Normalmente digo que la ‘animación adulta’ es mi némesis, pero en el caso de Alley Cats (UK) es algo incluso peor. No solo el ‘humor’ es espantoso, no solo la animación es un desastre de bajísimo presupuesto, es que, además, su idea es tener al grupo de gatos todo el rato juntos y que hablen. Es como si alguien decidiera hacer una serie de animación y luego poner a todos los personajes sentados en sillas mientras cambia el fondo. No es ya que desperdicien las posibilidades del medio -que por supuesto que lo hacen- sino que la escritura y planificación es incluso más perezosa que la de los teóricos chistes. Incluso el espanto de gatos de hace unos meses, Kevin, entendía eso y buscaba la manera de que los movimientos e interacciones fueran algo más que un grupo de gatos juntos y va moviéndose la boca por turnos. Si es que ya lo entendía Don Gato y es de 1961. ¡Así que estamos ante una de las peores series de ‘animación adulta que haya visto nunca!
Ni recuerdo el tiempo que hacía que no estrenaban una serie en
USA Network -probablemente desde que, junto con
SyFy, estrenó
Chucky allá por 2021-, el canal de
NBC Universal para el cable básico en el que pudimos ver
Monk o
Psych… pero resulta que
The Rainmaker fue la primera, el año pasado. Lo que pasa es que
Anna Pigeon (USA) -frente a la anterior- es de ‘caso de la semana’, aunque lo cierto es que más que de USA recuerda a algunas de las más blandas del nuevo
CW, o a lo que
Hallmark podría haber sacado en tiempo. Hagamos un repaso:La protagonista es una guarda de parque -de parque nacional, claro- y aunque sigue esa idea digamos ‘sencilla’ de ‘era una urbanita a la que la vida le cambió drástica y dramáticamente -vamos, se le murió el marido, está bastante claro, igual que tiene pinta que la muerte fue misteriosa- y dejó atrás su pasado, y a su hermana psicóloga de altos vuelos, yo qué sé, en Nueva York para irse a vivir una vida… peculiar… en el Parque Nacional, descubriendo casos y tal. El primer capítulo, quizá porque es para establecer situaciones y personajes, es más bien sencillo -y no muy sensato, el jefe se opone a ella por chorradas y su amigo del FBI sirve para bien poco- y casi parece más cerca de un
Blue Ridge que de un
McCloud -que, en realidad, era lo mismo pero al revés- pero bueno… confiemos en que sea solo porque es un principio y que con más rodaje irá tomando algo más de entidad. Aunque el resultado acabe en la liga de los de
Covert Affairs o
In the Dark.
Con los recursos y el presupuesto de un vídeo de primera comunión, este
D.O.P.E. Unit (USA) sigue la estela de todas esas veces que han tratado de hacer una serie usando ‘habitaciones más o menos genéricas’ y ‘gente gritando’. Es cierto que el punto de partida -El hijo de un alto cargo de la poli muere por culpa de unos traficantes así que se monta una fuerza especial secreta para acabar con ellos- ya exigía desde el principio que hubiera peleas, refriegas y escenas tanto de infiltración como de reuniones. Pero han decidido que con las últimas podían hacer todas las anteriores. Daba igual que en teoría parte del grupo se tenga que infiltrar con los traficantes, o que se suponga que nos tienen que mostrar una persecución policial sin precedentes. Tanto eso como los ‘cuarteles generales’ de los malos malísimos son todos habitaciones desangeladas. Intercambiables. Y eso, junto con la pobreza de recursos, convierten definitivamente en un ‘teatrillo’ algo que es cierto que era rutinario. Pero que no tenía, en realidad, por qué serlo. En fin.
