¡Libros que Salen! Iglesias, «Lo que no se ve», Armfield y más

¡Que entre la pila!

El diablo te lleva a casa de Gabino Iglesias, ed. La Biblioteca de Carfax

Una novela oscura, llena de violencia, en la que un hombre que ha pasado por un infierno personal con la enfermedad y muerte de su hija que lo ha dejado roto emocional y financieramente acaba en un trabajo desagradable del que puede salir rico o muerto, o puede que ambas cosas. Porque el ganar el premio Stoker y el Jackson a novela no significa que el terror no pueda venir de dentro.

Lo que no se ve de Cristina Fernández Cubas, ed. Tusquets
Nuevo de libro de Fernández Cubas. Y espero que sea realmente nuevo como ellos dicen y no la recopilación de lo que hayan encontrdo aquí y allá. Porque siempre será bueno tener más relatos de Fernández Cubas, una de las mejores cuentistas en español. Así que espero que este sea un buen libro, inquietante, profundo, variado, con una visión propia pero también con una humanidad que juega con la misma ambigüedad de esas historias en las que el cambio ominoso acecha.

Ritos privados de Julia Armfield, ed. Sigilo

Armfield nos trae aquí una historia de tres hermanas. Distanciadas entre ellas y también de su padre, con cuya muerte comienzan los movimientos por una herencia inquietante y con un destino casi ominoso, una forma de reinterpretar la crisis familiar dentro de la novela gótica y el fantástico -este mundo no es el nuestro, aquí ha llovido tanto que ha cambiado la forma del mundo y también de muchas de sus formas de trabajar- porque más allá de lo inquietante hay una mirada al duelo, la familia y las contradicciones, como si estuviéramos ante su particular giro a partir de El Rey Lear. Desde una perspectiva actual, queer y en el que hay, entre tanto dolor, incluso algún hueco sutil para el humor.

El curioso caso de Mary Mallon de Anthony Bourdain, ed. Gatopardo

Una historia sobre la mujer que fue considerada causa del contagio por tifus y cómo no siempre la historia nos ha contado todo, en una recreación que comienza por su llegada como emigrante desde Irlanda, sus problemas para encontrar trabajo, con el paso a distintas cocinas insalubres y cómo una epidemia acabó poniéndola en el centro de la opinión pública mientras los magnates de la prensa le daban al amarillismo de lo que entonces se llamaba solo ‘sucesos’. Por todo esto pasó un experto en escritura y cocina como Anthony Bourdain, y este es el título que recupera ahora Gatopardo para que nos recuerde que ser cocinero puede ir más allá de cocinar, y que no siempre las cosas son como nos han contado.

Cuentos del folklore ainu de Basl Hall Chamberlain, ed. Interzona

Experto británico en Japón, el académico e investigador que pasó en el país desde el último cuarto del S. XIX, Chamberlain nos presenta aquí una recopilación que hizo de relatos orales del legado ainu, el grupo étnico indígena que poblaba en Japón Hokkaidō y el norte de Honshu, así como las islas Kuriles y la zona sur de Sajalín en Rusia. Uno de los antiguos pobladores de Japón y Rusia, por tanto, y como tales con un rico legado en mitos y leyendas que aparece parcialmente recogido aquí.

El viaje del príncipe Takaoka de Tatsuhiko Shibusawa, ed. Quaterni

Toda una obra particular esta que nos llega, con un autor que fue escritor y traductor, ensayista, figura del underground japonés, con un gusto por lo bizarro, recuperado desde su publicación original en los ’80s, una historia de fantasía sobre un príncipe japonés convertido en monje que va en peregrinaje a India. Durante las cuales se encuentra con seres extraños -simios blancos, mujeres-pájaro, un hombre con cabeza de perro- y particulares aventuras, comentando la belleza, superando peligros y usando todo esto para explorar su particular gusto por lo extraño, lo bello y lo humorístico. Una obra particular, sin duda, que llega a España.

Lady Ludlow de Elizabeth Gaskell, ed. Alba

Con una atmósfera cercana a la de Cranford (menos irónica, pero aún con un tono de cierto humor) y toda una serie de peculiares personajes alrededor de la Lady Ludlow del título, una noble chapada a la antigua que recoge a la narradora en su comunidad de señoritas de compañía. Estos años de senectud de la noble, y su renuencia a unos cambios ‘modernos’. Una anciana que, pese a eso, tiene un buen corazón, igual que los personajes alrededor son en su mayoría así, con sus decisiones y metas, en lo que acaba siendo un libro entrañable.

Agua negra de Joyce Carol Oates, ed. Fiordo

En el año 1993 Ediciones B publicó por primera vez esta novela, escrita el año anterior por JCO. Se trata de una versión del incidente en el que Ted Kennedy acabó en el agua en Chappaquidick, que acabó con la muerte de su secretaria. Ella sería la narradora y la responsable de la claustrofóbica narración. Y, como pasa en tantas ocasiones, si no lo pillaste en su momento este puede ser un (buen) momento.

Archipiélago de Mariana Enríquez, ed. Ampersand

Es curioso cómo este nuevo libro de Enríquez, un repaso por su formación lectora hablando de sus libros favoritos, de las conexiones con las lecturas -editoriales, revistas, canciones- y que retratan los particulares noventa de la autora. Supongo que es uno de esos libros que algunos escritores quieren realizar y a otros les resulta sencillo, pero lo importante -supongo- es que la gente sepa que existe. Quizá así se siga cumpliendo aquello de que un escritor lleve a otro escritor.

El crimen de Sophie Crows de Sarah Yarwood-Lovett, ed. Newton Compton

Supongo que para lo que más ha servido el éxito de los ‘cozy crime’ es para que se lancen más colecciones en España -bueno, se traduzcan, que no parecen estar tan por la labor de publicar de aquí-, en este caso le toca a Nell Ward, una ecologista que acaba como sospechosa de un asesinato y, por supuesto, como investigadora del mismo. Parece que también hay triángulos amorosos, identidades secretas y todo lo demás así que… bueno. Yo digo que ha salido y supongo que suficiente es.

Cómo desaparecer completamente de Mariana Enríquez, ed. Anagrama

Pensaba yo que Anagrama ya habría publicado esta novela, la segunda que escribiera Mariana Enríquez hace más de 20 años. Pero no. Un joven marginado lee los diarios de su hermano -que se ha marchado a Barcelona- en medio de una familia más allá de lo disfuncional, y en el que los deseos, el underground más mainstream y una cierta sensación de ser original -y que parece un eco del Kronen– lleva a esta obra a la que se le notan los años.

