidido en esa dirección, porque ni lo que cuenta tiene mucho interés, ni el suceso es realmente notable, ni los actores hacen más allá de lo correcto por mucho ‘pensábamos que se iba a llevar el ÓscarTM pero no’ que tengan entre sus filas. Hablaba antes de que la serie neozelandesa se había fijado muy claramente en las inglesas para lo que estaban haciendo, en este caso está claro que saben lo que son pero no se preocupan en imitarlas. Todo lo que recuerda a ellas parece más propio de algún producto lateral que a algo propio. Incluyendo el punto de partida sobre algo así como unos chavales influidos por el ‘gangsta’ y decididos a ejercer su posición teórica o yo qué sé sobre una compañera que está en una situación peor que la de ellos, como si esos ‘malvados jóvenes con su peligrosa música’ fueran algún tipo de salvajes dentro de la sociedad. En fin, un desastre.


Curiosa esta decisión de Anthracite (O) (FR), que parece -al menos en su piloto- un policíaco francés… pero no tiene muy claro cuál. Hay una historia con un cadáver en el pasado, una serie de sucesos en el presente, al menos tres personajes dando sus… vamos a llamarlo puntos de vista, hay también cambios de tono de lo cómico a lo dramático, momentos en los que parece tirar por uno u otro estilo… Y no es que esté mal, es simplemente que parece no tener muy claro qué es lo que va o quiere, y lo llena de tantas cosas que no todas funcionan igual. Pero bueno, cosas peores hemos visto y, precisamente, lo que no funciona por un lado tira por el otro. Así que la posibilidad de que haya una trama de secta y también unos ‘web sleuth‘ es menos… menos. En fin.

Estoy seguro de que hay una persona -o dos, si contamos al creador- que encontrará este Baby Reindeer (UK) fascinante. La decisión de hacer una especie de auto-basado-en-hechos-reales intentando pintar el patetismo tanto del acosador como del acosado, con la revelación sobre la evolución de eso, de un cómico cuya carrera no parece funcionar, una mujer que parece estar allí todo el rato, y un vínculo que parece ir más allá de lo razonable. Con ambas partes como falibles. Todo en ella es deliberadamente extraño, no exactamente desagradable pero claramente pensado para incomodar. Algo que requiere de un cierto estado anímico, una paciencia, un tipo de… No sabía bien ni cómo decirlo, la verdad. Entiendo -creo que entiendo- lo que quieren hacer, no me convence lo que veo. Pero supongo que ahí fuera habrá alguien que lo aprecie.

Parece que todas las semanas tenemos una versión en serie de una película de Lifetime para después de comer. La de esta es The Cuckoo (UK), sobre una familia que ¿acoge? ¿alquila? ¿acepta? a una extraña dentro de su familia y os sorprenderá lo que pasa a continuación. ¿Quién iba a pensar que la extraña quería destruir a la familia desde dentro? En lugar de convertirse en una agradable parte de ella como si fuera… Andy Samberg o Taylor Lautner o algo así. Así que tenemos lo habitual, incluyendo casi cualquier cliché que se os pase por la cabeza además, de, claro, la música. Supongo que si hay mucho que planchar servirá de algo.

Es posible que de todas las series para las que no soy el público objetivo Fallout (USA) haya logrado en el menor tiempo posible demostrármelo. No ya por el insistir en la parte apocalíptica/post-apocalíptica del juego comenzando por mostrarnos el cómo se llegó hasta ahí -más o menos- para seguir luego con una serie de segmentos en las que se insiste de nuevo. Personalmente creo que en un apocalipsis lo mejor es morirse, y que el post-apocalipsis es la cosa más aburrida posible. Al menos hasta que vi esta serie, que hizo que pasara a ser lo segundo más aburrido. En teoría todo este eterno infodump del primer capítulo, todo este ‘actores conocidos para cinco minutos, actores desconocidos para el resto’, toda esta decisión de que el ‘worldbuilding‘ es más importante que la historia en sí -como si no pudiéramos ponernos a ello y ya en algún momento que nos contextualicen, pero sin aburrirnos-, me dice el tipo de obra que quieren hacer pero, sobre todo, me dicen que no soy yo la persona que quiere verlo. Puede ser un éxito -cosas más raras se han visto y esto sólo tiene más ganas de que la gente crea que es revolucionario que de ser popular, como si estuviéramos otra vez con Westworld– pero lo será sin mí.

