Inexplicables reflejos preferenciales

Resulta difícil colocarse a propósito en una posición tan molesta y extraña. Pero me parece tanto interesante como necesario examinarlo.

Todo el mundo tiene gustos, preferencias y temas. No sólo cuando al periodista, crítico o reseñista de turno tiene que buscar de qué hablan autores u obras, también en nuestra conversación o a la hora de elegir ya sea el menú o un producto cultural.

No es algo malo, ni mucho menos. Siempre que uno sea capaz de separar su propia subjetividad — La peste del megustimo — y conceder a aquello que no sea de su agrado la calidad que tenga. Es decir, buscar un cierto objetivismo desde el inevitable subjetivismo. Un tema sobre el que podríamos discutir y reflexionar todo el día pero que no es lo que toca hoy.

Lo que toca es hablar del subjetivismo, de parte de él, por lo importante que son esas obras que te apelan directamente, te hacen target, incluso te hacen taget objetivo, que es lo que me ocurre a mi cuando veo Psych. Habla de temas y géneros que me interesan, con un envoltorio detectivesco que me place y un sentido del humor que me agrada. Episodios como los dedicados a Twin peaks, los culebrones sudamericanos o el reciente de edificios encantados bien merecen ese amor que intercambiamos. Cualquier día nos sacan unas fotos robadas en Baqueria.

Pero tampoco es ese el tema hoy. El asunto es que gracias a esos temas y preferencias encuentra mayores afinidades con algunos productos culturales. Da igual que sea la mencionada Psych, Dr. Who, Scooby Doo — seguro que no soy el único que espera con ganas la segunda temporada, el próximo 3 de Mayo— Sí, Ministro, o el Cacaolat. Y entre esas afinidades está para mí Dark shadows.

A continuación se suele esperar una bella historia rememorativa. A mi me sobran así que os lo ahorro. De nada.

He escrito varias veces sobre esta serie. Cuando se creó el foro de televisión de Dreamers allá por 1998 / 1999 —lugar del que quizá debiera escribir algún día— ya hablé de ella. Quedan algunos rastros en internet, por ejemplo cuando tuve que hacer una selección en ADLO! que la ponía como la serie más GENIAL! de todos los tiempos y, más recientemente, hará dos años y pico, en estas mismas columnas, cuando le dediqué una serie a los vampiros como protagonistas televisivos (notablemente fusilada sin enlaces ni respeto por la wikipedia española, sea todo dicho) gracias a la enorme figura que se convirtió en uno de los seres de la noche más exitosos y ayudó a levantar audiencias y pasiones: Barnabas Collins

A estas alturas apuesto que ya sabes de lo que toca hablar hoy. Efectivamente, de Tim Burton y sus películas. — ¿Han notado esta tendencia que tengo a meterme en campos ajenos con mis columnas? Qué útil es la televisión para eso, oigan — Concretamente su particular adaptación de Dark shadows de la que de momento sólo tenemos un trailer.

Sí, lo he puesto en español porque yo soy así, pura maldad. En inglés lo tenéis aquí

Ahora toca analizar esto desde tres puntos de vista.

El primero, como persona con parafilias que ha visto a Burton emprenderla con Irving, Boulle, Dahl, Sondheim y Carroll, lo único que puedo pensar es que temo qué pueda ser lo siguiente. Quizá sea Takamoto. — Estoy visualizando a Johnny Depp de Scooby Doo y Helena Bonham-Carter de Shaggy — Pero lo que me interesa más es… ¿Que necesidad había? Todas ellas son grandes obras, todas tienen un carácter muy marcado, y es lógico que decida acercar su mundo al de las obras que trata de abordar. Lo que no tiene tanto sentido es que decida cambiar lo que le da su singularidad. ¿Para qué necesita el nombre si no va a hacer caso al contenido?

Eso es, realmente, lo que me preocupa.

Pasemos a Alan Moore. Está muy mosqueado porque vayan a hacer una precuela de su Watchmen. También es el autor de obras como Lost girls o The league of extraodinary gentlemen que toma a diversos personajes clásicos, fundamentalmente de la literatura: antes, durante y después de sus apariciones en esas obras. ¿Cómo conjuga eso? Pues asegurando que el problema no es tanto que se haga —al fin y al cabo la intención original era hacerlo con los personajes clásicos de la Charlton — como la forma de manejarlo como propiedades empresariales. Cosas del barbas.

Por mi parte suelo encarar estas versiones como una admisión de falta de ideas por parte de los autores. Claro que también podríamos creer que tratan de ofrecer un punto de vista distinto, eso es de lo que llevan tratando de convencernos casi un año con los cuentos clásicos adaptados.

Como decía antes, en realidad el original está ahí para el que quiera volver a él. No hay que preocuparse por eso. Pero sigue sin tener mucho sentido que decida que una soap opera de ambientación gótica mutada en un loco culebrón lleno de apariciones paranormales con vampiro como protagonista deba mutar en… ¿una versión humorística de la misma? ¿Una simplificación tirando a bobalicona que coloca en el año de la serie desde el interno? O si lo preferís… ¿Otra?

Dejemos de lado la película de La familia Adams, que gran parte del humor se encontraba ya en las ilustraciones y las series, y vayamos a algunos otros ejemplos. De menos a más:

Creo que la falta de originalidad queda clara. ¿Vamos más allá? Bien, el primer exito del año —un decir, en realidad es Lorax pero finjamos todos ser webs especializadas y revistas del ramo— es está versión de 21 Jump Street

Volvamos entonces a la versión desprejuiciada e irónica que Tim Burton parece haber hecho. Y lo sé, no es buena idea aceptar estos prejuicios. Al fin y al cabo la definición de prejuicio del Webster es What’chu talkin’ ‘bout, Willis?