Dishoom de VV.AA., ed. Neo-Cook
Un libro de cocina tradicional y casera pero no ya de cocina india sino, en concreto, de cocina de Bombay. Reuniendo Kavi Thakrar, Naved Nasir y Shamil Thakrar con la idea de mostrar el amor tanto por la ciudad como, por supuesto, por su comida.

Juvenilia de Jane Austen, ed. Gran Travesía

Parece que siempre hay alguna cosa, en este caso un recopilatorio de las piezas juveniles escritas por Austen. La mayoría son cortas aunque hay algún inicio, algún boceto, alguna poesía… Más una curiosidad que una obra completa o formada. Pero supongo que esta es para los fanses.

Asesinato bajo el muérdago de Robin Stevens, ed. Alma

Pues aquí estamos, una nueva aventura, la quinta ya, de las aquí llamadas Club Secreto de Detectives y en inglés Murder Most Unladylike. En este caso nos encontramos con, por supuesto, navidades. Dos días antes de Navidad, de hecho, con un crimen que dicen que fue un accidente, adultos, otra agencia de detectives y, en fin, lo esperable en estos casos.

El extraño y otras historias de Gou Tanabe con adaptaciones de H.P. Lovecraft, Chéjov y Gorki, ed. Planeta de Cómic 

El éxito de las adaptaciones de Lovecraft de Tanabe ha llevado a esto, un recopilatorio que no solo tiene El Extraño, también La casa con entresuelo de Chéjov y Veintiséis hombres y una muchacha de Gorki. Y, además, una historia de fantasmas japonesa: Ju-Ga. Así que tenemos los dibujos de Tanabe para reflejar esa extrañeza de tantas fuentes distintas.

Dororo de Osamu Tezuka, ed. Planeta Cómic

Parece mentira que hace no tanto tiempo saliera en versión de bolsillo -bueno, un decir- y ahora tengamos esta otra edición de 40 € con tapa dura. En fin. Al menos es un entretenido manga sobre un joven que tiene que enfrentarse como samurai a 48 demonios para recuperar su cuerpo. Más o menos. Y lo hace junto a un ladrón. Y se enfrentan a peligros y… Creo que os hacéis a la idea.

Hay algo en el sótano de Ben Hatke, ed. Astronave

Otro de los nombres más que conocidos del cómic infantil, a Hatke le conocemos por las aventuras de Zita o las de El Temerario Jack… pero no solo. Y aquí tenemos otra de esas historias sueltas, con un joven que no quería ir al sótano de la casa nueva a la que se acaban de mudar , pero no tuvo más remedio que hacerlo buscando un calcetín rosa de su hermana pequeña, y así es como comenzó esta aventura. Porque en el sótano hay un portal a un mundo mágico, y también hay… cosas. Así que entre la aventura con una meta (el calcetín) y unas cosas… extrañas y no siempre agradables… debe aprender a confiar, hacer amigos, trabajar en equipo… Ya sabéis, como en una de esas películas infantiles de los ochenta.

Invocando a Saskia de John Moore y Neetols, ed. Astronave

Un joven que vive con su abuelo y tiene problemas en el instituto decide hacer lo esperable: Invocar el espíritu de su madre para hablar con ella. Lamentablemente lo que hace es invocar el espíritu de una niña tirando a insoportable. Acompañado de un gran dibujo que usa los grises y el color para diferenciarlo, una historia corta, pero en la que da tiempo a hablar de la muerte y cómo se llegó a ella, de los distintos mundos que habitamos, incluyendo el internetero.

La noche abisal de Lee Knox Osertag, ed. Astronave

Una joven que está en el instituto pero tiene que vivir una vida de adulta, cuidando de su abuela, trabajando a tiempo parcial y sin tiempo o ganas de fiesta o relaciones serias. Hasta que una amiga de la infancia vuelve al pueblo. Lo hace por motivos propios pero también por un recuerdo de la niñez. Uno oscuro. Porque, al final, los secretos guardados -propios y ajenos- son los que van tras la gente, dispuesto a morderles. Así es esta obra de Lee Knox Ostertag, autor al que conocemos de sobra y que aquí hace uso del estilo de dibujo y los colores para contarnos esta historia de crecimiento, amistad, amor y comprensión.

La artista de Ed Vere, ed. Coco Books
Una joven está encantada creando su arte, así que se lanza a compartir su arte con el mundo y, por el camino, descubrirá que no hay reglas o normas más que los propios, que se cometen errores y que hay que buscar, soñar y encontrar la belleza que consideramos. Y lo hace con unos dibujos tan encantadores como el de la portada.

Nos leemos.


A los ingleses pocas cosas les gustan más que los docudramas, qué os voy a contar que no haya dicho ya mil veces. Así que este I Fought the Law (UK), que es un lado de una historia como podría haber sido el contrario de otra, presentándonos a una madre coraje que logró un cambio en las leyes blablablabla… pues supongo que le gustará a los ingleses y, por supuesto, a los que quieran ver madres sufriendo mucho porque la justicia blablabla. Al final estas cosas acaban pareciendo películas de Lifetime sección Basado en hechos reales más o menos estiradas.

Hablando de cosas que hemos visto mil veces, este The Guest (UK) arranca con una mujer de clase alta despidiéndose -o algo- de su asistenta. Poco después convence a otra mujer de que ocupe su puesto, y comenzamos con el clásico ‘gato y ratón’. Pero, claro, hecho de una manera tan ridícula que es difícil saber si es que ya han pillado los rieles de lo formuláico o no quieren ni esforzarse. Un ejemplo tonto: La Señora le dice a la Asistenta que el pabellón para invitados no se usa, no hay nadie ahí nunca y no hace falta que se acerque a limpiar allí. Cuando la segunda mira para allá ve como una mano retira una cortina y hay lo que parece una cabeza de alguien mirando. ¡Como si fuera esto los payasos de la tele! Así que bueno, al menos al hacerlo la BBC y no Netflix es un poco menos para tener de fondo mientras haces cualquier otra cosa, pero solo un poco menos. Porque ya hemos llegado a ese punto en el que estas cosas no parecen tener solución.

