Terriers sigue viva una semana más, las que han caido son Lone Star y My Generation. No son las únicas en la cuerda floja: The Whole Truth y Outlaw están bailando y Chase, Undercovers, Detroit 187 y Better with you no están mucho mejor que digamos. Vamos, que en su segunda semana de los diecisiete estrenos que las cuatro grandes han puesto en marcha ya han caido dos y andan tocados otros siete, más de la mitad. Eso sin contar conque no hay ninguna serie nueva que se haya convertido en un éxito instantáneo, nada que ver con el año pasado cuando Glee —especialmente—, Modern Family, The Good Wife y, a algo más de distancia, Community se convirtieron en las series a seguir.
De hecho, Glee es todo un paradigma de la evolución a esta temporada. No ya porque la segunda parte —y lo que llevamos de segunda temporada— resultará poco inspirado y, desde luego, más intervenido de lo deseable. El problema central es que estamos ante la serie de la temporada pasada, que consiguió que ese veneno para la pantalla que son las canciones funcionará —recuerden— y sacó todo tipo de merchandising, no sólo DVDs, también CDs de música y canciones sueltas en el iTunes convirtiéndose de paso en la máquina de dinero de la FOX.
Todo lo cuál ha llevado a que tengan que ajustarse el cinturón, despedir gente, tener menos actores por capítulo…
El problema parece ser el extenso reparto y la tendencia a realizar distintos números musicales. El caso es que para poder contratar a dos actores nuevos han tenido que echar a dos viejos. Además, no contarán con todos los actores para todos los capítulos. Y aún se especulaba con que tuvieran que eliminar a alguno más antes de que termine la temporada. Algo bastante alocado aunque no sin precedentes. La octava temporada de Scrubs sufrió esas mismas condiciones logrando cotas nunca antes vista en esa serie de surrealismo. Personajes hablando a gente que no salía en plano, llamadas telefónicas, desapariciones masivas de extras…
Siendo el caso más incomprensible y espectacular el de Glee no es el único que ha hablado de esas reducciones de gastos, algunas como 30 Rock han hecho incluso mofa en la misma serie. Otras, como Community han llevado a declaraciones diciendo que el dinero se lo van a gastar en los capítulos de Halloween y Navidad el resto de la temporada no podrán salir de la sala de estudio el resto de temporada.
Vayámonos al otro extremo. ¿Recuerdan lo que aquí se dijo la semana pasada de Boardwalk Empire? No hace falta que hagan memoria, pregúnten su opinión a cualquiera que la haya visto, incluso el gran Alan Sepinwall, y verán como todos coinciden en que se han gastado dinero a chorreones. No es que esté mal haberlo hecho, ni mucho menos, pero resulta problemático que se lo hayan gastado así. Frente a otras producciones ciertamente caras de la HBO como Deadwood o Carnivale en esta el gasto se refleja en la pantalla. No es que se note que hay partes caras, es que la ciudad parece sacada de una caja de muñecas. Algo que en las antes mencionadas, o en la coproducida Rome, no ocurría.
¿Es realmente creible que el director de Gangs of New York no fuera consciente? Pensemos que también la propia cadena ha dejado caer a cada momento que se ha invertido lo que fuera necesario, sin reparar en gastos. El tipo de afirmación que se nos antoja menos cercana al mundo de la televisión y más al del cine. Cierto, el director es Scorsese, lógico que se quieran emparentar…
Salvo que parece más una decisión James Cameron. Lo podría decir uno de los anunciadores dentro de la histora: ¿gran espectáculo! ¡Muchos dólares gastados! ¡Pasen a ver cómo en tiempos de crisis hay lugares donde brilla el dinero!
Ese es el tema de este año, el dinero. En Running Wilde tenemos a un rico de aburrirse, en Raising Hope a unos pobres que trampean. Y el problema principal de todas las series nuevas de este año también es el dinero: El que se tendrían que haber gastado, pero no, el que no estaba disponible para apostar por algo nuevo, el que era impensable usar para conseguir mejores castings. Esta temporada todas las series parecen marcas blancas de series de éxito.
Peor aún. La falta de dinero siempre ha estado ahí, siempre ha habido que tirar de cabeza para superar estos problemas. Precisamente esa es parte de la genialidad de Raising Hope, una serie en la que el dinero falta y, a la vez, se nota. Porque cuando no ha hecho falta ajustarse a presupuesto siempre han acabado distingüiéndose los ingenioso de los simples. En una suerte de idiótica reedición del clásico Con la censura había que ser más inteligente podemos estupidizar un rato sobre lo bien que viene la falta de dinero para descubrir el verdadero talento. —O podríamos si 30 rock no hubiera sido más rápido y sutil— Exigir series blancas pero buenas, series Hacendado, está bien pero no es el asunto.
No se alarmen que todo lo de antes no ha sido el prólogo, ha sido el contexto.
El asunto en sí se limita a lo siguiente: Hay que darle menos importancia al dinero.
Irónico, eh.
Lo importante en una serie no debería ser cómo han tenido que hacerla, sino el resultado que se ha logrado. Si el guión es bueno y los actores competentes el resultado debería resentirse menos de la cantidad gastada, pero si el dinero fluye tampoco debería permitirse una reducción de calidad.—Ese es el auténtico problema de Glee y no gastar como personajes de Joan Collins— No es nuestro problema, es el suyo, y sólo nos enteraremos si dejan que lo notemos.
Úsenlo en las series, pónganlo como herramienta o despipórrense de él, da lo mismo. Busquen nuevas formas de arriesgar, como hizo la FX con It’s always sunny in Philadelphia , porque barato no significa cutre. Pónganlo a trabajar y enséñenos lo que logran. Ahí entramos nosotros.
Porque lo que queremos, lo que realmente esperamos, es ver series, no balances.