Rivales Doctor: Gente Mañanera

Termina agosto y con el mes termina también este breve monográfico a las series inglesas que rondaron a Doctor Who, de manera que parece razonable terminar con la más exitosa de ellas en lo que a público se refiere.

A finales de los años sesenta Roger Price trabajaba en televisión mientras preparaba su propio programa infantil, un campo en el que acabaría destacando, la premisa juntaría ciencia ficción y aventuras con un reparto fundamentalmente infantil y juvenil. Incluso tenía un nombre para designar lo que eran los protagonistas: Homo Superior. Esta definición, asociada generalmente con los X-Men de la Marvel, acabó también en una canción de David BowieOh! You Pretty Things —por una charla mantenida entre ellos en el que Price le explicó su idea para la serie.

Hasta 1973 no se llegaría a estrenar la serie, tras ser ofrecida primero a Granada, ser rechazada y presentada entonces a Thames que la vio como su posible respuesta al éxito de Doctor Who. Price no tenía esto en mente cuando la creó sino crear una serie familiar dirigida principalmente a un público juvenil pero sin tomar por tonto a nadie. Desde el momento en que se estrenó fue un enorme éxito de público, y también de parte de la crítica, todos ellos deseosos de saber qué era lo que iba a suceder con los héroes del título: The Tomorrow People.

Los chicos y chicas son el siguiente escalón de la evolución, hijos de padres humanos que en un momento dado tienen una explosión evolutiva que les dota de poderes, fundamentalmente mentales. Es imposible predecir quién será uno de ellos ni a qué edad se producirá el salto ni, por supuesto, qué poderes vendrán asociados, si bien la telepatía es general entre ellos, y la telekineses es bastante habitual.

Su cuartel general —secreto, claro— es The Lab, en el que está la computadora biotrónica sentiente TIM, que les ayuda con los teletransportes. Actúan de forma secreta para los seres humanos normales, a los que llaman sap —de sapiens—, pues saben que son odiados y temidos por la mayor parte de la humanidad, que no les entiende, y que habrá personas que quieran aprovechar sus capacidades para su propio beneficio. Precisamente por ello tratarán de localizar a los nuevos Homo superior según se produce esa explosión.

Eso no quita para que tengan amigos humanos pero no precisan de ninguno de ellos para organizarse igual que la cercanía de la fecha en que se empezaron a producir estas explosiones hace que no tengan un adulto al cargo. —Si bien la voz de TIM la pondría Philip Gilbert, que estaba al inicio de sus cuarenta— De manera que lo más cercano que habría a un control parental serían las apariciones de la Federación Galáctica, una organización cósmica con la que el mayor del grupo, John, habría contactado y que se dedica a colaborar y apoyar a los organismos con capacidades mentales avanzadas que habitan en el universo.

La serie podía mostrar a los chavales metidos en un asunto de alienígenas o de seres fantásticos pero también oponerlos a organizaciones criminales de humanos o cualquiera otra de las caracterísiticas aventuras juveniles. Porque frente al Doctor aquí puedes ser no sólo un amigo de los protagonistas sino, quizá, un Homo Superior a punto de explotar.

Además, el cambio continuo de actores, con entradas y salidas todas las temporadas, permitía no sólo ofrecer la imagen de cambio continuo y renovación, también ayudaba a demostrar que cualquiera podía acabar siéndolo.

Mientras tanto, Roger Price, que había sido ayudado la primera temporada por la productora Ruth Boswell —que tenía experiencia al haber trabajado en series como Timeslip—, el autor dramático Brian Finch y el director Paul Bernard —que venía de trabajar precisamente en Docto Who —, se encontró más libre tras la segunda con sólo Boswell involucrada, si bien más como agente de la cadena para impedir que Price hiciera algo indebido como matar a un actor principal.

Porque Price quiso darle un aire más inocente y cómic pronto pero se encontró con que eso no funcionaba en el contexto creado, de manera que fue perdiendo interés rápidamente e intentando cerrar la serie para trabajar en otros proyectos que le interesaban más. La ITV, viendo el éxito que tenía entre manos, llegó a un acuerdo con él: Temporadas más cortas para que tuviera tiempo de dedicarse a otros proyectos pero sin cerrar este y ya se encargarían ellos de decirle qué hacer para que siguiera siendo una serie de éxito.

Su primera idea brillante fue la inclusión de una estrella adolescente nacional, Mike Holoway, como nuevo Homo Superior, para reemplazar al personaje de Stephen, que había sido lo más cercano que había tenido la serie a un protagonista las anteriores temporadas. Además, la edad de John y de la maternal Elizabeth había entrado poco a poco en la veintena así que le daban vueltas a como hacerles parecer más jóvenes de lo que eran, algo a lo que no ayudó el embarazo de la actriz Elizabeth Adare durante la sexta temporadas, que llevó a Price a enviar a Elizabeth de embajadora especial para disimular.

La conjunción de problemas de producción, hastío de Price , los actores principales queriéndose dedicar a otra cosa y las conocidas huelgas de la ITV acabaron logrando que en 1978 se grabara la última y mínima temporada, la octava, consistente en un sólo serial que se emitiría a principios de 1979 y no sería continuado pese a un par de tímidos intentos por parte de la ITV.

Richard Price, por su parte, logró así pasar por fin a un proyecto más de su gusto, un programa de sketches

Aunque los Homo Superior hubieran sido tratados por los mutantes de la Marvel antes, el estilo diferente de The Tomorrow People le hacía más cercano al desarrollo que tendrían cuando Chris Claremont llegara a guionista y, después, los Nuevos Titanes de Marv Wolfman y George Perez, toda una anticipación que, una vez pasado su enorme éxito, dejaría un poso en la memoria de serie de culto que serviría para ser revivida en un telefilme y tres temporadas cortas de 1992 a 1995 y, finalmente, una continuación en radioteatro por parte de Big Finish que les permite reunir a algunos de los actores habituales y continuar con cinco temporadas más, aunque una sexta parecía preparada pero quedó en pendiente.

En el recuerdo queda The tomorrow people como un clásico, que este mismo año verá una versión estadounidense en el canal The CW que, desde luego, mostrará a unos protagonistas más… mayorcitos, como es norma del canal. Aunque no lo veremos en el Pilotos Deathmatch de la próxima semana sino, al menos, en el siguiente. Pero deja clara la importancia de la serie.

Como hemos visto durante todo este agosto, la televisión inglesa aprovechó para oponer a Doctor Who o crear a su sombra toda una variedad de series de género fantástico —al que podríamos añadir títulos tan conocidos como los de Gerry Anderson de quien ya hemos hablado por aquí — que permitió cimentar y continuar con una tradición de fantástico durante las siguientes décadas en su televisión.


Rivales Doctos: Selección Múltiple

Elegir a algunos de los rivales de Doctor Who no es tan sencillo. Algunos no tuvieron la oportunidad de enfrentarse, otros fueron antes o después y algunos, simplemente, trataban temas diferentes. Pero todos ellos fueron producidos por los rivales de la BBC, en Inglaterra, a la vez que se emitía al Doctor y con una temática fantástica que les hacía destacar por uno u otro motivo, haciéndolas merecedoras de un poco de atención.

Así que vamos a repasar brevemente cinco series que pudieron ser una opción:

1) Sky

Siete episodios —una temporada inglesa— duró esta serie de 1975 en la que el protagonista era un alienígena que podía viajar en el tiempo COF, aunque en este caso es un jovencito con una pinta bastante extraña y un pelucón oxigenado. La historia muestra al extraterrestre, Sky, buscando una unión con el planeta que no se puede conseguir y que lleva a la misma alma de la naturaleza a crear un anticuerpo para quitárselo de enmedio, el malvado Goodchild, de manera que Sky, con la ayuda de tres jovencitos, debe evitar que le maten y regresar al momento apropiado en que la Naturaleza no estaba corrupta. Porque si puedes meter un mensaje ecologista todo queda mucho mejor.

La historia original fue creada por dos antiguos conocidos, Bob Baker y Dave Martin, guionistas de Doctor Who que buscaban un público más juvenil y una historia que comparte elementos y sería su puerta de entrada en las series fantásticas juveniles.

2) The Champions

Entre 1968 y 1969 la ITV emitió la serie The Champions, conocida en España como Los invencibles de Némesis las varias veces que se ha emitido, la última en los años noventa —equivocando el país, pero tampoco podemos extrañarnos en exceso, hay cosas que no cambian— , en la que un grupo de agentes de la organización de espionaje Némesis sufrían un accidente en su primera misión al estrellarse su avión en el Himalaya. Por suerte allí había una civilización secreta avanzada que les daban superpoderes.