Es curioso cómo muchas veces lo que funciona es hacer lo de siempre pero hacerlo bien. Un clásico bien ejecutado, como es el caso de Lynley (UK), significa que no va a ofrecer ningún giro pero que, además, no le hace falta. Una pareja de detectives distinta entre sí, un asesinato en un sitio campestre que de para hacer planos bucólicos, y hora y media por caso. Películitas de investigación que para los franceses son Asesinato en… y que aquí tenemos en una versión UK más cercana a estos que a Midsommer, pero tampoco muy distintos. No es más. Pero, y esto es lo importante, tampoco es menos. Los investigadores principales están bien como equipo y con el jefe, el drama personal está en niveles razonables -al menos de momento parecen haber dejado las partes más complicadas de los libros de Elizabeth George fuera de escena para ‘simplificarlo’- y la investigación es lo que les interesa. A veces no se pide más, porque tampoco se pide menos.

Juntar a un actor acusado de manera reiterada de acoso sexual y a una actriz que interpreta a la ex-agente de un país genocida parece que no es la mejor idea, NCIS: Tony & Ziva (USA) demuestra que tampoco tenían nada que contar. Pero los personajes de la ficción tenían seguidores así que podían moverlos a una chorrada de espías y problemas que no se agarra por ningún lado. Pero que está pensada más para buscar ese público irreflexivo que quiere a sus personajes favoritos que a cualquier otra gente nueva. Luego se sorprenderán de que el público no está interesado en estas propuestas.

No tengo nada bueno que decir de The Paper (USA) porque incluso el poco tiempo que dura se me ha hecho larguísimo, lleno de todo tipo de cretinos, con un humor pedestre y copias de cosas que hemos visto mil veces mejor hechas. Solo eso -jugar a ver qué han saqueado de series muy superiores como Abbot Elementary – ha logrado mantenerme un mínimo de cordura ante la tortura que ha sido sufrir todo este piloto. Confío en que dure muchos años para que así sus responsables estén ocupados sin tiempo de hacer más pilotos. Nunca, a ser posible.

Esto de The Runarounds (USA) es una chorradita de adolescentes que quieren tener una banda que podría haber sido de Disney o Nickelodeon si hubieran decidido ir a por un público cinco años mayor. Es hilarante verles intentar que creamos que estos son ‘adolescentes normales’ cuando siguen con la clásica americanización, quizá no sean modelos de ropa interior pero sí que lo son de catálogos del supermercado de su pueblo, uno los compara con los adolescentes normales que sacan los ingleses cada vez que les da la gana y no puede más que maravillarse de lo metida que tienen la idealización icónica en USA. Por lo demás, como decía, la clásica chorradita de un grupo de chavales que les gusta la música y quieren montar un grupo. Ya no estamos en los tiempos de California Dreams pero porque ahora hay más cámaras y dineros. Aunque sea solo porque, como digo, esta es una serie de Prime. Aunque por espíritu podría haber sido de otros mucho sitios.

Hablando de caras b, este Suga (O)(PB) parece un spin-off de esas series de moteros que tuvimos hace unos años. Un poco más sórdida, quizá, pero tampoco demasiado. Simplemente la demostración de que entre lo que se considera más sórdido en Europa y en USA no es lo mismo. Supongo que habrá a quien este submundo dentro del género criminal le parezca interesante. Todo lo del honor, la familia y las motos. El tener que elegir entre una empresa criminal en la que parece que se habla mucho de honor pero hay sobre todo traición, y una familia que ha sufrido todo eso -claro- así que, bueno, si alguien quiere una versión más oscura y descarnada -y con un reparto menos bueno, añadiré- de Sons of Anarchy supongo que por fin ha llegado su oportunidad.

 

Como si alguien en el centro cultural hubiera decidido montar una representación teatral de una de las películas de asesinatos de Hallmark, esta The Sunshine Murders (UK) llega con una serie de actrices que parecen estar hablando en su segundo idioma, un guión ciertamente limitado y la sensación de que necesitaban más dinero. En parte, supongo, porque esta serie de asesinatos es neozelandesa pero se mueve entre Chipre y Grecia, con una granjera de ovejas que viaja a Atenas a buscar a su padre y se acaba encontrando a una hermanastra que es inspectora de policía. O detective. O algo así. Total, que resuelven asesinatos y buscan a su padre, ¿qué más podrían pedir? Quiero decir, además de más presupuesto.


¡Libros que Salen! Cocea, «Parker, la presa», Taro y más

¡Que entre la pila!

Parker, la presa de Doug Headline y Kieran a partir de las novelas de Richard Stark, ed. Astiberri

Continúan las aventuras de Parker, es una lástima que sea sin Darwyn Cooke. El relevo lo cogen los franceses Doug Headline y Kieran, que adaptan aquí La presa, la obra original es The Sour Lemon Score, y de nuevo tenemos a Parker en mitad de un negocio que no sale como era de esperar y le lleva a otra confrontación. Con un estilo que claramente ha decidido mantener en lo posible la inspiración de las adaptaciones de Cooke, y también ser algo un poco distinto. Así que ya sabéis, aunque sea solo para echarle un ojo.

El vino de larga vida de N.D. Cocea, ed. Muñeca Infinita

Una novela rumana de los años treinta. Pero no cualquiera. Una historia con un juez recién nombrado para un pueblo rural, y un particular noble, viejo y hedonista. Es cierto que se le nota la edad, pero también que el vino especial, el pozo y los gitanos son una parte tan fundamental que resulta al menos interesante saber de su existencia.

Ruri la tatuadora (y otras historias de chicas malas) de Bonten Taro, ed. Satori
Taro hizo un poco de todo en su vida, sobre todo ser tatuador, pero también creaba mangas, diseñaba moda, cantaba cultivaba muchas artes de forma ciertamente particular. Detrás de su labor en el tatuaje -que incluyó la creación de su propia escuela- probablemente los mangas serían lo más notable que hizo, como esta colección de historias violentas, con mujeres dispuestas a todo por venganza, amor, o… simplemente… por luchar contra los prejuicios y vivir la vida como quieren. Una estupenda oportunidad de descubrir a uno de los iconos del underground japonés.

