Aquí estamos de nuevo, con otra serie en la Corea del Sur bajo dominio japonés. Esta vez 100ilui Geojitmal (O)(CS), o 100일의 거짓말 o 100 Days of Deception o 100 días de engaño o…, nos toca una carterista que acaba de alguna manera en mitad de un plan para… no tengo muy claro cuál es el plan, no parece que sea acabar con la persona de turno. Pero, claro, uno diría que hay como tres personas (o facciones) distintas que quieren verlo caer, y hay tanto personaje y tanto cachondeo por medio que casi se pregunta uno cómo no corrieron a gorrazos a los japoneses -que la serie lo deja claro, ojo, eran malo malísimos y por eso les tenían controlados matando gente-. En fin, la serie es un poco extensa y embrollada, pero supongo que a los fanses de la cosa histórica con la cosa romántica les puede interesar. O algo. A mí no, pero a saber.
Lo mejor que puedo decir de
Crystal Lake (USA) es que al menos no es
Carrie. No es en ningún caso una buena serie, pero al menos no es el desastre completo y absoluto de la otra. Es decir, es una adaptación mediocre. Pero no mala. Está más cerca de ser un puro subproducto de explotación rutinaria. De hecho, lo que no parece copiado -pero en peor- de
Bates Motel parece copiado -pero en peor- de
Stranger Things. Hasta el punto de que asumo en algún momento una ‘explicación’ a
Jason tan estúpida que estaríamos hablando de niveles de la novena,
Jason goes to Hell, de soltar trasfondo y mitología que no tiene ningún sentido con lo que ya conocemos y que rápidamente barrerán bajo una alfombra los siguiente. Parece mentira que la película de 2009 hiciera mejor trabajo lanzando un ‘
reboot‘ -de las cuatro primeras nada vez-. Lo peor es que haya habido un baile de años y ‘
showrunners‘ por medio para lograr esta nada, parece mentira que
Bryan Fuller haya estado por medio en algún momento porque no hay nada visual que merezca la pena, hasta el punto de que la
1984 de
Murphy fue más llamativa que esto. Mira que hay acercamientos al ‘
slasher‘ de campamento y han acabado haciendo una película de
Lifetime con algo de chorreones setenteros. Muy lejos de ser una
Bahía de sangre, más bien una
Piscina toy de salpicaduras. Pero vayamos de nuevo al asunto. Porque la serie, ambientada en los años setenta -en la original ponían los primeros crímenes a finales de los cincuenta para que fuera ‘hace veinte años’ (Por si os lo preguntáis:
Jason se ahoga en 1957, los primeros asesinatos son en 1959, veinte años más tarde transcurre la primera película y en 1980 se estrena en cines)., pero supongo que pensaron que los setenta parecía suficientemente antiguo. O más creíble- tiene unos primeros veinte minutos de explicar el punto de partida bastante vacíos, por lo menos vemos el campamento funcionando, como si fuera
Sleepaway Camp. O quizá pensaban que a finales de los cincuenta estas cosas no pasaban. A saber. Pero bueno, la parte aburrida es medianamente pasable. Luego hay un rato de ese
lifetimismo que decía antes en el que toman una decisión idiota, aunque menos que las que Carrie. Aquí la decisión es que el cuerpo de
Jason nunca se encontrara. Supongo que porque malinterpretaron que al final de la película original se dijera eso con que se refiriera a lo visto en aquel momento y no en los crímenes originales. De esa manera el ‘enloquecimiento’ de
Pamela Voorhees lo causa la incertidumbre y no el crimen. Aunque lo cierto es que la escena de la muerte de
Jason es bastante más floja que cualquiera de las versiones relatadas o vistas en las películas. Pero vaya. Y luego, para rematar el piloto, llega el momento ‘qué me estás contando’. Dos tipos se presentan como agentes del orden -algo así- y empieza una escena de violencia que nos mete en lo de siempre: el ‘algo’ del que habían huido y que será la organización secreta -gubernamental o no- que justifique los ‘poderes’ de
Jason. Lo dicho, como en la novena. Aunque al menos estos no han sacado a relucir el árbol genealógico y la daga de nosequé mierdas. Pero el sentido es el mismo: ¿Qué necesidad había de esto? ¿Qué interés? Uno piensa en los esfuerzo de
Bates Motel por lograr un reparto y una serie de líneas argumentales -ridículas, pero notablemente entretenidas- y se pregunta exactamente en qué momento decidieron aquí que hacer lo mínimo era lo más adecuado. Lo más triste es que en estos últimos años hemos visto aproximaciones distintas al ‘slasher’, que la idea no era original pero se podía haber hecho de muchas maneras -incluso haciéndolo en los setenta, pero probablemente también en la actualidad y, desde luego, en los años cincuenta-, y al final lo único que se les ha ocurrido es… esto.
