Semana corta -risas- por aquello de Acción de Gracias, pero resulta que han aparecido un par de cosas interesantes. Lo que más me ha gustado esta semana ha salido de donde menos me esperaba. Y es que 3% (O) (Brasil) es una serie que tiene un punto de partida que no podría parecerme menos interesante o inteligente, una de esas distopías solo que aquí ni disimulan que hay una brecha enorme entre ricos y pobres, ¡ni tratan de justificarlo! Además, según te pones a verla notas que el dinero no les ha sobrado precisamente, que las decisiones estéticas están -digamos- ceñidas al presupuesto y que la que se supone te indican como protagonista es un personaje para el que usaré el eufemismo Difícil de apreciar. Y, sin embargo, funciona. Posiblemente porque ha sido suficientemente inteligente como para elegir el formato de concurso eliminatorio siguiendo las estructuras de un reality en el que se nos proporciona cierta información con la que empatizar con alguno de los concursantes, sea para ir construyendo afectos o para que lamentemos más su marcha cuando caiga el hacha. Y lo hacen, eso sí, sin reconocer esa deuda, ocultándola dentro de todo lo que tienen de distopía al uso -incluyendo la bastante ridícula organización secreta contraria a la memez de punto de partida que también participa en esto mediante la idea del plan secreto- para que lo pasemos por alto. Por suerte para los espectadores -al menos para el que esto escribe- los mecanismos de lo uno articulan a la perfección lo otro y aunque el truco sea evidente y no muy original funciona por eso mismo. ¡Así que me quejaré bajito!

El otro estreno de Netflix de esta semana ha sido un re-estreno o algo.  Gilmore Girls: A year in life (USA) tiene dos facetas: Por una dar, al fan lo que busca; por otra, demostrar cómo han cambiado las cosas en su contexto. No los personajes y demás sino ese mismo mundo en el que vivían y que antes podía no ser percibido tanto como una blanca burbuja de privilegio con una Rory Gilmore que puede ser uno de los personajes más desagradables creados para televisión -y eso que no sabemos si fue de manera consciente o inconsciente- y a los que el paso de los años ha servido menos para madurar y más para que al regresar a ellos sea más evidente. (Y menos mal que es esta serie y no Friends). De modo que la finalidad agridulce del reencuentro y el buen hacer de Amy Sherman-Palladino (que se permite un momentazo Bunheads que sospecho sólo nos interesará a sus fanes) logran que lo que podría haber sido otra desastrosa explosión de nostalgia pueda salvarse más o menos. Y quizá, incluso, que pensemos en esos cambios, incluso aunque no fuera la idea inicial.


Resulta que AT&T tiene un canal más o menos propio y ha decidido estrenar allí una ficción serializada llamada Ice (USA) que es algo así como una serie violenta sobre el negocio del tráfico de diamantes pero que sirve sobre todo para… no sé… ¿dar de comer a actores que nos suenan pero solo un poco? ¿Campo de pruebas? ¿Por si suena la flauta? El asunto es que de cuando en cuando sale Donald Sutherland. Y no sé si será excusa suficiente pero… bueno… por lo menos algo podemos sacar si no nos queda más remedio que verla.

Terminamos la semana con una serie que es una buena idea parcialmente, Walliams & Friend (UK) es un programa de sketches de David Walliams con la particularidad de que en cada capítulo le echa una mano un amigo famoso. Generalmente también cómico. La parte buena es que Walliams tiene ya callo en estas cosas así que muchas de las ideas son buenas, igual que la tienen los invitados, pero el problema es el que es: los programas de sketches tienden a ser irregulares y si el gag no funciona alargarlo solo prolonga el sufrimiento del espectador. Así que… bueno… siempre se puede ver con el mando para saltarnos los que nos aburran. Porque merece darle una oportunidad aunque solo sea por aquellos que sí.