La verdad es que este
GTO (O)(JP) se vende como serie nueva pero no deja de ser una suerte de relanzamiento. Es decir,
Great Teacher Onizuka fue originalmente (del ’97 a ’02) el
spin-off de un manga. Uno al que no le fue mal (Duró del ’91 al ’96), pero que palideció ante el éxito de
GTO. Si en aquel el centro era un par de chavales pandilleros que querían ligar, aunque eso significara cambiar -un poco- su vida, en esta uno de ellos -por una serie de peculiares circunstancias- acaba siendo un profesor. Uno muy diferente a lo habitual -claro- pero que se toma… no diré que tanto ‘su trabajo’ como ‘a sus alumnos’ muy en serio. Buscando menos que aprendan que el motivarlos para que vivan. Curiosamente tuvo una versión ‘de actores reales’ en 1998 antes que la de anime (que llegaría de 1999 a 2000). Y es que aunque no durara muchos capítulos esta versión -en la que se eliminaban todo lo posible las partes sexuales, menos mal- se convirtió en todo un éxito. Hasta el punto de seguir con un telefilm y luego una película. Hasta el punto de que años más tarde, en 2012, hubo un intento de revivirla. Y, no contentos con esto y mientras del manga salían algunos otros derivados (el primero de 2009 a 2011, el segundo de 2014 a 2024 pero hubo al menos otros tres proyectos con conexiones) se puso en marcha otra versión en ‘acción real’ que… repetía parte del reparto de la serie noventera. Y ahí es donde nos encontramos, con un
Onizuka en crisis que sigue siendo el mismo tipo impulsivo y bienintencionado que vuelve a encontrarse en una situación complicada, esta vez porque los chavales, el colegio y la situación general es diferente a cuando fue profesor por primera vez en los dosmiles. Y aunque muchas veces siga teniendo sus problemas -especialmente con la forma de actuar actual, aunque sigue teniendo sus momentos discutibles con los personajes femeninos- sigue encarnando ese arquetipo del profesor dispuesto a todo por sus alumnos. Más centrado en ayudarles con ‘la vida’ que con ‘los estudios’. A partir de eso supongo que cada cual podrá elegir si le interesa o no.
Otra vez que Netflix llega a un acuerdo para distribuir una serie, pero no para promocionarla mínimamenteMe pregunto si sería parte de la idea inicial o si sería durante el desarrollo que decidieron darle un barniz meta a
Ireon Yeosgateun Sarang (O)(CS) o
이런 엿같은 사랑 o
Our Sticky Love o
Acaramelados o…, porque el punto de partida parece sencillo: Una fiscal de anti-corrupción investiga a unos malos malosos y acaba recibiendo una paliza que parece mortal. En lugar de eso acaba en un hospital, sin memoria ni manera de reconocerla. Hasta que aparece un entrenador de boxeo -o algo así- que dice que es su novio. Por supuesto el cómo llegó hasta allí y sus repercusiones, por un lado, y la farsa de la relación por otro, irán haciendo evolucionar el asunto. Sobre todo porque ella sospechará desde el principio que ahí hay algo raro. Pero para vendernos toda esta premisa lo que decide es aceptar que está más allá de lo improbable, usar la narración para reconocer que es una mezcla de géneros poco habitual, o poner en boca del doctor que esto de las amnesias son sobre todo recursos de guionistas. Uno podría decir que es consciente de sus problemas y, ante la opción de arreglarlos o de seguir adelante con ellos buscando alguna salida más o menos fácil, que han optado por esta autoconsciencia como solución. Supongo que a partir de ahí ya irá en gustos porque, claramente, el centro consideran que es la parte romántica aunque claramente la parte ‘criminal’ es la que pone en marcha y justifica el resto. En fin, supongo que serán cosas del género o algo.
