Contratar a Kurt Sutter para montarte The Abandons (USA) y que acabe siendo una mezcla entre Yellowstone y El Secreto de Puente Viejo con sombrerones en lugar de pelucones del que acabas echando a Sutter por ‘diferencias creativas’ pese a que tengas a Gillian Anderson para hacer de Doña Francisca Montenegro vda. de Castro, La Paca. Y a Lena Headey lenaheadeyiando. Pero el centro del piloto es el que es -una violación, a estas alturas-. Y la deriva general… claramente necesitaba más culebrón desvergonzado y menos ‘ruido blanco para planchar’. La ropa o la oreja, tanto da. En fin, otra oportunidad desperdiciada por Netflix.

Quiero presuponer que detrás de este Estado de fuga 1986 (O)(CO) hay un interés real por dar una vuelta y hacer algo diferente frente al ‘más de lo mismo’ que teníamos por delante. Porque el punto de partida invitaba a eso, un suceso criminal real como base: una masacre en un restaurante en Bogotá en 1986. La historia en sí no parece tener mucho que contar: Un veterano de guerra mató a casi una treintena de personas. La clásica cosa de la que se culpa a los problemas mentales sin pararse a examinar de dónde venían o qué lo causaron. El hecho serviría para que el escritor Mario Mendoza se fijara en él para una novela que cinco años después se adaptaría a película, como una década más tarde al cómic y que ahora, casi veinticinco años después de ambas, tiene una nueva vida como serie. En el libro Mendoza presentaba una visión personal sobre aquel suceso. Aunque con nombres cambiados y, por supuesto, ficcionalizada en todo lo ficcionalizable, cuenta cómo había conocido al asesino  cuando ambos eran estudiantes universitarios, él era un joven impresionable mientras el otro era ya un veterano de guerra tratando de readaptarse y que estaba escribiendo una tesis doctoral. Quizá por ello la forma de presentarla es también mezclando momentos, buscando una extrañez y una rareza que muestra no solo lo desagradable en la sociedad, también ese caldo de cultivo para que el otro estalle. La pena es que pese a eso no logre evitar

Es ciertamente sorprendente cómo los países fuera de UK han decidido abrazar el ‘murder mystery’ de la peor de las formas posibles. Si hace unas semanas hablábamos de la insufrible This Is Not a Murder Mystery hoy nos toca sufrir The Artist (USA), que sigue una premisa similar de personajes más o menos conocidos como Edgar Degas (Danny Huston), Thomas Edison (Hank Azaria), Evelyn Nesbit (Ever Anderson) y su marido Harry Kendall Thaw (Clark Gregg) o Delphin Delmas (Zachary Quinto) acompañados de otros personajes inventados -asumo- interpretados por Mandy Patinkin o Patti LuPone. Pero da igual, porque ni los personajes pasan de cartones recortables ni los actores parecen poder sacar mucho de donde no hay, ni Patinkin lo logra. Todo n ella es farragoso, excesivamente lleno de personajes y tramas y, a la vez, demasiado lenta en lo que se supone que quiere contar. Para cuando llega la muerte ya da igual la gente, sus líos y sus personajes. Y lo único que pides es que se centren en hacer las cosas bien, no solo en hacerlas.

A veces tengo mis dudas con los pilotos surcoreanos. No sé si será una diferencia cultural -aunque siempre me parecen más cercanos a los españoles de lo que uno consideraría probable- o si es porque incluso en esta época de streaming sigue haciendo falta capítulos dobles para presentar las situaciones. Sea como esa este Jabaekui Daega (O)(CS), o 자백의 대가 o The Price of Confession o El precio de una confesión o…, tiene exactamente ese problema. Vemos a un matrimonio, vemos una muerte, vemos a una mujer afirmar ser inocente mientras el proceso la lleva a la cárcel… y para el final del capítulo resulta que no va de eso. O no enteramente. Sino de otra reclusa y lo que parece algún extraño acuerdo que quizá no sea un Extraños en un tren pero sí que parece un acuerdo que no va a ninguna parte ni tiene sentido alguno. Si esto hubiera pasado a mitad del capítulo y hubiéramos seguido viendo hacia donde querían conducir la serie probablemente le encontráramos más sentido. O, al menos, podría decidir con más conocimiento de causa si darle una oportunidad a más capítulos. Que si estuviéramos hablando de una serie de 40 minutos y no de una de 60 con tendencia a irse por las ramas tendría un par más casi seguro. En fin, el mundo moderno.

