¡Libros que Salen! Cocea, «Parker, la presa», Taro y más

¡Que entre la pila!

Parker, la presa de Doug Headline y Kieran a partir de las novelas de Richard Stark, ed. Astiberri

Continúan las aventuras de Parker, es una lástima que sea sin Darwyn Cooke. El relevo lo cogen los franceses Doug Headline y Kieran, que adaptan aquí La presa, la obra original es The Sour Lemon Score, y de nuevo tenemos a Parker en mitad de un negocio que no sale como era de esperar y le lleva a otra confrontación. Con un estilo que claramente ha decidido mantener en lo posible la inspiración de las adaptaciones de Cooke, y también ser algo un poco distinto. Así que ya sabéis, aunque sea solo para echarle un ojo.

El vino de larga vida de N.D. Cocea, ed. Muñeca Infinita

Una novela rumana de los años treinta. Pero no cualquiera. Una historia con un juez recién nombrado para un pueblo rural, y un particular noble, viejo y hedonista. Es cierto que se le nota la edad, pero también que el vino especial, el pozo y los gitanos son una parte tan fundamental que resulta al menos interesante saber de su existencia.

Ruri la tatuadora (y otras historias de chicas malas) de Bonten Taro, ed. Satori
Taro hizo un poco de todo en su vida, sobre todo ser tatuador, pero también creaba mangas, diseñaba moda, cantaba cultivaba muchas artes de forma ciertamente particular. Detrás de su labor en el tatuaje -que incluyó la creación de su propia escuela- probablemente los mangas serían lo más notable que hizo, como esta colección de historias violentas, con mujeres dispuestas a todo por venganza, amor, o… simplemente… por luchar contra los prejuicios y vivir la vida como quieren. Una estupenda oportunidad de descubrir a uno de los iconos del underground japonés.

Wash Tubbs encuentra al Capitán Easy de Roy Crane, ed. Reino de Cordelia
Reino de Cordelia, que ya publicó Malditas pesadillas indigestas de Winsor McCay, vuelve a la carga con otra de las tiras pioneras del cómic periodístico. Esta vez en su variante de aventuras. Con su presentación, ocurrida entre 1928 y 1929 que era también la exploración de un medio que aún se encontraba en desarrollo. Así que eso es lo que nos ofrecen aquí, la posibilidad de asombrarnos ante un desarrollo histórico.

Catábasis de R.F. Kuang, ed. Hidra

No contentos con el resto de problemas de la editorial Hidra, como la forma en que tratan y pagan a sus traductores, ahora han decidido que lo nuevo de Kuang llegue con los cantos pintados. Sin otra opción. En fin, las decisiones editoriales. Por lo demás, la clásica historia de dos alumnos de una escuela de magia que tienen que viajar al infierno a rescatar el alma de su profesor.

Filbert y sus amigos, la gran aventura de Claudine Storbeck y Elizabeth Goode, ed. Astronave

Un grupo de amigos encuentra un mapa, eso les lleva a distintas zonas en las que la narración les permite jugar a encontrar cosas. A ellos y a sus lectores. Así, amable y con pequeñas escenas cotidianas -con animales antropomórficos, eso sí- sirve para ofrecer uno de esos libro-juegos de búsqueda a los más pequeños.

Ranito de Paige Walshe, ed. Astronave

Un no-tan-pequeño (más de 120 páginas) pero sin duda encantador cómic infantil. Pensado así, con pocas viñetas, muy grandes, mucha expresividad y un humor que recrea elementos cotidianos dentro de este mundo de ranas.

Nos leemos.


Creo que Atomic (UK) pretende ser una serie de acción. No tiene mucho sentido lo que cuentan, no tiene mucho sentido lo que pasa, y en general tampoco hay mucha acción. Pero a ellos les gustaría que se considerara así. Yo qué sé. Desde luego a mí lo que más me cuesta es decidir qué parte es la más floja.

Lo mejor del piloto de Capoeiras (O)(BR) es que no llega a la media hora. Eso sí, en esa media hora nos presentan a los personajes y la situación. No es que sea especialmente interesante porque aunque haya alguna escena de pelea son más momentos sueltos que algo con conexión o duración en la trama. Y, además, está más interesado en casi todo lo demás, en la parta de Organización Criminal sobre todo. En algo así como un Melodrama de Padres Muertos. Y un poco también en la relación entre los dos protagonistas, que crecieron juntos casi como hermanos pero a los que ‘un hecho luctuoso del pasado separó, y ahora se vuelven a reencontrar’. Sí, así de cliché es todo. De hecho, tenemos por medio a la hija de su difunto maestro de artes marciales, y una buena cantidad de otros personajes que, la verdad, es difícil saber si tienen algo que aportar más allá de lograr estirar un poco la trama. Y es que con seis episodios de esta duración está claro que se podía haber formulado de otra manera. En fin. Supongo que si a alguien le apetece ver una serie con luchas (clandestinas en su mayoría) de capoeira, secretos del pasado y mucho drama con menos o más sentido… lo mismo le hace gracia la serie esta.

A veces uno se pregunta hasta dónde pueden estirar los británicos su historia para que les quepa en series. Más o menos limitadas, supongo. Las series, digo. Esta semana les toca a Harold Godwinson (o Harold II) y Guillermo el Conquistador en la serie llamada, claro, King & Conqueror (UK). No parece que les haya importado mucho la fidelidad histórica tanto como salir en escenas con esa especie de color grisáceo polvoriento que les gusta ahora para que se vea que es el pasado, meter algunas batallas que en fin, y tener a gente con un notable déficit de fibra mirando a cámara con mucha intensidad. Puedo llegar a suponer que hay un tipo de fan de estas cosas, pero os diré que no soy yo. En absoluto.

