Quizá no haya sido la mejor de las semanas, pero lo de Dirty Dancing (USA) ha tenido mérito. La ABC decidió hacer un lío fastuoso. En lugar de un musical en directo decidió coger el musical que adaptaba la película y hacerlo grabado, pero no como un musical en diferido sino como telefilme. Por si el revoltijo no fuera suficientemente malo llega la segunda parte con una elección de actores que vamos a decir que podía haber estado algo más acertada. Abigail Breslin, que está estupenda en Scream Queens, está espantosa como Baby, Colt Prattes puede ser bailarín profesional que si me dicen que es modelo de ropa interior me lo creo más y Debra Messing parece que se acaba de despertar de la siesta. Solo Nicole Scherzinger parece empeñada en darlo todo, a saber por qué, mientras que al menos Katey Sagal parece que se lo está pasando en grande. El resultado es, en fin, el peor episodio de Lip Sync Battle hasta la fecha, uno en el que el gran perdedor es el público.
Hablando de calamidades,
I’m Diying Up Here (USA) parece tomar todas las decisiones posibles para lograr no ser ni documental ni ficción. Para el que no lo sepa, por si acaso, es la adaptación de un libro del mismo nombre sobre la generación de cómicos de stand-up de los ’70s. Que como punto de partida puede ser interesante aunque extraño. Por varias razones. Empezando porque aunque en los últimos años parece haber habido un incremento en el interés por la historia de la comedia en USA es aún una cosa hasta cierto punto lateral y que no llega ni a los propios cómicos actuales de manera global. (Que ya son algunos más de los que se preocupan por ello aquí, pero esa es otra guerra.) El caso es que esa historia parecería perfecta para contar precisamente eso. Las subidas y bajadas de un montón de personas reales. Lo que sucedió con
Steve Martin,
Sandra Bernhard,
Robin Williams o
Freddie Prinze, sus relaciones con la generación anterior:
Mort Sahl,
Joan Rivers,
Woody Allen,
Richard Pryor,
Bob Newhart,
Dick Gregory… Y eso ya sin entrar más en los caminos de la comedia hecha por mujeres o minorías. Podrían, incluso, haberse decidido por poner como personajes principales a
Letterman y
Leno y hacer que estos momentos, en los que se conocieron y se hicieron amigos, cada uno con su estilo propio, fueran pavimentando aquella legendaria enemistad. Pero resulta que en lugar de eso decidieron incluir personajes no-reales. Bueno, pensé, quizá para tener un drama que poder manejar a gusto. Cuál ha sido mi sorpresa al ponerme a ver la serie y encontrarme con que, resumiendo, son historias que ya conozco. Historias del libro y de otros libros similares que he léido, libros de historia de la comedia, entrevistas, crónicas históricas… que aquí se han integrado. Historias adaptadas por aquello del dramatismo. Pero historias que ya conocemos. Así que… ¿Qué sentido tiene que
Mitzi Shore se enmascare muy ligeramente como
Goldie? ¿Para qué crear una falsa sensación de diversidad en un mundo que era en realidad diverso? ¿Qué se pretende mezclando a personas falsas en situaciones reales? Porque lo que todo eso logra es que nada suena a real. Varias tramas y tipos de cómicos, los años ’70 como fondo, y lo único que consigues es un drama al uso en la que por mucho que haya actores intentando tirar del texto (
Melissa Leo,
Alfred Molina,
Clark Duke…) suena todo intrascendente, aburrido, rutinario. Nada que te haga regresar. Quizá por el exceso de personajes, quizá por estas decisiones, tanto da. El error de concepto no parece tener ya mucha solución y la serie parece dirigirse a donde
The Newsroom o
Vynil fueron antes. Así que no me extrañaría que ficharan a una actriz llamada
Olivia. ¡Poco más!
Es curioso cómo funciona esto de la televisión. Resulta que lanzan
Kat & Alfie: Redwater (UK) como una suerte de
spin-off de
EastEnders, uno de sus telenovelas clásicas -aunque no al nivel de los realmente antiguos, pero nos entendemos- pero no como telenovela sino como suerte de formato híbrido. Por un lado está claro de dónde viene, pero por el otro tienen decidido que a donde va es a una miniserie de ese
misterio rural que tanto gusta a los británicos. Y el caso es que el resultado debería agradar a todo el mundo. No hay que saberse la vida de estos dos al dedillo pero sospecho que ayuda mucho. Aunque sea solo a estar preparado para un punto de inicia un tanto loco –
Kat dio a luz hace años a un hijo cuyo parto no ha recordado hasta hace poco- y algunas situaciones extra-melodramáticas. Pero puede verse sin saber mucho más porque la idea de pueblo lleno de misterios siempre es un punto de partida agradecido y si además cuentas con buenos actores -y aquí tienen a una
Fionnula Flanagan en estado de gracia- el principio lo tienes hecho. Luego ya habrá que ver para dónde va tirando la historia pero, mira, como manera de revitalizar series o crear extensiones de las mismas no me parece mala idea.
Por contra
Loch Ness (UK) parecía partir de una buena premisa para ese mismo
noir rural inglés, y no sé aún cómo o por qué, pese a tener de creador a
Stephen Brady -que ya demostró que podía jugar con la ambigüedad y el misterio en
Fortitude– y de principales protagonistas a
Siobhan Finneran y
Laura Fraser (en teoría al revés, pero) parecía una cosa hecha. Pero la verdad es que el piloto logra hacer menos por el caso y sus actores que por convencerte de que se podía haber contado lo mismo en menos tiempo, con menos silencios y tiempos muertos y cosas que presupongo tenían alguna utilidad en la cabeza del que los puso ahí que no fuera disipar el ritmo y la presión. No sé si se logrará recuperar en los siguientes capítulos pero desde luego es un inicio poco prometedor para lo que podría haber sido una de las series del año. En fin.
Por motivos que no tengo claros parece que nadie se ha molestado en sacar material del mismo.
Seguimos con
Paula (UK), una serie cuyo mayor problema es esa mezcla de estar absolutamente convencida de su inteligencia, de modo que la protagonista parece alternar tomar decisiones poco sensatas sin motivo alguno con que ocurran muchos hechos que -esperemos- acaben teniendo explicación pero que de momento solo están por estar y para que pienses que algo pasa o va a pasar. La combinación de ambos factores y un rodaje que se dedica a ser dramático en todo lo que puede por poco dramática que pueda parecer una situación lleva hasta el ridículo y un poco más la serie entera, y ese es el problema. Que una cosa es forzar un poco el drama y otro llevarlo a tal extremo que es difícil tomárselo en serio. Ay,
Paula, si al menos te hubieras tirado por el locurón.
Terminamos esta poco satisfactoria semana -en lo que a pilotos se refiere- con
White Gold (UK) que es una serie cómica -o eso dicen ellos- sobre vendedores de ventanas en los años setenta que si te recuerda poderosamente a
The Inbetweeners, pese a tener a ese chico protagonista que estuvo en aquella serie americana, probablemente sea por la cantidad de personal técnico y artístico que comparten. A partir de ahí puedo decir que si no me hacía ninguna gracia el
bro-humor estilo inglés -es decir,
bros regocijándose de dar pena- no hay ningún motivo real por el que añadir un autor principal nuevo y ponerla en los setenta vaya a funcionar. Al menos no para mí.
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