Wash Tubbs encuentra al Capitán Easy de Roy Crane, ed. Reino de Cordelia
Reino de Cordelia, que ya publicó Malditas pesadillas indigestas de Winsor McCay, vuelve a la carga con otra de las tiras pioneras del cómic periodístico. Esta vez en su variante de aventuras. Con su presentación, ocurrida entre 1928 y 1929 que era también la exploración de un medio que aún se encontraba en desarrollo. Así que eso es lo que nos ofrecen aquí, la posibilidad de asombrarnos ante un desarrollo histórico.

Catábasis de R.F. Kuang, ed. Hidra

No contentos con el resto de problemas de la editorial Hidra, como la forma en que tratan y pagan a sus traductores, ahora han decidido que lo nuevo de Kuang llegue con los cantos pintados. Sin otra opción. En fin, las decisiones editoriales. Por lo demás, la clásica historia de dos alumnos de una escuela de magia que tienen que viajar al infierno a rescatar el alma de su profesor.

Filbert y sus amigos, la gran aventura de Claudine Storbeck y Elizabeth Goode, ed. Astronave

Un grupo de amigos encuentra un mapa, eso les lleva a distintas zonas en las que la narración les permite jugar a encontrar cosas. A ellos y a sus lectores. Así, amable y con pequeñas escenas cotidianas -con animales antropomórficos, eso sí- sirve para ofrecer uno de esos libro-juegos de búsqueda a los más pequeños.

Ranito de Paige Walshe, ed. Astronave

Un no-tan-pequeño (más de 120 páginas) pero sin duda encantador cómic infantil. Pensado así, con pocas viñetas, muy grandes, mucha expresividad y un humor que recrea elementos cotidianos dentro de este mundo de ranas.

Nos leemos.


Creo que Atomic (UK) pretende ser una serie de acción. No tiene mucho sentido lo que cuentan, no tiene mucho sentido lo que pasa, y en general tampoco hay mucha acción. Pero a ellos les gustaría que se considerara así. Yo qué sé. Desde luego a mí lo que más me cuesta es decidir qué parte es la más floja.

Lo mejor del piloto de Capoeiras (O)(BR) es que no llega a la media hora. Eso sí, en esa media hora nos presentan a los personajes y la situación. No es que sea especialmente interesante porque aunque haya alguna escena de pelea son más momentos sueltos que algo con conexión o duración en la trama. Y, además, está más interesado en casi todo lo demás, en la parta de Organización Criminal sobre todo. En algo así como un Melodrama de Padres Muertos. Y un poco también en la relación entre los dos protagonistas, que crecieron juntos casi como hermanos pero a los que ‘un hecho luctuoso del pasado separó, y ahora se vuelven a reencontrar’. Sí, así de cliché es todo. De hecho, tenemos por medio a la hija de su difunto maestro de artes marciales, y una buena cantidad de otros personajes que, la verdad, es difícil saber si tienen algo que aportar más allá de lograr estirar un poco la trama. Y es que con seis episodios de esta duración está claro que se podía haber formulado de otra manera. En fin. Supongo que si a alguien le apetece ver una serie con luchas (clandestinas en su mayoría) de capoeira, secretos del pasado y mucho drama con menos o más sentido… lo mismo le hace gracia la serie esta.

A veces uno se pregunta hasta dónde pueden estirar los británicos su historia para que les quepa en series. Más o menos limitadas, supongo. Las series, digo. Esta semana les toca a Harold Godwinson (o Harold II) y Guillermo el Conquistador en la serie llamada, claro, King & Conqueror (UK). No parece que les haya importado mucho la fidelidad histórica tanto como salir en escenas con esa especie de color grisáceo polvoriento que les gusta ahora para que se vea que es el pasado, meter algunas batallas que en fin, y tener a gente con un notable déficit de fibra mirando a cámara con mucha intensidad. Puedo llegar a suponer que hay un tipo de fan de estas cosas, pero os diré que no soy yo. En absoluto.

Más curiosa que otra cosa es esta Pokguneui Syepeu (O)(CS), o 폭군의 셰프 o Bon Appetit, Your Majesty o Bon Appetit, Majestad o… , que asumo sin prueba alguna que se tratará de una adaptación de un cómic. Porque la historia de una cocinera ganadora del programa de turno -parece una mezcla de Top Chef y Masterchef– que durante un viaje en avión -aquí no hay camión-kun– acaba viajando en el tiempo al pasado de Corea del Sur y encontrándose con un monarca (a veces le llaman Tirano, tampoco hay tanta diferencia) para el que trabaja de cocinera… bueno… parece muy propio de un cómic, la verdad. El piloto se lo pasan estableciendo este punto de partida, y es de suponer que la historia vaya luego de la relación entre los dos personajes (romántica, asumo) mientras alrededor hay las clásicas ‘movidas palaciegas’ y ‘movidas de cosas del comer’. Una suposición a partir de lo que vemos en el piloto. Que, como ya digo, es más curiosa que otra cosa. Incluso sin entrar en que la ‘transición’ de lo que tenemos hoy en la cocina -materias primas y cacharrerío- con lo que se tenía entonces, y el paladar de cada momento, sospecho que se lo hubiera puesto más complicado a la protagonista. Pero lo cierto es que hay viajes en el tiempo así que, ¿vamos realmente a preocuparnos por eso?

Ah, mira que bien, una nueva serie en la que Facha McFachez nos habla de lo mal que está todo y que ya no hay hombres de verdad de la manera más aburrida posible. No sé qué les pasa últimamente a las series de acción, aunque en el caso de The Terminal List: Dark Wolf (USA) supongo que es la preocupación por ‘transmitir su mensaje’ una y otra y otra y otra vez. Comenzando por un piloto que muy claramente sirve para poner las excusitas más que para mostrarnos de qué va la vaina. Aunque supongo que en su cabeza que ‘comprendamos’ a los personajes es importante. En la mía es que el primer episodio podría haberse resumido en el los primeros minutos de un piloto en condiciones. Más aún, en algún momento posterior. Pero está claro que es lo que el creador de la serie quería contar, y eso es algo que debo de cir que bien por él… pero que no me espere.

