ALive

El 11 de Octubre de 1975 se emitió el primer programa del SNL. En condiciones normales hubiera puesto el principio pero ya sabéis cómo son estos locos señores y sus leyes de emisión fuera de USA. En cualquier caso, el principio sería el primero de muchos en los que tras un sketch en frío asistiríamos a una caida de Chevy Chase y luego al ya mítico Live from New York… It’s Saturday Night !

Decir que los primeros programas fueron caóticos es quedarse muy corto. Para el incial se trajeron a George Carlin, el gran monologuista, lo que siginificó tres monólogos, más el vídeo de Brooks, más los peluches de Henson, la pieza de Kaufman y tres actuaciones musicales. Si se descuidan los NotReadyFromPrimeTimePlayers (NRFPTP) ni aparecen. Y cuando lo hacen es vestidos de abejas en uno de los gags más infames y, sin embargo, repetidos de la historia del show —y de la tele—.

La actuación de Kaufman fue todo un éxito aunque no fuera un NRFPTP, todo muy rompedor y provisional. Lorne Michaels tenía ganas de probar cosas nuevas, de darle una vuelta a la televisión. Casi se los lleva por delante, claro, porque el inclasificable producto parecía más un programa de variettes —especialemente en el segundo programa, con reunión de Simon & Garfunkel tras siete años por separado que llevó a once actuaciones musicales— que uno de humor.

Los cómicos hacían lo que podían, claro, pero ese intento de abarcar tanto creaba productos extraños. El tercer programa con Rob Reiner incluyó uno de los infames (por su extensión) cortos de Brooks. Siendo amigo de Reiner ambos hicieron comandita para que emitieran una controvertida pieza que se escapaba algo de los límites impuestos por Michaels, de los dos o tres minutos recomendados hasta unos escasos… trece. Michaels se subía por las paredes pero en esta ocasión de poco le valió, con los anuncios y demás el programa en vivo se pasó un cuarto de hora emitiendo material grabado. La parte buena es que no hubo invitado musical, así que la única otra interrupción fue Belushi cantando en imitación a Cocker. Por suerte Candice Bergen dejó hacer en el cuarto programa, el primero que puede considerarse un SNL propiamente dicho. Incluyendo el cambio en el segmento del Weekend Update que tanto influiría en el devenir.

A Chase le costó poco —sobre todo teniendo en cuenta que entraba de guionista— hacerse con el programa. Literalmente. Su mítica capacidad para caerse se convirtió en parte de la entrada y le llevo a ser el actor que más abrió el programa de toda la temporada. Además, su tranquilidad ante las cámaras y su capacidad para entender el medio televisivo —medio alejado de la radio o las revistas, cercana sólo en parte a las tablas, que eran los medios en los que se movían antes los NRFPTP— logrando de él el animal televisivo de más éxito de todo el reparto.

Un reparto que contaba con Gilda Ratner, por ejemplo, o con Jane Curtin… Pero sobre todo con el grandioso John Belushi. Auténtica fiera del escenario, entropía animal en estado puro que en toda su explosiva desmesura estaba acostumbrado a robar el protagonismo a los demás. Y, sin embargo, aquí era él el saqueado por Chase. ¿Qué había pasado?

Weekend Update, el informativo falso del SNL, no acababa de funcionar. En él Chevy Chase interpretaba a un conductor pomposo que comentaba las noticias de la semana. Pero quedaba todo muy falso, muy acartonado. Hasta que en el cuarto programa, el de Candice, llegó la inspiración. Abrió el segmento con el ya mítico “Soy Chevy Chase y ustedes no”. Si van a empezar a comentar lo de Emilio Aragón que sepan que no es lo único que, aham, tomó del programa. Pero eso es otro tema.

Decir tu nombre en un programa coral puede parecer algo sucio pero, eh, era Chevy Chase, ¿qué esperabais? Además, se mostró eficaz, no sólo el Weekend Update ganó en frescura, además Chevy Chase pasó a ser la portada del Newsweek y el más mencionado en las reseñas, algo que a Belushi no le hizo ninguna gracia.

El programa, por fin, arrancaba. La presión había sido tremenda y las historias sobre excesos, fiestas, drogas y alcohol serían tan míticas y mistificadas como procede a un relato fundacional y mítico del Nuevo Humor estadounidense. Lo impotante es que se iban creando rutinas y personajes, más allá de las abejas. En el cuarto programa había aparecido el Landshark de Chase pero sería el quinto el que viviera, además de la primera actuación —y suponemos que última— no en directo del programa por parte de ABBA, el nacimiento de la Emilly Litella de Gilda Radner. Litella fue el primer gran personaje surgido del programa, una señora mayor que lanzaba una proclama contra un tema que, indefectiblemetne, era una malinterpretación. Ya fuera Violins and Sax in televisión, youthinAsia o el favorito del público Deaf penalty. Tras la arenga, el presentador del WU —el querido Cheddar Cheese, por ejemplo— la corregía cuando conseguía parar su tren de indignación. A lo que ella, invariablemente respondía con la primera muletilla del programa Never Mind.

