¿Hay una competición en Netflix a ver cuál es la serie peor animada que logran sacar? Aunque una cosa puedo decir de Bass X Machina (USA)… la animación es mala… pero el doblaje… el doblaje es mucho peor… y luego ya la historia, que es una chorradita de western steampunk, y poco más que se pueda destacar porque la desgana con la que se hacen estas series tiene la consecuencia de que en el mejor de los casos son poco memorables… y en el peor… lo son para mal.

Como si esto fuera el resultado de un generador aleatorio de tramas, llega Campus Drivers (O)(FR). Creo que si fuera una sátira tendría más gracia. Es decir, todo el esqueleto narrativo y la presentación de personajes es tan genérica que hay una presentación en concreta -los amigos de él- que de puro ridícula se merece un aplauso. Pero hagamos primero un breve resumen para que veáis cómo de estúpido es todo: En una universidad exclusiva a la que una joven ha ido siguiendo a su novio hay una app de éxito (?) ‘Campus Drivers’. Se trata de una especie de programa para conseguir conductores sobrios para las fiestas, y son chicos con coches con más o menos estilo -de hecho, son los personajes de los que hablaba antes: cada uno de ellos va con un estilo y un coche a juego hasta puntos que parecen personajes de un videojuego divididos por clases (incluyendo el ir de un color a juego con el coche)- de entre los que destaca el creador y jefe. Nuestro protagonista, claro. Porque resulta que el novio de la protagonista es de la variedad ‘me viene mal tener novia en la universidad porque podría yo estar ahora mismo… practicando el duolingo con un montón de personas’. Total, que cortan. Y como vivían juntos la pone de patitas en la calle (?), que es lo que motiva que acabe en la casa del otro (??) pese a que no se acaben de llevar bien (???). No parece que nadie se haya molestado mucho ni en pensar, planificar o estirar esto. Parece mentira que cada semana tengamos varias series románticas asiáticas que demuestran cómo hay distintos acercamientos al estilo y cuando llegan las versiones europeas lo que nos ofrecen es: lo de siempre en varios colores, y en esas estamos, comparando estilográficas con bolígrafos multi-tinta.

Supongo que si algo hay que decir de este Demonzu Kuresuto (O)(JP), o デモンズ・クレスト o Devils’ Crest o…, es que es exactamente se podía uno esperar de una obra de Reki Kawahara -a quien ya hemos visto publicado por España cuando Planeta trajo Sword Art Online o Accel World– con una mezcla de realidad y fantasía que aquí funciona a tres niveles. Un mundo real al que se nos alude y que es una especie de ‘antes’ que veremos en ‘flashbacks‘, una ‘fantasía’ que ha parecido ser un breve ‘durante’ y que es el videojuego que han accedido a probar los escolares en cuestión…. y el ‘ahora’ que es el mundo después de que la prueba de ese videojuego saliera mal. Sí, un videojuego masivo multijugador virtual blablabla sale mal… y eso significa un ‘doblar la realidad’ en la que elementos de aquel han llegado hasta nuestro mundo… que ya no es tampoco nuestro mundo porque, en realidad, es una mezcla de ambos. Con los problemas tanto de ‘posesiones por entidades digitales’ como de los tropos habituales -en donde asumo que ‘si mueres en el videojuego mueves en la realidad’ será parte integral porque lleva siéndolo desde que empezaron a usar estas cosas-. Total, que si te van estas cosas y no te importa que el primer capítulo se dedique a la presentación de personajes y situación -y que podría haberse hecho por el estilo en un tercio de tiempo- pues bueno… seguro que hay a quien esta opción le parece interesante y no la enésima historia japonesa de ‘escolares a la deriva en un mundo que quiere -y va a- matarles’.

Poco hay que rascar en este The Greatest (USA), si a alguien le interesa un biopic poco inspirado y que nos presenta tanto los problemas de los padres como los que se enfrentó Cassius Clay / Muhammad Ali y que podemos resumir en: El Racismo. El racismo que le impedía entrar a un restaurante en el que se había creado un plato conmemorativo por la medalla de oro que ganó en las olimpiadas de 1960. El que destrozó la vida de su padre. El que le llevaba a reaccionar llevando a todas partes la medalla que había ganado, bien a la vista. En fin, que lo que os podíais imaginar que iba a ser esto… efectivamente, lo es. Supongo que según pasen capítulos habrá historias con lo de Vietnam y la conversión al Islam y todo eso. Pero que quede claro que aquí se sabe a lo que se viene.

Supongo que esto cuenta dentro de la parte ‘follones históricos’ más que ‘románticas’ pero lo cierto es que Jaehon Hwanghu (O)(CS) o 재혼 황후 o The Remarried Empress o La emperatriz divorciada o… tiene el alma de una serie diaria de sobremesa, porque todo el follón de que la emperatriz se encuentra con que su marido se ha enamorado de una foránea -por decirlo de alguna manera- y le pide el divorcio, pero ella solo aceptará si puede casarse con nosequién, otro emperador o algo… supongo que la idea es que esto pareciera una cosa seria de intrigas políticas, pero entre la factura y la forma de centrarse y contar -hay una escena ‘de merienda’ que es particularmente bochornosa- da la sensación de un proyecto escolar más que de una de esas series que están trayendo los servicios de streaming como si no hubiera mañana. Aunque supongo que el problema, como pasa con las inglesas, es que no todas pueden estar al mismo nivel.