Pero regresemos al tema, ¿qué podría aportar a la original? ¿Qué busca? Porque no parece que haya una idea meta sólo porque lo actualice, para eso ya teníamos la película de Nancy Drew o incluso una adaptación de una conocida serie…

Así que lleguemos al final de la columna regresando a esa idea del espejismo de objetividad por encima de la subjetividad propia. La subjetividad dice ¿qué necesidad hay de este remake? ¿de esta orientación¿ y es la objetividad la que provee los ejemplos de que estamos ante algo poco original, sin ningún punto de vista nuevo que permita una relectura de la serie. Simplemente la usa como un muñeco para reírse de ella. No es que me preocupe, claro, en cualquier momento Michael Bay remakeará Eduardo Manostijera o Judd Apatow decidirá mostrarnos una lección con un nuevo Beetlejuice.

En realidad me preocupa más qué será lo próximo con lo que la emprenda, quizá le toque a Saki, a Bierce o a…

Dime, Tim Burton… ¿Por qué no adaptas esta otra excelente pieza televisiva?


Sabrosa Televisión UKesca

De entre las muchas cosas con mala fama de entre los ingleses, como su cuidado dental o la belleza de sus mujeres, está su cocina. Por lo visto la tosquedad de sus platos tradicionales contrasta en exceso con las delicadas gallinejas y los sofisticados callos, admés toda la herencia india se ve como algo ajeno, asimilado más por necesidad de, como decía la sentencia, tener algún sitio al que salir a cenar antes que como cocina propia, pues ya se sabe que las colonias son una cosa y la cocina autoctona otra, como os dirá cualquiera ya en el desayuno, tanto da que sea tomando un chocolate con churros o un pincho de tortilla de patatas y un gazpacho, no se pueden mezclar alegremente las cocinas propias y ajenas.

Quizá por esto, quizá sin relación, los programas ingleses de cocina tienden a buscar unas cualidades distintas de lo que los americanos hacen. Incluso aceptando ese punto en común de lanzamiento, esos programas para que el pueblo aprendiera a utilizar y mejorar el rendimiento de la comida racionada. Y a algo así se dedicaba Philip Harben, la primera figura que desde las ondas de radio primero y luego en su programa televisivo enseñaba a los ingleses medidas, maneras y procedimientos. Con cordialidad, sin duda, pero más centrado en los procedimientos que en los resultados. Fundamentalmente utilitarista. Al fin y al cabo estamos hablando de alguien que empezó en 1942 en la BBC, licenciado del servicio en la RAF por una herida en el ojo, su intención de ayudar a su país cristalizó en un programa llamado primero Cookery, luego Cookery lesson y ya en 1956 de manera más distendida What’s cooking

La respuesta temprana llegaría desde un punto y medio de distancia. En el punto opuesto, hasta tal punto que empezó en Nueva Zelanda. Puede que Graham Kerr naciera en Londres pero su vida fue agitada desde el principio, hijo de hoteleros que viajaban con frecuencia, incluso fuera de Reino Unido o Europa, a la vez que iba recibiendo entrenamiento en estos menesteres, facilitando que ya a los quince años lograra un puesto en un hotel o que a los veinte fuera General Manager de otro. Y así acabó llegando en 1958, con 24 años, a Nueva Zelanda para ocupar el puesto de Jefe de Catering de la Real Fuerza Aérea de Nueva Zelanda. Su forma de entender y practicar la cocina le empezó a dar notoriedad, empezó a publicar en prensa, a colaborar con la radio y a hacerse un nombre en el pequeño país. Así que en cuanto pudieron lo reclutaron para la aún joven televisión neozelandesa. Su éxito llevó a un segundo programa en… Canadá. Programa de gran éxito que le llevaría de nuevo a Inglaterra. A ratos, eso sí, que como decimos Kerr no sabía estarse quieto.

El programa, vivo reflejo de las inquietudes de su presentador, se llamaba The Gallopin Gourmet —Resulta tentador traducirlo como galopín, ¿verdad?— e incidía en el hedonismo, quizá incluso en la sensualidad de una buena comida. El inquieto Kerr abanderaba una corriente que pronto sería fundamental en la televisión gastronómica inglesa, la de los que consideran la comida como un placer y creen que hay que buscar y disfrutar de las sensaciones que provoca. No se trata de un inevitable que conviene ejecutar con destreza como parecía entenderlo Herben, ni de la comida entendida como refugio y recompensa como parecen empeñados en vender ahora los americanos —como veremos en unas semanas—, sino de la comida entendida como placer.

También a Kerr le acusaban de usar —y abusar— de la mantequilla, la nata o el vino, todo ello mientras defendía un estilo de vida que estaba cerca del bon vivant y que, lamentablemente, acabó encontrándose con un problema mayor. En 1971, mientras conducía con su mujer por California, un accidente de coche estuvo cerca de matarlos. Su mujer, la más afectada, tuvo graves problemas médicos a consecuencia de ello y el mismo tuvo inmovilizado un brazo durante gran parte del año posterior. Cuando regresó a televisión tres años más tardes algunas cosas habían cambiado en él, la principal era que se había convertido en más reflexivo, menos saltarín, la segunda era un renovado interés por la religión, el tercero un gusto por la vida aún mayor, aunque expresado de manera diferente, ya no era tanto un asunto de excesos como de sabores. En 1986 empezó, incluso, a dar recetas con poca grasa a favor de mucho aroma, textura, sabor, en fin, la búsqueda de algo que estuviera aún delicioso pero no por la vía fácil. Una década más tarde incluso intentó con poco éxito aplicar su experiencia en promocionar las comidas vegetarianas. Esta auténtica institución en la cocina televisiva, al que se pudo ver realizando un Concierto de cocina junto a Julia Child a mediados de los noventa, y que a día de hoy sigue vivo aún, fue muy importante para el medio. Tanto que cuando en 2002 la BBC decidió hacer un documental sobre cocineros televisivos clásicos él fue uno de los dos elegidos. ¿El otro? Fanny Cradock

