Siendo novedable

Es cierto, ya hay previas de casi todas las nuevas series que llegarán este otoño. La ABC, la NBC, la FOX e incluso la dupla de la CBS y The CW han sacado las galas para presentar al gran público sus propuestas.

Ahora podría realizar un post sobre lo que hay, lo que se espera y lo que ha cambiado pero, sinceramente, hay dos cosas que hacen falta antes. La primera es, obviamente, un Pilotos Deathmatch con todo lo que ha aparecido desde el último. No es que sea mucho, por motivos que ya comentaremos, pero es necesario hablar de ellos. Volved en quince días porque la semana que viene sigo repasando creadores —esta vez americano y sin el que los años ’80 serían muy distintos para todos los niños de entonces— y, antes también, conviene que tengáis cierta idea sobre todo el proceso de cómo se ha llegado hasta ahí, hasta ese momento en que se anuncian las novedades. Que es de lo que hablaré en la columna de hoy. En cuanto a ese repaso, y teniendo en cuenta cierto creador inglés no demasiado conocido que irás tras el Pilotos Deathmatch… ¿Qué tal si volvéis en un mes?

¿Que queréis ahora una columna? Bueno, enfoquémoslo por el lado contrario. ¿Cómo han llegado hasta ahí esas propuestas? En la televisión USA, digo. Cada vez que menciono la posibilidad de hablar de este tema en el mercado español alguien se me descojona. Lo más sencillo sería mandaros a leer este texto pero creo que se puede incluso extender un poco más, y en español.

Lo primero que hace falta es una idea. No digo una que sea nueva, claro, vale con pillarla de una serie anterior, de otro país o de otro medio. en cualquier caso hay que tener una idea y poder exponerla en unas tres líneas que es lo que son capaces de procesar los ejecutivos de estudio y la prensa.

Por supuesto lo primero no es enviárselo a una cadena, antes hace falta lo de siempre: Pasta. Así que uno se busca unos señores productores que pongan la pasta por si acaso. Para ese primer propósito se envían esos bonitos resúmenes: “Te quiero, ¿Me quieres?” a ver si cae la breva. Por supuesto hay formas de inclinar la balanza, es más fácil venderles el proyecto si te conocen de antes, por eso la mayor parte de proyectos aceptados vienen de guionistas de otros medios — cine o teatro— o de gente que ha empezado como guionista en una serie especialmente cuando ha hecho todo el camino de guionista a responsable de guiones o a jefe de guionistas y, sobre todo, si ha sustituido al creador de la serie cuando se ha largado a desarrollar otra idea.

La figura del showrunner entendida como el responsable de la buena marcha de la series —lo que en los tiempos antiguos era simplemente un producto— ha ido tomando fuerza, de manera que cuando una serie parece estable y se puede dejar a alguien a cargo para desarrollar nuevas ideas elegir a ese sustituto es fundamental. Este método de ascenso, el más común en las series actuales, es el que permitió sobresalir a David E. Kelly, por si quieren hacerse una idea del tiempo que se lleva usando.

También puede ser que el Estudio tenga en nómina o esté participado o poseído por el dueño de la idea en cuyo caso, ¿para qué darle más vueltas?

Ese es el primer filtro. Una vez que un Estudio parece interesado en producir la serie se puede empezar a dar la vara a las cadenas. De entrada se extiende el desarrollo, se sugieren actores, se hacen paralelismos con éxitos del presente o pasado. De nuevo el que el estudio conozca a la productora y al creador ayuda, si está trabajando con ellos en otra serie de —razonable— éxito o tienen algún acuerdo de colaboración —una de las situaciones más comunes que existen, recordad que ya en los sesenta vimos usar ese tipo de acuerdos— especialmente si es un acuerdo con la cadena. También si el Estudio y la Cadena pertenecen al mismo grupo aunque eso no es un fijo, existen casos en los que un estudio se ha centrado en su cadena y no ha sacado un mojón mientras otros como Universal o Fox tenían más éxito vendiendo a cualquiera que se les acercara. —Lo que hay que tener en cuenta a la hora de pensar en rescates de series, si al grupo le interesa que la serie dure más puede recomendar a su cadena que le haga un hueco—

En ese momento pasamos de los 500 Pitches, esas locas ideas para series, a unos 70 guiones solicitados. Una vez decidido el desarrollo se prepara una biblia, un documento con personajes, tramas y desarrollos posibles además de una indicación de actores disponibles. Como la gente no es tonta este tipo de documentos está más cerca de ser de “buenas intenciones” que de algo a lo que hacer realmente caso pero, eh, puede que convenzas a tu cadena y entonces de luz verde para el piloto.

La verdad es que está fase es casi la más sencilla de pasar, de cada 7 guiones se ruedan 2 pilotos, un tercio, con lo que empiezan las vueltas para conseguir actores, localizaciones y lograr la doble imposibilidad de realizar un episodio espectacular pero que tampoco implique una serie de presupuesto disparatado. Algunas veces hay inyecciones secretas de capital para meter secuencias imposibles de rodar en la serie principal que hacen del piloto el capítulo más caro que se verá… en toda la historia de la serie.

