Lo de las series ‘cómicas’ de colegios parece que ya ha llegado a India, y así tenemos este Adarsh Baal Vidyalaya (O)(IN) que comienza con una visita de ‘los jefes’ a un colegio desastroso en Tinki Toli, cerca de Delhi. A partir de ahí conocemos al director -un simplón con buenas intenciones y ninguna autoridad-, a la nueva profesora a la que dejan los jefes a dar una asignatura que no es la suya pero que como recién llegada quiere cambiar las cosas, el profesor clásico estricto, el profesor que debería estar llevando la gestión pero al que tienen a otras cosas desesperándose… los niños, que con tanto desastre están medio asalvajados -y según va uno viendo piensa que quizá es porque solo los conoce a medias- y… el ‘político con dinero’ del barrio, y la persona que se encarga de su campaña (Archana Puran Singh -maravillosa, con facilidad lo mejor de la serie-), que son a los que tienen que recurrir pese a que la segunda sepa de sobra que el colegio es un desastre y la junta directiva del colegio un puñado de memos. El resultado es irregular, más por lo viejos que son y parecen muchos de los chistes y problemas -además de lo completamente fuera de cualquier salvación o civilización que parece el chavalerío- que porque no lo intenten. De hecho, a fuerza de hacerlo hay algunos que funcionan. Pero ni son mayoría ni es algo consistente. Con eso y todo supongo que a quienes les guste estas historias de ¿superación? le puede valer.
La película
Cocaine Bear es de 2023, la serie
Breaking Bad duró de 2008 a 2013, y es en 2026 cuando llega
Breaking Bear (USA), que busca parodiar el cruce de ambas ideas sin pararse a pensar que quizá… QUIZÁ… llegan tarde. Sobre todo porque ninguna de las cosas que presentan o hacen tiene gracia. Y porque la animación es… uf. La más barata que pudieron comprar. Parece mentira que hayan reunido a
Brendan Fraser,
Sarah Michelle Gellar,
Annie Murphy,
Elizabeth Hurley y
Josh Gad para hacer este espantajo que parece una serie de [adult swim] que llevaba una década en un cajón. Puede ser fácilmente junto a
Matting Season -con la que comparte algunos chistes porque esto va así- la peor serie animada de lo que llevamos de año. Y eso que no me he molestado ni en hablar de
Chainsmoker Cat. Una vez más ‘animación para adultos’, mi vieja némesis.
Llegué a
G.I.G.N. (O)(FR) pensando que me encontraría una serie de acción y resulta que es un drama familiar. Con alguna escena de acción. Y un piloto que es como para plantearse si realmente hubo una desconexión entre medias. Porque tras mostrarnos las ‘durísimas condiciones’ de entrada en las fuerzas de élite de turno comienzan los lloros. Resulta que el protagonista es un instructor que perdió a su compañero y cuyo hijo -del compañero, pero fíate- se ha unido a esta misma unidad. Y parece que hay algo con cómo murió el compañero que va a ser el centro de la trama porque luego la madre del chaval va a echarle la bronca al otro y a llorar más rato. Y el propio protagonista está a punto de divorciarse y tiene una hija con la que no se lleva bien y… En fin, que me pregunto cuánta acción serán capaces de meterle a tanta cosa que tiene pinta de que se arreglaría con un par de charlas.
Esta miniserie de
Hanzaisha: Criminal (O)(JP), o
犯罪者 o…, que muy claramente adapta un libro porque para eso es lo primero que te sobreimprimen en pantalla, tiene precisamente el problema de esas adaptaciones. El primer capítulo es confuso -voy a asumir que de manera deliberada- y no deja ‘colocadas las piezas’ sino que te propone una historia, con un atacante misterioso que ha acuchillado a varias personas, un superviviente decidido a investigar y un policía y un periodista que -cada cual por sus motivos- parece que se van a meter en la misma historia. El problema es doble, por un lado que esto que yo he resumido se dedican a estirar y alambicarlo, por el otro que una historia de fondo que no parece tener que ver con lo que podría ser un ‘thriller’ sino con algo más de terror o fantástico, y no me refiero a un ‘slasher’ tanto como a una mezcla de vaguedades que podría ir tanto hacia un concepto de ‘entidad maligna’ como a uno de ‘maldición’. Sea como sea, si alguna de esas historias acaba siendo el centro será bastante distinto de lo que este primer capítulo muestra. Ocupado como está en dejar otros temas sobre una compañía de alimentos y de una enfermedad infantil, por medio. Como digo, el piloto es un batiburrillo y sospecho que será cosa del espectador decidir si le importa o interesa algo de todo esto y se ve los cinco capítulos, o si pasa en canoa y no necesita ni entrar en el primero. No puedo culparles, yo aún lo estoy decidiendo.