El reciente acuerdo de
Netflix con el gobierno de India explica muchas cosas. Fundamentalmente esta
Operation Safed Sagar: The Untold Story of the Kargil War (O)(IN) que sigue esa suerte de batalla cultural en la que se encuentra ahora mismo el país, con los etnonacionalistas del gobierno tratando de construir y destruir mientras el resto de grupos trata de presentar batalla como puede. Lo curioso del caso es que están replicando las luchas del audiovisual bajo el
reaganismo, pese a que la cosa debería de estar más evolucionada. Pero no, hasta el punto de que estas historias de valerosos militares no están tan lejos de ser un Top Gun empeñado en demostrar lo malos que son los malos -que tiene más mérito porque están usando como excusa un ‘basado en hechos reales’ que significa hacer auténticos encajes para que los callos pisados no sean peores- que, la verdad, tampoco está tan lejos de aquellas películas franquistas más o menos disimuladas en su finalidad, como
Recluta con niño, salvo que en lugar de niño aquí tiene novia. A la que también hay que educar y poner en su lugar porque madremía lo que es esto. En fin, que uno ve estas cosas y no se extraña que hayan lograran sacar a
SRK de su retiro y poner a
Rajkumar Hirani a hacer televisión. Porque cuando uno ve la batalla que están presentando la única conclusión lógica es que hay que combatirlos. No aliarse con ellos como ha hecho
Netflix.
Empezaré diciendo que voy a ver más capítulos de
Possession (UK). Y lo voy a hacer porque tengo dos dudas. Por un lado, quiero ver hasta qué punto esta serie es ‘gótico colonialista’, por otra porque quiero ver hasta dónde llegan con la parte sobrenatural. El centro de la misma parece sencilla: un millonario muere (¡bien!) y le deja su herencia a un desconocido jamaicano en lugar de a su hijo. Sus abogados se ponen del lado del hijo y mandan a una abogada allí -probablemente la única birracializada que tengan, porque ella logra negociar que si lo consigue la harán socia- en lo que rápidamente se convierte en el clásico ‘oh, esta gente y sus extrañas tradiciones’ mezclada con ‘oh, la crueldad de los colonizadores’. Esto lo hacen, en parte, con una progresiva introducción de una línea temporal en el pasado, en la que vemos fundamentalmente otro reparto (por cierto, el reparto está en general bastante bien, sin alardes pero bien) y que nos cuentan exactamente las historias dramáticas que podemos esperar. Según pasa el capítulo el hijo del fallecido aparece por allí, y también acabamos encontrando al misterioso beneficiario que está interpretado por -chanchanchan- uno de los intérpretes a los que vemos en el pasado. Así que las puertas quedan más abiertas aún tanto para la parte paranormal como para que el personaje central se cuestione sus lealtades -de hecho, asumo que habrá un triángulo amoroso entre ella, el hijo y el heredero, pero es cierto que eso puede ser solo mi mente acostumbrada a que estos rodeos funcionan así-. Pero por eso voy a ver más capítulos, porque aunque la parte del pasado sea un poco lo de siempre y la del presente tire un poco en exceso de esos clichés del
exoticismo, me parece que aún están a tiempo de contar algo que vaya un poco más… tanto como de cagarla. Pero como en cualquier caso lo harán en la ejecución… pues habrá que ver a quién ejecutan.
Es cierto que
The Shards (USA) tenía el problema de su punto de partida, una de las pretenciosas, estúpidas y vacías historias del inexplicablemente homófobo, derechista y deplorable
Bret Easton Ellis. Pero se ve que
Ryan Murphy no tenía mucha imaginación ya, pero sí ganas de meterse en otra serie que parece un
MeToo a punto de ocurrir. Con un montón de personajes estúpidos pero jovencitos, a los que sacar con poca ropa e ir mezclando. Con los años ochenta -o algo así- de fondo y con mucha cosa de drogas, alcohol y sexo a ver si así te interesan. Como no pueden interesarte ni con esa planicie mental ni con las interpretaciones a juego pasan a incluir un ‘misterioso asesinato’ como si esto fuera una telenovela de tercera. Y dado que ni así remonta parece claro que lo es de quinta o menos. En fin, un desastre. No sé que le ha pasado a
Ryan Murphy en estos años, pero parece que el dinero de
Netflix sólo ha servido para que ya ni se moleste en mirar los proyectos en los que aparece su nombre. Uno casi se pregunta qué ha ocurrido con las distintas propuestas que hacía no hace tanto y que solían ser imperfectas pero tenían, al menos, un punto de partida que hacer explotar y muy buen ojo para crear repartos -sustituido aquí por un puñado de
nepobabies-. El antiguo
Murphy jamás hubiera firmado un genérico de baratillo como es la cosa esta que hace buena a
The New Normal. Desde 2020 no levanta cabeza el hombre.