A partir de ahí tenemos como el Street Fighter, rondas. La primera es de la gente del estudio, normalmente aún durante el desarrollo, para ir ajustando cosillas. una vez el Estudio está razonablemente contento, o la cadena suficientemente harta, se les envía una copia. Ahí puede acabarse el asunto. Con algo de suerte habrá cosas que les gusten y tratarán de cambiar el resto para lograr una mejora. Hay series que han tenidos varios pilotos sucesivos, como All in the family, actualmente hay una serie llamada Friends with benefits que lleva dos años probando cosas a ver si sale algo decente. Con una suerte aún mayor les encantará. Tanto que envían a las hordas contra ellos. Perdón, no se llaman hordas, se llaman test audiences o audiencias de prueba —o de pega — que están formados pro gente común —sob— y serán los responsables del éxito y de los cambios.

Teniendo en cuenta que el 80% de las nuevas series —aproximadamente— se cancelan antes de pasara a su segunda temporada podéis comprobar lo útiles que son sus consejos.

Las diferencias entre una serie para una cadena generalista y una de cable están, precisamente, en cómo encaran los grupos de audiencia — y a los críticos— pues un pez gordo como el jefe de ficción de la ABC tienen que plegar sus deseos a lo que le digan — y no elegir Poe— mientras que una cadena de cable puede rechazar cuatro series que entusiasmaron a críticos y audiencias.

En este punto puede pasar casi de todo, sobre todo si las cadenas hacen caso a las sesiones de grupo que suelen pedir cosas estúpidas y contrapuestas. Sobre todo porque hay que tener en cuenta que los pilotos pueden — y suelen— cambiar, por un lado porque los actores no tienen por qué continuar del piloto a la serie —bien porque tengan otros compromisos, bien por decisiones del productor— por el otro porque frente a la facilidad para cambiar el piloto —es un decir— normalmente se entregan enlatados de una vez cuatro capítulos con lo que cualquier cambio o desarrollo no pasará hasta después de ese inicio.

En cualquier caso, de los 20 pilotos encargados se acaban emitiendo entre 4 y 8 pilotos, según las cadenas. Es decir, según la cantidad de shows que necesiten repuesto para la nueva temporada y lo desastroso que sea su forma de programar las series —es decir, cuánto estés cerca de las NBC— así como la previsión que tengas. Normalmente se deja alguna serie para cubrir huecos —especialmente si eres la FOX— que en el mejor e improbable de los casos pueden reciclarse a serie de mitad de temporada.

En cualquier caso las series que han logrado llegar, incluso aquellas que han sido derivadas de un canal a otro o que han logrado un rebote tras la fallida compra —lo que suele significar ir a una cadena de cable que tiene menos presupuesto como el SyFy— están preparadas para causar esa primera impresión.

Pero eso ya es un asunto para otra columna.

De manera que ya hemos reducido el número de posibilidades, de


Mercero Sentimental

Durante mucho tiempo ha existido una tendencia a desestimar a Antonio Mercero por algo que es innegable, su propensión a la sentimentalidad, pero no lo único en una de las grandes carreras de la televisión española. Como el otro recuerdo asociado es Verano azul, mil veces repetidas, su imagen general es, habitualmente, baja.

Es una pena, y lo es por muchos motivos. De entrada porque pensando en Verano azul podemos caer en la cuenta de que en ella se presentan escenas como esta: El grupo de niños protagonistas están decididos a no dejar que los especuladores ganen y que le quiten a Chanquete su barco y sus tierras para promover el ladrillo y, para ello, deciden hacer una sentada pacífica con su amiga la pintora. Es decir:

¿Qué? ¿Algún paralelismo con la actualidad se les ocurre? ¿Eh? Ya, eso me parecía.

Pero habrá tiempo de hablar de Verano azul, hagamos las cosas bien, desde el principio.

Antonio Mercero se apuntó a la Escuela Oficial de Cinematografía y comenzó con los cortos en los ’60, tras realizar varios durante la carrera —uno de los cuales, Trotín troteras llegó a ganar un premio internacional en la Bienal del Arte de París, y ya como profesional debutó con el corto Lección de arte que ganó la Concha de Oro en San Sebastián, a partir de ahí un par de cortos más y para 1963 estaba dirigiendo su primera película Se necesita chico una coproducción hispano-italiana que pasó con más pena que gloria y que le tuvo el resto de la década realizando documentales para TVE.

Para finales de la década había demostrado su capacidad para rodar y guionizar que le llevaría a su primer gran proyecto, colaborar en la serie Crónicas de un pueblo

Así, con la música del programa Protagonistas, comenzaba esta complicada idea. Teóricamente ideada por Carrero Blanco para mayor gloria del régimen franquista, la forma en que Mercero loggró convertirla también en un fresco de la vida de pueblo pese a estar obligado a usar sólo un lado de esa vida para atraer al público. Convertir esos personajes en gente real, con la que uno podía empatizar y ver más allá del mensaje propagandístico fue toda una victoria de Mercero y del guionista principal Juan Arias.

