Reality Infame Indignablizador

Si la semana pasada repasábamos a esos realities que podían considerarse infames por cuestiones morales relacionadas con el subtexto que nos traían esta semana vamos con un caso tan claro de explotación sentimental y —a qué negarlo— hijoputismo televisivo que llevó el concepto mismo de pornografía sentimental hasta un nivel de explosión.

Y se podría decir que la culpa de todo la tuvo la cadena. Pero es que esa cadena era la FOX, reconocida y alabada siempre por su capacidad para saltarse los límites cuando era necesario. Por lo mismo, denigrada por su falta de escrúpulos a la hora de sacar temas o desenchufar series. En el más puro estilo de supervivencia de los fuentes, oportunismo y amor por el dinero la cadena de Rupert Murdoch saltó sobre la moda de los realities como Will E. Coyote sobre el Correcaminos.

De varios de esos ingenios para el mal, y sus habitualmente poco exitosas carreras, ya hablaremos en el cierre de esta serie, dentro de dos semanas, pero si tuviera que quedarme con sólo uno de ellos como ejemplo —que, curiosamente, es lo que ha sucedido— no tendría dificultad alguna. Tal es su malicia.

The Bachelor es uno de los más exitosos realities de la época en la que se puso de moda, a principios de los ’00, su formato con un concursante que tiene que elegir entre varios candidatos al amor de su vida —o de los próximos meses al menos— fue un éxito instantáneo para la cadena ABC que aún hoy, 10 años más tarde, sigue emitiéndolo. Fue, además, como Gran Hermano, The Amazing Race o Survivor, uno de esos formatos seminales que darían pie a múltiples copias, imitaciones o replanteamientos. No es algo nuevo, este mismo año la CBS ha denunciado que el formato Glass House de la ABC es una copia de Gran Hermano.

En cualquier caso, la gente de FOX sabe cómo darle una vuelta de tuerca tóxico a la premisa. A casi cualquier premisa. Y de ahí a darle luz verde a Who’s your daddy?

Quizá estéis pensando que no es más que una versión más zafia, o una versión étnicamente motivada o algún tipo de perversión limitada a las fronteras de lo decente. Y estaréis tan equivocados.

Who’s your daddy? parte de un concepto similar a The Bachelor porque hay una concursante y una buena cantidad de señores que pueden ser elegidos. Señores de edad avanzada, sea todo dicho. Pero no es ese el momento en el que todo se vuelve sucio. Tampoco son los 100 mil dólares que pueden ganar por elegir correctamente. No. El asunto es que…

El asunto es que la concursante no está buscando a un novio. Está buscando… A su padre. Las concursantes eran niñas adoptadas, personas que quieren descubrir quién es su padre biológico y, en circunstancias como esas, nada mejor que acudir a la FOX, claro. La FOX investiga, encuentra al padre y consigue que participe. Al fin y al cabo si ella le elige cada uno se lleva 100 mil dólares.

Sí, elegirle. Porque una vez que ella lleva el asunto al programa, que estos rastrean y le encuentran y que ambos se presentan a realizar el programa la FOX añade a la ecuación dos docenas de señores mayores que fingirán ser el padre de la concursante y lograran los 100 mil dólares —y que ella se quede sin nada— si son elegidos.

De manera que se prepararon para emitir el primer episodio, en forma de evento especial de 90 minutos y… bueno… casi no lo logran. Las asociaciones de derechos de los adoptados, tanto los chavales como los padres, montaron una bronca enorme. No sólo por el asuntillo de los derechos, también por lo ético del programa. El boicot funcionó lo suficiente —es decir, el follón, más la presión sobre las afiliadas más el desastre de audiencia que tuvo— como para que nunca se emitieran los otros cinco capítulos grabados. Mucho menos para hacer más. De hecho el formato en sí jamás llegó a verse teniendo en cuenta que sólo se emitió un especial más largo que tenía por protagonista a una actriz de tercera fila, T. J. Myers, que aprovechaba para hacerse algo de publicidad. De la manera más estúpida posible. Echadle un ojo:

¿Os ha gustado? Pues es el momento de seguirlo a YouTube y leer que se trata de uno de los padres falsos demostrando cómo estuvo cerca de engañar a la chica, y cómo los comments se llevan de gente comentando no sólo la jugada sino el programa entero y su concepción. Disfrutadlo.

Volviendo a nuestro tema, es difícil establecer qué pudo ser lo peor de todo, lo más ruin y rastrero de todo el programa. ¿Ofrecer la pornografía de convertir un momento de tensión emocional en un programa? ¿Convertirlo en un concurso? ¿Convencer a varias personas para que traten de engañarla? ¿O quizá el hecho mismo de que sus actores pensaran que era una plataforma de lanzamiento? ¿Cómo podemos elegir sólo un aspecto? Aunque imagino que los señores de la FOX aún deben estar preguntándose qué pudo fallar. Quizá en su caso deberían empezar a preguntárselo cuando algo funciona.

Puede que penséis que el que fallara demuestra que no hay realmente un espacio para estos Realities Infames… Pues que sepáis que la semana próxima podréis ver uno que es todo un éxito. NYA-HA-HA!!!


Reality Infame Insultante

Es difícil establecer cuál es el punto en el que un Relity se convierte en Infame, yo suelo ponerlo en el momento en que el insulto a la inteligencia del espectador y el abuso del sensacionalismo sobrepasan cualquier límite. Aunque, en fin, muchos son los que juegan a mirar irónicamente el material que tienen a su cargo, subrayando en montaje y música la estupidez misma de lo que presentan como si así fueran menos cómplices de darle difusión.

Hay, sin embargo, otro tipo de infamia que a mi vista es peor porque se camufla más con los clásicos documentales o busca una justificación de valores positivos tales como la integración y la superación cunado, en el fondo, explota los prejuicios de su público. Por algún motivo, sin embargo, mi opinión parece minoritaria y es, por tanto, este el primer tipo de Reality Infame que veremos.