La evolución de Fanny es casi tan compleja como el personaje en sí. Ya su infancia y juventud fue tumultuosa, con unos padres siempre en movimiento por los problemas de dinero de sus padres, o casándose por primera vez a los 17 años en 1926. Antes de que pasara un año estaba embarazada y, más importante aún, viuda. Su marido murió en un accidente aéreo, sus abuelos se ocuparon del niño y así Fanny quedó libre de nuevo para.. bueno… quedarse embarazada antes de un año. Rápidamente se casó con el responsable aunque antes de un año se habían separado ya y, de nuevo, se quitó el niño de encima que, en esta ocasión, fue a vivir con su padre y su familia. Fanny tardaría once años en volver a casarse, esta vez sin quedarse embarazada aunque, eso sí, duró sólo ocho meses. Así que, ¿no pensaba Fanny sentar la cabeza? ¿O se volvería a casar? Esta vez no hubo problemas porque porque conoció a John Whitby Cradock, Johnnie. Que era Mayor —en el sentido militar del término— e, incidentalmente, casado y padre de cuatro hijos. Que no le evitaron dejar a su familia por Fanny. Y esto, señores, es el inicio.

Pronto se trasladaron a Londres y allí tuvieron la oportunidad de ir poco a poco, entrar a trabajar en restaurantes, familiarizarse con la obra de Escoffier y comenzar a ascender hasta lograr una columna en el Daily Telegraph y, a continuación, comenzaron a… actuar en teatros.

Sí, en serio. Durante los años ’50 Fanny y Johnnie se dedicaban a… autoparodiarse, eran una pareja en la que ella era una mujer dominante que cocinaba, allí, en directo para la audiencia, acompañada por su marido borrachín y no muy útil. La comida realizada se servía luego a la audiencia. Y era un éxito. No sabemos si por que la entrada incluyera la cena, o por los trucos escénicos que incluían falsos acentos franceses y disquisiciones sobre la grandeza de la comida inglesa —sí, bueno, se basaba en Escoffier pero luego aseguraba que lo importante eran las raíces… ¿quién sabe?— Así que el número del Mayor & Mrs. Craddock pronto saltó a las pantallas. Daba igual que ellos no estuvieran casados, Fanny pasó a ser para el resto de su vida Fanny Cradock.

Una vez en televisión el resultado era… extraño. Ella cocinaba, sin duda, y enseñaba trucos para decorar y servir. Mostraba su cocina de mezcla con influencias francesas que ella negaba y, además, incidía una y otra vez en lo barato que era su estilo, sus recetas, sus soluciones. pero, claro, era 1956, aún se dejaban sentir algunos coletazos de la postguerra. Mientras tanto Johnnie estaba allí, generalmente para ejercer como un pinche bienhumorado con un aspecto excéntrico, y por excéntrico quiero decir que llevaba blazer y monóculo. Sí, monóculo. Por si fuera poco, según avanzaban los años Fanny se volvía más excéntrica, con unos vestidos cada vez más chillones y unos maquillajes más extremos que iban a juego con una extraña manía de usar colorantes en los platos y coronar con remolinos de crema o demostrar su habilidad con la manga pastelera… Pronto comenzaron las imitaciones, desde Los dos Ronnies a Benny Hill la parodiaban de cuando en cuando. Sin embargo el ser la Carmen Sevilla de la pantalla inglesa no negaba su impacto e importancia, jugando un papel a medio camino entre lo que era en USA Julie Child y lo que sería*Martha Stewart*. Así que podría haber durado siglos en televisión. Pero…

En 1976 un ama de casa, Mrs. Troake, participó en un programa llamado La Gran Ocasión en el que, tras vencer en un concurso de cocina, tuvo la oportunidad de servir una gran cena a una audiencia especial. No sólo eso, además iba a contar con el asesoramiento de la famosa Fanny Cradock. Lamentablemente las ideas de Fanny, tan locas como de costumbre, incluían convertir el postre que la chica había decidido, una sencilla crema de café, por una de las alegres monstruosidades de Franny. El resultado fue sencillamente desastroso. Franny fue, además, públicamente acusada de ser la causante de la desgracia de esa pobre mujer por su forma de ser y sus ideas. Bueno, y quizá también por esto:

El resultado fue que Fanny Cradock vio rescindido su programa, aunque seguiría pareciendo aquí y allá durante un tiempo. Su figura pública pasó a añadir una nota de terror a todo su estrafalario aspecto y varias obras se publicaron tratando de explorarla. Su inexistente relación con ambos hijos, que se acabara casando con Johnnie Cradock sin molestarse en divorciarse del segundo marido — sí, el segundo, fue bígama dos veces — o que acabara de arreglar ese documento de boda mintiendo en su edad… Todo eso llevó a una serie de obras que incluían una representación teatral y dos telefilmes, el segundo una adaptación de la obra de teatro con Julia Davis y Mark Gatiss en los papeles principales emitida en 2006, y dejando una impresión de mujer controladora y dura que parece incluso mayor de lo que realmente pudiera haber sido. Al fin y al cabo la obra incluía frases jamas demostradas en las que continuaba metiéndose con la pobre Mrs. Troake

Desde una perspectiva moderna su extraño estilo sólo parece la mitad de la historia y esa idea de un chef que humilla y abusa verbalmente de un cocinero… ¿Qué contemporáneo, verdad? Quizá el problema fue que también en esto fue una pionera, y que era más fácil culparla a ella que a la BBC por no editar la cena. Si Simon Cowell pudiera la contrataría para X-Factor. Y seguro que lleváis un rato pensando en cierto chef y preguntándoos si ahora saldrá a colación. Pues tranquilos, que aún le falta un poquito…

Mientras tanto vamos con la continuadora más famosa de la cocina en televisión. Que reconocía la inspiración —culinaria sólo, eso sí— de Cradock y se situaba en la línea entre Importancia de la técnica y Hedonismo del resultado, en una escala que podría ser HarbenCradockKerr, entre los dos primeros. No es que no disfrute o no piense que el resultado final es importante pero está claro que Delia Smith es una devota de la técnica, y no admite tonterías.