Esta semana también tenemos algo así como una obra que pretende ser histórica, pretende ser seria y tiene a un actor más o menos conocido, es decir, Franklin (USA). Con un Michael Douglas que no se parece en nada a Benjamin Franklin, pero sí a Douglas. Incluso aunque tengan un claro problema con ofrecer una iluminación que permita ver las cosas. La historia en sí es una chorradilla, probablemente el tipo de libro de ensayo que debería de haber sido un artículo pero ha acabado como serie. Y todo lo demás… pues bueno. Hay historias que supongo que sirven para esto. Quizá al menos no es un ‘grandes relatos’.

Como todo puede acabar teniendo un lado bueno, el que Norman Lear ya no esté con nosotros significa que se ha librado de ver este Good Times (USA), no solo la peor serie de la semana, también la conjunción de varios problemas. Un espanto de animación marca de la casa de Netflix -en ambos sentidos, la serie animada es un espanto y la animación de la serie es un espanto-, desnortada, anticuada -hasta el punto de reciclar la idea de Stewie de Padre de Familia, y si te comparan desfavorablemente con la ‘segunda vida’ de Padre de Familia es que tienes problemas- y obviando tanto la importancia como los estilos y los temas de la Good Times original, como si hubiera salido de alguna mutación en la que, digamos, The Boondocks nunca existieron como serie de televisión. Es curioso como prácticamente todo, y mucho más, lo hace mejor Diarra from Detroit, sin necesidad ni de cargarse una serie clásica ni de una espantosa animación.

Mucho más insufrible es Midtsommernatt (O) (NO), que es más del rollo Hallmark. Bueno, no, pobres, que Hallmark no me ha hecho nada. Pero si os imagináis una de esas historias de Rosamunde Pilcher con familias que se reúnen, que tienen problemas, que todo son secretos ocultos, y gente que quiere que blablalbla, pero claro. Más largo, más lánguido y lo único que puede uno esperar es que se acabe el drama y comiencen los asesinatos.

Resulta curioso como este Secuestro del Vuelo 601 (O) (CO) logra superar ese formato obvio de Grandes Relatos en el que se nos cuenta un secuestro real de un avión. Lo hace con la tradicional mezcla de telenovela y suspense, historias de secundarios, historias de principales, y un desastre en ciernes. Que por una vez no es la serie. Porque logra ir bastante más allá, llevar la telenovela tanto al drama como al humor, o quizá al revés, acercar el humor y el drama de las telenovela y explotarlo magnificándolo. Y lo hacen con gracia y empatía, además de la estridencia. Nada tiene mucho sentido , especialmente como adaptación, y a ratos casi parece que estamos viendo precisamente una parodia de esos grandes relatos. Pero, a la vez, tenemos un artefacto que se hace… quizá no querer, pero sin duda apreciar.

Seguimos  con series de comunidades religiosas, se ve que es toda una tendencia, y esta vez le toca a un clásico, la megaiglesia, el joven pastor que trata de separarse de sus padres y… en fin, sus cosas. Así que este Testify (NZ) ofrece casi lo mismo -pero con menos presupuesto- y da casi lo mismo -o menos- que el resto de esta tendencia. En fin.