De esta manera se reunían temas en una variación del espionaje fantástico que servían para combatir a malvados dictadores, fascistas ocultos, genios del mal y todo tipo de razas extranjeras; a menudo de manera combinada, en una mezcla propia de la época. Detrás de la serie se encontraba Dennis Spooner, otro viejo conocido de Doctor Who que estuvo encargado del paso del Primer al Segundo Doctor. Al final, parece que no hay tanta gente trabajando en estos negocios.

3) Into The Labyrinth

Como muestra de ello, regresamos a Bob Baker, acompañado en esta ocasión por Peter Graham Scott en una serie que duraría tres series, entre 1981 y 1982. La historia parte de la lucha de dos magos inmortales, Rothgo y Belor, por lograr la posesión de un objeto mágico de enorme poder, el Nidus1, que era la fuente del poder y la vida del primero —el bueno, claro—, al que le había sido arrebatado y enviado a través del tiempo y el espacio por el segundo —obviamente, el malo… bueno, la mala, que es maga— para acabar con él. Por suerte los niños entrometidos andan siempre cerca y al encontrarse con un agonizante Rothgo dentro de un… laberinto… reciben la tarea de buscar el Nidus y devolvérselo a su dueño. El objeto iba pegando botes por el tiempo, disfrazándose de objetos distintos y siendo sólo posible descubrirlo mediante su reflejo, que mostraba su auténtica naturaleza. El moribundo Rothgo se dedicaba a mandar a los chavales de época en época detrás del artefacto permitiendo así, además, que los jovenzuelos aprendieran —poca— Historia. Belor aparecía cuando parecía que lo habían encontrado y, dado que no podía tocarlo mientras el otro mago viviera, se limitada a lanzar un complicado hechizo: “Te niego el Nidus” y hasta la siguiente parada. Así toda la primera temporada.

En la segunda, recuperado ya el Nidus, Belor usaría su propia fuente de poder para destruirlo en partes que los chavales debían recuperar y unirlo y… bueno, eso, que la trama de la temporada variaba, pero aún encontrarían una forma de hacer una tercera serie buscando por el tiempo un objeto mágico. El caso era mantener un poco más una serie juvenil y educativa * COF * que había demostrado un gran éxito entre los espectadores, sobre todo su público objetivo. Y si no, que se lo pregunten a los espectadores españoles que en 1982 se dispusieron a ver Dentro del laberinto y aún no han dejado de preguntar por ella.

4) Star Maidens

La única de las series que no tiene ningún creador ligado a Doctor Who, debido a que Eric Paice venía de ejercer de guionista en la saga Target: Luna, conocida también por Pathfinder gracias a las continuaciones que examinaban el Espacio, Marte o Venus —si bien es cierto que el serial fue creado por Sydney Newman a principios de los sesenta, años antes de crear Doctor Who —. Tras ese paso por el fantástico se estuvo dedicando a series policíacas hasta que en 1976 le llegó la idea para hacer una coproducción que habían tenido los alemanes —de la República Federal, claro— Von Hardenberg con el apoyo de la productora Jost von Hardenberg Corporation. Pice y la ITV se pusieron rápidamente a ello para sacar esta coproducción.

El punto de partida era la llegada a nuestro mundo de dos hombres procedentes del planeta Medusa, que se encontraba en la galaxia Próxima Centauri, y que venían huyendo de un mundo con los roles reversos en los que las mujeres ocupaban todos los puestos de importancia y los hombres se veían reducidos a meros objetos de adorno. La idea detrás de la serie era ofrecer un espacio para la reflexión mostrándonos este mundo distinto del nuestro y aprovechar el auge del Movimiento de Liberación de la Mujer para apoyarlas y apoyarse en ellas. El problema es que la falta de presupuesto —incluso siendo una coproducción—, que les llevó a reutilizar parte de los decorados de Espacio: 1999, y las actuaciones principales acabaron acercándola más a una farsa, una suerte de versión de las Amazonas del Espacio que en los cincuenta impulsó La reina del espacio exterior, aunque aquí en formato televisivo. Lamentablemente nunca continuó la primera temporada y no se pudieron explorar en más profundidad las ideas que se proponían.

5) Children of the Stones

Terminamos con otra serie juvenil producida en 1976 y emitida en 1977 por la ITV —en su división Gales y Oeste, la HTV— creada por el ex-guionista de Doctor Who Trevor Ray, y por Jeremy Burnham, actor pasado a escritor, que habían decidido poner en marcha otra historia juvenil con fantástico de por medio. En aquel momento parecía que había un montón, así que esta tenía vocación de miniserie. Es una pena que ahora parezca que nadie piense en hacer estas cosas. Para darle más interés aún, el papel principal adulto lo interpretaría Gareth Thomas, que a continuación pasaría a protagonizar Los 7 de Blake.

La historia, sobre un astrofísico y su hijo que se mudan a un pueblo para estudiar un círculo megalítico y se encuentran con algo más que un pequeño pueblecito encantador —que, por cierto, no era Stonehenge aunque en España la serie se llamara Los chicos de Stonehenge, porque total qué más da— debido a la relación de las piedras con un agujero negro del firmamento y el clásico poder omnímodo y ominoso. Mientras tanto se tejía una red de ciencia y paraciencia, se examinaba la integración en la comunidad y las ganas integradoras de la misma y se producían escenas e imágenes sugestivas que podían cargarse de tensión y que llevaron a algunos críticos a considerarla —de manera para mí exagerada, son palabras mayores— la respuesta en ficción audiovisual juvenil a The Wicker Man. Una historia en la que el tiempo tiene una función primordial y decisiva, sobre la que descansan gran parte de los secretos de este círculo de piedras.

Como veis, los responsables de los guiones y producción de Doctor Who se iban esparciendo, facilitando una gran cantidad de series fantásticas —muchas de las cuales incluían a viajeros temporales—, así como producciones juveniles que les trataban como a seres inteligentes, logrando en ocasiones las inevitables quejas que aseguraban que eran para adultos; algo que la fascinación que les causaba hacía difícil de creer.

Precisamente por ello es tan complicado elegir una única serie de este periodo. Aunque, una vez repasadas éstas, concluiremos la próxima semana con uno de los ejemplos más exitosos de la ficción fantástica británica que pudo ser rival del Doctor.

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1 Durante años, desde al menos mi paso por el TV a Gritos de Dreamers hace ya más de una década, he podido comprobar como un sinnúmero de personas preguntaba por esta serie recordando sólo lo del Nidus o algo así y lo del laberinto. Un clásico de las series mencionadas en las webs de recuerdas esa que así como en los foros y MLs relacionadas. Hasta el punto de que los que aquello sufrimos, como Viruete , acabamos desarrollando una cierta aversión —por no decir otra cosa— a tener que explicar, una vez más, el nombre de la serie y su disponibilidad. Así que espero que lo dicho aquí sirva para no tener que volver a tratar el tema ni a resolver esa machacona pregunta.


Rivales doctos: Acero azafirado

De entre los intentos de lograr un rival para Doctor Who los ha habido con más, menos o ningún punto en común. Ha habido los que lo tenían en el tono, en la intencionalidad o en el desarrollo que había terminado dando a luz el programa… Pero prácticamente ninguno logró reunir todos estos puntos en común, añadirle además un nivel de calidad tan alto como el de la serie a imitar y, además, que no fuera más que casualidad.

Quizá sea ese el auténtico motivo de que haya pocas series que puedan parecer nacidas a partir del Doctor y, sin embargo, tengan una entidad propia tan interesante como la que hoy nos ocupa: Sapphire & Steel.

Pensada originalmente por su creador, Peter J. Hammond, como un programa infantil o juvenil, fue ofrecida a una de las cabezas que la ITV tenía en los 70 tras el éxito de la serie juvenil fantástica Ace of Wands, en la que trabajó de guionista y que le facilitó colaborar en la serie antológica de historias sobrenaturales juveniles Shadows. Sería trabajando en esta segunda serie cuando propondría la idea de The Time Menders, una serie en la que el tiempo juega un papel fundamental y que estaba originalmente pensada para emitirse los fines de semana.

Pero el desarrollo de la serie hizo que, originalmente, se mandara entre semana; por un lado para no contraponer sus temas con los de Doctor Who —y, de paso, evitar una competencia para la que originalmente estaba ideada pero a la que haría falta Buck Rogers in the 25th Century para hacer mella—; por otro porque el jefe de la ATV, Lord Lew Grade, había decidido que hacía falta un par de actores no sólo de calidad y experimentados sino, además, conocidos por el público. Gracias a su intermediación, Joanna Lumley y David McCallum interpretaron a los protagonistas. Lumley era conocida por su participación en The New Avengers, McCallum volvía de haber hecho en USA The man of U.N.C.L.E. y cine. Tras su participación en esta serie ,Lumley acabaría siendo más conocida gracias a Absolutely Fabulous, mientras que él acabaría siendo un importante secundario en NCIS.