Los manejos de Lorne Michaels por lograr un programa joven y fresco dieron fruto en el septimo cuando convenció a los señores de la NBC de que le dejaran llevar de invitado a Richard Pryor. A continuación logró que Pryor aceptara, casi tan difícil como lo primero. Este episodios es, por derecho propio, el punto de partida definitiva del SNL. Sí, otra vez. Gracias a la mezcla de sketches y la inteligentísima participación de Pryor que dejó uno de los sketches más recordados de la historia del programa.

Además, en el WU Chevy Chase comenzó otra noticia/muletilla avisando de que Generalissimo Franco is still dead. Era el 11 de Diciembre de 1975 y la frase sería utilizada durante el resto de la primera temporada. El formato se iba definiendo, pronto las películas de Brooks pasarían a no emitirse, igual que para el final de la temporada se dejaría de lado a los Muppets. Y veríamos la colaboración recurrente como Host de Buck Henry o Steve Martin.

Lo que pudieron ver los espectadores del programa era que Chase empezaba a interpertar la segunda temporada, fallaba, y se convertía en un personaje recurrente que acababa dejando el SNL. De fondo, en realidad, había habido otros movimientos. Chase había —recordémoslo— firmado como guionista, así que su contrato no era por cinco años sino por uno; eso junto a las heridas realizadas durante uno de los números que le obligaron a guardas cama durante un par de semanas le convirtieron en un hombre mucho más difícil de trato. Todo lo cuál llevo a que durante la segunda temporada Chase, la cara más reconocible, abandonara el espectáculo. Para alegría de Belushi.

Por suerte el programa de la ABC que tenía el nombre Saturday Night Live cerró dejando libres a varios autores y guionistas pero, sobre todo, a Bill Murray que pasaría a rellenar el hueco que dejó Chase. —Cuando Chase acudió durante la segunda temporada a ejercer como Host hubo una pelea en el backstage entre los dos, en parte por la lengua de Chase, en parte por las ganas de agradar al nuevo equipo de Murray— Al abrigo del programa se desarrollarían algunos personajes nuevos con Murray como los Nerds —a medias con Radner— o Nick Winters. El cantante de Lounge.

Durante los siguientes años distintos personajes nacieron y crecieron entre los habituales del programa, quizá los más importantes fueran la Roseanne Roseannadanna de Gilda Radner, los Hermanos Checos de Aykroid y Martin o los celebérrimos Blues Brothers. Estos últimos, personajes basados en el indudable feeling que existía entre Belushi y Aykroyd, fueron una llave importante para que en la cuarta temporada los actores decidieron dejarlo para realizar proyectos más personales.

El tremendo éxito de la primera temporada que llevo a la cadena a sacar de tour el programa, convirtiendo así la las dos temporadas en un único acto, sin una sola pausa, una enorme y solitaria manera de lograr hartar a los cómicos. También marcaría uno de los primeros enfrentamientos serios entre la SNL y Michaels —claro partidario de dejar descansar el show y los actores— que puede notarse.

El siguiente enfrentamiento serio sería al cabo de los cinco años, ya sin* Chase*, Belushi y Aykroid, Michaels veía cerrarse una época con todas esas bajas y los novatos que llenaban para cubrirlas. Pidió a la cadena que dejaran descansar a su programa mientras él preparaba una renovación a fondo. Pero el canal quería acción y la quería ya. También querían demostrarle a Lorne Michaels quién mandaba realmente sobre el SNL. Quizá pudiera parecer una bronca menor pero era la última que estaba dispuesto a soportar Michaels. Por eso en el añó 1980 se llevó su nombre del show que había puesto en marcha.

La solución, como veremos en dos semanas, se demostró mucho peor. Mucho, mucho peor.


Crudeza

A falta de un par de estrenos estamos ya agotando el Invierno. Hemos pasado ya Lo más crudo del crudo invierno y ha resultado que era las series, tan crudas que las que a las que no estaban a medias les faltaba un hervor. Por más que he esperado a que ocurriera un milagro y saliera algo interesante para hablar por aquí y ante la alternativa de volver a reírme con Lost —Ahora eliminado de Cuatro a la espera de reubicación—, chafardear un rato de la que tienen montada en Dos Hombres Y Medio o, incluso, hablar algo del Canal Arte he pensado que ya era hora de dar el repasito, ¡qué le vamos a hacer!.

Es decir, ¡si hoy todo el mundo va a estar hablando de los OjcarTM!, ¿qué más dará lo que diga de tele si lo que interesa es moda y chafardeo?