Es complicado escoger uno sólo, especialmente en un campo en el que hay dos formas de entenderlo tan persistentes como contrapuestas, por un lado los programas documentales que con excusas históricas promueven la primera locura que se les pone por delante haciendo que los ya vetustos intentos de Jiménez del Oso parezcan fragmentos escolásticos. El éxito de El código Da Vinci facilito la entrada y posterior difusión de docenas de ellos, especialmente en los canales históricos que más lejos deberían estar… Pero eso es otra historia.

La segunda posibilidad es la de los teóricos documentales en los que la finalidad aparente incluye un subtexto más que obvio. No hablo de los risibles documentales propagandísticos —especialmente los de corte evangelizador— sino de aquellos que usan una historia para contarnos otra, como si no fuéramos a darnos cuenta. Y precisamente ahí, en la recolección de tópicos y el subtexto sospechoso, es donde encontramos a nuestra estrella del día Muslim driving school o como podríamos haberla llamado aquí Mujeres musulmanas del sudeste asiático aprendiendo a conducir.

Sé que algunos hubierais preferido un repaso por esos programas científicos o de profesiones raras, incluso con todos esos buscadores de fantasmas que tanto abundan. Pero, la verdad, son mucho menos dudosos, es menos complicado confundirlos con un programa documental real.

En este caso, sin embargo, ya desde el título vemos las costuras. Muslim driving school resulta estar centrada en exclusiva en mujeres, y dentro de estas en un tipo bastante concreto. Tanto da que procuren hacer intercambiable musulmán y asiática, las mujeres en las que se fijan sirven para poder debatir sobre la diferencia oriente/occidente. Taslima está cerca de los sesenta y sólo ha logrado que la dejen aprender a conducir porque su marido ya no puede y siempre para que pueda transportarle y Samia es una joven de dieciocho que aprende a conducir y va a tener un coche sólo después de que haya fallado su matrimonio concertado, Zaida es instructora y precisamente su papel es fundamental todo ello por permitir a estas mujeres no tener que tratar con un hombre, lo que no evita que emita opiniones discutibles sobre la forma en que estas viven su vida. Aunque quizá el caso en que más claro quede todo y más ambigüedad muestre el docu-reality es el de Aysha, una joven inglesa conocida como Stacey que decidió dar un giro radical a su vida de fiestas y excesos adoptando la religión musulmana como se podría haber metido a monja y cuya apariencia y decisiones, uso del niqab incluido, se presentará más como una forma de romper con el pasado y alejarse de su madre que como una decisión mor motivos religiosos.

Es difícil imaginar cómo podría haber sido más manipulada la situación, no sólo por haber dejado de lado todos los musulmanes no-asiáticos de Reino Unido, también por la elección de historias que parecen primar la idea de la mujer contra el islam aunque podrían haberse encontrado también en otras religiones.

No hubo jamás una segunda temporada, ni parece que ideas como la de Asiáticos aprendiendo a conducir, que lanzaron como sarcasmo respuesta para ahondar en los clichés, pero que no se nos olvide que un programa así, tan aparentemente inocuo pero con tanto fondo, se emitió en una ocasión.

Aunque, como veremos en las próximas semanas, es más fácil ser infame cuando se va a por todas sin complejos.


Reality Infame Introductivo

Llegó agosto y con él las paradas técnicas y los programas de refritoso de contenido ligero. Un año más esta columna no se tomará vacaciones pero sí modificará su procedimiento. Muchas eran las posibilidades en la que podría haberme centrado durante este mes como la historia de los grandes canales estadounidenses. O de la carta de ajuste española. O podría… En fin, muchas posibilidades.

Pero, al final, ha prevalecido esa idea de necesidad de descerebrarse. Idea que, francamente, ni entiendo ni comparto. Sea el que sea el material a enfrentarse creo posible una reflexión al respecto y una necesidad de crítica. Lo que pasa es que luego pongo fotos de culos y los editores de esto se me quejan. Así que he pensado que podría echar un vistazo en la parte más denostada de la televisión.

Bueno, vale, una de ellas… que la televisión es un no parar. Me refiero a los Realities. Aunque ya hemos hablado de que muchas veces el uso de Reality como etiqueta es demasiado generalista. Teóricamente significa no-ficción pero en realidad suele equivaler a un cierto amarillismo que busca el morbo fácil apelando a las circunstancias reales de lo que se va a mostrar. Que, obviamente, tienden a estar tan guionizadas como las propias series de ficción. Suele asociarse a una narración pseudodocumental que, en el fondo, está más cerca de un reportaje. De esta manera se cuentan biografías, fingen suspense en concursos o se bordea el límite en tre la información y la pura tontería.

Dentro de estos realities hay también grados y no resulta tan sencillo como uno podría pensar en un primer momento llegar hasta la categoría de Infame. La simple acumulación de amas de casa, actores de saldo, tareas ingratas o competiciones idiotas . Hace falta una vuelta de tuerca que es, precisamente, la que vamos a ir buscando y resumiendo durante estos cinco lunes de agosto.

Hoy, por ser el primer día y respetar la brevedad requerida por la época, vamos con un breve listado de algunas cosas que no se han estrenado aún pero que están en charlas o producción. Tres ejemplos de Realities Infames que podrían haber aparecido aquí de haberse escrito esta sección otro año.

Prezilla ¿Qué podría desear nadie más que reunir en un sólo programa dos de los grandes éxitos de la MTv? Unir el formato de historia por semana y parte de la temática de Embarazada a los 16 con Bridezillas y las historias de mujeres desinhibidas y ¿fiesteras? de Jersey Shore mostrando a embarazadas arrasando ciudades a su paso. Claro que ahora que Snookie está embarazada quizá nunca llegue a ver la luz.