Más curiosa que otra cosa es esta Pokguneui Syepeu (O)(CS), o 폭군의 셰프 o Bon Appetit, Your Majesty o Bon Appetit, Majestad o… , que asumo sin prueba alguna que se tratará de una adaptación de un cómic. Porque la historia de una cocinera ganadora del programa de turno -parece una mezcla de Top Chef y Masterchef– que durante un viaje en avión -aquí no hay camión-kun– acaba viajando en el tiempo al pasado de Corea del Sur y encontrándose con un monarca (a veces le llaman Tirano, tampoco hay tanta diferencia) para el que trabaja de cocinera… bueno… parece muy propio de un cómic, la verdad. El piloto se lo pasan estableciendo este punto de partida, y es de suponer que la historia vaya luego de la relación entre los dos personajes (romántica, asumo) mientras alrededor hay las clásicas ‘movidas palaciegas’ y ‘movidas de cosas del comer’. Una suposición a partir de lo que vemos en el piloto. Que, como ya digo, es más curiosa que otra cosa. Incluso sin entrar en que la ‘transición’ de lo que tenemos hoy en la cocina -materias primas y cacharrerío- con lo que se tenía entonces, y el paladar de cada momento, sospecho que se lo hubiera puesto más complicado a la protagonista. Pero lo cierto es que hay viajes en el tiempo así que, ¿vamos realmente a preocuparnos por eso?

Ah, mira que bien, una nueva serie en la que Facha McFachez nos habla de lo mal que está todo y que ya no hay hombres de verdad de la manera más aburrida posible. No sé qué les pasa últimamente a las series de acción, aunque en el caso de The Terminal List: Dark Wolf (USA) supongo que es la preocupación por ‘transmitir su mensaje’ una y otra y otra y otra vez. Comenzando por un piloto que muy claramente sirve para poner las excusitas más que para mostrarnos de qué va la vaina. Aunque supongo que en su cabeza que ‘comprendamos’ a los personajes es importante. En la mía es que el primer episodio podría haberse resumido en el los primeros minutos de un piloto en condiciones. Más aún, en algún momento posterior. Pero está claro que es lo que el creador de la serie quería contar, y eso es algo que debo de cir que bien por él… pero que no me espere.

Alguien pensó que no habíamos tenido suficiente con Los Caballeros del Zodíaco y decidió montar Teuwelbeu (O)(CS) o 트웰브 o Twelve o Doce o…, en la que un grupo de ¿demonios? amenaza a la humanidad, las puertas del infierno -o algo- se van a abrir y sólo las encarnaciones de los signos del zodíaco -del suyo- pueden pararlo. En fin, ojalá me hubiera gustado más la serie, pero entre que no acaba de definir ni hacia dónde quiere tirar, ni cómo, ni dónde, ni con quién, ni cuánta gente va a sacar, ni los malos qué quieren, ni nada… y eso con un capítulo piloto de larga duración, que ha resultado peor para contar la historia que si le hubieran ado menos tiempo y hubiera tenido que quitar cosas. ‘Los malos’ van dando tumbos, los buenos casi peor, porque se empeñan en ir presentándolos aquí y allá, sin mucha conexión, y sin un tono definido. (La escena de Cerdo y Serpiente, por ejemplo, puede estar más o menos bien pero parece metida con calzador en mitad de algo completamente distinto). Así que llegas al final del piloto sin muchas ganas de seguir, y eso que, como decía, a priori me interesaba. Otra vez será.

La mejor serie de la semana para quien esto escribe es una de esas que parece hecha con las vueltas del pan y lo que nos propone tampoco es muy novedoso, pero está hecha de manera entrañable y teniendo claro lo que quiere ser y contar. Warren’s Vortex (NZ) nos habla de un padre, de su hija, también nos muestra al resto de familia y amigos, y a partir de ahí se lanza en otra dirección. Porque este tipo tiene en la caseta de su jardín, desde hace ya tiempo, un vórtice interdimensional. Al que no le ha prestado más atención o importancia. Hasta que se ve obligado a cruzarlo. A partir de ahí se nos promete que iremos pasando de unos a otros mundos. Con la intención de que las diferencias sean las que marquen parte del recorrido del episodio. Como decía, no es muy original, probablemente la mayoría recuerde Sliders en la segunda mitad de los noventa, y espero que también la serie del año pasado Davey & Jonesie’s Locker. Aunque aquella parecía tener incluso menos dinero y una intención más humorística aún que esta, que tiene un importante centro en la parte familiar. Y, si tenemos que juzgar por el piloto, un ojo puesto en series con un parecido -como Doctor Who– dentro tanto de sus posibilidades como de un intento de equilibrar la historia paternofilial y un tono cómico. Agradezco, por cierto, que la relación familiar no sea la típica de ‘soy un perdedor divorciado al que su hija odia’ sino una más normal, más cotidiana, con sus diferencias de punto de vista pero sin nada extremo. En fin, que de esta sí que pienso verme más capítulos.