Alguien pensó que no habíamos tenido suficiente con Los Caballeros del Zodíaco y decidió montar Teuwelbeu (O)(CS) o 트웰브 o Twelve o Doce o…, en la que un grupo de ¿demonios? amenaza a la humanidad, las puertas del infierno -o algo- se van a abrir y sólo las encarnaciones de los signos del zodíaco -del suyo- pueden pararlo. En fin, ojalá me hubiera gustado más la serie, pero entre que no acaba de definir ni hacia dónde quiere tirar, ni cómo, ni dónde, ni con quién, ni cuánta gente va a sacar, ni los malos qué quieren, ni nada… y eso con un capítulo piloto de larga duración, que ha resultado peor para contar la historia que si le hubieran ado menos tiempo y hubiera tenido que quitar cosas. ‘Los malos’ van dando tumbos, los buenos casi peor, porque se empeñan en ir presentándolos aquí y allá, sin mucha conexión, y sin un tono definido. (La escena de Cerdo y Serpiente, por ejemplo, puede estar más o menos bien pero parece metida con calzador en mitad de algo completamente distinto). Así que llegas al final del piloto sin muchas ganas de seguir, y eso que, como decía, a priori me interesaba. Otra vez será.

La mejor serie de la semana para quien esto escribe es una de esas que parece hecha con las vueltas del pan y lo que nos propone tampoco es muy novedoso, pero está hecha de manera entrañable y teniendo claro lo que quiere ser y contar. Warren’s Vortex (NZ) nos habla de un padre, de su hija, también nos muestra al resto de familia y amigos, y a partir de ahí se lanza en otra dirección. Porque este tipo tiene en la caseta de su jardín, desde hace ya tiempo, un vórtice interdimensional. Al que no le ha prestado más atención o importancia. Hasta que se ve obligado a cruzarlo. A partir de ahí se nos promete que iremos pasando de unos a otros mundos. Con la intención de que las diferencias sean las que marquen parte del recorrido del episodio. Como decía, no es muy original, probablemente la mayoría recuerde Sliders en la segunda mitad de los noventa, y espero que también la serie del año pasado Davey & Jonesie’s Locker. Aunque aquella parecía tener incluso menos dinero y una intención más humorística aún que esta, que tiene un importante centro en la parte familiar. Y, si tenemos que juzgar por el piloto, un ojo puesto en series con un parecido -como Doctor Who– dentro tanto de sus posibilidades como de un intento de equilibrar la historia paternofilial y un tono cómico. Agradezco, por cierto, que la relación familiar no sea la típica de ‘soy un perdedor divorciado al que su hija odia’ sino una más normal, más cotidiana, con sus diferencias de punto de vista pero sin nada extremo. En fin, que de esta sí que pienso verme más capítulos.

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida por TVNZ+ (@tvnz.official)


La primera de toda una serie de interesantes series que han llegado esta semana, Aema (O)(CS), o 애마 o…, tiene… vamos a decir que un problema fundamental que es su punto de partida y contexto. Sin el conocimiento de ambos no sé hasta qué punto se puede apreciar una serie que tiene más a su favor que en su contra. Pero, presupongo, como muchas de estas series están creadas para ‘consumo interno’ por muy internacional que sean los lanzamientos entiendo que en Netflix pensaron que no hacía falta. Aún así yo sí hablaré un poco más del asunto para explicarlo. Aunque, para que sea más sencillo, vamos a hacerlo al revés. La serie habla de una actriz que estaba en un gran momento de la carrera, tanto que decide desafiar a su productor. Un tipo sórdido que ha decidido lanzar una película que pasa de lo ‘erótico’ a lo ‘pornográfico’. La actriz había aceptado mientras se creaba una carrera pero ahora, ya reconocida, decide que hasta ahí podíamos llegar. El enfrentamiento con el productor lleva, claro, a una venganza -una venganza patriarcal podríamos decir-  porque aún le quedaba una película en contrato. Así que, ante su negativa a protagonizarla, decide relegarla a un papel secundario en la misma y dejar que una recién llegada ocupe su papel y se convierta en una estrella en su lugar. En medio de todo esto -la actriz con carácter, la recién llegada dispuesta a todo, el productor turbio- se encuentra un director primerizo con ganas de hacer arte y toda una serie de secundarios tirando a cómics -fundamentalmente el ayudante de la actriz, pero no solo-. Visto así podría parecer una versión surcoreana de Eva al Desnudo en la que el centro estuviera en una industria salvaje y una película pornográfica. Que, por si no la habéis visto, os diré que no es algo que suceda. Una industria cínica, sin duda, pero no salvaje. ¿Cuáles son los problemas de los que hablaba antes, eso del punto de partida y el contexto? Bueno, en realidad es ‘casi’ lo mismo porque… La película de la que hablan existió. Vaya si existió. Se convirtió en todo un éxito en Corea del Sur porque, resumiendo, Aema o Madame Aema era su ‘versión’ de Emmanuelle. El problema es que esto no es una serie de época sobre aquel rodaje. Perdón, dejadme reformularlo. El problema es que se inventan todo lo demás, así que esto no es una serie de época sino una manera de mostrar, criticar y satirizar tanto el momento histórico de Corea del Sur como de su producción cinematográfica. Y lo hace de manera bastante inteligente porque deja claro que habrá un enfrentamiento entre las dos actrices -la establecida y la nueva- que ya veremos cómo progresa -es decir, teniendo en cuenta el tema lo lógico sería que hicieran piña pero ya veremos en qué termina la cosa- que ocupan lo que podríamos llamar los puestos dramáticos del asunto. Mientras que lo secundarios, masculinos en su mayoría, son más o menos humorísticos o caricaturescos, quizá el director un poco menos pero sigue siendo un tipo al que no sabe por dónde le llegan las hostias en una industria que lo que quiere es dinero fácil tirando de morbo y de sexo.  Lo cierto es que hay un componente casi de telenovela ochentera de ricos, ese duelo entre una mujer establecida y una recién llegada podría considerarse como alguna de las versiones de Arpía vs. Ingenua -o, incluso Arpía vs Ingenua que pasa a ser otra Arpía- a la que nos tienen acostumbrados en el audiovisual. Pero la forma de gestionarlo hace esperar un mejor tratamiento. El segundo problema es de contexto, claro. Aquí nos están presentado una situación sin hablarnos de dos problemas principales, el primero era -por supuesto- que a principios de los ochenta y durante casi toda la década hubo una dictadura en Corea del Sur que fue especialmente terrible. Ya sabéis, no hay dictaduras buenas, pero luego las hay peores. Y una de las cosas que hicieron en la dictadura fue aprovechar el momento para ‘relajar’ las normas del audiovisual. El 3S que dice el director en la serie (Screens, Sports & Sex) es algo de lo que se ha hablado con normalidad porque, efectivamente, es lo que promovió el gobierno para que los ciudadanos no se revelasen -o no demasiado- incluyendo movimientos como quitar el toque de queda para que la gente pudiera ir a ‘disfrutar del ocio nocturno’, que en su caso no se trataba de cañitas en la terracita sino de espectáculos más… picantes… incluyendo las ‘películas de medianoche’. Y, a la vez, como buena dictadura, puso un sistema de censura con decisiones arbitrarias y peticiones ridículas, que es lo habitual en estos casos. Así que nunca estaba muy claro qué iba a pasar y qué no. De manera que el lanzamiento de Aema fue punta de lanza de toda una… vamos a llamarlo ‘industria’, dentro de un contexto concreto. Esto, junto a la decisión de mostrar la época no en los clásicos ‘grises y azules de dictadura’ sino en una especie de ‘colores chillones, falsos y agresivos’, demuestran una intencionalidad que parece clara, pero que quizá debería haberse explicitado internamente. Igual que quizá hubiera tenido sentido que decidieran si se inventaban la película o si trataban de ser más fieles a lo ocurrido, porque este punto intermedio en el que se encuentran puede ser lo más discutible de una serie que, por lo demás, está claro que tiene unas idea muy clara de qué es lo que quiere contar y cómo contarlo. Habrá que ver cómo continúa esto porque, como digo, lo notable es superior a esos problemas.

