Empezamos mal la semana, con un genérico de serie policíaca. Blodsoffer (O)(SU) nos trae una historia en toda su suequidad, pero lo hace con unos mimbres que nos conocemos. A saber: Asesino misteriosos modelo psicópata, excusa de asesinatos rituales más o menos, problemas con las relaciones familiares. Ah, y unas víctimas de nicho. Por suerte esta vez en lugar de ‘mujeres jóvenes’/ ‘trabajadoras sexuales’ son ‘policías’. Y en lugar de ser un policía con problemas con la bebida/ las adicciones y divorciado el problema es la relación con su padre. Psé. Si lo que cuentan en el capítulo lo hubieran contado en la mitad de tiempo o de otra manera puede que opinara mejor de la serie, pero entre la semana que es y cómo está el asunto… está claro que es rancho, relleno de parrilla para tener algo puesto de fondo al que hacer caso pero tampoco necesariamente prestarle mucha atención. El tradicional ruido blanco de Netflix, nada que ofenda, nada que entusiasme.

No sé qué esperaba de Lanterns (USA) pero que sea una especie de… serie para Machos McMachos… con un estilo que cualquiera diría que se lo han dado a Taylor Sheridan para que haga un Tulsa King ahora con superpoderes. No hay ‘autoconclusividad’ pero sí que está esa cosa de los ‘bros’ que hace esto más cercano a lo que los espectadores de Supernatural o Teen Wolf podrían esperar si ahora estuvieran divorciados. Lo peor no es solo que todo fuera a cámara lenta y los personajes parecieran sacados de NCIS… excepto que NCIS, como Smallville, era capaz de contar una historia en un capítulo. Debe de ser cosa del ‘decomprensive storytelling‘ ese. Lo que pasa es que Reacher lo hace mejor. Bueno, en la primera temporada al menos. Al final esto se deja ver, aunque sea entre gritos, pero -igual que la mención normalizadora a Harry Potter, otro guiño del mismo grupo de comercialización-, no dejo de darle vueltas a qué pretenden con esto. Normal que en lugar de color verde tenga tonos negros, marrones y de camuflaje. Lo único que le falta a esta serie es un anuncio que diga «con extra de proteína«.

Supongo que la idea con Settling (NZ) es ir por el lado de lo cuqui. O algo así. Dos antiguos amigos del instituto, separados desde hace años, se reencuentran en uno de esos círculo del infierno conocidos como ‘reunión de antiguos alumnos’. Ambos tienen sus problemas con las relaciones amorosas/ afectivas/ sexuales/ todas las anteriores. Pero reconectan y recuerdan que prometieron que si a los titantos seguían solteros se casarían. Así que entre unas y otras ese es el asunto. Por supuesto dejándote claro que la relación ‘de amistad’ y ‘platónica’ ya veremos lo que dura como tal. Yo qué sé, supongo que me pilla lejos tanto la parte romántica como la teóricamente humorística, pero también imagino que habrá público -que no soy yo- para estas cosas.

Supongo que ahora que están a todo trapo con lo de la ‘ficción curativa’ y esas zarandajas que antes se llamaban simplemente ‘reconfortantes’ este SとX (O)(JP), o S&X o SとX ~セラピスト霜鳥壱人の告白~ o…, entrará ahí. Bien es cierto que con un sexologo por medio podía haber salido peor, más cercana a aquella de Ozores, por ejemplo. Y aunque trate de mostrar parte de los problemas en Japón lo cierto es que la manera pausada y hasta cierto punto más de tesis que de realismo, tanto como la manía de que el propio profesional tenga ‘un secreto’ -que tela también el secreto y el profesional- acaban convirtiéndolo en, sospecho, más una excusa para una obra ‘emocional’ en la que el sexo está en el centro pero se muestra en elíptico. Y parece ser tanto una inevitabilidad como esa manera que cuentan del propio tratamiento de la sexología en Japón. En fin.