 

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La primera de toda una serie de interesantes series que han llegado esta semana, Aema (O)(CS), o 애마 o…, tiene… vamos a decir que un problema fundamental que es su punto de partida y contexto. Sin el conocimiento de ambos no sé hasta qué punto se puede apreciar una serie que tiene más a su favor que en su contra. Pero, presupongo, como muchas de estas series están creadas para ‘consumo interno’ por muy internacional que sean los lanzamientos entiendo que en Netflix pensaron que no hacía falta. Aún así yo sí hablaré un poco más del asunto para explicarlo. Aunque, para que sea más sencillo, vamos a hacerlo al revés. La serie habla de una actriz que estaba en un gran momento de la carrera, tanto que decide desafiar a su productor. Un tipo sórdido que ha decidido lanzar una película que pasa de lo ‘erótico’ a lo ‘pornográfico’. La actriz había aceptado mientras se creaba una carrera pero ahora, ya reconocida, decide que hasta ahí podíamos llegar. El enfrentamiento con el productor lleva, claro, a una venganza -una venganza patriarcal podríamos decir-  porque aún le quedaba una película en contrato. Así que, ante su negativa a protagonizarla, decide relegarla a un papel secundario en la misma y dejar que una recién llegada ocupe su papel y se convierta en una estrella en su lugar. En medio de todo esto -la actriz con carácter, la recién llegada dispuesta a todo, el productor turbio- se encuentra un director primerizo con ganas de hacer arte y toda una serie de secundarios tirando a cómics -fundamentalmente el ayudante de la actriz, pero no solo-. Visto así podría parecer una versión surcoreana de Eva al Desnudo en la que el centro estuviera en una industria salvaje y una película pornográfica. Que, por si no la habéis visto, os diré que no es algo que suceda. Una industria cínica, sin duda, pero no salvaje. ¿Cuáles son los problemas de los que hablaba antes, eso del punto de partida y el contexto? Bueno, en realidad es ‘casi’ lo mismo porque… La película de la que hablan existió. Vaya si existió. Se convirtió en todo un éxito en Corea del Sur porque, resumiendo, Aema o Madame Aema era su ‘versión’ de Emmanuelle. El problema es que esto no es una serie de época sobre aquel rodaje. Perdón, dejadme reformularlo. El problema es que se inventan todo lo demás, así que esto no es una serie de época sino una manera de mostrar, criticar y satirizar tanto el momento histórico de Corea del Sur como de su producción cinematográfica. Y lo hace de manera bastante inteligente porque deja claro que habrá un enfrentamiento entre las dos actrices -la establecida y la nueva- que ya veremos cómo progresa -es decir, teniendo en cuenta el tema lo lógico sería que hicieran piña pero ya veremos en qué termina la cosa- que ocupan lo que podríamos llamar los puestos dramáticos del asunto. Mientras que lo secundarios, masculinos en su mayoría, son más o menos humorísticos o caricaturescos, quizá el director un poco menos pero sigue siendo un tipo al que no sabe por dónde le llegan las hostias en una industria que lo que quiere es dinero fácil tirando de morbo y de sexo.  Lo cierto es que hay un componente casi de telenovela ochentera de ricos, ese duelo entre una mujer establecida y una recién llegada podría considerarse como alguna de las versiones de Arpía vs. Ingenua -o, incluso Arpía vs Ingenua que pasa a ser otra Arpía- a la que nos tienen acostumbrados en el audiovisual. Pero la forma de gestionarlo hace esperar un mejor tratamiento. El segundo problema es de contexto, claro. Aquí nos están presentado una situación sin hablarnos de dos problemas principales, el primero era -por supuesto- que a principios de los ochenta y durante casi toda la década hubo una dictadura en Corea del Sur que fue especialmente terrible. Ya sabéis, no hay dictaduras buenas, pero luego las hay peores. Y una de las cosas que hicieron en la dictadura fue aprovechar el momento para ‘relajar’ las normas del audiovisual. El 3S que dice el director en la serie (Screens, Sports & Sex) es algo de lo que se ha hablado con normalidad porque, efectivamente, es lo que promovió el gobierno para que los ciudadanos no se revelasen -o no demasiado- incluyendo movimientos como quitar el toque de queda para que la gente pudiera ir a ‘disfrutar del ocio nocturno’, que en su caso no se trataba de cañitas en la terracita sino de espectáculos más… picantes… incluyendo las ‘películas de medianoche’. Y, a la vez, como buena dictadura, puso un sistema de censura con decisiones arbitrarias y peticiones ridículas, que es lo habitual en estos casos. Así que nunca estaba muy claro qué iba a pasar y qué no. De manera que el lanzamiento de Aema fue punta de lanza de toda una… vamos a llamarlo ‘industria’, dentro de un contexto concreto. Esto, junto a la decisión de mostrar la época no en los clásicos ‘grises y azules de dictadura’ sino en una especie de ‘colores chillones, falsos y agresivos’, demuestran una intencionalidad que parece clara, pero que quizá debería haberse explicitado internamente. Igual que quizá hubiera tenido sentido que decidieran si se inventaban la película o si trataban de ser más fieles a lo ocurrido, porque este punto intermedio en el que se encuentran puede ser lo más discutible de una serie que, por lo demás, está claro que tiene unas idea muy clara de qué es lo que quiere contar y cómo contarlo. Habrá que ver cómo continúa esto porque, como digo, lo notable es superior a esos problemas.