Además le permitió suficiente autonomía para preparar su siguiente poyecto para televisión:

La Cabina, en 1972, se convirtió en toda una revolución para la televisión española siguiendo los pasos de las producciones de Chicho Ibáñez Serrador o Jaime de Armiñán que triunfaban en los certámenes extranjeros. Un éxito que llevó a conseguir entre otros premios un Emmy.

Con un planteamiento cercano al de El Asfalto, de los dos Ibáñez, y un Jose Luis López Vázquez magnifico el guión que Mercero realizó junto a Jose Luis Garci volvía a hablar de la incomunicación, del aislamiento y de la capacidad de la sociedad para dejar al margen a los necesitados de ayuda.

Repetiría con López Vázquez esa vez en el cine en Manchas de sangre en un coche nuevo una película con algunos puntos en común con Muerte de un ciclista, como Lucía Bosé, salvo que donde la película de Bardem apostaba por el drama esta se inclinaba hacia el suspense.

En cualquier caso, su paso po el cine, con películas como La guerra de papá, nunca le alejó definitivamente de al televisión donde realizó aún otra colaboración con López Vázquez en _Este señor de negro que con guiones de Mingote contaba en 13 capítulos las historias de Sixto Zabaleta un señor bastante retrógrado que veía a su abuelo salir del retrato para explicarle los peligros modernos.


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Pero sería en 1981 cuando llegaría su gran triunfo, y no me refiero a ese nuevo estudio sobre la otridad que es Toby —sí, sentimental de nuevo, ciertamente, pero lección sobre cómo la gente trata a los diferentes sin duda alguna— sino a Verano azul serie que, sí, sin duda, está bien, lo aceptamos: Es sentimental. Pero que debería ser analizada también por otros asuntos:

– Trata a la juventud como juventud, les hace creíbles y presenta unas divisiones y alianzas que van girando.

– Refleja distintos problemas y situaciones sociales, explica todo tipo de situaciones y no busca pontificar sino tratar de hacer entendible la situación y ofrecer distintas opiniones, incluso cuando se nos cuenta los intentos de exploración del ladrillo en el pueblo escuchamos a esa gente explicar por qué lo apoya, y no es sólo por dinero.

– Resulta un compendio perfecto de las corrientes de las series que reúne los argumentos sociales propios de las series de la época con un intento de realizar un retrato de la sociedad contemporánea, algo en lo que Mercero ya había destacado y que era también un signo de los tiempos.

– Mata a Chanquete. Eso son puntos a su favor. Incluso contando con la existencia de Kike.

El tremendo éxito —sí, ya, chistes sobre conducir bicicletas y repetir más la serie que Los Simpson— hizo que Mercero dirigiera aún otra película infantil, alejada esta vez de las inquietudes de Toby o Verano Azul e incluso de sus aproximaciones al fantástico: Buenas noches, señor monstruo.

No sería sin embargo la única serie de éxito que realizara en los ochenta ya que a la realización de otras películas como Espérame en el cielo se une una labor en una de las más importantes series españolas de los años ’80, Turno de Oficio

Aunque bajo el paragüas de BMG Films sería Mercero el encargado de dirigir la serie y de colaborar en los guiones, especialmente el del piloto.

Poco hay que sea necesario decir sobre este pilar televisivo pues, de nuevo, se trataban los temas importantes del momento a la vez que se desarrollaban los personajes logrando mezclar la vida privada de los mismos con los temas que importaban en la España de entonces.

Antonio Mercero sólo volvería una vez más a la televisión en España. Sería al poco de que comenzaran a funcionar las privadas y con su último gran éxito, una serie cuyo último capítulo es aún la ficción más vista por los españoles. Me refiero, claro a…

Un gran punto final a su carrera en la televisión, una de las series emblemáticas de los años ’90 y de la historia de la televisión en la que su carácter de comedia y sus tramas de farsa en muchas ocasiones no escondía que se iban deslizando ideas y tramas , de manera más discreta y menos matizada que en años anteriores pero aún con suficiente interés como para que los personajes resultaran reales y las situaciones plausibles.

La mezcla de actores reconocidos —muchos con experiencia televisiva como los principales Concha Cuetos y Carlos Larrañaga— con, una vez más, jóvenes promesas dio lo mejor de sí en lo que acabaría siendo una de las últimas buenas series de la televisión española durante una temporada demasiado larga.

Mercero no volvería directamente a la televisión pero su importancia es imposible de minimizar. Él ahora sufre de alzheimer, la enfermedad de la que hablaba su última película ¿Y tú quién eres?, pero aunque él pueda estar olvidando su pasado nosotros, los telespectadores, nunca podremos hacerlo.

Puede que suene sentimental pero si algo nos ha enseñado Mercero es que eso ni es incompatible ni necesariamente malo.