La inversión en actores y el cambio de día llevó a la cadena a decidirse por un acercamiento más ambicioso y a sugerir a Hammond que le diera un tratamiento más adulto, con mano libre para hacer lo que quisiera mientras se mantuviera dentro del presupuesto. Algo que aprovecharía para ofrecer una visión completamente diferente a partir de esa idea inicial.

Este rumbo final fue lo que le dio un aspecto peculiar, lo que, unido a la particular forma de encarar los efectos especiales por motivos tanto de presupuestos como de realización, logra una sensación de extrañeza incluso superior, convirtiéndola en un clásico de culto de la ciencia ficción británica, con una gravedad similar a la de Doctor Who o Los 7 de Blake; si bien su pesimismo, su tono oscuro, la emparenta más con la segunda.

Se produjeron seis Encargos, repartidos en dos temporadas —de 1979 a 1982—, que podrían haber sido más de no haberse producido una de las frecuentes huelgas de la televisión inglesa —esta vez en la ITV— durante la emisión del segundo serial, que obligaron a suspender su emisión y luego reanudarla desde el principio, retrasando la emisión de capítulos. Aunque, por otro lado, ello sirvió para lanzar la versión en cómic dentro de Look In, la versión infantil/juvenil del TV Times, respuesta de ITV al clásico Radio Times de la BBC. Y también el lanzamiento de un libro que adaptaba la primera misión, escrito por el propio Hammond. El único que tuvieron. Aunque en 1981 sufrieron la edición de un Annual originado por su popularidad y por la venta de derechos por la ITV de sus programas en propiedad, lo que facilitó la creación de productos que eran cualquier cosa menos canónicos.

Pero, volviendo a la serie, cada capítulo comenzaba con una voz explicando:

“Todas las irregularidades serán manejadas por las fuerzas que controlan cada dimensión. Los transuránicos, elementos pesados, no pueden ser utilizados donde hay vida. Los pesos atómicos medios están disponibles: Oro, Plomo, Cobre, Azabache, Diamante, Radio, Zafiro, Plata y Acero. Se han asignado Zafiro y Acero.”

Esa voz, de alguien que no llegaría a ser identificado en la serie, marcaba el punto de entrada en la historia y, a la vez, el estilo de la misma; poco o nada se diría de la naturaleza de los agentes, sus empleadores o casi las amenazas que combatían, pues el presupuesto escaso y la creencia en una ambientación por encima de los efectos especiales hacían que en esta serie fueran especialmente dados a no explicar nada y a manejar la acción a través de poderes invisibles —telepatía, conocimiento instantáneo e incluso la posibilidad de bajar la temperatura de una habitación— que no requerían de grandes despliegues y sí añadían atmósfera a la historia.

La sequedad de los personajes, especialmente de Steel, lograban centrar el modelo de la serie y darle un toque extraño a los protagonistas. Su forma de encarar los casos, de una manera completamente lógica y desapasionada pero en absoluto falta de tensión, así como su relación de superioridad y hasta desprecio por los humanos, hacía que fueran más las dudas que surgieran al verlos actuar. Aquí la corta duración de la serie ayudó también; al fin y al cabo en Doctor Who se tardarían años en conocer exactamente los sucesos de su marcha —si es que podemos decir ahora que los conocemos realmente— e incluso la existencia de Gallifrey o sus características físicas que les alejan de los humanos. Aquí, con apenas tres años y seis misiones, sólo pudimos conocer a nuestros protagonistas y a otros dos apoyos: Lead, un enorme forzudo negro interpretado por Val Pringle y Silver, especialista técnico que puede manipular los metales interpretado por David Collings. Sin duda, de haber durado más la serie podríamos haber conocido a más, como Jet, que era mencionada en uno de los capítulos.

Ese misterio alrededor y en la línea de lo que se contaba servía para reforzar la serie y convertirla en un referente de las series fantásticas con componente paranormal, por mucho que la fantaciencia de alrededor explicara finalmente lo ocurrido. Logró así convertirse en un antecedente de lo que años más tarde veríamos en series como Expediente X. El mismo concepto inicial resulta intrigante: El tiempo no es un conducto, como en Doctor Who, una sopa en la que nadan los hechos. Aquí el Tiempo es una fuerza, y no precisamente una benigna. Como explicaba Sapphire en su primera misión:

“Hay un pasillo, y ese pasillo es el tiempo. Rodea todas las cosas y pasa a través de todas las cosas, usted no puede verlo ? solamente a veces y es peligroso. Usted no puede entrar en tiempo, pero el tiempo puede intentar a veces entrar al presente. Irrumpir en él. Crear una brecha y llevarse cosas. Llevarse a la gente. El pasillo es muy fuerte; tiene que ser. Pero a veces, en algunos lugares, se debilita. Como si fuera tela, tela raída, y cuando hay presión aplicada sobre tela? El tiempo entra??”

Así que será el mismo tiempo, sus acciones, o aquellos seres que viven más allá de él o en paralelo a nosotros y usan sus agujeros para entrar hasta nuestro universo, los que ejercerán como malvados, usando en muchas ocasiones puntos de entrada a través de anacronismos, acciones pasadas de los hombres y, sobre todo, la ayuda de las rimas de guardería y las frases hechas.

Durante esas seis misiones iremos viendo situaciones normales convertirse en cuentos espeluzantes, giros en premisas habituales hacia lo desconocido y una redefinición de la idea de antihéroes menos basada en una apariencia de perdedores que en una ética y moral ajena a la norma.

Su final, altamente climático, no fue culpa de la audiencia sino de los cambios al convertir la cabeza de la ITV llamada ATV a una nueva versión conocida como Central —que acabaría dando lugar a ITV Central, como se la conoce oficialmente desde 2004—, con el subsiguiente cambio de jerarquía y problemas con los programas antiguos; hasta el punto de que el Encargo 6 estuvo a punto de no ver la luz porque a los nuevos jefes no les hacía gracia que Central emitiera algo de la ATV, por ridículo que suene. También la agenda cada vez más complicada de los protagonistas, con McCallum viviendo y trabajando en USA y Lumley cada vez más solicitada, ayudó a disolver la serie, dejándola en un cliffhanger que, en cierto modo, era lo más consecuente que podía pasar con la serie. En años posteriores, tras el éxito de su publicación primero en VHS y luego en DVD, se crearían un par de series de radionovelas —con otros actores en los papeles principales— a partir de ese final de la serie, aunque Hammond —que pasó a centrarse en thrillers y mysterys televisivos como el enormemente popular Midsomer Murders — nunca ha querido decir cuál era la solución que guardaba para la situación en la que quedaban las cosas.

Los seis seriales, en total 34 episodios, quedan como un clásico de culto que muestra un estilo capaz de poder ser creado teniendo en mente un público juvenil y llegar a los adultos convirtiéndose en una de las grandes series de culto del género fantástico.


Rivales Doctos: Empezando esmeralda

Un año más, la llegada de agosto lleva consigo un cambio en estas columnas, pasando de todo lo demás para dedicarle una temporada a un tema concreto e intentando hacerlas de una longitud menor. ¡Todo por vosotros, silentes lectores!

En años anteriores repasamos miniseries o realities infames, como podéis ver en el Índice de esta columna, que acaba de ser actualizado para facilitaros las cosas. Éste toca volver a la ficción para complementar los artículos sobre Doctor Who, con una mirada a las series que sufrían un doble castigo como villanas y víctimas, aquellas que colocaba la ITV para tratar de combatir a la serie y que, generalmente, acababan sucumbiendo al clásico.

Como, al fin y al cabo, la finalidad de esta columna es divulgativa —y no tengo intención de enrollarme demasiado—, he pensado que es mejor dejar fuera los rivales estadounidenses. Da igual que Star Trek sea la única serie de ciencia ficción que pueda oponerse por influencia y duración a Doctor Who, sería injusto dedicarle sólo una columna, y de Buck Rogers en el siglo XXV ya habrá otra ocasión para hablar. Incluso entre series inglesas como The Prisioner, de la que, todo sea dicho, hay gente que ya ha escrito mejor y mejor, sin contar con que se emitía los jueves, no los sábados, invalidando ese concepto de oposición que, por eso mismo, impide que haya series de la BBC en este lío.