 

 

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Lo cierto es que aún partiendo de un punto tan habitual como es el de White Fever (AU) -que se supone que es el de una mujer decidiendo cambiar tanto por su propia manera de ser como por el contexto que la anima a ello- logra ofrecer la suficiente mezcla de humor surrealista y de capacidad para intentar ofrecer algo… menos distinto de lo que le gustaría pero lo suficiente como para que sea apreciable. La protagonista es una joven adoptada, que no está cercar de sus raíces coreanas y prefiere a hombres blancos y peludos como pareja. Al ser confrontada -un decir- con este hecho decide intentar acercarse a hombres coreanos, y -de paso- a esas raíces que parece haber querido desterrar. Así que es el racismos, especialmente el interiorizado, el que sirve de fondo al romance, que va envuelto en el humor extraño, que… Bueno, os hacéis a la idea. No siempre funciona, pero al menos lo intentan. Supongo.

 


Esta semana la serie de Netflix de Organización Criminal sale tempranera. Aunque quizá sea mucho llamar, porque este Crooks (O) (AU) se centra sobre todo en dos personajes y en una monera. Vale, también vemos un golpe, una organización criminal una de cuyas cabezas está en el final de su vida y todas esas cosas típicas de la vida de malhechores más o menos de tebeo -fiestas, violencia, iluminación deficiente- así que supongo que van a apostar por la pareja protagonista y su química tanto como por el teórico humor que tienen. Lamentablemente no es suficiente como para encontrarlo algo original. Pero supongo que dependerá del ánimo -y lo que busca- el espectador.

¿Cómo ha acabado Dinosaur (UK) -una serie británica que debería haber salido en BBC Three después de probar con el piloto en 2021- estrenándose primero en la estadounidense HULU? Misterios de las telecomunicaciones. La serie en es, eso sí, bastante recomendable. Una historia de dos hermanas, una de ellas dentro del espectro autista -que lo es en la vida real Ashley Storriel, también la co-creadora de la serie, co-guionista y etc- y que llevan unidas toda la vida. Al menos hasta que la otra hermana le anuncia que va a casarse. A partir de ahí la sorpresa por lo repentino y otra serie de asuntos alrededor la llevan a entender que el cambio es inevitable. Y supongo que al final abrazará que no siempre es malo. Tanto en su vida privada -está bastante claro que le van a poner algo así como un interés romántico- como en su vida profesional – paleontóloga, más o menos pero ese es el resumen, por si pensabais que el título no tenía más que un giro-. Y de esta manera Storriel, junto con la otra co-creadora, Matilda Curtis, montan una serie delicada, más graciosa de lo que podría parecer al principio, y también menos pesada de lo que uno podría haber llegado a pensar con ese inicio. Supongo que ayuda que las dos hayan crecido dentro de esto –Curtis es hija de la actriz Elizabeth McGovern, Storriel de la cómica Janey Godley– porque lo cierto es que para ser su primera serie parecen tener ya unas tablas notables. Pero quizá es cosa de los cómicos de UK -incluso de Australia- porque hay cosas aquí que pueden llevar a acordarse de dos obras tan distintas como Juice o Please Like Me. Y si eso no os parece una recomendación ya no sé, la verdad, qué deciros.

No sé a cuenta de qué viene el piloto de Fabricantes de OVNIs (O) (MX). Es decir, es bastante obvio por dónde van a ir los tiros, pero no te los presenta en el piloto, solo se dedica a demostrarte el tipo de persona que es el protagonista -espantosa, una especie de pícaro que se engaña a él más de lo que engaña a los demás- y sus alrededores. Además de presentarnos a los personajes cercanos y una idea: Unos parientes, unos OVNIs y un grupo de millonarios -o algo- que están dentro de una especie de secta pro-alienígena. Así que le llega la noticia de una herencia en su pueblo, en el que hay una historia con un OVNI y blablalbal. Así que ya sabemos que lo siguiente que toca es que llegue al pueblo, se encuentre con que la herencia es un desastre, decida fingir que hay avistamientos OVNIs para sacarle el dinero a esos millonarios, probablemente se pelee con el jefe de la secta que muy claramente está timando también a los millonarios, y por el camino se reencontrará a si mismo, aceptará que no es lo que finge ser, y se acercará a su familia. Probablemente incluso encuentre una novia. Pero una cosa es que lo veamos ver desde lejos y otra distinta que en este primer capítulo solo se nos muestre lo de los OVNIs al principio. Y, desde luego, no como parte de ningún tipo de ‘timo’. En fin. Podría haber sido peor. Podría haber sido una película de Santiago Segura, Florentino Fernández y Leo Harlem.

