¿En qué cabeza de esta gente disney-adyacente cabe lanzar una serie sobre una joven abogada, un poco patosa, un tanto tartamuda, que se encuentra enfrentándose a su padre, un abogado legendario, en uno de sus primeros casos…. Y HACER LOS TÍTULO DE CRÉDITO CON IA? Pues eso es lo que han juzgado razonable en The Court (O)(IN). ¡A quién se le ocurre tener a una de las estrellas emergentes de la televisión india y cagarla de esta manera! En fin, Disney, nada que no sufriéramos en Invasión Secreta, se ve que de aquella tampoco sacaron enseñanza alguna.
Seguimos con las series indias, esta vez con
Jagamae Sangeetham (O)(IN) que voy a asumir que es una mezcla de drama familiar, drama musical y drama romántico. O algo. Una familia de tradición musical en la que el abuelo se niega a comerciar con la música prepara una transición al puesto para su nieto a la vez que una aspirante a estrella de pop aparece por ahí. No es muy interesante… básicamente nada. Pero imagino que quizá a los seguidores de la música carnática les puede interesar. Que seguro que habrá a quien les interese. O algo. (Y no dejo de pensar en lo facilísimo que sería hacer una versión española de esto… quizá incluso ya ha existido)
Supongo que
Mal de amores (O)(MX) le gustará a los que gustara el libro original, una ensaladilla de trío amoroso, serie de época y reivindicación del empoderamiento femenino. Vamos, como lo que vimos hace unas tres semanas en
My Brilliant Career. Con la diferencia de que aquella era mejor serie. Y tenía menos interés por la sexualidad, supongo. Pero supongo que si alguien quiere verse una serie que parece falsa en cada oportunidad que tiene, tan mediocre que parece creada en una cadena de ensamblaje y apolillada en su forma y fondo hasta límites ridículos… No les recomendaría esta, porque qué necesidad. Pero supongo que se la podrían poner como ruido de fondo.
Me pregunto por qué
Pohaenjeu (O)(CS), o
포핸즈 o
Four Hands, Two Sonatas o
Cuatro manos, dos sonatas o…, ha decidido jugar la baza de ser una serie
queer cuando muy claramente solo les interesa el
queerbaiting. De ahí que hayan metido una
‘tercera rueda’ a esta historia de drama musical -¡dos en una semana!- para cuando tengan que demostrar que en realidad esto iba de ‘buenos amigos’, ‘compañeros de cuarto’, etc. La parte de drama no es gran cosa, la de música… bueno, es música clásica…algo se lleva… pero me temo que la parte de drama familiar… pues eso. No es que ofenda, ni mucho menos, aunque tiene menos sentido de lo que uno podría suponer -tampoco creo que les importe- y… bueno, eso, que si te apetece oír muchas veces la
Danza macabra de
Saint-Saëns tocada a cuatro manos al piano… entonces algo sacarás de esto. Supongo que es lo mejor que puedo decir.
Es una pena que
The Varnell Hill Show (USA) intente abarcar tanto. Porque hay partes en su interior que no están tan mal. Es decir, en parte se nota como si no hubiera pasado un día desde que era un personaje que aparecía en ocasiones por
Martin. Es decir, podría ser una telecomedia de los años noventa. Pero pese a eso y pese a la decisión de meter chistes más por meterlos que porque nadie pueda creer que tienen gracias… es que ya hemos visto esto de los ‘viejos’ y los ‘nuevos’. La vimos en la última serie de
Wayans y también en la última de
Key, es verdad que no como esta, igual que en aquellos casos no se les ocurrió dedicarle tanto tiempo al ‘programa en el programa’, pero el problema es que esto no solo no es
Larry Sanders, es que tampoco acaba de tener claro para dónde va. Y eso lleva a una acumulación de personajes, momentos e historias que todo lo que sirve es para que cualquier historia o desarrollo sea superficial. Por suerte cuenta con intérpretes experimentados, algunas buenas ideas, y la decisión de usarlo para ‘presentar’ distintas facetas del humor afroamericano a… no sé si ‘su público objetivo’ o ‘una nueva generación’. Quizá esperen que ambos. Y es cierto que estoy lejos de ser un fan de
Martin Lawrence, aunque aquí demuestra por qué tiene ese puesto en el humor afroamericano, tanto como productor como en su nuevo papel. El problema es que demasiadas veces esa mezcla de tantísimo que juntan se une a una cierta sensación de pachanguita, de que más de una serie es un
‘solteros contra casados’. Creo que no muchas veces se ve tan claro lo mucho mejor que hubiera funcionado hace años con 20 ó 22 capítulos para desarrollar y pulir y que la segunda temporada ya hubiera estado más centrado y la gente dijera ‘empieza por esa, olvida la primera’. Pero, claro, las cosas ya no funcionan así hoy día. Que supongo que es el centro de la serie. Aunque en ambos casos lleve la coletilla de: para bien o para mal.