A veces me pregunto dónde viven los detectives, eso de que siempre estén volviendo a los pueblos… Pero bueno, en
Dustfall (AU) le toca a
Anna Torv, que no hace mucho, se limita a estar allí con la clásica historia de problemas familiares, casos de ‘alto perfil’, mujeres jóvenes blablabla… Se supone que la finalidad es hablar de la situación social de las violaciones… o algo así. Lo cierto es que lo parece tener mucho que contar, o algo de fondo, o yo qué sé. Suficiente es que sea capaz de acordarme de su existencia.
Este
Die Falle (O)(AL) es el tipo de historia con premisa poco creíble -una escritora superventas cuya hermana fue asesinada cree reconocer al asesino en la televisión, pero para demostrarlo necesita su ADN- que debería de ir más rápido para que no puedas pensar en lo estúpido que es todo. Supongo que en los próximos capítulos iremos viendo vueltas y más vueltas. Pero, claro, ¿le importa realmente a alguien?
*Suspiro*. En 2019 hicieron una mexicana en Netflix, años más tarde hubo una película en España y ahora toca la adaptación alemana:
Friends Sex and Games (O)(AL). Que no deja de ser lo de ‘el juego de las llaves’ que hace una década era tan omnipresente que hasta le dedicaron un capítulo en
Rivendale. Reconozco que la premisa inicial -un grupo de amigos de instituto se reúnen años más tarde, no todos seguían en contacto, un de ellos cuenta y sugiere lo del ‘cambio de parejas’ entre ellos- siempre me ha parecido que qué necesidad. No por lo de los ‘
swingers‘, ni mucho menos. Allá cada uno con sus cosas. Pero, ¿dentro de un grupo de ‘antiguos amigos reencontrados’? Si no ha pasado ya -y casi me extraña que no lo hiciera- esa idea de ‘pescar en un pozo pequeño’ no sé yo si es la mejor de las posibles. En fin, la historia es exactamente la que uno podría esperar con la excusa argumental para mostrar algo de ‘piel y erotismo’, o lo que sea. Y también para mostrar distintos tipos de parejas -hombres y mujeres-, que muy claramente intentan convertir… lo que quiera que sea esto… en el clásico tipo de… yo qué sé. Y si estáis pensando que suena a un genérico de comedieta de sexos como
Machos Alfa… efectivamente. Lo único que espero es no pasarme los próximos dos años teniendo que reseñar un piloto cada tres meses en el que solo cambie el país.
Supongo que ya iba tocando un spin-off de una serie infantil de los dosmiles después de que con
iCarly, los
Wizards of Waverly Place y
Raven optaran por algún tipo de continuación. Con
Hollywood Arts (USA) buscan a la vez tirar de un personaje original de la serie madre, repetir en lo posible la estructura de aquella y -por algún motivo- pasarla de
Nickelodeon a
Netflix. El resultado es, claro, el esperable. No sé yo si la serie original tendrá muchos fanses -quizá con el tirón de Ariana Grande haya habido algún nuevo interés, pero tengo mis dudas, la verdad- y tampoco tengo muy claro que repetir personajes y esquemas sirva de alguna cosa. Pero supongo que cuando hablamos de que muchas de estas series son ‘intercambiables’ es por algo. (Luego ya podemos discutir quién es el miembro del reparto que logrará una larga carrera en Hollywood. Pero ese es otro tema)
No acabo de entender yo este tipo de series, porque
Jia Jin Chai (O)(CH) o
嫁金钗 o
Where the Mask Ends o
Donde acaba la máscara o…, pasa todo su capítulo presentándonos a la que más que protagonista parece la villana. O quizá es que es ambas cosas, y la heroína será la antagonista. Quién sabe. El caso es que esta historia de una mujer intrigante y manipuladora -pero no muy inteligente- que se encuentra a un tiro de un matrimonio concertado y que, olvidaba decirlo, es también una obra de época… no parece muy dispuesta a organizar un piloto en el que se nos cuente realmente cuál es la idea porque el final del mismo parece más pensado para que te veas el siguiente capítulo -que puede ser el que lo establezca, o a saber- pero que podría haber sido un fragmento inicial de menos de veinte minutos.
Como es parte de ese ‘programa de intercambio’ que son ahora los estrenos de Netflix a este no le ha tocado un trailer. Algún día entenderé por qué las series indias del servicio participado por
Disney tienen que hacer sus títulos de crédito con IA. Esta semana le toca a
Kappi Squad (O)(IN), una olvidable ¿comedia? sobre cuatro amigos que deciden montar un negocio de café, o algo. Fundamentalmente algo.