Como la intención de estas columnas agostinas es ser cortas, vamos ya con la primera serie elegida, más por ser la primera rival del Doctor que por los criterios para las próximas semanas. Y es que Emerald Soup llevaba en emisión desde el 9 de noviembre de 1963, como ejemplo de programa infantil o juvenil —si bien su creador, Bill Bain, decía que era una serie familiar centrada en los niños— y una trama que seguro que hace que muchos sepan encuadrar con rapidez qué tipo de historia se estaba contando: Unos chavales de un pueblecito costero descubren que unos científicos están haciendo pruebas radiactivas en unas cuevas cercanas y decidirán detenerles antes de que ocurra algo peor. Salvo porque quizá ya ha sucedido. Y porque hay tres recién llegados sopechosos en el pueblo que parecen estar tras ese descubrimiento…

Parte del invento consistía en ofrecer un producto que poder vender a Australia, país del que era originario Bain y del que aprovechó ideas para hacerlo menos de campo, más de playa y, ya de paso, traerse a buena parte del reparto.

Concebido como un entretenimiento familiar con moraleja ecológica, no llegó a tener segunda temporada y se encuentra entre las muchas viejas series cuya totalidad se haya perdido; parece que nadie estuvo muy interesado en guardarla.

Pero tranquilos, el resto de semanas os sonarán más, y serán revisitables.


Mundi spectator habemus, masomenos

Un Sharknado recorre el mundo.

No digo que me extrañe, ni mucho menos. Si algo llevo visto en estos años es cómo la desaparición de películas para televisión ha hecho que se vayan limitando a tres campos, las de alto perfil de HBO —por mucho que puedan terminar en descandelabras—, las de mujeres engañadas y familias infelices de LifeTime y, por supuesto, las cutrastróficas de SyFy. Reconozco que estaba más acostumbrado a esas épocas en las que había telefilmes de misterio —de hecho, más de mystery que de hard-boiled pero ya me entendéis— pero lo importante es que siga habiendo esta otra forma de producción propia.

La sustitución de estas películas, incluso de las que repetían a personajes de cuando en cuando permitiendo cierta continuidad en los telefimes acercándolos a series, aún en el formato el X de la semana, por programas de telerrealidad, por magazines o por otros productos de menor coste trajo la casi completa desaparición de estos telefilmes que pasaban a limitarse a algunos canales por cable que los cortaban a medida -según sus necesidades, como un auténtico especialista al que he dejado fuera antes: El Disney Channel, capaz de sacar, meter, cambiar y ajustar a sus estrellas con sus distintos productos.

Precisamente ellos son los más acostumbrados a sacarse de la manga un éxito sorpresa y globalizarlo, como hicieron con High School Musical y esperan repetir con Teen Beach Movie —que ya ha tenido en USA una audiencia más que notable de cerca de 8,5 millones de espectadores—, pero eso no siginifica que sean los únicos en el juego.

El SyFy ha sido uno de esos canales que se ha encontrado con los problemas de identidad que parecen tener las cadenas dentro de NBC/Universal, habiendo pasado de estar realmente centrados en el género fantástico; bien en la ciencia ficción, bien en el horror; a un intento de conquistar la ciencia ficción más adulta y, de ahí, con el paso de SciFi Channel a Sci-Fi a SyFy, una búsqueda de lo contrario llena de programas de fantástico de baja intensidad, concursos y magazines, que hacía parecer al canal una versión adolescente de Nickelodeon. Y eso sin contar con que las versiones internacionales de varios países decidieron obviar el SyFy por otras variedades debido a que más que a Ciencia Ficción les evocaba Sífilis. Otro éxito de la NBC/Universal, vaya.

Mientras tanto, y desde 2001 —Recordemos que el canal se creó en 1992— se dedicaron a estas películas de bajo presupuesto bien con sus propios Sci-Fi Pictures, bien contratando con productoras que estuvieran en su onda entre las que destaca por méritos propios la especialista en exploits o como ahora lo llaman centrándose en un título y no en un género, mockbusters The Asylum, que lo mismo se montaban un Transmorphers que un Almighty Thor, de modo que no fue extraño que acabara siendo uno de sus colaboradores con títulos como 2-Headed Shark Attack.

No fueron los únicos y, entre sus títulos se encuentran desde excentricidades como Anonimus Rex a la más reciente película basada en personajes de la Marvel que acabara siendo directa a televisión, Man-Thing, o la serie B de sabor clásico como Man with the Screaming Brain, remakes no confesos de clásicos del fantástico como Mansquito o locuras superheróicas de derribo como S.S. Doomtrooper, acabarían centrándose fundamentalmente en los desastres naturales. Bueno, naturales de aquella manera. Películas de terror apocalíptico y de monstruos gigantes que hace pensar en un regreso a los programas dobles de los años ’50. Incluso aunque fueran desarrollando un giro hacia la autoconsciencia cómica sacando cosas como 12 Disasters of Christmas, su versión de un telefilme navideño.

Dentro de esos títulos, entre los Chupacabra: Dark Seas y los Dinocroc vs. Supergator, fueron apareciendo los tiburones. Bien es cierto que la Shark Week que el Discovery Channel lleva dedicándole en julio desde 1987, y que ha pasado de un repaso documental a… bueno, lo que ahora conocemos y tantos comentarios negativos ha ido acumulando con el tiempo.

Entre los filmes que han ido lanzando en el canal has estado no sólo la idea de The Asylum, también Shark in Venice, que ríete tú de Amsterdam: Misterio en los canales, y Sharktopus, cuyo nombre debería decirlo todo. Así, hasta llegar a este año.

Desde el mismo momento en que el canal desveló que su película para la Semana del Tiburón de este año se llamaría Sharknado la gente comenzó a reaccionar. La misma locura de su concepto —un tornado lleno de tiburones— hacía que la gente se manifestara con cierto irónico interés por ver cómo iban a llevarlo. Tampoco parecía que fuera a ser muy diferente de lo que suelen ser sus películas: Actores de pasado másomenos brillante como Ian Ziering (Que ya estuvo haciendo de Hernán Cortés en Aztec Rex a.k.a. Tyrannosaurus Azteca) o Tara Reid (Que sabe de esto un rato, no hay más que decir que fue coprotagonista del Alone in the dark de Uwe Boll) junto a actores televisivos como John Heard (Cuyo mayor éxito fue aparecer en las últimas temporadas de Los vigilantes de la playa) y la relativamente joven Cassie Scerbo (Conocida por participar en series y películas de animadores, gimnastas y similares). El guión es tan poco probable como lleno de recursos de bajo presupuesto —la afición por hablar por teléfono o encerrarse en habitaciones es notable—, junto con las clásicas locuras argumentales y los efectos especiales de bajo nivel.

Como decía antes, parece que hemos vuelto a los ’50. ¡Bravo!

¿Cuál es entonces la diferencia? Pues, como decía al principio, que esta vez está recorriendo el mundo. El éxito de la película no ha sido un éxito en audiencia, los cerca de 1,5 millones de espectadores están en la media de los telefilmes de la cadena. El éxito ha sido notable, pero en las redes sociales . El furor por la película logró un nivel de comentarios realmente alto con gente conocida entre los que contribuían, de todas partes como Damon Lindelof . Una cantidad de ella similar a la que la serie más comentada en las redes sociales, Pretty Little Liars, suele tener; pero que ha servido también para que los desconectados traten de usarlo para ejemplificar la diferencia entre lo realmente exitoso y aquello que los medios quieren que consumamos.

En realidad deberían preguntarse por qué lo que parece interesar a algunos no tiene más seguimiento. y cómo algunas corporaciones logran cambiar los métodos de medir —por ejemplo, la llegada de la FOX y el paso de la audiencia total al segmento 18/49—, o logran saltar la manera de medir la audiencia de un programa, algo que llevará a Nielsen a valorar también algo más que sus habituales y siempre criticados audímetros televisivos.

En cualquier caro, ya desde antes de emitirse se notaba el interés. Y no me refiero sólo a los chistes a su costa, antes incluso del estreno, de Jimmy Kimmel.

SyFy preparó un maratón con sus películas de tiburones , dieron entrevistas el director Anthony C Ferrante y los protagonistas, Reid y Ziering —Por cierto, no trabajaba como stripper antes de la película, está en un puesto de Guest Celebrity en el espectáculo Chippendales, que suele durar un par de meses y en el que estuvieron antes Joey Lawrence, p.ej—

Una vez emitido se convirtió en todo un suceso, un Evento, algo que gente como Alan Sepinwall describía como una experiencia comunal y que los medios tratarían de analizar al día siguiente hasta, sencillamente, un resumen en GIFs y Vines. Todos los puntos se iban cubriendo, desde los bomberos explicando si estaban preparados, expertos explicando que no podría suceder —¡En serio! —, repasos a aspectos como la geografía o al resto de pelis de tiburones de SyFy

De modo que rápidamente tuvieron que volver a hablar todos, Ferrante, Tara Reid, e incluso un esperanzado Ian Ziering que explicaba cómo aceptó el proyecto. Y, además, el guionista Thunder Levin o el supervisor de efectos especiales Emile Smith

Inmediatamente empezaron a aparecer referencias humorísticas y no me refiero sólo a la animación taiwanesa.