Hablando de genéricos, Disney ha sacado la cosa esta,
Star Wars: Visions Presents – The Ninth Jedi (O)(JP), con una animación que parece traída de los años noventa y un interés que lo mismo entonces hubiera existido. Supongo que la idea -además de expandir uno de los cortos de la cosa original- era ver si se podía hacer un genérico de seri de
Star Wars que fuera también un genérico de manga. Y esta es la respuesta: Claro que se puede. Mientras lo que quieras sea algo que rellene espacio y no algo que la gente quiera ver o vaya a recordar.
Siguiendo con la temporada de genéricos, lo mejor que puedo decir de
Sterling Point (USA) es que es mejor que
The Shards. No es difícil, y no sé si tendrá que ver con un número menor de
nepobabies -aunque no cero, por supuesto- pero este genérico de serie juvenil que no tiene pies ni cabeza alguno -una joven que cree que es adoptada hereda una isla de su abuelo, ¿por qué ella y no su hermano que ya no sé si es mellizo o qué? Mira, yo qué sé. Nada tiene sentido- de manera que se va para allá a espaldas de su padre a descubrir ese misterio familiar. Por supuesto los menores de edad están interpretados por veinteañeros mientras que uno de los intereses románticos, que es un piloto de avión también, tiene como diecinueve. Las edades no tienen ni sentido ni utilidad aquí. Y dado que nada de lo que parecen hacer tiene sentido o utilidad más que poner todo lo que no sean fiestas o drama emocional lo ponen en elíptico, incluyendo supongo la construcción de personajes, al final tenemos a una serie de personas que no está muy claro por qué no ya comparten tiempo sino, directamente se hablan -incluyendo a una especie de adolescente que siempre está leyendo libros, pero son de autoayuda. Quizá el concepto más incomprensible de todo el piloto.- pero que es de suponer que tenga que ver con que tiene pinta de haber sido hecha por cuarentones querido parecer
‘fellow kids’. Y, con eso y todo, asumo que hay un público para estas aventuras iniciáticas juveniles por mucho que sean incoherentes. Quiero decir, si en lugar de centrarlo en un trasfondo dramático de secretos familiares y árboles genealógicos que hacen zapping hubieran metido algún tipo de misterioso asesinato probablemente le hubiera dado algún capítulo más.
Supongo que esta
T-shirt ga Kawaku made (O)(JP) o
Tシャツが乾くまで o
Until the T-Shirt Dries o
Hasta que la camiseta se seque o…, es otra de esas historias de complejidad familiar o algo, con una editora dedicada que es una pareja un tanto más… digamos que no tan dedicada. Que por casualidad descubre que su marido tiene un secreto. ¿Qué secreto? Ni idea, yo asumo que una relación extramatrimonial pero la verdad es que la forma morosa y un tanto apática de contarlo -supongo que es lo que piensan que es ‘centrada en los personajes y sus sentimientos’- lo mismo lo descubrimos para cuando la cierren. Tanto da porque entre el pusilánime del marido y ella lo cierto es que en este piloto no hay nada que rascar y, la verdad, series tenemos de sobra como para estar mirando si seca la pintura… o la camiseta.
Pues nada, a esta tampoco le toca trailer. Supongo que los acuerdos de distribución nos han dejado aquí.