He tenido que mirar si Hostage (UK) era una serie nueva de verdad y no una de esas veces que Netflix se trae contenido de otro país y silba. Pero no. Suranne Jones parece hacer el papel de siempre -y tan bien como de costumbre- en realidad es solo que todo suena a ya visto, aunque parte de ello puede ser culpa de Idris Elba y John Cena. Solo que aquí son UK y Francia y lo que tienen es al marido de la presidenta de UK secuestrado y a la presidenta de Francia chantajeada. Lo que casi entra en la cotidianidad viendo el estado de la política de ambos países, la verdad. La pena es esa, que teniendo a Jones y con los ingleses siempre capaces de montar este tipo de historias parezca que se hayan decidido plegar a ese ‘ruido de fondo’ de Netflix con muy poco que rascar realmente en el piloto y la amenaza de que van a usar 5 capítulos para contarnos. Que son uno menos de los ‘tradicionales’ seis capítulos británicos, pero que con Netflix por medio hacen sospechar que, como tantas otras veces, con hora y media habría valido.

Hablando de cosas tediosas, en Channel 4 decidieron estrenar lo que voy a meter en la categoría de Drama más que de Acción In Flight (UK), y lo meto en Drama no solo porque sea un tostón -que también- sino porque claramente es una serie ‘de sufrir y de sufrir’ con una de las premisas más insufribles y estúpidas de los últimos años. Un joven es encerrado en una cárcel de nosedónde del centro de Europa y su madre -azafata- lo pasa muy mal, pero recibe una oferta, un cartel le protegerá en la cárcel si, a cambio, ella se dedica a ayudarles a mover la droga en los aviones. Por supuesto para esto tenemos que entender que el pobre joven que está en la cárcel lo pasa muy mal porque, como sabemos, todo lo que no sea UK es territorio bárbaro. Y sí, eso significa que esta serie usa uno de los género favoritos de los ingleses: El racismo. Total, que entre eso y que suspense reguleras pero pasarlo mal porque ‘una madre, ¡UNA MADRE!’ todo el rato… pues mira, yo qué sé, será que no tenemos series para ver como para andarnos con estas cosas.

Para mi sorpresa Long Story Short (USA) me ha resultado una serie agradable, entrañable por encima de todo, con un cierto costumbrismo pero bien llevado, con humor pero como parte de algo mayor antes que como una manera de justificar los actos, una obra familiar en un sentido propio antes que en un ‘para todos los públicos’, y -más sorprendente aún- muy centrada en la ‘juididad’ de sus personajes (de una manera notable porque lo hacen desde lo espiritual y lo social dejando de lado a Israel. Que supongo que a estas alturas es algo comprensible pero también un punto en contra teniendo en cuenta lo central que es su religión en toda la historia) a la que le agradezco, además, su notable falta de pretensiones. Es decir, tiene la intención de ser lo que es, no de reinventar el género, hacer un estudio sobre dios sabe qué o pretender explicar de manera magistral lo que es una familia. Nada de eso. Y, probablemente por ello, más importante aún en cómo logra algo enmarañado y confuso, como la vida misma.

Volviendo a las series de sufrir mucho, en PSSICA (O)(BR) si no te están violando están intentando matarte. A veces las dos cosas a la vez, a veces alguien quiere cobrar por una, u otra, o ambas. A veces no lo están haciendo, pero hablan sobre ello. Así que la historia de tres personas en un pueblo Brasileño se encuentra todo el rato con distintos tipo de violencia -por supuesto también con misoginia y homofobia, por si acaso- y los muertos se acumulan cada vez que alguien piensa que la serie no es suficientemente dura -o ‘adulta’ si eres un adolescente- y, la verdad, para lo que tiene que ofrecer tampoco pasa nada si no la vemos. Salvo, claro, que sea justo esto de lo que somos público objetivo. Que todo puede ser.

Las series de ricos, herencias y sucesores cada día se parecen más, que Scheda (O)(PO) decida dejar para el final el giro con el que debería de haber empezado… bueno, es una decisión, sin duda. En realidad es cierto que algo del final hay al principio, pero claramente no mucho. Pero el problema es que el resto de episodio lo pasamos entre hermanos, tíos, primos, entierros, herencias y discusiones por quién se queda qué. Y entonces… pasamos a otra cosa… a la que en realidad no llegamos porque queda para el segundo capítulo y, la verdad, ¿no sería más fácil empezar a ver la serie por el segundo? Pues es probable pero, la verdad, esta versión de la historia de moda con secretos que van a explotar en breve… Meh.

Parece que los estadounidenses, a fuerza de true crime, han decidido imitar el gusto de los ingleses por los dramas adaptando esos momentos. Aunque está muy claro que este The Twisted Tale of Amanda Knox (USA) está hecho por y para la reivindicación de la mujer del título, contando o su historia o una versión de la misma. No es algo necesariamente malo -más aún con todas las versiones que hemos visto del otro lado- pero, desde luego, resulta muy poco de interés. Salvo, supongo, para los fanses. Si los hubiera. O, quizá, para la gente que busque una reivindicación al estilo de la que se hizo de Mónica Lewinsky, que para eso es una de las productoras del asunto -junto con la protagonista real, claro-. Ah, y volviendo a lo de la ‘imitación británica’, el ‘qué malos son los italianos’ ocupa tanto espacio que, la verdad, creo que podría haber ingleses implicados en su realización.