En fin. Las temporadas televisivas se dividen en cuatro. La más importante es Otoño, se supone que tras esta el resto va en orden pero, la verdad, adoro Verano porque ponen muchas series sencillotas y divertidas. En Invierno echan lo que no ha tenido sitio en otoño o lo que se ha tenido que retrasar su regreso, Primavera es el cajón de las sobras.

Pues bien, con este Invierno no quiero ni imaginar qué están dejando para la Primavera. De momento las trece novedades que llevo se mueven entre lo normalito y lo abiertamente inaceptable — ¡¡¡*Spike TV*, yo te maldigo!!!— así que poco

18 to life Dos chavales se aman tanto que deciden casarse. Sí, a los 18. No, en serio. Sorprendentemente es una comedia. Blandita, amable, casi como una prolongación de Yo y El Mundo y, por lo tanto, con la dulzura de un bollito industrial y la misma naturalidad. Para ver sólo con insulina cerca.

Blue Mountain State Un día tengo que hablar de Spike TV. No sólo es un canal infecto, además hacen una ficción que demuestra por qué la AIP tenía mucho mérito. Esto que ellos perpetran es algo así como Porky’s sin sexo. Y sin humor. ¡¡¡Eugenesia ya!!!

Caprica ¿Recordáis todo lo bueno que tenían las primeras temporadas de Galáctica ? Pues aferraos a ello porque en esta serie sólo lograréis perder la paciencia. ¿Qué hemos dicho de hacer precuelas de obras de SciFi? Si ni Asimov consiguió estar a la altura, ¿qué les hacía pensar que ellos podrían?. ¡¡¡Locos, juegan a ser dioses!!!

Hiccups Aquí llegan mis amigos canadienses con una comedia sobre una autora de libros infantiles con problemas de rabia y el entrenador personal que va a cuidarla. Aunque de trama blandita y con poco mordiente resulta una comedia tranquila, agradable y placentera. Con la temporadita que llevamos es todo un acierto.

How To Make It America Es, digamos, como si Pinky y Cerebro hubiera sido HBOizada con dos amigos teóricamente despreciables haciendo sus chanchullos y buscando el Gran Golpe. Salvo que aquí los dos son Pinkie, el Gran Golpe no existe y se les ha olvidado —qué se yo— poner una trama, hacer interesantes a los personajes o acordarse de que en los capítulos tienen que suceder cosas. Quizá empiezo a desarrollar trauma hacia la HBO porque me apetecería más ver esta serie si la echara Showtime llenándola de frenéticos momentos de nada en absoluta y grandes dosis de violencia innecesaria. Cualquier violencia contra los protagonistas me parece bien recibida.

Human Target Respiro, respiro, respiro ¿Qué puedo decir de esto? ¿Oportunidad perdida? ¿Vuelta a los ochenta? ¿Desastre en ciernes? Desde que se hizo la primera adaptación del cómic a la tele, allá por el 92, cabría suponer que algo habrían aprendido las cadenas de televisión. Algo como, por ejemplo, que si lo que hace diferente al personaje es su capacidad para transformarse en alguien no tiene sentido meter a un actor que no se transforma. Sería como buscar una cara para El Soldado Desconocido. En cualquier caso la nueva producción tiene, además, el grave problema de ser tan interesante como la etiqueta de champú y algo menos densa. Si vieron el remake de El Coche Fantástico sabrán de lo que han sido capaces.

Life Unexpected Estoy tentado de decir que es la serie moñas de la temporada invernal. Yo no puedo con ella pero a mi ídolo Pedro García le encanta. No entiendo pro qué. Sería muy muy lacrimógena sobre una niña adoptada que se reúne y reúne a sus padres biológicos que deciden vivir como una familia. O algo. La serie va de… ahm… es decir se sostiene porque… uh… pues les pasan cosas. Y son felices, o no, y se enfrentan a… a… al espectro de ser la nueva Treintaitantos, sospecho.

Parenthood aydios… ¿Alguna vez habéis conocido a alguien que se ESFUERZA por ser algo? Trata de ser bueno, ocurrente o profundo… Lo intenta TANTO que incluso en su logro se nota algo impostado, una falsedad insalvable. Pues eso pasa con Parenthood, parientescapucha es una serie lleva tantos cambios, recambios, toques y parches que es imposible no ver los restos en la superficie. Los actores hacen lo que pueden para salvar la cara pero esta teórica adaptación de Dulce hogar a veces megapublicitada durante los juegos olímpicos lo tiene mal para pasar la media docena de capítulos.

Past Life Cuando digo que esta temporada no he ganado para disgustos pienso en cosas como esta serie. Y es un error. Pocas veces me he reído tanto como con el absoluto caos que representa los conceptos de esta serie de policías. Claro, te pones a hacer guiones con la premisa de que una psicóloga y un poli resuelvan casos gracias al os recuerdos de vidas pasadas de la gente y trata de arreglarlo. Un cruce rarísimo entre Medium y Caso Abierto que merece la mención: Marcianada del Años.