King of the nerds Apoyándose en la… fama… de los protagonistas de La venganza de los novatos, Robert Carradine y Curtis Armstrong, a pelear entre ellos en una especie de concurso que sólo ellos saben en qué consistirá porque pruebas de inteligencia y cultura general suenan al tipo de desastre que está esperando a que suceda.

My Daughter: The Teenage Nudist La única que se ha emitido, pero como un especial que no ha dado lugar a series. Si a algo recuerda la ejecución es a esas películas nudistas que antecedieron al porno, salvo que aquí la coartada intelectual del auge del nudismo —la misma que entonces— apuesta más fuerte al contraponerla con la actitud de los padres que es… bueno… tradicional.

A cosas como estas, y bastantes peores, tendremos que hacer frente durante las próximas cuatro semanas. Por lo menos mientras intentemos acotar lo que es realmente infame.


Silverman Tartikoff Greenblatt

La carrera del actual presidente de la NBC, Robert Greenblatt, está en la línea de las mejores tradiciones de la casa: Es un desastre tan grande que parecería guionizado por Tina Fey para 30 Rock. Y, siendo la NBC, además están alegres. Cuando trajeron a Robert Greenblatt desde Showcase la idea era que dejara de ser al cuarta cadena y, al terminar el pasado año, habían logrado ser… ¡la tercera!

Vale, gracias al magnífico trabajo de su rama de deportes, que más de una vez les ha salvado el culo, permitiendo que el éxito del Football Americano —Sí, lo he escrito así a posta. Jojo—, que ha sido el programa más visto por vez primera en décadas, y la emisión de la SuperBowl, que ha sido el evento más visto de la historia, les ayudara a subir… un puesto —a costa, por cierto, de una ABC que ofreció una de las más sólidas y coherentes nuevas temporadas en años. Pobres.—, de modo que ha podido salir bien librado de un primer año que apuntaba a desastre completo.

Ese previsto desastre ha hecho que casi ninguna serie logre una renovación completa y que muchas tengan su futuro más que dudoso. Movimientos tan estúpidos como conservar Community pero echar a Dan Harmon y decirle a sus sustitutos que mejor no compren muebles nuevos demuestran una forma de hacer las cosas bastante penosa. Tener preparada toda una batería de series para ir sustituyendo las que caigan tampoco ofrece mucha seguridad. Y eso por no entrar en la forma de manejar la ceremonia de apertura=, que incluye no permitir verla en directo por internet para tus espectadores o eliminar el homenaje a las víctimas del terrorismo.

Con alguien como Greenblatt a cargo es difícil estar actualizado, esta vez hablamos de las declaraciones que motivaron esta columnas y que están, a su vez, entroncadas con las que hizo durante la presentación del nuevo año, cuando aseguró que ninguna de las series tenían cerrada la continuidad. Fue preguntado expresamente por 30 Rock y respondió que tampoco… Lo que llevo a la NBC a tener que desmentir a su presidente al día siguiente para confirmar que 30 Rock se encontraba en su año final.

Todo lo cuál llevó a Greenblatt a hacer unas declaraciones a un grupo de periodistas, las primeras cara a cara tras la salida de Harmon, y en ellas dijo unas cuantas cosas, de las que la más destacable fue:

Esos programas, especialmente los de la noche del jueves, son grandes programas. Son programas ganadores de premios e increíblemente sofisticados e inteligentes y no podríamos estar más orgullosos de ellos.” Pero, lamentablemente “No podemos sacar una audiencia mayor de esos programas. Tienden a ser un poco más cerrados y un poco más sofisticados de lo que realmente quieres para logar una audiencia amplia.” De manera que han decidido pasar a hacer otro tipo de series, especialmente comedias, que serán “también inteligentes y también ingeniosas y os gustarán a los críticos pero, además, tendrán una audiencia mayor.

Lo que causó, obviamente, una conmoción inmediata y que todo el mundo corriera con pánico moviendo los bracitos porque el jefazo de la NBC decretaba el final de las comedias inteligentes en el canal, algo a lo que ya apuntaban algunas de las series elegidas para el nuevo año. De modo que con sólo unas palabras ha logrado poner en su contra a la mayor parte de críticos. Al fin y al cabo, eran a ellos a los que cree que iban dirigidas esas series que daban tan poca audiencia.

Lo más divertido es que podría haber sacado una gran lección sobre cómo funciona un canal —No digamos ya uno tan idiosincrático como la NBC— fijándose en cómo les fue a dos de sus más ilustres antecesores. El bueno y el malo. Brandon Tartikoff y Fred Silverman.

Que insista de nuevo en el malvado Fred Silverman debería demostrar lo importante que es, aunque sea como villano. Porque aún siendo la clase de persona que no dudó en dinamitar la línea entera de su cadena para reformarla por completo o enfrentar a programas que acababa de crear con otros que también había creado cuando estaba en la anterior no podemos dejar de lado que fue una persona fundamental para entender la televisión más allá de 1970.

Su llegada a la CBS ese mismo año provocó una pequeña revolución cuando decidió realizar la purga rural para favorecer series nuevas, urbanas, distintas, como El Show de Mary Tyler Moore (La chica de la tele) o All in the family, pegándole una patada al canal que la adelantó varios años en el tiempo; a continuación se largó a la ABC, en 1975, donde hizo eso mismo a costa muchas veces de lo que había puesto en marcha en la CBS —eh, es un villano por algo— y, a continuación, le llamaron a la NBC para que les ayudara con su magia. La NBC vivía una de sus crisis periódicas agravada por el revulsivo para su competencia —recordemos, en aquel entonces sólo había tres cadenas— que había supuesto el mandato de Silverman. Teniendo en cuenta, además, el gusto de la NBC por la innovación loca, parecía que en la NBC podría ser donde más diera de sí.

