Supongo que si tienes suficiente edad sabes que Dona Beja (O)(BR) -la telenovela original, no esta que nos trae HBO Max– era exactamente eso: Una telenovela. Pero una que partía de un personaje real que había dado lugar a distintas biografías y novelas más o menos fieles a la vida de la persona. El éxito de aquella versión fue llevarlo al ‘high camp’ habitual de las telenovelas… bueno… y también meterle una sexualidad y sensualidad que no era TAN habitual. Pero eso fue entonces (en 1986, aunque a España llegó en 1989) y esto es ahora… y la decisión de qué hacer cuarenta años más tarde es…ahm… una decisión. Porque han decidido ir por lo sórdido. Reconozcamos que la historia original ya era bastante sórdida -como pasa en muchas telenovelas- pero precisamente ese tratamiento melodramático, esos vestidos irreales y todos esos afectos desmedidos lograban que la sordidez quedará en un segundo plano, en algo falso y artificial que servía para el propósito de la trama. (Que era de traca y tenía un final igual de traca) Aquí, por el contrario, se regodean en esa sordidez. Sí, hay ambientes y trajes, pero muchos de ellos quedan como una cosa apagada, o como algo que incluso en lo que debería de brillar no dejan de parecer intentos de vestirse de época y no de habitar un mundo de fantasía. Supongo que para los creadores de la serie esto será un punto a su favor, a mí no me ha gustado nada esta especie de disfrutar de la sordidez de la violencia hacia las mujeres, del recrearse en la tortura que van sintiendo y que cambia la sensualidad y sexualidad. Creo que si me hubiera visto esta primero no se me hubiera ni ocurrido mirar la otra, e incluso hubiera considerado de mal gusto esa recreación irreal de las cosas tremendísimas que suceden. Por suerte fue en este orden, pero lo único bueno que puedo decir de la serie es que espero que sirva para que la gente se lea alguno de los libros… o se vea la serie original.
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La semana pasada me pilló con la guardia baja que un ‘original’ europeo de Netflix no apareciera, pero ya me he buscado las vueltas para ver el piloto de este Blind Sherlock (O)(PB) que ofrece un giro a lo de siempre. Porque aquí nos encontramos con una persona ciega que entra a trabajar en el departamento de transcripciones de la policía. Con un oído tan desarrollado como el de DareDevil y una cierta tendencia a estar seguro de haber oído según qué. Es de suponer que esto, junto con una trama larga y ya veremos si otras más cortas, irán justificando esa forma distinta de investigar crímenes. Desde luego el punto de partida no es malo, luego ya el desarrollo del piloto -que mezcla flashbacks al triste pasado del protagonista, un exceso de giros y desarrollo sobre la investigación, y el clásico grupichi de compañeros- demuestra no solo que tendrían que haber buscado una manera de sintetizar la historia, también de que no saben muy bien qué hacer con este punto de partida. Aunque no sé si esto es como para que Netflix decida no estrenarla fuera de su país de origen. Supongo que, como con tantas cosas, el streaming está cambiando.
Voy a asumir que Ryan Murphy vio The Substance y pensó ‘Eso lo puedo hacer yo’, pero después pensó que lo que le estaba funcionando en Netflix eran las cosas de investigadores, y entonces decidió montar un revoltijo de las cosas que le gustan y estiraaaaaaarlo. Destrozando de esa manera dos de sus bazas principales habituales: el que pasen cosas inesperables y el que no dejen de ocurrir en rápida sucesión. De modo que cuando uno ve The Beauty (USA) no deja de tener cierta sensación de que debería de haber sido una película. De The Asylum. En realidad lo más destacable del piloto acaban siendo las pintas del personaje que asumo interpreta Ashton Kutcher pero se parece más a Paco Amoroso buscando un Latin Chaddy. Que lo mismo es para que no nos acordemos de la carta en defensa de Masterson pero que es lo más cercano a ese despiporre que solían tener las producciones de Murphy y que desde su mega-acuerdo con Netflix ni están ni se le esperan. Una lástima.
Rutinaria y poco más, esta Saikai: Silent Truth (O)(JP), o 再会: Silent Truth o Reencuentro: Una verdad silenciada o…, es adaptación de un libro y quizá como libro funcionara mejor. Esta historia de un policía investigando un caso en el presente que tiene ramificaciones en el pasado, con su grupo de cuando eran niños y algo que pasó y que incluye una pistola escondida entonces y que ahora reaparece como parte de un asesinato… pues es que es lo que es y no tiene mucho más. Para tenerla de fondo supongo que valdrá, pero no le veo yo muchas más posibilidades.
Siguiendo con lo cual Steal (UK) es un ‘thriller‘ agradable, no tanto mostrando el robo -que es lo que centra el piloto- como los efectos en (un grupo de) gente más o menos implicada en el mismo (o más o menos directamente, vaya). Sobre todo una de las trabajadoras del sito robado que muy claramente está implicada en el asunto. Pues bueno. Cosas peores se han puesto para hacer la plancha. Aunque es sorprendente que el atraco acabe siendo más un trámite que el centro de la acción. Pero bueno, británicos. Están acostumbrados a producir estas cosas en serie, supongo.