Pues aquí estamos otra vez, con otra versión del mismo de partida pero una nueva historia. Esta vez en Gisaengsu: deo geure-i (O) (CS) o  기생수: 더 그레이 o Parasyte: The Grey o como sea que lo llaman. En el cambio realizado, comenzando por el personaje protagonista, esta vez parece que han apostado más por el horror corporal y la nueva carne, frente a la apuesta más por el humor de versiones anteriores. El problema es que cuando usas unos efectos digitales guarrindongos como de película de The Asylum da igual las vueltas que le den a esto, o lo que intentes para evitar las partes de grotesco humorístico, que la cosa no compensa. Supongo que si no conoces ninguna de las versiones anteriores (el manga, el anime, las películas japonesas, de esta historia de parásitos extraterrestres llegando a la tierra para blablabla lo mismo puedes encontrarle algo de gracia por las diferencias. Si no… Pues bueno.

Me temía más historias del conejo en 3D aquel, pero resulta que Hop (USA) es una encantadora serie animada para peques en la que se habla de un grupo de jovencitos y sus particulares diferencias que les hacen más fuerte como grupo. Una serie tierna y realmente notable porque los personajes tienen limitaciones o diferencias notables -comenzando por el personaje central, una ranita con una pata más corta que la otra- pero en la que tanto las habituales aventuras infantiles como esas mismas maneras de superarlo convierten la serie en algo especial. Incluso aunque el estilo de dibujo y animación nos pueda parecer un tanto anticuado. Pero supongo que si pagas al creador de Arthur es para que la gente se acuerde de dónde viene esta serie.

Bueno, pues aquí estamos de nuevo con los francófonos canadienses, esta vez en Crave. Lo cierto es que In Memoriam (CA) recuerda un bastante a una temporada de Slasher… excepto por la falta de… asesinatos. Supongo que podría haber sido un drama si hubiera decidido jugar más por el lado empático en lugar de por lo que sea que es esto. Pero la parte melodramática está lo suficientemente desbocada y la premisa lo suficientemente ridícula como para considerar que la ‘etiqueta’ que mejor le ajusta es la de Psicodrama. La premisa es que un millonario va a dejarle su herencia a sus hijos si… Ah, ya, sí, efectivamente, está claro. El asunto es que el tipo era lo peor y decide hacer que compitan entre ellos. No, no, él ya está muerto -o eso se supone, a saber- pero les deja una serie de tareas que tienen que realizar para conseguir su parte de la misma. Una serie de tareas espantosas, degradantes y blablabla. Lo que de verdad me sorprende más es este no decidirse por uno u otro tomo. Pero bueno, ellos sabrán.

Decir que Parish (USA) es una serie a mayor gloria de Giancarlo Esposito es quedarse corto. Hay momentos en los que parece que es algún tipo de fetichismo sobre él que tiene que estar presente y llenando cada plano hasta niveles que pueden llegar a bordear lo ridículo. Es menos una serie que una cinta de audición para lograr que a Esposito le den alguna cosa. Quizá con un guión detrás podríamos saber exactamente para qué papel se está postulando, mientras tanto esto es solo para los mucho más que fans del actor.