Communismo Radical

Community es la mejor comedia que se está emitiendo en estos momentos.

Alto ahí: No me cansaré nunca de loar esa primera temporada de Louie que se emitió el año pasado. Reconozco los méritos de Raising Hope, HIMYM está mejor que el año pasado y 30 Rock ha regresado por todo lo grande. Modern Family es un ejemplo perfecto de construcción de una sitcom clásica, South Park o It’s always sunny in Philadelphia son grandes ejemplos de humor e incorrección política y seguro que podríamos seguir durante horas repasando los pros de todas las series, seguro que alguno defendería incluso Happy Endings.

Pero Community se mueve no ya a otro nivel sino a todos los otros niveles. Hay series apreciables por su tridimensional, Community se mueve en unas 27 dimensiones diferentes. Esta semana con la emisión de la última parte de su brillantísimo capítulo final doble se han podido leer todas las loas posibles, todos los parabienes deuna crítica que está rendida a sus pies y postrada de hinojos. No sólo eso, tratar de explicar qué es Community o cómo funciona se ha convertido en una de las actividades preferidas de la crítica televisiva. Y ni aún así hay forma de poner de acuerdo a *Sepinwall con los chicos del AV Club o a un periódico con otro. ¿Se trata de una comedia llevada al extremo, de la comedia de una comedia, es tan metareferencial que puede terminar atrapada dentro de si misma?

Quizá todas las respuestas anteriores sean afirmativas porque si algo ha demostrado Community es que puede ir a cualquier campo. El paintball que ha servido para otras series como The Big Bang theory aquí sufre una mutación completa, el humor puede pasar rápidamente desde la planificación táctica de Modern Family hasta el más rudo humor sucio sutil y brutal a la vez — ¡ese juego con las banderas de las universidades! — y, además, se permite cambios y movimientos que no sólo no se veían desde Arrested development sino que ni esa serie podría haber imaginado, acercándola más a los buenos tiempos de Los Simpson

Porque si algo tuviera que caracterizar a esta serie por encima de metareferencial es mutante. Uno se pone delante de la pantalla a ver qué se les ha ocurrido esta semana, un poco como si estuviera ante un episodio de Phineas & Ferb, y sólo sabe que no puede tener claro nada.

Literalmente. Uno de los puntos álgidos de la temporada fue un episodio centrado en el cumpleaños de Abed con motivo del cual el grupo le daría una fiesta disfrazados como en Pulp Fiction. Había fotos, había declaraciones, todo el mundo esperaba ver qué se les había ocurrido. El hype generado fue utilizado por los guionistas para… ¡realizar una versión de Mi cena con André! No sólo eso, sino que los personajes que habían preparado con tanto esmero el homenaje a Pulp Fiction^se sentían engañados, ¿es que no veía Abed que lo hacían por él? de manera que el episodio, que trataba de la madurez y la frustración de expectativas literalmente frustraba las expectativas de sus hypeados espectadores. ¿Algún problema? ¡Madurad!

Este episodio doble final es otro ejemplo, el tema era el spaghetti western —aunque las parafilias de los guionistas no dejaran fuera referencias como Sillas de montar calientes — pero termina dando paso a una suerte de starwarserío que, a su vez, se queda en unos cuantos chistes y referencias para fijarse en una suerte de repaso a clichés bélicos.

De manera que, igual que en los dioramas que han estado realizando toda la segunda temporada — y que al final han servido para ayudarles a enfocar tácticamente el asalto— acaban en un último diorama que representa al grupo haciendo dioaramas: la caja dentro de la caja dentro de la pantalla.

La evolución desde la primera temporada es evidente. El piloto fue un gran punto de partida pero los primeros episodios no dejaban de ser buenos ejemplos de sitcom clásica, quizá peor orquestados que Modern Family, alocados, sí, pero a falta de un chispazo. Quizá fuera el noveno capítulo, parodia de los debates escolares, puede que el 12, el navideño, en que el tema es, sorprendentemente, la religión, lo que tengo muy claro es que para el 17, centrado en una clase de billar, la serie había sobrepasado la vergüenza. Si había que desnudar a un sexagenario mientras se interpretan grandes momentos del cine de billar y se discute sobre lo que mueve a la gente, se hace. Y se hace con naturalidad. Una de las claves. Si todo se presenta como si fuera lo más normal del mundo a nadie le sorprende que uno de los personajes, Abed, decida que la mejor forma de ligar sea…

imitando a Don Draper o que la versión de si mismo que se acercaría a una chica es…

Bueno, mejor lo pongo.

Pura lógica, ¿verdad?

1. Yo no me acerco a ligar con una chica ->¿No hay alguna versión tuya que se acercaría a ligar con ella? ->
2. Sí ->¿Qué estás haciendo? ->
3. Esta es la versión mía que ligaría con ella.