Cuando Silverman llegó a la presidencia de la NBC en 1978 era la primera persona que pasaba por todas las grandes de manera consecutiva —a día de hoy lo sigue siendo— y eso era un crédito que parecía que podría aprovechar. Aunque no le sirvió de mucho: su primer programa estrella auténticamente suyo fue Supertrain, un intento de unir la premisa de Vacaciones en el mar con algo de acción y aventuras, para el que contaban con el buen hacer de los creadores de la serie, el gran guionista de westerns Earl W. Wallace y el magnífico escritor de novela negra Donald E. Westlake. Pero las cosas empezaron rápidamente a complicarse, las maquetas daban problemas y el presupuesto ya disparado pasó a ser disparatado. Todo lo cuál no hubiera sido demasiado problema si las audiencias hubieran acompañado, pero pasó justo lo contrario. Pese a encontrarse con la producción más cara para televisión hasta el momento, superando a la Galactica de Glen A. Larson, los espectadores no vieron mucho interés en lo que la crítica machacó llamando un Love boat de regional —no descarto que la posibilidad de hacer titulares con descarrilar les animara también— y la serie no pasó del capítulo 9, lo que causó un grave revés económico a la cadena.

Como estas cosas nunca vienen solas, el presidente Jimmy Carter decidió que se le haría boicot a las olimpiadas de Moscú de 1980. La NBC, tradicional emisora de olimpiadas, se encontró así con la necesidad de no retransmitir éstas, pese a que ya se habían gastado 87 millones de dólares y tenían comprometidos 170 en contratos publicitarios, además de la promoción para sus programas de ese otoño. De manera que el canal se quedó al borde de la bancarrota.

Algo a lo que no ayudó en absoluto la forma americana de funcionar para la televisión, similar a la que los españoles tenemos para la radio, con emisoras concesionarias que pueden decidir su afiiliación y cambiar la cadena a la que pertenecen. Y como la NBC iba cuesta abajo y sin frenos muchas de esas emisoras, incluidas varias de las mayores en Atlanta, Baltimore, San Diego o Indianapolis, decidieron cambiar… a la ABC; bueno, y alguna a la CBS.

La temporada del 80 no arregló nada, el intento de lograr repetir el éxito del SNL tras la enorme bronca que había terminado con la salida de Lorne Michaels de su creación, mediante el programa Pink Lady, centrado en el dúo pop japonés del mismo nombre, fue otro enorme fracaso. Se vio como algo extraño y alejado, las integrantes del dúo no parecieron suficiente y el añadido tardío del co-presentador americano sólo agregó más confusión. Pink Lady & Jeff podría ser muchas cosas pero no un programa de éxito.

En el verano de 1981, con una cadena en bancarrota, teniendo como mayores éxitos Gimme a Break!, Diff’rent Strokes y su spin-off The Facts of Life y la apariencia de haber acabado siendo víctima de una enorme broma, quizá debido a la saña con la que los propios trabajadores de la cadena habían parodiado su nuevo himno o a que los ataques más duros vinieron de Al Franken en el SNL, para agravarlo todo, dimitía Fred Silverman.

El elegido para sustituirle fue el responsable de Comedia, el jovencísimo Brandon Tartikoff, que ya había participado con Silverman en el desarrollo de Cheers. EL primer año se benefició, además, del éxito de uno de los últimos proyectos aprobados por Silverman: St. Elsewhere. Lo primero que hizo Tartikoff, como fan que era, fue convencer al responsable de deportes y factótum de la cadena, Dick Ebersol, para salvar el SNL, escapado Michaels y con Franken alejado tras la bronca con Silverman.

Lo siguiente que hizo fue cambiar de día de emisión Hill Street Blues (Canción triste de Hill Street), que había tenido buenas críticas pero poca audiencia. En lugar de cancelarlo decidió dejar que creciera la noche de los jueves. También puso en marcha tres series de divertimento como eran El Coche Fantástico, Remington Steele y, sobre todo, El equipo A, para atraer público y cambiar a David Letterman de su bajo en audiencia programa de mañanas al programa nocturno tras Johnny Carson.

La máxima de Tartikoff era tratar de sacar el mayor partido a las series y programas apreciados por la crítica dándoles los horarios más adecuados. De esa manera cuando llegó la desastrosa temporada 82-83, en la que no se renovó ningún programa, pudieron seguir adelante gracias al aumento de audiencia de las series que ya tenían y a que El equipo A logró meterse entre los 20 programas más vistos del año.

El éxito al año siguiente de El show de Bill Cosby, la segunda oportunidad dada al cómico negro en la televisión, sirvió para usarlo como lanzadera para la aún reciente Enredos de famila (Family Ties) y para Cheers logrando que las tres series mejoraran y subir de puesto. Para la temporada 85-86 era ya la cadena más vista. En los años siguientes llegarían Las chicas de oro, Corrupción en Miami, Juzgado de guardia, Autopista hacia el cielo, Hunter, ALF, Matlock, La ley de los Ángeles, Un mundo diferente o Nido vacío, entre muchas otras. De manera que en la temporada 88-89 fueron la cadena más vista las 52 semanas del año, un logro jamás antes ni después conseguido. Además, lograron otro récord poniendo 18 programas entre los 30 más vistos.

Cuando Tartikoff decidió abandonar la NBC en 1991 dejó en marcha series como Mad About You y Frasier, preparada para ponerse en marcha Seinfeld y en conversaciones Urgencias y Friends. Sus sucesores aprovecharon el dinero y la buena racha para comprarse todos los eventos deportivos importantes (baloncesto, football, béisbol… además de los Juegos Olímpicos) que pudieron, garantizando así un colchón de seguridad que se benefició del buen momento que vivían los americanos en ellos, como la época de Michael Jordan en los Bulls.

Luego ya se fueron terminando estas series, perdiendo derechos, volviendo, en fin a dejar el primer puesto para acabar de nuevo en el cuarto. Y Robert Gleenblatt se supone que pretende devolverles arriba.