Es una pena que Da Ponte Pra Lá (O) (BR) parezca una mezcla de tantas cosas, porque el entorno y algunas decisiones -el poner a un personaje trans masculino en el centro, lástima que sea para matarlo y mantenerlo solo en el pasado- daban para más juego. Pero rápidamente pasamos a ese momento en el que lo centran en un instituto de élite y en el que las relaciones sexuales dentro del mismo parecen ir acaparando cosas anteriores que tenían mejor pinta, no digamos ya el misterio central en sí. Hasta el punto de que los hallazgos, como esos toques de dibujo dentro de lo que es generalmente realista -o, al menos, una construcción que pretende que creamos que es realidad- resultan mucho más de agradecer que la iluminación Euphoria. En fin, quizá la próxima.

Ya era hora de que alguien se animara a adaptar el ciclo de novelas de Ripley (USA), total hasta ahora qué habíamos tenido, ¿dos películas, una con Alain Delon y otra con Matt Damon? Por supuesto: Hacerlo en blanco y negro. Mi sorpresa es que no sea una parodia del SNL o algo así. Noel’s lament pero con otro tipo de fijación. Esa sensación de tomarse muy en serio a si mismo, pero no ser capaz de crear algo que parezca real sino una suerte de parodia, como si fuera un proyecto de audiovisuales de instituto, y el desarrollo de este piloto no cambia mucho. Es a mayor gloria de Andrew Scott -que tiene a su favor que este papel lo pudo hacer Matt Damon, y en contra que también lo hizo Alain Delon– pero no le hace muchos favores, no vemos a su presa hasta pasados los 35 minutos de los 45 que dura el piloto (los otros 5 son de títulos de crédito), y ahí vemos que la interacción no es muy larga -desde de ser lo único en esta serie que no se hace largo- pero la química no está. Igual que no hay especial magnetimos o interés en el personaje, que parece llevar perpétua cara de disgusto antes… todo. Si me dijeran que Scott ha perdido una apuesta y le han obligado a protagonizar esta serie me lo creería. En fin.

Estoy seguro de que hay una serie interesante dentro de Sugar (USA), lo creo más allá de sus propias acciones. Con esa pretenciosidad de comenzar en blanco y negro -debe de ser parte de la semana- y la clara necesidad de Colin Farrell de demostrar que es más interesante de lo que parece creer que es su carrera. (Aunque precisamente su carrera se ha centrado en demostrarlo desde poco menos que se hizo un nombre interpretando a personajes fuera de sus casillas, como en busca de un reconocimiento actoral que no es tan fácil que logre porque no puede limitarse a usar un prostético, salir desnudo, aumentar de peso o hacer une película de guerra. Cosas todas que ya ha intentado, por otra parte.) Y así acabamos con un neo-noir como si estuviéramos al final de los noventa o principios de los dosmiles y el éxito (de reputación más que de taquilla) de Crepúsculo -la otra, la de Paul Newman-, o Brick o Kiss Kiss Bang Bang les hubiera llevado a intentar un subproducto con más pretensiones que fondo. Así que da un poco igual los trucos que utilicen (todos los que pueden. En serio. Incluso lo de ‘sacar a un personaje hablando filmando su reflejo en un espejo’) o el reparto del que tiren (de nuevo, calidad superior) porque el asunto está en lo que transmite (que no es bueno) y lo que cuenta (que aquí parece que nos está presentando cosas que nos puedan gustar en lugar de establecer rápido lo que necesitamos), y ahí es transparente el problema. No digo ya el sacarlo el mismo año -y con no tantos meses- que la magnífica Monsieur Spade. Así que… bueno… si uno se va a ver esta serie por lo menos que sea siendo conscientes.

Supongo que This Town (UK)  es la recompensa que Steven Knight ha sacado por Peaky Blinders, aunque quizá a partir de cierto punto los creadores británicos pueden proponer lo que les de la gana. Lo cierto es que esta historia, que se supone que habla de UK en los ’80s, con los problemas en Irlanda a la vez que nos muestra a una juventud con problemas y la promesa del surgimiento de un movimiento musical, al final es más de lo mismo pero como a cámara lenta. Ni los problemas de la juventud sin futuro, ni la violencia, ni -desde luego- esa importancia de la música que está más apuntada que mostrada en el piloto, nada de ello parece mostrar mucho interés. Incluso las interpretaciones, con gente que parece saber lo que se está jugando y querer tirar para delante con ellas, llegan hasta donde llegan. Así que supongo que hacen falta un -o varios- interés muy concreto para vérsela.