Lo que llevó a una serie de respuestas más o menos lógicas, empezando por una repetición que elevó a casi dos millones los espectadores, así como a todo tipo de charlas sobre la secuela sobre próximas películas para el canal como 3-headed Shark o Ghost Shark pero, sobre todo, para que las repeticiones lleven a un aumento de la demanda, y no me refiero tanto a su estreno en salas de cine siguiendo esa idea de acontecimiento comunal que decía Sepinwall y que remitía tanto a The Rocky Horror Picture Show como a The Room. Me refiero a su éxito en la proyección global, con todo el mundo moviendo un estreno cercano, aunque sea por aprovechar el ruido mediático o porque los espectadores del país han mostrado interés por saber cuándo se emitiría.

Este interés internacional es algo que no se tiene en cuenta, ni en los Nielsen ni al interpretar los datos, y es que la viralidad social es lo que ha servido para promocionar y hacer más negocio de esta película, aprovechando que, como hemos visto, una película emitida en Estados Unidos puede ser vista y reclamada en UK, Taiwan o España.

La cercanía actual a la falta de fronteras informáticas facilita que las series se distribuyan casi a la vez y eso obligue a los canales autóctonos a correr más para emitirlas —los de pago, claro, a los otros les da un poco lo mismo todo, al menos en España— y permite seguir y comparar otros programas. Por eso el estreno del especial 50 Aniversario de Doctor Who será global y uno se puede informar más —y mejor— por los medios en la red que por los otros medios tradicionales, incluso cuando esos medios a los que se tiene acceso gracias a internet son, precisamente, los tradicionales como la BBC.

Podemos ver y leer sobre Sharknado símplemente como otra película de calidad discutible con la que echarnos unas risas pero, si la examinamos de cerca, veremos que incluso lo que puede parecer una diversión de verano es, en realidad, una excusa para la reflexión.


Desarrollística infernal hacia Octodoctor

Aunque el Jefe de Drama Peter Cregeen hubiera asegurado que tenían intención de retomar Doctor Who en algún momento futuro la falta de movimiento o de alguna fecha concreta de regreso —tal y como había sucedido con la temporada 23— hicieron que los fanes se temieran lo peor. Sobre todo cuando la BBC decidió aprovechar para cerrar la Oficina de Producción de Doctor Who que llevaba abierta desde el año 63.

La cercanía del treinta aniversario, en 1993, hacía albergar alguna esperanza de que en breve hubiera noticias positivas, de igual manera había movimientos en América desde hacía tiempo, organizados en tres grupos, el conocido como The Daltenrey, el formado por Terry Nation y Gerry Davis y el que el inglés afincado en USA Philip Segal iba formando de productora en productora.

Lo que siguió a continuación fue una sucesión de desastres empresariales y creativos así como una loca carrera por la rentabilidad al estilo americano que no es sólo un momento cumbre de todo lo que podría salir mal al pasar de la televisión al cine y un ejemplo brillante de lo que significa el término Infierno de desarrollo (o una versión más razonable en español de Development Hell) sino que acabaría dando lugar a un libro que recoge todos estos problemas, el divertidísimo The Nth Doctor, que recomiendo a aquellos a los que esta columna deje con ganas de más y que resulta mucho más interesante que Doctor Who: Regeneration, el libro del mismo tema en el que Philip Segal, ayudado por el escritor Gary Russell, trata de dar su punto de vista de la historia.

Lo primero que ocurrió fue que los planes de Andrew Cartmel para el Doctor se fueron al garete. Consideraba que la historia de Ace estaba suficientemente explicada y tenía intención de mandarla durante la siguiente temporada a Prydonian Academy de Gallifrey. No se trataba de dejarla muerta, casada o que decidieran abandonarse sino de un paso adelante en su camino, un nuevo ejemplo del carácter revolucionario que Cartmel quería darle a Ace. En su lugar tenía intención de hacer otro truco. Introducir a un jefe de los bajos fondos ingleses que se encontraría un par de veces con el Doctor como personaje recurrente, en una de las aventuras el Doctor le ayudaría con el parto de su mujer y, en una aventura posterior, esa misma hija a la que ayudó a traer al mundo se le uniría como acompañante con un trasfondo y unos conocimientos criminales de los que poder sacar partido. Además, claro de que la habríamos visto como niña antes de verla como acompañante, modificando de esta manera también su relación con el Doctor. Algunas de las historias preparadas acabarían viendo la luz dentro de las colecciones de libros, como ya veremos.

El paso del tiempo hizo que todos fueran viendo finalizados sus contratos y se pusieran a buscar otras ocupaciones, aunque Sylvester McCoy prometió a los fanes de la serie que cuando llegara el momento estaría más que dispuesto a regenerarse en su sucesor, y mientras John Nathan-Turner lograba por fin dejar atrás su etapa como productor de Doctor Who, para descubrir que tampoco tenía mucho más futuro en nada relacionado con la televisión, la BBC decidía que, siguiendo los postulados de la Comisión Peacock, lo que había que hacer era subcontratar a una productora externa que sacara la serie adelante.

Cuando a las empresas se les abrió la posibilidad de hacer negocio con Doctor Who fueron apareciendo propuestas. La primera llevaba ya años dando vueltas, desde 1987, se trataba de The Daltenrey, una empresa formada por un grupo de aficionados de alto nivel con la intención de llevar al cine las aventuras del Doctor, estando aún la serie en marcha —aunque ya en problemas— habían logrado un acuerdo con la BBC que les vendía los derechos hasta 1994 para realizar una película. El grupo lo crearon el director George Dugdale, el experto en efectos especiales Peter Litten y el periodista John Humphreys, a los que se les fueron sumando personas del mundo cultural británico como el músico Brian Ferry. La idea era crear un conglomerado de personas ligadas al mundo de la cultura que pudiera ofrecer su experiencia y contactos para llevar el proyecto a buen puerto.

Pero, claro, una película es una cosa y una serie otra, así que los señores de la BBC pensaron que podrían sacar más dinero si le vendían los derechos para televisión también, empezando ese mismo 1989 con los ojos vistos en la promoción por el treinta aniversario que tendría lugar cuatro años más tarde. De modo que ante las ofertas llegadas de manos de gente ligada a la serie como Nation y Davis —creadores de los Daleks y los Cybermen — o Derrick Sherwin —productor de los últimos seriales de Troughton — prefirieron decantarse por Philip Segal, cuya relación con la serie era como aficionado a la misma pero que venía respaldado por su puesto como Director de desarrollo televisivo para Columbia. Es decir, que tenía una productora con pasta detrás. ¿No es eso lo que el Profesor Peacock hubiera preferido?

El grupo The Daltenrey no tardó en ponerse en contacto con Segal para intentar combinar ambos esfuerzos de manera que la película pudiera servir de punto de lanzamiento de la nueva serie. Segal sugirió que podría verse como pilot en Estados Unidos y como película en el resto del mundo. La Columbia lo veía bien aunque la cadena con la que estaban en charlas, la CBS, era reticente. La multiplicación de interlocutores llevó a la BBC a contratar a la primera productora de la serie, Verity Lambert, a través de su empresa de producción, Cinema Verity, para que actuara como representante de las posturas de la BBC en las negociaciones. La productora de cine Paramount Picture, parte del grupo, trató incluso de cerrar un trato para que la película la protagonizara nada menos que Michael Jackson, para aprovechar el éxito de Moonwalker, independientemente de quién le interpretara luego en la serie, aunque quizá para lograr pasar de película a serie sin mayores problemas funcionara mejor la segunda opción que propuso la productora: Bill Cosby. Mientras estas tenían lugar Philip Segal dejó su cargo en Columbia para convertirse en Director de programación de la ABC. Bloqueando la situación con su marcha.

La BBC, no contenta con haber vendido los derechos para el cine y para la televisión pensó que podría exprimir un poco más de la serie y tanteó la posibilidad de vender los derechos para una serie de animación ligada al personaje, aunque al final no lo lograran… al menos de momento.