En ese momento sólo quedaba esperar a que se produjera una auténtica explosión de talento en algún momento puesto que sin complejos teníamos una versión de las pelis de gangsters como el 21, pero sería el 23 el que consiguió cambiar no sólo la forma de verla de muchos sino crear el capítulo perfecto para picar a la gente con la serie.

Hablo, por supuesto, de Modern Warfare

Es imposible describir con justicia la brillantez del episodio, su capacidad para incorporar referencias, expandir las situaciones y aprovechar a todos los secundarios que habían ido creándose para la serie.

De manera que la segunda temporada ya tenía un ejemplo a seguir. Y no sólo lo hicieron con capítulos como el dedicado a las películas de astronautas —el 4 — sino que empezaron a no ya dejar guiños ocultos sino a permitirse licencias como dejar directamente a Abed teniendo su propia aventura… en el segundo plano. O pasar de la metatextualdiad a la religión pasando por la complejidad moderna, dedicar el capítulo de Halloween a una invasión zombie, crear una conspiración llena de giros o redefinen los episodios embotellados_ quedándose en la sala para discutir sobre un robo imposible o jugar al rol.

Además, aparecen episodios de un tono abiértamente instrospectivo con un humor profundamente amargo que parecen más propios de cualquier serie dramática o se pasa a parodiar el formato emprendiéndola con las comedias de falso documental o los episodios de clips de recuerdos.

Así pues este episodio doble no ha sido sino el perfecto ejemplo de cómo reunir todo lo anterior, y cómo lo importante al final por encima de los personajes —“Estupendo, cuando parecía que no iban a monopolizar la clase otra semana”, dice un secundario ante el parto de Shirley— demostrando que cada una de sus partes es impresionante —y espero ciertamente candidaturas para al menos Danny Pudi (Abed) y Allison Brie (Annie) pero no sólo— pero que es al unión, la suma de todo o que Dan Harmon ha conseguido y reunido, sus guionistas y productores, lo que debe ser considerado.

Ahora se enfrentarán al fantasma de la tercera temporada, ese enemigo de las comedias inteligentes. Pero yo confío en ellos y aunque ahora la escuela esté cerrada por el verano estoy seguro de que lo conseguirán:

¡¡¡SEIS TEMPORADAS Y PELÍCULA!!!


Coralidad Steven

Cuando un creador televisivo dice venir de un ambiente artístico uno esperaría descubrir que sus padres eran actores, guionistas, directores o, en el mejor de los casos, cómicos. En el caso de Steven Bochco, reputado creador de series de policías, abogados y médicos, lo último que parece probable es la verdad: Steven Bochco es hijo de un violinista y una pintora, educado en la Escuela de Música y Artes de Manhattan, estudiante en Carnegie de Bellas Artes y, especialmente, de escritura de guiones y piezas teatrales.

En 1966, recién concluidos sus estudios, Bochco hizo lo que casi todos los demás jóvenes graduados: Buscarse un trabajo en una gran compañía. En su caso la afortunada fue la Universal que le puso a realizar guiones para policiales como Colombo, Ironside o El comisario McMillan y esposa entre otras, subiendo de puestos de simple guionista a responsable de guiones y de ahí a ocuparse en 1969 de su propia serie.

O casi. En realidad lo que le ofrecieron fue ocuparse de un segmento de la serie The bold ones —algo así como Los Intrépidos—, cada semana tocaba un grupo diferente que se iba turnando: Los abogados, Los protectores, El senador y, por supuesto, The New Doctors. En ella un grupo de médicos muy especializados capitaneados por el Dr. David Craig (E.G.Marshall) que cada episodio se ocupaban de un extraño caso, bien por la dificultad del mismo o por los problemas para diagnosticarlo correctamente. A lo largo de los cuatro años que duró el contenedor se emitieron un total de 45 capítulos y si bien no fue un desastre como El Senador ni logró la popularidad y respeto crítico de las otras dos sí consiguió que se fijaran en él y tras un par de años trabajando en telefilmes aceptó una oferta en 1978 para dejar la Universal e irse a la productora de Gary Tinker y su mujer, Mary Tyler Moore, MTM. En la que desarrolla su primera serie completa:

Paris, centrada en la vida de un capitán de policía, Woody Paris, y en cómo conciliaba su vida profesional y la formación de los jóvenes policías a su servicio con la vida familiar que compartía con su mujer Bárbara. No le fue muy bien a la serie gracias a una elección de horario especialmente calamitosa: Los sábados a las 10 de la noche es incluso peor que los viernes y la serie no fue capaz de llegar a los 13 capítulos, aunque si sirvió para dar a conocer a su actor principal, James Earl Jones.