Sin embargo, junto con los clásicos desastres propios de la NBC, parece que no ha entendido las máximas de Tartikoff: reforzar las series buenas, no esconderlas ni podarlas, y tener paciencia para que crezcan.

En lugar de eso ha pedido sólo media temporada de casi la totalidad de sus series y encargado un número sin precedentes de novedades. Para la 12-13 hay encargadas nada menos que doce series: Los dramas Revolution, Chicago Fire, Do No Harm, Infamous y Hannibal y las comedias The New Normal, Animal Practice, Save Me, Guys with kids, 1600 Penn, Go On y Next Caller.

Me gustaría equivocarme y que fueran todos éxitos pero no parece que eso vaya a suceder. Porque al leer las declaraciones de Greenblatt de quién me acordaba era de otros dos creadores.

Uno era el guionista Ernest Chambers que dijo:

Uno de los problemas con la televisión es que tienes una audiencia televisiva. (…) Pero hay otra audiencia allá fuera (…) si sólo te dejaran en el aire lo suficiente para que oyeran hablar de ti.

El otro es el productor y agente George Shapiro que comentaba los problemas que tuvo una serie porque “ Sam Weisbord [Director de la agencia William Morris] nos aconsejó rotundamente no hacerla, porque el tema era demasiado elitista (…) No tendría un interés suficientemente amplio, especialmente para el medio oeste y en el sur, porque a la gente no le importa el negocio del espectáculo fuera de Nueva York y Los Ángeles.

Ambos se refieren a los problemas que hubo para poner en marcha The Dick Van Dyke Show en 1961 y cómo llegó a parecer que no podrían lograrlo para luego, una vez en antena y tras su primer año, convertirse en una gran éxito que recibió numerosos premios y lanzo al estrellato, no sólo a su protagonista sino, también, a secundarios como Mary Tyler Moore igual que ayudó a cimentar reputaciones como la del creador de la serie, Carl Reiner.

Las series inteligentes pueden funcionar incluso mejor que las de amplio espectro por el público que atraen, pueden servir incluso para ayudar a la marca de la cadena, y no se trata de una cuestión de audiencia porque algo en apariencia tan complicado como Seinfeld acabó siendo la serie más vista de Estados Unidos.

Quizá se trate de seguir a Tartikoff antes que a Silverman. Y no pretendo disminuir el valor o la importancia histórica del segundo, sin él All in family quizá no hubiera existido ni con él la revolución posterior, igual que con el programa de Mary Tyler Moore que tanto se apoyó en su éxito precedente para lanzarlo o la aparición y difusión de series centradas y protagonizadas por afroamericanos que no volverían a tener tanto tiempo en pantalla hasta el juicio de OJ.

Así que quizá sea todo la forma en que manejas lo que ya tienes y que tratas de ir más allá. Cierto es que cuando estos dos titanes vivieron la televisión tenía sólo tres megacanales, que la televisión sólo empezaba a cambiar y aproximarse a lo que es ahora pero, ¿y el público?. Lo veremos de aquí a un año.

[Como decía al principio, es difícil estar al día tal y como va la NBC, a lo que comentaba de la inauguración de las olimpiadas —y más os vale pinchar en el enlace— se ha unido este fin de semana una nueva bronca por decidir emitir en diferido la prueba de natación entre Phelps y Lochte y varios señores más. La NBC se ha defendido esgrimiendo que, pese a saberse el resultado ya, la audiencia ha sido mejor que la de hace cuatro años. Los descontentos afirman que si no se hubiera sabido el resultado hubieran tenido incluso más, que aunque la prueba sea la misma lo que la rodea no lo es y que es ridículo actuar como si internet o las otras cadenas no existieran. Como decía, la NBC jamás deja de dar motivos que justifiquen su fama.]


Provedorizando movimientos telespectantes

Quizá lo esperable para hoy era algún tipo de análisis de los Emmy. Podría hacerlo en una versión corta con aquellos tópicos manidos de más de lo mismo o han logrado quedarse en tierra de nadie pero, la verdad, la lectura más interesante entronca de manera un tanto retorcida pero no por ello menos directa con aquello de lo que tenía intención de hablar hoy.

La lucha en la distribución televisiva estadonunidense.

No, no nos pilla lejos. Y, desde luego, no es un tema muy etéreo ni en exceso empresarial. Empecemos con…

Creo que ya he explicado varias veces cómo funcionan las cadenas estadounidenses. El referente español sería el radiofónico y no el televisivo. Es decir, hay varias emisoras que pueden ser independientes o miembros de algún conglomerado de tamaño variable que deciden su programación bien asociándose con alguna cadena —que puede ser de cualquiera de los tamaños imaginables, desde las grandes nacionales a las estatales o regionales— o bien desde un puesto de autogestión que, sin embargo, sí les permite adquirir programas de los llamados en sindicación, series que han alcanzado una masa de programas suficiente como para que se pueda vender esa re-emisión.

Obviamente esta era la manera en la que las grandes cadenas estuvieron funcionando, pero hete aquí que a finales de los ’80 la llegada de las cadenas temáticas y los distintos tipos de cable fueron creando una realidad al margen. Monolítica en ese momento, eso sí. De ahí que surgieran compañías de cable por un lado y, por el otro, compañías de satélite que hacían llegar el contenido de la oferta que a los puntos más inaccesible no podía hacer llegar el cable. Tras lo cuál acabaría llegando un método más, la distribuidora por internet. El asunto es que, frente a la realidad española, allí había dos partes para producir las series y programas, por un lado la emisora contratante para su emisión original y por otro la productora que se encargaba de su realización y solía quedarse los derechos para la venta en sindicación.

