Hablar de guionistas y series en España no tiene mucho sentido

La idea de seguir hablando de cómo funciona el asunto de los guionistas y las series después de USA y UK con España estaba condenado al fracaso desde el primer momento.

Uno de los problemas era que los guionistas no dejan de hablar de su oficio y sus cosas en internet. Tienen, por hacer un poco de centralización, a Bloguionistas actualizando con regularidad, que van a contar más y mejor de lo que yo podría. O, al menos, de darle más credibilidad a alguna de las cosas que se escuchan. Eso sin contar con lo que una persona tan respetada y admirada por quien este blog escribe como Lector Constante ha dicho sobre el tema. Por no faltar al intento ilustrativo diré, como ella, que hay dos formas de llegar, o estudiando y metiéndote por vía universitaria o masters en el asunto o conociendo a alguien.

Así que pasamos a lo siguiente: Las series. Y ahí no es que me vayan a creer poco, es que incluso a mí me costaría creer algunas cosas que he tenido oportunidad de conocer de cerca. Porque frente a la manera en que en otros países se trabaja con la ficción audiovisual aquí el estado en que funcionan las cosas es… de negación.

La semana pasada llevé a cabo la siguiente sencilla comprobación: Contabilizar el número de series de emisión semanal en emisión a lo largo de la semana. Teniendo en cuenta que hay seis canales nacionales en abierto y que mantenemos de aquella manera el prime time de dos horas -sí, en vez de empezar a las 20 empezamos a las 22, ¡que somos españoles, oiga!- con una extra por si acaso resulta que hay que emitir algo hasta la 1 de la mañana. Pero pongamos que hay solo esas dos horas, y que como aquí si una serie dura menos de hora y media -cómica o dramática, todo es lo mismo, solo le faltan las canciones para vivir en el Bollywood de la ficción televisiva- nos parece como menos serie… vamos a suponer que habría al menos la posibilidad de emitir una serie por cadena y día. Es decir: 1x6x7=48. Pues casi. Se emitieron 8. Eso sí, luego reposiciones y releches y programas debate y programas explicación, para eso sí tuvieron un rato. Pero capítulos nuevos, ocho.

¡¿Cómo no van a estar los guionistas todo el rato rajando en internet?!

Resulta complicado decir si estamos peor o mejor que en años anteriores, lo que sí podemos es echarle un ojo al asunto en general. Durante los años de la dictadura -recordemos que TVE tiene por inauguración oficial 1956- se iban emitiendo en el canal -y luego en el otro canal- series de todo tipo, más películas, más documentales… pese a lo cuál lograban que hubiera un poco de todo. Total, no tenían competencia.

La muerte de Franco y la Transición poco marcaron a la televisión de aquí, ocupada como estaba con sus cosas. Incluso la llegada de los socialistas al poder significó un tomarse las cosas con mucha calma. De modo que hasta el ’89 no llegarían las Privadas -Aunque seguro que recordáis lo que contamos la última vez con Canal 10 y las Autonómicas– y durante esa década y media las cosas en las series… Pues bueno. En el final del franquismo la ficción había empezado a despegar de manera que a la muerte del dictador habíamos empezado a ver el tipo de series que uno esperaba encontrarse en un país con una ficción seria: Curro Jiménez primero, luego Verano Azul, La Máscara Negra, Anillos de Oro y todas esas cosas que sirven para machacar en los programas de nostalgia.

En 1986, en octubre, el año que mejores series estaba estrenando, como Segunda enseñanza, Régimen abierto y Turno de oficio,  llega Pilar Miró como nueva jefa. Incluso reconociendo la extendida Mirofóbia que hay en la actualidad el hecho es que las novedades se paralizan. Ante las quejas de la oposición por la falta de novedades en ficción española -sí, la oposición hacía estas cosas; incluso sin contar con la manía que le tenían- acaba dando luz verde a Gatos en el tejado que se estrenará a finales de 1988 y marcará un regreso a las series que continuará con éxitos al año siguiente como Brigada Central, Juncal o la antológica Delirios de amor. Aunque para entonces Pilar Miró ya había cesado y poco pudo reclamar de estos éxitos.