Es complicado hablar de Women Wearing Shoulder Pads (USA) sin caer en toda una serie de lugares comunes que está claro que la propia serie busca explotar. Probablemente el mayor de ellos sea unirlo al Universo Almodovariano, una inevitabilidad porque está claro que es una de las grandes referencias, pero no estoy yo muy seguro de si el resultado lo es fuera de lo estético o si realmente el Almodóvar que busca la serie es uno que existió en algún momento. Porque la otra parte principal de la que sale es la de esas grandes telenovelas de ricos de los años ochenta: Muchos personajes extremos, mucha gente de dinero haciendo cosas rastreras y una cierta opulencia que se mezclaba con los giros no tan esperables o sensatos. Lo cierto es que la decisión de añadir un surrealismo claro, aunque ni muy afilado ni muy sorprendente, es como la de rodar la casi totalidad del episodio en español (Maravilloso el acento español de España, por cierto) o de ubicarlo en los ’80s. Es más por buscar un tono y que la gente sepa a lo que va que porque sea algo que cambiándolo impacte en lo que se está contando. Y, con eso y todo, el High Camp y las ganas de divertirse logran una serie que es, al menos, memorable. Que no es un mal comienzo.


Poco puedo decir de Alien: Earth (USA). Poco bueno, quiero decir. Parece que el showrunner tenía aún sobras de sus series anteriores y decidió que lo mejor era reciclarlas en este batiburrillo de ideas y referencias en las que hay algo de la saga Alien de cuando en cuando. O quizá no tenía muy claro qué parte era Alien, cual Lifeforce, Blade Runner, Predator y todo el resto del indigesto revoltijo que acaba montando. Nada tiene demasiado sentido dentro o fuera del universo, las conversaciones parecen pactadas para dar información al espectador y no entre los personajes y prácticamente ninguna acción tiene sentido. Como si les hubieran obligado a hacer algo de Alien a una persona que preferiría estar contando cualquier otra historia. Aunque les reconozco un mérito, el lograr en 2025 recuperar las sensaciones de una serie de SyFy de los dosmiles.

Una historia de terror bastante al uso, esta Andhera (O)(IN) parece haber mirado las adaptaciones de Stephen King para sacar la mayor parte de tics posibles. Y ya sé que eso no es algo necesariamente malo, como el resto de la serie. Simplemente parte de su forma de ser. Tenemos a tres personajes principales, cuatro si contamos a la que fallece al principio del capítulo, y a un Mal que más-o-menos les persigue y que no está claro si es El Mal o solo Un Mal igual que a veces parece ser La Oscuridad y otras veces un Algo que Toma La Oscuridad, pero bueno, lo importante es que monta un entramado de serie con una policía investigando -pese a sus compañeros- una muerte sospechosa, un joven con visiones, una joven investigadora de lo paranormal, y el cadáver en cuestión de la primera persona. Hay investigación, hay sustos que parecen estar más porque tocan que porque el responsable quisiera contarlos -claramente está a otras cosas, incluyendo la investigación, que le interesan más- y nos muestra partes de la realidad de India pese a que muy claramente podría haberse buscado una adaptación anglosajona sin despeinarse. Así que espero que encuentre a su público, porque aunque tenga ese problema de ser cierto tipo de genérico está claro que es uno que se lo ha tomado a pecho.

Supongo que a nadie le sorprenderá si digo que En el barro (O) (AR) es el clásico drama carcelario en su versión pasada de vueltas y sórdida. Más sórdida que OitNB o Vis a Vis, sí. De hecho el nivel de sordidez solo rivaliza con el de Oz, pero de una manera distinta más cercana a la de los exploit setenteros de Women in Cages, en la que solo falta una Ilsa, porque esta prisión femenina tiene secciones no solo de trapicheos, también de robo de niños o de grabación de porno. Vamos, que esto no es un Wentworth / Prisoner  o un Inside, esto es sordidez de canal de pago sobre un esqueleto de telenovela que se toma a pecho las tremendas chorradas que van engarzando. No sé a qué público esperan llegar o qué es lo que pretendían, pero supongo que hay todo un colectivo fetichista a favor de lo que sea esto.

Alguien debería enseñarle a Prime a hacer series de acción, porque quitando la primera de Reacher parece que no acaban de acertar una, cómo será que pensaba que Butterfly (USA) era una versión desligada del desastre de Citadel y no la adaptación -igual de desastrosa- de un cómic. A su favor diré que tampoco parecen tomarse muy en serio. Bueno, y que la presencia de Piper Perabo como un operativo renegado de la CIA sirve como versión alternativa del final de Covert Affairs. Pero las ‘sorpresas’ se ven venir, la trama no tiene mucho sentido ni coherencia y, por supuesto, la acción no pasa del nivel ‘serie de la CW. A estas alturas alguien en Prime debería de haber aprendido cómo hacerlo mejor.

A veces creo que las cadenas usan generadores aleatorios de las mismas historias, luego me acuerdo de que muchas de ellas salen de adaptaciones de novelas, así que la respuesta funciona en ambas direcciones. Sea como sea esta  The Family Next Door (AU) nos trae a una extraña con particulares motivaciones llegando a un vecindario exclusivo y encontrándose con otras cuatro mujeres, madres de familia y etc, que tienen todas sus propios problemas y secretos. Sí, los años no pasan por estas ideas. No parece que haya ningún cadáver por medio y sí una fijación en los niños así que asumiré que o uno de ellos es robado o hay algún tipo de problema familiar de fondo. Y, mientras tanto, lo que pueda tirar esto tirará. En fin, supongo que habrá a quien le apetezca un genérico de Peyton Place. O de Mujeres desesperadas. Según la edad, supongo.