Pronto ocupó el trono de más importante cocinero televisivo y se paseó por programas infantiles para hacer recetas fáciles, sencillas y saludables, o preparó un curso de cocina televisivo, y creó lo que se llama el Efecto Delia al implsar las ventas de ingredientes poco vendidos o reconocidos que tras ser aprobados y utilizados por ella en varios platos se convertían en superventas y elementos de uso común en las casas. No sólo eso, también pudo lanzar una serei de lbros espirituales con reflexiones sobre la vida y la religión. Muy americano todo pero no tan interesante.

Hablando de lo cuál, no podemos olvidar a Rick Stein, continuador de la tradición del travelongue que inició en UK durante los ochenta —y siguió practicando hasta casi su muerte en 2009— el chef Keith Floyd que mostraba con humor las cocinas del mundo. Stein por su parte es otro de los siesos que ha logrado gran preminencia sin realmente enterarse de demasiado. Si bien su figura es más secundaria que controvertida resulta difícil no reírse viendo, por ejemplo, su paso por España:

Pero expliquemos cómo ha ido evolucionando el negocio de la televisión gastronómica: Primer fue la aparición en 1996 del Carlton Food Network, un canal de televisión digital centrado en la cocina en la que se reunían los programas de cocina emitidos por Carlton Television, un canal asociado a la ITV que operaba en la región de Londres y colindantes, su asociación con ITV servía para incluir también algunos de sus programas de cocina en la oferta. Lamentablemente no tuvo mucha suerte y en cinco años desapareció de la sintonía. Aunque no quedó mucho tiempo vacío el hueco, en unos meses UKTV sacó el canal digital UK Food, yno sólo eso, a penas una año después, en 2002, la BBC convertía su canal BBC Lifestyle en BBC Food, aprovechando el auge de nuevos cocineros televisivos así como el fondo documental de la cadena. Sin embargo para 2008 se decidió que el canal volviera a su denominación —y programación— anterior. Mientras UK TV, una asociación de la BBC con Thames primero, Virgin después y desde el año pasado Scripps Networks Interactive —sí, los mismos que son dueños del Food Network USA— ha mantenido el UK Food reconvertido desde 2009 en Good Food.

Como suele suceder en estos casos los cocineros crean el canal, y el canal a los cocineros. Así que parece obvio que algo ocurrió en los años ’90. Quizá fuera el programa Hot chefs que recorría las islas mostrando a los más destacados cocineros… aunque al final el principal beneficiado fuera Gary Rhodes, o por los múltiples programas que trataban la cocina desde un punto de vista de un concurso, programas que sirvieron para hacer destacar a Ainsley Harriott y de los que ya hablaremos más adelante.

Para 1996 ya había todo tipo de chefs por la pantalla, la mayor parte de encimera, unos pocos de viaje y algunos más empeñados en buscar un espectáculo televisivo que en cocinar o mostrar algo, como fueron primero las Two Fat Ladies y después The Hairy Bikers.

¿Qué? ¡Claro que no me lo estoy inventando! ¡Eran sus nombres! Echad un ojo:

¿Qué? ¿Acaso no eran autoexplicativos y ajustados?

En cualquier caso, a mediados de los noventa aparecieron dos cocineros que recuperarían algo que parecía olvidado, el espíritu hedonista de Kerr que buscaba convertir la comida en algo más cercano a una celebración del sabor que en un proceso casi mecánico con resultado feliz. Estos dos chefs, creadores de una corriente, a la que luego se irían sumando otros cocineros y -famosos_ como Sophie Dahl, son obviamente Jamie Oliver y Nigella Lawson.

Que Olivier es uno de los cocineros más destacados de la televisión en la actualidad es algo que no creo que se nos escape a nadie. Que lo es por su presencia televisiva tampoco creo que tenga mucha discusión. El lanzamiento de su primer programa —tras su descubrimiento en un reportaje documental sobre el restaurante en el que trabajaba en 1997, con 22 años, como segundo chef — con el título de*_The naked chef_*no fue, desde luego, el más sutil de los movimientos posibles. La idea era, por supuesto, que el título se refiriera a la simplicidad de los platos de Olivier.

Porque desde el principio abogó por la naturalidad, por eso tan inglés del jardincito con huerto, y la mezcla de comida con sabor. Aunque debe decirse que los reparos que puedan crearse al verle cocinar, añadiendo jengibre a la mínima, mezclando ingredientes de sabor potente con profusión y siendo incapaz de lavarse las manos, o no meterlas entre los ingredientes, que parecieran haber causado entre cierto público algo de… rechazo. Para luego ganárselos no como cocinero ni por la parte más celebrativa de su cocina, sino por su empeño en hacer las cosas bien, dejándose el dinero y la fama si fuera necesario, con sus programas para que los niños aprendan sobre alimentación, conozcan los ingredientes, incluso que sepan cocinar algo. Ciertamente el no cocinar —o no querer, o no poder— es sólo parte del problema. La otra mitad a la que quizá habría que haber prestado atención era la problemática monetaria: La falta de ingredientes frescos accesibles frente a las baratas comidas procesadas —incluso sin la marca Soyleent Green— o que algunos ingredientes básicos como los huevos puedan prácticamente doblar su precio en tres semanas. Pero, una vez más, de todo esto y de los esfuerzos de Olivier hablaremos en otra semana.

Así que vamos con la menos conocida aquí Nigella Lawson, hija de un miembro del gobierno Thatcher y una de las herederas del imperio de restaurantes, bares y hoteles J. Lyons, desde pequeña creció apreciando la cultura y la gastronomía lo que le permitió a su salida de la universidad encontrar un trabajo como crítica literaria y culinaria para The Sunday Times, periódico del que llegaría a ser deputy literary editor —es decir, la segunda al mando de tratar con los problemas de escritura del periódico desde un punto de vista literario del periódico— a mediados de los ochenta. Sin embargo pronto decidió pasar a ejercer como freelance mientras preparaba un libro de cocina que acabaría saliendo a finales de los noventa.