Republic of Doyle Canadienses, esos adorables americanos del norte. Serie policíaca que integra la parte cómica/familiar con la detectivesca, con aceptables resultados. No revolucionará el género y quizá no llegue a su tercera temporada pero los actores no chirrían y todo resulta tremendamente agradable de seguir. Un encanto.

Spartacus: Blood & Sand ¿Os imagináis Rome con las calidades de producción de Xena en un entorno Softy? Pues eso es lo que tenemos. Más o menos. En realidad esta serie tiene menos guión. Pero lo suplen con Carne. La Carne también suple a los actores, la planificación o las subtramas. Si fuera enteramente porno tendría, además, un puesto entre las más buscadas de Google. A olvidar con rapidez.

The Bridge El piloto es interesante, queda tiempo para ver por dónde sale. Este retrato del policía sindical y las relaciones de poder entre las distintas clases en un entorno de gran corrupción puede ser de lo más interesantes, con el rodaje. De momento es de las pocas series que merecen una oportunidad.

The Deep End Es Anatomía de Grey con abogados. Como ya está cancelada y no llega al nivel de épica del desastre que la otra cancelada del grupo — Past Life claro— no merece la pena darle más vueltas.

Eso es todo, a falta de un par de novedades que, sinceramente, no parece que puedan arreglar mucho el panorama. Cierto es que Otoño es la época realmente importante pero como no se pongan las pilas para entonces estaremos todos jugando a los flash, o con el buscaminas, o con la consola o … quizá… ¡gasp! leyendo. Quién sabe, quizá haya suerte y la próxima columna de este tipo que haga, allá por Primavera, sea para contar lo buenas que son las novedades.

Sí.

O que nos han invadido los extraterrestres.

Lo que ocurra antes.


PreSNL

Johnny Carson. Sin duda el nombre de la persona que originó el SNL es el suyo. Lorne Michaels y, más indirectamente, Dick Ebersol son los que crearon, desarrollaron y definieron el show pero nada de esto hubiera ocurrido de no ser por el gran padre de la televisión americana.

Carson, a quien ya conocemos por su condición de icono al mando del más recordado Tonight Show de todos, estaba harto. En 1974 la NBC, esa cadena, llevaba ya años preparando “resúmenes de la semana” con lo mejor de su prorama. Aquello no podía seguir e hizo valer su peso ante la dirección de la cadena creando, por tanto, un hueco que había que ccubrir. Y en mitad del fin de semana, cuando menos público hay. La dirección de la cadena encargó a Dick Ebersol, joven ex-protegido del jefazo de ABC Sports y estrella en ascenso de la casa, quien decidió reclutar para la causa a un jovenzuelo canadiense guionista de Laugh—In y que parecía tener muy claro que noveades había que incorporar a la pequeña pantalla.

Efectivamente, Lorne Michaels.

Las ideas de Michaels eran sencillas hasta cierto punto: Quería un programa de humor revolucionario que fuera una revolución de los clásicos programas de variedades. Con gran vocación de programa en directo pero no por ello excluyendo los cortos cómicos.

Michaels siempre ha sido un personaje controvertido, muy seguro de la primacía del guión sobre todo lo demás pese a contratar, ya desde el principio, a sus actores de entre los mejores de las cuadrillas de improvisación cómica que estaban en activo. Antes que a monologistas o cómicos más cerebrarles Michaels prefirió a actores físicos, cómicos totales creadores de su propio material pero con un punto de actor que les permitiera usar material ajeno. Esto es, buscó entre lo más destacado de dos de las formaciones cómicas del momento, la Second City de Chicago y la ex— Harvard National Lampoon.

Second City era una compañia de improvisación creada e integrada por estudiantes y graduados de la Universidad de Chicago. Tenían sketchs fijos, improvisaciones, improvisaciones a sugerancia del público y música en directo. Lo que, supongo, responde a la pregunta ¿A cuenta de qué viene esto? sobre Emilio Aragón y sus programas de La Sexta. Second City fue ganando importancia con rapidez y pronto empezó a desdoblarse montando sucursales por América, una de las cuales estaba en Toronto. Canadá, vaya. Como Lorne Michaels. De esa sucursal canadiense salió Dan Aykroyd.

