¡Libros que Llegan! Joe Hill, «Carter», Elia Barceló y más

Las primeras semanas de mes siempre son interesantes. Así que aquí estamos, tras el Día del Libro y en dirección a la Feria del Libro, en ese mes entre medias, recibiendo novedades y, sobre todo, autores interesantes. Porque esta semana casi podría ser reducida a sus autores. Pero no nos paremos ahí, vayamos también a los libros y, por supuesto, a todo lo que nos llega cuando decimos aquello de…

¡Que entre la pila!

Fuego de Joe Hill, ed. Nocturna

Joe Hill es -debería ser- ya un nombre reconocible. No sé cómo habrá ido la cosa para que haya acabado pasando de publicar en PRH a Nocturna pero debo felicitar a la segunda por la incorporación. En cuanto a la obra en sí, creo que con algo más de ochocientas páginas se puede decir que es un novelón sin mucho problema. Uno que mezcla ideas propias de una obra apocalítpica/distópica -habrá quien diga que de infectados, pero claro- con algo de suspense y, quizá, fantástico de poderes. En fin, que espero mucho de esta novela.

El color del silencio de Elia Barceló, ed. Roca

¡Otro feliz regreso! Elia Barceló ha tenido una extensa, variada y a ratos complicada historia editorial, pero siempre ha demostrado ser una estupenda escritora con un especial talento para el fantástico. Lo primero sigue demostrándose aquí, de lo segundo tenemos apenas un guiño en lo que puede ser lo mejor de la novela. Pero, claro, el julianavarrismo es posible que venda más. Y si eso significa darle una estabilidad y que escriba más obras… me quejaré sólo un poco. De momento es un buen inicio tenerla en esta historia con varios momentos temporales -incluso aunque incluya esos ahora tan de moda Fascistas de Buen Corazón– y con un par de secretos que incluyen un asesinato. ¡El tipo de obra que parece hecha para regalar! Así que ahora a ver si hay suerte y vuelve al fantástico.

Carter de Ted Lewis, ed. Sajalín

Puede que sean violentas y problemáticas, pero las novelas de Ted Lewis sobre Jack Carter -que dieron lugar a las películas que acaban con esa emblemática portada- pueden ser todo eso y, además, sórdidas y aún así valer la pena por la enorme fuerza, alimentada por ira, que las hace moverse. Así que aprovechad para, ya sabéis… Get Carter!

En busca de New Babylon de Dominique Scali, ed. Hoja de Lata

Una nueva aproximación al western ahora que parece haber habido un interés renacido. Así que aquí tenemos bandidos, jóvenes ingenuas, prostíbulos, reverendos y un estilo moderno deudor pero también dejando atrás a McCarthy y haciendo del juego temporal otra señal. Poliédrica del Oeste, allá vamos.

Trincheras permanentes de Carolina León, ed. Pepitas de Calabaza

Llámalo política, activismo, militancia, tanto da… y por el otro lado están los cuidados o la gestión de afectos o como se suponga que haya que llamarlo ahora. Y, por supuesto, esas dos ideas acaban encontrándose y -como era inevitable- colisionando. Así que aquí estamos ahora, con un libro que es como mirar un choque de trenes, intentando descubrir qué ha podido pasar.

Enterrado por placer de Edmund Crispin, ed. Impedimenta

Más interesado por la parte intelectual que por la humana de los asesinatos, los misterios en los que Edmund Crispin se va encontrando siempre garantizan un punto de locura. Más aún según si la trama decide ser más wodehousiana, como es este caso. Porque incluir una trama central con una carrera política y sumarle delirios psiquiátricos y una trama de chantajes llena de oscuros secretos garantiza que el descontrol va a ir creciendo exponencialmente mientras se intenta encontrar al culpable del crimen. Así que esta vez el humor inglés está incluso más presente que el mystery.

La luna en las minas de Rosa Ribas, ed. Siruela

Vuelve Rosa Ribas, esta vez con una historia más melodramática. Un hombre que se nos presenta como maldito, una equivalencia con los lobos y una historia con un toque atemporal que, sin embargo, parece localizada. Al final Ribas vuelve a hablar e la emigración de la alienación ante lo extranjero, e lo extraño entendido también como lo que parece de fuera, más aún cuando la excusa de enterrarse en la mina en otro país está relacionado con ese acercamiento a lo que sucede incluso a los hombres de corazón puro cuando florece el matalobos y brilla la luna de otoño.