En 1991 Segal dejaba la ABC para entrar a formar parte de Amblin Entertainment en donde, una vez logrado el apoyo de Steven Spielberg —de quien se decía que ya había estudiado el proyecto cuando a principios de los ’80 Disney quiso comprar el personaje a la BBC para producir en asociación con este vía Touchstone series y películas—, procedió a volver a reactivar el proyecto, con éxito similar, mientras se aproximaba al productor Peter Wagg, al que el daltenrey Peter Litten conocía de cuando trabajaron juntos en Max Headroom, para tratar de desarrollarlo a tiempo para 1993.

La BBC seguía buscando maneras de sacarle más pasta a la serie y la cercanía del aniversario hizo que la rama que explotaba los lanzamientos en VHS se los programas de la cadena, que había logrado un gran éxito vendiendo en UK, USA y Australia las cintas de la serie, pensara en sacar un directo a vídeo conmemorativo. Así que los responsables de la sección, David Jackson y Penny Mills, se colocaron como productores del proyecto y contrataron a un par de guionistas, Adrian Rigelsford y Joanna McCaul, para que desarrollaran una historia suficientemente importante en que aparecieran todos los Doctores posibles así como el Brigadier, Ace y referencias a un personaje de los nuevos libros. El villano sería inicialmente un personaje nuevo, el Profesor Hawspur, un viajero temporal que intentaba interferir con la línea temporal del Doctor en una aventura originalmente conocida como Lost In The Dark Dimension y, finalmente, The Dark Dimension, que aparecería en Noviembre de 1993 coincidiendo con el 30 aniversario de la serie. Y decidieron ponerlo en manos de la persona que, sin duda alguna, más ganas tendría de volver a encontrarse con el Doctor: John Nathan-Turner.

Inesperadamente para la BBC JNT manifestó preferir mantenerse lo más apartado posible del personaje que pudiera. La excusa oficial era que no veía como el guión podría funcionar con el presupuesto asignado, la extraoficial parecía ser que no tenía muchas ganas de volver a la serie y menos teniendo en cuenta que él ya envió un guión para un directo a vídeo cuando aún se emitía la serie y la BBC había pasado de él completamente. A pesar de eso siguieron adelante buscando completar el proyecto cuanto antes, fichando a Graeme Harper, director de algunos seriales como The Caves Of Androzani, y también habían logrado fichar a Tom Baker, al que habían prometido el personaje de mayor protagonismo al ser el más conocido internacionalmente, y que estaba deseoso de participar tras haberse saltado The five Doctors.

Pero había problemas con el resto de Doctores vivos; Pertwee y Davison y Baker y McCoy; no estaban tan convencidos. Los que ya conocían la reputación de Baker porque sospechaban que iba a convertir aquello en una obra para su mayor gloria, sobre todo porque sus personajes tampoco tenían mucho tiempo en pantalla en la primera versión del guión.

Aunque eso no fue nada comparado con lo que ocurrió cuando Philip Segal se enteró del proyecto. Segal, que estaba trabajando con los Daltenrey para sacar la película y lanzar la serie para esas mismas fechas, se puso en contacto con la BBC para expresarles su desagrado por el proyecto que si salía mal podría significar un duro golpe para la película y la resurrección de la serie. Lo que no deja de ser irónico, dados los problemas de producción que estaban teniendo con su propio proyecto. Pero la BBC decidió hacerle caso y enterrar el proyecto…

En su lugar, el 30 aniversario habría un documental en la tele y otro en la radio, una radionovela del tercer Doctor —con el Brigadier y Sarah Jane — escrita por Barry Letts… y una cosa más. El telemaratón Children In Need quería rendir homenaje a Doctor Who con una pequeña historia. Así que decidieron acercarse a la persona más adecuada y deseosa de ayudar, una vez más: John Nathan-Turner. JNT inicialmente les dijo que no, claro, luego su agente se enteró de que andaba rechazando trabajo, tuvieron una conversación y JNT llamó a los responsables para decir que se lo había pensado mejor y estaría encantado de colaborar. Lo primero que hizo fue agenciarse un guionista inexperto con el que poder colaborar desde una posición de superioridad, David Roden, y así preparar The Dimensions Of Time, conocida luego como Dimensions In Time, en al que aparecerían todo los Doctores vivos. ¡¡¡Y SERÍA EN 3D!!!

No os riáis, que lo fue. Bueno, de aquella manera, con esas gafas especiales de cartón y plástico de dos colores que… Da igual. El caso es que eso suponía un problema para tener a todos los Doctores porque no había imágenes en 3D de Hartnell ni de Troughton, pero JNT no se achantó y decidió encargar dos bustos para poder poner sus cabezas voladoras en 3D dentro de la nave del enemigo del corto, que no era otro que The Rani, interpretada de nuevo por la gran Kate O’Mara en su versión más sobreactuada, decidida a terminar de una vez por todas con el Doctor —algo que también parecía haber logrado con Tom Baker— encerrándole en un bucle temporal con un lapso de 20 años entre ellos: 1973, 1993 y 2013, que estaría en la localización de… EastEnders. De esta manera se hacía un crossover entre las dos conocidas series.

Como celebración que era trajeron también a algunos acompañanantes, empezando por Ace y añadiendo a Mel, Susan, Sarah, Peri,
Ian, Liz, Leela, Yates, Nyssa, Victoria, Romana, El Brigadier y hasta K9, y soltándoles luego enemigos clásicos de manera meramente testimonial, como Cybermen, Ogron, Sea Devil, Tractator, Tetrap, Zog

Para la segunda parte podían votar por teléfono y elegir qué personaje de EastEnders ayudaría —muy mínimante— al Doctor, si sería Mandy o Big Ron, se rodaron ambas versiones pero sólo se emitió la ganadora, de Mandy, lo que añadió un mínimo de interacción entre el público y el especial.

La audiencia de la historia —emitida en dos segmentos separados dos días distintos— fue notablemente buena, algo a lo que ayudó también que fuera la gran atracción de la maratón benéfica y, coincidiendo con su aniversario, el Radio Times le diera la portada, algo que no ocurría desde hacía una década en The five Doctors. Obviamente los pensamientos inmediatos de la BBC fueron que podrían sacar… más pasta con lo que quiera que hiciera Philip Segal vendiendo licencias. Nada de ponerse ellos de nuevo, faltaría más. Y con la licencia para la película vendida a los Daltenreys a punto de caducar parecía un buen momento para seguir maniobrando…

Segal, por su parte, había visto el éxito en UK como un aliciente para tratar de mover la serie. En ese momento sobre la mesa se encontraban Amblin y Universal con la BBC y su rama internacional BBC Enterprises, a punto de pasar a ser BBC Worldwide. Como el tiempo corría decidieron entre todos que el marrón se lo com… que se pusiera al mando a Philip Segal como productor del invento pero que, para adaptar el nuevo Doctor Who a la sensibilidad americana lo mejor era poner como guionista a un hombre de confianza de la Universal, John Leekley, en vez de a ese inglés que querían poner Segal y la BBC, un tal Terrance Dicks.

Por suerte Leekley tenía un montón de ideas interesantes para hacer un guión de Doctor Who que atrajera una gran audiencia:

La película presentaría al Doctor y al Master, que son hermanastros, hijos antes del gran explorador Time Lord Ulysses y nietos del actual Presidente del Consejo Borusa; cuando el Master mata a Borusa para hacerse con el puesto de Presidente el Doctor decide huir de Gallifrey en una vieja y estropeada TARDIS decidido a encontrar a Ulysses. El espíritu de Borusa se introduciría en esa misma TARDIS permitiéndole aconsejar a su nieto cuando fuera necesario. Y el primer punto de su búsqueda sería El Planeta Azul en el que vivía la segunda mujer de Ulysses y madre del Doctor.

Americanizar, que lo llaman.

Segal y Leekley, con ayuda del diseñador Richard Lewis, prepararon una extensa biblia de la serie basado en este contexto, que incluía un encuentro en el segundo capítulo —o la segunda parte del piloto, según se decidiera— con los Daleks, ahora una raza a las órdenes del Master. También ofrecía idea de qué seriales clásicos podrían ser reciclados para las nuevas series, y reinventado a enemigos como los Cybermen, que ahora se llamarían Cybs, serían creados con partes diferentes, mediante retazos; los Yetis, por su parte, dejarían de ser robots al servicio de la Gran Inteligencia para ser simples descendientes de los neandertales. La segunda aventura del doctor sería The Gunfighter con mayor rigor histórico.

De momento necesitaban encontrar actores así que elaboraron una pequeña lista para el Doctor, otra para el Master y una última para Borusa. El resultado era, básicamente… cualquiera. No podían estar más perdidos con lo que buscaban como demuestra un pequeño listado a los candidatos.