National Lampoon era la evolución de la revista universitaria Harvard’s Lampoon, una versión aún más irreverente que combinaba largos textos satíricos, pequeños chistes, fotomontajes e, incluso, cómic picante. Un poco de todo para una publicación con aire de contracultura juvenil que fue lo suficientemente famosa como para acabar logrando una versión en radio: The National Lampoon Radio Hour, que tampoco iban a romperse la cabeza. Incluso llegaron a hacer una película llamada Lemmings en la que parodiaban a gusto Woodstock. Dentro de la película, el programa de radio y la revista estaba el núcleo duro de lo que sería el primer SNL: Los escritores Michael O’Donoghue y Chevy Chase y los actores ex— Second City Gilda Radner y John Belushi.

Además de estos miembros el cast original incluía a la muy templada Jane Curtin, el actor de color Garrett Morris —todas las temporadas tienen uno—, y la Groundling Laraine Newman.

O’Donoghue fue contratado como Jefe de Guionistas del programa, no como actor. A sus órdenes tenía, junto al ya mencionado Chevy Chase y al resto del reparto, a los que había que unir al brillantísimo dúo cómico de Al Franken y Tom Davis como miembros más destacados. Ah, y la entonces mujer de Michaels, Rosie Shuster.

Logrado un equipo, con Howard Shore encargándose de crear una tonada y organizando una banda, con Albert Brooks creando pequeños cortos cómicos y rechazando el papel de anfitrión —que pasaría a ser ejercido por un invitado cada semana— y con Henson creando unos teleñecos más adultos parecía que estaba ensamblado todo para empezar a rodar. Michaels no quería múltiples pruebas, prefería que el programa fuer rodando hasta dar con un formato propio puliéndose y engrasándose por las actuaciones.

Así que ahora tocaba el nombre. Lorne Michaels quería Saturday Night Live desde el principio. pero ese mismo año la ABC se les había adelantado sacando Saturday Night Live con Howard Cossell y sus Prime Time Players. En el programa de Cosell estaban Bill Murray, Brian Doyle-Murray o Cristopher Guest, pese a lo cual no duraría mucho. Pero mientras el show tuvo que llamarse NBC’s Saturday Night y, ya puestos, sus actores serían los Not Ready for Prime Time Players.

¿Creen ustedes que estaba ya todo listo? Ingenuos…

Decirle a Albert Brooks que realizara pequeñas piezas fue sólo útil a medias: Hizo cortos que difícilmente se podrían considerar cortas. Mucho menos para emitir por televisión en un programa de sketches. A Brooks se le había ido tanto la mano que tuvieron que empezar la organización del primer programa recortando una de las actuaciones. La elegida fue la pieza de Billy Crystal quien, aconsejado pro su agente, decidió no dejarse pisotear. La discusión terminó como todas estas cosas terminan siempre, con Crystal abandonando el SNL incluso antes de que se emitiera el primer programa.

Así que ahora Lorne Michaels tenía un hueco en el reparto y necesitaba a alguien cercano, accesible y ¡barato!. La respuesta estaba ante sus narices, faltó tiempo para que saltara a ofrecerse a cubrir el puesto y fue casi instantáneamente contratado. Me refiero, claro, a Chevy Chase.

Ahora sí podía empezar el espectáculo.


ToTheRiver

Empecemos por el dato objetivo. En España la nueva temporada de Lost está teniendo en torno a un millón y medio de espectadores, lo que significa poco más de un 7% de share. Para contextualizarlo: Una cuarta parte de los que ven Águila Roja en TVE, o la mitad de lo que hace el último Gran Hermano en Tele5… O el doble de lo que consigue Bob Esponja en sus capítulos para Clan TV. ¿Qué significa esto? Pues que, una vez más, las series extranjeras no funcionan en España.

Vale, lo acepto. Quizá Perdidos no sea el mejor ejemplo de serie americana, pero sí ha sido —con mucha diferencia— la serie que más portadas, artículos y disecciones ha ocupado en las páginas de televisión y —esto es impotante- cultura de los diarios y revistas en los últimos tiempos. Entre su estreno en USA y en España, con sólo una semana de diferencia, todos los grandes diarios y la mayoría de revistas sobre televisión se centraron en ellos. Un despliegue que rara vez se da con ninguna otra serie.

El motivo parece evidente. Se han encargado de decirnos que es una serie innovadoras, distinta a las demás y abiértamente revolucionaria; una serie que demuestra que se puede mantener una trama general de misterio y una narrativa alejada de la linealidad. En resumen: Demuestra que la mayor parte de nuestra crítica ya ha olvidado Twin Peaks.

¿Estoy siendo injusto? Por supuesto. Con Twin Peaks, que fue incluso más innovadora en su momento de lo que compararla con Lost podría hacernos pensar. Después de esta serie hemos tenido otros ejemplos de “trama larga contínua”, quizá el más obvio es el de la serie que parecía destinada a reemplazar Twin Peaks: Murder One. Un caso de asesinato que estaba contado casi en tiempo real y que adelantaba las series “de trama larga” y, especialmente, Damages.