He tenido que mirar si Hostage (UK) era una serie nueva de verdad y no una de esas veces que Netflix se trae contenido de otro país y silba. Pero no. Suranne Jones parece hacer el papel de siempre -y tan bien como de costumbre- en realidad es solo que todo suena a ya visto, aunque parte de ello puede ser culpa de Idris Elba y John Cena. Solo que aquí son UK y Francia y lo que tienen es al marido de la presidenta de UK secuestrado y a la presidenta de Francia chantajeada. Lo que casi entra en la cotidianidad viendo el estado de la política de ambos países, la verdad. La pena es esa, que teniendo a Jones y con los ingleses siempre capaces de montar este tipo de historias parezca que se hayan decidido plegar a ese ‘ruido de fondo’ de Netflix con muy poco que rascar realmente en el piloto y la amenaza de que van a usar 5 capítulos para contarnos. Que son uno menos de los ‘tradicionales’ seis capítulos británicos, pero que con Netflix por medio hacen sospechar que, como tantas otras veces, con hora y media habría valido.

Hablando de cosas tediosas, en Channel 4 decidieron estrenar lo que voy a meter en la categoría de Drama más que de Acción In Flight (UK), y lo meto en Drama no solo porque sea un tostón -que también- sino porque claramente es una serie ‘de sufrir y de sufrir’ con una de las premisas más insufribles y estúpidas de los últimos años. Un joven es encerrado en una cárcel de nosedónde del centro de Europa y su madre -azafata- lo pasa muy mal, pero recibe una oferta, un cartel le protegerá en la cárcel si, a cambio, ella se dedica a ayudarles a mover la droga en los aviones. Por supuesto para esto tenemos que entender que el pobre joven que está en la cárcel lo pasa muy mal porque, como sabemos, todo lo que no sea UK es territorio bárbaro. Y sí, eso significa que esta serie usa uno de los género favoritos de los ingleses: El racismo. Total, que entre eso y que suspense reguleras pero pasarlo mal porque ‘una madre, ¡UNA MADRE!’ todo el rato… pues mira, yo qué sé, será que no tenemos series para ver como para andarnos con estas cosas.

Para mi sorpresa Long Story Short (USA) me ha resultado una serie agradable, entrañable por encima de todo, con un cierto costumbrismo pero bien llevado, con humor pero como parte de algo mayor antes que como una manera de justificar los actos, una obra familiar en un sentido propio antes que en un ‘para todos los públicos’, y -más sorprendente aún- muy centrada en la ‘juididad’ de sus personajes (de una manera notable porque lo hacen desde lo espiritual y lo social dejando de lado a Israel. Que supongo que a estas alturas es algo comprensible pero también un punto en contra teniendo en cuenta lo central que es su religión en toda la historia) a la que le agradezco, además, su notable falta de pretensiones. Es decir, tiene la intención de ser lo que es, no de reinventar el género, hacer un estudio sobre dios sabe qué o pretender explicar de manera magistral lo que es una familia. Nada de eso. Y, probablemente por ello, más importante aún en cómo logra algo enmarañado y confuso, como la vida misma.

Volviendo a las series de sufrir mucho, en PSSICA (O)(BR) si no te están violando están intentando matarte. A veces las dos cosas a la vez, a veces alguien quiere cobrar por una, u otra, o ambas. A veces no lo están haciendo, pero hablan sobre ello. Así que la historia de tres personas en un pueblo Brasileño se encuentra todo el rato con distintos tipo de violencia -por supuesto también con misoginia y homofobia, por si acaso- y los muertos se acumulan cada vez que alguien piensa que la serie no es suficientemente dura -o ‘adulta’ si eres un adolescente- y, la verdad, para lo que tiene que ofrecer tampoco pasa nada si no la vemos. Salvo, claro, que sea justo esto de lo que somos público objetivo. Que todo puede ser.

Las series de ricos, herencias y sucesores cada día se parecen más, que Scheda (O)(PO) decida dejar para el final el giro con el que debería de haber empezado… bueno, es una decisión, sin duda. En realidad es cierto que algo del final hay al principio, pero claramente no mucho. Pero el problema es que el resto de episodio lo pasamos entre hermanos, tíos, primos, entierros, herencias y discusiones por quién se queda qué. Y entonces… pasamos a otra cosa… a la que en realidad no llegamos porque queda para el segundo capítulo y, la verdad, ¿no sería más fácil empezar a ver la serie por el segundo? Pues es probable pero, la verdad, esta versión de la historia de moda con secretos que van a explotar en breve… Meh.

Parece que los estadounidenses, a fuerza de true crime, han decidido imitar el gusto de los ingleses por los dramas adaptando esos momentos. Aunque está muy claro que este The Twisted Tale of Amanda Knox (USA) está hecho por y para la reivindicación de la mujer del título, contando o su historia o una versión de la misma. No es algo necesariamente malo -más aún con todas las versiones que hemos visto del otro lado- pero, desde luego, resulta muy poco de interés. Salvo, supongo, para los fanses. Si los hubiera. O, quizá, para la gente que busque una reivindicación al estilo de la que se hizo de Mónica Lewinsky, que para eso es una de las productoras del asunto -junto con la protagonista real, claro-. Ah, y volviendo a lo de la ‘imitación británica’, el ‘qué malos son los italianos’ ocupa tanto espacio que, la verdad, creo que podría haber ingleses implicados en su realización.