El demonio del movimiento de Stefan Grabinski, ed. ValdemarPor fin llegan a España las obras del autor polaco, un clásico de inicios del S XX en su país, en el que trata desde la extrañeza signos del progreso como el tren. Así que aquí está esta imprescindible antología de rarezas, algunas con un matiz más sexual, otras más psicológico, e incluso ambas. Y es que siempre es un buen momento para descubrir a un nuevo autor.
El valle asesino de Frank Westerman, ed. Siruela

En Camerún el 21 de agosto de 1986 murieron en una extensa región todos los series vivos. Todos los animales, fueran monos, gallinas, reses…  y más de mil setecientos humanos. Esta súbita extinción sin aparente violencia lleva a Westerman a investigar el caso no solo para descubrir qué pudo suceder -ofreciendo una solución que parece realmente plausible- y cuál pudo haber sido el motivo científico tras el suceso, también y sobre todo para seguir el rastro a la leyenda que se creó a su alrededor. De esta manera a la primera parte científica se  contrapone una segunda mitológica que sirve para demostrar cómo funciona la creación y difusión de mitos apartados de cualquier análisis científico. Hasta el punto de que parece que al final nuestra capacidad para la sugestión y el misterio pesa más que los datos reales al analizar los hechos.

Los años del terror de Lawrence Wright, ed. Debate

Suele ser interesante lo que Lawrence Wright tiene que decir, lo era cuando hablaba de cienciología y también en sus artículos ganadores del Pulitzer sobre terrorismo y Oriente Medio. Así que podemos considerar este libro como una nueva obra sobre asuntos ya tratados en La Torre Elevada, esta vez centrándose en la evolución de los distintos modelos terroristas en la zona y muy especialmente en el de Al-Qaeda. Encontrando incluso algún hueco para hablar de otros temas como la industria del cine en Siria.

Cazadores de nazis de Andrew Nagorski, ed. Turner

Completo y muy interesante, este repaso a la historia de las personas que se han dedicado a perseguir a los nazis huidos por medio mundo y de algunos de los jueces que se han encargado de sus casos, mostrando un ejemplo de tenacidad que a menudo se ha dividido en discusiones sobre si lo que buscaban era justicia, venganza o una mezcla de ambas. Unos temas que pueden servirnos para entender las repercusiones de un suceso como ese a través de los años y hacernos pensar en su evolución.

La luz de la noche de Graham Moore, ed. Lumen

La lucha por la electricidad, o la batalla jurídica por eso mismo. Con Paul Cravath, el abogado de Tesla contra Edison. A partir de ahí Graham Moore crea otra obra con clara intención cinematográfica pero muy entretenidos para los fanes de esta bronca intelectual -como creación y como derechos-.

Orgullo y Prejuicio de Jane Austen con ilustraciones de María Hesse, ed. Alfaguara

La famosa obra de Jane Austen pero con ilustraciones de María Hesse. De modo que se pueda regalar a los fanes de lo uno, de lo otro y, sobre todo, a esos intermedios. Luego ya podéis echarle un ojo a las ilustraciones y decidir.

 Querida tía Agatha de Berta Martín Vidal, ed. Thule

Estupenda historia, sobre todo gracias a sus imaginativas ilustraciones, en las que se nos narra la carta de unas jóvenes a su tía en contraposición con lo que las imágenes nos van mostrando. Bello.

Tom O’Clock de Sir Steve Stevenson, ed. La Galera

Nueva serie de Sir Steve Stevenson. Así que si estamos ya todos convencidos con Agatha Mystery ahora tenemos la posibilidad de conocer a Tom O’Clock y sus dos amigos, que van viajando a diferentes épocas para resolver problemas temporales. Sí, los agentes temporales están de moda, qué os voy a contar. Así que pasamos de la geografía a la historia. Todo bien, y las ilustraciones acompañan estupendamente.

Bueno, pues aquí estamos. Una semana después y, como casi siempre, con mucha variedad y calidad y todas esas cosas. También como casi siempre podemos ir agradeciendo que también la próxima semana vayamos a seguir recibiendo novedades interesantes como las esperadas y retrasadas de Ngũgĩ wa Thiong’o, además de el libro de Verity Bergate, un Camilleri histórico, lo nuevo de Miguel Brieva. Pero para eso -también como de costumbre- aún queda al menos una semana. Así que aprovechemos mientras tanto para leer estas novedades y, hasta entonces… ¡Nos leemos!