Esto, por supuesto, se fue complicando. La aparición de los VHS —muy tímidamente— y los DVD —de manera masiva— favoreció un nuevo negocio de venta que, además, generaba beneficios adicionales para la productora y llamaba a las cadenas a tratar de meter mano. Que puede parecer una tontería pero ahí tenemos el Batman de Lorenzo Semple Jr. paralizado. Como era poco lío ya el paso de un formato popular pero voluminoso y caro y su transición a otro más barato y manejable vivió una revolución con la llegada de los servicios por internet ya que el coste de difusión se iba acercando a cero —utopía del todo imposible, pero más creíble en cuanto que el alquiler o descarga digital es aparentemente menos voluminosa que un DVD y no precisa de una producción física a priori sino de la demanda del momento— entrando, por tanto, en esa transformación del consumo televisivo del que ya hemos hablado varias veces en esta columna.

La posibilidad de pillar un episodios o media docena, según gustos, y elegir el momento de su visionado sin tener que pararse en acatar lo que los canales quieran ha cambiado, además, la forma de entender y entenderse con el propio aparato televisivo y de ahí las broncas entre sus intermediarios.

Hace unos meses fue DISH TV el servicio de satélite que decidió dejar de trabajar con AMC Network casa de las series muy obviamente de la AMCMad Men, The Walking Dead, Breaking Bad… — y algo menos de otros canales como IFCPortlandia por poner uno— que eran el motivo central de la disputa. AMC N pedía un incremento del precio pagado por la distribuidora par seguir dentro de la plataforma, estos primeros decidieron que aunque se tratara de unos céntimos por usuario no tenía sentido sufragar los canales menos solicitados — lease el IFC antes mencionado, el WE o el Sundance — por unas pocas series en uno de los canales. La cadena contraatacó ofreciendo alternativas a los usuarios de ese servicio que estuvieran interesados en sus programas con una información que incluía desde servicios de proveedor televisivo alternativo que podían contratar en su zona hasta facilidades para suscribirse al visionado on line de las mismas.

La siguiente guerra, incluso más cruenta si cabe por el mayor tamaño de las empresas en disputa, ha sido la que ha enfrentado a otro proveedor por satélite, Direct TV, con otro conglomerado de canales, la poderosa Viacom. La ruptura de relaciones dejo fuera de las pantallas canales tan populares como Nickelodeon o Comedy Central y era, prácticamente, un calco de la anterior. Con sólo unas diferencias.

En primer lugar, a Direct TV le faltó tiempo para jugar las bazas sentimentales, haciendo saber a sus abonados que la falta de esos canales era para tratar de evitarles una subida en la factura mensual en estos tiempos de crisis, también señaló a Viacom que su posición como uno de los mayores proveedores televisivos, especialmente fuera de las zonas urbanas, significaría unas caídas de audiencia apreciables. Dio igual que Viacom tratara de negar lo primero y minimizar lo segundo, cuando empezó la discusión de despachos ya habían perdido parte del pie que tenían para apoyarse.

La primera medida seria de Viacom fue, sintomáticamente, sacar de sus webs una serie de programas que se podían seguir y que para Direct TV dañaban la oferta que estaban realizando. ¿Quién iba a querer pagar por un servicio si poco después y en cualquier momento del día iba a poder disfrutar de la serie de manera gratuita y a la carta? Este, junto con la idéntica queja de que los canales con más público estaban subvencionado los menos populares hicieron que Viacom replanteara su posición. Especialmente cuando salieron los datos de audiencia tras la primera semana de desconexión que contraponían bajadas menores de un 2% en canales como el Comedy Central con pérdidas del 25% en el caso de Nickelodeon. Se vieron forzados a sentarse, negociar y rebajar sus peticiones.

Añadamos a todo esto los extraños movimientos de HBO con Juego de Tronos, cuyas posibilidades de visionado actuales son: 1) Contratar HBO o 2) Pirateo. Y puede parecer una tontería pero a la HBO parece que le molesta menos el pirateo que la alternativa de perder el valor de su producto exclusivo. Pero esto casi lo explica mejor The Oatmeal en el siguiente cómic:

 

El efecto que produjo el cómic y su difusión masiva fue toda una serie de artículos discutiendo hasta que punto era algo buscado por la HBO o pura arrogancia empresarial —y eso que a ellos no han aprovechado para subirles los impuestos on line — así como la bajada de casi un 50% del precio en Amazon y, por contagio, en el resto de tiendas.

Pero lo importante es, por supuesto, lo que indica de los cambios y modos. La llegada de un nuevo modelo de visionado y la facilidad para que este se produzca fuera de los horarios de los canales y en consonancia con los deseos y disponibilidades del espectador gracias a sistemas aún más sencillos y —sobre todo— más transportables que los que hasta ahora disfrutábamos; como la grabación en disco duro, en dvd, o en vhs; ha cambiado el modelo y está forzando a crear diferenciaciones. De entrada, porque la gente tiene que ir acostumbrándose a pagar a un proveedor diferente, de ahí el éxito de Netflix o de Hulu y la reacción provocada entre los proveedores de contenidos que están hundiendo o, en el mejor de los casos, dificultando su consolidación y servicios.

Uno de los asuntos más debatidos en la lucha de Viacom y Direct TV fue la necesidad de que hubiera tantos canales de películas, incluso aunque respondieran a diferentes perfiles, y la de la necesidad de los canales de nicho que se ofrecían al espectador en pack y tenía que tener aunque no le hiciera mucho caso.

Obviamente el paso al que querían llegar era hacer una televisión aún más a la carta, el problema es que tanto como esto evitaría la idea de cientos de canales y nada que ver dificultaría la financiación de cualquier estructura minoritaria. Algo que se lleva viendo venir unos años y que ha coincidido con los cambios televisivos para expandir la idea de programación propia.