Hay cosas para las que uno -yo- es más público, y otras para las que hay que reconocer que menos. La historia de dos personas que se conocen y tienen una conexión especial -amorosa, claro- pero se separan y no vuelven a verse hasta años más tarde, en la que tienen que decidir qué hacer ahora que se han encontrado, que es una historia que hemos visto mil veces y que la mil una es Un Amore (O) (IT), no me ofrece a mí mucho más de lo que tirar. Los actores están bien, intentan mostrarnos dos vidas distintas en la de él y la de ella, y tratan de trazar una diferencia entre el antes y el ahora contándote parte de la historia por separado. Pero, qué puedo decir, claramente no es lo mío. Espero, eso sí, que encuentre a su público.

Tengo tantas dudas con Bad Dinosaurs (USA), probablemente ni ellos saben quién es su público. Probablemente sean los menores porque es Netflix Jr., pero podría ser también más mayores o algo porque parece que el diseño y algunos chistes están más cerca de aquellos principios de los ’00s con la diseminación de webseries. Vamos, que a ratos parece más Ice Age, otras La Fiesta de la Salchicha. En cualquier caso son cortos con unos dinosaurios de diseño humorístico y gags sencillos. No hay mucho más -ni en animación o diseño ni de personajes ni de escenario-, tampoco creo que lo busque.

¿Quién lanza tres temporadas del tirón? En fin, supongo que en Semana Santa se estrenan cosas. Cosas. Como esta The Baxters (USA), una especie de drama familiar cristiano cuyo argumento resumiré en Una mujer descubre que su marido alcohólico está teniendo una aventura, así que su familia -su madre sobre todo- la ayuda a salvar su matrimonio. Como El séptimo cielo pero más. Todo más. Bueno, no, ni los actores ni los guiones son mejores que los de aquellos, aunque sí tiene pinta de que la idea de cristianismo que manejan es lo suficientemente estúpida como para justificar cualquier decisión familiar que en otra situación se resumiría en ‘huye en dirección contraria’. Y que aquí se reduce a esperar que Dios llegue a resolverte los problemas los días impares que te ha enviado los pares. Pero bueno, lo mismo alguien le encuentra sentido. O un actor de color. Aparecen más o menos en el mismo ratio.

Este Big Mood (UK) no es tanto que sea A mayor gloria de Nicola CoughlanLydia West debería de estar al mismo nivel, pero claramente la dejan detrás- como que tienes que aguantar mucho a Coughlan y su personaje para querer seguir viendo esto. Supongo que es otra de esas series de salud mental con protagonista más o menos joven. Y probablemente en algún lado podría haberme interesado, pero a saber dónde.

A veces se me olvida que los canadienses TAMBIÉN sacan series en francés. Como ha pasado con Dors avec moi (CA), en realidad más una webserie de menos de 10 minutos por capítulo, en este caso para equiparar a la culpa con un monstruo que ¿hechiza? ¿aterra? a la protagonista. Bueno, es algo que existe.

A veces hay cosas sueltas que brillan más que la suma de sus partes. Por ejemplo, A Gentleman in Moscow (USA) tiene hallazgos aquí y allá -no todos sacados del libro de Towles, a veces de actuación, casting, diseño o… ya me entendéis- pero la decisión de obviar todos los tonos de gris de la obra original a favor de una narrativa más clara para el público americano –los comunistas son malos, por si os lo preguntabais- unido a una pedestrización de la misma hasta puntos en los que parece que subestimar a sus espectadores es lo único que ha tenido sentido para el equipo creativo – como si hubieran decidido hacer suya la famosa cita atribuida a P. T. Barnum– llevan a la única conclusión posible: Si os llama la atención… leeros el libro.