Hablando de genéricos, este Irish Blood (IR) solo tiene dos cosas para defenderse. Una de ellas es Alicia Silverstone, la actriz a cuya mayor gloria se hace esta serie de una abogada cuyo padre desapareció en la infancia y cuya vida se pone patas arriba cuando contacta con ella de nuevo llevándola a viajar a Irlanda. La otra es un cierto humor extraño que aparece aquí y allá, a veces en secuencias oníricas, en ocasiones en fijaciones concretas. A rato casi parece una parodia -llena de afecto- de todas estas series. Pero, al menos, la hacen un poco más sencillo de tragar y un poco -tampoco mucho- menos genérica.

Debe de ser que el verano es bueno para estrenar cosas de terror, no muy terrorífico quizá, este Playing Gracie Darling (AU) vuelve a tener ese estilo de ‘terror mainstream’ -digamos, estilo Stephen King aunque aquí no parezca una fusilada tanto como lo inevitable de algo popular- porque la trama de dos desapariciones con años de distancia pero también con una ouija por medio, con una mujer que vuelve al pueblo llamada por un amigo que estuvo como ella la noche en la que sucedieron extraños sucesos y una amiga acabó desapareciendo, y con un misterio en la actualidad. Así que eso, podríamos decir que un ‘thriller‘ con un fondo fantástico -más o menos ambiguo, pero fantástico al fin y al cabo-  agradable como para cubrir una tarde tonta de siesta y ventilador.

La historia que pretende contar Quebranto (O)(MX) empieza realmente al final del piloto, antes de eso hemos tenido idas y venidas que daban la sensación de matar-el-rato más que de componer un contexto o un interés. Pero, claro, una vez uno llega al final se da cuenta. No tienen trama, no una que merezca el nombre como tal. Así que hay que estirar, estirar, estirar. En lugar de darle un número de capítulos razonables tenemos relleno sobre el relleno. Convirtiéndola en otros de esos ‘thrillers‘ -siendo muy amables con el uso de la palabra, y aún más laxos- que pone ‘una mujer investiga su pasado decidida a hacer pagar a los responsables’ en la sección más clara de ‘esta serie debería de ser una película’. Curioso, tantos años de ‘esta película es un corto alargado’ y hemos llegado ya a ‘esta serie es una película alargada’. Supongo que dentro de no tanto encontrarán una manera de llenar aún más tiempo. Y la solución, como siempre, es que parece que hacen las series para que no estés prestándoles atención, para tenerlas de fondo mientras trabajas o estás en otra habitación, o estás durmiendo, o lo que sea. Y puedes prestar atención en muy pocas ocasiones. Que son las que deberían de haber sido las interesantes. Pero es que eso es toda una forma de hacer series hoy en día, no como series sino como Ruido de fondo.

Hablando de rellenos. Alguien -en USA Networks- pensó que lo que hacía falta era una versión en serie de The Rainmaker (USA). Y podría llegar a entenderlo porque, sinceramente, yo no pensé que fuera a tener mucho recorrido una adaptación nueva de The Lincoln Lawyer y aquí estamos. Lo que pasa es que no han aprendido nada de aquella de Netflix. En lugar de buscarse una novela distinta del mismo personaje -normal, teniendo en cuenta que en el caso de las de Grisham no hay una recuperación posterior, mucho menos una serie de las mismas- o de intercalar la trama general con ‘casos de la semana’ aquí nos están contando la versión extensa de la novela -y de la película- con muy pocos cambios notables. Un reparto más televisivo y poco más que añadir. Así que supongo que si alguien se quiere ver una adaptación estirada de un libro que tuvo éxito-pero-no-tanto hace como tres décadas parece que por fin ha encontrado lo suyo. O, de nuevo, si necesitas rellenar un hueco, no sé si en tu ocio, en tu vida o en tu esquema de plancha, platos o lo que sea.

Empezamos con la sección Propaganda Gubernamental India. Saare Jahan Se Accha (O)(IN) habla del sistema de espionaje en términos esperables. Todo el mundo es malo menos nosotros (y hablamos no solo de Pakistan, también lo de Francia, URSS, Estados Unidos, Israel…)  y las acciones propias son por protección y lógica mientras que el resto son poco menos que por pura maldad y tenerle manía a los indios. Eso sí, la producción es razonable -teniendo en cuenta que cada vez que hacen a un líder histórico parece aquello de comedia televisiva, especialmente un Zulfikar Ali Bhutto hecho con calva de pega- y supongo que si no te paras a pensar en lo que están contándote puedes aceptarlo como una recreación de hechos… no sé si decir bien conocidos porque lo cierto es que no cuentan nada nuevo pero también que supongo que no todo el mundo estará igual de familiarizado con estas cosas, por pesados que se puedan llegar a poner los indios. En fin, que eso, que la globalización también tiene que servir para esto. Supongo.

Si la anterior era propaganda clásica con Sena: Guardians of the Nation (O)(IN) nos metemos en territorio no del reaganismo sino, directamente, del post-11S. Y mira que parecía difícil, pero la falta de cualquier tipo de sutileza mas una duración excesiva y un interés inexistente fuera del adoctrinamiento convierte esta serie, que por no saber no sabe ni hacer correctamente las escenas de acción -pecado grave hablando de uno de los mercados que mejor lo trabaja en la actualidad-, en el equivalente a aquellos espantos sobre los valerosos bomberos del World Trade Center o, peor aún, su evolución ultraderechista para hablarnos de Bengasi. Así que sólo merece la pena que se acerquen a ella los estudiosos de la propaganda. Especialmente para que aprendan a hacerla MEJOR.