Entre tanto algunos espectadores habíamos tenido la oportunidad de seguir la nueva serie de Jennifer Gardner: Alias. Una serie que parecía un mal exploit de La femme Nikita, serie canadiense basada en la película de francesa de Besson, mezclada con algunas gotas no está claro si de _ Expediente X_ o de Cazatesoros. En esta serie una de las tramas principales era el Enigma Fibonacci. Una trama sin sentido qu eiba ocupando cada vez más tiempo de la serie y apartando y moldeando y retorciendo las tramas de espías. Al final los espectadores estábamos tan aburridos que dejábamos por imposible la serie. Lo que facilitó, claro, que les dieran Lost.

Con Lost estamos ante un problema similar: Es increible que exista una idea planificada, la mera suposición de que no improvisan sobre la marcha nos daría un halo de ingenuidad y sólo el fanatismo más ciego ligaría las salidas y entradas de los personajes a los deseos de los guionistas.

Pese a lo cuál su influencia y seguimiento por una parte importante de los espectadores de series extranjeras es más que notable. Cuenta con una comunidad fan ciértamente organizada. Tiene especial predicamente entre el Freakdom. Puntos todos que podrían hacer subir su share frente a un mínimo de espectadores prevenidos.

¿Cómo puede terminar la noche a doscientosmil espectadores de la enésima película repuesta del siguiente canal y en cuarto puesto que era quinto en algunas comunidades? —Volvemos con esto al pincipio de la columna— Pues porque las series extranjeras no nos interesan. No interesan sus temas, no interesan sus deas y no interesan su forma de planificar las series.

De manera que esto ha demostrado al menos una cosa, darle bombo y publicidad a un asunto en internet, prensa y la red que si el público objetido no traga no va a ir a mejor le pongas lo que le pongas. Habrá quien piense que es porque el espectador expectante se lo habrá bajado de inet, o porque no es tan bueno como lo de aquí. En cualuiqer caso ha servido para demostrar, con mucho aspaviento, que toda esa maquinaria, esos anucios, no había llegado a ser una aventura. Porque, repito, en España no llega al millón y medio.


Neoirrealidad

Antes de liarme en otra interminable sucesión de posts temáticos voy a aprovechar para tratar uno de esos temas sorprendentes de la televisión que me asaltan en ocasiones.

Ya sé que está creada una cierta corriente de opinión que señala a los no-consumidores de programas del corazón como escoria que se cree mejor que las personas normales. Las personas normales son, claro, las que ven estos programas —por más que una audiencia mayoritaria respalde al programa uno se sorprende al comprobar que la lógica elemental de que deberían superar el 51% para presuponer que le interesa a la mayoría no se cumple, misterios de la vida televisiva— por lo que ir contra ellos es meterse con El Hombre de la Calle. Y apostillar Más bien la mujer hace que,a demás, te llamen machista.

No contentos con ello han emprendido una campaña de reformulación, ya no son telebasura, ahora son… otra cosa. Todo esto viene de leer una entrevista a Jorge Javier Vázquez en el que se regocijaba de su Premio Ondas —recordemos, esos premios “de mí para mí por ser yo” que da el grupo Prisa; en este caso poco antes de llegar a un acuerdo con Tele5 para que comprara Cuatro—que aseguraba que lo que él hacía era Neorrealismo Televisivo.

No sé yo si le gusta el título de Neorrealismo y lo que ello implica o que está complétamente desorientado en lo que ello podría tener como razonamiento. Lo que sí puede afirma es que entre el Neorrealismo de toda al vida y esto no hay más que extraños sucesos. Comparar esto —casi cualquier esto—- con Ladrón de Bicicletas llevaría a un debate de horas. Emitir la película en horario de máxima audiencia también provocaría reacciones.

Es, en cualquier caso, una nomenclatura que prefiere a la clásica de Telebasura y, desde luego, un objetivo a lograr. Si reconfigura la realidad de la forma de dirigirse a lo que hacen parecen creer que también el asunto en sí cambiará. Algo tan refrescantemente Wittgensteiniano que casi se nota el interés por saber si lograrán que ocurra.

El concepto anejo eran las quejas del presentador por la forma en que se le trataba por los compañeros, especialmente los de La Sexta. Resulta algo más que curioso que se tenga un programa de éxito en el despellejamiento y la casquería y se sea incapaz de admitir la crítica negativa. Se ve que para él Roma, Ciudad Abierta era un musical feliz con cameos.

Sólo son un par de reflexiones-apunte que me hago, la semana que viene empezaremos duro con el SNL, mientras nos preoguntaremos: ¿por qué no puede darse en España? y quizá esto sea parte de la respuesta.