Supongo que esta
Kimbap to Onigiri: Koisuru Futari wa Nite Ite Chigau (O)(JP), o
キンパとおにぎり〜恋するふたりは似ていてちがう〜 o
Gimbap & Onigiri o…, va dentro de la corriente de obras ‘de buen rollo’ que cada vez más están practicando los asiáticos. Marca un poco todas las casillas: ambiente calmo y reposado; problemas reales, complejos, pero resolubles; fuerte presencia de los vínculos de amistad (y amor, supongo); y mucha más presencia aún de la comida. Así, esta historia de animadora surcoreana que viaja a Japón a un curso, pero una vez allí le dicen que se va a quedar sin alojamiento… con estos problemas -y varias videollamadas a su más mejor amiga en Corea- tenemos la mitad de la historia. La otra mitad es la de un aprendiz de cocinero que trabaja en un restaurante y cuyo jefe le anima a buscar platos que añadir a la carta. Algo así. De manera que mientras él va probando cosas -con más o menos éxito- a la vez busca una inspiración. Obviamente el que ambos se reúnan le lleva al piloto solo un rato. El resto es tiempo dedicado a eso: ella animando (poco), ellos charlando (más) y él cocinando (bastante). Así que supongo que es el tipo de historia que tiene ya un público alrededor.
Algo parecido podría decir de
Musafir Cafe (O)(IN) excepto que aquí el café o la comida no importa… tanto… y que muy claramente este tira por un lado romántico diferente. Un hombre en dos momentos distintos de su vida: Con y Sin Barba. Y los dos amores, uno en el pasado con una mujer que va a revolucionar su vida como si estuviéramos aún en los ’00s -aunque el personaje, por suerte, tiene más fondo y desarrollo que las
‘Manic Pixie Dream Girl’ habituales entonces-, y otra en el presente que parece más centrada en cuidar y en una vida más… vamos a decir relajada. Entre medias está el café. Un sueño del protagonista en el pasado, la realidad en la que vive junto a su nueva novia en el presente. Asumiré que veremos más del presente en siguientes capítulos, ocupado como está este en hablarnos de este pasado. Pero entiendo que la historia será o bien lo que ocurrió en ese pasado que hace que ya no esté con la antigua, o un triángulo amoroso en el que tendrá que elegir entre ellas. Supongo que si la cosa acaba siendo más una historia sobre reconstruir la vida o sobre que esta mujer le pone patas arriba cada vez que aparece. En fin, no soy su público pero imagino que, de nuevo, hay gente que lo que busca es exactamente esto.
La heredera de un imperio hotelero puede ver fantasmas. Es una manera de comenzar una serie, supongo. De hecho, lo sé. Lo sé porque es la de
Ossakhan yeonae (O)(CS), o
오싹한 연애 o
Spooky in Love o
Muertos de amor o…, en la que cruza su vida con la que un fiscal -algo así- que no entiende por qué se la va encontrando por todas partes. Por supuesto eso es porque hay misterios y muertes y cosas así. Pero no parece que vaya a ser tanto Lo Principal como La Excusa. Porque lo principal está en el mismo sitio pero por otro lado. Ella está a punto de casarse pero un fantasma aterra a su prometido hasta el punto de hacer que huya. A partir de ahí pasan dos cosas. Ella lleva guantes todo el rato para evitar ‘hechizar’ a otro hombre. Y en ese sitio concreto en el que se iba a casa pasan ‘cosas raras’ y ninguna pareja que celebrara algo allí dura después más de 2 años junta. Así que tanto las investigaciones como el juego del gato y ratón entre los protagonistas son importantes, pero está claro que el centro, más allá de los fantasmas y los misterios, es la relación amorosa que claramente van a irnos preparando. Y con eso en mente pues ya se puede decidir. Yo, al menos, le daré un par de capítulos más, a ver por dónde tira ahora que están colocadas las fichas.
Hay un par de cosas que no acababa de creer con
El otro padre (O)(MX), una es encontrármelos cantando una canción de Duncan Dhu. Otra es que acaben con un letrerito que remite a una mentira machista de hace dos décadas. Esa que dice que uno de cada veinticinco padres cría al hijo de otro hombre. No porque ‘cría’ es muy discutible. Es decir, no solo por eso. Sobre todo porque fue algo muy rápidamente abrazado pese a que fuera incluso más rápidamente desmentido. En cuanto se empezaron a hacer estudio más serios del asunto, se llegó a que son menos de un 1% y que la mayoría lo sabe. Es decir, el número de ‘los que no lo saben’ es muchísimo menor. Pero eso no vende, supongo. Aunque es ridículo meter esto para vender la ‘veracidad’ de una telenovela. No creo que ninguna ponga un letrero de
‘los gemelos malvados usurpan la vida de una de cada X personas al año’ o
‘un alto número de mujeres fingen haberse quedado tuertas para que su nuevo marido favorezca a su hijo frente al de la esposa anterior’. Quiero decir, son telenovelas, no esperamos que además pretendan dárselas de creíbles y realistas, no son telenovelas gráficas. Pero el hecho es que la historia es tan insulsa, con una joven que tiene una dolencia y cuando le hacen pruebas a su padre y hermanos se descubre que no es hija del marido de la protagonista -en una escena de
flashback que puede ser una de las cosas más vergonzantes filmadas este año- sino fruto de una aventura de una noche con un desconocido que con los años acabaría siendo, de entre todas las personas posibles, el padre de la mejor amiga de su hija. En fin que hay poco que rascar aquí. Salvo para los muy cafeteros, supongo.