La premisa de Young Millionaires (O)(FR) es tan estúpida que supongo que Netflix la compró en bloque. Un grupo de adolescentes rellena un boleto de lotería y gana 17 millones. Cualquier se puede imaginar lo que pasa a continuación pero, si no, os lo digo yo: Son menores. No pueden cobrarlo porque NO DEBERÍAN DE HABER PODIDO JUGARLO. ¡PORQUE SON MENORES! Por lo visto la serie decide tratarlo como algo no tan obvio y centrarse en los cambios que quieren en sus vidas y los líos en los que se van a ver envueltos. Pero no parece ni que haya mucho más sentido, ni cabeza, ni… bueno, eso. Que supongo que buscan ver si hay algo que les interese a los jóvenes. Pero más valdría que se centraran en intentar entender qué funcionó en Outer Banks o Wednesday en lugar de dar luz verde indiscriminada a cosas a ver si algo se pega a la pared. En fin.

Cómo será que no se han molestado los de Netflix ni en sacarle oficialmente un trailer.


Ciertamente curiosa esta Demascus (USA) que parte de un hombre que va a terapia no por un hecho concreto sino, más bien, por un malestar general al no acaba de entenderse. Eso lleva a el ofrecimiento de una posibilidad: Un sistema de tratamiento que tiene el problema de que puede ‘alterar’ la realidad para el paciente. Y a partir de esta premisa de ciencia ficción pasamos a un capítulo que podría tranquilamente haber sido uno de Atlanta. Pero en el que la extrañeza se mantiene de fondo, igual que el tono mezcla lo humorístico con temas más serios, y lo ligero con lo reflexivo. Una rareza con una historia fuera de la pantalla propia -la serie iba a ser uno de los estrenos de AMC pero la cancelación de buena parte de sus series la dejó fuera de parrillas hasta que TUBI (el servicio de streaming FAST de los Murdoch) decidieron rescatar y emitir los seis capítulos de los que consta esta primera temporada. Que, sospecho, van a dejar suficiente sin contar como para que estas distintas versiones de una misma persona puedan agradecer algún capítulo más. En cualquier caso, puedo decir que tras haber visto los dos primeros me voy a ver el resto, no solo porque esas mezclas entre Atlanta y The Outer Limits resulten curiosas también porque quiero ver qué es lo que pretenden contar con los universos paralelos y la autoindagación del protagonista. Espero que sea interesante.

Particular también este Esquire: Byeonhosareul Ggumgguneun Byeonhosadeul (O)(CS) , o 에스콰이어: 변호사를 꿈꾸는 변호사들 o Beyond the Bar / Esquire o El sinuoso camino del derecho o…, porque uno esperaría una aproximación más cercana a la comedia amorosa y lo cierto es que no parece hacerla. Quizá en algún momento habrá algo de ello pero el centro está, claramente, en el derecho. En el derechos surcoreano, claro. Así que esto es una obra sobre una joven brillante aunque un tanto… desastre. Que comienza a trabajar en un bufete, así que llegan casos, hay algo de vida privada -en la que ves claramente que las cosas no van a durar mucho- y también varios secundarios fuera de ella y de su estricto pero razonable jefe. Habrá que ver por dónde tiran pero, de momento, es una interesante serie de abogados. Incluso aunque tenga las narices de comenzar el piloto con un ‘pobrecitas empresas gasísticas’. En fin.

Lo de Outlander: Blood of My Blood (USA) acaba siendo una vuelta al punto original no solo porque sea una precuela, también porque han decidido separarlo en dos. Aunque lo cierto es que aquí se centran en una de las dos parejas, la de los highlanders. También hay a principios y finales una durante los alrededores de la Primera Guerra Mundial. Porque se trata de hablar de los padres de los dos protagonistas de la serie original, buscando contrastar las parejas, una que se acaba de conocer y otra que está más establecida y -supongo- se ve forzada a una separación. En fin, que no es que sea lo más original -supongo que una precuela lo tiene difícil- pero es lo que ha tocado y, supongo, le valdrá a los fanses de la anterior.

Terminamos con una serie que de puro convoluta a fuerza de embrollos y tropezones apilados resulta interesante al menos conocerla. Providence Falls (USA) nos habla de una trama romántica en dos momentos históricos, empezamos con el final de la del pasado con la muerte de sus protagonistas tras una muerte sospechosa, y a partir de ahí el centro y los follones: Resulta que el hombre de la pareja aparece en una oficinal en la que le aseguran que estaba en el limbo por haber separado a una mujer de su alma gemela. Pero le ofrecen una oportunidad, le van a mandar al presente para que ayude a que ambas almas se reúnan. Sí, la de la mujer de la que estaba enamorado y el otro tío. ¿Podemos liarla más? Claro que sí. Resulta que le rodean de algunas otras almas que se han ido reencarnando durante los doscientos años y que vienen de ese pasado ‘casi aristocrático’, más una especie de ángel que le ayuda a acostumbrarse porque… bueno… han pasado 200 años y él no ha vivido nada de eso. Además de todo deciden que le van a convertir en un policía. Porque ella es poli también. ¿Y el otro alma? Ayudante del Distrito o algo así. Fiscal, vaya. Porque están investigando robos y asesinatos y lo que surja. Y, por supuesto, la trama en el presente no significa que no tengamos también una trama en el pasado en la que vemos cómo se conocen y más líos. Así que, resumamos: Tenemos dos momentos temporales, unas tramas ‘de corte’ en el pasado, unas tramas ‘policíacas’ en el presente, multitud de secundarios muchos de los cuales están en ambos momentos, una especie de ángeles dando vueltas -debo decir que probablemente el ángel becario interpretado por Amitai Marmorstein sea el personaje robaescenas de asunto- y dado que piensan contar la historia en tres capítulos de hora y media interconectados aunque autoconclusivos -dicen- más follón todavía. Mucho en el plato, aunque tiene la suerte de que en Hallmark les permiten hacer estas cosas. Porque queda la intriga de si el tipo va a intentar quedarse con la chica -e ir al infierno- o ayudar a que su alma se reúna con la del otro tipo -e ir al cielo-. No, ya sé que no tiene mucho sentido pero, como digo, es una serie… complicada.