Su primer libro, How to eat, se centraba ante todo en trucos para cocinar, para evitar desastres y ganar tiempo, no tanto recetas en si. Con How to be a Domestic Goddess ya entraba en materia, con bastante humor y una aproximación más cercana, menos preocupada en esto se hace así que en esto tiene que quedar así, veamos juntos cómo lograrlo. Ambos libros se convirtieron en éxitos que facilitaron una exposición pública —si bien ensombrecida en sus motivos por su posición social y lazos familiares— que llevaron al punto que nos interesa: Su carrera televisiva.

Empezando por Nigella Bites en el año 2000 y continuando por múltiples programas desde entonces, incluido un fallido programa de entrevistas, Nigella se ha convertido en una de las cocineras estrellas de la televisión británica. Aunque debemos reconocer que siempre se ha negado a que se la llame chef, por carecer de experiencia o titulación, por dar una idea de mayor cercanía, de ser alguien que hace cosas normales de hacer en una casa, y porque su posición central —tal y como demuestran sus libros y programas— es el de comedora. De ahí las críticas —algunas positivas— que señalan que su estilo flirteante y sus excesos en la presentación y descripción de los platos hacen que esté más cerca que ningún otro cocinero de la tele del porno, aunque sea ese concepto del porno culinario.

Su éxito en UK vino acompañado de éxito en USA, y allí acabó dentro del saco de la Comfort Food. Es indudable que la idea de cocina que vende Nigella tiene parte de una base diferente pero que se pueden lograr puntos de encuentro entre ambas, la cocina de celebración, sencilla, voluptuosa, que te hace sentir especial logra con ese estilo acercarse a la cocina que te sirve de mantita. En cualquier caso, Nigella sigue representando a una de las abanderaada de ese movimiento hedonista en la cocina que, además, logra estar alejada de la idea de comfort food americana extremadamente grasienta, y más de la cocina sencilla y desnuda de Jamie

Sin embargo el futuro de la cocina televisiva pasaba por esos programas concurso y por su evolución de la mano de los americanos y, sobre todo, del cocinero al que lleváis toda la columna esperando ver nombrado. Lo que pasa es que aún os faltan semanas, casi un mes, para leer por aquí sobre Gordon Ramsay. De él y del segundo mejor cocinero del mundo, Heston Blumenthal, hablaremos más adelante.


Desvanecido Humorismos Peligrosantes

Cuando el humor era peligroso.” ¿Buen título, verdad? Para un documental o un libro, algo similar. Y, sin embargo, no existe. Aún. Pero lo peor no es eso. Lo peor es que difícilmente podrá centrarse en la actualidad. ¿Qué humor es peligroso hoy en día?

A principios de año, mientras pensaba en algunos temas que quería tratar cuanto antes en esta columna, me encontraba recordando el anuncio de Campofrío mientras leía sobre un proyecto cercano de David Steinberg para el canal Showtime. El proyecto se llama Inside Comedy y consiste en veinte minutos a rellenar con entrevistas a diferentes cómicos, desde Don Rickles a Sue Lynch pasando por Garry Shandling o Jerry Seinfeld. Desde episodios repartidos entre tres cómicos, como el de Billy Crystal / Martin Short / Brad Garrett hasta los monotemáticos con Chris Rock o Larry David.

Pero Steinberg estaba presente de más maneras, no sólo en esta faceta o como secundario, guionista o director de sitcoms, además aparecía entre los irresponsables que había logrado que la CBS decidiera que lo mejor para todos era retirar de la parrilla The Smothers Brothers Comedy Hour tal y como se relataba en el libro que estaba leyendo en esos momentos Dangerously Funny. Porque resulta que hubo un momento en que el humor fue peligroso.

Espera un momento, precisamente Sarah Silverman, otra de las entrevistadas por Steinberg, contaba en su entrevista cómo su charla TED nunca fue subida a internet. Las TED, o TED talks, son una serie de charlas auspiciadas por una organización llamada Technology, Entertainment, Design (Sí, TED) que quiere difundir ideas. Pretenden cambiar el mundo y reúnen a personalidades de todo tipo para que den su visión, hablen de algún tema o divulguen los asuntos que creen que pueden ser interesantes. Y si bien algunas pueden ser más superficiales o más recreativas que formativas el nivel general es sorprendentemente alto. Además, como parte de una idea para difundir esas ideas, se encuentran a libre disposición de todos en internet todas ella. Bueno… Casi todos. Resulta que la charla que dio Sarah Silverman se consideró demasiada extrema, demasiada fuerte… ¿para internet? Parece poco probable. Digamos, más bien, para que se pudiera asociar su nombre al de TED. Así que ya veis, desde 1969 a 2010. Parece que aún puede haber humor peligroso.

O quizá salten de inmediato las diferencias. Primero las más leves. Como que los Smothers tuvieron el apoyo de los periódicos y las revistas contraculturales de la época. Ahora los periódicos suficiente tienen con lograr que alguien los lea, y con seguir ejerciendo como la voz de su amo de sus consejos de administración y anunciantes. En cuanto a la escena contracultural… bueno, quizá quede algún vestigio en papel de las revistas de entonces pero si admitimos que pudiera quedar algo parece más fácil que fuera en Internet.

Lo que nos lleva a la segunda levedad. La existencia de otros medios como Internet o como los canales alternativos, del cable en adelante, que permiten decir a Bill Maher que los tiempos han cambiado para bien. Y que él había logrado seguir en la televisión cuando perdió su programa en ABC. Pero, claro, no es lo mismo la importancia de un canal de televisión mayoritario —no digo entonces, cuando sólo existían esos, digo incluso ahora— o los problemas de publicidad y caducidad en Internet.