Lo bueno de American Gods (USA) es que el día en que Bryan Fuller no haga una serie… bonita… visualmente atractiva al menos, aunque eso no signifique lo mismo… ese día habré perdido la esperanza en él. Al menos en lo que de él sé que puedo esperar. También una cierta forma de enfocar una historia y elegir actores. Supongo que su voto de confianza en Ricky Whittle merecería que le diera yo uno, pero no se me ocurre ningún motivo razonable para hacerlo. Su Sombra es… en fin… Es. De hecho, solo McShane parece dedicado por completo a hacer interesante el asunto. Menos mal que tiene un impresionante reparto de secundarios pendientes, con un poco de suerte eso hará más tolerable la pieza de papel equivalente a dos medias novelas que se convirtieron en una excesivamente larga que Gaiman dio para adaptar. En fin, supongo que la gente que sea capaz de reunir la paciencia creará algún tipo de culto en torno a ella. Yo creo que me limitaré a mirarla de cuando en cuando y pensar en lo bonito que trabaja Fuller. Si solo tuviera algo interesante que contar.

Trato de entender que haya podido suceder este Handsome (USA). Tantos años con Lifetime y Hallmark realizando películas de misterio uno pensaría que una empresa como Netflix sería capaz de realizar algo tan básico. Cierto es que las películas que además de misterio buscan humor son algo más complejas, pero es que esta falla miserablemente en ambos aspectos. Deja muy claro desde su mismo inicio que pasa de cualquier intento de jugar con el misterio y deja incluso más claro que cualquier intento de humor será abortado. Parece increíble que le den un papel a Amy Sedaris y logren que parezca estar en una película completamente distinta, pero es que casi cada actor está a lo suyo y precisamente el que menos a gusto parece estar es el gruionista, director y protagonista del asunto. El resultado, esperable, de una película de suspense y humor que no tiene ni suspense ni humor es muy obviamente el aburrimiento. Así que solo puedo esperar que comiencen a echarle un ojo a los telefilmes que están haciendo las cadenas convencionales. Quizá así se les pegue algo.

Qué le gusta a los ingleses las series de época, aunque es cierto que en Jamestown (UK) se nota el dinero que han invertido para que no se note que en trama no anda muy lejos de ser  un drama al estilo telenovela como, digamos, El secreto del Puente Viejo.  Mucho lío de romance y alguna historietilla de fondo de organización territorial pero poco más. La riqueza de la producción, las escenas de paisajes vacíos y muchedumbres humanas, no llega a cubrir el problema de una historia estirada, unos actores… bueno… que están -Ver a Burn Gorman haciendo de malvado siempre es agradable, ojalá alguna vez le dejen ser malvado de una manera creativa-  y, en general, la sensación de que es una producción más para rellenar horas que para contar una historia.

Es cuanto a Not the White House Correspondents’ Dinner (USA), que podéis ver entero ahí abajo, podemos tomarlo como un Very Special de Samantha Bee y su Full Frontal y también como una muestra de sus puntos débiles. Es curioso como este salirse de lo habitual puede servir más para eso que para iluminar los fuertes, pero el discurso hillary-céntrico -incluyendo las cargas contra cualquier que se metiera con ella u osara cuestionarla y especialmente sonrojante en su línea temporal alternativa- y sus problemas para tratar con la prensa menos oficialista o, incluso, con la forma en la que la oficialista mete la pata. Quizá el mejor segmento propio -contemos a parte este cold open– es precisamente el repaso a la CNN por no hacer su trabajo. Y, sin embargo, su interacción con Jack Trapper deshace buena parte de esa buena idea. Al final uno -o, al menos, yo- no puede dejar de pensar en lo que podría haber sido esto hecho por John Oliver. Iba a decir que también por Stephen Colbert o Seth Meyers, pero ya sabemos cómo acabaron aquellas dos ocasiones. Pero esto es Samantha Bee, esperemos que para el año que viene tengamos otro de estos, e incluso mejor.

Al menos Superheroes Decoded (USA) demuestra que sigue habiendo un interés por la parte más teórica de los superhéroes, incluso cuando mucho de lo que se nos cuente parezca ser parte de un reciclado de la historia del medio entendida menos como un medio, menos como un medio en un país concreto, menos aún como un medio en un país concreto en un trasfondo determinado. Así que aquí estamos de nuevo, hablando de superhéroes americanos, intentando divulgar sobre el tema y, como en tantos otros de estos documentales, agradeciendo que las grabaciones interesantes salven la papeleta.