De entre las muchas cosas que no esperaba de Chief of War (USA) está la decisión de que el idioma es el que es y para lo demás subtítulos. Está claro que este Grandes Relatos pretende servir también para ‘honrar’ al pueblo hawaiano, pero no tengo yo muy claro si así van a lograrlo. Por lo demás, lo de siempre: Peleas, muertes, más peleas, trajes tradicionales, y gente frunciendo el ceño. Supongo que para ellos será importante.

Estoy seguro de que a alguien le habrá gustado Eyes of Wakanda (USA). Probablemente a sus autores. La animación busca parecer novedosa, porque no lo es pero a estas alturas lo es menos que lo sea y no que lo parezca. La trama es la típica excusa de ‘queremos explorar este universo’ pero en realidad se limitan a mostrarte una idea peregrina -una especie de grupo de élite especializado en recuperar objetos con el unobtainium de turno para el applied phlebotinum que toca. Vamos, lo de siempre otra vez. ¿Ha llegado Marvel a un acuerdo para sacar genéricos todo el rato? Es más que probable. Por lo menos si hacemos caso a esta serie.

Aquí toca una de música, muy claramente basado en un manga, este Gurasu Haato (O)(JP) o グラスハート o Glass Heart o Corazón de Cristal o…, no es tanto una serie musical como una serie sobre la música. Porque no es tan importante las canciones -digamos- como la manera en la que los protagonistas sienten la música, buscan convertirla en su carrera, le dan vueltas a cómo crearla y, en general, se relacionan con ella. Fuera de ella parece que tendremos el clásico mogollón amoroso con tres jóvenes y una mujer. Voy a asumir que se montará un triángulo entre dos de ellos y el cuarto estará para las risas o algo. Pero bueno, más para los que sientan una conexión con la música que otra cosa.

Normalmente diría que el peor problema de las sitcoms de Chuck Lorre es Chuck Lorre, pero a veces se descuelga con cosas como Leanne (USA) y vemos que lo peor puede ser… TODO. No solo es una serie MUY vieja en cualquier sentido que se os ocurra -en todos los sentidos, es una de las series más llenas de blancos rubios que he visto en tiempos- sino que no tiene la capacidad de hacer algo con esa ranciedad. Ni los actores brillan ni saben para dónde o cómo tirar. Está claro que la forma habitual que tienen estas personas de gestionar sus series es tirar e ir probando una y otra cosa. Y eso con Netflix no funciona. Claramente no han hecho pilotos previos, no ha habido pruebas, no ha habido notas y nadie ha tratado de ver lo que funcionaba y lo que no. Así que lo que tenemos es un borrador de lo que la serie será -o podría ser-. No sé si os acordáis de otras cosas de Lorre como la diferencia entre el piloto original de The Big Bang Theory y lo que acabó saliendo. Pero aquí tenemos eso. Y no me extrañaría que tuviéramos eso con toda la serie. Así que mi sugerencia es que la evitéis todo lo posible, excepto si queréis estudiar cómo se hacen -más aún, cómo no habría que hacer- las sitcoms.

Acción y drama, un poco de cada. No es que esta Marked (O)(SA) sea especialmente original, especialmente en el clásico ‘si la sanidad pública funcionara esta serie no tendría razón de ser’, pero lo que hacen logran montarlo en condiciones, con actuaciones solventes -aunque no brillantes, pero de alguna manera esto las hace un poco más creíbles- y con intentos de que la acción sea algo un poco menos televisivo -sale regular-. En cualquier caso, es un intento. No tengo muy claro de qué -ni de si no hubiera sido mejor como película que como serie-, pero un intento.

El sexythriller fue una de las manifestaciones noventeras de toda una tradición anterior que había ido mutando. No es que fuera especialmente interesante ni, en fin, sexy. Pero el éxito de Instinto Básico y vario de sus émulos llevaron a la popularización tanto del término como de la ‘idea central’. Todo esto es para decir que Pecados inconfesables (O)(MX) es una aproximación a ello, en formato Telenovelesco -digamos que sería como si una de las películas antes mencionadas se hubiera encontrado por medio con Motivos Personales para hibridarse- y bastante más lamentable.

Hablando de lo cual. Reconozco no ser especialmente fan de Smilla’s Sense of Snow (O)(AL) en su versión libro, ni película. Pero también que había cosas interesantes en ellas. Que es lo que han procedido a quitarle aquí. Eludiendo la crítica de la situación actual enviando la historia a un futuro con un país con drones y cámaras vigilando a sus ciudadanos. Como si fuera relevante o necesario para la trama. Y como si precisamente lo interesante que tenía no fuera esa demostración de que hay diferentes tipos de ciudadanos para el Estado. Pero no, aquí había que convertirlo en algo a futuros, no fuéramos a criticar algo que está pasando. ¡EN FIN!