Es moderadamente sorprendente que esta
Treasure & Dirt (AU) parezca unir un par de series de este último mes, el poner a dos investigadores en un ambiente extraño y el ofrecer una historia que de tan oscura casi parece gótica. Pero, claro, resulta que aquí no tiran tanto por lo preternatural. Por un lado tenemos una localidad minera -subespecialidad: ópalos- en la que se produce un crimen, en mitad de la nada australiana -lo que no sé cómo de redundante es-, una en la que parece haber algún tipo de secta religiosa -o similar-y de millonarios -que son igual o más peligrosos… al fin y al cabo no dejan de ser su propia versión de secta- y luego hay un asesinato exagerado, un cuerpo sin cabeza -que no deja de ser la especialidad de
Chris Hammer, el autor cuyo libro se adapta y del que hemos visto en España publicados un par de títulos de otro de sus personajes, el periodista
Martin Scarsden– al que ponen un par de investigadores para resolverlo. Lo que pasó a continuación no creo que os sorprenda. O sí, porque intentar no caer en esa part abiertamente sobrenatural, o incluso en un estilo más gótico, en favor de una suerte de ‘
thriller‘ muy lento, lo más lento y oscuro posible -muchas veces más ‘
gritty‘ que ‘
noir‘-, hasta límites en los que uno pensaría que tenían un par de páginas con ideas para desarrollar en lugar de toda una novela. Y marca todas las casillas: el detective raro que está fuera de sitio, la detective local a la que mandan con él pese a que no se parezcan en nada y que claramente tiene Opiniones sobre el pueblo. Toda una serie de extraños personajes secundarios e incluso más extraños momentos que parecen estar apuntando a que en ese pueblo hay algo raro… En fin, que uno podría haber esperado un movimiento más hacia
Twin Peaks o
Wake in Fright… pero al final han dejado un piloto que es lo típico que si te lo emiten un fin de semana por la tarde, o si tienes mucha plancha, puedes tener de fondo. Pero es una lástima que estemos yendo hacia abajo en lugar de hacia arriba.
El número de series cómicas que fallan espantosamente sigue subiendo, aunque lo de que
Stuart Fails to Save the Universe (USA) HBO es cómica es algo que tendréis que creerme, porque viéndola no se sabe. Lo cierto es que el punto de partida es, además de notablemente estúpido, el tipo de cosa suficientemente visto como para hacer comparaciones. Normalmente las comparaciones son con series que, es cierto, han tomado otro camino. La mayoría de series de ‘vamos a ir cambiando el mundo en el que estamos cada semana’ surgen de un ‘vamos a ir viajando entre mundos buscando el nuestro’. Ha sido una constante desde que la ‘aventura de la semana’ que iba directamente en su búsqueda tuvo que subir la apuesta para explicar por qué alguien entraría en el túnel del tiempo o en una cabina de teléfonos para meterse en líos. De ahí que pasáramos a una familia que caía por una brecha o un grupo de investigadores que sale mal. De ahí, también, que estos últimos años hayamos tenido un par de buenas series partiendo de esa premisa y con un presupuesto cercano al cero. Como son la canadiense
Davey & Jonesie’s Locker y la neozelandesa
Warren’s Vortex. Cualquiera de las dos más recomendables e imaginativas, no digamos ya con mucho menos presupuesto, que la que aquí nos ocupa. Y que usa la excusa del ‘experimento que sale mal’ para meter a secundarios cuaternarios de la serie. Todos los cameos parecen pensados usando la frase:
¿Quién está teniendo menos ofertas de trabajo desde que cerró la serie? El problema es que no tienen más que ofrecer. Ni los presuntos chistes tienen gracia, ni el patetismo general hace otra cosa por la serie que desalentar su visionado, ni -desde luego- hay actores que nos importen, interesen o, en fin, hagan algo digno de mención. En condiciones normales presupondría que no duraría mucho. Pero la verdad es que en el estado actual de los servicios televisivos, y de su público, probablemente tenga tres o cuatro temporadas.