Su siguiente idea, co-creada con Michael Kozoll, vendida a la NBC y desarrollada pese a todos los problemas que representada gracias a la buena conexión con Brandon Tartikoff que no dudó en acceder al reparto coral, a los arcos argumentales de varios episodios y a las tramas entrecruzadas que iban y volvían de lo profesional a lo privados. Es decir, todo lo que convirtió en un signo de identidad esta serie:

Quizá la mejor serie policíaca jamás filmada, extremadamente compleja e inteligente, alternando momentos de comedia con otros de drama y abriendo, cerrando en falso o cortando tramas, Canción triste de Hill Street (Hill Street Blues) fue una historia difícil de armar, vender y poner en marcha y sólo la confianza de Tartikoff logró que la cadena no se rindiera en varios momentos complicados. La idea de llevar más allá las premisas de Barney Miller, las novelas de Ed McBain o el documental The Police Tapes dando un aspecto más sucio y realista a la serie. No tanto oscuro o desesperado como agridulce, mostrando victorias y derrotas como un todo y atrayendo talentos como Bob Woodward o David Mamet a escribir algún episodio.

Pese a todo la MTM pide a Bochco que siga trabajando y cree alguna serie nueva, algo que pueda seguir con la idea de Hill Street lo que nos lleva a:

Decir que Bay City Blues no fue exactamente como la MTM esperaba —o la NBC, pero la NBC está acostumbrada a estas cosas— es el eufemismo equivalente a El Vesubio dejó olor a humo en algunas cortinas, pese a estar realizado con alguno de los actores de confianza de Bochco como Dennis Franz esta mezcla de drama con comedia centrada en un equipo de las ligas bajas de baseball emitió sólo 4 de los 8 capítulos que tenía en producción y causó el despido de Bochco de MTM. —Pese a lo cuál Canción triste de Hill Street duró aún dos años con la NBC y MTM

Bochco contaba aún con Tartikoff como valedor dentro de la NBC así que pudo venderle otra idea, esta vez co-creando junto a Terry Louise Fisher y como productor asociado a la 20th Century Fox. Ya habíamos tenido médicos y policías así que estaba claro el siguiente paso:

Durante 12 años La ley de Los Ángeles (L.A. Law) marcó el estándar de calidad de las series de abogados aplicando ideas similares a las de Canción triste de Hill Street para mover personajes y tramas. Y si bien en esta ocasión había menos variedad racial aún se notaba la formación de Bochco en los ’60 y ’70 por la inclusión de grandes temas que se debatían en la serie.

Cantera de toda una idea de entender la abogacía gracias al lavado de cara que pegaba a viejas series como The Defenders, sin ella es imposible comprender los pasos de creadores como David E. Kelly que empezó allí como guionista y no tardó en ascender hasta responsable de guiones.

Este nuevo éxito en la NBC sirvió para lo de siempre: Hizo apetecible a Bochco para el resto de cadenas, lo que facilitó que la ABC le ofreciera un trato por 10 series. ¿Cómo iba Steven a dejarlo pasar?

La primera serie del paquete demostró las ideas extrañas que Steven Bochco, deseoso de innovar, iba a llegar a probar transitando por los límites del género para reinventarlo.

Hooperman colocaba a John Ritter_ —dos años después del final del Spin-off de Apartamento para tres— como protagonista de una serie mezcla de drama con comedia sobre un policía que, además, heredaba un edificio de apartamentos. El bajón de calidad de la segunda temporada condenó a la serie pese a los esfuerzos de Bochco para que la cadena le permitiera intentar una tercera temporada.

Por suerte para todos —incluyendo David E. Kelly, acreditado como su co-creador— su siguiente proyecto sí que fue un completo éxito, gracias al giro que daba a uno de los géneros más clásicos logrando unir las series para adolescentes con las de médicos, es decir:

Con Doogie Houser, M.D (o Un médico precoz como se la conoció en España) dio a conocer a Neil Patrick Harris y ofreció una visión diferente y fresca de las series de médicos.

Así pudo prepara a la cadena para una de las mayores debacles de la televisión. De cualquier televisión:

Sí, ese era Randy Newman. Es difícil añadir nada a lo que ya he dicho en varias ocasiones sobre Cop Rock, una idea tan extraordinaria como extraña, que trató de unir el policíaco con el musical con canciones creadas ex-profeso y que marcaría un punto en la trayectoria de Bochco del que parecía que jamás podría volver.

Solo que su siguiente proyecto fue a peor aún. Puede que la idea no fuera necesariamente mala pero el momento no era decididamente el adecuado; da igual que en 1992 Los Simpsons fueran ya un éxito: nadie estaba preparado para algo como Capitol Critters

Una serie centrada en las ratas, cucarachas y demás animales de alcantarilla del capitolio en el que no se ponía el acento tanto en el humor como en el debate de grandes temas logró horrorizar lo suficiente a audiencia y productores como para que el primer episodio fuera casi el último, emitiéndose el resto de los producidos durante los dos años siguientes. Ni las reminiscencias a Bakshi pudieron levantar la pinta de Fievel va a la Casa Blanca y tiene problemas con el alcohol, las drogas y el dinero ni el trabajo vocal de Neil Patrick Harris como el protagonista, Max, sirvió de gran cosa en lo que parecía, ahora sí, la última palada de tierra en la tumba de Bochco.