Para el Doctor entraban Adam Ant, Rowan Atkinson, Sean Bean, Pierce Brosnan, Michael Crawford, Tim Curry, Timothy Dalton, Rupert Everett, Ralph Fiennes, Hugh Grant, Anthony Stewart Head, John Hurt, Eric Idle, Derek Jacobi, Ben Kingsley, Rob Lowe, Malcolm McDowell, Ian McKellen, Sam Neill, Peter O’Toole, Michael Palin, Jonathan Pryce, Patrick Stewart y Peter Ustinov. Como se ve sólo parecían haber desestimado a la rana Gustavo. Para mediados de marzo de 1994 el candidato principal se había convertido en Paul McGann que les había impresionado en Alien 3. Lamentablemente estaba ocupado así que se decidieron por el irlandés Liam Cunningham… que también tenía un compromiso previo.

Así que pasaron a centrarse en el rol de Borusa, pensando que podrían conseguir a un gran nombre para el papel mientras discutían si sería mejor tenerle como una voz o como un holograma, y en cuanto a la lista de actores… ¡De nuevo Gustavo había sido dado de lado! Por contra se consideró a Don Ameche, Richard Attenborough, Peter Cushing, Kirk Douglas, Albert Finney, Richard Griffiths, Alec Guinness, Richard Harris, Anthony Hopkins, Burt Lancaster, Christopher Lee, Jack Lemmon, Paul Newman, Gregory Peck, Donald Pleasance, Max von Sydow y, ya puestos, Peter Ustinov y Ian McKellen, que igual servían para un roto o un descosido. El favorito, en este caso, era Peter O’Toole, que parecía dispuesto a sumarse al proyecto.

Lamentablemente los directores de las cadenas pasaron muy ampliamente. Ni la NBC lo vio claro —que ya es decir—, ni a la ABC le interesó ni la CBS paso de considerarlo como algo que podrían comprar como reemplazo para mitad de la temporada. Por suerte aún quedaba una cadena, joven e intrépida, con recién llegado jefe joven e intrépido Jefe de Series: Robert Greenblatt. Y, claro, fue ver el proyecto y parecerle estupendo. Eso sí, como un telefilme con opción a otro, no como una serie. Segal estuvo negociando con Greenblatt y acabó logrando un acuerdo de mínimos, se haría un piloto de larga duración que, de funcionar, llevaría a la cadena a encargar una serie.

Mientras tanto en suelo británico el grupo Daltenreys parecía tener todo preparado para rodar su película, habían contratado a Alan Rickman para interpretar al Doctor tras el rechazo de Pierce Brosnan y a Leonard Nimoy para dirigirla, con un guión por parte de Johnny Byrne, guionista de la serie original en seriales como Warriors of the Deep y creador del personaje de Nyssa, en el que el Doctor se enfrentaría a un nuevo enemigo, Varnax. Pero resulta que no estaba TODO preparado, necesitaban que la BBC aprobara el guión para ponerse a rodar. Imaginaban que era cuestión de día así que tenían ya preparadas localizaciones, maquinaria y todo lo necesario. Pero la BBC no daba muestras de vida.

Los Daltenreys fueron directos a la cadena a exigirles una respuesta rápida en cuanto se dieron cuenta del juego de la cadena, faltaban sólo unas semanas para que los derechos para la película caducaran y volvieran a la BBC. Sea por esa avidez de dinero al poder volverlos a vender, sea por considerar que podría interferir con el trato con Segal, la FOX, Spielberg y toda la pesca, el caso es que la BBC se dedicó a fingir que no les oía hasta que pasó la fecha y recuperaron los derechos. Lo que motivó, a su vez, una millonaria demanda por parte de los Daltenreys, convencidos de que les habían tomado pero bien el pelo a lo que la BBC contestó con el equivalente legal a ÑAÑAÑA. De la demanda y los 14 millones de libras que pedían como compensación nunca más se supo… públicamente. Al parecer llegaron a un acuerdo que algún día conoceremos.

Con los Daltenreys fuera de juego el peligro que una producción millonaria dirigida por Nimoy y protagonizada por Rickman sobre guión centrado en el Doctor tradicional podía causar en el telefilme americano se desvanecía y así el grupito de Segal podía volver a dedicarse a sus preparativos ahora con otoño de 1995 como objetivo. Contando ahora además con Jean-Marc Lofficier y su mujer Randy, una pareja de historiadores interesados en documentar el proceso y que se ofrecieron como asistentes en la historia del personaje.

Pese a contar con ellos tampoco es que el guión mejorara demasiado. Se decidió darle una segunda revisión detallándolo más. El Doctor visitaría ahora la 2º Guerra Mundial encontrando así a una acompañante, Lizzie Travis, con la que viajaría al antiguo Egipto buscando a Ulysses, de ahí —tras un ataque de Cybs— volverían a Gallifrey a que el Master les mandara a Skaro para que detuvieran a Davros y sus Daleks, aunque avisando al científico chalado para que se los cargaran, algo que no conseguirían pero que dejaría claro al Doctor que no era bienvenido en su planeta, así que irían a la Tierra a buscar a su padre por aquello que decía el borracho de que debajo de la luz se busca mejor.

Cuando le señalaron la existencia del animal mitológico conocido como presupuesto Leekley decidió cambiar a los Cybs por un secuaz del Master conocido como el Castellan Kelner dándole el mismo nombre que al personaje de The Invasion Of Time —y logrando esta vez deletrearlo bien, no como cuando convirtió en Borusa al Cardinal Barusa—. Luego le tocaría eliminar el regreso a Gallifrey y reducir las escenas en Egipto y Skaro. Una vez el guión parecía algo que pudieran pagar con el dinero que tenían empezó la ronda con las productoras.

Mientras, Segal barajaba para dirigir el piloto a Joe Dante, Alan Parker, Ridley Scott, Peter Weir… y por lo que sabía Leonard Nimoy estaría encantado de dirigir una película de Doctor Who y estaba ahora libre.

De momento, tras una segunda ronda de actores para el personaje principal entre los que se incluían como novedad a Jeff Goldblum, Rutger Hauer, Chris Isaak, Kyle MacLachlan y Gary Sinise, volvieron a lo básico y a intentar que Paul McGann fuera el elegido.

El primer productor que le puso un ojo encima al guión fue el propio Steven Spielberg que preguntó si tenían intención de hacer Doctor Who o Indiana Jones del Espacio y sugirió a Segal que se buscara a un nuevo guionista. Así que, en lugar de preguntarle a Dicks cómo le iba, se fue para Universal a ver si tenían a alguien. Y lo tenían: Robert DeLaurentis.

DeLaurentis decidió que lo que necesitaba ese guión era más diversión, y empezó a hacer cambios como que el padre del Doctor ya no se llamaría Ulysses o que estaría en la 2ª Guerra Mundial metido en un complot para matar a Hitler, que para eso era un viajero del tiempo. Ese intento de asesinato llevaría a Estados Unidos en 1994 donde encontraría a su padre y de ahí a Skaro a que se enfrentaran al Master. De manera que el papel de Borusa lo ocuparía ahora el padre. Y, ya puestos, llamar al Castellan Castelloan —mucho habían durado deletreando correctamente— y darle a Lizzie un bulldog llamado Winston que les acompañaría en sus aventuras. No, yo tampoco sé en qué estaban pensando.

A partir de ahí llegó un tornado de cambios para el guión que iba sumando reescrituras en las que los Daleks pasaban a ser alienígenas cambiaformas, Winston nunca se unía a la TARDIS, y el Castellan^recuperaba su nombre pero ahora era un medio Zolgon. Así hasta que la FOX, viendo que era imposible ya estrenarlo en 1995 decidió acabar con la tontería y pedir que alguien despidiera a DeLaurentis.

El vicepresidente de FOX a cargo de telefilmes sugirió entonces el nombre de Matthew Jacobs, guionista habitual de El joven Indiana Jones, que empezaría de cero… bueno, lo de la madre humana del Doctor de momento se lo quedaban. Ahora empezaban con Sylvester McCoy en su TARDIS llegando a una gran ciudad estadounidense sin saber que el Master, tras haber agotado sus reencarnaciones —sí, otra vez— no era más que una especie de pulpa maliciosa decidida a acabar con el Doctor para tratar de introducirse dentro de él. Ahm. Para ocupar su mente, quiero decir. El ataque del Master terminaría con el Doctor mortalmente herido en la calle donde un chaval pandillero llamado Jack le llevaría al hospital en el que la Doctora Kelly Grace no lograría salvarle. Mientras el Doctor se regeneraba el Master ocuparía un cuerpo humano, que se iba degenerando rápidamente por tener que contener a un Time Lord, y trataría de entrar en la TARDIS. Tras no conseguirlo descubriría que las llaves de la TARDIS estaban ahora en posesión de Jack así que decidiría trazar un plan sencillo: traer de entre los muertos a un ejército de zombies entre los que se incluiría el padre de Jack para así poder robar la nave. Aprovechando que era Halloween, además. Tras un par de peleas Jack moriría para ser traído de vuelta a la vida por el poder de la TARDIS, vencería al cuerpo degenerado del Master y sus muertos vivientes y partiría en búsqueda de nuevas aventuras con la Dra. Grace.