Doctorandos

Javier Calvo hablaba en Crystal Palace uno de los relatos de Los Ríos Perdidos de Londres, de lo complicado que era lograr capítulos de Dr. Who. La sitúa como un objetivo mítico y resulta lógico. Hablar de Dr. Who es hablar de una serie más grande que la propia vida. Incluso si nos ceñimos a criterios temporales. Poco menos que una creación de laboratorio de la BBC, a principios de los ‘60 el Doctor se convirtió en todo un ejemplo, santo y seña, de un cierto tipo de aficionados durante más de treinta años. Y así fue hasta los noventa. —Comprenderán mis silentes lectores que si me pongo a contar los años iniciales de Dr. Who no termino en un mes, si queréis apunto el tema para después del SNL pero hoy vamos al grano.—

A principios de los noventa decidieron cerrar la serie en su 25 temporada y su 8º Doctor. Uno de los grandes atractivos de la serie, que causaba desconcierto al principio, es la existencia del Doctor como un ente que va cambiando de cuerpo. De esa manera se explica los cambios de actor y se puede expandir la serie. Consideraron que era el momento de un cambio más grande, prepararon un telefim para el mercado UK y americano. En 1996 se presento el piloto/telefim y… ¿Os suena que hubiera algo más? Resulta sorprendente que a estas alturas los británicos no hayan aprendido nada.

Pero de los errores se aprende, por eso decidieron planificar mejor el siguiente paso, centrarse en el mercado UK que ha demostrado ser más inteligente siempre. Y lo primero que necesitaban era un productor. Un productor total.

Russell T. Davies era conocido por una cosa sobre las demás. No se trata de la serie de ciencica ficción juvenil Dark Season ni de la serie de Policiaco Paranormal Touching Evil, lo que le convirtió en una figura reconocida fue Queer as Folk. La serie de temática gay —pongámoslo así— se convirtió en algo más que un éxito planetario, demostró a un autor capaz de tocar distintos palos, hacer un trabajo de creación de personajes intenso y consiguió sacar sacar un éxito de algo que parecía condenado al nicho. En septiembre de 2003 y con la complicidad de la encargada de drama de BBC Gales le fue encomendado recuperar al Dr. Who para el mundo.

Pues claro que fue épico.

Davies podía ser conocido por QaF pero su trabajo principal fue con series de ciencia ficción, a ello se dedicó a continuación con The Second Coming, una recreación de la segunda venida de Jesucristo protagonizada por Christopher Eccleston, lo que sirvió para que le involucrara en el proyecto. La idea era que la presencia de Eccleston, un actor especialziado en pequeños papeles en obras y películas de calidad que incluían el protagonista en un montaje de Hamlet, demostraría que buscaban a actores de carácter y calidad y que ningún actor estaba demasiado por encima del personaje. Además, la corta estancia del actor —excepcionalmente corta y motivo de un agrio cruce de declaraciones en su día—, fue aprovechada para que los espectadores se familiarizaran con el concepto de renacimiento.

Otro asunto importante fue el presupuestario. Davies quería un presupuesto que permitiera desterrar los efectos espciales de plástico y espuma, que con todo el amor que el latex podía ofrecer, parecían ridículos a los espectadores más… Modernos. El gasto propuesto incluía, además, dinero para CGI —sob— que permitiera recrear alienígenas y parajes extraordinarios.

Pero lo que Davies trabajó sobre todo fueron los acompañantes. La relación del Doctor con sus acompañantes siempre ha sido uno de los puntos fuertes de la serie. Especialemente en el caso de Sarah Jane —la mujer que más tiempo le acompañó— y de El Brigadier —genial contrapunto y, por qué callarlo, preludio de la moderna Scully—.

Los Acompañantes podían ir variando dentro de un mismo doctor o ir pasando entre renacimientos; con la llegada de la Etapa Davies se tejió un grupo de nuevos acompañantes, mujeres en su mayoría que acabarían recorriendo los cinco años de la serie. De hecho, el cuarto año está centrado en ellas.

La primera temporada, la de Eccleston, tiene tantas particularidades que resulta difícil resumirlas todas. El Acompañante propiamente dicho es Rose Tyler, la primera, una chica de barrio, inglesa hasta la médula pero en un estilo modelo —no en vano escogieron a la antigua estrella juvenil de pop Billie Pipper— y que permitía a la audiencia joven y femenina conectar con el personaje, ponerse en el lugar del sidekick. Pero con la desaparición de Eccleston resultó ser el acompañamiento y ella el nexo que ayudaba a la audiencia a entender el concepto de renacimiento que indicábamos antes. Su reacción sincera y cálida ante la llegada del 10º Doctor, interpretado en un registro más blando pero igualmente excelente por David Tennant —*_Blackpool_*— ayudaba a los espectadores a entender los parámetros manejados por la serie y, de paso, a crear un sólido grupo de secundarios con la familia de ella, su madre y su novio. Los avatares de esta última relación irían marcando toda la estancia de Davies en la serie convirtiéndose, por tanto, en el personaje central de Los Años Davies.