Pero sí, al menos existen alternativas con mayor difusión que un par de hojas xerografiadas y televisión monolítica, el problema es que no parece que haya salido tan reforzado con ello la libertad de expresión como podríamos creer. Se ha reforzado la impresión de libertad de expresión, más bien. Al fin y al cabo los americanos tienen una televisión en la que aún hay palabras y temas más que vetados lejos, y mucho, de esa teórica libertad de los canales de cable que, en realidad, tiende más a favorecer el sexo y la violencia como reclamo por ser algo que no se puede encontrar en los generalistas. —A ver si os creéis que internet le ha hecho daño a la televisión sólo con vídeos de gatitos—

Podríamos incluso hacer un poco de memoria. Volvamos a los Smothers y aprovechemos para traernos a un antiguo odiado de esta columna ya puestos. Cuando los Smothers hicieron botar la televisión conectando con un público que acabó siendo más reducido aunque más joven, lanzando a los programadores una idea: ¿Y si hay que renovarse? ¿Y si la audiencia a la que hay que prestar atención es esa? Motivo por el cuál nuestro villano entró en la CBS en tromba, decidido a acabar con esos programas rurales que tanto éxito tenían, con esos vaqueros que tan de moda estaban, y convertir la cadena en algo más urbano, más joven, trayéndonos a The Mary Tayler Moore Show y All in the Family lo que acabaría contribuyendo a hacer avanzar la televisión. Pero de todo esto, igual que del malvado Fred Silverman, ya hemos hablado por aquí antes.

¿Está tomando notas de los canales de cable o de internet? ¿Ha avanzado algo la CBS desde la última vez que le dieron un meneo, cuando la FOX abrió el tablero pero cambió las reglas? ¿O parece más centrado en desevolucionar las series que les van funcionado y enviar lejos las otras para mantener su propia ilusión de superioridad?

Fijémonos en otro detalle interesante, la diferencia en la peligrosidad de la ofensa de los primeros, cuestionando el sistema, los poderes establecidos y a su propia cadena, que no está nada mal. Mientras que Sarah Silverman se atrevió a hacer su papel cómico acostumbrado de humor incómodo, parodiando las propias charlas, sí, pero causando la conmoción y la desazón no por ello sino por el motivo elegido, la parodia inmisericorde de ese mismo buenismo que impregna parte de esas charlas, esa idea de los deseos para un mundo mejor, en una mezcla de deformación turbia del narcisismo inminente en la exposición de una propia grandeza y su capacidad para hacer humor con temas que parecen delicados. Capacidad demostrada de sobra en… televisión. De hecho, resulta difícil pensar que su charla para la TED no pudiera ser emitida dentro de un capítulo del Sarah Silverman Program en Comedy Central. ¿Cómo es posible que internet se quede por detrás de la televisión? ¿Quizá proque el problema en sí no es realmente el medio que distribuye sino la persona detrás impulsándolo y respaldándolo? No se trata de que una cadena no quiera que la unan a ello, a Comedy Central no le importa que se asocie su nombre con el de Silverman, como no le importa que lo hagan con South Park o los roast —pese a lo cuál entre los programas emitidos y los de dvd, como también hemos dicho ya, parece en ocasiones que los de la tele no son más que trailers — una asociación con la que, sin embargo, no se sentiría contenta en absoluto una organización progresista como la que organiza las TED.

Así, de una megacorporación a un grupo filantrópico. Y aún con eso podemos dudar si existe el humor peligroso aún. Porque, ¿dónde lo veríamos? ¿en qué momento lo podríamos separar del que es simplemente duro con los contrarios pero complaciente con los suyos? El dibujante de cómics Gary Trudeau, autor de una de las obras que mejor explicarían las últimas décadas estadounideneses, Doonesbury, acaba de tener problemas por algo tan sencillo como exponer una situación real. El gobernador de Texas y ex-candidato a la elección por los Republicanos para enfrentarse por la presidencia contra Obama^, Rick Perry, ha aprobado una serie de reformas legales para las mujeres que tengan que abortar que se enfrentarán ahora a una auténtica ginkana de humillación, vergüenza y remordimientos antes de poder hacerlo, incluso aunque se trate de víctimas de violaciones. Entre las pruebas están exámenes intrusivos o confrontación con imágenes 3D de lo que quiera que se encuentre dentro de sus cuerpos. Convertirlo en el tema de la semana, denunciarlo gráficamente —aunque no tanto— y cuestionar estos métodos ha supuesto la retirada, total o temporal, de Doonesbury en multitud de periódicos. Aunque lo que más me interesa es la idea que ha tenido el Standar Examiner de sustituirlo por repeticiones en su versión en papel y subir las tiras controvertidas en la edición por internet. La forma más directa de reconocer que uno de sus públicos se ha quedado antiguo que se me pueda ocurrir.

Así que volvamos al principio. Y tratemos de no preguntarnos ahora más que una cosa; ¿queda aún hueco para un humor peligroso? ¿Contra quién? ¿Dónde? Y, ya puestos, ¿encontraría lugar en la televisión?

[Efectivamente, no he hablado de España. En primer lugar porque el humor está bastante estancado, en segundo porque decidir que algo es peligroso aquí me parece incluso más complicado, y, sobre todo, porque todos sabemos que lo que aquí se lleva es dedicarnos a usar fiambres para ganar dinero, como Campofrío. En España lo peligroso sería quedarse sin sentido del humor para aguantar.]


Principales Comidillas Televisivas

A veces las noticias modifican nuestra vida más allá de lo que hacen los propios objetivos. La primera vez que retrasé esta serie de columnas fue por una noticia —la del cierre de Megaupload— y ahora me encuentro habiendo cambiado de orden dos columnas, esta y la inmediatamente anterior de la serie, por la publicación de un libro. Pero, al fin y al cabo, las noticias están en el mismo origen de los canales temáticos televisivos. Concretamente del primero de ellos.