Lo último que esperaba es que la serie que más me gustara esta semana fuera una que mezclara deportes, noticias y un tema central sobre la tradición, la modernidad y lo que es esencial y lo que es traición. Mucho menos una que tiene un piloto de .unos en casi cualquier otra circunstancia inaceptables- 80 minutos. Pero así estamos. Con este
Oretachi no Hakone Ekiden (O)(JP) o
俺たちの箱根駅伝 o
Hakone Ekiden: Our Story o
Nuestro Hakone Ekiden o…, que nos habla de una carrera ‘legendaria’ japonesa -que voy a asumir que existe por no buscarlo- y se divide a partir de ello en dos tramas, por un lado la más típica y esperable del equipo que no ha logrado acceder a competir en ella los últimos años y que claramente tiene que lograrlo. Pero esa, que tantas veces sería la principal, aquí sirve como acompañamiento de la historia real. La de los periodistas deportivos que tienen que cubrirla y cómo desde la cadena tratan de cambiar la retransmisión -y casi se diría que la carrera- para pasar a convertirlo en otra cosa. Mientras que los profesionales intentan mantener eso, la esencia. Pero siendo conscientes de que hay que modernizarse, pero teniendo claro los motivos para hacerlo. Y con eso logran armar una serie llena de personajes no siempre distinguibles pero sí claramente creados con una finalidad y para debatir un tema de forma original hasta el punto de lograr innovar en algo aparentemente tan formulaico como el ‘
spokon‘.
Y como es una serie del ‘programa de intercambio’, pero esta vez con los japoneses, a Netflix no se le ha ocurrido que es el tipo de serie que muy claramente necesita toda la promoción posible.Reconozco que este
Organize İşler: Karun Hazinesi (O)(TU) es algo inesperado. Una comedia -en primer y fundamental lugar- con un ‘golpe’ de fondo y toda una serie de situaciones más allá de lo creíble -incluyendo un mapa del tesoro- de fondo. Es cierto que a ratos parece casi una comedia costumbrista con timadores y distintos follones criminales entremezclados, un tanto ramplona en ocasiones tanto en humor como en interpretaciones. Pero supongo que a los que solo busquen esas comedias de golpes -e, insisto, está mucho más centrada en la comedia que en plan para llevar a cabo el golpe- les puede valer para alguna tarde de fin de semana que quieran tener algo a lo que tampoco tener que prestar tanta atención.
Si me dijeran que me quedé dormido al principio de
The Party (UK) me lo podría creer. No solo por lo aburrida que es, también y ante todo por la idea estúpida que se mueve detrás. Un periodista va a una fiesta de un político del que era compañero en el colegio. O algo así. La fiesta es puro exceso y delirio, las conversaciones son lentas y las revelaciones escasas, a rato parece que más que adaptar un libro se está pelando con él. O que solo les dieron un resumen de una página y tienen que estirarla toda una temporada. En cualquier caso son todos personas horrorosas diciendo cosas espantosas y siendo delirantemente decadentes de una manera con cañones de confetti y hologramas artísticos que lo único que hace desear es que alguien suelte una bomba en esa fiesta y así tengamos quizá no respuestas a los teóricos misterios propuestos, pero sí algo de tranquilidad.
Si no querían adaptar
Treasure Island (USA) no sé por qué
MGM+ les ha obligado. Porque para hacer esta versión que desperdicia a sus actores y parece más interesada en ofrecer un espectáculo genérico para tener de fondo mientras el combo merienda y hacer los deberes se resuelve… Se podrían haber quedado en casa. Es cierto que La isla del tesoro no está tan adaptada como otras obras de la época, pero tampoco es que falten acercamientos. Más aún si en lugar de una reinterpretación o un
Grandes Relatos vas a decidir que con esto de aquí ya estás haciendo suficiente. Aunque una cosa es cierta: Suficiente he visto ya.
Pues aquí estamos, con otra serie de televisión de
Marvel, esta vez
VisionQuest (USA) que tiene a su favor solo que
James Spader haciendo de
James Spader siempre es un espectáculo. No hay mucho más -el final del capítulo parece un pegote que alguien ha tirado a lo anterior- y en general el momento en el que la acción irrumpe hace pasar de una historia poco interesante a otra historia poco interesante, con una serie de misterios que parecen más pensado para hacer
youtubes sobre las teorías fanes -porque si lo hacen los creadores es de suponer que es teoría profesional, aunque a estas alturas casi diría que los profesionales de la teoría son precisamente los ‘creadores de contenido’- que para contar o continuar una historia. Siempre me sorprende el número de capítulos de estas cosas que parece que podría haber sido un especial de hora y media y, sin embargo, va a tener un par de meses empantanados al personal. Hablando de lo cual, meter en el reparto a alguno de los mejores cómicos ingleses del momento para darles absolutamente nada que hacer… en fin. Esta serie podría haber sido un resumen en la wikipedia.
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