Como contraste y, en cierto modo, continuación, la tercera temporada estará marcada por la presencia de Martha Jones, una heroína de acción tallada desde una estudiante de medicina, será una chica resuelta que lo mismo tonteará con el Doctor que sabrá hacerse imprescindible de la creación de Torchwood y, a la vez, no quedarse allí. Pero antes de hablar de Torchwood hay que mencionar al Capitan Jack. Jack Harkness, aventurero pansexual —recuerdan lo de QaF, ¿verdad?— y otro de los grandes personajes de Davies que será a la vez aventurero independiente y acompañante insoslayable. Podría haber sido todo el mascarón de la serie si no fuera porque terminó en su propio proyecto. Un proyecto parecido a lo que Davies hacía antes del Doctor y que, de hecho, suena a mimbres reciclados. Torchwood, una unidad de control de los extraterrestres que, francamente, también merecería artículo por separado propone no sólo un tratamiento de lo extraterrestre sino, además, un ejemplo de cómo debería ser una serie coral de componente sobrenatural, incluso si no pareciera estar ahí para dar lecciones sobre sexualidad, integración o fibra moral. Todo lo cual debería dejar claro que para quien esto escribe la tercera temporada es el zenit de la etapa Davies.

Con la cuarta acompañante, Donna Noble, regresamos a las mujeres británicas —*muy británicas*— esta vez de mediana edad. Regresamos también al protagonismo familiar siendo el abuelo de Donna casi tan importante como su nieta. Lamentablemente el proyecto empezaba a sonar a cansado, ideas como la del otro-doctor suenan más a refrito de algo que se podía haber usado con Rose que a propios de la entidad de Donna y, lo que es peor, cuando se vaya cerrando la trama que hace confluir a las acompañantes del Doctor quedará claro que es la más prescindible, un instrumento para lograr algo que parece imposible: Calmar el insondable ego de Davies.

La finalización de su etapa tras la fantástica tercera temporada podría haber sido una excusa perfecta para crear un grandiosa cuarta temporada que sentara las bases para un nuevo doctor. O podría haber sido una historia completa que diera continuidad a la saga. En lugar de eso Davies se pasa toda la cuarta temporada y lo que podría haber sido una quinta y terminan siendo sólo un puñado de especiales, haciendo que todo se quede en una llorica autofelación.

Es aceptable que Davies se sintiera molesto, aplastado ante el exceso de spin-off tras Torchwood y —sobre todo— The Sarah Jane Adventures, la preparación de un programa sobre K-9 o series infantiles animadas como The Infinite Quest y Dreamland. El Doctor era el Lobezno de la televisión británica. Y Davies no quería que se lo tocaran.

Olvidaba que estaba usando un personaje creado hacía más de cuarenta y cinco años, por el que habían pasado los mayores guionistas del Imperio y con el que estuvieron involucrados 8 actores sólo en su papel principal.

El Doctor no era su juguete pero Davies decidió comportarse como el niño malcriado al que obligan a compartir, incluso sabiendo que el nuevo jefe sería Steven Moffat, guionista de grandes capítulos de la nueva época como el inconmensurable Blink.

Por ello la cuarta temporada será un camino hacia lo que Davies parece considerar correcto, como darle un Doctor humanizado a su marysue Rose Tyler, reescribir el pasado de los Amos del Tiempo o acabar convirtiendo al Doctor en una caricatura llorica y enfadadiza capaz de actuar en contra de lo que él ha estado explicando, como en Las Arenas de Marte. Tennant spbreactúa presentando a un Doctor que tienen miedo a la muerte, algo increible para los que conocemos las anteriores reencarnaciones, también inexplicable es que un Amo del Tiempo logre llegar tarde como ocurre en el último especial doble. Y todo porque se resiste a sumir que su tiempo terminó. Si le añadimos un epílogo con tantos finales que El Señor de los Anillos parece su propia versión abreviada para que pueda darse el gusto de repasar a todos los Acompañantes y despedirse de ellos y… en fin. He visto cabreos en el mundo de la mafia llevados con más elegancia.

Con lo magníficas que fueron las primeras temporadas y lo excepcional que es Torchwood, deslucir toda su etapa en los dos últimos años —también es cierto que de cinco— sólo puede entristecer a los fanes del Doctor.

Pero miremos la parte positiva, la Etapa Moffat está a la vuelta de la esquina, en Marzo, y ahí tendremos que ver cuál será el nuevo rumbo y como se comportan el 11º Doctor, interpretado por el jovencísimo Matt Smith —tener éxito en USA trae estos lodos, señores— y que contará como Acompañante con Amy Pond, interpretada por la también extremadamente joven Karen Gillian. Pero eso es otro tema que habrá que sopesar en Abril.