La especialización de canales que llegó a Estados Unidos durante la década de los ochenta, gracias en gran parte al éxito de la MTv cuando aún era temática, facilitó la creación de otros canales centrados en un nicho específico. Y eso le dio una idea a Reese Schonfeld.

Schonfeld era un periodista, licenciado en la Universidad de Columbia y con una larga carrera en los noticieros, en 1975 creó la ITNA, una empresa que servía noticias vía satélite de manera independiente a las cadenas de todo el mundo. De ahí pronto le surgió una idea y para 1979 logró convencer a Ted Turner para lanzar la Cable News Network o como fue conocida desde entonces: CNN.

Primer presidente del canal, apenas un par de años, pasó a ayudar con más servicios de noticias y puso en marcha varios canales temáticos, el primero de los cuales fue de nuevo con Ted Turner, el International Business Channel, para principios de los noventa había lanzado entre otros el Medical News Network y tenía lista una reunión más.

En 1993 se reunió con Trygve Myrhen, en esos momentos director de The Providence Journal, y juntos convencieron a un par de inversores y cadenas de medios entre las que destacaban Cablevision o el grupo Tribune de Chicago, que proporcionaría el músculo tecnológico para permitir las emisiones, para lanzar The TV Food Network o como luego se llamaría Food Network. Con el paso de los años Schonfeld —culo de mal asiento que lo mismo aparece en la directiva del Culture Change Institute que se abre un blog en The Huffington Post — dejó primero la junta directiva y acabó vendiendo su parte a la empresa de contenidos E.W. Scripps Company, creada a finales del S. XIX y centrada en estilo de vida, propietarios por su empresa centrada en la televisión, Scripps Networks Interactive que incluye el Travel Channel.

Durante esos primeros años los programas de encimera, los famosos instructionals, eran los que mandaban. De ahí la necesidad de crear un plantel de estrellas de la cocina. O, en su defecto… Emeril Lagasse como gran estrella, antiguo chef por cuenta ajena, vivía el éxito de la apertura en 1990 de su restaurante en Nueva Orleans, Emeril’s —ya, no se suelen matar con los nombres, no—. Su aparición en el antecedente de todo esto, el programa de la PBS Great Chesf —que luego iría parar al Discovery Channel— demostró a los productores que tenían a alguien con talento para el espectáculo. He incluso sus propias coletillas, como kick it up a notch o…

Y si no sabéis cómo medir su popularidad fijaos en esto:

Futurama

Efectivamente, Elzar de Futurama está basado en Emeril.

Junto a él empezaron otros cocineros más o menos conocidos como el francés Jacques Pepin —que llegaría a cocinar en la PBS con Julia Child—, Donna Hanover —que llegaría a ser Primera Dama de la ciudad de Nueva York— y unos pocos más que, sin embargo, no lograron darle todo el empuje que el canal requería.

Sobre 1995 comenzaron a cambiar cosas, Emeril empezó con su programa diurno Emeryl Live! de mayor éxito que la nocturna y contrataron a otros dos cocineros Mario Batali y Bobby Flay. Flay se caracteriza por dos cosas, dedicarse a la carne asada a la manera rústica y poner su nombre en los programas cada vez que puede. Tras años de extrema sencillez en sus recetas y participación en Iron Chef primero y Worst Cooks in America después (Tranquilos, ya hablaremos de esos programas… otro día) ha logrado convertirse en una de las caras del canal. De Batali ya hablamos hace un par de semanas por su participación con Paltrow en el viaje por España. A su favor cuenta haber empezado desde abajo, tomó clases en Le Cordon Bleu hasta que se aburrió de la lentiutd de su método y entró en una cocina profesional como limpiaplatos. Fue subiendo de categoría y cambiando de restaurante con rapidez y pronto abrió su propio restaurante. Con un estilo visual… ahm… extravagante, se especializa en la cocina de Italia, sobre todo en Molto Mario y el programa gastroturismo Mario eats Italy, actualmente co-presenta con gran éxito The Chew… Y también de eso hablaremos.

Para rematarlo pusieron en marcha en 1999 Good Eats en el que Alton Brown unía la ciencia, el humor y la cocina en un programa más que curioso que usaba la idea de ser didácticos y bienhumorados.

Ese fue el punto de entrada de otros programas como los de viajes de Bourdain o Rachel Ray, luego reconvertida a presentadora de talk shows. El asunto es, claro, que se dieron cuenta de que otro tipo de programas eran más atractivos para el público. Y les faltó tiempo para ponerse a ello.

No por ello dejaron de sacar presentadores épicos. Gente como Ina Garten, la Barefoot Contessa, siempre tratando de colarse en fiestas ajenas y evitar que su marido robe algún alimento en la cocina. Une experta en cocina de fiesta, como os podéis imaginar de alguien que es MBA en Dirección de Empresas y trabajaba en la sección de Política Nuclear de la Casa Blanca antes de pasarse a la comida. Hasta que se cansó y decidió montar una tienda centrada en la comida. Gracias a lo cuál puntuó para el canal y pudo entrar a preparar recetas en sus fiestas como esta Paella sencilla de bogavante

La mentada en la columna anterior, Giada De Laurentiis, sobrinísima y curioso cruce de cocinera con Predator que gusta de lucir acentazo y que tiende a presentar programas de cocina italiana. Estudió en Le Cordon Bleu , trabajó en los fogones a las órdenes de Wolfgang Puck antes de pasarse al estilismo de cocina y ahí fue cuando la reclamó Food Network.

Guy Fieri por su parte podría parecer la parodia que de él hacen en el SNL. Auténtico hombre espectáculo, cualquier podría pensar que es más fácil verle viajando y, ahm, exhibiéndose que cocinando. Es cierto. De hecho, nunca ha trabajado o recibido formación como cocinero aunque sí ha administrado, dirigido y poseído restaurantes. En fin. Pero también una muestra de la fuerza del canal, capaz de lograr que parezca un cocinero… respetable.