Es curioso como Ayrilik da Sevdaya Dahil (O)(TU) parece dos series distintas que alguien ha pensado que como no podía vender por separado iba a atar. No a unir. A atar. Por un lado tenemos la de la protagonista y su extravagante familia de artistas -o algo- en la que ella es guionista, la madre algo como cantante y el hermano músico callejero. Sus dos amigos, con los que crea la serie -como co-guionista y productor, o algo así, respectivamente- también están en la misma órbita. Hay un restaurante ruinoso que tienen que sacar adelante mientras todos ellos tienen problemas para mantenerse con el arte. He aquí la primera historia. En cuanto a la segunda, es la del otro protagonista, el masculino. Pertenece a una familia… quizá no mafiosa, quizá no criminal… pero lo parece. Se dedican a varios negocios turbios, en su caso se ocupa de cobrar deudas, lo que pasa es que él está harto y querría salirse de la familia. Y no solo de la familia, porque también tiene una prometida con la que parece que no tiene prisa alguna por casarse. Así que hay algo así como una serie ligera en el restaurante y una más oscura con los criminales. Por supuesto las dos series chocan cuando él tiene que cobrar una deuda a ella. No ‘de’ ella, porque no es suya. Directamente no. Pero tanto da, lo cierto es que el piloto -extenso- no nos da más que unos minutos al final con ambos. Así que aunque está telegrafiado lo que va a pasar (él la ayudará, ella chocará, se enamorarán, él dejará su familia y la vida del crimen en favor de… ¿la hostelería? es un crimen distinto al menos, y ella sacará inspiración para esa serie) no está tan claro que vayan a saber gestionarlo de una manera que parezca natural. Supongo que aquí dependen de que todos los actores sean más o menos encantadores, pero entre las diferencias de estilos y temas y todo lo demás… en fin, que yo qué sé. Supongo que a los fanses de este tipo de series les podrá interesar.
No sé si recordaréis Doc Martin, pero seguro que recordáis Doctor Mateo. Aunque… ¿quizá sea al revés? Tanto da, Best Medicine (USA) llega en 2026 para traer una nueva versión de lo de 2004 que, a su vez, seguía la lógica británica de ‘pequeño pueblecito con gente peculiar pero encantadora’ que supongo que habrán vendido más con Doctor en Alaska que con El vicario de Dibley. Tanto da, porque lo más curioso -para mí- es que Everwood es anterior a Doc Martin, pero la primera era notablemente estadounidense mientras que la segunda era inequívocamente británica. ¿Y qué es lo que nos encontramos ahora? Pues que la ‘estadounidensicización‘ es mínima. Sí, la historia de un gran cirujano que decide volver al pueblo en el que pasaba los veranos con su tía para convertirse en su nuevo médico, con unas historias más o menos pintorescas -y aquí toca dejar caer a Picket Fences… pero sin tribunales, de momento- puede parece más cerca de Hallmark que de la FOX, pero supongo que aquí llegamos todos antes o más después. Y tener a Josh Charles y Annie Potts tampoco hace daño, por supuesto.
Tendría que mirar si Seupeuring Pibeo (O)(CS) o 스프링 피버 o Spring Fever o… estaba basado en un webcómic. Pero ocurren dos cosas. La primera es que no me importa y la segunda es que no lo hace porque no me merece la pena el interés. Una profesora de ética y algo así como el ‘guardaespaldas’ de una alumna se… no, la verdad es que no tiene mucho sentido. También hay por ahí un tipo que sufrió al guardaespaldas cuando era un matón de instituto en lo que, supongo, acabará teniendo algún sentido. Aunque no mucho. Pero bueno, supongo que esto, que tiene toda la pinta de que va a ser una comedia romántica, tiene unos fanses que se lo perdonarán todos. Y entre los que, claro, no me encuentro.
Supongo que un clásico es un clásico. Sobre todo porque este Amor de Oficina (O)(MX) parece haber decidido ver hasta dónde puede tirar de los restos de Betty la Fea. No por la parte de la protagonista, que aquí tiene una forma distinta de ser aunque -sin duda- es más… payasa. Pero el lugar y las acciones parecen sacadas de aquella: Una empresa de ropa -de lencería en este caso- y todo una serie de secundarios que trabajan en ella. De secundarios y de los dos actores principales, que comienzan habiéndose liado ya antes de saber quiénes son. La una, la muy profesional aunque notablemente desastrosa aspirante a ser la nueva directora. El otro… el hijo del jefe. Y de ahí los dos grupos montados. Los trabajadores de toda la vida, con sus distintos follones más cómicos que dramáticos -de momento, ya sabéis cómo va esto- mientras que del otro lado están los amigos del enchufado, unos pijos que -con el tono de comedia que predomina al menos en el piloto- parecen más desconectados de la realidad que malvados. Todo eso, más unos inversores extranjeros y una serie de discutibles decisiones son lo que nos deja este piloto que establece con sencillez y claridad lo que tenemos delante: Una comedia romántica de fondo telenovelesco en el que se mezclan las relaciones personales, el reto de quién será el jefe y, por supuesto, el ‘bienestar empresarial’. En fin, fin, quiero creer que a su público objetivo le puede gustar y, desde luego, Ana González Bello sabe lo que se hace y cómo hacerlo. Así que, bueno, veremos si tiene éxito. Sobre todo con tan pocos capítulos.