Quizá porque les gustase realmente, quizá por simple contraposición con lo anterior, incluso puede que por lo barato del asunto, el caso es que a la FOX le gustó el guión, aunque vieron algunos cambios necesarios: el nombre de la Dra. Grace que pasaría a ser la Dra. Grace Wilson, la raza de Jack que por lo visto no era lo suficientemente diversa y pasaría a convertirle en Chang Lee por culpa de esa ley que evita que los asiáticos se llamen Jack, y la necesidad de meter algo más de humor que se arregló con un par de celadores de hospital que homenajeaban a los Bill y Ted de la película de viajeros temporales del mismo nombre, el Master tendría más personalidad y para ello dirían que su cuerpo era de un bombero. Además, decidieron que mejor que parecer un cadáver putrefacto el Master debería parecer un lagarto según fuera pasando el tiempo (?) y que pudiera convertir sus brazos en otras cosas como lazos. Porque lo de los zombies no lo acababan de ver así que en su lugar se traían un artefacto llamado The Eye of Harmony que serviría para traer de la muerte al Master y para que los secundarios pudieran comunicarse con sus parientes muertos, lo que significaba que el padre de Ja… de Chang Lee traído de entre los muertos pasaría a ser un tío al que el Master mataría. Y gracias a la cosa esa el Doctor podría tener una visión de su madre humana.

En este punto Peter Wagg decidió dejar el proyecto, sabedor de que por lo avanzado del año no se podría tener nada preparado hasta el año siguiente, aunque prometió echar una mano si lo necesitaban. Poco después de irse él también los Lofficier, que total para lo que habían hecho por proteger el legado original del Doctor. Aunque lo que Segal no sabía es que planeaban publicar un libro con todo el material de producción que habían logrado en esos años, lo que acabaríamos conociendo como The Nth Doctor, y que saldría en 1996, detallando todas las idas, venidas y diversos meandros del proyecto. —Y, como decíamos antes, esto junto a las malas críticas llevarían a Segal a escribir su propia versión en Doctor Who: Regeneration — pero no todo fueron salidas, también entró un nuevo productor por parte de Universal, Alex Beaton, que se convertiría en una persona fundamental cuando en septiembre Segal decidiera dejar Amblin por el sello Lakeshore Television de Paramount Pictures, aunque Spielberg le permitiría llevarse los derechos del personaje con él, quitándose así de en medio del marrón, pasando a ser Beaton la persona fundamental para la producción.

Se decidió rodarla en la Vancouver por ser más barato, aunque eso llevaba añadida una cláusula por la que gran parte del equipo técnico debía ser canadiense. La cosa se movía y tenían incluso un diseñador principal, Richard Hudolin, que decidió hacer una versión del interior de la TARDIS usando de base la de Tom Baker pero con una inspiración más cercana a Julio Verne, y a mayor escala.

Contentos FOX y Universal y dada la fecha de mayo de 1996 para su estreno sólo quedaba una parte por convencer, la BBC, que pediría una serie de cambios que llevarían a la versión definitiva del guión en el que el Doctor transportaría los restos mortales del Master desde el planeta Skaro en el que los Daleks le habían juzgado (?) y condenado a muerte, pero antes de morir solicitó que el Doctor llevara sus restos de regreso a Galliffrey sin saber que su intención era tomar control del Doctor. Cómo era posible que esos restos terminaran siendo el Master con la pinta de una serpiente es algo que nunca sabremos. En cualquier caso esto provocó un aterrizaje de emergencia de la TARDIS en la Tierra, cuando el Doctor decide salir para ver dónde está se encuentra en mitad de una bronca entre pandilleros. Bueno, se encuentra… unos pandilleros estaban disparando a Chang Lee justo cuando la TARDIS se materializa entre ellos, según el Doctor abre la puerta se lleva un par de tiros en lo que puede ser una de las secuencias más ridículas en toda la historia del personaje.

De ahí al no salvamento por parte de la Doctora Grace Holloway, la parte de Chang Lee e incluso ciertos detalles que recordaban los ojos de guepardo de la última vez que vimos al Master. Y también que Sylvester McCoy hiciera honor a su palabra y apareciera en el telefilme para dar el relevo a su sucesor. Lo que tuvo mérito porque a la responsable de Universal le parecía que era mejor que no aparecieran Doctores anteriores o que, si se tenía que regenerar de alguno, lo hiciera de Tom Baker, que para eso era el más conocido.

La FOX pidió, eso sí, que hubiera al menos un nombre importante en el proyecto. Incluso sugirió que se estudiara a otros actores para el puesto de Doctor como Alfred Molina, Julian Sands, Arnold Vosloo y Peter Weller aunque accedieron que se quedara McCann a cambio de que alguien reconocible por el público americano hiciera de Master.

Para la Doctora Holloway se pensó en Maria Bello, Erika Eleniak, Stacy Haiduk, Marcia Gay Harden, Carrie Ann Moss o Helen Slater, pero acabaría yendo a Daphne Ashbrook, conocida fundamentalmente por Melora, un episodio de Star Trek: Espacio profundo 9 en el que interpretaba al personaje que daba título al capítulo.

De manera que hacía falta el Master y, como de costumbre, se tiró de la famosa lista de nombres que incluía a:

F Murray Abraham, Dan Aykroyd, Richard Dean Anderson, Armand Assante, Scott Bakula, Tom Berenger, David Bowie, Steve Buscemi, Dana Carvey, Chevy Chase, Phil Collins, Matt Dillon, Robert Duvall, Robert Englund, Dennis Hopper, Mick Jagger, John Malkovich, Rick Moranis, Bill Murray, Oliver Platt, Tom Selleck, Martin Sheen, Kevin Spacey, Sting, Jon Voight, Tom Waits, uno de los Wayans, da igual si Damon o Keenan Ivory, Henry Winkler, James Woods y Michael York entre otros.

Dentro del epígrafe: Repitiendo lista teníamos a Tim Curry, Timothy Dalton, Jeff Goldblum, Rutger Hauer, Chris Isaak, Ben Kingsley, Christopher Lee, Kyle MacLachlan, Malcolm McDowell, Jonathan Pryce, Patrick Stewart, Peter Weller e, incluso, Leonard Nimoy.

El preferido de Segal era otro: Christopher Lloyd, una ekección que le enfrentó a Universal que estaba viendo cómo se iban a tener que gastar más dinero del que creían en la producción. La situación entre productora y productor llegaría a su mínimo cuando Segal pensó que se iban a retirar echando por tierra todo el trabajo así que fue a sus jefes de Paramount por si estaban interesados en sustituirles: No. Así que decidió aprovechar que ahora había foros de internet para entrar y decirle a los aficionados que se dedicaran a dar po… a escribir caras y llamar por teléfono al responsable para que se desbloqueara. Cuando por fin aceptaron resultó que Lloyd ya no estaba libre así que tuvieron que ir a la siguiente opción, Eric Roberts. Que por extraño que parezca había pedido más dinero que Lloyd, y ya puesto, que le dieran un papelito a su esposa, Eliza, terminaría siendo el de la mujer del cuerpo que el Master ocupó.

Fina mentalmente se decidieron los últimos recortes, que convierten a Chang Lee en un personaje poco menos que anecdótico, se eliminaron casi todos los momentos humorísticos haciendo desaparecer a los bedeles, y varios momento fueron reescritos o improvisados sobre la marcha. La relación entre los productores estaba en su peor momento mientras los implicados a lo largo de los años aparecían para reclamar ser acreditados —y cobrar, claro— en diferentes papeles.

Y llegó el estreno estadounidense. Daba igual que la FOX estuviera aprovechando Expediente X para promocionar la serie, el día en el que lo colocaron difícilmente podría ser peor, enfrentándose al capítulo del ataque al corazón del personaje de John Goodman en Roseanne entre otras cosas que dejó a la serie con un 9% de audiencia, muy lejos del 15% que había puesto la FOX como mínimo para pedir la serie y del 17-18% que el equipo de producción esperaba lograr.

Dio igual que en UK arrasara, en Estados Unidos era un proyecto muerto y la BBC seguía decidida a no producirlo ella misma. Una vez más, parecía que la historia de Doctor Who había llegado a su final.


Doctor Who The Movie Part 1 por WhoFan1966