Aunque no es el único personaje extraño que puebla ese canal porque la reina de las nieves, o del Vodka helado, Sandra Lee. Una mujer… peculiar… Estuvo en Le Cordon Bleu durante… una semana. A partir de ahí decidió dedicarse a los negocios, por ejemplo, unos infomerciales sobre un producto de… cortinajes francamente extraños. De tanto salir en la tele logró vender su producto y, además, que en el Food Network se fijaran en ella.Su sistema de cocina es, en fin, sencillo. Básicamente, abrir botes, mezclarlos y prepararse un martini. Y para muestra:

Y, finalmente, por difícil que pudiera ser superar a lo anterior… Paula Deen. Hablar de esta reina de la mantequilla podría sonar parcial así que mejor dejar que uno de sus platos hable por ella.

Sorprendente para todos, imagino. Aunque más extraña es la vida de Paula Deen, que empieza con la muerte de los padres, ataques de pánico y agorafobia, un trabajo en la ventanilla de un banco y, finalmente, el abandono de su marido con dos niños pequeños forzándola a buscar dinero de otra manera, por ejemplo, haciendo caterings y de ahí a un restaurante de buffet libre lleno de recetas como… bueno, cosas fritas, desde patatas a Twinkies .

Llegamos así hasta el principio. ¿Recordáis el libro que mencionaba? Se trata de En Crudo la continuación de las memorias de Anthony Bourdain que RBA saca ahora, año y pico después de su aparición original. En él Bourdain continúa desde el punto en que lo dejó en Confesiones de un chef, con su llegada al estrellato de la televisión culinaria. Y lo hace como todo en él, diciendo sin cortarse lo que opina. Incluso algunas cosas que quizá debiera no decir. No es que haga gala de nada, ni siquiera de su vida de excesos, pero sí que conoce el peso de su opinión y no tiene problemas en señalar algo que no por evidente levanta menos ampollas.

En esta caso, el repaso que le metió a los presentadores del Food Network, nada que no hubiera hecho antes, claro, pero tampoco algo que fueran a perdonar con facilidad. Sobre todo cuando dijo que la mayor parte de ellos no eran chefs y mucho menos cocineros de verdad, carecían de una formación y, desde luego, desconocían lo que era trabajar en una cocina bajo presión. Salvaba de ello a unos pocos, a Batali, por ejemplo, o a Emeril cuyo currículo era innegable —de este decía que se había quedado anticuado— pero incluso reconociendo algunas virtudes a distintos cocinero ssugería a Rachel Ray que se limitara a presentar sus talk-shows y no a intentar cocinar, a Guy Fieri que ni siquiera intentara presentar, a Sandra Lee… Bueno, con recordarle su pastel para Kwanzaa suficiente sería:

Pero es que, además de esto, señaló que no es sólo un viral de puro humor ante el desastre creado. Además ella es poco más que una persona con el talento de Britney Spears para cocinar.

Ahora, Bourdain fue a tope no ya con ellos o con los valores de producción y la política de Food Netwrok, el gran blanco en los últimos tiempos ha sido Paula Deen a la que ha llamado La persona más peligrosa de América asegurando que su estilo de cocina es lo que les ha convertido en un país de gordos y que es más peligroso todas esas recetas de cosas hechas con mantequillas, o fritas, o hechas con mantequilla y fritas — Y aquí Bourdain podría presentar esta página por si alguien dudara. — que la convierten en alguien de responsabilidad casi criminal.

Obviamente Deen no se quedó callada, acusó a Bourdain de elitista, de no pensar en la gente que no se puede gastar dinero en comida — Y lo terriblemente grave es que ciertamente en USA no todo el mundo se lo puede permitir — y no aportar nada más que ser un quejica bocazas.

El asunto es que cuando Deen fue al programa The View a presentar su nuevo libro Barbara Walters la atacó sin piedad por recomendar a los niños desayunar cheesecake, u ofrecer sólo comidas llenas de grasa y azúcares, a lo que Deen, visiblemente sorprendida por el trato, sólo pudo responder que no era comida para todos los días y que se puede tomar de todo con moderación.

Sí, la moderación que demuestran sus platos, como esta Tarta Alta de Manzana estilo Savannah y que es la que la ha caracterizado.

Hasta el punto de que el debate se reabrió hace cosa de mes y medio cuando se supo, por este orden:

– Que Paula Deen había desarrollado diabetes de tipo 2.
– Que lo sabía desde hace años y no había dicho nada.
– Hasta ahora.
– Y ahora decía algo porque una compañía farmacéutica nórdica se había ofrecido a convertirla en su cara en USA para su medicamento anti-diabetes.

Decir que provocó reacciones negativas tal vez sea quedarse corto sobre todo porque los que ya habían hablado aprovecharon para señalar que eso es lo que les esperaba a su público, como resumen, que Bourdain estuvo mucho más rato largando.

Ese es un punto interesante, para la reflexión, ¿hasta que punto pueden modificar para bien o para mal los cocineros del gran canal?, ¿cuánta culpa será suya?, ¿no será que Paula Deen o Sandra Lee son más divertidas que formativas?

Sobre todo porque estos son los programas de enseñar recetas, sugerir platos, más allá de lo que veremos pronto que ha acabado conviertiéndose el canal.

Sólo una última cosa. Prácticamente cada país tiene o ha tenido un canal similar al Food Network, en España de la mano de Chello Multicanal y desde 1999 tenemos Canal Cocina, en 2001 apareció en Francia Cuisine.tv del grupo Canal +, de 2002 hasta 2008 en Reino Unido tuvieron BBC Food, la respuesta australiana es de 2004y se llama LifeStyle Food, Asia Food Channel podéis imaginar quienes lo ven, en 2010 apareció el canal francocanadiense Zeste… Vamos, que siempre ha habido un interés, aunque el que abriera el hueco fuera este Food Network que tuvo que reinventarse.

¡Y no porque Sanidad decidiera cerrarlo!

Pero eso ya os lo contaré, en un par de semanas.