¿Qué decía hace un rato de historias contadas mil veces? Pues vamos con la primera versión de una historia contada un millón de veces. Este High Country (AU) nos trae a una nueva policía en un pequeño pueblo pintoresco lleno de secretos, un crimen en la actualidad, un crimen en el pasado, circunstancias extrañas que casi parecen sobrenaturales y toda una serie de secundarios que entran tanto en la parte de pintorescos como en la de los secretos, cuando no en ambas. La parte buena es que está hecha con tanta solidez como originalidad le falta. Los personajes logran no ser demasiado planos ni caricaturescos, el misterios actual logra ser algo un poco distintos, el misterio del pasado es una de las dos versiones clásicas -aunque al menos no la más habitual- y la construcción de esa carcasa tiene al menos una mirada de interés. Así que una nueva demostración de que siempre hay quien se puede salir con la suya enfrentada a un clásico.

Aquí debería de ir una introducción similar a la anterior, aunque es cierto que Inspector Rishi (O) (IN) tiene más claro el no buscar lo de pueblo extraño, en su lugar tenemos una especie de seriedad, de sobriedad, que tampoco es que le haga mucho bien a la serie, incluso aunque los secundarios parezcan estar para intentar demostrar lo consciente que son de lo que están haciendo. Quizá con capítulos más cortos…

Lo que nos lleva a la primera serie de Organización Criminal de la semana, aunque al menos esta Ourika (O) (FR) busca conjugar varios puntos de vista diferentes, es cierto que el más importante es el del ‘heredero inesperado’ de la banda de turno. Pero también tenemos a su hermano y a un policía, y algo detrás tenemos a la novia del protagonista y el jefe de otra de las bandas, o algo así. La verdad es que es un poco lo de siempre: héroe reluctante forzado a cambiar su ‘inocencia’ por el bien de su ‘familia/etc’, organizaciones criminales más o menos brutales, policía más o menos inoperante, blalblabla. A mí no me ha dicho gran cosa, pero a saber, quizá si te gusta como suena querrás bailarla.

La tercera versión de la serie hecha un millón de veces -en serio, tres en una semana, ni siquiera yo creo estar exagerando- es esta Passenger (UK) que para mí se queda corta en todo… excepto en los tiempos de lo que nos van enseñando. Demasiado lenta tanto en las escenas como en lo que tardan en contar su historia. Sobre todo porque llega un punto en el que no podría darme más lo mismo lo que va, lo que viene y lo que pasa en medio. ¿Que hay un secreto secretoso en ese pueblo? Bien por ellos, no tiene pinta de que los guionistas sepan lo que es. ¿Que hay un misterioso juego de ordenador al que los jóvenes juegan? Bien por ellos, solo me sorprende que no sea una app. ¿Qué hay un montón de personaje excéntricos, el dueño de una fábrica de pan hace cosas raras y un joven no sabe cómo llegó a su casa después del accidente, sangró todo lo sangrable y tampoco parece que eso le preocupe o moleste? Pues si no le interesa a él imagínate para que me interese a mí.