Es complicado hablar de Women Wearing Shoulder Pads (USA) sin caer en toda una serie de lugares comunes que está claro que la propia serie busca explotar. Probablemente el mayor de ellos sea unirlo al Universo Almodovariano, una inevitabilidad porque está claro que es una de las grandes referencias, pero no estoy yo muy seguro de si el resultado lo es fuera de lo estético o si realmente el Almodóvar que busca la serie es uno que existió en algún momento. Porque la otra parte principal de la que sale es la de esas grandes telenovelas de ricos de los años ochenta: Muchos personajes extremos, mucha gente de dinero haciendo cosas rastreras y una cierta opulencia que se mezclaba con los giros no tan esperables o sensatos. Lo cierto es que la decisión de añadir un surrealismo claro, aunque ni muy afilado ni muy sorprendente, es como la de rodar la casi totalidad del episodio en español (Maravilloso el acento español de España, por cierto) o de ubicarlo en los ’80s. Es más por buscar un tono y que la gente sepa a lo que va que porque sea algo que cambiándolo impacte en lo que se está contando. Y, con eso y todo, el High Camp y las ganas de divertirse logran una serie que es, al menos, memorable. Que no es un mal comienzo.


Poco puedo decir de Alien: Earth (USA). Poco bueno, quiero decir. Parece que el showrunner tenía aún sobras de sus series anteriores y decidió que lo mejor era reciclarlas en este batiburrillo de ideas y referencias en las que hay algo de la saga Alien de cuando en cuando. O quizá no tenía muy claro qué parte era Alien, cual Lifeforce, Blade Runner, Predator y todo el resto del indigesto revoltijo que acaba montando. Nada tiene demasiado sentido dentro o fuera del universo, las conversaciones parecen pactadas para dar información al espectador y no entre los personajes y prácticamente ninguna acción tiene sentido. Como si les hubieran obligado a hacer algo de Alien a una persona que preferiría estar contando cualquier otra historia. Aunque les reconozco un mérito, el lograr en 2025 recuperar las sensaciones de una serie de SyFy de los dosmiles.

Una historia de terror bastante al uso, esta Andhera (O)(IN) parece haber mirado las adaptaciones de Stephen King para sacar la mayor parte de tics posibles. Y ya sé que eso no es algo necesariamente malo, como el resto de la serie. Simplemente parte de su forma de ser. Tenemos a tres personajes principales, cuatro si contamos a la que fallece al principio del capítulo, y a un Mal que más-o-menos les persigue y que no está claro si es El Mal o solo Un Mal igual que a veces parece ser La Oscuridad y otras veces un Algo que Toma La Oscuridad, pero bueno, lo importante es que monta un entramado de serie con una policía investigando -pese a sus compañeros- una muerte sospechosa, un joven con visiones, una joven investigadora de lo paranormal, y el cadáver en cuestión de la primera persona. Hay investigación, hay sustos que parecen estar más porque tocan que porque el responsable quisiera contarlos -claramente está a otras cosas, incluyendo la investigación, que le interesan más- y nos muestra partes de la realidad de India pese a que muy claramente podría haberse buscado una adaptación anglosajona sin despeinarse. Así que espero que encuentre a su público, porque aunque tenga ese problema de ser cierto tipo de genérico está claro que es uno que se lo ha tomado a pecho.

Supongo que a nadie le sorprenderá si digo que En el barro (O) (AR) es el clásico drama carcelario en su versión pasada de vueltas y sórdida. Más sórdida que OitNB o Vis a Vis, sí. De hecho el nivel de sordidez solo rivaliza con el de Oz, pero de una manera distinta más cercana a la de los exploit setenteros de Women in Cages, en la que solo falta una Ilsa, porque esta prisión femenina tiene secciones no solo de trapicheos, también de robo de niños o de grabación de porno. Vamos, que esto no es un Wentworth / Prisoner  o un Inside, esto es sordidez de canal de pago sobre un esqueleto de telenovela que se toma a pecho las tremendas chorradas que van engarzando. No sé a qué público esperan llegar o qué es lo que pretendían, pero supongo que hay todo un colectivo fetichista a favor de lo que sea esto.

Alguien debería enseñarle a Prime a hacer series de acción, porque quitando la primera de Reacher parece que no acaban de acertar una, cómo será que pensaba que Butterfly (USA) era una versión desligada del desastre de Citadel y no la adaptación -igual de desastrosa- de un cómic. A su favor diré que tampoco parecen tomarse muy en serio. Bueno, y que la presencia de Piper Perabo como un operativo renegado de la CIA sirve como versión alternativa del final de Covert Affairs. Pero las ‘sorpresas’ se ven venir, la trama no tiene mucho sentido ni coherencia y, por supuesto, la acción no pasa del nivel ‘serie de la CW. A estas alturas alguien en Prime debería de haber aprendido cómo hacerlo mejor.

A veces creo que las cadenas usan generadores aleatorios de las mismas historias, luego me acuerdo de que muchas de ellas salen de adaptaciones de novelas, así que la respuesta funciona en ambas direcciones. Sea como sea esta  The Family Next Door (AU) nos trae a una extraña con particulares motivaciones llegando a un vecindario exclusivo y encontrándose con otras cuatro mujeres, madres de familia y etc, que tienen todas sus propios problemas y secretos. Sí, los años no pasan por estas ideas. No parece que haya ningún cadáver por medio y sí una fijación en los niños así que asumiré que o uno de ellos es robado o hay algún tipo de problema familiar de fondo. Y, mientras tanto, lo que pueda tirar esto tirará. En fin, supongo que habrá a quien le apetezca un genérico de Peyton Place. O de Mujeres desesperadas. Según la edad, supongo.

