Voy a asumir -aunque no debería- que no os acordáis ya de A House Divided, un melodrama de maneras telenovelescas que sobrevivió al cambio de nombre de Urban Movie Channel a ALLBLK en mitad de la tercera temporada de las cinco que tuvo. La serie llegó hasta 2023 y esta Jupiter Jones (USA) de ahora (sin relación con Los Tres Investigadores) es una especie de spin-off, con uno de los personajes de aquella, una abogada más que capaz que se encargaba de los escándalos, conspiraciones y triquiñuelas legales que le iban cayendo encima y que ahora… bueno… teniendo en cuenta que la presentación es mitad telenovela diaria, mitad Real Housewives y que el presupuesto de este piloto probablemente sea el de pedir unas pizzas, lo que más me sorprende es que en ningún momento llegue un repartidor para una clienta que no tiene dinero pero puede pagar de otras maneras. De vestuario andan más o menos por ahí. En cualquier caso, y pese a la cantidad de personajes que presenta o que es de suponer que espera que recordemos de otros lados, tenemos claro que la protagonista es abogada porque nos lo dicen varias veces, no porque veamos escenas de tribunales.

Inspirado en hechos reales, Organización criminal pero es la policía, true crime británica… lo cierto es que no hay nada en en esta Legends (UK) que ha sacado Netflix que me interese lo más mínimo. Mucho menos el ‘remember 90s’. Sí, hay alguna cara conocida aquí y allá, pero sobre todo hay una sensación de ser algún tipo de especial que hubiera lanzado Nancy Reagan o Steven Soderbergh -dependiendo del tramo y la colaboración- de tan estúpido como es toda esta enorme chorrada.

Reconozco la capacidad de esta gente para sorprenderme. De los programadores de Prime, digo. Porque la aparición de Love Is Never Gone (O)(FL) está gestionada de manera particular. No es que el primer capítulo coloque a los personajes, es que los deja a medio-colocar, de hecho viendo el segundo capítulo… es que necesitan DOS para que los personajes estén en su punto de partida, después de habernos presentados a nosecuantos personajes, mostrarnos Marruecos -que tiene su mérito en una serie filipina, no os digo que no- y contarnos un rollo macabeo de hora y pico sobre malvadas organizaciones de ladrones que, además, son internacionales, y colar -ya puestos- una serie de escenas ‘sexies‘ de una manera más que discutible. De verdad que preferiría que hubieran optado por un máximo de quince o veinte minutos de introducción y luego ya lo que sea que nos quieran contar, y ya habrá tiempo de meter una cantidad limitada y razonable de flashbacks. En lugar de dedicarle tanto a lo que claramente no es más que organizar las piezas para una suerte de telenovela sexy. Que ya ves tú.

Con un piloto un tanto extenso pero mejor organizado de lo que podría parecer a primera vista, este Lukkhe (O)(IN) -camina o revienta- nos trae una serie de historias mezcladas que acaban entendiéndose al final del capítulo cuando han dejado ordenadas todas las piezas. Que es algo a lo que cada vez le tengo más manía. Pero al menos en este capítulo nos han dado algo con lo que entretenernos, por un lado la historia de un chaval fiestero que acaba ingresado y con remordimientos con las drogas como punto de contacto con el resto de historias: la de una joven que está también ingresada, la de una policía sin escrúpulos que busca el origen de las drogas, la de un DJ que actúa en las fiestas en las que son más comúnmente usadas…  Pero, además, aún quedan un par de vueltas, por un lado la iluminación como elemento distintivo, por el otro la Organización Criminal -sí, otro vez- como sombra ominosa del asunto -y asumo que como centro ineludible según pasen los capítulos- y, sobre todo… que es una serie musical. Hay piezas externas, piezas internas, momentos de arrancarse a cantar de manera limitada, otras en los que son los pensamientos interiores e, incluso, algún brevísimo fragmento. Actuaciones musicales que tienden a llevar una iluminación muy concreta con ella. En fin, no es que sea una serie especialmente recomendable pero, al menos, es un asunto particular. Curioso, incluso.

Supongo que este Meotjin Sinsegye (O)(CS), o 멋진신세계 o My Royal Nemesis o Mi némesis con aires de realeza o…, es algún tipo de más-o-menos comedia romántica con su cosa empresarial y ¿cortesana? de fondo que si no ha salido de un webcómic poco le debe de faltar. A su favor tiene un curioso componente meta con el que juegan en distintos momentos, bien a partir de la referencialidad, bien como reconocimiento de que lo que están haciendo -que en realidad está no tan lejos de lo que los japoneses llaman Isekai–  es derivativo y un punto increíble. Porque el resumen es que una poderosa cortesana real es condenada a muerte, una chamana consigue -se supone- que junto con un cometa y un eclipse de sol sea revivida. 300 años después -que es cuando vuelve el cometa y el eclipse a coincidir- en nuestra actualidad. Eso lleva a los clásicos malentendidos con los visitantes que vivieron ayer, pero también una mezcla con un CEO aparentemente despiadado, una serie de personajes secundarios abocetados, algún misterio y una hipótesis desde el principio: Que esa villana fuera un personaje poderoso y sin pelos en la lengua, pero también un chivo expiatorio al que culpar de cualquier problema o desgracia simplemente porque no le caía bien a la gente. Lo cierto es que deja establecidos en parte a los personajes y muchos hilos que seguir… y podemos adivinar cómo o por dónde irán muchos de ellos. Pero asumo que sus fanses -del género, digo- le puede hacer gracia.