Sólo que aún le quedaban series comprometidas con la ABC y tenía el último recurso a mano: Back to the basic. (Por favor, suban el volumen antes de disfrutar del siguiente opening)

El excepcional trabajo de Mike Post vuelve a brillar en la cabecera como ya lo hiciese en Canción triste de Hill Street, y no es el único parecido gracias a la troupe de actores que Bochco arrastra de serie en serie logrando que Dennis Franz luzca especialmente mientras le va dando oportunidades a otros habituales como Jimmy Smits o Mark Paul Gosselar. Un retorno por todo lo alto, ahora con más grandes temas y mayor capacidad de ofender. Porque el espectador de ahora se ofende con nada, claro.

En cualquier caso, sirve este éxito para que la ABC pase por alto una sucesión de series poco acertadas que vinieron a continuación: Brooklyn South (1997), City of Angels (2000), Philly (2001) y Over There (2005) que llegaría al mismo año en que terminó NYPD Blue. Entre medias sólo un acierto parcial, la enorme mezcla de serie de abogados con misterio siguiendo las líneas de Twin Peaks o los seriales británicos:


GENERIQUE : MURDER ONE por artemis181

Lamentablemente la marcha de su estrella, Daniel Benzali, tras la primera temporada, acabó con la serie en una segunda temporada renqueante y perdida que hundió el buen arranque de la primera.

De manera que en 2005, tras el fracaso de Over there y el cierre de Policías de Nueva York concluía la colaboración de Steven Bochco con la cadena ABC.

En esa misma época era fácil encontrarse que sus entrevistas giraban sobre dos temas, la falta de un público interesado para ver la tele en las cadenas generalistas, que en opinión de Bochco se habían pasado al cable para poder ver programas interesantes, inteligentes y complejos dejando las generalistas con la necesidad de rellenar con contenidos que no ofendieran demasiado a nadie ni dieran muchos quebraderos de cabeza, y la sensación de que su tiempo había pasado por la falta de profesionales apasionados y competentes como Brandon Tartikoff que apoyaran a los creadores y estuvieran dispuestos a probar con series novedosas.

Irónicamente su siguiente proyecto sería coger una de las series más exitosas del arranque de la temporada de 2005 y, siendo amables con él, desmontarla. Tras las sucesivas broncas entre la ABC y el escritor Rod Lurie la cadena decide prescindir de él para continuar desarrollando Señora Presidenta (Commander in chief) después de que el estilo polémico, intelectual y descuidado con plazos y fechas de entrega de Lurie cansara a la cadena que prefirió intentar tirar de un profesional competente. El resultado fue que tras su magnífico inicio la serie se convirtió en plana y predecible hundiéndose en las audiencias y cerrando rápidamente en el episodio 18.

Así que Bochco hizo lo más sensato, se pasó a los canales de cable y allí presentó en 2007 una nueva serie de abogados Raising the bar. de nuevo con Gosselar, a quien ya había introducido en Commander in chief, y de nuevo con una forma tan formulaica y cansada de hacer las cosas, tan esto ya lo he visto que en dos temporadas estuvo fuera.

Podríamos pensar que en 2009, con el cierre de Raising the bar, Bochco se habría rendido a participar sólo como consultor, supervisando y escribiendo novelas, alejándose de la televisión de combate.

Pero la verdad es que en estos momentos se encuentra desarrollando una idea para Showtime, un proyecto ultrasecreto a medias con Chris Gerolmo llamado Church of Rock de la que poco se sabe y mucho se especula. Parece que aún tardaremos toda una temporada en descubrirlo pero mientras nos quedamos con una idea, y es que los viejos rockeros de la creación televisiva nunca se retiran.


Larguísima Duración

Se nos está haciendo larga la temporada a todos. Seguro que ya has comentado que este año seguir una serie se ha convertido en algo cansado e interminable y, sin duda, tu interlocutor te ha dado la razón. Y eso es por algo muy concreto: Es estrictamente cierto.

Tradicionalmente las series de otoño empezaban sobre la quincena central de Octubre, se extendían hasta navidades y paraban alrededor de año nuevo para pasar enlatadas hasta marzo continuando hasta mediados de Mayo.

¡Eh, espera! —Diréis. Entonces… Aún estamos dentro de fecha.

Algo así. Este año casi todos los programas terminan en las últimas semanas de Mayo así que van a durar algo más. También empezaron casi un mes antes, sobre la semana del 15 de septiembre. Es decir, en apariencia sólo se han estirado un mes y medio. Salvo que no ha sido así.

La temporada del famoso parón ha sido mínima este año, y lo ha sido por un motivo muy concreto: Las cadenas no se fían de sus programas.

Imagina que estuviéramos hablando de trabajadores. La cadena les tiene que dar vacaciones, ¡maldita sea si no se las han ganado! Pero,a demás, necesitan sustitutos para que hagan su trabajo. Y sí, quizá quede algún temporero que quiera volver a ocupar su puesto pero como están las cosas lo más fácil es que los recortes los hayan limitado a sólo un par mientras que el resto son inexpertos que no sabes cómo se comportarán. Así que el jefe mira a los reclutas y agarra la hoja con los números de teléfono de sus chicos preparado para llamarles a la mínima.