Curiosas son las vueltas que ha dado Ripple (USA), originalmente una producción para Hallmark+ pero Lionsgate -después de todo lo que les ha pasado- lo ha acabado vendido en USA a Netflix. Y probablemente por eso ha acabado siendo una serie con ‘buenos sentimientos’ y algo más de chicha de lo que Netflix suele ofrecer, aunque no tan original como ella misma se crea. Porque la idea de montar una serie de vidas cruzadas que van influyendo de manera más o menos inesperada las unas en las otras, como una especie de efecto mariposa múltiple, es algo que hemos visto hacer antes… pero con menos interés por la idea como un todo. Y aquí parece lo que más les importa. Fuera de eso, los cuatro personajes principales y sus intersecciones son agradables, se enfrentan a dramas razonables -además de los esperables ‘problemas del corazón’ también se habla de muerte y de distintas enfermedades, por ejemplo- a los que parecen buscar solución. No es un drama por el drama sino como obstáculo a superar o asumir. Y, como ellos, el reparto es gente que está ahí, que es más o menos agradable, y que tampoco hace mucho más probablemente porque no lo necesita. Me queda la duda de si realmente serán capaz de mantener todos estos impactos cruzados y -sobre todo- el que sean cuatro personajes centrales y no una pareja y dos añadidos. Pero bueno, al menos es una serie que está por encima de lo que Netflix suele ofrecer.

Una cosa que me está sorprendiendo de este año es la abisal calidad de tantas interpretaciones protagonistas. En el caso de Spartacus: House of Ashur (USA) no es ni lo peor. Lo cierto es que cuatro minutos de introducción haciéndote un resumen poco claro de que lo que pasó, para llevarlo luego a que como el protagonist que da nombre a la serie murió en la versión anterior en realidad es otra línea temporal que se remata por el susodicho despertándose y diciendo que ‘fue todo un mal sueño’… No me parece ni la más interesante, ni la más formativa, ni-desde luego- la más lógica de las maneras de comenzar una serie. Por supuesto esto tampoco es lo peor. Y mira que parecía complicado. Pero todo ello parece el resultado de haber visto Gladiator II y pensar Esto lo puedo empeorar yo.Y vaya que si podían. Unos efectos digitales que parecen peores que los de la original, el clásico tetas, culos y pitos e innovaciones como que todo parezca más cutre, que el guión parezca centrarse en que el Imperio Romano es lo suficientemente interesante de por si. Y cuando no lo es… ponen una pelea con enanos. Ese es el nivel.

Tanto dar vueltas y al final resulta que lo más interesante de la semana acaba estando en Hallmark. Vivir para ver. Pero es que aunque Twelve Dates ‘Til Christmas (USA) parezca tener un público muy concreto en realidad es algo así como una comedia contemporánea sobre el  mundo de las citas, con buenos sentimientos y un reparto secundario que parece centrado en mostrar que, efectivamente, se puede escribir una obra que sea romántica y sea de navidad sin que tenga que ser lo mismo de siempre. Aunque esté la presión por emparejarse y tengamos el resto de… vamos a llamarlo inevitabilidades, lo cierto es que comenzar con unos zapatos de plataforma empedrados en brillis, sigue con un giro a la ruptura de la cuarta pared y mantiene un humor que logra algo tan difícil como andar la línea entre lo agradable y lo ácido… es una forma de demostrar el tono, tema y estilo que pretenden continuar. Y, sobre todo, que quieren ofrecer algo diferente pero no algo que rompa con lo que el canal ofrece. Así que tenemos un reparto relativamente compacto, un par de personajes que entran y salen en estas citas y la sensación general de que son conscientes de todo lo que significa lo que están haciendo, pero van a buscarle la parte amable. Así que logra una buena serie, que no es poco.