A veces es bueno tener algo a mano para la perspectiva. Es decir, si la semana pasada no se hubiera estrenado Man of Fire estaría echando espumarajos con este M.I.A. (USA) que no hace prácticamente nada bien, de hecho hay momentos en los que parece un intento de cabalgar el estilo de Florida… exceptuando el hecho de que no da la sensación de que nadie aquí haya estado en Florida.Da la sensación, eso sí, de que han visto series ambientadas en Florida, y películas, y posiblemente eso explica los colores y lo sonidos y todo eso. Uno no sabe si eso es lo bueno o lo malo, la verdad, porque lo que es robado no es aburrido y lo que es aburrido no es robado. Al final esta tontería de serie ‘de venganza’ -que ni eso logra que funcione- lo que más hace es… rellenar tiempo. Más con aire caliente que con forraje.

Sally Lindsay es otra de esas actrices británicas que vienen de la tira diaria -o telenovela diaria, tanto da- que rápidamente se ha ido haciendo un hueco en otros formatos, fundamentalmente con los asesinatos de Madame Blanc, pero no solo. Como demuestra Number One Fan (UK) en la que es emparejada con otra actriz que viene del mismo formato, Jill Halfpenny,que ha seguido un camino similar aunque más oscuro y a la que este mismo año vimos en Girl Taken. Aquí la segunda hace de una presentadora de televisión -diurna- y la segunda es ‘una fan’. Si esperáis que esto sea una historia de amistad y alegría entre una famosa y su fan… Nopes. Por supuesto esto es una serie -mini- británica y no americana, así que en lugar de la ruta Lifetime tenemos más la línea Channel 4… bueno, Channel 5 en este caso. Con varios personajes secundarios y la obvia sensación de que hay algo más que un ‘encuentro fortuito’ y un claro caso de acoso. Lo está desde que vemos a personajes poco menos que en sombras -sí, el uso del color es tan obvio que hay que aplaudir su desprecio por la sutileza- o enmascarados haciendo cosas más que discutibles. Y es que está claro que hay distintos planes y decisiones en marcha aquí, incluyendo un secuestro que no es el que parecería obvio, probablemente porque si los ingleses no usaran algún equivalente a ‘un pueblecito lleno de secretos’ combustionarían. De hecho el final del capítulo demuestra que, pese a todo, estamos ante el clásico ‘juego del gato y el ratón’ con una serie de cuatro episodios que tiene toda la pinta de que va a estar llena de giros. Y sospecho que más secuestros y más cosas, porque al fin y al cabo esto es lo que nos ofrecen, una serie con poca credibilidad pero mucha peripecia, ideal para una serie de tardes de siesta o plancha, supongo.

Es bueno ver que aún se puede dar algún giro tanto en los policíacos, los médicos y los ‘procedimentales’, es decir Rabudo Wan (O)(JP), o ラブドワン o LOVED ONE o Quienes alguna vez fueron amados o…, que presenta una premisa que no sé hasta que punto es creíble (en Japón empiezan a  trabajar con médicos forenses al estilo estadounidense para establecer el motivo de las muertes) y a partir de ahí tiran para adelante mezclando una cierta sensación de misterio con todo el sentimiento que les pueda entrar. No se trata, vaya, de una serie de asesinatos, aquí importa más las personas y los personajes, la parte médica está también al servicio de esa historia, pero como la investigación, es importante saber qué y por qué ha pasada. Pero, ante todo, es importante que quede claro tanto el respeto por los fallecidos como la importancia del dolor de los supervivientes. Así que, ciertamente, es una serie particular que sabe darle un giro a varios estilos que parecían más que transitados.

No me preguntéis por qué, pero parece que Netflix ha decidido que este trailer tampoco lo paga.
Apple ha decidido que no hay mejor momento que el actual para estrenar una serie israelí, porque ellos son así, siempre a tiempo para apoyar un genocidio. Unconditional (O)(IS), además, no deja de ser una película de tarde venida a más: Una madre y una hija están viajando por países extranjeros cuando la hija es detenida por tráfico de drogas en la malvada Rusia. Así que tenemos un poco el combo completo: ir a otros lados, qué malos son los extranjeros, ¿qué es eso de que tengo que cumplir su legalidad? Blablabla. Tomo nota.