Hablando de genéricos, este Irish Blood (IR) solo tiene dos cosas para defenderse. Una de ellas es Alicia Silverstone, la actriz a cuya mayor gloria se hace esta serie de una abogada cuyo padre desapareció en la infancia y cuya vida se pone patas arriba cuando contacta con ella de nuevo llevándola a viajar a Irlanda. La otra es un cierto humor extraño que aparece aquí y allá, a veces en secuencias oníricas, en ocasiones en fijaciones concretas. A rato casi parece una parodia -llena de afecto- de todas estas series. Pero, al menos, la hacen un poco más sencillo de tragar y un poco -tampoco mucho- menos genérica.

Debe de ser que el verano es bueno para estrenar cosas de terror, no muy terrorífico quizá, este Playing Gracie Darling (AU) vuelve a tener ese estilo de ‘terror mainstream’ -digamos, estilo Stephen King aunque aquí no parezca una fusilada tanto como lo inevitable de algo popular- porque la trama de dos desapariciones con años de distancia pero también con una ouija por medio, con una mujer que vuelve al pueblo llamada por un amigo que estuvo como ella la noche en la que sucedieron extraños sucesos y una amiga acabó desapareciendo, y con un misterio en la actualidad. Así que eso, podríamos decir que un ‘thriller‘ con un fondo fantástico -más o menos ambiguo, pero fantástico al fin y al cabo-  agradable como para cubrir una tarde tonta de siesta y ventilador.

La historia que pretende contar Quebranto (O)(MX) empieza realmente al final del piloto, antes de eso hemos tenido idas y venidas que daban la sensación de matar-el-rato más que de componer un contexto o un interés. Pero, claro, una vez uno llega al final se da cuenta. No tienen trama, no una que merezca el nombre como tal. Así que hay que estirar, estirar, estirar. En lugar de darle un número de capítulos razonables tenemos relleno sobre el relleno. Convirtiéndola en otros de esos ‘thrillers‘ -siendo muy amables con el uso de la palabra, y aún más laxos- que pone ‘una mujer investiga su pasado decidida a hacer pagar a los responsables’ en la sección más clara de ‘esta serie debería de ser una película’. Curioso, tantos años de ‘esta película es un corto alargado’ y hemos llegado ya a ‘esta serie es una película alargada’. Supongo que dentro de no tanto encontrarán una manera de llenar aún más tiempo. Y la solución, como siempre, es que parece que hacen las series para que no estés prestándoles atención, para tenerlas de fondo mientras trabajas o estás en otra habitación, o estás durmiendo, o lo que sea. Y puedes prestar atención en muy pocas ocasiones. Que son las que deberían de haber sido las interesantes. Pero es que eso es toda una forma de hacer series hoy en día, no como series sino como Ruido de fondo.

Hablando de rellenos. Alguien -en USA Networks- pensó que lo que hacía falta era una versión en serie de The Rainmaker (USA). Y podría llegar a entenderlo porque, sinceramente, yo no pensé que fuera a tener mucho recorrido una adaptación nueva de The Lincoln Lawyer y aquí estamos. Lo que pasa es que no han aprendido nada de aquella de Netflix. En lugar de buscarse una novela distinta del mismo personaje -normal, teniendo en cuenta que en el caso de las de Grisham no hay una recuperación posterior, mucho menos una serie de las mismas- o de intercalar la trama general con ‘casos de la semana’ aquí nos están contando la versión extensa de la novela -y de la película- con muy pocos cambios notables. Un reparto más televisivo y poco más que añadir. Así que supongo que si alguien se quiere ver una adaptación estirada de un libro que tuvo éxito-pero-no-tanto hace como tres décadas parece que por fin ha encontrado lo suyo. O, de nuevo, si necesitas rellenar un hueco, no sé si en tu ocio, en tu vida o en tu esquema de plancha, platos o lo que sea.

Empezamos con la sección Propaganda Gubernamental India. Saare Jahan Se Accha (O)(IN) habla del sistema de espionaje en términos esperables. Todo el mundo es malo menos nosotros (y hablamos no solo de Pakistan, también lo de Francia, URSS, Estados Unidos, Israel…)  y las acciones propias son por protección y lógica mientras que el resto son poco menos que por pura maldad y tenerle manía a los indios. Eso sí, la producción es razonable -teniendo en cuenta que cada vez que hacen a un líder histórico parece aquello de comedia televisiva, especialmente un Zulfikar Ali Bhutto hecho con calva de pega- y supongo que si no te paras a pensar en lo que están contándote puedes aceptarlo como una recreación de hechos… no sé si decir bien conocidos porque lo cierto es que no cuentan nada nuevo pero también que supongo que no todo el mundo estará igual de familiarizado con estas cosas, por pesados que se puedan llegar a poner los indios. En fin, que eso, que la globalización también tiene que servir para esto. Supongo.

Si la anterior era propaganda clásica con Sena: Guardians of the Nation (O)(IN) nos metemos en territorio no del reaganismo sino, directamente, del post-11S. Y mira que parecía difícil, pero la falta de cualquier tipo de sutileza mas una duración excesiva y un interés inexistente fuera del adoctrinamiento convierte esta serie, que por no saber no sabe ni hacer correctamente las escenas de acción -pecado grave hablando de uno de los mercados que mejor lo trabaja en la actualidad-, en el equivalente a aquellos espantos sobre los valerosos bomberos del World Trade Center o, peor aún, su evolución ultraderechista para hablarnos de Bengasi. Así que sólo merece la pena que se acerquen a ella los estudiosos de la propaganda. Especialmente para que aprendan a hacerla MEJOR.

La premisa de Young Millionaires (O)(FR) es tan estúpida que supongo que Netflix la compró en bloque. Un grupo de adolescentes rellena un boleto de lotería y gana 17 millones. Cualquier se puede imaginar lo que pasa a continuación pero, si no, os lo digo yo: Son menores. No pueden cobrarlo porque NO DEBERÍAN DE HABER PODIDO JUGARLO. ¡PORQUE SON MENORES! Por lo visto la serie decide tratarlo como algo no tan obvio y centrarse en los cambios que quieren en sus vidas y los líos en los que se van a ver envueltos. Pero no parece ni que haya mucho más sentido, ni cabeza, ni… bueno, eso. Que supongo que buscan ver si hay algo que les interese a los jóvenes. Pero más valdría que se centraran en intentar entender qué funcionó en Outer Banks o Wednesday en lugar de dar luz verde indiscriminada a cosas a ver si algo se pega a la pared. En fin.

Cómo será que no se han molestado los de Netflix ni en sacarle oficialmente un trailer.