Durante los años ’90 y ’00 la creación en muchos de estos canales era mínima. La mayoría se dedicaba a emitir contenidos ya generados por las grandes cadenas, a importar, o a crear sólo contenedores o magazines de presentación. Sólo algunos de los canales se atrevían con la creación propia que era algo que subía sus costes como cadena. Ya hemos visto por aquí lo que ocurrió en el Food Network pero no fueron los únicos, la MTv pudo ser una de las más decisivas y pocas cadenas tuvieron el éxito que Nickelodeon que supo ver una realidad —el tiempo cada vez menor dedicado a la programación infantil y juvenil por las cadenas— y aprovechar una ola en la que también se subirían la reformulación del Cartoon Network y los señores de la Disney.

Precisamente esa idea del valor añadido que da la novedad y el éxito del modelo HBO sería lo que llevaría a muchos canales a ponerse con su producción propia. Desde el éxito inicial de Showcase ofreciendo más sangre y violencia a los giros más populares de TNT, todo esto apoyado por los segundos canales de los grandes — USA Network, UPN y luego su suma con el Warner de The CW, ABC Family, FX… — y sus temáticos. La llegada de una revisión del negocio para la Starz, TV Land o en este caso fundamental la AMC sirvieron para generar nuevo interés por ellos entre los espectadores perdidos en la selva de canales.

Y ahora es cuando volvemos a los Emmy. Porque algo que puede pareceros una tontería pero no lo es: No han candidatureado como Mejor Serie Dramática The Good Wife.

Ya, ya, lo sé. Pero es que los últimos años THhe Good Wife estuvo ahí representando a los cuatro grandes canales, a la creación de series dramáticas al alcance de todos. Por eso es tan importante que este año se haya quedado fuera. ¡Todos los candidatos son de cable!

[No sólo ellos, en Mejor Serie Cómica la mitad son de cable ya. Claro que siempre se ha considerado menos la comedia por motivos que no acabo de entender. ]

Como no podría ser menos las voces sobre los olvidos y las series dejadas de lado han llegado también con las candidaturas. Pero en este caso la ruptura no era sólo con las ideas de los críticos o de la gente de internet, Es una ruptura con lo que los grandes canales han estado haciendo, una ruptura con el público general estadounidense. Sin llegar a perderse del todo, en un encantador punto intermedio ajeno a todos. Así están los Emmy.

De manera que el paisaje que va aclarándose es el de una separación con una base que aún no ha abandonado las grandes cadenas que va adelgazando frente a un cada vez más nutrido grupo que empieza a usar las series no como algo que nos es emitido, de manera pasiva, sino como algo que puede ser seguido y buscado. Los mismos principios que están detrás de la progresiva huida de espectadores de la televisión que no ha dejado tanto de consumir ficción como de hacerlo de otros modos.

Algo inevitable en todos los campos y cuyos cambios y realineaciones se pueden seguir sobre todo por el rastro de _ chispas_ que causan esas fricciones con el común de los espectadores y, sobre todo, los mismos eslabones de la industria televisiva.


Expositivas formas mutantes

Cuando uno se encuentra con las clásicas iniciativas inglesas de emitir algunos pilotos como si fuera una serie de antologías para que la respuesta del público sea la que decida las novedades se suele sorprender.

En mi caso porque, despistado como soy, pienso que me he visto por error otra serie. Como normalmente no me informo de los pilotos que voy a ver me pasan esas cosas. Además, cada país tiene su forma de funcionar y esta idea es notablemente inglesa. Creo que ya lo he comentado un par de veces a lo largo de esta columna, regularmente algunos canales organizan una serie contenedora antológica en la que emiten el piloto. Eso significa, habitualmente, que el que es escogido aún puede tardar dos años en verse desarrollado. Y eso si no existen otros problemas, pero mejor no hablemos de BBC Four que me deprimo.

En cualquier caso, los americanos también lo han intentado en ocasiones, aunque de una forma menos sistemática. Usando pilotos como telefilmes en ambos sentidos. Es decir, preparando auténticos telefilmes que luego pudieran pasar por pilotos de las series —y ahí tenemos ejemplos tan poco probables como el de Los vigilantes de la playa empezando como una peli de dos horas en la NBC, pero con las mismas fue el movimiento fundamental para que Babylon 5 o la nueva Galactica consiguieran serie— o reciclando pilotos rechazados en forma de telefilmes, que no tienen un final claro, que no desarrollan personajes y que dan la sensación de que algo falla. En realidad no se nota tanto la diferencia.

Por supuesto también puede haber pilotos pensados para salir como TV Movie, tener éxito y de ahí hacer serie. El SyFY está lleno de ellos, aunque debo decir que siento cierta predilección por ese encantador desastre de USA Network que fue Frankenstein

Ay, sí, en España se estrenó en DVD. Para eso estamos. De hecho, aquí se intentó el truco de hagamos un piloto y de ahí la serie con una trama de asesinatos, barajas y juegos de rol mortales —ah, el dulce regreso del slasher como género de moda— pero como lo montó todo Antena 3 se pegó un batacazo y nada hubo después. La cosa en cuestión, llamada Demium se estrenó con declaraciones de que si al público le gustaba se haría serie.

Os he buscado un algo, aunque fuera una escenita, pero no he encontrado ni rastro. Una lástima porque en su momento en Dreamers nos dio para muchas risas. Digo, perdón… Es una lástima que no queden recuerdos de los grandes profesionales patrios en su intento por innovar. Si alguien sabe de dónde sacarla —aún teniendo en cuenta que como iba a ser una serie no tenían intención de decir quién era el asesino, así que en realidad no tenía final— que avise.

Y, en medio de esto, la forma de mutar las series. Fuera de España, claro. Aquí seguimos a lo nuestro.

Mientras en UK puedes tener el piloto hoy y luego ya veremos cómo se emiten las series — Luther ha tenido una temporada de 6 capítulos, otra de 4 y la próxima de 2; si llega a haber 4 imagino que será una peli— en USA van probando a recortar sus locas ideas de 24 capítulos por temporada. Desde la aparición de las emisoras de cable se han ido haciendo más habituales las temporadas cortas y su posterior inmersión en la ficción propia, junto con menos medios para producir, ha hecho que busquen alternativas.