No es muy conocida en España la obra de Avik Sarkar, un autor bengalí que sobre todo se ha dedicado a con ‘lo sobrenatural’ en el centro, fuera en ‘thriller‘, misterios, terror… el caso es que este Kauriburir Mandir (O)(IN) que nos trae Netflix (aunque sea en esa estrategia suya de ahora de ‘estreno internacional’ de lo que otras cadenas sacan en el momento en sus países de origen) es una adaptación que no sé yo cómo de lograda estará. Pero sí puedo hablar de la serie en sí, que tiene pinta que va a enfurecer a los seguidores porque si una obra tan pedestre como esta serie tiene tanta fama… Bueno, puede ser cualquier cosa. Pero sospecho que todo esto de un astrólogo -¿he mencionado que me fío lo justo de la traducción de Netflix?- que ve regresar a una mujer de su pasado porque la han hechizado y, a partir de ahí, decide irse a un pueblucho en el que claramente hay ‘secretos’… pues… Debería de haber salido bastante mejor que la cosa esta. Pero supongo que si están haciendo el mínimo posible es posible que el resultado lo refleje.

El problema principal de Letterkenny es parte de lo que hace tan insufrible I Kill The Bear (CA), el fondo de ese ‘podría ser el South Park canadiense’ pero con un fondo de excusa ridícula: un grupo de adiestradores de un oso que llevan 100 años en el negocio, pero que han decidido dejarlo porque ‘ahora las cosas son peores’. Y esa parte final es el problema. Vale, también el hecho de que el humor sea puramente adolescente y, a la vez, estén muy seguros de estar siendo rupturistas -vamos, adolescente de nuevo- es un problema. Pero el partir de la idea de que ‘ahora’ Hollywood es peor y hay más discusiones y es más difícil rodar… Creo que cualquier que tenga un mínimo conocimiento de lo que es y ha sido Hollywood huele la mierda que hay detrás. No les molesta cómo es Hollywood ahora, les molesta lo que se refleja en chistes como ‘en este Nuevo Hollywood quieren que a los pokémon solo les pongan voz pokémon‘. Una versión poco disimulada de las quejas cuando se pide que un personaje sea interpretado por la minoría a la que representa que finge no entender que no existen los vampiros, los hombres lobo o los pokémon, pero sí existen los transilvanos, o los cíngaros y, por supuesto, los correlatos de distintas partes del mundo. Por eso nadie se quejó del actor de doblaje de Detective Pikachu por doblar a Pikachu. Pero, para ellos, una minoría es tan real como un ser fantástico. Y merecedora del mismo respeto. Así que, al final, el oso puede servir para hacer chistes de caca. Pero el fondo tras los chistes… eso es lo que huele realmente mal.

Parece que los italianos han llegado ya a ese nivel de los británicos que no contentos con los documentales de ‘true crime’ y con los docu-dramas ya hacen incluso recreaciones. Este Melania Rea (O)(IT) no está muy lejos de un Estrenos TV o una de esas ‘basado en hechos reales’ que Hallmark o Lifetime -según si iba la cosa más por lo sentimental o por lo truculento- ofrecían los fines de semana… y que ahora también ofrecen, pero en menor cantidad. En fin, eso, un ‘hecho célebre’ recuperado ahora sin que parezca tener más que ofrecer que morbo.

Puf. Dedicar una serie como Palacio (O)(CO) -centrada en la Toma del Palacio de Justicia de Bogotá de 1985- requeriría un ejercicio de contextualización para entender y comprender los distintos bandos y lo que querían. También de mucha delicadeza para explicar lo que sucedía sin tomar suposiciones o decidirse por una versión concreta. Ninguna de esas cosas están aquí. Narrado como si fuera una película de catástrofes y enarbolando teorías más que descartadas -como que hubo un acuerdo entre las guerrillas y los narcotraficantes, algo que se ha usado siempre por el gobierno en su campaña de desprestigio- el resultado es antes una pieza de propaganda sentimental y torpe que algo que tenga siquiera una credibilidad histórica. Pero supongo que es exactamente lo que buscaban, no un error.

Aparentemente alguien en Polonia quería montar su propio Urgencias, lamentablemente Znieczulenie (O)(PO) se queda más que a medias. No solo porque los personajes están poco más que esbozados, además la grandilocuencia del accidente inicial -de trenes, id prevenidos- no logra tapar los múltiples problemas tanto con el personaje central como con sus acciones. Salvo, por supuesto, que decidamos aceptar que la situación iba a convertir aquello en un ‘vale todo’. No es menos cierto que la decisión de empezar ‘por todo lo alto’ puede servir al público que busque un cierto tipo de espectáculo, pero hace poco por interesarnos por el hospital y la gente que trabaja allí, porque un suceso así eclipsa lo demás, incluyendo eso que motiva el principio, ese hecho que ha dejado fuera de su puesto al doctor central del asunto -al menos central en este piloto-. Total, que si alguien quiere una marca blanca de Urgencias y le vale casi cualquier cosa… entonces sí. Si no… hay muchas cosas mejores a las que dedicar el tiempo.

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