No sé si llamarla la mejor serie de la semana -aunque probablemente lo sea- pero, desde luego, una que no esperaba encontrarme, menos aún en Disney, porque esta Renegade Nell (UK) es un batiburrillo de personajes y situaciones con un fondo histórico, tono humorístico a ratos, dramático otras, un fondo de acción, a ratos de fantástico, según el momento casi de superhéroes o, al menos, de superpoderes, pero lo cierto es que también hay magia, y el trasfondo histórico… Una joven vuelve a su casa tras haber estado en el ejército. Es finales del S XVIII, así que la joven iba disfrazada de hombre. Pero no solo eso, también tiene algo ‘especial’, que se muestra cuando unos bandidos se cruzan en su camino. Lo que pasa es que también tenemos melodrama familiar, intrigas en la corte, tres hermanas bien distintas entre ellas, magia de formas clásicas y no tan clásicas y una progresión de temas y personajes que, sinceramente, parece el resultado de ejecutivos muy preocupados llamando a la autora para saber por qué ha hecho ‘eso’ y si no podría ser más ‘Disney’ la serie. Porque hay una autoría detrás, la siempre sorprendente Sally Wainwright, que lo mismo te monta Happy Valley o Last Tango en Halifax que Gentleman Jack… o esta. Que cuenta, además, con un magnífico y variado reparto y una producción igual de peculiar. Hasta el punto de que no quiero contaros demasiado porque creo que parte de la gracia es darte de bruces con ella. Espero sinceramente que encuentre a su público, que no sé si será muy grande pero que estoy convencido de que la disfrutará… y pedirá una segunda temporada.

De nuevo no soy público para una serie, o al menos en parte no lo soy, porque esta Ronja rövardotter (O) (SU) o Ronja the Robber’s Daughter, o como hayan traducido el nombre del libro de Astrid Lindgren, no solo tiene una parte lógica de creación juvenil, casi infantil, propia de un libro que no sacó El Barco de Vapor porque ya había conseguido los derechos Juventud, también una serie de decisiones para explicar el mundo de fantasía que hace que no parezcan comprender que precisamente lo que mejor funcionan son los toques fantásticos, aunque ni vayan a ningún lado ni sean el centro de la historia, así que intentar explicar a quiénes robaban los bandoleros o qué organización había fuera de ese castillo partido por un rayo en mitad del bosque es, al menos para mí, contraproducente. Supongo que algo tenían que hacer para distinguirse del anime que hace una década realizaron en Ghibli sobre la misma historia pero, yo qué sé, este disparar en dos direcciones me deja fuera de juego.

Hablando de no tener muy claro lo que se cuenta, entiendo que esta Thī thịy thī mạns̄̒ (O) (TA) o ทีไทยทีมันส์ o The Believers o como lo hayan llamado en español busca contrarrestar el estreno en la misma plataforma de esa especie de docudrama de Testamento: La historia de Moises, con una historia sobre unos timadores -bueno, programadores de un juego respaldado por NFTs… así que sí, timadores- que al verse en apuros económicos deciden que la mejor forma de timar a la gente es con la religión. Así que sí, estamos ante otra serie de ‘organización criminal’, una en la que parece mentira la falta de ironía con la que se tratan todos los temas. Porque el asunto es que está ahí.

Esta no es la versión un millón uno porque en Veronika (O) (SU) prefieren otro clásico: La inspectora metida en un asunto misterioso que debe intentar sobrellevar los problemas de su vida familiar con los de su vida profesional. Aquí no hay un pueblecito curioso sino afición a las pastillas, vaya. ¿Significa eso que no hay elemento pseudofantástico? Jaja, qué cosas tenéis. Si ya os he dicho que la protagonista se excede con las pastillas, así que CLARO que ve cosas. Pero me temo que mucho te tienen que interesar estos policíacos de gente que está mal para aguantar lo lento y deprimentes que son los suecos. Estos suecos, al menos.

Terminamos con esta semana de historias que hemos visto mil veces con una de una familia judía que se encuentra con los nazis de frente y eso les lleva a separarse y repartirse por distintos países, aunque el paso del tiempo permitirá que algunos vínculos regresen y que visiten aún más sitios. Ah, sí, el nombre… We Were the Lucky Ones (USA) Podría haber sido un grandes relatos, pero no se ha hecho en la época del espacio contenedor de miniseries del mismo nombre, pero como en aquel momento se hicieron varios y nada parece indicar que haya más intención en esta serie que recordar la historia de esta familia y hacer ese combo de Novela Histórica y Varias generaciones de mujeres (bueno, y hombres), pues nada, se ve que este año no tocaba Barrabás. Otro año ya veremos.