Parte de lo cuál se aplica también a las grandes, que dejaron de hacer pedidos de 22/24 a hacerlos de 13 y luego de 9 y ahora de 6. Y en cualquier momento empezaran a ir renovando cada semana. Siempre considerando que luego pueden “pedir más”. Pero, claro, eso no es exacto.

Dan Harmon, creador de Community, comentaba cómo la petición de dos capítulos más casi al final de la temporada les hizo sacar deprisa y corriendo dos guiones y rodajes para poder servirlos resintiéndose la calidad de los mismos. Algo que no habría pasado con una petición cerrada.

Por cierto, Harmon está metido en una de esas otras muestras de que las cosas están cambiando. Con la aparición del crowfunding en Kickstarter para lograr que se haga la película de animación Anomalisa, con guión y dirección de Charlie Kaufman y producción del propio Harmon y algún otro sospechoso habitual como Dino Stamatopoulos o Duke Johnson.

Podéis poner pasta a cambio de recompensas — o por el placer de ponerla— aquí: Anomalisa

Volviendo al tema: Si se hubiera tratado de una serie cerrada no se hubieran podido añadir capítulos pero, por las mismas, habrían tenido que saber cuántos se iban a emitir para poder darle un final. Que no pasara como con Reunion, esa serie de la FOX sobre un grupo de amigos y un asesinato en el pasado en que cada capítulo representaba un año desde el 86 hasta su presente en el año 2006 de manera que veías su evolución — sí, ya, como Our friends in the North pero con asesinatos y capítulos anuales— y también flashbacks e información que iba rellenando la trama. Lamentablemente la cadena sólo había pedido 13 y, como en realidad no emitió más que 9, no consideró necesario concluirla con los 7 episodios que faltaban, así que nos quedamos sin conocer el final.

Claro que, precisamente, esas son las ideas que hacen avanzar la forma de organizar la duración y forma de una serie. Cuando sus creadores decidieron ponerse con Harper’s Island partieron de un pedido de 13 episodios y a eso se ciñeron para contar la historia, sin esperar que luego les fueran a pedir mas. Y menos mal, porque se hubieran quedado en 6 con toda justicia.

De modo que primero se fueron a 13, luego han empezado a variar por necesidad; si SMASH tenía que ir detrás de The Voice tenía que ser de 15 capítulos, hacer temporadas de 10 — o Kevin Bacon diciendo que no hará más que esos 15 para The Following. Del mismo modo se pueden recortar a 10 como ha estado haciendo la HBO, y que lo hagan con The Newsroom puede no ser muy acertado, pero obligando a Choque de reyes a ceñirse a esa cantidad frente a 13 ó 15 —o cualquier otra cantidad— estás obligando a recortar y resumir.

La locura inglesa de las series, que tienden a primar la historia y a obligar al canal a encajarla, es la más sensata cuando se trata de contar una historia. Es decir, si el arco es más importante que historia del día en sí. Porque con los años lo que se está logrando es que la gente entienda la diferencia entre el contenido por encima del continente. Quizá en algún momento podamos ver también dramas que duren menos de 40 minutos. De momento ya los tenemos de más, incluso del triple de duración, igual que tenemos comedias de menos.

Uno de los temas candentes, al hilo del final de temporada de diversas series y el comienzo de otras como True Blood o la recentísima regresada Breaking Bad, es lo que llaman los americanos binge watchin y nosotros, claro, atracón. Resulta que olvidaste cómo terminó la anterior temporada, o quieres revisarla antes de que empiece la nueva o has esperado a que termine para poder vértela del tirón. En USA están discutiendo si es bueno, si es malo, si habría que respetar la pausa para cumplir con la forma original para la que estaba diseñada…

¿Os parecería normal que os pusieran una hora para leer un libro? ¿UN capítulo por vez? ¿Y todas las historias tienen que ser de 25 páginas?

Eso podía pasar en los tiempos del pulp, cuando el editor tenía que sacar historias más para rellenar que por motivos internos, y salían grandes obras; ahí está la recopilación de cuatro volúmenes ¡Bang! ¡Bang! ¡Estás muerto! en Akal para dar fe de que también así podían salir obras memorables.

Pero cuando dejaron a los autores decidir, entonces la calidad creció —no toda, no seamos ridículos, pero sí fue más fácil para ellos hacerlo bien— y en eso estamos ahora.

Cierto es que, al verlo desde un país extranjero, hace años que sabemos que no sería tan importante cuando empezaron a vender sus series para que se repitieran a razón de un capítulo al día, mucho menos si llegan a pasarse por España y ven que se programan de cualquier manera, incluso en días consecutivos y grandes cantidades de capítulos por vez, como la realidad constatable de que la carta de ajuste de nuestra televisión, con sus colores o esas fotos volantes de la Familia Real, han sido sustituidos por capítulos de Los Simpson o Lo que se avecina.

Más lejos aún, porque ya la revolución actual no es tanto de calidad o de capacidad; además hay algo que han perdido: ya no están al mando.

Ahí eran ellos, ahora somos nosotros con nuestros dispositivos reproductores multimedias, nuestros medios de almacenamiento cada vez más etéreos, nuestra facilidad para adaptarles a ellos a nuestras necesidades, tiempos y horarios y, sobre todo, el ser consciente de que el mando es nuestro.

Ahora está claro que es nuestro, sólo queda empezar a reivindicar que podamos ver las series con él en la mano. Para repetir escenas. Para darle a la marcha rápida si nos aburrimos o rebobinar —ja, bobinas— si algo nos hemos perdido. Para poder darle el uso intensivo que se merece. Porque quizá así quedaría claro, por fin, que lo último que es deseable es convertir esto en un ejercicio pasivo.