Cuando las cosas se juntan, se juntan todas a la vez. El año pasado las olimpiadas lograron disimular lo sucedido, pero la verdad es que los recortes han hecho que se solicitaran menos series de media temporada, que se estrenaran sólo las que parecían tener mejor pinta —¡santo cielo, cómo serían los proyectos abortados!— y que se cancelaran algunas series por motivos económicos o, simplemente, por las caídas de audiencias generalizadas de la televisión.

De manera que pasamos de años anteriores en los que había series haciendo cola a la espera de una fecha de estreno a tener un número muy limitado de series que más vale alargar.

Y ahí empieza el problema. Cierto es que algunas series que empiezan regular tienen así un balón de oxígeno, muy mal tienen que hacerlo para que las quiten a las primeras de cambio —lo que no evita desastres como The Paul Reiser Show— , pero sobre todo empieza una sobreexposición para evitar meter algo nuevo y que fracase. Igual que en el cine se va a lo seguro, en la tele sólo se abre algo la mano en los estrenos de otoño e incluso estos van siendo, bien más formulaicos, bien más basados en las estrellas detrás o delante de las cámaras.

De manera que una vez amarrada al serie y con unas cifras de audiencia fieles llega el momento de estirar el chicle. En lugar de varias semanas de capítulos nuevos se van alternando con repetidos de forma que el espectador ocasional rara vez sabe qué toca esa semana, se empieza antes y termina después, se vuelve del parón antes aunque sea sólo con un capítulo nuevo y un mes de repetidos, todo para que la gente note al continuidad.

El problema es que la gente se olvida. Se olvida de la serie, se olvida de las tramas, olvida en qué punto estaban los personajes y acusa el cansancio de ver las series en pequeñas dosis. Hasta el punto de que están logrando echar al público hacia otros canales más pequeños que sí emiten cosas nuevas. Porque esa regularidad en la novedad permite una intensidad dramática que se cargan las repeticiones y porque no hay asunto más ridículo que descubrir como la magnífica Justified —más os vale estar viéndola— terminará su segunda temporada esta semana, tras 13 capítulos, mucho antes que la gran mayoría de series que se estrenaron a mediados de septiembre hayan llegado a sus tres capítulos finales.

De manera que esa fatiga sólo se acabará cuando descubran lo que ya empieza a pasar con las series menos seguidas: La gente se olvida de ellas y su audiencia va cayendo. Además, la desconfianza en la novedad generalista se atenaza y frente a los buenos resultados de 2009 en 2010 apenas se han logrado series que regresen para una segunda temporada, mucho menos en 2011 que está viendo como los limitados estrenos se convierten en sangrías de espectadores.

Como siempre será la temporada de Otoño la encargada de redimir o condenar el resto del año pero no hay buenos augurios. Los estrenos de verano son mínimos y si bien la situación insostenible hace que se hayan solicitado más pilotos que el año pasado veremos cuántos se estrenan y con qué resultados, igual que habrá que ver cuánto aguantan series con un recorrido más que abultado como House, How I met your mother o Mujeres Desesperadas que tienen no ya sólo los signos de la edad sino, además, a actores aburridos con ganas de cambiar.

De momento este verano la cosa irá a peor porque las cadenas aprovecharán para reflotar los capítulos ya producidos de series canceladas para rellenar huecos y programando repeticiones de series que siguen emitiendo —sí, se están acercando al modelo español de nunca fuera de la parrilla— hasta el punto de que los datos para nuevos estrenos son ridículos.

Durante la temporada de verano tendremos 30 programas nuevos entre TODOS los canales. Es decir, entre los canales grandes la CBS no tiene prevista NINGUNA novedad este verano. La ABC tiene uno, The Hot Zone, sobre un hospital de campaña, que estaba previsto para su estreno en la temporada de invierno. Ese entrañable desastre llamado NBC es la que más tiene de las tres grandes con DOS estrenos que son programas que han ido retrasando su estreno, una de las cuales Love bites, no deja de ser una serie antológica romántica que sigue el modelo de Vacaciones en el mar o de Hotel para presentarnos un marco en el que cada semana habrá tres parejas en problemas resolviendo sus asuntos; la otra Friends with benefits lleva ya dos años en producción y varios cambios de reparto, así que se estrena más para poder cancelarla y dejar de perder dinero de desarrollo que por auténtica convicción.

Lamentablemente los efectos de esta táctica empresarial de sobreexplotación para aprovechar los éxitos y minimizar los fracasos que pasan por agotar un producto y minimizar los riesgos tendrán un efecto a largo plazo. Mientras tanto, con la situación actual y sin claras demostraciones en contra, esto es lo que tendremos que soportar. Así que si esta temporada se os ha hecho tan interminable como a casi todo el mundo ya sabéis, podéis echarle —también aquí— la culpa a la crisis.