Como podemos ver la mayoría de estas series, si no todas, seguían un esquema de una única temporada, algo común también con las numerosas adaptaciones de clásicos y de biografías que estaban realizándose. Solo los géneros más populares como en el caso de las aventuras del bandolero Curro Jiménez o de los policías gritones de Brigada central se pudo seguir con mayor o menos acierto. Sin embargo la llegada de las privadas lo cambiaría todo, como ya contamos por aquí.

El resultado fue que, frente a otros modelos en los que primaba una cierta competencia por lograr la audiencia pero también una vigilancia de mínimos aquí rápidamente se buscó la audiencia tirando de los denominadores mínimos y creando montruosas amalgamas realizadas por el menor presupuesto posible. Una vez más, el empresariado campaba a sus anchas.

Las ocasionales apariciones de profesionales que trataban de racionalizar la televisión en España y añadir variedad a sus ofertas -léase Mikel Lejarza o David Martínez– han sido podadas habitualmente por sus propios superiores y rápidamente desterradas por unos sucesores que suelen estar más ocupados en explotar lo que se han encontrado allí que en encontrar contenidos nuevos o maneras de racionalizar el consumo.

De manera que salvo que no aparezca una televisión que decida marcar el paso y hacer que el resto la sigan, como pasó por un monto en la TVE de Zapatero, o los anunciantes entren en razón viendo que lanzar millones en segmentos de tiempo que nadie ve ni hace caso hasta aburrir con la reiteración de los mismos anuncios, obligando a recortar el número de pausas publicitarias en cantidad y tiempo, a ser posible en ambas, parece poco probable que veamos un avance.

No es esto un asunto de pesimismo tanto como de constatación: La enorme variedad de canales privados en TDT o cable ha supuesto un incremento en la ficción nacional que podemos resumir en IMPERCEPTIBLE. Más aún, alguno de los canales que se animó a pedir series se encuentra con que tienen programas aún guardados como el caso del programa de sketches Retorno a lilifor o la emiten pasadas dos años como la tercera temporada de Museo Coconut, ambos con los chanantes de por medio. y eso los que se han animado. Canal + ha intentado con éxito de crítica acercarse a estas producciones mediante Crematorio o ¿Qué fue de Jorge Sanz? pero parece que solo pudieran sacar una serie al año, y eso cuando podían.

El resto ni se ha molestado. Que no es que yo esperara que 13Tv o Intereconomía se pusieran a ello mientras La Sexta no estrenaba una serie española en ni sé los años -¿quizá desde Buen Agente en 2011? Porque Psicodriving fue un rebote de Nitro– pero, yo que sé, hay treintaitantos canales en el TDT, muchos destinados a servir de noria de pasar por la piedra la capacidad de aguante de los espectadores con eternas repeticiones de programas españoles.

¿No va siendo ya hora de que hablar de cómo se crea, programa y explota una serie española hable de algo diferente a la desesperación?


2 comments to this article

  1. E. Martín

    on 7 abril, 2014 at 4:29 pm - Responder

    No hombre no, no es que no haya series. Lo que pasa es que La Que Se Avecina es una especie de Campeón Eterno de Moorcock pero al revés: en lugar de reencarnarse en varios personajes de distintas épocas es una única serie que ocupa el lugar de todas las demas. TODAS las series son La Que Se Avecina, por eso cada vez que enciendes la tele se está emitiendo en dos de los canales como mínimo.

    • Jónatan Sark

      on 14 abril, 2014 at 3:38 pm - Responder

      Pues después de esto el lunes terminó «Laura» y ya veremos cuando estrenan «Víctor Ros», y a «Dreamland» la han castigado a partir del tercer capítulo a la madrugada, así que… ¡»La que se avecina» vs. Predator!

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